El nacimiento del “deporte silencioso” en Argentina: identiftcaciones e implicancias (1953-1975)

The Emergence of “Silent Sport” in Argentina: Identifications and Implications (1953-1975)

O nascimento do “esporte silencioso” na Argentina: identificações e implicâncias (1953-1975)

Carolina Ferrante
Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

El nacimiento del “deporte silencioso” en Argentina: identiftcaciones e implicancias (1953-1975)

Revista Ciencias de la Salud, vol. 18, núm. 3, 2020

Universidad del Rosario

Recibido: 17 Enero 2020

Aceptado: 17 Julio 2020

Información adicional

Para citar este artículo: Ferrante C. El nacimiento del “deporte silencioso” en Argentina: identificaciones e implicancias (1953-1975). Rev Cienc Salud. 2020;18(3):1-23. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/revsalud/a.9800

Resumen: Objetivos: el deporte silencioso constituye una oferta deportiva específica para las personas sordas, impulsada a fines del siglo pasado en Europa. Este artículo, centrándose en un aspecto poco atendido desde la investigación social latinoamericana, describe la emergencia de este tipo de práctica en Argentina y analiza algunas de sus implicancias en la lucha por el reconocimiento de esta minoría en sus dos primeras décadas de existencia en los ámbitos local y regional. Desarrollo: con este fin, se recuperan estudios franceses que detallan el rol político del deporte silencioso desde su fundación internacional. Luego, se pormenoriza la llegada de este movimiento a Argentina, a través de la constitución, en 1953, de la Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). A su vez, realizando análisis de contenido de fuentes producidas por la comunidad sorda local, se examinan las identificaciones de la sordera agenciadas y sus implicancias. El corpus estudiado incluye la Primera Revista Silenciosa Argentina, estatutos, actas de reuniones, archivos de la FDSA, la colección completa de la publicación Ad-Verbum. Palabra por Palabra (publicada por la Confederación Argentina de Sordomudos) y entrevistas realizadas a líderes del deporte silencioso argentino. Conclusiones: la creación de la FDSA promovió el activismo sordo y fue un trampolín en la difusión del deporte silencioso en Argentina y Latinoamérica. Este impulso propicia una resignificación de la sordera que cuestiona el menosprecio social recibido de la mirada clínica terapéutica oralista y redunda en la lucha de las personas sordas por sus derechos e integración social, exigiendo el respeto de su singularidad como minoría lingüística.

Palabras clave deporte, sordera, minoría lingüística, identidad(es), educación de sordos, derechos de grupos especiales.

Abstract: Objectives: Silent sport comprises a specific type of sports activity for deaf people born at the end of the last century in Europe. This article, which focuses on an aspect little attended from Latin American social research, describes the emergence of this activity in Argentina and analyzes some of the implications in the struggle for recognition of this minority sport in the first two decades of its existence at the local and regional levels. Development: To this end, French studies detailing the political role of silent sport since its international foundation were analyzed. Further, the details of the emergence of this activity in Argentina through the establishment of the Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA) in 1953 were also examined. We also explored deafness identifications and their implications by analyzing content from sources produced by the local deaf community. The corpus studied includes the Primera Revista Silenciosa Argentina, statutes, minutes of meetings, FDSA archives, and the complete collection of the Ad-Verbum. Palabra por Palabra (published by the Confederación Argentina de Sordomudos), and interviews conducted with leaders of the Argentine silent sport. Conclusions: The establishment of FDSA promoted deaf activism and functioned as a springboard in the dissemination of silent sport at the national and Latin American levels. This fostered a redefinition of deafness that questioned the social contempt received from the oral therapeutic clinical perspective. What originally was a struggle that deaf people faced for their individual rights and social integration has now turned into a demand for respect of their uniqueness as a linguistic minority.

Keywords: Sport, deafness, language minorities, identity, education of the deaf, rights of special groups.

Resumo: Objetivo: o esporte silencioso constitui uma oferta esportiva específica para as pessoas surdas impulsionada a finais do século passado na Europa. Este artigo, centrando-se em um aspecto pouco atendido desde a pesquisa social latino-americana, descreve a emergência deste tipo de prática na Argentina e analisa algumas de suas implicâncias na luta pelo reconhecimento desta minoria em suas duas primeiras décadas de existência no nível local e regional. Desenvolvimento: com este objetivo, se recuperam estudos franceses que detalham o papel político do esporte silencioso desde sua fundação internacional. Depois, se pormenoriza a chegada deste movimento à Argentina, através da constituição em 1953 da Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). À sua vez, realizando análises de conteúdo de fontes produzidas pela comunidade surda local, se examinam as identificações da surdez agenciadas e suas implicâncias. O corpus estudado inclui a Primera Revista Silenciosa Argentina, estatutos, atas de reuniões, ficheiros da FDSA, a coleção completa da Ad-Verbum. Palabra por Palabra (publicado pelo Confederación Argentina de Sordomudos) y entrevistas realizadas a líderes do esporte silencioso argentino. Conclusões: a criação da FDSA promoveu o ativismo surdo e foi um trampolim na difusão do esporte silencioso a nível nacional e latino-americano. Este impulso propicia uma ressignificação da surdez que questiona o menosprezo social recebido do olhar clínico terapêutico oralista e redunda na luta das pessoas surdas por seus direitos e integração social, exigindo o respeito de sua singularidade como minoria linguística.

Palavras-chave: esporte, surdez, minoria lingüística, identidade(s), educação de surdos, direitos de grupos especiais.

Introducción

El “deporte silencioso”, hoy conocido como deporte de Sordos, constituye una oferta deportiva específica que cobra impulso en 1924, en París, tras un encuentro de líderes sordos europeos y la realización de los Primeros Juegos Internacionales Silenciosos (1). El mismo, a lo largo del siglo xx, se extendió por el mundo y se ha convertido en uno de los patrimonios culturales más salvaguardados por la comunidad “sorda” internacional hasta nuestros días (2-6). Sin embargo, académicamente, poco se ha indagado respecto a cómo esta expansión se asocia —junto a su relevancia lúdica y social— a que este tipo de juego constituyó, desde su origen, un proyecto político explícito del naciente movimiento “sordo” internacional, en busca de la promoción de su respeto y su autoafirmación como minoría lingüística, desafiante de la estigmatización recibida por parte de una mirada clínica terapéutica de la sordera, de corte oralista (6-9).

Pues bien, este artículo recupera estudios franceses que, en las últimas tres décadas, han abonado a esta tesis y se focaliza en un fenómeno particular: el rol protagónico que cumplió Argentina, a mediados del siglo anterior, en esta historia, en cuanto puerta de entrada del “deporte silencioso” a la región. La fundación de la Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA), en 1953, de la mano de un grupo de jóvenes “sordos”, fue un trampolín en la difusión de este tipo de prácticas en el país y en los países vecinos. Este impulso propició, por un lado, una resignificación de la sordera, que pone en cuestión la medicalización y el “menosprecio social” recibido y, por otro, promueve la organización de las personas “sordas” por sus derechos, amplificando la labor desarrollada por las primeras asociaciones “sordas” (10). Este pasado, escasamente conocido por la sociedad oyente, se halla vivo en el movimiento deportivo de Sordos argentino y forma parte de su legado cultural. En un ejercicio de visibilización, el objetivo de este trabajo es describir el nacimiento del “deporte silencioso” en Argentina (1953) y analizar, en sus dos primeras décadas de existencia, algunas de sus implicancias en la lucha por el reconocimiento de las personas “sordas”. El periodo analizado abarca desde esta creación hasta 1975, correspondiente a la fundación de la Comisión Panamericana de los Deportes Silenciosos.

Para lograr este fin, el artículo se compone de cuatro momentos. Primero, se recuperan aquellos estudios que explicitan la dimensión política del “deporte silencioso” desde su constitución internacional. Segundo, se detalla la llegada de este movimiento a Argentina. Para ello, privilegiando un enfoque cualitativo del proceso de investigación social, pertinente cuando se quiere recuperar la producción social de significados y la perspectiva de los actores sociales, se realiza análisis de contenido de fuentes producidas por sus protagonistas y se describen las identificaciones de la sordera agenciadas a través de este (11, 12). Las identificaciones, siguiendo a Rogers Brubaker y Frederick Cooper, se entienden como modos de autocomprensión y localización social de los agentes, en cuanto términos epocales: sordos, sordomudos y silenciosos (13). El corpus incluye la Primera Revista Silenciosa Argentina (editada por la FDSA); estatutos, actas de reuniones, cartas y archivos de la FDSA; la colección completa de la publicación Ad-Verbum. Palabra por Palabra (órgano oficial de difusión de la Confederación Argentina de Sordomudos, editada entre 1968 y 1973), y entrevistas realizadas a líderes del “deporte silencioso” argentino. Todos los archivos citados en este trabajo fueron puestos a disposición por la Confederación Argentina Deportiva de Sordos (Cades), institución sucedánea desde los años ochenta hasta la actualidad de la obra de la FDSA. Los mismos fueron consultados y digitalizados en su sede oficial, cita en el recinto de la Cades, ubicado en el barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires, entre marzo y octubre del 2018. Tercero, se describen algunas de las consecuencias de la creación de la FDSA. Y, cuarto, se presentan las conclusiones del trabajo.

De modo global, el enfoque adoptado en este trabajo intenta ser una contribución en la escritura de una historia de los Sordos y no sobre los Sordos, atenta a presentar cómo ellos edificaron su propia historia, de forma creativa, cuestionando la patologización recibida (14).

Aquí cobra relevancia una aclaración importante respecto al modo de nominar a los sujetos de este artículo. La opción de utilizar el término Sordo/s en mayúscula no es un error ortotipográfico, sino una elección teórica y epistemológica encuadrada en el reconocimiento de los reclamos de las comunidades sordas y la adopción de un modelo socioantropológico de la sordera, que cuestiona su medicalización (14). Esta estrategia discursiva y política es utilizada por aquellas personas Sordas que se identifican como miembros de una minoría lingüística, y este es el punto de vista que el trabajo busca recuperar. Institucionalizando este uso, la Federación Mundial de Sordos, en cuanto órgano representante de las comunidades sordas del mundo, en el siglo XXI estableció como regla que la palabra Sordo sea escrita con mayúscula cuando se refiere a ellas en este sentido (12). El mismo es utilizado por primera vez en 1975 y recupera un reclamo realizado desde la década previa por el movimiento identitario norteamericano (5). En virtud de que el recorte temporal principal de este trabajo es previo a estos años, en lo referido al pasado se utilizarán las expresiones de época, encomilladas y en minúscula para no caer en anacronismos y ser fiel a las fuentes.

Desarrollo

El “deporte silencioso” como proyecto político del movimiento “sordo” internacional

El deporte, sociológicamente, constituye una instancia privilegiada para presentar los cuerpos y disputar las identificaciones sociales (15). Esta potencialidad política no es ajena y está presente desde el origen del “deporte silencioso”. Sin embargo, hasta no hace mucho, tal dimensión había permanecido inexplorada académicamente. Esta ausencia la indicó de modo pionero el sociólogo francés Bernard Mottez, en 1989, en una conferencia sobre los banquetes de “sordomudos” y el nacimiento del movimiento “sordo” internacional en Francia, en el siglo XIX (6). Allí indicó que, pese a que no existen dudas respecto a la relevancia que adquieren los banquetes y el deporte para el estilo de vida de las personas Sordas, estas actividades, usualmente, se han percibido de modo erróneo como prácticas despojadas de activismo y sin impacto para la sociedad en general.

Dos décadas más adelante, recuperando y completando estos planteos, Andrea Benvenuto y Didier Séguillon sugirieron que esta omisión se inscribe en una más amplia, en la que el trabajo de Mottez constituye un primer aporte para saldarla: la carencia de una historia política del origen del movimiento “sordo” internacional2 (16). Cubriendo este vacío, estos autores franceses, a través de diversos trabajos, muestran que este surgirá en Francia como modo de resistencia a las respuestas denigratorias recibidas de la sociedad oyente en el siglo xix (4, 6-8, 16, 17).

Entonces, las personas llamadas “sordomudas” eran encapsuladas en estigmas, al ser percibidas como portadoras de una patología generadora de inferioridad intelectual, que se derivaba de lo que se consideraba un empobrecimiento lingüístico. Estas injurias se anidaban en la medicalización de la sordera y el apogeo del llamado método oral puro como discurso pedagógico hacia esta minoría (7). Desde esta corriente, se promovía la normalización corporal a través de la oralización. Este auge implica, paralelamente, la proscripción de un método de educación alternativo, que, desde el siglo xviii, había sido difundido desde el Instituto Nacional de Sordomudos de París: la utilización de la lengua de señas, en cuanto lengua natural de las personas “sordas”, como idioma de enseñanza. Su defensor, el abate Charles-Michel de L’Épée, advirtió los efectos positivos que poseía en las posibilidades de desarrollo cognitivo de los niños “sordos” y en su integración social (16).

Sin embargo, un siglo después, debido al desarrollo del Congreso de Milán de 1880, la ideología oralista deviene dominante, y ello significó un impacto profundo en la forma de educar a los “sordos” y en todos los órdenes de su vida cotidiana. En este encuentro de pedagogos y maestros celebrado en Italia, partiendo de una suposición de la supremacía de la palabra oral, se medicalizaría la sordera. Así, desde un modelo clínico-terapéutico, se comprendería como una deficiencia auditiva que debía ser rehabilitada a través del desarrollo del habla y la lectura labial (14, 16). El uso de la lengua de señas sería prohibido y sancionado corporalmente (14). Las personas etiquetadas como “sordomudas” se considerarían enfermas o deficientes auditivas, portadoras de una patología por superar a través de la rehabilitación oral (16). Los efectos del oralismo tuvieron consecuencias muy negativas en la vida social de las personas “sordas”. Pero ellas, lejos de permanecer pasivas ante esta situación, se organizaron colectivamente para resistir lo que experimentarían como una forma de opresión. Exigieron el reconocimiento de su inteligencia y el derecho a la palabra en lengua de señas; de ahí que hayan desarrollado espacios de sociabilidad originales, como los banquetes de “sordomudos” (comidas celebradas en homenaje al nacimiento del abate L’Épée), la prensa silenciosa, las exhibiciones de artistas “silenciosos”, las organizaciones de ayuda mutua, los congresos de sordos y el “deporte silencioso”. Este último, en la primera mitad del siglo xx, deviene el gran protagonista del movimiento “sordo” internacional, al constituir una novedosa acción colectiva contra el oralismo (7).

El “deporte silencioso” nace de la mano de la labor del deportista y líder “sordo” francés Eugène Rubens-Alcais. Él, desde fines del siglo xix, fue un gran impulsor del deporte entre los “sordos” de su país. En un inicio, esta participación fue promovida en espacios deportivos generales, no específicos para personas “sordas”, como competiciones de ciclismo o fútbol regular. Sin embargo, posteriormente, debido a la reiterada aparición de incidentes de discriminación ejercidos por parte de los oyentes, surge la necesidad entre los deportistas “sordos” de crear sus clubes propios (4, 9). Como resultado de este proceso, ellos, en 1918, fundan la Federación Deportiva de Sordomudos de Francia, que los nucleó de modo autónomo y fue presidida por Rubens-Alcais (8). Séguillon sostiene que a partir de este hito nace el “deporte silencioso” como proyecto político. Él mismo buscará la unión de las personas “sordas” para “construir una fuerza política” reconocida por los partidos políticos y el Estado como igual, con el fin de lograr el respeto de su singularidad y su derecho a la diferencia (8, p. 122). De hecho, la revista Le Sportman Silencieux .El Deportista Silencioso), creada en 1918 por Rubens-Alcais, llevaba como lema: “Nuestra unión es nuestra fuerza” (8, 17).

Desde Francia, progresivamente, el “deporte silencioso” se extiende a otros países europeos. Fruto de esta difusión, en 1924, su considerado padre fundador promueve la celebración en París de unos juegos internacionales específicos para “sordos”, similares a las Olimpíadas.los Primeros Juegos Internacionales Silenciosos. Explícitamente, no poseen ningún tipo de adaptación reglamentaria respecto a los juegos generales, en virtud de considerarse que esta estrategia constituiría el modo más eficaz para demostrar prácticamente a la sociedad la igualdad de los “sordomudos” respecto a los oyentes y combatir su estigmatización (7, 8, 17). En estos juegos participan 148 deportistas “sordos” pertenecientes a nueve naciones europeas. Tras su realización, un grupo de líderes “sordos” crean el Comité Internacional de Deportes de Silenciosos (Comité International Sportif Silencieux [ciis], actual International Comittee of Sports for Deaf [ICSD]). Ellos establecen que esta institución, en adelante responsable de la organización y promoción del evento, cada cuatro años, solo podrá ser gobernada por atletas “sordos”. Así, eligen a dos de sus deportistas como sus máximas autoridades: como presidente es designado Rubens-Alcais, y como secretario, el belga Antoine Dresse. El idioma oficial del evento es la lengua de señas internacional3 (8), a fin de reforzar los lazos de solidaridad entre las personas “sordas” de diferentes países y configurar una sociabilidad particular (7). Esta se articula bajo la noción de Nación Sorda que, entre el siglo xix y mediados de la década de los setenta del siglo xx, será uno de los pilares del movimiento “sordo” internacional (7). Retomando lo planteado en 1779 por Pierre Desloges, respecto a que el grupo de “sordos” que intercambia una lengua de señas entre sí constituye una comunidad, esta concepción “va a reafirmar la dimensión comunitaria mediante el establecimiento de modos de organización e institucionalización propia” (7, p. 147).

La búsqueda de unión de la “Gran Nación Sorda” lleva a una intensa promoción del “deporte silencioso”. A través de la incorporación de personas “sordas” de diferentes países, los juegos internacionales silenciosos y sus congresos preparatorios devienen en un espacio de discusión e intercambio sobre su bienestar y derechos (2, 7).

Tras los juegos de París, en 1924, le suceden nuevas emisiones periódicamente celebradas, con excepción de un lapso de diez años a causa de la Segunda Guerra Mundial. En 1953, se realiza en Bélgica la vii edición de los Juegos Internacionales Silenciosos, la cual significa la emergencia del “deporte silencioso” en Argentina y América Latina (2).

La Federación Deportiva Silenciosa Argentina: nacimiento e identificaciones en juego

A lo largo del siglo xix, la impronta oralista erigida a partir del Congreso de Milán se expande a todo el mundo occidental (con excepción de Estados Unidos, que no adhirió a sus principios), y deviene en la corriente hegemónica en el abordaje de la sordera hasta nuestros días (14). Argentina no es ajena a esta tendencia, y en la introducción y propagación de esta mirada cumple un papel central la labor del abogado y político José Antonio Terry, padre de tres niños “sordos” (14, 18-22). Él, en 1882, en el Primer Congreso Pedagógico, organizado por el Ministerio de Educación Nacional, presenta un proyecto destinado a la creación de una escuela oralista formada con profesores italianos, a fin de rescatar a los “sordomudos” de su “inhumana, desgraciada y peligrosa naturaleza” (22, p. 309). En el encuentro participan educadores de todo el país y del continente. Fruto de la buena acogida de la propuesta, en 1885, a través de la Ley 1662, se ordena la construcción del Instituto Nacional de Sordomudos (INS), que constituye la primera institución oficialmente oralista de Argentina4 (14, 20). En 1897, se separa a los alumnos por sexo y a las mujeres se las reúne en una sala especial. Finalmente, en 1900 se crea el Instituto Nacional de Niñas Sordomudas (20). Estas instituciones funcionaban con modalidad de internado, al acoger a niños de todo el país (14). Esto posibilitaría que ellos, pese a la prohibición de señar, en espacios de interacción como recreos, habitaciones y pasillos diesen vida a lo que desde fines de los años ochenta se llama “Lengua de Señas de Argentina” (ISA) (23-25).

En relación con la historia local del movimiento de “sordos” en el siglo xx, se reconoce a José Antonio Terry hijo como una figura central (20, 21, 26). Él, contradiciendo a su progenitor, fue un gran promotor del uso de la lengua de señas y del activismo “sordo”. A través de su formación como pintor en Francia, tiene temprano contacto con el movimiento “sordo” internacional, al participar de los banquetes de “sordomudos” y de la corriente de artistas “silenciosos” (6, 27, 28). También viaja a Estados Unidos y Chile, donde estrecha lazos con agrupaciones de “sordos” (27, 28). En 1912, en Buenos Aires, funda la primera institución de “sordos” del país y América Latina: la Asociación de Sordos de Ayuda Mutua (ASAM) y es su presidente durante veinticinco años (21, 26). La constitución de la ASAM, de acuerdo con la FDSA, se interpreta como el inicio de la “historia del movimiento silencioso argentino y, por tanto, la de los propios sordomudos” (27). De hecho, luego de esta creación, se desarrollan instituciones similares en puntos de Argentina (Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba, Tucumán, San Juan y Mar del Plata) y en países vecinos (Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Perú, Colombia, Venezuela y México) (27).

En muchos de estos espacios, las personas “sordas” realizan actividades deportivas, como el Club de Sordomudos “General San Martín” (CSGSM) —actual Unión Argentina de Sordomudos, fundada en 1938 en Buenos Aires— y el Centro de Exalumnos Sordomudos Ciudad Eva Perón (Ceascep) —actual Asociación de Sordomudos de La Plata, creada en 1941 en La Plata—. También algunas personas “sordas” practicaban deporte en clubes con oyentes (29). No obstante, el “deporte silencioso”, como espacio específico, se desarrolla con fuerza a partir de su contacto con la esfera internacional, a través de una iniciativa directa del CIIS (30). Su Secretario, Dresse, en 1951, a fin de extender el “deporte silencioso” en América Latina, envía una invitación a la Presidencia de la Nación para que Argentina participe en los vii Juegos Internacionales Silenciosos de 1953, en Bruselas (31).

Con el fin de evaluar esta posibilidad, se inicia un expediente que se deriva a la entonces llamada cadcoa (31). Esta institución, en el marco de la activa política deportiva del Gobierno del presidente Juan Domingo Perón, atendía la promoción del deporte de alto rendimiento5 (32). Esta, al desconocer la existencia de alguna institución deportiva “silenciosa”, reenvió la solicitud al ins. Allí, su interventor, Rómulo M. Garona Carbia, consulta al respecto al asesor Teodoro Manzanedo (31). Manzanedo era un joven egresado del ins. Él, “sordo” poslocutivo, adquirió la sordera a los seis años de edad, tras una escarlatina. Tiempo después, aprende a leer y escribir en el ins, y también, a comunicarse con sus pares en la posteriormente llamada lsa, incorporándose a la cultura oyente y “sorda” simultáneamente. Como se verá en lo que sigue de este trabajo, él devendrá en una figura clave en la promoción de “deporte silencioso” argentino, en la asociatividad “sorda” y en la defensa de la importancia de la promoción de la lsa para propiciar la plena integración de las personas “sordas” a la vida social y laboral.

En relación con consulta de la CADCOA, Manzanedo manifiesta la posibilidad de enviar a Bélgica a un deportista “sordo” especialista en saltos ornamentales, José L. Depetris, y a un equipo de fútbol, perteneciente al CSGSM. Todos ellos tienen una entrevista con Carbia, quien decide que los apoyará para viajar a los juegos. Sin embargo, y aludiendo a la existencia de “escépticos e incrédulos” que no darían crédito al interventor y tras un largo proceso de idas y vueltas, se regresa el expediente con la resolución “negativa por inexistencia de deportistas adecuados” (31, p. 3).

En este proceso, el 8 de julio de 1953, Manzanedo y un grupo de otros 12 jóvenes exalumnos del INS6 crean la FDSA (31, 33-35). El propósito de la confederación era “mantener el espíritu deportivo entre todos los deportistas sordomudos del país y el de estos con los de otras naciones, propender a su agrupación […]; conservar y desarrollar sus aptitudes físicas” (33, p. 1).

Para los protagonistas, estos objetivos adquirían relevancia, ya que las actividades deportivas de los “sordomudos” en Argentina se hallaban sumamente restringidas y esto era inadmisible en el contexto del desarrollo que el deporte argentino estaba teniendo en general. Entre ellos existía una “capacidad” latente “para conquistar puestos de vanguardia entre las demás naciones” (34, p. 2).

En el marco del peronismo, entre 1946 y 1955, el deporte deviene política de Estado, al considerarse que contribuía a la integración y a la higiene espiritual y física de la nación (32, 36). La alusión a héroes deportivos populares que nutren el proyecto colectivo de gestación de una “nueva Argentina” en constante progreso instituye retóricas epocales (37). El origen de la FDSA está permeado por esta oratoria. El grupo fundador alude al “deber patriótico” de formar los planteles de deportistas que formarían el “equipo silencioso argentino” y así contribuir a la construcción de la “nueva argentinidad” (34, p. 2). “Es patriótico deber contribuir con nuestras posibilidades y aún más la fe que tenemos en la nueva Argentinidad […] Conquistar la Argentinidad es conquista de quienes tienen la dificil condición del sacrificio” (33, p. 2).

Como el resto de los ciudadanos, ellos aportarían a este fin con el valor adicional de estar atravesados por una condición que implicaba sacrificio. En los estatutos de la FDSA se establece que podrán formarla instituciones de “sordomudos” destinadas al bienestar de este sector de la población y que la Comisión Directiva estaría integrada únicamente por personas “sordomudas” que fuesen miembros activos (33).

Las primeras instituciones afiliadas a la FDSA son el CSGSM, el Ceascep y el Círculo Silencioso Argentino (CSA), fundado en agosto de 1953 en la ciudad de Buenos Aires (35). La primera Comisión Directiva se compone, entre otros, por Manzanedo (quien la preside durante veinticinco años), Eduardo Domínguez (vicepresidente) y Esteban Ferrer (secretario) (31, 35). Ellos, de acuerdo con los testimonios de líderes deportivos Sordos, eran todos jóvenes de clase alta.

Al materializarse la FDSA, se solicita la afiliación a la CADCOA (31, 35). En tal devenir, esta ofrece dos pasajes para concurrir a los juegos internacionales en Bélgica, como observadores (31, p. 2;34). Así, viajan a Europa las máximas autoridades de la FDSA y su secretario (38). La importancia de este viaje es narrada en la Primera Revista Silenciosa Argentina, publicada por la FDSA. Si la prensa deportiva fue muy promovida desde las políticas deportivas peronistas y también en el origen del “deporte silencioso” (36, 37), esta publicación se destaca por poseer un papel pionero en el campo de la comunidad sorda argentina. La tapa del primer ejemplar posee una foto del presidente Juan Domingo Perón y en la introducción se lo cita aludiendo a la importancia de construir un “pueblo de deportistas”, educados “en su alma” y fortalecidos en “su cuerpo” (39, p. 1). Estas ideas se conectan con el aporte que los “silenciosos” realizan a la “Nueva Argentina” a través de su desarrollo deportivo y su unión:

El deporte tiene la virtud de entrelazar los vínculos entre las mujeres y los hombres de todas las razas; hoy tenemos la dicha, gracias al aporte de nuestras autoridades, de contar con dos delegados en las Olimpíadas que se realizan en Bruselas. Partieron de nuestras tierras con el fin de compenetrarse en todo lo necesario, para que en fecha no lejana seamos no solamente espectadores, sino actores principales en estas justas deportivas, donde podremos demostrar que en la Nueva Argentina el deporte ha ganado verdaderos nuevos campeones. (39, p. 1)

La participación de los delegados en Bruselas permite a los “silenciosos” salir de la invisibilidad y demostrar todo su potencial, al pasar de ser meros espectadores a ser protagonistas. Ello evidencia las capacidades que poseían los “sordomudos” y que negaba el contexto oralista dominante en la Argentina de la época. Uno de los principales motores de la FDSA es: “lograr que todo silencioso pueda tener un medio de comunicación, fuente principal donde veremos cristalizados el sueño de todos nosotros: la unión de todos los silenciosos. Toda fuerza es débil, si no es unida” (39, p. 1).

Los autodenominados alternativamente “silenciosos” o “sordomudos” toman la palabra y expresan su derecho a hacer uso de su propia lengua de señas. La misma los sacaría del ostracismo y el “retraso lamentable” en el cual el Congreso de Milán había demorado “hasta nuestros días la reincorporación del sordomudo a la sociedad” (27, p. 15), uniéndolos para luchar por su reconocimiento social.

Como ámbito extraeducativo, el “deporte silencioso” promueve la sociabilidad entre “sordos” una vez finalizada la escolaridad. El uso de la lengua de señas habilita su intercambio como iguales, aspecto no vehiculizado en las interacciones con el mundo oyente (20). En el naciente campo del “deporte silencioso”, “ser sordo” no será una barrera para la participación deportiva, ni generador de discriminación, tal como acontecía en los clubes de oyentes. Allí, de acuerdo con los testimonios de deportistas “sordos” de la vieja época, prácticamente, existían obstáculos para acceder y permanecer, por prejuicios que, poniendo en juego en lo microsocial la mirada clínica terapeútica dominante, emparentaban la sordera con el espectro de la “imbecibilidad” o la peligrosidad, generando infravaloración o, también, por la dificultad o la falta de fluidez que se generaba en la interacción comunicativa, por constituir entornos orientados al habla. En estos contextos mayoritariamente oyentes, los deportistas “sordos” veían muy mermada su participación, al quedar al margen de los intercambios simbólicos (29). Por oposición, el “deporte silencioso” propicia un espacio de reunión y un medio fluido de intercambio social, lúdico que lleva a los “sordomudos” a elaborar otros principios prácticos sobre sí mismos, desafiantes de los impuestos por la educación oralista y que esboza nuevas expectativas sobre su posición social (29).

Desde esta perspectiva renovada, para alcanzar la plena integración social se debía abandonar el camino propuesto por el oralismo y escoger otro sendero, más difícil, pero más digno: el de la autodeterminación. Aludiendo a la grandeza del fin buscado se afirma: “Hay dos caminos para alcanzar la cima: el del águila que acomete el vuelo, rauda y serena, o del gusano que se arrastra hasta alcanzar su meta. Deja que se arrastren los serviles y los incapaces. Tú arrójate al espacio como águila (Anónimo)” (38).

Aceptar la normalización implicaba arrastrarse como el gusano y los incapaces. Como el águila, se perseguiría la altura de miras. El reconocimiento demandado exige el desplazamiento de la sordera del ámbito de la enfermedad y la patología, a la autoafirmación del derecho a la singularidad, al postular una identificación de la sordera alternativa:

No escuchan mis oídos, pero en mi corazón laten tan puros los sentimientos como cualquier otro ser que está dotado de los cinco sentidos; por eso, quiero que vosotros demostréis, que cuando se tiene pureza de alma se puede reemplazar esas pérdidas con la superación de nuestros actos.

En las horas de sosiego debemos superarnos, ya sea en las lecturas, el arte, los deportes, tratar de hacernos amigos para unir más los corazones. Luchemos por vivir no solamente en este mundo silencioso, por el contrario, tratemos de que nos comprendan para ser en el mundo bullicioso una fuente de respeto, compresión y colaboración. (40, p. 17)

Desde la FDSA, la sordera se comprende como un rasgo biológico que implica la imposibilidad de oír, pero que no exilia de la capacidad de sentir, ni de lo humano, ni de las plenas capacidades, ni de la posibilidad de participar y contribuir a la sociedad general. De ahí que la sordera no se considere una patología que genere infravaloración social, ni “imbecilidad”, ni incapacidad, tal como epocalmente era imputado socialmente.

Ser “sordomudo” o ser “silencioso” es ser parte de una familia de semejantes que comparten una lengua y un lugar social marginado por el peso de una mirada oralista y descalificadora.

En la lucha por alcanzar el reconocimiento, el esfuerzo y la demostración del carácter plenamente humano de los “silenciosos” en la sociedad oyente serían un modo de obtener el respeto y poner fin al ostracismo al cual se condenaban (40, p. 17). Afirmando este modo de comprensión de la sordera, en la Primera Revista Silenciosa se exponen frases célebres:

Que importa la sordera de la oreja, cuando el espíritu oye; la única sordera, la sordera verdadera, la sordera incurable, es la de la inteligencia. Víctor Hugo. […]

El fracaso comienza cuando cesa el esfuerzo. Anónimo. […]

El espíritu que ve es el espíritu que oye. El ojo es ciego, la oreja es sorda. Epicarme. (41, p. 17)

Estas proposiciones refuerzan la idea de que los “sordos” son seres semejantes a los oyentes y que para exponerlo es necesario cuestionar los prejuicios hacia la sordera, evidenciar sus habilidades a través del esfuerzo y la participación en espacios y roles sociales generales. El deporte “silencioso” se esboza como un medio ideal para promover esta integración. Esta es una lucha colectiva, nacida de la unión de los “silenciosos” argentinos.

Una unión que se materializa y algunas de sus implicancias

En cuanto al activismo “sordo”, la fundación y el desarrollo de la FDSA implica la ampliación de las redes existentes entre la comunidad “sorda” argentina, sus vecinas y el movimiento reivindicativo internacional, reeditando el vínculo iniciado por Terry hijo en una nueva clave: la deportiva. El anhelo de la participación en los juegos y mundiales internacionales, vivo en la institución argentina, pero también en los líderes del CISS —por su deseo de expandir geopolíticamente a través de la FDSA su iniciativa deportiva a Latinoamérica y luchar contra el oralismo— activa un lazo de comunicación constante entre ambas instituciones desde 1953. Tras el viaje realizado por dirigentes de la FDSA a Bélgica, el intercambio epistolar no cesó (42-44). A través de este, se informan las acciones emprendidas en Argentina y se reciben de Europa noticias e invitaciones para ser parte de las actividades deportivas y políticas del movimiento “sordo” internacional, junto al constante estímulo de difundir el “deporte silencioso” en los ámbitos local y regional. Fruto de este temprano vínculo, en 1955, la FDSA obtiene la aceptación oficial del CISS y así se convierte en la primera nación latinoamericana en ser reconocida por esta institución (27, 35, 42, 45, 46).

Siguiendo su misión fundante, la FDSA, en sus dos primeros años de vida, emprende una fuerte promoción del “deporte silencioso” en Argentina. Un hito en este proceso lo constituye la realización de los Primeros Juegos Deportivos Silenciosos Argentinos, acontecidos en 1954 en la Ciudad de Buenos Aires (35, 47, 48). Así, el nacimiento de esta institución deportiva significa la creación de un espacio simbólico nacional en el cual se valoran y potencian las aptitudes físicas y sociales de los “sordos”, propiciando su reconocimiento intersubjetivo, y la promoción de su asociatividad, al integrarse a una red transnacional de personas “sordas”. El circuito deportivo “silencioso” argentino, con sus juegos propios, promueve un espacio donde ser “sordo” es un valor en sí mismo —por ser requisito excluyente para la participación— y, también, un puente de unión con semejantes de todo el mundo.

Si el disfrute deportivo constituye una de las principales motivaciones que acerca a muchos “sordos” a este ámbito, el encontrar allí sentimientos de compañerismo y solidaridad y un medio donde poder comunicarse fluidamente, ello garantizará su permanencia y su multiplicación (29). En este sentido, es importante señalar que en lo local, inicialmente, para la mayoría de los deportistas “silenciosos” el impulso que los lleva a participar no lo constituye explícitamente el proyecto político —idea quizá más presente en algunos de los líderes deportivos como Manzanedo—, sino la diversión, el gusto por las actividades deportivas y aquellos lazos de reciprocidad que hallan en este mundo (29). Sin embargo, en virtud de que para participar en los juegos nacionales, campeonatos y torneos, organizados progresivamente por la FDSA, era necesaria su afiliación a instituciones reconocidas por aquella, este hecho favorecerá la extensión y formación de clubes de “sordos” en distintos puntos del país. De este modo, potenciando la labor iniciada por los primeros centros de “sordos” locales, la fundación de la FDSA propicia asociativamente la creación de agrupaciones deportivas a lo largo de la nación y su organización bajo una institución aglutinante autogobernada por “sordos” e inscrita en una red internacional.

Simultáneamente, la difusión del “deporte silencioso” implica que la FDSA intervenga en el espacio público, visibilizado la presencia de los “sordos” en la sociedad oyente, en cuanto ciudadanos. Esto se expresa en acciones como la gestión del acceso a recintos donde los clubes afiliados puedan practicar deportes o donde se posea una oficina donde trabajar,7 la participación en actividades partidarias asociadas al peronismo —como homenajes y congresos— o la puja por el acceso a recursos para financiar el desarrollo del “deporte silencioso” y posibilitar viajes al exterior (42, 49-54). Si se hace un balance de los dos primeros años de existencia de la FDSA, en un contexto de apoyo peronista se advierte que la difusión del “deporte silencioso” en el país no logra los recursos para participar en las actividades internacionales previstas (55).

Pese al derrocamiento del peronismo por el golpe de Estado perpetrado por la autodenominada Revolución Libertadora, acontecido en 1955, la actividad de la FDSA no cesó. Esto evidencia que el naciente movimiento deportivo “silencioso” local había logrado conquistar cierta autonomía de funcionamiento y participación social gracias a su reconocimiento por parte del CISS y a su homologación oficial en 1956 por parte de la ahora llamada Confederación Argentina de Deportes8 (56).

Hacia 1957, luego de dos años de insistencia, se difunde el “deporte silencioso” en países vecinos y se estrechan redes con las comunidades “sordas” colindantes, que siembran la semilla de la expansión latinoamericana. Ese año, una delegación de fútbol de la FDSA viaja a Chile y una comisión de deportistas “silenciosos” uruguayos visita Buenos Aires (57). Asimismo, “sordos” de São Paulo (Brasil) proponen a la FDSA la realización de encuentros de fútbol entre ambos países. La posibilidad concreta de viajar, representar al país y conocer otras comunidades “sordas” hermanas e intercambiar sobre su situación social y dialogar en lengua de señas internacional, sin barreras de comunicación, se perfilan como nuevas motivaciones que acercan nuevos jugadores al “deporte silencioso”.

La dificultad de obtener medios para solventar la participación en los juegos internacionales de “sordos” constituye un obstáculo persistente de la FDSA desde su origen hasta mediados de los años sesenta. No obstante, esta adversidad deviene en una instancia de aprendizaje político para los dirigentes de la federación y sus deportistas, al formarlos en la militancia por sus derechos. Por ejemplo, en 1957, ante el fracaso de las gestiones para lograr fondos para participar en los viii Juegos Internacionales Silenciosos de Milán, se realiza una colecta pública, pero no se logran los recursos necesarios (57, 58). Roberto González, dirigente y exdeportista “silencioso”, testigo de esta situación, narra que, sin embargo, esta imposibilidad hizo que “ellos trabajaran más unidos y lucharan más” y “que tuvieran un objetivo” (29). En este proceso, señala, los “sordos” más jóvenes aprendían de los más adultos a luchar y a no darse por vencidos. De hecho, pese a no lograr los medios para viajar, la FDSA rindió homenaje a los cuarenta “seleccionados olímpicos” (59). La lucha y el esfuerzo no registrados por la sociedad oyente y los gobiernos de turno, a través de su falta de apoyo, son reconocidos y celebrados entre iguales, fomentando el autorrespeto. Esto refuerza la unión comunitaria.

En el camino de la autoafirmación, un punto relevante lo constituye el papel que desempeñan las autoridades de la FDSA, en 1957, junto a otras organizaciones de “sordos” del país, en la creación de la Confederación Argentina de Sordomudos (CAS) (27). Días previos a la fundación, acontecida el 9 de diciembre, los representantes de la FDSA indican que apoyarán “sin restricciones esta nueva obra que tratará de encontrar soluciones a los graves problemas que afligen a los sordomudos del país” (60, p. 122). El considerado por sus protagonistas máximo órgano de gobierno de la comunidad sorda argentina ha nacido y Manzanedo, como líder del “deporte silencioso”, es nombrado su presidente a lo largo de 44 años (27, 61). La cas es admitida por la Federación Mundial de Sordos en 1958.

Ese año, luego de arduas gestiones, la federación organiza en Buenos Aires los Primeros Juegos Deportivos Silenciosos Latinoamericanos, celebrados entre el 23 y el 26 de octubre (62, 63). En ellos participan Argentina, Chile y Uruguay (63). Allí, la FDSA instituye el premio Teodoro Manzanedo, en homenaje al considerado “impulsor del deporte silencioso en Sudamérica” (62). Después este evento se comenzó a celebrar periódicamente en toda América Latina, incorporando de manera paulatina a países de la región (Montevideo, 1961; Santiago de Chile, 1963; Río de Janeiro, 1967, y Buenos Aires, 1970) y el continente americano, en la forma de Juegos Panamericanos a partir de 1975, a través de la organización de la Comisión Panamericana de Deporte para Sordos, con sede de su secretariado en Buenos Aires y a cargo de la FDSA (35).

Pese a estos avances del “deporte silencioso” en la región, recién en 1965 se logra el aporte para viajar a los X Juegos Internacionales para Sordos realizados en Washington, como así a su edición xi en Belgrado, en 1969, y xii en Malmö, 1973 (31).

En este devenir, en abril de 1970, la Federación Mundial de Sordos organiza la Primera Conferencia Latinoamericana de Sordos en la ciudad de Buenos Aires y el deporte ocupa uno de los paneles desarrollados. Este año, Manzanedo, aun siendo presidente de la FDSA, asume como secretario regional para América Latina de dicha asociación. En dicho evento se busca convencer a los maestros de “sordos” del error del método oral.9 El congreso cuenta con el servicio de interpretación a cargo de dos hijos oyentes de padres “sordos” argentinos, entre los que se halla Virginia Domínguez, hija de un matrimonio socio fundador de la FDSA: Eduardo Domínguez y Marta Cabrera de Domínguez. En un germen de institucionalización de este papel, “con posterioridad a la realización del encuentro, la CAS anunció la apertura de un registro de intérpretes”, con el fin de brindar servicios en gestiones burocráticas o judiciales (23). La adolescente desempeñaba el rol de intérprete oficial de la FDSA al menos desde hacía dos años. Por ejemplo, el 18 de marzo de 1968, el presidente de facto Onganía, tras apoyar el viaje de la delegación argentina a los juegos latinoamericanos realizados en Brasil, la recibe en un acto de honor en la quinta presidencial, por los triunfos alcanzados. En el acto, la joven transmite en lsa las felicitaciones del mandatario, lo que marca un antecedente pionero en la materia en toda Argentina (64). También, posteriormemte, en diciembre de 1970, con ocasión del acto de apertura de los V Juegos Silenciosos Latinoamericanos, realizados en Buenos Aires, ella interpreta el discurso emitido por el presidente de la FDSA. Allí Manzanedo llama la atención nuevamente sobre la importancia de contar con este tipo figuras para resolver muchos problemas de comunicación que se generan entre “sordos” y oyentes (65). De este modo, puede advertirse otra implicancia del desarrollo de la FDSA: prácticamente, en sus actos públicos no solo pone en marcha su lengua natural como medio de comunicación, sino que, a través de la figura del intérprete, introduce lo que hoy se llama derecho a la accesibilidad comunicativa, a fin de luchar por el respeto de su singularidad y la remoción de barreras excluyentes en la sociedad general.

Los logros, los desarrollos y los encuentros del deporte silencioso argentino ocupan las páginas de Ad-Verbum. Palabra por Palabra (órgano oficial de difusión de la cas, publicada entre 1968 y 1973) y evidencian con palabras e imágenes tanto las habilidades como la sociabilidad de la “familia silenciosa argentina”. En este punto, el “deporte silencioso” refuerza y multiplica los lazos comunitarios de la comunidad “sorda” local, al articular una vasta sociabilidad específica que incluye no solo la realización de actividades deportivas, sino también reuniones lúdicas, celebraciones de aniversarios de asociaciones de “sordomudos”, actividades culturales o matrimonios entre miembros de la comunidad a lo largo del todo país.

En la revisión de aquella publicación puede visualizarse cómo entre fines de la década de los sesenta y principios de la de los setenta, la comunidad “sorda” argentina radicaliza su dimensión política, cuestionando abiertamente el oralismo y la reducción de la sordera al campo médico y exigiendo su derecho a intervenir en la definición de los métodos establecidos por el Estado en la educación de los “sordos” (18, 23). Existe una lucha de pleno por intervenir en las políticas educativas de los “sordos” e imponer el fin de la mirada clínica-terapéutica (23). Se argumenta con voces expertas que, en el ámbito de la lingüística norteamericana de los años sesenta, ratifican lo sostenido por el abate L’Épeé: el oralismo promueve el analfabetismo de los “sordos” y su aislamiento social; la lengua de señas es la lengua natural de las personas “sordas” y es un requisito indispensable para su integración social. Este argumento, recuperado por el movimiento identitario norteamericano, posee repercusión internacional en los años setenta y ochenta (20,23). Desde este planteo, que nutre las actuales reivindicaciones del movimiento Sordo internacional y el llamado modelo socioantropológico de la sordera, los Sordos no son personas con “discapacidad auditiva” “hipoacusia” o enfermos, sino que constituyen miembros de una minoría lingüística (14, 18). Ellos conforman comunidades de solidaridad, a través de las cuales, a partir de la interacción cara a cara, desarrollan una lengua de señas común y comparten actividades y una cultura e identidad propias, diferentes de la sociedad mayoritaria oyente, entre las cuales el deporte adquiere relevancia (5, 18). Desde esta mirada, la sordera es un símbolo de orgullo y no de inferioridad biológica. En defensa de esta peculiaridad, se promueve lo que en esos años se llama el método combinado, la comunicación total y el bilingüismo, los cuales, en confrontación al oralismo, incluyen el reconocimiento de la lengua de señas.

Si bien dar cuenta de la radicalización del discurso político en la comunidad sorda argentina acontecida en los años ochenta excede los límites de este trabajo, es interesante plantear como hipótesis para desarrollar en futuras indagaciones que una de las condiciones de posibilidad se asocia con la emergencia de este ámbito deportivo de “sordos” nacido a mediados de siglo, al favorecer la reunión de los “silenciosos” a través de instituciones nacionales, al nutrirlos de las tendencias del movimiento “sordo” internacional, al tejer redes regionales, al fortalecer la politización de la comunidad sorda local y su orgullo por los éxitos deportivos logrados, al reivindicar la importancia del respeto de sus espacios específicos y al propiciar su autoafirmación.

Conclusiones

El “deporte silencioso” constituyó una arena de lucha transnacional a través del cual la minoría sorda exigió un reconocimiento negado (7, 8, 17). La creación de la FDSA, en 1953, también propiciada por un clima de época que hacía del deporte una política de Estado, en Argentina, permite salir al espacio público a los “sordomudos” argentinos, hasta entonces mayoritariamente presos en las tinieblas de la infravaloración social. Sin lugar a dudas, se trata de un movimiento dialéctico: esta apropiación del espacio público de los “silenciosos” es posibilitada porque ellos mismos se repiensan al alejarse de la mirada clínica-terapeútica de la sordera que los reducía al papel de seres enfermos, desgraciados y carentes de inteligencia. Rechazando estas injurias y matizada en sus orígenes por la influencia de la retórica peronista, los ejes de reivindicación de la FDSA son similares a los del movimiento internacional silencioso. A través de la defensa del método combinado, exigen el reconocimiento de la lengua de señas, el respeto de su singularidad y el reconocimiento de la igualdad de los “sordomudos” o “silenciosos”.

Derrocado el peronismo, la FDSA continúa su participación activa en los espacios políticos, buscando soluciones a los problemas que los aquejan y propiciando su reunión lúdica y social, terrenos en los cuales, el yugo del oralismo los había dejado en clara desventaja. Esto evidencia una agencia de los “sordos” como ciudadanos.

Axel Honneth muestra que el menosprecio social, como experiencia moral de ausencia de reconocimiento, constituye un motor que moviliza a las minorías oprimidas en búsqueda de la afirmación de sus capacidades positivas y autonomía (10). En el caso de análisis, es viable observar plenamente este ejercicio. La descalificación y el aislamiento que experimentaban los “sordomudos” deviene en una fuerza que propicia, a través del deporte, primero, la unión de la “familia silenciosa argentina”, en busca de una existencia negada, al reforzar el trabajo realizado por las primeras asociaciones de “sordos” locales. Segundo, a través del deporte y el juego, exigen una igualdad respecto a los oyentes, pensándose a sí mismos a través de identificaciones alejadas de las ideas de enfermedad, invalidez y deficiencia que les devolvía la sociedad oyente influida por prejuicios oralistas. Así, ellos, disputando espacios sociales generales y promoviendo su participación deportiva y social, fueron edificando su propia historia, exigiendo su reconocimiento y alcanzando logros y fracasos. De hecho, en 1972, Ad-Verbum comparte un editorial en el cual hace un balance de la labor de la FDSA, donde afirma:

París en 1924, se inician los Juegos Mundiales para Sordomudos, por una feliz iniciativa de Monsieur Rubens Alcais, creando un medio deportivo para estrechar los vínculos fraternos entre las comunidades silenciosas nacionales. Continuando regularmente, se fue expandiendo por un mundo una vital actividad deportiva en un calco cada vez más idéntico a las justas olímpicas de los oyentes, creando además un vínculo de comunicación primordial para la expansión del espíritu, este espíritu que se creía condenado al ostracismo y a la estrechez del ambiente localista. […] No importando los obstáculos materiales y humanos, hemos avanzado espectacularmente en nuestro camino: Bruselas, Washington, Belgrado, Montevideo, Santiago de Chile y Río de Janeiro han conocido la vitalidad y pujanza de nuestra juventud, el tesón que hemos impuesto a nuestra tarea no ha sido fútil, marcando una impresión indeleble que deja en el espíritu la estimación de su propio valor por quienes son capaces de alcanzar o luchar por el estímulo de la victoria […] Argentina con su presencia ya infaltable en estas justas aspira a la perfección deportiva, el respeto hacia el adversario, cultivando una expansiva amistad hacia los pueblos de América. (66, p. 3)

Lejos de una intención separatista, como muy a menudo es injustamente connotado, el “deporte silencioso” constituye un medio para mostrar las capacidades de los “sordomudos”, en el cual se configura una identificación autoafirmativa (3, 5). Es decir, desde la dignidad y la singularidad se propicia la participación social, seleccionando un camino disputante de la normalización. Asimismo, de la unión de la “familia silenciosa argentina”, también se tienden manos para promover la unión con los “compañeros silenciosos” de América Latina (65). En estas uniones se intercambian modos de autocomprensión de la sordera que nutren las luchas por romper los estigmas que oprimen a las personas “sordomudas” a mediados del siglo pasado y exigir sus derechos ciudadanos. En este camino, como rezaría el eslogan de la FDSA en los años setenta: “los sordomudos practican el deporte para cultivar un espíritu de voluntad para vencer” (65).

En síntesis, el “deporte silencioso” argentino favoreció la extensión de las comunidades “silenciosas” nacionales en la región, al estrechar vínculos de solidaridad que trascendieron las fronteras locales y favorecieron sus luchas por el reconocimiento, al formar a muchos de sus líderes, instituciones y poner en agenda sus derechos. Adquieren relevancia en el periodo analizado sus pujas por el derecho a su reunión lúdica, la enseñanza a través del método combinado, reconociendo la lsa, la inteligencia, la accesibilidad comunicativa y su autogobierno.

En el difícil camino del águila escogido, los deportistas “silenciosos” argentinos postulan una resignificación de la sordera y del ser “sordo” que resalta su dignidad intrínseca, alejándose de perspectivas patologizantes entonces vigentes.

La labor de la FDSA es continuada desde mediados de la década de 1980 por su sucedánea hasta la actualidad: la actual Confederación Argentina Deportiva de Sordos (cades). En virtud de sus positivas implicancias sociales es importante que políticas de Estado apoyen el deporte de Sordos, así como que se brinde un reconocimiento de su contribución al patrimonio cultural e histórico del movimiento deportivo “silencioso” argentino a las comunidades sordas latinoamericanas.

Agradecimientos

Mis agradecimientos a la cades, por su puesta en disposición de los archivos de la FDSA y la posibilidad de efectuar entrevistas a líderes del deporte de Sordos argentino, facilitando la presencia de Patricia González y Virginia Domínguez como intérpretes de lengua de señas argentina/español, sin quienes hubiese imposible este estudio. También a quienes leyeron las versiones de este artículo: Pablo Lemmo (en nombre de la cades), Andrea Benvenuto y Karina Ramacciotti. A Viviana Burad, quien me orientó en la resolución de algunas de las correcciones solicitadas. Estas colaboraciones eximen de responsabilidad a cada uno de ellos de las afirmaciones aquí contenidas.

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52. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 14 (20 de abril). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1954. p. 23.

53. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 21 (22 de julio). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1954. p. 45.

54. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 27 (27 de diciembre). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1954. p. 55.

55. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 34 (19 de mayo). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1955. p. 67-8.

56. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 45 (26 de enero). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1956. p. 83.

57. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 60 (20 de julio). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1957. p. 109.

58. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 61 (12 de agosto). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1957. p. 110-2.

59. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 63 (18 septiembre). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1957. p. 115.

60. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 67 (10 de enero). En: FDSA: libro de actas. Buenos Aires: FDSA; 1958. p. 122.

61. Massone MI, Simón M, Druetta JC. Arquitectura de la escuela de sordos. Buenos Aires: Libros en Red; 2003.

62. Federación Deportiva Silenciosa Argentina (FDSA). Acta 79 (25 de septiembre). En: FDSA: libro de actas: Buenos Aires; 1958. p. 140.

63. Confederación Argentina de Sordomudos (cas). v Juegos Deportivos Silenciosos Latinoamericanos. Ad. Verbum. Palabra por Palabra. 1972;10:5-17.

64. Confederación Argentina de Sordomudos (cas). De nosotros depende: palabras del Tte. presidente Juan Carlos Onganía. Ad. Verbum. Palabra por Palabra. 1968;1:5-6.

65. Manzanedo T. v Juegos Deportivos Silenciosos Latinoamericanos. Ad. Verbum. Palabra por Palabra. 1972;10.5-17.

66. Confederación Argentina de Sordomudos (CAS). Editorial. Ad. Verbum. Palabra por Palabra. 1972;10:3.

Notas

2 Al respecto, afirman: “si la investigación sobre la historia de Sordos, el lenguaje y la educación no ha ignorado el papel desempeñado por los propios Sordos […] el hecho es que los estudios sobre los orígenes del movimiento de Sordos en el siglo xix, las formas de movilizaciones sucesivas y las razones de su participación no ha sido objeto de investigación sistemática” (16, pp. 136 y 137). En este punto, señalan que esta invisibilización exige ser superada, entre otros motivos, porque permite comprender más cabalmente los reclamos de esta minoría puestos de manifiestos en los años ochenta, a través de lo que se llamará el despertar Sordo y que fundamentan los principios de sus actuales luchas (16).

3 Como se desarrollará más adelante, cada comunidad sorda posee su propia lengua de señas, producto de interacciones cara a cara (18). La internacional es una lengua pidgin utilizada en encuentros mundiales e informalmente cuando las personas Sordas viajan. Aún hoy es el idioma oficial de las Sordolimpíadas, denominación actual de los antiguos juegos internacionales silenciosos (19).

4 Para profundizar en los aspectos asociados a los antecedentes y desarrollo de la educación de los “sordos” en Argentina y sus vínculos regionales, consultar los trabajos de Skliar (14), Alisedo y Skliar (22), Burad (20), Famularo (23-25) y Veinberg (21).

5 Nace en 1947 de la fusión de la Confederación Argentina de Deportes (CAD) y el Comité Olímpico Argentino (COA), de cuya unión surge la sigla CADCOA (30).

6 Compuesto por Manzanedo, Esteban Ferrer, Eduardo Domínguez, Jacobo Matut, Alberto Martínez, Alfredo Costa, David Zeitune, Marta Cabrera de Domínguez, Hebe Bottaro, Lola Vera C. de Costa, Susana Ubergone, Jorge Page y Francisco Martínez.

7 Lejos de exigir espacios segregados, el movimiento deportivo de “sordos” exige su participación en recintos generales, utilizados por los deportistas sin sordera, como la pileta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el Club Gimnasia y Esgrima o la CADCOA (51).

8 Entre las razones de esta adjudicación se argumenta el reconocimiento de la FDSA por parte del CIIS y el otorgamiento que en 1955 esta última institución recibe del Comité Olímpico Internacional, autorizándola a utilizar la nominación olímpica, búsqueda muy anhelada por los “sordos”, por cuanto otorgaba el pie de igualdad con los oyentes (56).

9 Para profundizar en las consecuencias de esta conferencia, consúltese el excelente trabajo de Famularo (24).

Descargos de responsabilidad Este trabajo fue financiado en el marco de mi plan de trabajo como investigadora del Conicet (2017-2019), titulado: “Deporte de Sordos y luchas por el reconocimiento (Argentina, 19532018)”. También se enmarca en dos proyectos colectivos: “El proceso de profesionalización del cuidado sanitario. La enfermería universitaria en Argentina (1940-1970)”, dirigido por Karina Ramacciotti y financiado por la Secretaría de Investigación de la Unqui, resolución 2018-0990, convocatoria 2019, y “Género y modernización política (Argentina, 19551970)”, proyecto plurianual del Conicet, 11220170100743co, dirigido por Adriana María Valobra, resolución 2018-8-apn, convocatoria 2017-2019.