Desafíos
ISSN:0124-4035 | eISSN:2145-5112

Carlos Peña y Patricio Silva (editores), La revuelta de octubre en Chile. Orígenes y consecuencias. Santiago de Chile: FCE; 2021. 170 p.

LUIS BAHAMONDES GONZÁLEZ

Carlos Peña y Patricio Silva (editores), La revuelta de octubre en Chile. Orígenes y consecuencias. Santiago de Chile: FCE; 2021. 170 p.

Desafíos, vol. 34, núm. 1, 2022

Universidad del Rosario

El “estallido social” o revuelta, como lo denominan los editores del presente libro, ha contado con una serie de análisis (Mayol, 2019; Garcés, 2020; Peña, 2020; Ruiz, 2020; Contardo, 2020) que rápidamente intentaron explicar dicho fenómeno al fragor de los hechos que acontecieron desde el 18 de octubre de 2019 en Chile. Desde el acápite introductorio, Peña y Silva dan cuenta del posicionamiento sociológico de esta obra al abordar los factores socioculturales que habrían detonado el “estallido social”. Esto en contraposición a otras publicaciones que —en sus palabras— adoptaron “una abierta postura político-ideológica”, cuyos análisis se inclinaban a apoyar y respaldar las movilizaciones desde una perspectiva interesada en el derrumbe del modelo económico neoliberal.

A través de diversos enfoques interdisciplinares los autores convocados abordaron las causas y derivas de la revuelta social chilena. En primer lugar, Peña da cuenta de los antecedentes del malestar anidado en la sociedad desde el análisis de la paradoja de Chile como país exitoso en cuanto a indicadores económicos —alcanzados durante los últimos 30 años—, que significaron reducir drásticamente la pobreza, incrementar el ingreso per cápita y reducir la desigualdad, así como mejoras en el ámbito social (salud y cobertura educacional, entre otros), y el malestar permanente expresado por gran parte de la población. Para abordarlo, recurrió a la explicación de los efectos del proceso de modernización en la vida de los sujetos y su impacto en el plano cultural producto del cambio de las condiciones materiales del Chile postdictadura. Si bien es claro que durante las últimas décadas se han producido transformaciones socioculturales importantes que han significado cambios en los comportamientos de los sujetos, así como una nueva forma de relacionarse con las instituciones y sus liderazgos, advierto un vacío analítico que, a mi juicio, merece ser abordado: la pérdida de confianza. Uno de los aspectos que le otorgan fortaleza a las democracias modernas es la confianza que depositan los sujetos en las estructuras que la componen, esta paulatinamente fue deteriorándose en Chile. Su expresión se dio con unas crisis: institucionales (Carabineros, Fuerzas Armadas, Congreso, Iglesias) y sistémicas (salud, educacional, previsional). Junto con ello, la pérdida de confianza fue erosionando en los individuos las expectativas, anhelos y sueños en un futuro próspero y de mayor bienestar. Esta variable es complementaria a la lectura de los hechos propuesta por Peña tendiente a comprender las demandas no solo como acciones reivindicativas, sino a través de un sello generacional y cultural que permite amplificar su diversidad y advertir la búsqueda de legitimidad expresada en las jornadas de movilización y protesta social.

En el segundo capítulo, Silva buscó dilucidar las raíces de la revuelta a través de un breve recorrido que permite situar el fenómeno en un contexto de larga duración histórica (1970-2019). Para tales efectos, analizó las experiencias de la Unidad Popular y la dictadura de Pinochet y su impacto en lo que denomina la “radicalización de la izquierda” a partir del 2010, cuyo objetivo era combatir la consolidación del neoliberalismo en el país. La osada tesis del autor resulta cuestionable, pues intenta leer el accionar político de los sujetos movilizados bajo el imaginario de izquierdas y derechas. Esto hace de los primeros, sujetos que de manera rupturista habrían buscado desestabilizar el gobierno de derecha del presidente Sebastián Piñera a través de movilizaciones pacíficas y violentas, restando legitimidad al mandatario y a la Constitución vigente. Es al menos discutible que agrupaciones de izquierda radical hayan detonado las masivas jornadas de movilización social en las calles de las principales ciudades de Chile desde octubre de 2019 y la crisis política derivada de ella. Si bien es claro que diversas agrupaciones (anarquistas, delictuales, barriales, etc.) principalmente antisistema llevaron a cabo acciones destructivas, la masividad y diversidad de demandas y actores que coparon el espacio público permiten, al menos, sugerir el desfonde de las estructuras societales administradas desde la restauración de la democracia en 1990. Junto con ello, lo que el autor identifica como referente de la izquierda radical, perteneciente al movimiento estudiantil (Federaciones de estudiantes universitarios), Colegio de Profesores y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y militantes del Partido Comunista, no lidera en absoluto organizaciones relevantes en el Chile actual, es más, esta ha vivido por años una profunda crisis institucional y falta de participación de sus bases en la toma de decisiones.

En el tercer apartado, Brunner analiza la protesta social considerando como variable la transformación educacional. Desde allí abordó las expectativas derivadas del crecimiento exponencial de la educación terciaria en el país y la frustración generada en la población joven al no ver cumplidas aquellas metas relacionadas a mayores ingresos y reconocimiento social. Es este segmento el que tuvo una participación mayoritaria durante las jornadas de protesta que vivió el proceso de democratización del país alejado de la clase política tradicional, cuyo capital cultural y acceso a la información se encontraría influenciado fuertemente por las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Resulta interesante pensar en algo así como una “aspiración líquida”, la que de manera constante encaja dosis de frustración al no conseguir la meta anhelada, que diluye las esperanzas de bienestar modelando la “generación desengañada”.

En el cuarto capítulo, Castiglioni analiza los hechos considerando las variables estructurales que lo posibilitaron, entre ellas: la precarización de los sectores de ingresos medios, que se traduce en altas tasas de endeudamiento y dificultades para afrontar imprevistos, lo cual acrecienta la sensación de incertidumbre. Resulta clarificador el análisis de la autora, puesto que centra su propuesta en la fragilidad de los sujetos de los estratos medios para afrontar tanto los problemas derivados de los exiguos ingresos que perciben, como por las exigencias de pertenencia que se construyeron sobre el Chile exitoso y próspero que los excluyen. Junto con ello, advierte un escenario que merece atención y que presenta dos grandes desafíos: la nueva Constitución y las expectativas generadas en torno a ella, relacionas con la solución de las problemáticas urgentes (salud, educación, vivienda, etc.) y las consecuencias derivadas de la pandemia de la COVID-19, la que ha agudizado aún más la desprotección de los sectores más carenciados (cesantía, endeudamiento y secuelas asociadas al virus, entre otras).

En la quinta sección del libro, Fuentes construye su ensayo analizando el proceso de “constitucionalización” generado como respuesta a la revuelta de octubre en Chile. El autor se pregunta de manera acertada por la construcción de dicho proceso cuando las demandas ciudadanas en aquel entonces se orientaban en otra dirección: mejoras en el sistema de pensiones, sistema de salud universal y educación gratuita, entre otras exigencias. No obstante, demuestra cómo dichos requerimientos de la población colisionaban constantemente con la idea de que para realizar grandes transformaciones la Constitución de 1980 (elaborada durante la dictadura militar) debía ser derogada y dar paso a una nueva Carta Fundamental creada en democracia y de manera participativa. Es así como, recogiendo parte del diagnóstico de las causas de la revuelta centrada en la precarización de la población, el endeudamiento, la injusticia, el abuso, etc., presenta el proceso de elaboración de una nueva Constitución y las inquietudes que genera en relación con el cumplimiento de expectativas. Es claro que las soluciones a las problemáticas demandadas por los sujetos durante las movilizaciones sociales no serán resueltas con una nueva Carta Magna; sin embargo, permite, a mi parecer, establecer las directrices generales sobre las cuales se crearán los acuerdos necesarios para encontrar respuesta a los requerimientos de la población.

Finalmente, a modo de epílogo, Peña y Silva sintetizan las principales hipótesis trabajadas en la publicación entre las que destaca la “paradoja del bienestar”, aquella que relaciona las mejoras de los países (indicadores socio-económicos) con el aumento de las expectativas y demandas de la población. Dicha propuesta ha sido reiterada innumerables veces por intelectuales y economistas locales que intentan explicar los fundamentos del malestar de la población en el “Chile exitoso”. En dicha línea argumental, este libro replica argumentos ya conocidos desde la década de 1990 (efectos de la modernización) y algunos exacerbados para explicar la revuelta con bajo poder analítico: “la radicalización de la izquierda chilena”. No obstante, existen argumentos importantes que merecen seguir observándose y que sin lugar a dudas contribuyen a otorgar una comprensión más completa y compleja de las causas y consecuencias de la revuelta social chilena de octubre de 2019. La precarización de los estratos medios y el conjunto de problemáticas asociadas a dicha condición (acceso a la salud, informalidad y precarización del empleo, endeudamiento, pensiones miserables, etc.), así como las expectativas generadas en la nueva Constitución merecen ser atendidas a la luz de las frustraciones y anhelos acumulados desde la restauración de la democracia, cuya huella se encuentra en la memoria colectiva de la población donde la clase política prometió alegre y lúdicamente en sus consignas de campañas presidenciales: “Crecer con Igualdad” (1999, Ricardo Lagos), “Estoy contigo” (2005, Michelle Bachelet), “Vamos a vivir mejor” (2009, Eduardo Frei Ruiz-Tagle), “Tiempos mejores” (2017, Sebastián Piñera), “Para vivir mejor” (2021, Gabriel Boric).

En consecuencia, el libro reseñado presenta argumentos analíticos importantes que merecen ser debatidos y complementados con la finalidad de lograr enriquecer el debate que ha intentado explicar las causas y las consecuencias de la revuelta social de octubre de 2019 en Chile que podría entregar nuevas claves interpretativas para analizar la serie de eventos de protesta y movilización social en América Latina. Un aspecto que merece ser destacado es el enfoque interdisciplinar de la obra que le permite al lector observar el fenómeno en cuestión desde diversas aristas complementarias (sociología, ciencia política, etc.) para ampliar su visión acerca de los hechos acaecidos.

Referencias

Mayol, A. (2019). Estallido social 2019: modelo derrumbado, sociedad rota, política inútil. Catalonia.

Garcés, M. (2020). Estallido social y una nueva Constitución para Chile. LOM.

Peña, C. (2020). Pensar el malestar. La crisis de octubre y la cuestión constitucional. Taurus.

Ruiz Encina, C. (2020). Octubre chileno. La irrupción de un nuevo pueblo. Taurus.

Contardo, O. (2020). Antes de que fuera octubre. Planeta.

Notas de autor

* Académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Doctor en ciencias de las religiones. Magíster en ciencias sociales, mención sociología de la modernización y licenciado en historia.

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