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2016

Portada

Vol. 34, núm. 3 (2016)

AUTOR: ALONSO JIMÉNEZ TÍTULO: MUJERES EMBERÁ TACITURNAS TÉCNICA: ÓLEO SOBRE TELA DIM. 170X150 CMS.
Portada

Vol. 34, núm. 2 (2016)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

AUTOR: ALONSO JIMÉNEZ

TITULO: ESTUDIO PARA CAÍN

TÉCNICA: ESMALTE SOBRE TEXITL BANNER.

DIM. 150X120 CMS.

Portada

Vol. 34, núm. 1 (2016)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

AUTOR: ALONSO JIMÉNEZ

TITULO: CALÍGULA

TÉCNICA: TIERRAS Y ÓLEO SOBRE YUTE

DIM. 90X70 CMS.
Portada

Artículos en prensa

Los artículos publicados en esta seccion son artículos revisados por pares evaluadores y aceptados para publicación en nuestra revista. Cuando estos artículos sean asignados a un número específico, el artículo será retirado de esa sección y su versión final será publicada en el número al que fue asignado. Aunque estos artículos no están aun en su versión final, pueden ser citados usando el año de publicación en línea.

2015

Portada

Vol. 33, núm. 3 (2015): Psicooncología y Cuidado Paliativo

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Atardecer Otoñal", Perla Espinosa de Palacios.

La obra “Atardecer Otoñal” de la pintora colombiana Perla Espinosa de Palacios evoca momentos en los que de los árboles caen las hojas hasta llegar a quedar desnudos por completo. Observamos en primer plano troncos de grandes árboles, ninguno se divisa por completo. Tienen musgo en su superficie, y a sus pies observamos  hojas en mosaico de colores rojo oscuro, café, amarillo y  naranja; bella y afortunada gama de tonos que contrastan con un fondo más claro y sobrio.  Estos gigantes son el protagonista central de la obra, y por su número y el excelente manejo de la perspectiva, se percibe la apariencia de un bosque, con algo de neblina que evoca paz e intimidad. Árboles enormes y firmes, que permiten a los musgos vivir de ellos, hermosas hojas muertas tapizando el suelo, neblina, silencio, calma e intimidad magistralmente plasmados por esta gran pintora antioqueña que nos transporta con su obra a ese extraordinario paisaje otoñal.

Dr. Leonardo Palacios Sánchez, Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia 

 
Portada

Vol. 33, núm. 2 (2015)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

 

Imagen de cubierta: "Otoño mágico", Perla Espinosa de Palacios.

 

La obra “Otoño mágico” de la artista antioqueña Perla Espinosa de Palacios nos lleva  gracias a la magia del color, a evocar paisajes propios de esta estación.

Enormes árboles que conservan hojas en combinaciones de negro, marrón, rojos, ocres y amarillos mezclados con maestría en un primer plano que de izquierda a derecha se ilumina y permite observar un cielo azul mezclado con algunas otras que conservan el verde que las caracterizó durante el verano.

Los inmensos troncos de los árboles magníficos en tonos negro y blanco, y un fondo verde azulado que hace pensar en plantas debajo de ellos. Vida en medio de hojas que caen, un invierno que se anuncia en medio de paz, silencio y tranquilidad.

 

Dr. Leonardo Palacios Sánchez, Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia

Portada

Vol. 33, núm. 1 (2015)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Recuerdos del Quindío", Perla Espinosa de Palacios.

La obra evoca el ambiente tranquilo, exuberante  y cálido de esta hermosa zona del país. Se observan en primer plano heliconias, que aunque presentes en muchos otros lugares de nuestro país, parecen convertirse en parte del paisaje que se observa en nuestra hermosa zona cafetera. “Platinillos” y “aves del paraíso”, nombres con los que se conocen las que aparecen en la obra, dan paso a hermosas guaduas, magníficas, grandiosas a imponentes, amigas de la naturaleza, la arquitectura y las artesanías de la zona. Las diferentes tonalidades de verde y un fondo apacible y en calma logrado por la artista, nos transportan en un instante a uno de los lugares más hermosos, ecológicamente más ricos y bien conservados de nuestra gran nación.

 

Dr. Leonardo Palacios Sánchez, Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia

 

 

2014

Portada

Vol. 32, núm. 3 (2014)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "El duelo", Jerónimo Villa.

De la superficie al límite: a propósito de la obra de Jerónimo Villa

La Galería de nuestra revista Avances en Psicología acoge este año tres ejemplos de la  obra reciente del escultor Jerónimo Villa.

Mi formación me permite un acercamiento simbólico, psicológico y filosófico a la obra. No soy crítico de arte, ni me quiero poner en la improbable tarea de definir qué significa serlo. Me acerco a la obra como quien busca las metáformas interiores que evoca el lenguaje plástico. Porque desde donde observo, es esto también el arte: el dominio de un idioma propio, íntimo, que habla de sentidos difícilmente modulables. El comentador viene a ser una suerte de intérprete, quien habla también una lengua que en parte sólo a él le es propia. ¿cómo podríamos traducir el pulcrum latino al español, sin que se deje de lado algo de la experiencia del romano ante la rotundidad flexible y pétrea de Lisipo y sin que se agrege algo de la severidad castellana? Comentar es así una hermenéutica que habla necesariamente del observador.

Jerónimo es un destacado artista emergente, con un grupo ya significativo de experiencias expositivas y críticas, como por ejemplo, la notable intervención en el patio de la Galería nueveochenta en 2013.

Pienso que en este momento, la puerta de entrada a la obra reciente de Jerónimo es La Elegancia del Alambre. En cierta forma, resulta su voz más cercana y su metáfora cultural más abierta. La Elegancia del Alambre señala el límite y la superficie de la forma más directa: los trajes delimitados y permeables, caracterizaciones del teatro social: la dama decimonónica (La Femme IV), el militar (Le Homme II), la niña: todos patentes a través de la cubierta, a través de sus trajes como realidades sociales. Estos textiles plenos de representaciones sociales son expresados por las líneas que nuestra cultura reconoce y completa. La Femme III habla de ingenuidad y recuerda que han sido los tres toques ámbar los que la separan de la chispeante Femme VII. La metáfora es evidente: somos nosotros. El límite expresa la pretensión. Tras la pretensión, lo vacuo y lo real, lo etéreo que se transforma, que sufre una metamorfosis externa, lineal, sutil, aparente. Y esa metanoia externa lleva a la interna, y no al contrario. El traje de seda sí hace que la mona no se quede en mona.

Hemos seleccionado una muestra de su obra reciente, que ofrece sentidos más sutiles y referencias quizá más aparentemente ingenuas. Evocan al célebre geómetra griego, pero tal como lo vivimos en el colegio, con las escuadras y el compás y el pantalón corto. "movimiento secuencial" dialoga con otra de las ambiciones humanas frustradas por lo real: el perpetuum mobile, metáfora de la inmortalidad que choca con la realidad cruda. Así, estas nuevas obras recuerdan las contradicciones insalvables de la ambición humana y la realidad sutil: movimientos supendidos. Solidez permeable. Drama ingenuo, hierático. En cierta forma, Jerónimo parece hablar otra vez de la apariencia y la verdad, en un lenguaje más cercano y por eso más complejo. No podemos olvidar que la autoetnografía es una traea compleja e improbable. Así nos habla como hacía falta que lo hiciera Margaret Mead a la hipocresía de la sociedad americana de los años '20: colocándola de frente con aquellas mujeres de Samoa que conoció en los inicios de su notable carrera.

Movimiento secuencial manifiesta -o me evoca, ya saben, lo que decimos habla más de nosotros mismos que de la realidad afirmada- el mismo drama humano que lleva al monólogo de Jep Gambardella en La Grande Bellezza, nueva ave fénix del gran cinema italiano (Paolo Sorrentino, 2013):

"Finisce sempre così. Con la morte. Prima, però, c'è stata la vita, nascosta sotto il bla bla bla bla bla. È tutto sedimentato sotto il chiacchiericcio e il rumore. Il silenzio e il sentimento. L'emozione e la paura. Gli sparuti incostanti sprazzi di bellezza. E poi lo squallore disgraziato e l'uomo miserabile. Tutto sepolto dalla coperta dell'imbarazzo dello stare al mondo. Bla. Bla. Bla. Bla. Altrove, c'è l'altrove. Io non mi occupo dell'altrove. Dunque, che questo romanzo abbia inizio. In fondo, è solo un trucco. Sì, è solo un trucco".

Eso. Chispas de belleza. Sin embargo, allí está la vida: oculta bajo el bla, bla, bla. Sólo me queda preguntar: ¿Jerónimo, nos estás llevando a ver eso? Pienso que podemos escuchar la respuesta tal como Sorrentino ha querido: con el fondo dramático de Las Bienaventuranzas de Vladimir Martynov, para no olvidar que eso es también la vida: el silencio y el sentimiento. Y luego, inesperadamente, chispazos de belleza.

Leonardo Amaya, Programa de Psicología, Universidad del Rosario

Portada

Vol. 32, núm. 2 (2014)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Caída libre", Jerónimo Villa.

De la superficie al límite: a propósito de la obra de Jerónimo Villa

La Galería de nuestra revista Avances en Psicología acoge este año tres ejemplos de la  obra reciente del escultor Jerónimo Villa.

Mi formación me permite un acercamiento simbólico, psicológico y filosófico a la obra. No soy crítico de arte, ni me quiero poner en la improbable tarea de definir qué significa serlo. Me acerco a la obra como quien busca las metáformas interiores que evoca el lenguaje plástico. Porque desde donde observo, es esto también el arte: el dominio de un idioma propio, íntimo, que habla de sentidos difícilmente modulables. El comentador viene a ser una suerte de intérprete, quien habla también una lengua que en parte sólo a él le es propia. ¿cómo podríamos traducir el pulcrum latino al español, sin que se deje de lado algo de la experiencia del romano ante la rotundidad flexible y pétrea de Lisipo y sin que se agrege algo de la severidad castellana? Comentar es así una hermenéutica que habla necesariamente del observador.

Jerónimo es un destacado artista emergente, con un grupo ya significativo de experiencias expositivas y críticas, como por ejemplo, la notable intervención en el patio de la Galería nueveochenta en 2013.

Pienso que en este momento, la puerta de entrada a la obra reciente de Jerónimo es La Elegancia del Alambre. En cierta forma, resulta su voz más cercana y su metáfora cultural más abierta. La Elegancia del Alambre señala el límite y la superficie de la forma más directa: los trajes delimitados y permeables, caracterizaciones del teatro social: la dama decimonónica (La Femme IV), el militar (Le Homme II), la niña: todos patentes a través de la cubierta, a través de sus trajes como realidades sociales. Estos textiles plenos de representaciones sociales son expresados por las líneas que nuestra cultura reconoce y completa. La Femme III habla de ingenuidad y recuerda que han sido los tres toques ámbar los que la separan de la chispeante Femme VII. La metáfora es evidente: somos nosotros. El límite expresa la pretensión. Tras la pretensión, lo vacuo y lo real, lo etéreo que se transforma, que sufre una metamorfosis externa, lineal, sutil, aparente. Y esa metanoia externa lleva a la interna, y no al contrario. El traje de seda sí hace que la mona no se quede en mona.

Hemos seleccionado una muestra de su obra reciente, que ofrece sentidos más sutiles y referencias quizá más aparentemente ingenuas. Evocan al célebre geómetra griego, pero tal como lo vivimos en el colegio, con las escuadras y el compás y el pantalón corto. "movimiento secuencial" dialoga con otra de las ambiciones humanas frustradas por lo real: el perpetuum mobile, metáfora de la inmortalidad que choca con la realidad cruda. Así, estas nuevas obras recuerdan las contradicciones insalvables de la ambición humana y la realidad sutil: movimientos supendidos. Solidez permeable. Drama ingenuo, hierático. En cierta forma, Jerónimo parece hablar otra vez de la apariencia y la verdad, en un lenguaje más cercano y por eso más complejo. No podemos olvidar que la autoetnografía es una traea compleja e improbable. Así nos habla como hacía falta que lo hiciera Margaret Mead a la hipocresía de la sociedad americana de los años '20: colocándola de frente con aquellas mujeres de Samoa que conoció en los inicios de su notable carrera.

Movimiento secuencial manifiesta -o me evoca, ya saben, lo que decimos habla más de nosotros mismos que de la realidad afirmada- el mismo drama humano que lleva al monólogo de Jep Gambardella en La Grande Bellezza, nueva ave fénix del gran cinema italiano (Paolo Sorrentino, 2013):

"Finisce sempre così. Con la morte. Prima, però, c'è stata la vita, nascosta sotto il bla bla bla bla bla. È tutto sedimentato sotto il chiacchiericcio e il rumore. Il silenzio e il sentimento. L'emozione e la paura. Gli sparuti incostanti sprazzi di bellezza. E poi lo squallore disgraziato e l'uomo miserabile. Tutto sepolto dalla coperta dell'imbarazzo dello stare al mondo. Bla. Bla. Bla. Bla. Altrove, c'è l'altrove. Io non mi occupo dell'altrove. Dunque, che questo romanzo abbia inizio. In fondo, è solo un trucco. Sì, è solo un trucco".

Eso. Chispas de belleza. Sin embargo, allí está la vida: oculta bajo el bla, bla, bla. Sólo me queda preguntar: ¿Jerónimo, nos estás llevando a ver eso? Pienso que podemos escuchar la respuesta tal como Sorrentino ha querido: con el fondo dramático de Las Bienaventuranzas de Vladimir Martynov, para no olvidar que eso es también la vida: el silencio y el sentimiento. Y luego, inesperadamente, chispazos de belleza.

Leonardo Amaya, Programa de Psicología, Universidad del Rosario

Portada

Vol. 32, núm. 1 (2014)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Todo en su lugar 1", Jerónimo Villa .

De la superficie al límite: a propósito de la obra de Jerónimo Villa

La Galería de nuestra revista Avances en Psicología acoge este año tres ejemplos de la  obra reciente del escultor Jerónimo Villa.

Mi formación me permite un acercamiento simbólico, psicológico y filosófico a la obra. No soy crítico de arte, ni me quiero poner en la improbable tarea de definir qué significa serlo. Me acerco a la obra como quien busca las metáformas interiores que evoca el lenguaje plástico. Porque desde donde observo, es esto también el arte: el dominio de un idioma propio, íntimo, que habla de sentidos difícilmente modulables. El comentador viene a ser una suerte de intérprete, quien habla también una lengua que en parte sólo a él le es propia. ¿cómo podríamos traducir el pulcrum latino al español, sin que se deje de lado algo de la experiencia del romano ante la rotundidad flexible y pétrea de Lisipo y sin que se agrege algo de la severidad castellana? Comentar es así una hermenéutica que habla necesariamente del observador.

Jerónimo es un destacado artista emergente, con un grupo ya significativo de experiencias expositivas y críticas, como por ejemplo, la notable intervención en el patio de la Galería nueveochenta en 2013.

Pienso que en este momento, la puerta de entrada a la obra reciente de Jerónimo es La Elegancia del Alambre. En cierta forma, resulta su voz más cercana y su metáfora cultural más abierta. La Elegancia del Alambre señala el límite y la superficie de la forma más directa: los trajes delimitados y permeables, caracterizaciones del teatro social: la dama decimonónica (La Femme IV), el militar (Le Homme II), la niña: todos patentes a través de la cubierta, a través de sus trajes como realidades sociales. Estos textiles plenos de representaciones sociales son expresados por las líneas que nuestra cultura reconoce y completa. La Femme III habla de ingenuidad y recuerda que han sido los tres toques ámbar los que la separan de la chispeante Femme VII. La metáfora es evidente: somos nosotros. El límite expresa la pretensión. Tras la pretensión, lo vacuo y lo real, lo etéreo que se transforma, que sufre una metamorfosis externa, lineal, sutil, aparente. Y esa metanoia externa lleva a la interna, y no al contrario. El traje de seda sí hace que la mona no se quede en mona.

Hemos seleccionado una muestra de su obra reciente, que ofrece sentidos más sutiles y referencias quizá más aparentemente ingenuas. Evocan al célebre geómetra griego, pero tal como lo vivimos en el colegio, con las escuadras y el compás y el pantalón corto. "movimiento secuencial" dialoga con otra de las ambiciones humanas frustradas por lo real: el perpetuum mobile, metáfora de la inmortalidad que choca con la realidad cruda. Así, estas nuevas obras recuerdan las contradicciones insalvables de la ambición humana y la realidad sutil: movimientos supendidos. Solidez permeable. Drama ingenuo, hierático. En cierta forma, Jerónimo parece hablar otra vez de la apariencia y la verdad, en un lenguaje más cercano y por eso más complejo. No podemos olvidar que la autoetnografía es una traea compleja e improbable. Así nos habla como hacía falta que lo hiciera Margaret Mead a la hipocresía de la sociedad americana de los años '20: colocándola de frente con aquellas mujeres de Samoa que conoció en los inicios de su notable carrera.

Movimiento secuencial manifiesta -o me evoca, ya saben, lo que decimos habla más de nosotros mismos que de la realidad afirmada- el mismo drama humano que lleva al monólogo de Jep Gambardella en La Grande Bellezza, nueva ave fénix del gran cinema italiano (Paolo Sorrentino, 2013):

"Finisce sempre così. Con la morte. Prima, però, c'è stata la vita, nascosta sotto il bla bla bla bla bla. È tutto sedimentato sotto il chiacchiericcio e il rumore. Il silenzio e il sentimento. L'emozione e la paura. Gli sparuti incostanti sprazzi di bellezza. E poi lo squallore disgraziato e l'uomo miserabile. Tutto sepolto dalla coperta dell'imbarazzo dello stare al mondo. Bla. Bla. Bla. Bla. Altrove, c'è l'altrove. Io non mi occupo dell'altrove. Dunque, che questo romanzo abbia inizio. In fondo, è solo un trucco. Sì, è solo un trucco".

Eso. Chispas de belleza. Sin embargo, allí está la vida: oculta bajo el bla, bla, bla. Sólo me queda preguntar: ¿Jerónimo, nos estás llevando a ver eso? Pienso que podemos escuchar la respuesta tal como Sorrentino ha querido: con el fondo dramático de Las Bienaventuranzas de Vladimir Martynov, para no olvidar que eso es también la vida: el silencio y el sentimiento. Y luego, inesperadamente, chispazos de belleza.

Leonardo Amaya, Programa de Psicología, Universidad del Rosario


2013

Portada

Vol. 31, núm. 3 (2013)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Interior" (2006), Clara González

"Mujer, donna, woman, femme, frau…una palabra, un cuerpo, laberinto de sueños, verdades, temores, creaciones y realizaciones. Sangre que corre, llanto que escurre, dolor que destroza, culpa que expía, violencia que sufre y todo se cierne alrededor de ella como una maldición. Lugar en donde las incongruencias toman cuerpo: sensualidad, ternura, vehículo portador de vida, fuente de amor o de placer que amamanta siempre y a veces nutre, bruja quemada, abuela odiada, guerrillera, asesina o banquera. Y todas son una y una son todas en la obra de Clara González. Pies que danzan, mujeres que conversan, oran, lloran, celebran, saludan o se despiden, como la vida, como la tierra, mujeres como ellas".


María Isabel González

Portada

Vol. 31, núm. 2 (2013)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "Interior" (2006), Clara González

"Mujer, donna, woman, femme, frau…una palabra, un cuerpo, laberinto de sueños, verdades, temores, creaciones y realizaciones. Sangre que corre, llanto que escurre, dolor que destroza, culpa que expía, violencia que sufre y todo se cierne alrededor de ella como una maldición. Lugar en donde las incongruencias toman cuerpo: sensualidad, ternura, vehículo portador de vida, fuente de amor o de placer que amamanta siempre y a veces nutre, bruja quemada, abuela odiada, guerrillera, asesina o banquera. Y todas son una y una son todas en la obra de Clara González. Pies que danzan, mujeres que conversan, oran, lloran, celebran, saludan o se despiden, como la vida, como la tierra, mujeres como ellas".


María Isabel González

Portada

Vol. 31, núm. 1 (2013): Interacción Neurociencia-Psicología: Algunos ejemplos en Latinoamérica

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: "La maldición" (2007), Clara González

"Mujer, donna, woman, femme, frau…una palabra, un cuerpo, laberinto de sueños, verdades, temores, creaciones y realizaciones. Sangre que corre, llanto que escurre, dolor que destroza, culpa que expía, violencia que sufre y todo se cierne alrededor de ella como una maldición. Lugar en donde las incongruencias toman cuerpo: sensualidad, ternura, vehículo portador de vida, fuente de amor o de placer que amamanta siempre y a veces nutre, bruja quemada, abuela odiada, guerrillera, asesina o banquera. Y todas son una y una son todas en la obra de Clara González. Pies que danzan, mujeres que conversan, oran, lloran, celebran, saludan o se despiden, como la vida, como la tierra, mujeres como ellas".

María Isabel González

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2012

Portada

Vol. 30, núm. 2 (2012)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: “Puente campesino”, Alejandro Vivas Benítez.

Esta pintura de Alejandro Vivas es una invitación a la ensoñación y al desciframiento. Personificando el mundo inerte, dándole vida y palabra a un puente, el autor recrea el motivo del beso, del enamoramiento, del amor platónico. Ya quisiera este puente besar a su río y, sin embargo, por mucho que logre plegarse, tenderá a dejar de ser puente –a romperse o desestructurarse- con lo cual su naturaleza estaría seriamente afectada. Por ello, en la composición, queda en suspenso la intención y provoca una intensión, en el sentido de IN- TENSUM, en donde al puente enamorado no le queda más alternativa que dejarse estar en su propia circunstancia.


Imaginativo y de un atrevimiento dulce, este cuadro de tipo romántico es una recreación de dos naturalezas, a saber, la naturaleza humana, terca y endurecida por la piedra, la motivación y el empeño y la naturaleza del campo, sencilla y existente con una condición de por sí incuestionable que deja correr el tiempo y los acontecimientos sin premeditación alguna.
Los juegos tensivos entre lo masculino representados en el río y lo femenino, curiosamente en el puente que se vuelve boca dispuesta al beso, recrean de modo extra-género una circunstancia amorosa quizás reflexiva respecto al amor humano y amor místico por la naturaleza.

El cuadro recuerda igualmente la vieja discusión filosófica sobre los cuatro elementos y la postura de Heráclito sobre el momentum y los tiempos de un mismo río marcados por la finitud. Y siendo que la curva ha representado siempre lo femenino, este es un caso en que el puente –masculino por naturaleza- subvierte su condición, su en sí, diría Heidegger,  y se permite feminizarse, transmutarse a favor del río, de lo fugaz aparente que se perpetúa al contrario de la usanza pues este, como se ve, fluye hacia arriba, río místico quizás, como el río de Shambala.
Y aquel chamizo del fondo superior izquierdo, o este pequeño de abajo a la izquierda, o el casi inasible a los ojos de la mitad tras el puente, que recuerdan la finitud, el otoño, el final de lo que está aquí, de lo que es verde y parece perpetuarse, otra vez como una metáfora visual de la decadencia y la finitud, como un reflejo inconsciente del decaimiento del hombre, fuertemente simbolizado en lo masculino obsoleto y decadente en un entorno contradictoriamente joven y vivaz.

Las piedras, por su parte, asoman tímidamente a un escenario, coquetas y feminizadas en sus formas y en sus colores grises que contrastan con el verde del pasto, tan parecidas a los árboles bien secos, bien a la espera de otra primavera.
Por el carácter campesino tropical y colombiano que puede verse en esta escena, es un cuadro colombianísimo, andino por demás, hecho para sorprender al espectador, con una intencionalidad compleja que recrea el ser de los que no tenían voz hasta ahora, como es el caso del puente. Pero es también la recreación de un sentimiento universal, tratado también filosóficamente, que nos permite ver en este pincel mucho más que las proporciones matemáticas. Hay luz que, como se advierte, es tropical y le da un tono muy familiar al cuadro y adicionalmente una perspectiva muy bien tratada que logra diferenciar amablemente los límites visuales de las cosas que están en este universo trabajadas de manera poco egocéntrica, muy generosa y reflexiva, como se espera del acontecimiento que está puesto a disposición del criterio del espectador.
Hay en el cuadro un regocijo sereno, una armonía secreta y una resignación dulce que se extiende, mágicamente, por todo el espacio de la pintura. Será quizás el placer mismo, representado en la plenitud de una vida enamorada, como lo debe ser la vida del campo…

Dulce M. Bautista

Portada

Vol. 30, núm. 1 (2012)

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: “Sonrisas de carnaval”, Alejandro Vivas Benítez.

Alejandro Vivas Benítez. Bogotano. Hijo de madre peruana y padre colombiano. hizo estudios de economía en la Universidad Nacional de Colombia, en la Universidad de Texas en Austin y en la Universidad del Estado de Virginia. Ha sido profesor titular de la Universidad de los Andes y de la Universidad Javeriana. Su vida académica y de consultoría la ha combinado con la fundación de algunas empresas. Se siente afortunado de haber tenido la amistad de pintores, escultores, literatos y músicos. Tiempos Desnudos, su primera obra literaria de la cual hacen parte las pinturas de esta selección, se encuentra próxima a publicarse.

EL CUADRO: con líneas autónomas, el cuadro recrea la felicidad humana con el pretexto del carnaval, porque tal es el sentido de la vida que el autor, Alejandro Vivas, tiene en su concepción artística. Pareciera muy simple de interpretar un cuadro como Carnaval de Sonrisas y, sin embargo, al ir ahondando en los detalles, el color, la espacialidad, la composición y el tema, se puede observar que hay allí un mundo estético por descubrir en donde la posmodernidad se recrea con gran sentido artístico. La misma fragmentariedad puesta en escena, el hecho de poner personajes jóvenes o sin tiempo, los colores rojos y azules en tonos fuertes y tenues hacen pensar en un diálogo íntimo respecto a la naturaleza subjetiva de la felicidad, de la inspiración primera del carnaval.  Y es que para Alejandro Vivas la vida es un instante para perpetuar la felicidad. De hecho, afirma continuamente que venimos a este mundo a disfrutar, a gozar, a transmutarnos en placer. La línea curva del rojo puede ser conductora de un desarrollo secuencial más profundo. Entonces valdría la pena preguntarnos aquí, de cuál placer habla el autor, de cual felicidad y de cuál mundo. Si bien el cuadro no deja perplejo al espectador, hay en el fondo un misterio causado posiblemente por la disposición de las imágenes o por la fuerza del trazo, de las sonrisas, del discurso fragmentario del cual se nutre. Es preciso profundizar en esos aspectos que, siendo constituyentes de la fragmentariedad del cuadro, lo hacen un todo, un universo que deja flotar a la imaginación hacia mundos posibles, mundos sospechosamente carnavalescos, como se ilustrará a continuación.

EL TEMA: Las máscaras y los rostros, estos últimos sonrientes, son los temas de ambientación de un macrotexto –el carnaval- en el cual se presentan los fragmentos tomados como inspiración de corte posmoderno, sin dejar de lado un cierto tinte clásico y un tinte contemporáneo traídos de la temática del poster y la fotografía.

El contenido temático inspirado en el carnaval se puede extender también hacia el carácter alegre y lúdico que pervive en la humanidad, no solo por lo que en la tradición significa el carnaval, sino porque nos encontramos en el trópico en donde la sola idea de fiesta es motivo de alegría. Las representaciones de las sonrisas humanas son de personas jóvenes, lo cual le da, en el fondo, un toque nostálgico que impulsa a la recordación.

LA FORMA: Los elementos materiales que intervienen en el cuadro son dos máscaras dispuestas proporcionalmente arriba en el centro y abajo en la izquierda. Las máscaras evocan el carnaval italiano, los arlequines, las calles medievales en época de carnaval. En tanto los rostros son de jóvenes y un niño. Los jóvenes se encuentran en el centro y los del bebé en la parte media izquierda.

LA COMPOSICIÓN: Es interesante el juego que, a manera de diálogo, puede observarse en este cuadro. Desde la disposición espacial, parece una búsqueda de la armonía de la alegría y del carnaval y con el pretexto de la sonrisa se juntan aspectos humanos que parecen evidentes pero que se encuentran encriptados y pueden acercarnos a un significado más allá de lo puramente denotativo. Esto es, la superposición de las máscaras  y las risas. El juego de los colores, el rojo como protagonista de la pasión y el azul como una especie de replicante del cual hablaremos enseguida, le dan un aire dialogante que invita al lector a quedarse descifrando el cuadro. Una máscara, la de arriba, en realidad el fragmento de un sombrero de arlequín, interviene en uno de los cuadros en los cuales se halla atrapada una sonrisa humana.

La otra máscara depende o se desprende –mejor- de la “fotografía” de una sonrisa de bebé. Impulsa esta disposición a pensar quién depende, quién interviene, quién es libre de carnavalización. ¿Es el humano un arlequín? ¿Es la sonrisa una forma de carnavalizar la vida?

Si seguimos la ruta de los tonos rojos y naranjas, podemos ver que se trata de una composición secuencial organizada de modo semi espiralado con un fondo que parece un signo de interrogación al revés. Si lo miramos de frente, se antoja una especie de puesta en escena de álbum familiar y si se mira desde el lado azul, desde la derecha, se puede parecer como el tránsito alquímico hacia el universo de la lúdica.

EL COLOR: La pintura es de tonos rojos fuertes  y matices anaranjados en fondo azul en degradé que se puede leer de abajo hacia arriba, siendo las partes más fuertes las inferiores del lado derecho y las más tenues del azul en la parte superior derecha e izquierda.

EL ESPACIO: La construcción espacial de tendencia posmoderna es fragmentaria y se dispone en una especie de telón que escenifica la intensidad y la tensión del cuadro por parte de los rostros humanos que dialogan con la disposición de la máscara y el sombrero del arlequín.

El impacto visual de la disposición y la composición del cuadro es fuerte, en el entendido de que no solamente juegan el color y la forma sino la manera de decir el artista. Las líneas del fondo, es decir, las de las tonalidades de los rojos, son definidas y proporcionalmente causantes de tensión ya que la curvatura permite ver el fondo plegado que en cualquier momento pareciera querer enderezarse. Por el contrario, el fondo azul, aparentemente frío, apacigua la intensidad pasional comprometida en la curva.  Con esta disposición el autor logra describir, identificar y dar a conocer los objetos de su intención con la misma técnica de las “naturalezas”, solo que esta vez se trata de una puesta en firme de sentimientos recónditos y de una postura espacial evocadora (se puede pensar en un álbum), que no es divertida sino recreadora del ámbito de la diversión.


Dulce M. Bautista

 


2011

Portada

Vol. 29, núm. 2 (2011): Sección Especial de Psicolingüística

GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: “Melodía de verano” (2003), Francisco Javier Labrador Encinas.

Francisco Javier Labrador Encinas. Catedrático de Modificación de Conducta de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Máster de Psicología Clínica y de la Salud y del Programa de Doctorado Psicología Clínica Experimental en la misma universidad. Ha sido director del Departamento de Psicología Clínica de la Facultad de Psicología de la UCM (1987-1996 y 2000- 2004). Es miembro del European Awarding Committee of Psychotherapy de la European Federation of Psychological Associations. Es presidente del Comité Español de Acreditación de Psicólogos Especialistas en Psicoterapia (EFPA). Es director de la Colección de Psicología de la Editorial Pirámide. En momentos especiales, además de disfrutar del color de la vida, intenta trasladar este a algún soporte (lienzo, madera, pared...), desde tiempos que le cuesta recordar.

Francisco Javier Labrador Encinas

Contacto: franciscoj.labrador@gmail.com









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