Desafíos
ISSN:0124-4035 | eISSN:2145-5112

Zanatta, Loris. El populismo jesuita: Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio. Buenos Aires: Edhasa, 2021. 133 pp.

Andrés Felipe Agudelo

Zanatta, Loris. El populismo jesuita: Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio. Buenos Aires: Edhasa, 2021. 133 pp.

Desafíos, vol. 34, núm. 2, 2022

Universidad del Rosario

Andrés Felipe Agudelo *

Universidad de La Sabana, Colombia


En su ensayo más reciente, el historiador italiano Loris Zanatta relaciona tres casos paradigmáticos del populismo latinoamericano de los siglos xx y xxi, con una serie de rasgos históricos vinculados con la orden religiosa de la Compañía de Jesús; además, añade a los liderazgos políticos uno de orden religioso: el pontífice argentino Jorge Mario Bergoglio.

Para Zanatta, el populismo es un imaginario expresado en una mentalidad que se caracteriza por evocar una supuesta unidad comunitaria y política; de ahí que en América Latina el mundo hispánico colonial ejemplifique el mundo extraviado en la modernidad y contrapuesto al liberalismo, al individualismo y al capitalismo. La función del populismo no se limita a rememorar la unidad perdida, también hace que los asuntos políticos se vivan de manera religiosa.

Ahora bien, a ese trasfondo político el autor le añade un adjetivo: jesuita. Expone lo que para él resulta de la estrecha relación entre el mundo hispánico y el catolicismo, haciendo hincapié en el accionar histórico de la Compañía de Jesús. Con respecto a esta organización religiosa, destaca su expansión global, la importancia que tuvo en la colonización de lugares como Paraguay y la centralidad de la pobreza en sus postulados. En resumen, Zanatta considera que el populismo encontró en lo jesuítico una base para forjar un proyecto político que en la modernidad funciona como reflejo de la unidad perdida de una comunidad.

El mundo orgánico que el populismo jesuita contiene se origina en la cristiandad hispánica, caracterizada por los siguientes elementos: el primero es el unanimismo, consistente en la homogeneidad de creencias, la unión colectiva y la protección contra enemigos externos. El segundo es la jerarquía, cuyo rol era diferenciar las funciones de todos los miembros de una comunidad política, sin que ello riñera con la armonía social. El tercero es el corporativismo, que fijaba las responsabilidades dentro y entre las castas socioeconómicas, lo que contrasta con una noción individual de ejercicio de derechos y libertades. Finalmente, un estado ético, vigilante e impulsor de una moral correcta y colectiva, que era la garantía para el funcionamiento correcto de estas comunidades.

Un aspecto positivo del ensayo de Zanatta es que recoge ideas planteadas en obras anteriores (El populismo [Katz, 2016]), que proponen un camino distinto para comprender el origen y las interacciones del populismo, y se distancia de interpretaciones relacionadas con el discurso o la estrategia política como puntos de partida explicativos. A diferencia de otros autores, Zanatta rastrea el populismo al siglo xvi, lo vincula con la hispanidad y catolicismo para contraponerlo como un adversario de la modernidad, el iluminismo y el liberalismo.

Otro aspecto positivo del libro es que trae a colación las interacciones entre populismo y religión, asunto que suele reducirse a la instrumentalización que hacen los líderes populistas de las creencias religiosas. Además, tiene la ventaja de que al plantear una visión comunitarista del populismo, se esté abriendo espacio a las reflexiones sobre quiénes son los seguidores de determinado líder, aspecto que suele ser opacado por la centralidad que recibe el caudillo.

Para Zanatta, el primer caso del populismo jesuita es el peronismo argentino, asumido como una religión política que giró en torno a Juan Domingo y Evita Perón. El unanimismo populista se evidenció en la fusión entre lo argentino y lo católico en un relato nacional, unido a la construcción de un régimen corporativo, compacto y jerárquico que promovió una democracia más social que política. En términos de política exterior, el autor expone cómo el peronismo intentó erigirse como una alternativa cristiana y nacionalista en el marco de la Guerra Fría. La complejidad de este populismo jesuita se debe, en parte, a la figura de Eva Perón, símbolo de misticismo y martirologio que contribuyó a estrechar la relación entre el pueblo y sus líderes alrededor de un proyecto político denominado justicialista.

El segundo populismo jesuita se desarrolló Cuba. Para Zanatta el régimen inspirado en el marxismo encuadra en la categoría que propone, porque en la isla se construyó un Estado que buscó restaurar un orden comunitario edénico a través de la construcción del “nuevo hombre”. Se destaca la centralidad de Fidel Castro como líder político y moral que resume las virtudes que el comunismo promueve y, además, funciona como principal engranaje de un régimen centralizado y jerárquico. La complementariedad entre el líder y el pueblo se forjó por el carácter místico de la revolución y sus comulgantes, convertidos en devotos y “santos armados”, que levantaron en Cuba una nueva Roma que sirvió como antítesis del liberalismo, el capitalismo y el imperialismo.

Antes de desembocar en el tercer populismo jesuita, encabezado por Hugo Chávez, Zanatta expone cómo América Latina sufre de un fenómeno pendular que tiene en los extremos al liberalismo secularista y al populismo. El autor traza el vínculo que desde la década de los sesenta del siglo xx se dio entre cristianos y marxistas a través de las vertientes más radicales de la teología de la liberación, aquellas que terminaron acudiendo y justificando el uso de la violencia para traer un “reino de paz” y que tuvieron en el gobierno de Allende de Chile y la Revolución en Nicaragua sus principales referentes. Ahora bien, el arribo de un líder carismático y marcial como Hugo Chávez revitalizó un nuevo populismo jesuita que se construyó gracias a las ganancias provenientes del petróleo. Chávez acudió al misticismo y al lenguaje religioso (metáforas bíblicas, asocio de Cristo con los ideales de la revolución, juicios morales) para fustigar a sus enemigos y promover un socialismo de corte estatista que pretendió remplazar un régimen de corte liberal.

El cuarto populismo jesuita no es de carácter político, sino moral y religioso. Zanatta se enfoca en la trayectoria y pensamiento de Jorge Mario Bergoglio (papa Francisco) para relacionarlo con los otros populismos latinoamericanos. Con respecto a la unanimidad, el autor profundiza en el concepto de pueblo que el pontífice suele exponer como expresión auténtica de cultura religiosa, que suele estar amenazada por el liberalismo, el individualismo o el consumismo. Para Zanatta, el líder católico sostiene una narrativa que invita al pluralismo y a la tolerancia, al tiempo que evita imponerse. Sin embargo, y al igual que los otros representantes del populismo jesuita, Bergoglio concentra sus críticas contra los excesos del liberalismo y la amenaza del capitalismo, aspecto que incluso se puede evidenciar en el ecologismo que el pontífice promueve.

Un primer argumento crítico al ensayo de Zanatta consiste en el exceso de postulados fundamentados en una lógica pars pro toto: por ejemplo, jesuitismo y catolicismo no son lo mismo, el segundo contiene al primero y este a su vez es una manifestación del todo, pero no la única. Además, las empresas ideológicas católicas que se instalaron en las Américas fueron diversas y no respondieron a un patrimonio exclusivo de la Compañía de Jesús; baste recordar el rol de otras organizaciones, como dominicos, agustinos, franciscanos, entre otros.

Un segundo argumento crítico radica en que el adjetivo jesuita, como categoría analítica, resulta de una aplicación limitada en relación con otros fenómenos populistas en la historia reciente de América Latina que suelen tener un vínculo con el catolicismo, como los populistas andinos contemporáneos Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) o Álvaro Uribe (Colombia). De igual forma, el adjetivo resulta forzado en otros casos como el de Fidel Castro, vinculado a los jesuitas por su formación educativa, pero distanciado del catolicismo por razones ideológicas.

Hay varios aspectos entre el catolicismo y los populistas jesuitas que Zanatta no menciona, por ejemplo, la relación de las jerarquías católicas con los líderes populistas: con Perón pasaron de la cooperación a la confrontación, con Castro la relación fue tensa y compleja porque una parte considerable de la resistencia interna es de inspiración cristiana y, finalmente, jesuitas venezolanos como Arturo Sosa, Luis Ugalde o José Virtuoso son asiduos críticos del régimen chavista. Con respecto al populismo jesuita y el papa Francisco, Zanatta no tuvo presente la encíclica Fratelli tutti (2020), en específico el capítulo “La mejor política”, donde el pontífice fija su posición con respecto al populismo global.

Zanatta advierte que este libro es un ensayo polémico que abre una veta más en los estudios sobre populismo y, más allá de las críticas que se esbozan, es un texto indispensable para los estudiosos de la relación entre populismo y cristianismo en América Latina.

Notas de autor

* Universidad de La Sabana (Colombia). Correo electrónico: andresagudelo00@gmail.com

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