Desafíos
ISSN:0124-4035 | eISSN:2145-5112

Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo en Colombia 1979-1989: la frustración de una alternativa política

Luis Carlos Galán and the Nuevo Liberalismo in Colombia 1979-1989: A Truncated Political Alternative

Luís Carlos Galán e o Novo Liberalismo na Colômbia entre 1979-1989: a frustração de uma alternativa política

JAVIER DUQUE DAZA

Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo en Colombia 1979-1989: la frustración de una alternativa política

Desafíos, vol. 34, núm. 1, 2022

Universidad del Rosario

JAVIER DUQUE DAZA *

Universidad del Valle, Colombia


Recibido: 05 Septiembre 2021

Aceptado: 28 Enero 2022

Información adicional

Para citar este artículo: Duque Daza, J. (2022). Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo en Colombia 1979-1989: La frustración de una alternativa política. Desafíos, 34(1), 1-34. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/desafios/a.11037

Resumen: El artículo presenta el análisis del caso del Nuevo Liberalismo (NL) en la política colombiana entre 1979-1989. Se trata de un estudio de caso con perspectiva histórica que se nutrió de los aportes del enfoque de las organizaciones aplicado a los partidos políticos. Este se basó en un enfoque organizacional sobre los partidos políticos y en cuatro ideas centrales: (a) en el contexto de la división faccional de los partidos políticos colombianos en la década de 1980 fue creada la facción del NL en el Partido Liberal, lo cual estremeció su organización interna y su mapa de poder; (b) el NL se inició como una agrupación más ideológica que pragmática pero, tras sus reveses electorales, dio un giro y combinó su condición de grupo de promoción de ideas con una clara propuesta ideológica con el pragmatismo; (c) el faccionalismo en Colombia a nivel nacional era incentivado por el tipo de liderazgo altamente personalista, las reglas electorales y la débil institucionalización organizativa de los partidos, algunos cambios en estos factores incidieron en el retorno de Luis Carlos Galán (LCG) al oficialismo de su partido, y (d) producto de la violencia política, la carrera de LCG se frustró y se impidió que un nuevo liderazgo muy crítico del régimen político, de los partidos y de los problemas sociales vigentes en el país pudiera acceder a la presidencia.

Palabras clave: partidos políticos, facciones, ideología, liderazgo, elecciones, narcotráfico, Colombia.

Abstract: The article analyzes the case of New Liberalism (NL) in Colombian politics between 1979-1989. I put forth four central ideas: (a) in the context of the factional division of Colombian political parties in the 1980s, the NL faction was created within the Liberal Party; this shook the party’s internal organization and its power map; (b) The NL began as a more ideological than pragmatic group, but after electoral setbacks, it took a turn and combined its ideological stance with pragmatism; (c) Factionalism in Colombia at the national level was encouraged by the highly personalistic leadership, the electoral rules and the weak institutionalization of parties. Changes in these factors influenced the return of Luis Carlos Galán to the Liberal party; (d) As a result of political violence, Galán’s career was frustrated and a new leadership that was highly critical of the political regime, parties, and ongoing social problems was prevented from accessing the presidency. The article carries out a case study of Nuevo Liberalismo from a historical perspective, drawing on the contributions of the organizational approach to political parties.

Keywords: Political parties, ideology, leadership, elections, drug trafficking, Colombia.

Resumo: O artigo analisa o caso do Novo Liberalismo (NL) na política colombiana entre 1979-1989. Baseia-se em uma abordagem organizacional dos partidos políticos e se baseia em quatro ideias centrais: (a) no contexto da divisão de facções dos partidos políticos colombianos na década de 1980, a facção nL foi criada no Partido Liberal, o que abalou sua organização interna e seu mapa de poder; (b) O NL começou como um grupo mais ideológico do que pragmático, mas, após seus reveses eleitorais, deu uma guinada e combinou sua condição de grupo de promoção de ideias com uma clara proposta ideológica com pragmatismo; (c) O facciosismo na Colômbia em nível nacional foi incentivado pelo tipo de liderança altamente personalista, as regras eleitorais e a fraca institucionalização organizacional dos partidos, algumas mudanças nesses fatores influenciaram o retorno de Luis Carlos Galán (LCG) ao oficialismo de seu partido; (d) Em decorrência da violência política, a carreira de LCG foi frustrada e uma nova liderança altamente crítica ao regime político, aos partidos e aos atuais problemas sociais do país foi impedida de ter acesso à presidência. O artigo realiza um estudo de caso com perspectiva histórica que se nutre das contribuições da abordagem das organizações aplicadas aos partidos políticos.

Palavras-chave: partidos políticos, facções, ideologia, liderança, eleições, narcotráfico, Colômbia.

Introducción

El análisis de los partidos políticos ha desarrollado desde la década de 1960 un enfoque organizacional que ha permitido avances sustantivos en su comprensión. Algunos de los aspectos relevantes de este tipo de análisis han sido las divisiones internas y su relación con los procesos de institucionalización, y los tipos de liderazgos y su estabilidad, su rendimiento electoral y su desempeño en las arenas legislativa y gubernamental. Desde esta perspectiva, este artículo presenta el análisis del faccionalismo en el Partido Liberal Colombiano durante la década de 1979 a 1989; en particular, cómo fue creado el Nuevo Liberalismo (NL), sus motivaciones, sus características, el tipo de facción, sus transformaciones, la forma en que afectó la estabilidad y la unidad del partido y el medio a través del cual el propio partido y sus líderes resolvieron el reto de la división.

El artículo se estructura a partir de tres coordenadas teóricas propias de este enfoque desde las cuales se aborda el análisis del caso. Primera, a diferencia de las autocracias en donde los partidos políticos son (mayoritariamente) estructuras monolíticas que no contienen (ni toleran) divisiones internas ni disidencias, en las democracias ambas son comunes y frecuentes, no constituyen una patología ni una disfunción ni algo anómalo. Los partidos políticos no son homogéneos ni actúan de forma unitaria, en ellos conviven diversas subagrupaciones de líderes, militantes y activistas que comparten una ideología o una concepción sobre la sociedad, cuyos propósitos e intereses en común les permiten organizarse para perseguir objetivos que incluyen desde el control del partido o del gobierno hasta la incidencia en las decisiones en diversas esferas del poder político, pasando por propósitos más puntuales como satisfacer intereses locales, regionales, personales o de grupo (Eldersveld, 1964; Von Beyme, 1986; Köllner & Basedau, 2005). Por la presencia de estas subunidades partidistas, los partidos suelen ser considerados como un sistema político en miniatura con reglas, recursos, disputas, estrategias, liderazgos y conflictos (Sartori, 1982; Harmel et al., 1995).

El término más recurrente para referirse a estas divisiones es facciones, que suelen ser definidas tanto en términos normativos (con frecuencia en sentido negativo de división y ambición) como descriptivos. En esta última dirección, son consideradas de forma minimalista como “una disensión dentro de un grupo” (Nuevo diccionario enciclopédico de Webster (1996, p. 359) o como “cualquier división al interior de un partido” (Nohlen, 1989). De forma un poco más amplia se las entiende como “un grupo que actúa a través de un partido político orientado por un interés común” (Polsby, 1983, p. 65) o “cualquier asociación dentro de un partido, clique, o agrupación cuyos miembros comparten un sentido de identidad y un propósito común y están organizados para actuar colectivamente —como un distintivo bloque dentro del partido— para lograr sus objetivos” (Zariski, 1960, p. 33). Cercana a esta definición, pero con mayor connotación y un carácter operativo, las facciones constituyen subgrupos relativamente organizados y estables que existen dentro de otro grupo de mayor tamaño del cual hacen parte y que compiten con sus rivales por ventajas de poder (Beller & Belloni, 1978; Maor, 1997, Köllner & Basedau, 2005). A esto suele adicionarse un componente ideológico, programático o de convicciones (Nohlen, 2005).

Aunque la discusión conceptual es amplia y hay diferencias entre los modos de definir a estas subunidades partidistas, hay algunos atributos que están presentes en muchas de las definiciones con un nivel de abstracción moderado y operacionalizable para adelantar análisis empíricos: (a) son subunidades al interior de una unidad mayor; (b) son diferenciables de otras subunidades; (c) comparten concepciones, ideas, sistemas de creencias, así se expresen en términos básicos o mínimos; (d) sus integrantes persiguen objetivos comunes y actúan en consecuencia; (e) presentan una base organizativa y logran estabilidad en el tiempo, no son efímeras o pasajeras; (f) persiguen propósitos políticos, de poder, y (g) se pueden diferenciar de otros subgrupos (Zariski, 1960; Nohlen, 2005).

Desde la segunda coordenada teórica se sostiene que no todas las facciones surgen por las mismas motivaciones. Algunas son el resultado de diferencias ideológicas al interior del partido, hay sectores más moderados y otros más radicales (ya sea en términos de izquierda derecha o al interior del sistema de creencias asociadas con el conservadurismo o el liberalismo o respecto a temas o problemas específicos y de coyuntura). En estos casos, algunos prefieren hablar de tendencias más que de facciones (Rose, 1967; Sartori, 1992). Otras facciones están motivadas por el acceso y el reparto de incentivos selectivos por el posicionamiento, el prestigio o el ascenso de sus líderes y sus allegados, en cuyo caso se trata de facciones de tipo clientelar o de patronaje. En muchos casos hay una combinación de motivaciones ideológicas y pragmáticas (Von Beyme, 1986; Sartori, 1992; Nohlen, 2005). Otras facciones fundan su existencia en el apoyo incondicional a un líder carismático, cuyos atributos personales y su alta capacidad para aglutinar y movilizar apoyos hacen que se convierta en el fin mismo de la subunidad organizativa.

La tercera coordenada, además de las motivaciones mencionadas, apunta a que la presencia de facciones en los partidos es mayor cuando estas son incentivadas por las reglas electorales, los tipos de liderazgos y las características organizativas de los partidos. El faccionalismo se asocia a partidos que tienen en su orígen otras organizaciones (Alcántara 2004) o reglas como la representación proporcional. Esta permite a partidos pequeños el acceso a curules y, dentro de estos, a facciones nuevas, más aún si se combina con la permisividad de la doble militancia, las listas múltiples y un sistema de financiación de los candidatos y no de los partidos o la ausencia de regulación del dinero en la política (Von Beyme, 1986). Por su parte, la construcción de organizaciones fuertemente institucionalizadas con reglas de juego conocidas, aplicadas y acatadas y la presencia de una dirigencia partidista legitimada por decisiones internas y con capacidad de cohesión y mando restringen la autonomía de los subgrupos a favor de la organización central, incentivan la integración, la legitimidad de las decisiones, limitan la autonomía de los líderes, sancionan a quienes actúan en contra de la unidad partidista y de su estabilidad y se constriñe la aparición de facciones (Polsby, 1982; Harmel et al., 1995; Cohen et al., 2001; Bernstein 2005). En tal sentido, suele describirse la relación entre la institucionalización organizativa a partir de una línea con dos extremos: en el extremo de la más débil institucionalización, esta se asocia con partidos con numerosas facciones desunidas, inestables y descohesionadas y un fuerte personalismo en los liderazgos; en el extremo opuesto, con coaliciones estables, unidas y cohesionadas, se limita la aparición de facciones. Hay puntos intermedios según las realidades específicas (Panebianco, 1982). ref-type="fn" rid="fn5">1

Los partidos fuertemente institucionalizados cuentan con adecuados mecanismos de resolución de conflictos internos que cuando son eficaces permiten la convivencia de diversas facciones sin que las rivalidades, intereses de grupo y ambiciones de sus líderes afecten la estabilidad de la organización. Esto les permite tener mejores resultados en las elecciones y unidad en torno a propósitos comunes. Por el contrario, cuando estos no existen, no son claros o no son eficaces, se afecta el rendimiento electoral, la estabilidad de la organización e incluso se puede poner en riesgo al partido que puede terminar diluido en medio de las disputas internas o desaparecer por escisiones y disidencias. En algunos casos, las facciones se pueden dedicar a hacer campaña en contra de otras facciones y socavar la unidad, la credibilidad y la legitimidad de la organización (Invernizzi, 2021).

Estas tres coordenadas guían este análisis del nl como una facción dentro del Partido Liberal colombiano. En torno a estas se formulan tres enunciados que se desarrollan y le dan la estructura al artículo. El cuarto enunciado corresponde a un aspecto de cierta excepcionalidad en el país, la frustración mediante la violencia de la carrera de un líder político emergente y renovador, hecho que en la historia del último siglo en el país se ha repetido en varias ocasiones.

Primer enunciado: En la Colombia de la década de 1980 los partidos políticos colombianos estaban divididos en facciones. En el Partido Liberal el mapa de poder estaba constituido por grandes facciones nacionales lideradas por sus respectivos jefes posicionados con poder, influencia, capacidad de aglutinar apoyos y de movilizar electores. En lo local-departamental, cada partido estaba dividido en numerosas facciones encabezadas por poderosos caciques políticos. En esta dinámica partidista, el nl surgió como una nueva facción en el liberalismo en 1979 que reagrupó a sectores que habían pertenecido a la facción del llerismo; desde sus comienzos contó con el padrinazgo del expresidente Carlos Lleras Restrepo. Su aparición produjo transformaciones internas en el partido y nuevas dinámicas en el sistema político.

Segundo enunciado: El NL se estructuró como una facción motivada por el liderazgo altamente personalizado de Luís Carlos Galán (LCG), su propósito de ser presidente de la república terminó convirtiéndose en el fin y gran propósito del movimiento. El NL se inició como una agrupación más ideológica que pragmática, caracterizada por el mesianismo moralista que tras sus reveses electorales dio un giro y combinó su condición de grupo de promoción de ideas con el pragmatismo.

Tercer enunciado: El faccionalismo en Colombia a nivel nacional era incentivado por el tipo de liderazgo altamente personalista, las reglas electorales y la débil institucionalización organizativa de los partidos. Dentro de este marco, en el Partido Liberal surgieron diversas facciones nacionales rivales como el NL a finales de la década de 1970. Estas condiciones se mantuvieron; no obstante, el NL se disolvió y Galán se reintegró plenamente a su partido. En este cambio incidió el giro pragmático dado por LCG que fue acatado por la mayoría de su círculo de apoyo político y la modificación en algunas reglas internas de la organización del Partido Liberal, cuyo propósito era cohesionarlo y hacerlo más estable.

Cuarto enunciado: Producto de la violencia política, la carrera de LCG se frustró y se impidió que un nuevo líder crítico del régimen político, de los partidos y de los problemas sociales vigentes en el país pudiera acceder a la presidencia.

Este análisis permite hacer una radiografía de la política colombiana en una década crucial, en la que la débil democracia colombiana debió enfrentar algunos de los retos más significativos que, con sus cambios y continuidades, aún persisten: la debilidad organizativa de los partidos; las divisiones faccionales; la alta personalización de los liderazgos políticos; los modos de obrar políticos atravesados por el clientelismo y la corrupción; la presencia del narcotráfico en la política; la violencia política, y el reto al Estado por organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico.

A partir de un análisis politológico con perspectiva histórica, que se nutre de los aportes del enfoque de las organizaciones aplicado a los partidos políticos, se estructuró un estudio de caso en profundidad con una dimensión temporal longitudinal (1979-1989) con base en el análisis de fuentes primarias (documentos oficiales del NL y del oficialismo del Partido Liberal; discursos e intervenciones de LCG y de otros líderes políticos; fuentes hemerográficas de la época; estadísticas electorales de los años 1982, 1984 y 1986, y la consulta liberal de 1989) y, en menor medida, fuentes secundarias, debido a los pocos estudios existentes sobre el tema.

El faccionalismo del Partido Liberal y la creación del NL

Como ocurre con los partidos políticos en las democracias, también históricamente los partidos liberal y conservador colombianos han sido partidos divididos con fuertes rivalidades, con la especificidad de que este faccionalismo ha tenido un contenido altamente personalista. Durante el siglo XX, en Colombia estuvo vigente un sistema bipartidista en el que predominaban las facciones nacionales encabezadas por un líder reconocido y acatado, los jefes naturales, que aglutinaban apoyos de diversa índole: económicos, políticos y periodísticos. Por su parte, los políticos de los departamentos conformaban facciones o grupos de poder clientelistas que se articulaban con alguna de estas fracciones. Las facciones nacionales eran subunidades más o menos ideológicas, más o menos pragmáticas, estables en el tiempo, organizadas y sus líderes llegaron a la presidencia de la república o fueron candidatos y en torno a ellos giraba la política nacional (Hartlyn, 1989; Kline, 1980; 1989; Hoskin, 1990, Pizarro, 2002; Duque, 2006; 2011; Gutiérrez, 2007; 2017).

En el Partido Liberal coexistían tres grandes facciones encabezadas por sus respectivos jefes nacionales, todos expresidentes: el lopismo, liderado por Alfonso López Michelsen (presidente 1974-1978), el turbayismo, en cabeza de Julio César Turbay Ayala (presidente 1978-1982) y el llerismo, cuyo líder era Carlos Lleras Restrepo (presidente 1966-1970). En el Partido Conservador las facciones eran el alvarismo, dirigida por Álvaro Gómez Hurtado, hijo del expresidente Laureano Gómez Castro (1950-1953), y el pastranismo, dirigido por Misael Pastrana Borrero (último presidente del Frente Nacional, 1970-1974). Todas las fracciones combinaban ideas y pragmatismo electoral aunque el llerismo y el lopismo movilizaban más ideas y sus jefes tenían mayor influencia en los debates nacionales, mientras que el turbayismo fue siempre asociado al clientelismo, a la mecánica política y a las transacciones (Pécaut, 1989; Duque, 2006; 2011; Hartlyn, 1989; Kline, 1980; 1989; Pizarro, 2002). En los departamentos, en cada elección se acrecentaba el faccionalismo en ambos partidos con predominio de los modos de obrar clientelar.

En la segunda mitad de la década de 1980 se empezó a dar una transición en la estructura de los dos partidos. Los jefes naturales, ya todos expresidentes, de avanzada edad y veteranos en la política, empezaron a dar paso a nuevos liderazgos que aglutinaban en torno a ellos algunos núcleos de apoyos políticos y económicos y eran los nuevos aspirantes a la presidencia. Este cambio se dio sobre un trasfondo de violencia; de consolidación de las organizaciones de tráfico de drogas (OTD) y de la penetración de los intereses ilegales en la justicia, en los partidos y en la economía del país; de la expansión de grupos armados ilegales guerrilleros y paramilitares, y bajo un marco institucional que limitaba la democracia, reproducía privilegios del bipartidismo y de la clase política a la vez que facilitaba el clientelismo y fortalecía el centralismo político.

El llerismo era la facción minoritaria en el Partido Liberal y su jefe había intentado, sin éxito, ser el candidato oficial a la presidencia de nuevo en 1974 y 1978, esto ahondó las diferencias y rivalidades con las otras dos facciones liberales. Esta agrupación empezó a disolverse después de las elecciones presidenciales de 1978 y disminuyó la influencia y el poder del septuagenario expresidente. Entretanto, emergía la figura de LCG, a quien Lleras apadrinó desde sus comienzos.

LCG nació en Bucaramanga en 1943, era integrante de una familia de clase media-alta. Su padre, Mario Galán Gómez, fue un político liberal en Santander, diputado, contralor departamental, senador, impulsor de la creación de la Universidad Industrial de Santander y presidente de Ecopetrol (1963-1974). La familia se trasladó a Bogotá a finales de la década de 1940, allí LCG estudió derecho y economía en la Pontificia Universidad Javeriana (El Tiempo, 9 de mayo de 2000).

El primer periodo de su carrera política abarcó la década de1969 a 1979 como militante del Partido Liberal, periodo en el cual estableció relaciones personales con dirigentes del liberalismo que lo acogieron, impulsaron y apadrinaron, especialmente los expresidentes Eduardo Santos Montejo (1938-1942) y Carlos Lleras Restrepo (1966-1970). Cuando era estudiante universitario, LCG se vinculó a las juventudes liberales en 1963, se graduó en 1965 y ese mismo año Eduardo Santos, quien era cercano a su familia, lo vinculó al diario El Tiempo como periodista, del cual fue subgerente entre 1968 y 1970. Pronto fue acogido por Lleras Restrepo, quien lo vinculó por primera vez al gobierno como miembro de la delegación colombiana a la Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo en Nueva Delhi en 1969. Como cuota del llerismo fue nombrado en el último gobierno del Frente Nacional del Conservador Misael Pastrana Borrero como ministro de educación (1970-1972) y luego embajador en Roma entre 1972 y 1976 (Fernández & Tamaro, 2004). A su regreso al país, en 1976, fue designado por Lleras Restrepo como subdirector de Nueva Frontera, revista de su propiedad. En 1976, LCG se vinculó a la campaña de reelección presidencial de Lleras y fue elegido para su primer cargo político: concejal del pequeño municipio de Oiba, Santander.

Al final del gobierno del liberal Alfonso López Michelsen (1974-1978), la campaña de Lleras por la nominación como candidato oficial del partido a la presidencia se frustró al perder en la consulta interna que se hizo entre los congresistas elegidos en 1978 que se llamó el Consenso de San Carlos. La unión de las fracciones lideradas por los otros dos jefes liberales, López Michelsen y Turbay Ayala, condujo a que este último fuera designado candidato único y elegido presidente para el periodo 1978-1982. ref-type="fn" rid="fn6">2 Las diferencias entre los jefes faccionales se exacerbaron y Lleras arreció en sus críticas a la clase política de ambos partidos, a la cual tildaba de corrupta y clientelista. Entre los17 senadores elegidos en 1978, que se identificaron como lleristas, estaban Rodrigo Lara Bonilla, elegido por el Huila; Enrique Pardo Parra y Álvaro García Herrera, por Cundinamarca, y LCG, elegido por Santander. Entre los 30 representantes a la Cámara estaba César Gaviria Trujillo, elegido por Risaralda (El Tiempo, 28 de febrero de1978a y 28 de febrero de 1978b).

Aun con sus divisiones internas, el Partido Liberal mantuvo sus mayorías electorales durante toda la década de 1980, ganó la presidencia con Julio César Turbay (1978-1982) y con Virgilio Vargas (1986-1990) y siguió siendo mayoritario en el Congreso. La novedad provino de la aparición del NL desde finales de la década de 1970. Oficialmente se toma como fecha de su fundación el 30 de noviembre de 1979, cuando se reunieron cerca de 600 personas en la sede de La Sociedad Económica de Amigos del País en Bogotá con el propósito de crear un movimiento independiente del oficialismo bajo el impulso de los senadores lleristas: LCG, Enrique Pardo Parra y Álvaro García Herrera. Formalizado el movimiento, su alcance inicial fue limitado y se decidió incursionar de forma autónoma en las elecciones regionales de 1980 en Bogotá y Bucaramanga, en donde era más conocido LCG (Nuevo Liberalismo, 1984).

El gran reto para el NL fue disputar el poder al interior del liberalismo y competir contra los feudos clientelares. Inicialmente los resultados fueron positivos pero muy localizados. En las elecciones locales de 1980 fue la segunda lista más votada para el Concejo de Bogotá: fueron elegidos LCG y Germán Botero de los Ríos, y en Bucaramanga otros dos concejales. En un principio, el NL mantuvo su ambigüedad en sus relaciones con el liberalismo, pretendía diferenciarse de su partido sin separarse de este. El mismo día de las elecciones de 1980, Galán escribió en una columna de El Tiempo: “el liberalismo necesita nuevos caminos en la política nacional para superar la encrucijada de los últimos años”, es decir, se incluía dentro del partido, aunque se proyectaba como un camino alterno al oficialismo: “las elecciones fueron un primer paso para establecer la cabeza de playa que necesitábamos para merecer credibilidad electoral frente a adversarios que contaban con toda la maquinaria gubernamental a su favor” (Galán, 10 de marzo de 1980). Poco después reiteraba:

Quedó en evidencia que los liberales de Bogotá no comparten las orientaciones de las directivas oficialistas pues la lista respectiva, a pesar de todos los factores que tenía a su favor obtuvo apenas una relativa ventaja sobre una lista que no basó su fuerza en los sectores burocráticos tradicionales sino en la apelación a los ciudadanos libres (Galán, 13 de marzo de 1980).

A veces se definía como un sector del partido, otras como una vía alterna de este o también como una disidencia. En términos operativos funcionaba como una facción que no renunciaba al rótulo de liberal. El desprendimiento de los nexos con el Partido Liberal no era fácil de concretar. LCG había sido apadrinado desde finales de la década de 1960 por Lleras Restrepo y este respaldo se mantuvo. Este apoyo le servía de plataforma de lanzamiento a la política pero, a la vez, lo ataba a la colectividad, a la que el propio Lleras nunca renunció. Poco después de la creación del NL, Lleras reiteró el respaldo a LCG y a su círculo de allegados que decidieron rebelarse (El Tiempo, 8 de marzo de 1980, 4B).

De cierta forma, el NL vino a ocupar el lugar del disuelto llerismo con un líder joven que se proyectaba a la política nacional apadrinado por un antiguo jefe nacional, que despertaba expectativas en los sectores críticos del liberalismo y de sus modos de obrar político. También incorporó en sus discursos nuevos temas de debate, algunos de ellos tocaban a poderes establecidos que reaccionaron en contra de LCG y sus allegados.

La trayectoria del NL como facción con un fuerte personalismo

El NL se estructuró como una facción motivada por la presencia de un liderazgo con capacidad de aglutinar y movilizar apoyos políticos. Además, se inició como una facción más ideológica que pragmática, caracterizada en sus comienzos por el mesianismo moralizante que, tras sus reveses electorales, derivó en una agrupación que combinó ideología y pragmatismo como estrategia para intentar que su líder accediera a la presidencia de la república. ref-type="fn" rid="fn7">3

Durante su vida activa en política, LCG pasó por tres periodos diferentes: primero perteneció a la fracción liberal del llerismo, luego creó el NL como una disidencia y grupo promotor de ideas apadrinado siempre por Lleras Restrepo y, finalmente, con un sentido más pragmático, se disolvió y reintegró al sector oficialista del Partido Liberal.

Trayectoria política de Luís Carlos Galán
Figura 1
Trayectoria política de Luís Carlos Galán


Fuente: Elaboración propia.

Una vez oficializada la creación del NL, esta facción empezó a ganarse un lugar en el mapa del poder político del liberalismo y del país. Con el escaño en el Senado para LCG, obtenido en 1978, con cuatro concejales elegidos en 1980 y diversos dirigentes políticos que se iban aglutinando en torno al liderazgo de LCG, el NL fue tomando forma y se le sumaron los senadores Rodrigo Lara Bonilla, Enrique Pardo Parra y Álvaro García Herrera. El 14 de agosto de 1981 se realizó en la Comisión Primera del Senado la primera asamblea nacional del NL con asistencia de sus primeros coordinadores regionales bajo la presidencia de los tres senadores. Mientras esto ocurría, el oficialismo liberal debatía quién sería el candidato a la presidencia y, después de una ruptura de Carlos Lleras Restrepo y Alberto Lleras Camargo con Alfonso López Michelsen, estos decidieron no apoyar la candidatura reeleccionista de López, respaldada por la facción del turbayismo y la gran mayoría de congresistas liberales. Aunque tenía mayorías en el Congreso y en las corporaciones municipales y departamentales, por la división, el liberalismo corría el riesgo de perder las elecciones.

El NL surgió como una facción con vocación de poder. Era el vehículo de las aspiraciones políticas de LCG pero también un grupo de promoción de ideas. Producto de diversas discusiones dentro del núcleo formativo del movimiento, LCG redactó a mediados de 1981 un documento que contenía un perfil de la agrupación, sus objetivos y sus críticas a los modos de obrar político predominantes en el país. Aun en esta primera proclama denominada “Nuevo Liberalismo. Por una Colombia”, se expresaba el deseo de unidad del liberalismo, no su división (Nuevo Liberalismo, 1981).

El documento fundacional abordó cinco temas centrales: (a) una amplia convocatoria a los liberales pero también a los sin partido y a los militantes de otros partidos (el Conservador y pequeños reductos del Partido Comunista y minúsculas agrupaciones de izquierda) y a los abstencionistas; (b) se enunciaba el final de una época y el nacer de otra en la que LCG y el NL se autoproyectaban como actores centrales; (c) se criticaban los modos de obrar de la clase política, a la que calificaba de corrupta y oportunista; (d) se denunciaba la derechización del liberalismo, su descomposición moral y el oportunismo (Nuevo Liberalismo, 1981, p. 6) y se critica también la crisis profunda del Partido Conservador, y (e) presentaba un panorama ampliado de su horizonte programático, reconociendose aún como liberales.

El documento insiste en la idea de refundación “desde afuera” del Partido Liberal. En general, se trataba de una propuesta detallada de sus banderas programáticas que enunciaba también sus propósitos electorales para superar “la presidencia monárquica” y competir contra las “maquinarias electorales que han falsificado la voluntad personal” (Nuevo Liberalismo, 1981, p. 43). Algo importante de esta proclama de principios se refiere a las reglas internas del partido, especialmente las relacionadas con la elección de candidatos sobre la cual señaló que no eran una prioridad por cuanto había problemas más importantes, ideológicos, morales y de organización (Nuevo Liberalismo, 1981, p. 43). Después se daría un gran giro y el cambio en las reglas internas se convirtió en algo prioritario.

Era clara la continuidad de estas ideas con las que había sostenido Lleras Restrepo en sus debates y confrontaciones con las otras fracciones mayoritarias de su partido, especialmente el turbayismo. No obstante, era más radical la crítica a su partido, al conservatismo, a la clase política y al Estado. LCG daría el paso que nunca dio el expresidente: conformó una disidencia corriendo un alto riesgo pues era una rebelión contra las maquinarias más poderosas del partido mayoritario con el cual se identificaba la mayoría de los colombianos (según Losada & Vélez (1982), el 54 % de los colombianos se identificaban como liberales contra el 38 % como conservadores). No obstante, era una disidencia que no olvidaba el camino de salida, que podría ser después el del regreso.

El NL estaba en marcha y participó de nuevo en las elecciones de 1982. LCG fue el senador con mayor votación individual y superó a los caciques más importantes del país. En la votación general se impuso de nuevo el Partido Liberal en todas las corporaciones públicas (tabla 1).


Tabla 1.
Tabla 1.

Resultados electorales 1982



Fuente: elaborado con base en Registraduría Nacional del Estado Civil, estadísticas electorales años respectivos.

La candidatura presidencial de LCG en 1982 mantuvo un discurso consecuente con los postulados fundacionales del NL; adicionalmente, se presentó como un candidato con tintes mesiánicos moralizantes. En sus discursos e intervenciones aparecen palabras como regeneración, cruzada, misión histórica y moralización. Un ejemplo de este tipo de discursos fue el del lanzamiento de la candidatura presidencial de LCG en Rionegro, Antioquia, en octubre de 1981:

Asumo la responsabilidad de dirigir esta cruzada renovadora de la sociedad con plena fe en la capacidad de los colombianos para lograr un gran destino histórico. Inicio esta nueva etapa política con inmenso entusiasmo frente al porvenir porque estoy seguro del apoyo leal, abnegado y eficaz de la inmensa mayoría del pueblo colombiano. Sé que nuestra misión nos demandará superar innumerables obstáculos y afrontar toda suerte de retos a nuestra capacidad física, intelectual y moral, pero esas dificultades serán recompensadas por la inmensa satisfacción de entregarles a nuestros hijos una patria más grande, justa y próspera.

Quiero manifestar a todos ustedes que en la defensa de estas banderas no capitularemos ni haremos transacciones con quienes se oponen a la renovación de Colombia. (Nuevo Liberalismo, 1985, p. 41)

Adicionalmente, manifestó que para que no se diera en Colombia una revolución violenta se necesitaba una renovación electoral (Nuevo Liberalismo, 1985, p. 64). Para entonces arreciaba la acción de las guerrillas en gran parte del país, la violencia terrorista, la expansión del narcotráfico, el aumento de los secuestros y los homicidios. Había un claro problema de ingobernabilidad en el gobierno de Turbay Ayala, los partidos no daban respuesta a los problemas del país que cada vez eran más cuestionados por los ciudadanos.

En 1982 la candidatura presidencial de LCG generó una situación similar a la que vivió el liberalismo en 1946 cuando se dividió entre los candidatos Gaitán y Turbay, y perdió la presidencia tras dominar durante la República Liberal (1930-1946). La votación de los dos candidatos liberales fue superior a la obtenida por Belisario Betancur, pero el liberalismo perdió la presidencia. De nuevo se conformó un gobierno dividido con mayorías liberales en el Congreso pero con un presidente minoritario conservador.

LCG fue acusado por el oficialismo liberal de ser el causante de la derrota. Se le calificó de “caballo de Troya para diezmar las fuerzas liberales”, de “candidatura suicida” que, sabiendo que no podía ganar, se negó a declinar a favor del candidato oficial (Espinosa Valderrama, 1 de marzo de 1982). López Michelsen atribuyó su derrota a una celada armada por los expresidentes Lleras Restrepo y Lleras Camargo que utilizaron a LCG para dividir al partido con el pretexto de renovarlo (El Tiempo, 1 de marzo de 1982). Mientras la mayoría liberal lo acusaba, nuevamente fue respaldado por Lleras Restrepo quien calificó al NL como un “formidable esfuerzo intelectual y de propaganda doctrinaria que en pocos meses ha creado en Colombia una fuerza política que estaba necesitando nuestra desfallecida democracia” (Nueva Frontera, 1982). Todos los intentos de Lleras para modernizar al partido se habían frustrado y ahora prefería su división a verlo en manos de sus rivales Turbay y López. Como se señaló en la introducción, en muchas ocasiones las facciones se pueden dedicar a hacer campaña en contra de otras facciones y socavar la unidad, la credibilidad y la legitimidad de la organización (Invernizzi, 2021).

En todo caso, LCG celebró los resultados y los calificó como exitosos pues se enfrentaba a las “maquinarias” y a los poderes fácticos imperantes en el país (Nuevo Liberalismo, 1984a). Sobre esto último, como lo señala Gerard Martin (2014), mientras otros callaban, LCG y otros integrantes del NL fueron de los primeros en hablar sin tapujos del narcotráfico y de su presencia en diversas esferas de la sociedad colombiana.

El NL fue cada vez más radical en su crítica al narcotráfico y su creciente penetración en la política. ref-type="fn" rid="fn8">4 Para entonces, el narcotráfico se había fortalecido y las OTD que la prensa y las autoridades de Estados Unidos y de Colombia denominaron como carteles eran cada vez más fuertes, con sus propios ejércitos privados y escuelas de sicarios. Había distintas organizaciones ubicadas en varias regiones del país, dos de las principales eran las que tenían sedes en Cali y Medellín, esta última era liderada por Pablo Escobar Gaviria asociado con Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Lehder Rivas y los hermanos Fabio, Jorge y Juan David Ochoa.

En su estrategia de búsqueda de aliados en las esferas de poder político, Pablo Escobar estableció nexos con políticos regionales y nacionales. Muchos políticos tradicionales recurrieron a los recursos del narcotráfico para ampliar su poder e influencia en el sistema político, acrecentar su electorado y competir en mejores condiciones con las elites del centro del país, mientras que los narcos apoyaban a los políticos para que mediaran a su favor en el Congreso o los conectaran con autoridades civiles y militares (Thoumi, 2001; Duncan, 2013). Después, Escobar decidió incursionar de forma directa en la política partidista haciendo campaña de forma abierta y figurando en una lista a la Cámara de Representantes. En estas elecciones, LCG rechazó la adhesión de la facción Movimiento de Renovación Liberal de Antioquia encabezada por Jairo Ortega con la suplencia de Pablo Escobar, sobre quien se empezaba a rumorear sus nexos con el narcotráfico. El rechazo público de la lista y sus discursos en contra del narcotráfico le representó a LCG y al NL entrar en la lista de enemigos declarados de la OTD de Medellín. ref-type="fn" rid="fn9">5

Como integrante del NL y nombrado por Belisario Betancur como ministro de justicia, Rodrigo Lara Bonilla fue uno de los que arreció las críticas y las acciones en contra del narcotráfico. En una de sus declaraciones en 1983 reiteró: “soy un ministro peligroso para quienes están fuera de la ley” (El Tiempo, 1 de mayo de 1984, 1 y 12A). Insistió en sus denuncias respecto a que los jefes de la droga sobornaban autoridades, jueces, policías, políticos y la sociedad parecía acostumbrarse a esto sin perturbarse. Los narcotraficantes nunca habían sido retados desde el Estado y respondieron al reto. El ministro fue citado a la Cámara de Representantes para que hablara sobre sus denuncias y fue víctima de una celada en la que pasó de ser denunciante a ser denunciado. El congresista Jairo Ortega acusó al ministro de haber recibido un millón de pesos para su campaña al Senado del narcotraficante convicto Evaristo Porras (Semana, 19 de septiembre de 1983). En su defensa, Lara Bonilla cuestionó al congresista Ortega, le preguntó por su fórmula política y suplente Pablo Escobar, el principal capo del narcotráfico en el país.

Después del debate, el 7 de marzo de 1984, el ministro autorizó a las autoridades realizar un gran operativo en los departamentos de Caquetá y Meta, quienes en asocio con agentes de la DeA destruyeron el más grande complejo de producción de cocaína descubierto en el país, ubicado en las selvas del Yarí llamado Tranquilandia. Un mes después Lara Bonilla fue asesinado.

En los siguientes años, hasta 1988, el NL siguió como disidencia y reiteró sus críticas a los partidos, a la clase política y al narcotráfico. Se mantuvo también el liderazgo personalista de LCG, siempre su imagen en primer plano y su multipresencia en las listas al Senado y a las asambleas y concejos municipales por cuanto para la época se permitía la acumulación de mandatos. En las elecciones de 1984, el NL mejoró su votación y obtuvo más curules en las elecciones locales. Ganó 36 de las 421 curules en las asambleas departamentales y 565 de los 8798 concejales del país. En todos los casos las listas las encabezó LCG y mantuvo la alta concentración en pocas ciudades —el 45 % de sus votos en cinco capitales: Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Barranquilla; en Cundinamarca obtuvo 9 de los 36 diputados y 166 de los 565 concejales— (Nuevo Liberalismo, 1984a). Aunque la figura y el liderazgo de LCG eclipsaba a otros políticos, empezaron a surgir en este movimiento otros liderazgos regionales que después serían protagonistas de la política nacional. Ese año fueron elegidos concejales Iván Marulanda Gómez (Medellín), Arturo Saravia Better (Barranquilla), Gustavo Esguerra (Bogotá), Clara López Obregón(Bogotá), Germán Vargas Lleras (Bojacá) y Jaime Buenahora (Cúcuta).

El NL había crecido electoralmente en las elecciones de 1982 y 1984. Hacía presencia en todas las corporaciones públicas, su líder nacional se había posicionado como disidente del liberalismo y mantenía un discurso de crítica y debates y tenía muy buena prensa. Sus críticas al narcotráfico y a sus nexos con la política hicieron de LCG el hombre más amenazado del país y varios integrantes del movimiento fueron víctimas de actos de violencia. Enrique Parejo González, quien había sido elegido senador por el NL en 1982 había sucedido a Lara Bonilla en el Ministerio de Justicia (1984-1987), fue objeto de amenazas y varios años después sufrió un atentado cuando era embajador en Hungría.

El NL se mantuvo separado del oficialismo y LCG anunció de nuevo su candidatura presidencial en agosto de 1985. En su discurso en la Plaza de Bolívar de Bogotá reiteró su carácter liberal, se definió como heredero de liberales como Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras Restrepo y Alberto Lleras Restrepo (pasaba por alto que los dos últimos fueron contradictores del primero y tuvieron un pensamiento diametralmente distinto) e hizo un llamado a sectores de diversos partidos: liberales, conservadores y de izquierda democrática. Ante el cerramiento de la competencia y los alineamientos partidistas de la población apeló a la fórmula de intentar crear un movimiento suprapartidista. Se autopostuló de nuevo a la presidencia.

Los resultados de las elecciones para Congreso en 1986 no fueron los esperados y se puso en evidencia que el bipartidismo seguía intacto y que lo que LCG llamaba camarillas seguían operando de forma eficiente en los dos partidos mediante sus maquinarias locales articuladas con los jefes nacionales. Se impuso de forma amplia el Partido Liberal, el Partido Conservador se mantuvo y el NL redujo el número de sus congresistas —pasó de 8 a 6 senadores y de 11 a 7 representantes a la Cámara— (tabla 2). Igual sucedió en asambleas departamentales y concejos municipales en los que se reprodujo el bipartidismo. Las bases electorales del NL no se consolidaban, por el contrario, retrocedían(tabla 2).


Tabla 2.
Tabla 2.

Resultados electorales de 1986



Fuente: elaborado con base en Registraduría Nacional del Estado Civil, estadísticas electorales años respectivos.

La derrota del NL y la recuperación del liberalismo oficialista le abrían las puertas a la presidencia a Virgilio Barco, quien contaba con el respaldo de gran parte de los congresistas y expresidentes. Dos días después de las elecciones, El Tiempo publicó las fotografías del candidato Barco reunido por separado con los “jefes liberales”: López Michelsen, Turbay Ayala y Lleras Restrepo, quienes estaban respaldando su candidatura. En sus declaraciones, todos invitaron a LCG a que se uniera al candidato oficial para asegurar el triunfo (El Tiempo, 11 de marzo de 1986).

LCG renunció el 11 de marzo a la candidatura presidencial. Reconoció que los resultados de las elecciones habían sido adversos aunque mantuvo sus críticas al clientelismo y las maquinarias de los dos partidos. Se retiró de la campaña tirando la puerta. Manifestó:

[...] no reconozco a los demás candidatos ni voluntad ni capacidad de organizar al país. No puedo apoyarlos porque durante los últimos 25 años las fuerzas políticas que representan han tenido todas las oportunidades de resolver los problemas nacionales y han fracasado. (El Tiempo, 12 de marzo de 1986, 1)

Se impuso de forma amplia el candidato del Partido Liberal. El NL participó por última vez de forma autónoma en las elecciones locales de 1988 y siguió disminuyendo sus electores y sus curules. Pasó de 23 a 19 curules en las asambleas departamentales y de 279 a 236 concejales, menos del 5 % de la representación en las corporaciones locales. El NL languidecía. ¿Qué había pasado con el NL y su electorado?

En el fracaso electoral de este movimiento incidieron varios factores. Primero, la ambigüedad de sus posiciones respecto al liberalismo mayoritario en el país: renegaba pero se mantuvo ligado a este y sostuvo un doble discurso a conveniencia: por fuera del partido —actuando como disidencia con sus propias reglas y sin acoger los estatutos liberales— y dentro del partido —declarándose liberal, acogiendo en su nombre la etiqueta liberal, propugnando por su depuración, apelando al pueblo liberal y recordando a los líderes liberales del pasado—. Segundo, el alto personalismo del movimiento. LCG eclipsaba a los demás políticos del movimiento que no veían clara su proyección ni sus expectativas de ascenso. Algunos militantes incluso consideraron que la candidatura presidencial de LCG terminó siendo un fin en sí mismo, se produjo una especie de culto al líder con numerosos aduladores (Cabal, 1986).

Tercero, la alta concentración del electorado en Bogotá y otras pocas ciudades y en sectores de clase media limitaban el movimiento. El NL no fue un movimiento político con penetración en gran parte del país y su techo electoral siempre fue limitado. Cuarto, su discurso por las reivindicaciones sociales fue débil y quedó subsumido por otros temas como la corrupción, el clientelismo y el narcotráfico. Quinto, lo que Santos Calderón (1986) denominó “mesianismo moralizante” limitó su interacción con otros políticos. Argüir que él y solo él era capaz de sacar de la postración al país y recuperar moralmente a los partidos, a la política y a la democracia colombiana era una posición de arrogancia política de LCG que repelía a muchos sectores políticos que lo pudieron haber apoyado pero, a su vez, de forma paradójica, algunos militantes criticaron a dirigentes galanistas porque pronto abandonaron las banderas de la moralidad y se acercaron al clientelismo oportunista en algunos departamentos (Cabal, 1986).

Sexto, había una contradicción en la conducta y el discurso de LCG: a la vez que hacía fuertes críticas a los modos de obrar político de los partidos, al clientelismo, a la forma de gobernar distribuyendo cuotas burocráticas, el NL aceptó participar del gobierno de Betancur en varios ministerios, de igual forma participó de la burocracia en Bogotá con cuotas en la administración y en el gobierno de Barco con varios embajadores. Finalmente, su propósito de captar el voto de opinión y de los abstencionistas que pareció empezar a funcionar en las elecciones de 1982 perdió su fuerza e impulso. Tras un repunte de mayor tasa de participación en 1982, las cifras de abstención en las siguientes elecciones volvieron a niveles muy similares a los de fines de la década de 1970. El NL no supo atraer a los abstencionistas (Cabal, 1986).

A estos factores propios del NL y del liderazgo de LCG se sumaron el fuerte control clientelista del electorado que ejercían los partidos liberal y conservador con la distribución de incentivos selectivos alimentados con recursos públicos —el empleo público, los fondos del presupuesto nacional de los llamados auxilios parlamentarios, los contratos, la intermediación de los políticos en la provisión de bienes y servicios— y con recursos privados de los propios políticos, sus socios y, al menos desde 1978, también de recursos del narcotráfico. Además, era claro que el acceso a la presidencia había estado limitado al pequeño círculo de los tres “jefes nacionales”: Lleras Restrepo, López Michelsen y Turbay Ayala. Virgilio Barco Vargas había sido presidente porque contaba con el respaldo de los “jefes” y varios aspirantes se habían mantenido en un segundo plano. En el momento en que le retiraron el apoyo a lCG perdieron aire necesario para ganar.

Los factores que incentivaron la creación del NL y la razón de su regreso al oficialismo del liberalismo

Cuando el NL participó en las elecciones locales de 1988 ya LCG estaba en proceso de reincorporación al oficialismo del Partido Liberal. Después de una década de búsqueda de un espacio en el mapa del poder político de su partido y del país a través de una nueva facción, ¿qué hizo que LCG se reincorporara a su partido y se disolviera el NL?

Hubo cambios en dos de los tres factores mencionados que incidieron en que se diera la reversión y el retorno del nl al Partido Liberal. Las reglas electorales se mantuvieron durante toda la década de 1980 y estas estimularon el faccionalismo: no se prohibía la doble militancia de tal forma que un político podía ser liberal o conservador y, a su vez, crear un movimiento político autónomo sin necesidad de dejar su partido; se permitía que los partidos presentaran listas múltiples para que compitieran entre sí por las curules, bastaba con que un político solicitara un aval y se le concedía sin importar el número de competidores ni los posibles efectos negativos por la fragmentación del electorado (era preferible a que se declarara independiente y compitiera desde afuera); la representación proporcional brindaba oportunidades a minorías y a nuevas facciones que podían competir intentando ganar curules a través de residuos electorales, y finalmente, no había financiación estatal de las campañas ni control de la financiación privada, por ello podían surgir nuevas facciones respaldadas por patrocinadores poderosos y políticos con proyección nacional lograban respaldo de empresarios con expectativas de beneficios futuros.

En los otros dos factores sí hubo cambios. Por una parte, persistió el alto personalismo en la política colombiana y los partidos siguieron dependiendo más de los líderes que de la organización, que en ambos partidos siguió siendo débil. Pero, los tres jefes nacionales liberales quedaron ya fuera de las aspiraciones electorales y se empezó a dar la renovación de la dirigencia con la proyección de políticos regionales hacia la política nacional. Estos aspiraban a un mejor posicionamiento y tenían la expectativa de llegar a la presidencia. En el NL persistió el liderazgo de LCG pero se dio un giro en el modo de actuar de este dirigente que fue respaldado por la mayoría de sus seguidores. Era claro que el gran propósito de alcanzar la presidencia no se lograría como facción en rebeldía. Por ello, cambió su posición radical frente a los demás políticos, el énfasis en algunos de sus contenidos programáticos y sus relaciones con los líderes de las otras facciones dejaron de ser de confrontación y se hicieron más amistosas.

Por otra parte, el Partido Liberal reaccionó después de la derrota electoral en las elecciones presidenciales de 1982, a la sucesión generacional de liderazgos nacionales y a las críticas a los modos de obrar político predominantes basados en el clienetelismo. En el Partido Liberal surgieron nuevos debates, aparecieron nuevas figuras (como Samper Pizano, Gaviria, de la Calle, Castro, Jaramillo y Pardo) y se abrió pasó a algunas reformas internas, especialmente, una que había sido reclamada por el propio LCG y otros dirigentes políticos: el establecimiento de la consulta popular para elegir al candidato presidencial. En la búsqueda de estabilidad y cohesión interna, el liberalismo buscó reglas que permitieran resolver conflictos internos y que le dieran más legitimidad a sus decisiones.

En este contexto se dio el retorno del NL al partido: LCG terminó uniéndose a todo lo que había criticado y descalificado en la primera etapa de su movimiento. El tránsito implicó una metamorfosis en varias direcciones: (a) de una posición crítica frente al apoyo al candidato Virgilio Barco en 1986 a ser su aliado durante la presidencia de este; ref-type="fn" rid="fn10">6 (b) de su polarización con el turbayismo, que llegó a alcanzar puntos de ofensa personal, a la aceptación como jefe del partido de Turbay Ayala y al pacto que abrió las puertas de su retorno al oficialismo;(c) de una propuesta suprapartidista enarbolada en la primera mitad de la década del ochenta a la reivindicación de una candidatura departido, y (d) de anticlientelista y fuerte crítico de la dirigencia política regional y de los cacicazgos políticos a participe en cuotas burocráticas y coparticipe con la dirigencia regional en las convenciones del partido y a la búsqueda de su apoyo para su candidatura.

Después de su radicalización en los primeros años del movimiento contra el partido, el clientelismo, la corrupción, los caciques regionales y la maquinaría, LCG planteó la necesidad de la unión con el oficialismo del partido como única vía para impulsar sus proyectos (Galán, 13 de agosto de 1988, 76b). Los actores centrales de la reintegración liberal fueron Turbay Ayala y el propio LCG. La cronología ubica una entrevista dada a El Tiempo a comienzos de enero de 1987 en la que LCG señala que no estaba de acuerdo en que continuara el conflicto entre liberales y que debía trazarse el camino para la reconciliación. Ya en el segundo semestre de 1986 se habían dado aproximaciones con el Gobierno, con congresistas oficialistas y con López Michelsen. LCG envió después una carta al presidente Barco en la que le reiteraba su respaldo y (a diferencia de unos años atrás) dejaba la puerta abierta a la reincorporación: “El Partido Liberal oficial y el Nuevo Liberalismo tenemos diferencias sobre la crisis ideológica y organizativa del liberalismo, pero ello no nos impide reconocer que en los sectores mayoritarios hay protagonistas respetables con los cuales pueden darse coincidencias” (Galán, 23 de abril de 1987).

En marzo de 1988 el Partido Liberal designó un grupo de compromisarios para que explorara la unificación del partido y en agosto de ese mismo año fue elegido el expresidente Turbay Ayala como director del Partido Liberal quien, tras la mediación de los compromisarios, se reunió en varias ocasiones con LCG con quien llegaron a acuerdos escalonados. Se acordó reiterar el apoyo al gobierno de Virgilio Barco, presentar una agenda conjunta con actos legislativos —reforma al estado de sitio, creación de la circunscripción nacional y un marco normativo para la planeación y el desarrollo— y 20 proyectos de ley sobre una amplia gama de temas —incluyendo reforma agraria y regimen de oposición, entre otros—. Asimismo, se acordó coordinar las acciones orientadas a la primera elección de alcaldes de octubre de ese mismo año presentando listas separadas a concejos y asambleas, manteniendo la perspectiva de cooperación y posibles listas integradas. También se trazó el camino que debería conducir a la reunificación del partido(Nuevo Liberalismo, 11 de septiembre de 1987b).

Después de las elecciones, LCG fue invitado a intervenir en el Foro Liberal y envió un mensaje de unión: “un partido no le puede prometer a una Nación que conseguirá para ella lo que no es capaz de lograr primero para sí mismo”. Lo que proponía no solo era la unión sino la reorganización del partido: modernizarlo e impulsar su democracia interna (Galán, 1988a). Finalmente llegaría la formalización de la reunificación del NL y del oficialismo el 20 de mayo de 1988. La declaración señaló: “Al término de un hondo y prolijo examen doctrinario sobre la esencia del liberalismo hemos encontrado que no hay ninguna diferencia fundamental entre el pensamiento político del Partido Liberal y del Nuevo Liberalismo” (Nuevo Liberalismo, 1988a).

El acuerdo incluía una serie de proyectos de reformas constitucionales, la elección de candidatos presidencial y para alcaldías mediante una consulta popular y la presentación de un proyecto de ley para establecer mecanismos de democracia interna en todos los partidos (Nuevo Liberalismo, 1988a). En los siguientes meses se realizaron las últimas reuniones del NL en las que se informó y se protocolizó la unión liberal. En agosto 5, la Junta de Coordinación del NL ratificó la decisión de reintegración.

Después se realizó la convención nacional del liberalismo en agosto de 1988 en la que se eligió a Turbay Ayala como director único del liberalismo y una de las intervenciones estuvo a cargo de LCG. En su discurso aludió de nuevo al imperativo de reorganización del partido, la recuperación de los postulados liberales y al impulso de un conjunto de reformas institucionales. También señaló que la presidencia solo la podía alcanzar al interior del partido mayoritario, más aún ahora que se había acordado establecer un mecanismo popular de selección del candidato (Nuevo Liberalismo, 1988c, 78).

Era un LCG diferente al de una década atrás cuando había impulsado la creación del NL con unas premisas ideológicas y programáticas que le daban sentido a su mesianismo moralizante, que lo llevó a rechazar a la gran mayoría de la clase política y a los “jefes nacionales” (excepto a los Lleras). A través de las derrotas y las frustraciones aprendió sobre el pragmatismo electoral. Su ambición de llegar a la presidencia no era posible por la ruta de una nueva organización en un sistema bipartidista de más de medio siglo de existencia. Se había dado paso de lo improbable —convivir con la clase política que descalificaba y rechazaba— a lo factible —aceptar que el maximalismo de las ideas le impedía acceder a la presidencia desde donde podría adelantar los cambios que pregonaba—.

Cierre: Galán, el candidato que no fue

En la historia reciente del país, 1989 fue un año especialmente violento. Se cruzaron todas las violencias: la de las guerrillas, la del narcoterrorismo de la confrontación entre carteles y la del paramilitarismo en auge. Los partidos y la clase política fueron víctimas de la violencia, el Estado se derruía incapaz de regular la sociedad y de imponer su autoridad. El país parecía estar diluyéndose en medio de la violencia.

Era un año crucial en las expectativas de LCG de su carrera a la presidencia. Tenía el reto de atraer el apoyo de los políticos regionales que llevaba una década combatiendo, descalificando y atacando por ser clientelista y acusando del derrumbe moral del partido y de la democracia. Adicionalmente, en la época del narcoterrorismo adelantado por el cartel de Medellín, LCG fue el principal objetivo de esta organización. Había reiterado en varias ocasiones que el narcotráfico era el peligro más serio que debía enfrentar el país, apoyaba la extradición y se esperaba que una presidencia suya actuaría de forma vigorosa en contra de las OTD y del narcotráfico.

LCG no pudo saber si su convocatoria y compromiso contarían con el respaldo popular en la consulta y como eventual candidato liberal. Fue asesinado en la localidad de Soacha el 18 de agosto de 1989 cuando asistía a un acto de campaña para la consulta popular del liberalismo.

El discurrir de los acontecimientos hicieron que César Gaviria, el exrepresentante a la Cámara y exministro de hacienda y de gobierno de Virgilio Barco y quien se había incorporado a la campaña y al NL pocos meses antes de la muerte de LCG, asumiera su lugar como precandidato, ganara la consulta popular liberal y después la presidencia en marzo de 1990. Se recuerda que en el sepelio de LCG su hijo Juan Manuel le hizo entrega simbólica de las banderas del NL a Gaviria y, como si el NL fuera un patrimonio familiar, ungió a este como su sucesor en la consulta. En toda la campaña siempre aparecía una gran fotografía de LCG detrás de Gaviria, quien era presentado como su continuador y sucesor. Una especie de ángel tutelar.

Con César Gaviria, el disuelto NL llegó al poder y nombró en el Gobierno a excompañeros copartidarios en embajadas, ministerios, la fiscalía y como asesores. Numerosos integrantes de las familias Galán y Pachón serían vinculados a cargos públicos de todo tipo en un caso ilustrativo de nepotismo extendido (Gómez, 2017). Después de esta reconstrucción del surgimiento y desarrollo del NL es inevitable preguntarse: ¿Qué pasó con las ideas liberales, las propuestas y promesas de LCG en su ausencia? ¿Cuál fue el desarrollo de la agenda legislativa pactada entre el NL y el Oficialismo Liberal cuando se reunificó el partido? ¿Qué pasó con la reorganización interna, la democratización, el cambio en los modos de obrar de los políticos liberales? ¿Representó el gobierno de César Gaviria las ideas y el contenido programático del NL? Estas cuestiones corresponden a un nuevo periodo de la historia del país que se inició tras la coyuntura crítica de los años 1989-1991, cuyo esclarecimiento corresponde a futuros estudios.

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Notas

1 En el faccionalismo a nivel regional hay un cuarto factor que juega un papel importante: la dinámica competitiva al interior de las facciones clientelistas en las que los subjefes y los broker vinculados a los caciques o patrones políticos tienen aspiraciones y expectativas de ascenso que cuando no encuentran espacio para ello se separan de la red y crean sus propias facciones. Algunos autores dan cuenta de este proceso como el paso del clientelismo tradicional al clientelismo competitivo; en el caso colombiano algunos lo han descrito como la metamorfosis del sistema político colombiano (Díaz, 1986; Dávila & Delgado, 2002).

2 Se acordó promover una reforma constitucional que permitiera tomar las elecciones parlamentarias como una consulta interna del partido: el candidato único del partido sería quien obtuviera la mayoría de los congresistas electos. El Partido Liberal obtuvo 173 de los 311 escaños en el Congreso, de estos 121 eran turbayistas, 47 lleristas y 5 de listas independientes del Valle del Cauca que apoyaron al político regional Carlos Colmes Trujillo (El Tiempo, 28 de febrero de 1978a; 16 de marzo de 1978).

3 Una hipótesis alternativa considera que desde el comienzo se trató de una disidencia estratégica para lograr reconocimiento y posicionar a su líder para luego reintegrarse plenamente al partido. Se trataría de un caso similar a los de Jorge Eliécer Gaitán en la década de 1940 y de Alfonso López Michelsen con el Movimiento Revolucionario Liberal en la década de 1960.

4 Recientemente la desclasificación de documentos del Departamento de Estado y de la embajada de Estados Unidos en Colombia revela que había información que vinculaba a políticos importantes del país con el narcotráfico al menos desde las elecciones de 1978. Sobre el candidato presidencial liberal Julio César Turbay Ayala un cable diplomático señalaba que los rumores lo asociaban con el narcotráfico y que era el candidato preferido de los narcotraficantes, de los cuales habría recibido importantes apoyos económicos (Wikileaks. Public Library of Us Diplomac, 21 de enero de 1978). Sobre las elecciones de 1982 hay testimonios que dan cuenta de aportes de la OTD de Medellín a la campaña de Alfonso López Michelsen del Partido Liberal (Thoumi, 2001).

5 El 2 de febrero de 1982 solicitó a Jairo Ortega que modificara la lista para las elecciones a la Cámara, específicamente la primera suplencia en la cual figuraba Pablo Escobar. El 4 de febrero LCG expidió un comunicado en el cual se señalaba que el Movimiento de Renovación Liberal no se identificaba con los principios y objetivos del NL y por ello rechazaban tales listas (Correspondencia en: Galán y El Congreso, 1995). Finalmente, la lista se presentó por el Liberalismo oficialista y obtuvo un escaño para Ortega, con la suplencia de Escobar.

6 Tres excongresistas del NL fueron nombrados embajadores (Enrique Parejo González en Hungría y Alberto Villamizar en Indonesia) y un alto consejero presidencial (Ernesto Rojas Morales). A LCG le fue ofrecida una embajada que no aceptó y declaró que estaba dando apoyo externo al gobierno de Barco, respaldando sus programas y sus proyectos de ley. Pasó en poco tiempo de la crítica acérrima a la conciliación.

Notas de autor

* Universidad del Valle, Colombia. Correo electrónico: jduqued86@hotmail.com ORCiD: https://orcid.org/0000-0001-9996-4835

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