Un llamado a la responsabilidad en las publicaciones en tiempos de la COVID-19

Un llamado a la responsabilidad en las publicaciones en tiempos de la COVID-19

Avances en Psicología Latinoamericana, vol. 38, núm. 2, 2020

Universidad del Rosario


La crisis desatada por la COVID-19 y las consecuencias de las medidas para hacerle frente han producido efectos y cambios inéditos en la historia de la humanidad. Sus consecuencias más significativas han sido en la salud física y mental, y en la economía (Minn & Hau, 2020), pero en otros múltiples estamentos sociales y políticos ha producido y continuará produciendo efectos notables. No solo hay personas enfermas o muriendo, de las que dan cuenta las estadísticas sobre las que a diario centran su atención los medios de comunicación y las redes sociales, también hay personas afectadas en diversos ámbitos de su vida: laboral, económico, familiar, social, psicológico, etc. Esto interpela a la humanidad con un afán de saber, y se interroga a la comunidad científica para obtener respuestas que orienten las decisiones humanas en todos esos ámbitos.

El afán por encontrar respuestas ha impactado tanto el modo de hacer ciencia, como los modos y procesos de publicación de sus resultados. En un artículo reciente, la reconocida científica Jennifer Doudna (2020) —desarrolladora de la técnica de edición genética a través de la proteína crispr-Cas9—, afirmaba que “Tres formas en que la pandemia está impactando el quehacer científico incluyen el respeto público por la ciencia, la forma como se comunican los descubrimientos y las normas de colaboración. Después de la COVID -19, la ciencia nunca será la misma, y esto será para mejor”.1 La dinámica de las publicaciones está cambiando rápidamente y Doudna (2020) menciona que para el campo de la biología al menos, como lo viene siendo hace un tiempo para las matemáticas y la física, los preprints son uno de los cambios más destacados. Se trata de una práctica que ha ido adquiriendo respetabilidad en la comunidad científica. Muchas veces estos preprints no pasan por procesos de revisión por pares, de tal forma que esta se sustituye por una comunidad científica robusta que lee, cuestiona y debate con los contenidos publicados. Algunas consecuencias positivas de este sistema son que se favorece el acceso público al conocimiento y mejora los tiempos de acceso a conocimiento de punta, lo que favorece y facilita la colaboración entre científicos alrededor del mundo.

De todos modos, el proceso de revisión por pares no ha estado exento de controversia en las publicaciones acerca de la COVID-19. Dentro de estas se destaca la publicación sobre la hidroxicloroquina como un posible tratamiento, publicado en el International Journal of Antimicrobial Agents por científicos franceses. En un artículo publicado en el periódico de habla inglesa de Hong Kong: South China Morning Post, se mencionaba un reporte publicado en Practical Preventive Medicine según el cual el coronavirus podía viajar el doble de la distancia de lo reportado en datos oficiales. A pesar de que hubo una retracción del artículo un día después, este alcanzó a compartirse 53 mil veces; la retracción, por su parte, solo se compartió mil veces (Scientific research on the coronavirus, 2020). Es un hecho, por lo tanto, que ha habido irresponsabilidad en la comunicación de los resultados de investigación puestos a disponibilidad de la comunidad científica, afectando también la toma de decisiones en otros ámbitos que van desde la política pública, pasando por las decisiones médicas, hasta el distanciamiento social. Incluso, revistas prestigiosas en el ámbito de la medicina, como el New England Journal of Medicine o la revista The Lancet han tenido que retractarse de algunas de sus publicaciones.

A pesar del fortalecimiento de otros discursos para responder a las incógnitas y dificultades de la realidad, la ciencia sigue manteniendo una credibilidad difundida, a la que se apela en primera instancia para obtener respuestas. En un afán por afianzar la confiabilidad y validez de sus hallazgos, la ciencia ha dado un lugar destacado al arbitraje de las publicaciones y ve con buenos ojos la toma de decisiones y la adopción de modelos basados en la evidencia y, por supuesto, la psicología no ha sido ajena a esta tendencia. Desafortunadamente, en estos tiempos en que la humanidad se para ansiosa frente a cualquier fuente de certeza, estos mecanismos no han sido siempre suficientes para garantizar la veracidad de la información que se publica o evitar el arribo prematuro a conclusiones que no se soportan en la rigurosidad de los procesos investigativos ni en una concienzuda validación de los resultados. Se corre el riesgo de que, más que aclarar puntos oscuros, se malinforme y se desoriente a lectores que, en su avidez por la información, ingenuamente confían en el prestigio de la ciencia y de sus publicaciones como un garante de la veracidad y confiabilidad de esta.

Es un hecho que este no es un fenómeno nuevo, más bien, como ha sucedido en tantos ámbitos a partir de la crisis actual, la pandemia ha funcionado como un lente de aumento que ha permitido mirar en detalle asuntos que venían presentando diversas dificultades, en los que se encuentran también los mecanismos de evaluación de las publicaciones científicas (Gutiérrez-Peláez & Ramírez-Rueda, 2016). A modo de ejemplo, puede tomarse el estudio de Gilboa-Schechman et al. (2010), en el que los autores afirman mostrar la superioridad de un tipo de terapia cognitivo-comportamental (CBT) sobre la psicoterapia psicodinámica para el tratamiento de estrés postraumático posterior a un evento específico. Sobre este estudio, señala Shedler (2018) que se comunicó a los medios de comunicación que “[el CBT] era superior [a la terapia psicodinámica] para reducir los síntomas de [estrés postraumático] ptsd y depresión, realzar el funcionamiento… e incrementar el mejoramiento global” (p. 324)2. Sin embargo, cuando se miran en detalle los resultados, se encuentra que quienes llevaron a cabo las intervenciones psicodinámicas eran estudiantes de maestría que habían recibido entrenamiento en esa terapia durante dos días por parte de otro estudiante. Un entrenamiento así está lejos de lo que la comunidad científica y la orientación psicoanalítica entienden por una terapia de orientación psicodinámica. Los maestrandos que aplicaron la terapia CBT recibieron un entrenamiento de 5 días por una reconocida terapeuta de CBT, desarrolladora de la terapia que estaba enseñando. Así, aunque en su mayor parte el estudio fue conducido con rigor científico y el reporte de resultados seguía los lineamientos para su publicación (lo que permitió que fuera publicado en una revista Q1), las conclusiones que se extraen del estudio difícilmente sobreviven al escrutinio riguroso de la manipulación experimental.

En el caso de las publicaciones científicas respecto a la pandemia desatada por la COVID -19, la situación no es muy distinta. Con esto queremos hacer un llamado a la precaución. La disciplina psicológica ha sido llamada a responder las preguntas de la humanidad frente a los impactos del confinamiento, entre otras cosas, y como científicos nos afanamos frente a la constatación de las múltiples e importantes formas en que esto puede suceder. No cabe duda de la necesidad de investigar en este campo ni de que la psicología tiene mucho que decir frente uno de los eventos más extraordinarios de las últimas décadas (Molina Valencia, 2020). Frente al bienintencionado afán de producción de respuestas, es importante mantener una postura crítica, un diálogo saludable con el resto del gremio científico y con quienes desde su ejercicio profesional diario, ponen a prueba estos conocimientos y mecanismos que garanticen la calidad de la información, la retroalimentación sobre su uso y, ante todo, una postura ética frente a nuestro quehacer.

Referencias

Doudna, J. (2020, junio 5). Jennifer Doudna on how COVID-19 is spurring science to accelerate. The Economist. https://www.economist.com/by-invitation/2020/06/05/jennifer-doudna-on-howcovid-19-is-spurring-science-to-accelerate

Caryn Rabin, R. (junio 18, 2020). The pandemic claims new victims: Prestigious medical journals. New York Times. https://www.nytimes.com/2020/06/14/health/virus-journals.html

Gilboa-Schechtman, E., Foa, E., Shafran, N., Aderka, I., Powers, M., Rachamim, L., … Apter, A. (2010). Prolonged exposure versus dynamic therapy for adolescent ptsd: A pilot randomized controlled trial. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 49, 1034-1042. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2010.07.014

Gutiérrez-Peláez, M., & Ramírez-Rueda, L. (2016). Elevando la barra en los estándares de ética y transparencia en las publicaciones científicas. Avances en Psicología Latinoamericana, 34(2), 191-193. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/apl/a.4856

Min, C., & Hau, I. (2020, mayo 30). The next pandemic: Mental health. Edsurge. https://www.edsurge.com/news/2020-05-30-the-next-pandemic-mental-health

Molina Valencia, N. (Ed.). (2020). Psicología en contextos de covid-19. Desafíos poscuarentena en Colombia. Bogotá, Colombia: Ascofapsi.

Scientific research on the coronavirus is being released in a torrent. The Economist. https://www.economist.com/science-and-technology/2020/05/07/scientific-research-on-the-coronavirus-is-being-released-in-a-torrent

Shedler, J. (2018). Where is the evidence for “evidence-based” therapy? Psychiatric Clinics of North America, 41(2), 319-329. https://doi.org/10.1016/j.psc.2018.02.001

Notas

1 Traducción propia.

2 Traducción propia.