Gaitán en clave política: un análisis discursivo (1944-1948)*

Gaitán in Political Terms: A Discourse Analysis (1944-1948)

Gaitán no nivel polític: uma análise discursiva (1944-1948)

Daniel Felipe González Contreras **
Universitat Pompeu Fabra, España

Gaitán en clave política: un análisis discursivo (1944-1948)*

Desafíos, vol. 32, núm. 2, 2020

Universidad del Rosario

Fecha de recepción: 15 Octubre 2019

Fecha de aprobación: 10 Febrero 2020

Resumen: Este trabajo presenta un análisis de la narrativa de Jorge Eliécer Gaitán entre los años 1944 y 1948. Para ello, tomamos diez discursos pronunciados por el líder político que hemos clasificado en dos momentos denominados: “¡Por la restauración moral de la República!” (1944-1946) y “¡Por la reconquista!” (1946-1948), pues consideramos que para entender la centralidad de la figura de Gaitán en la vida política colombiana hasta el día de hoy, es necesario detenernos en su modo de construir lo político. Así, partimos de la hipótesis de que la articulación discursiva que hace Gaitán es de carácter populista. Esta afirmación no nos remite al significado vulgar del término, sino que nos introduce a la teoría laclausiana de la hegemonía y el populismo, que orienta nuestro análisis. De esta forma, vinculando la discourse theory con la semiótica narrativa, ubicamos a Gaitán en una matriz que nos permite entenderlo políticamente y así abrir caminos que posibiliten explicar la centralidad de su figura en la historia nacional.

Palabras clave: Jorge Eliécer Gaitán, El Bogotazo, discurso, populismo, hegemonía, semiótica narrativa, Colombia..

Abstract: This article presents an analysis of Jorge Eliécer Gaitán’s narrative between the years 1944 and 1948. With this aim in mind, I analyse ten speeches by the political leader which have been classified in two moments that we denominate ¡Por la restauración moral de la República! (1944-1946), and ¡Por la reconquista! (1946-1948). Understanding the lasting centrality of Gaitán in Colombian political life, it is necessary to understand his specific way of constructing the political. Thus, we start from the hypothesis that Gaitán’s discursive articulation is populist. This proposition doesn’t guide us towards its ordinary meaning, but to Laclausian theory of hegemony and populism, which guides our analysis. Thereby, linking discourse theory with narrative semiotics, we locate Gaitán in a frame that allows us to understand him politically and to open new paths that would help us explain the centrality of his figure.

Keywords: Jorge Eliécer Gaitán, El Bogotazo, discourse, populism, hegemony, narrative semiotics, Colombia..

Resumo: O presente trabalho apresenta uma análise da narrativa de Jorge Eliécer Gaitán entre os anos 1944 e 1948. Para isto, tomamos dez discursos pronunciados pelo líder político que temos classificado em dois momentos que denominamos: ¡Pela restauração moral da República! (1944-1946), e ¡Pela reconquista! (1946-1948). Entendendo a centralidade até hoje da figura de Gaitán na vida política colombiana, é necessário determos em seu modo de construir o político. Assim, partimos da hipótese de que a articulação discursiva que faz Gaitán é de carácter populista. Esta afirmação não nos remite ao significado vulgar do termo, mas introduz-nos à teoria de Laclau da hegemonia e o populismo, que orienta a nossa análise. Desta forma, vinculando a discourse theory com a semiótica narrativa, localizamos a Gaitán em uma matriz que nos permite entende-lo politicamente e assim abrir caminhos que possibilitem explicar a centralidade de sua figura.

Palavras-chave: Jorge Eliécer Gaitán, El Bogotazo, discurso, populismo, hegemonia, semiótica narrativa, Colômbia..

Introducción

El trabajo que aquí desarrollamos busca leer a Gaitán en clave política. Dado que hay diversos estudios que parten de la centralidad de Gaitán en la política colombiana, creemos necesario acercarnos a miradas que nos permitan entender el porqué de esa centralidad. Más allá de aproximarnos a la reconstrucción histórica del personaje1 o a su papel en el desarrollo de la violencia en Colombia,2 pretendemos realizar un análisis del discurso de Gaitán que nos permita acercarnos a su modo de construir lo político. Así, abordaremos nuestro problema de investigación principalmente bajo los aportes de lo que se conoce como discourse theory, cuyos principales exponentes son Chantal Mouffe y Ernesto Laclau. Adicionalmente, recurriremos a la semiótica narrativa como herramienta teórico-metodológica para crear un armazón sólido para nuestro análisis. De esta manera, intentamos dar forma a nuestra perspectiva epistemológica al nutrirla con herramientas concretas para el análisis del discurso.

El desarrollo de nuestro trabajo partirá de las preguntas: ¿qué tipo de articulación discursiva realiza Jorge Eliécer Gaitán entre los años 1944 y 1948 en Colombia?, ¿es esta articulación discursiva constante durante el periodo analizado? Como veremos, estas preguntas no son más que el planteamiento de un interrogante acerca del modo de construir lo político en Gaitán.

Para responder a nuestros interrogantes basaremos nuestro análisis en los aportes teóricos de Laclau,3 sumados a posteriores desarrollos críticos a su obra. De esta forma, la hipótesis que manejamos es que la articulación discursiva que realiza Jorge Eliécer Gaitán es de carácter populista. Lo anterior, debido a que Gaitán realiza una división dicotómica del campo político en el que un sujeto popular se constituye a partir de una lógica equivalencial. A su vez, dicha división se ancla en un enfrentamiento entre lo que metafóricamente podemos catalogar un abajo/arriba. Asimismo, la identidad política conformada bajo el gaitanismo no es estática, sino que apela a la negociación y a la flexibilidad en aras de volverse hegemónica.

Selección de discursos analizados

Nuestro análisis parte de la campaña de Gaitán en las elecciones a la presidencia de Colombia del año 1946. Así, el periodo de tiempo que tomamos comienza en 1944, año en que Gaitán renuncia al Ministerio del Trabajo para encaminar su candidatura a la presidencia, y finaliza en 1948, año de su asesinato. Este periodo lo hemos dividido en dos momentos que presentan contextos y construcciones narrativas diferentes. Un primer momento entre 1944 y 1946, en el que se desarrolla la campaña presidencial ya mencionada, y un segundo momento entre 1946 y 1948 en el que Gaitán asume el liderazgo del Partido Liberal Colombiano. Esta división surge de los resultados de nuestro análisis, en los que apreciamos una construcción narrativa disímil. Adicionalmente, dicha distinción coincide con el viraje que, según algunos autores toma el gaitanismo luego de las presidenciales de 1946 (Alape, 2016; Osorio Lizarazo, 1982; Robinson, 1976; Vásquez, 1992).

El corpus analizado lo hemos extraído de Los Mejores Discursos de Gaitán (Gaitán, 1968), editados por Jorge Villaveces, y de la Serie Jorge Eliécer Gaitán de la colección “Tribunos del Pueblo” (Gaitán, 1975), editada por José Félix Castro. Estas publicaciones recogen los textos íntegros de una amplia gama de discursos de Gaitán.

Hemos tomado un total de diez discursos pronunciados por Jorge Eliécer Gaitán, cinco pertenecientes al periodo que hemos denominado ¡Por la restauración moral de la República! (1944-1946), y otros cinco al que hemos denominado ¡Por la reconquista! (1946-1948). Dichos discursos los encontramos distribuidos de la siguiente forma:

¡Por la restauración moral de la República! (1944-1946)

¡Por la reconquista! (1946-1948)

Populismo como hacer político

Para adentrarnos en nuestra acepción de populismo debemos aludir brevemente al concepto de hegemonía. Para ello nos basamos en Laclau y Mouffe (2015), quienes partiendo de Gramsci dan, entre otros, dos pasos importantes en los estudios marxistas. En primer lugar, su enfoque antiesencialista los hace cuestionar la idea de los sujetos políticos como actores preconstituidos en el plano económico y, por ende, la idea vanguardista de la existencia de un actor ontológicamente llamado a liderar una alianza o la construcción de una nueva voluntad colectiva. En un segundo momento, al destacar el carácter contingente de nuestras formaciones sociales, impugnan la existencia de leyes históricas, y así la inevitabilidad de una revolución que dé paso a nuevas formas de organización social. Los aportes mencionados, que surgen en un contexto de crisis del pensamiento marxista, les permiten conceptualizar a la hegemonía como la representación de una totalidad inconmensurable por parte de una fuerza social particular. Una plebs (parte de la comunidad) reivindica constituir hegemónicamente un populus (comunidad en su conjunto), que a su vez solo puede existir encarnado en una plebs (Laclau, 2016).

Al ocupar espacios vacíos, los actores y las comunidades políticas deben construirse en el terreno político. Para Laclau y Mouffe (2015) no existe tal cosa como una clase proletaria que se manifiesta automáticamente en el campo político. Contrario a ello, los actores políticos surgen como articulaciones en el plano discursivo. Para desarrollar su argumento, Laclau parte del estructuralismo saussureano que concibe la lengua como un sistema de diferencias: “Saussure afirma que en el lenguaje no existen términos positivos, sino sólo diferencias: algo es lo que es sólo a través de sus relaciones diferenciales con algo diferente” (Laclau, 2016, p. 92).

Dado que la lengua es un sistema de diferencias, la identidad de cada elemento del sistema aparece en su diferencia con los otros. Si bien cada elemento del sistema es diferente, estas diferencias son equivalentes en tanto que pertenecen al lado interno de la frontera de exclusión. Al hacer parte del sistema, las diferencias son equivalentes en relación al afuera del sistema. Así, Laclau afirma que dicha equivalencia constituye la posibilidad del surgimiento de un significante vacío como significante de la pura cancelación de toda diferencia (Laclau, 1996).

Cuando lo que se quiere significar no es una diferencia más dentro de un sistema, sino la exclusión radical que da origen al sistema mismo, es necesario que los significantes se vacíen de todo vínculo con significados particulares para que asuman el papel de representación del sistema como ser puro y simple (Laclau, 1996). Es decir, solo cuando las diferencias dentro del sistema pueden parcialmente claudicarse bajo una lógica de la equivalencia, el sistema puede significarse a sí mismo como totalidad. Para lo anterior se necesita de significantes tendencialmente vacíos debido a que todo sistema de significación está estructurado en torno a un lugar vacío. En otras palabras, al carecer el sistema de un significado positivo, en tanto que es relacional y vive en una constante tensión entre equivalencia y diferencia, al este agrupar elementos diferenciales, es necesario que un elemento asuma la representación del sistema a través de la claudicación parcial de su particularidad para así agrupar al conjunto de elementos que están dentro de los límites del mismo.

Cuando hay una lucha política, el objetivo de esta no es solo la concreción particular de lo que se exige, sino que esta también implica la oposición a cierto orden establecido. Así, el primer significado de esta lucha establece el carácter diferencial con otras reivindicaciones y, el segundo significado, la equivalencia de todas estas reivindicaciones en su común oposición al sistema. El éxito de la representación de las distintas reivindicaciones por parte de aquella lucha depende de la primacía de una lógica de la equivalencia dentro de ellas por sobre una lógica de la diferencia. Es decir, que en el campo social prime la articulación de las demandas insatisfechas sobre la tramitación individual de estas ante las autoridades pertinentes (Laclau, 1996). De esta forma, surgen algunos ejemplos que pueden ilustrar esta operación. Luchas en torno al agua en Bolivia con lo que se conoció como la Guerra del Agua, o en contra de medidas de recortes en el gasto social como con los Gilets Jaunes en Francia nos muestran cómo a raíz de una demanda puntual se articulan más demandas para dar origen a una comunidad cuyos planteamientos pretenden representar a un “todo social”. Así, la representación de la comunidad articulada se da en tanto la demanda puntual pierde parcialmente su significado para agrupar a toda una variedad de grupos y demandas al ser equivalentes en su oposición a determinado orden.

La teorización laclausiana de la hegemonía nos remite a la sinécdoque, en la que se nomina al todo por la parte. Sin embargo, para Aboy Carlés y Melo (2019) esta teorización poco profundiza en la segunda acepción de la sinécdoque, en la que se nomina a la parte por el todo. Es así como en Laclau nos encontramos con un grupo que reclama la representación de una totalidad inconmensurable, como pudo ser el peronismo en Argentina, pero no hay mayor desarrollo cuando una parte recibe la nominación de un todo, que en nuestro mismo ejemplo sería la utilización de “peronistas” para llamar a uno de los tantos grupos que articulaba este significante. A esta segunda forma de la sinécdoque Aboy Carlés y Melo (2019) la llaman sobredeterminación. Encontramos entonces que la hegemonía supone no solo el vaciamiento de un significante para asumir la representación de una cadena, sino también un proceso de desparticularización de los elementos que esta articula. Este nuevo aporte nos permite concebir a la hegemonía como el proceso de representación de un populus por una plebs, y a su vez como un proceso de desparticularización de las identidades agrupadas bajo aquella plebs. La constitución de cadenas equivalenciales no supone únicamente la extensa articulación de elementos, sino a su vez la fuerza con que estos elementos son sub-sumidos bajo una nueva identidad.

Hasta este punto vemos cómo la hegemonía está estrechamente ligada a la política. El juego de asociación y disociación que supone la agregación identitaria y la creación de solidaridades políticas es inherente a la hegemonía (Aboy Carlés & Melo, 2019). En La razón populista Laclau va más allá al incluir al populismo como sinónimo de política, como la política “tout court”. De esta forma, crea un trinomio al equiparar la hegemonía con populismo y con política.

De acuerdo con Laclau, concebimos al populismo como un modo de construir lo político. Por populismo no hacemos referencia a una ideología o a un contenido programático. Populismo no es un ser, sino un hacer político. Este hacer político depende de tres movimientos: de la constitución de una cadena equivalencial que articule las demandas insatisfechas dentro de una formación social; de la conformación de una frontera que divida el campo político en dos; y del surgimiento de un sujeto popular que reivindique las demandas articuladas en la cadena equivalencial (Laclau, 2016). En una construcción política de carácter populista encontramos la irrupción de un actor a través de una nueva articulación discursiva en la que no se busca que las demandas comunitarias sean tramitadas diferencialmente, sino que a través de una relación equivalencial se dicotomiza el campo político para hacer oposición conjunta a un adversario que impide la realización plena de la comunidad articulada.

Esto nos permite volver a Aboy Carlés (2012), quien concibe las identidades populares como un tipo de solidaridad política que surge de un proceso de articulación y relativa homogeneización de sectores que tras plantearse como negativamente privilegiados, constituyen un campo identitario común que se separa de la naturalización del orden vigente. Para Aboy existen tres tipos de identidades políticas populares: identidades totales, identidades parciales, . identidades con pretensión hegemónica.

Las identidades totales son aquellas en las que una plebs apunta a convertirse en un único populus a través de la expulsión de su adversario sin dar paso a procesos de negociación que permitan la reconstrucción de los actores enfrentados y de los objetivos y reivindicaciones de los mismos. Así, este tipo de identidades recurren a menudo a procesos de violencia que apuntan a la eliminación del adversario para la constitución de la plebs en populus. Las identidades totales pueden encontrarse en escenarios de confrontación violenta o en experiencias como el nazismo, en las que no hay una reconstitución identitaria sino que se propende por la eliminación del antagonista. De esta forma, hallamos una rígida delimitación de las fronteras, lo que direcciona al conflicto a un álgido escenario de confrontación.

Las identidades parciales son aquellas en las que la plebs no busca constituirse en populus. La conformación de este tipo de identidades responde a un grupo que se conforma alrededor de unos intereses específicos sin pretensión universal. Estamos hablando de identidades parciales cuando un grupo se constituye identitariamente sin buscar representar a la comunidad en su conjunto. Así, la configuración identitaria en torno a factores étnicos, como el Wallmapuwen de los mapuches en Chile, es un ejemplo de este tipo de identidad popular (Aboy Carlés, 2012).

Finalmente, las identidades con pretensión hegemónica son aquellas en las que existe una plebs que pretende constituirse como populus legítimo, pero cuya construcción identitaria es flexible y cambiante. A diferencia de las identidades totales, aquellas con pretensión hegemónica no buscan la destrucción de lo que es diferente, sino que existe una negociación de la propia identidad y una constante persuasión para la articulación de elementos del afuera de aquella plebs. Podemos hablar de cierta porosidad en la construcción identitaria, lo que nos acerca a nociones como vaguedad y consenso en la configuración de lo social. En esta tipología, siguiendo a Aboy Carlés (2012; 2005), ubicamos a las experiencias populistas. Así, nos distanciamos de la equiparación del populismo con la política. Existen formas diferenciadas en la constitución de las identidades populares, dentro de las cuales el populismo aparece como una más dentro de ellas. La “construcción de un pueblo” no es inherente a la política. En otras palabras, no todo actor político tiene pretensiones de hegemonizar el espacio social, tal como señalamos con el concepto de identidades parciales. Así, el populismo no es el, sino un modo de construcción política.

Para completar nuestro desarrollo teórico, cabe destacar que el significante “pueblo” suele ser utilizado en articulaciones discursivas disímiles. Como afirman Stavrakakis y De Cleen (2019), la diferencia entre el populismo con otros tipos de articulaciones discursivas es que en el populismo el significante “pueblo” está asociado a “los de abajo”. Mientras en los discursos nacionalistas aparece el pueblo como nación o en el discurso demócrata aparece el pueblo asociado al demos, el discurso populista está estructurado en un eje de confrontación entre los de arriba contra los de abajo. Si bien pueden hallarse articulaciones discursivas que se tejen entre el nacionalismo y el populismo, según Stavrakakis y De Cleen (2019), la diferencia entre ellas es el significado que adquiere el pueblo y la centralidad del eje de confrontación, que en el nacionalismo puede representarse como un dentro/fuera, entre los miembros y no miembros de la nación, y en el populismo como un abajo/arriba, representado en los miembros de la comunidad y la élite.

De acuerdo con lo que hemos desarrollado hasta aquí, entendemos que el populismo es un hacer político en el que se constituye un sujeto popular a través de la equivalencia entre las demandas insatisfechas de una formación social provocando la dicotomización del campo político. A su vez, dicha construcción identitaria es flexible y cambiante. La confrontación política en una lógica populista no supone la eliminación del adversario, es agonista. 4 Así, la constitución de la plebs en populus es un proceso constante e inacabado. Adicionalmente, el discurso populista supone la significación del pueblo como los de abajo y la confrontación que plantea puede ser representada metafóricamente bajo el eje abajo/arriba.

Herramientas metodológicas para el análisis narrativo del discurso político

La existencia de objetos o fenómenos no depende de su apropiación discursiva, pero nuestra concepción de estos debe hacerse a través del discurso. En otras palabras, la “realidad” extradiscursiva es objeto de discurso y la posibilidad que tenemos para hacerla inteligible pasa por medio de este. Así, es en el discurso que cobran significado las prácticas y conocimientos. Como afirma García (2005), la significación no es constante. Hablar no es informar a propósito del mundo sino dirigir el discurso en cierta dirección (García, 2005). Es así como el significado no puede ser estático o preestablecido sino que es una construcción. Por lo anterior, para adoptar una definición sencilla, concebiremos al discurso como un conjunto articulado de significantes en el cual el significado es una producción cambiante dependiente de las luchas por el sentido (Errejón, 2012).

Las construcciones narrativas dentro del discurso político entran en pugna por darle sentido a los fenómenos y orientar el sentido común de las formaciones sociales hacia ideas, valores y propuestas determinadas. Verón (1987) plantea que el discurso político supone por lo menos de dos destinatarios, uno positivo y uno negativo. Al destinatario positivo lo denominamos prodestinatario y es el que comparte las creencias y postulados del enunciador, es el partidario. La relación que establece el enunciador con el destinatario positivo es el colectivo de identificación. El destinatario negativo es lo excluido del colectivo de identificación y lo denominamos contradestinatario. El contradestinatario se asocia con la inversión de la creencia, este manifiesta los postulados contrarios al enunciador. Además del prodestinatario y el contradestinatario, en el discurso político de las democracias occidentales existe un tercer destinatario referente a sectores de la ciudadanía que se mantienen “fuera del juego” y que se denominan electoralmente como “indecisos”. A este tercer destinatario lo denominamos paradestinatario y se relaciona a una suspensión de la creencia. Al paradestinatario es al que se dirige la persuasión. Verón (1987) concluye así que el discurso político es un discurso de refuerzo al prodestinatario, de polémica respecto al contradestinatario y de persuasión al paradestinatario.

En relación a lo ya planteado, podemos distinguir y jerarquizar los niveles que transita el sentido desde el momento en que se puede articular hasta el momento en que se manifiesta. Aparece así lo que se conoce como recorrido generativo de la significación. Por este entendemos la representación del enriquecimiento del sentido desde las relaciones más simples que lo convierten en algo inteligible, hasta las más complejas que lo convierten en algo legible, audible o visible. Dentro del recorrido de la significación las estructuras semio-narrativas condensan la parte más abstracta y esencial para la significación de la historia, y las estructuras discursivas corresponden a la distribución y puesta en escena. En las estructuras semio-narrativas podemos distinguir dos niveles. El primer nivel es el profundo o fundamental en el que tenemos la colocación de las diferencias que hacen que la significación nazca (Floch, 1993). Así, oposiciones como vida/muerte originan la significación fundamental de cualquier discurso. El segundo nivel es el superficial o narrativo en el que estos elementos se transforman en valores que se instalan en un objeto. Aparecen, entonces, relaciones entre sujeto y objeto para que luego surjan operaciones narrativas básicas. Las estructuras discursivas, por su parte, representan el final del recorrido generativo y aparecen en el plano de la enunciación. Allí los sujetos se convierten en actores que son ubicados en tiempo y espacio (García, 2011).

Es así como para nuestro análisis recurriremos al cuadrado semiótico. Este cuadrado es un modelo desarrollado por Greimas (1973) que organiza lógicamente la oposición de una pareja de términos. A partir de este modelo podemos explicar aspectos centrales del sentido de textos y relatos diversos. A través del cuadrado semiótico se pueden tomar las oposiciones aparecidas en el nivel profundo de las estructuras semio-narrativas y visualizar los posibles recorridos sobre estos términos (Greimas, 1973). El cuadrado consiste en tomar un eje semántico en el que una posición suponga la otra. La relación entre estas dos posiciones se denomina relación de contrariedad y se plasmará horizontalmente. Estas dos posiciones representarán los términos extremos. Sin embargo, también puede existir otra relación que se denomina relación de contradicción que se establece a partir de la negación de una posición y se plasma a través de una línea oblicua. La relación subyacente entre un término extremo y la negación del otro término extremo la denominamos relación de complementariedad (Floch, 1993). El cuadrado semiótico consiste, pues, en cuatro posiciones diferenciales y tres relaciones que sirven para identificar las significaciones básicas de una narración. Así, la oposición vida/muerte puede ejemplificarse de la siguiente manera:


Vida-muerte
Figura 1.
Vida-muerte


Fuente: Elaboración propia.

Para representar la forma en que se organiza el relato de Gaitán nos valdremos del concepto de narración prototípica (Ruiz Collantes & Sánchez-Sánchez, 2019; Ruiz Collantes et al., 2009). Este es un esquema o frame narrativo en el que sintéticamente se representan un conjunto de narraciones que guardan características comunes y pueden agruparse en un conjunto homogéneo. En adición, también acudiremos al esquema narrativo canónico, este puede funcionar como la base de la construcción de relatos e historias. El esquema tradicional consiste en cuatro fases: contrato, competencia, performance . sanción (Greimas, 1973; Floch, 1993). A estas fases incluimos la que Ruiz Collantes y Sánchez-Sánchez (2019) denominan fase de desajuste, que antecede a las cuatro mencionadas.

La fase de desajuste consiste en una situación previa en la que ocurre alguna perturbación que produce un desarrollo narrativo posterior. En esta fase aparece un agente de desajuste, que se refiere al sujeto responsable del desajuste, y un sujeto desajustado, que es el personaje que padece el desajuste (Ruiz Collantes & Sánchez-Sánchez, 2019). La fase de contrato, que también se conoce como fase de manipulación, supone que un sujeto 1 actúa sobre un sujeto 2 a través de un hacer persuasivo. Así, el sujeto 1 es un destinador que debe decidir si realiza una performance manipulatoria y luego procede a su ejecución. Posteriormente el sujeto 2, destinatario de la propuesta, entra en un proceso de decisión para luego actuar respecto a la propuesta planteada por el manipulador (García, 2011). La competencia está relacionada con modalidades del deber, del querer, del poder y del saber que vuelven apto a un sujeto para realizar un programa de acción (Floch, 1993). La performance es la fase en la que el hacer de un sujeto se consuma en exitoso o fallido. Este hacer implica una relación entre un sujeto y un objeto que se denomina junción y contempla dos posibilidades: conjunción, en la que el sujeto tiene/es/está con el objeto; y disjunción en la que el sujeto no tiene/no es/no está con el objeto. Finalmente, la fase de sanción es la contraparte de la manipulación. La sanción representa un juicio sobre algo o alguien. La evaluación es realizada por un juez que le atribuye al juzgado un objeto positivo o negativo en relación al juicio positivo o negativo respecto al programa ejecutado. Por lo anterior, la sanción tiene dos orientaciones, una cognoscitiva (el juicio), y otra pragmática (el objeto atribuido) (García, 2011).

Análisis narrativo

¡Por la restauración moral de la República! (1944-1946)

Para 1944, Gaitán había logrado posicionarse como una de las nacientes figuras del Partido Liberal tras haber llegado a ser representante a la cámara, alcalde de Bogotá, ministro de Educación y ministro del Trabajo. Su tesis de grado para optar al título de doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, titulada Las ideas socialistas en Colombia (Valencia, 2012), muestra el manejo temprano que desarrolla de las ideas marxistas y su interpretación en clave colombiana. Estas ideas, forjadas en los círculos intelectuales bogotanos (Osorio Lizarazo, 1982), van a mezclarse con la experiencia que tiene al estudiar su posgrado en Roma. Allí, en la segunda mitad de la década de 1920, Gaitán coincide con el desarrollo del mussolinismo. La mitificación del Duce en un contexto que evocaba la grandeza italiana, sus capacidades oratorias y el fervor popular que este suscitaba van a ser claves en la formación de Gaitán. Las formas organizativas del gaitanismo, así como la oratoria de Gaitán son muestras palpables de su paso por Italia (Palamara, 2015).

Es en 1944, bajo el bipartidismo, que Gaitán renuncia al Ministerio del Trabajo para iniciar su campaña a la presidencia de Colombia. J. Cordell Robinson (1976) define este momento como la segunda etapa del movimiento gaitanista. En 1933 Gaitán ya había liderado la creación de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (Unir), que nace de una disidencia del liberalismo y que intentó marcar una agenda progresista dentro del estrecho margen de la política colombiana de aquel entonces. Para Robinson la Unir guardaba similitudes con otros movimientos latinoamericanos como el Aprismo en el Perú, la administración de Lázaro Cárdenas en México, o el régimen de Getúlio Vargas en Brasil. El fugaz experimento de la Unir sirvió para cimentar los inicios del movimiento gaitanista, que se apagarían tras el regreso de Gaitán al Partido Liberal, pero que se reactivarían en torno a la candidatura de este a la presidencia de Colombia de 1946.

Tras más de cuarenta años del Partido Conservador en el poder, en un periodo conocido como La hegemonía conservadora, el Partido Liberal había asumido las riendas del ejecutivo ininterrumpidamente a partir de 1930. Para aquel momento Colombia era un país tendiente a la modernización, debido a la urbanización, al robustecimiento del Estado, al crecimiento de las exportaciones, al mejoramiento de las vías de comunicación, y a un fuerte proceso de industrialización (Robinson, 1976; Valencia, 2012). Dicho contexto había multiplicado los conflictos y las demandas en el campo popular en sectores como el textil, el campesino, y el cafetero (Osorio Lizarazo, 1982). Durante este periodo Colombia mantenía un desalentador panorama social, en el que el promedio de vida no superaba los cuarenta años y en el que más de la mitad de la población era analfabeta (Sánchez, 1984). El gaitanismo desde la Unir se había abanderado de las demandas del mundo rural (Vásquez, 1992) y durante la campaña a la presidencia conecta con el movimiento obrero, en particular la base no militante del comunismo (Martínez, 2009), y su gran fortaleza serían los sindicatos.

Las intervenciones de Gaitán en el Congreso de la República y los discursos que hacía los viernes en el Teatro Municipal de Bogotá le habían granjeado empatía y liderazgo dentro de las masas populares, siendo reconocido como tribuno del pueblo. Gaitán emprendía, así, una carrera por la presidencia enfrentándose al candidato del oficialismo liberal, Gabriel Turbay, y al candidato del Partido Conservador, Mariano Ospina Pérez. A continuación, plasmamos la narración prototípica que construimos con los discursos de Gaitán durante su campaña presidencial.

Narración prototípica:

Gaitán pronuncia un discurso en el que hace un diagnóstico del devenir nacional o emite una sanción respecto al Partido Liberal. Afirma que existen dos grupos en la sociedad colombiana, por un lado un grupo dirigente y por otro, el pueblo. Aparece un problema central respecto al comportamiento del grupo dirigente y al desfase que existe entre sus intereses y los intereses del resto del país. Se invita al pueblo a librar un enfrentamiento contra el grupo dirigente, que es denominado oligarquía, plutocracia, o país político. Gaitán alude al patriotismo y, en ocasiones, acude a la provocación o la adulación como elemento persuasivo. A su vez, se presenta como el líder del movimiento, que tiene como ayudantes a sus antepasados y a algunas figuras paradigmáticas en la historia del Partido Liberal; y, en ciertos casos, hace énfasis en la capacidad que tienen de cumplir el objetivo debido a haberse preparado genuinamente. Gaitán afirma que el movimiento persigue la restauración moral y democrática de la República. El discurso termina con arengas de Gaitán que invitan a ganar la batalla contra el grupo dirigente y a luchar por la restauración moral y por la democracia en Colombia, a lo que sus alocutarios responden “¡A la Carga!”.

El primer elemento que queremos destacar del discurso gaitanista es su simpleza. Si bien el gaitanismo había desarrollado documentos, como el Manifiesto de la unir o, posteriormente, lo que va a ser la Plataforma del Colón y el Plan Gaitán (Valencia, 2012), en los que se exponían propuestas concretas para el país, su discurso no hace un despliegue programático de lo que sería un gobierno presidido por Gaitán. Vemos, por el contrario, un desarrollo narrativo que marca reiterativamente un conflicto entre dos actores antagónicos, una consigna recurrente (“¡A la carga!”), y el uso de recursos identitarios vinculados al patriotismo o a elementos ancestrales como un pasado común.

El problema del que parte Gaitán y que ubicamos en la fase de desajuste del esquema narrativo es la existencia de un estado de degradación moral en la política colombiana producto de la corrupción del grupo dirigente del país. Así, Gaitán afirma que existe un desplazamiento de los valores, a la vez que afirma que el Estado es visto como un botín de guerra y no como un espacio para el servicio. Ubicamos como agente de desajuste al grupo dirigente, y a la nación en su conjunto como sujeto desajustado. Vemos que a partir de la fase de desajuste Gaitán moldea la frontera política de su narrativa. En el discurso pronunciado el 20 de abril de 1946 en Bogotá, El país político y el país nacional, Gaitán afirma que en Colombia existen dos países cuyos intereses están contrapuestos:

En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. Tremendo dilema en la historia de un pueblo (Gaitán, 1968, p. 423).

El desfase entre los intereses de ambos bandos es transversal en los discursos. En tres de los discursos analizados, El pueblo es superior a sus dirigentes, Rompen conversaciones . Lo que va de Uribe a Santos, Gaitán aborda el tema de la elección del candidato del Partido Liberal a la presidencia. A pesar de no tratar un problema de índole nacional, Gaitán se vale del procedimiento de escogencia del candidato de su partido para relacionarlo con el marco discursivo que maneja y denotar un conflicto entre las élites políticas y el pueblo colombiano, sea este conservador o liberal. La nominación de los bandos aparece con distintos nombres. La élite política en el discurso aparece bajo el nombre de oligarquía, plutocracia o país político. Por otra parte, el colectivo de identificación que crea Gaitán aparece habitualmente bajo el nombre de pueblo o país nacional. Estos significantes le permiten presentarse como representante de una mayoría social sin importar su filiación política. Este punto resulta relevante, dado que existe una pretensión hegemónica que hace que la narrativa desplegada por Gaitán amplíe la base de paradestinatarios de su discurso. Gaitán no le habla únicamente a la gente de su partido, sino que se fundamenta en una categoría (pueblo o país nacional) por la cual redefine la confrontación política en Colombia al obviar la frontera asentada bajo el bipartidismo conservatismo/liberalismo, y empezar a hablar de un enfrentamiento entre pueblo/oligarquía. Esta redefinición de la frontera es la que permite a Gaitán hablar a un todo que ha sido desajustado por una minoría en el poder. De esta forma, al hablar de una oligarquía de la que hace parte la élite conservadora y liberal, y de un pueblo del que hace parte la gente tanto conservadora como liberal, Gaitán se permite reducir los contradestinatarios de su discurso para conformar un sujeto popular enfrentado a las élites de los dos partidos. El gaitanismo en este caso busca sobredeterminar las identidades sedimentadas bajo el bipartidismo en el país.

Gaitán invita al pueblo a librar una batalla contra la oligarquía conservadora y liberal para generar la restauración moral y democrática de la República. Así, en la fase de contrato ubicamos a Gaitán como proponente del contrato y al pueblo o país nacional como destinatario. En este punto es relevante destacar que percibimos un discurso que enfatiza en la fuerza. La capacidad del movimiento para librar la batalla se basa en el poder-hacer. Gaitán afirma que la lucha necesita de gente fuerte, hace llamados al no sometimiento al adversario y dice que no hay fuerza equiparable con su movimiento. El discurso es a su vez un discurso de victoria, épico. Encontramos constantes arengas que alientan a la victoria y metáforas que dan impulso a alcanzar el objetivo propuesto. Como hemos evidenciado, el pueblo es el héroe de la historia. Es este quien debe restaurar la democracia colombiana por medio de la victoria sobre el país político. El pueblo enunciado por Gaitán aparece como esa plebs que se reivindica como populus legítimo. La identidad popular nace en oposición a una élite que tiene unos intereses contrarios a los de la nación. Sin embargo, el desarrollo narrativo no gira en torno a la pertenencia o no pertenencia a la nación, sino que se ubica en torno al conflicto suscitado entre una élite y el resto de la comunidad. Es decir, el discurso no gira en torno a un dentro/fuera nacional, sino que los actores que aparecen enunciados remiten a un enfrentamiento que puede representarse como abajo/arriba. Asimismo, Gaitán se posiciona como el líder de ese país nacional que pretende encarnar al todo comunitario, como se evidencia en su discurso, Rompen conversaciones:

Gente de todos los órdenes, conservadores y liberales: os están engañando las oligarquías, en pie vosotros los oprimidos y engañados de siempre, en pie vosotros los burlados de todas las horas, entre nosotros los macerados como yo, a quien la fortuna y un divino ser del cual ahora me acuerdo me dieron las fuerzas para esta batalla, en pies vosotros los que sabéis sentir y no tenéis la frialdad dolosa de los académicos, en pie vosotros, que yo os juro que en el momento de peligro, cuando la orden de batalla haya que darla, yo no me quedaré en mi biblioteca, sabed que el signo de esa batalla será mi presencia en las calles a la cabeza de vosotros (Gaitán, 1968, p. 435)

Gaitán apela a las tumbas de los antepasados como los cimientos para que el pueblo sea grande y fuerte, y, para llevar a cabo la misión, ubicamos en la fase de competencia, como ayudantes del pueblo, al legado de figuras del liberalismo como Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe. La fase de sanción es la que menos aparece en el relato, sin embargo podemos evidenciar una sanción cognoscitiva de reconocimiento hacia el movimiento como motor de cambio, y pragmática en la medida en que el cumplimiento del contrato evitaría llevar a la sociedad a un estado de anarquía. También encontramos diferentes momentos sancionatorios en especial a la dirigencia del Partido Liberal en el proceso de elección del candidato de la colectividad a la Presidencia de la República.

A continuación, encontramos en el cuadrado semiótico dos puntos clave dentro del discurso gaitanista. Hemos opuesto la restauración moral, abanderada por Gaitán, con la degradación moral con que relaciona al país político. Aquí evidenciamos que los antagonistas son ligados a la oposición restauración/degradaciónque aparece como núcleo central del discurso. Es así como existe un posicionamiento de los actores respecto al eje motor del discurso. Adicionalmente, en el discurso de proclamación de su candidatura en la Plaza de Toros de Santamaría en el año 1945, Gaitán afirma, en su Discurso-Programa, que de no darse una restauración moral y democrática en la vida política del país, Colombia podría caer en la anarquía (Gaitán, 1968). Es así como aparecen dos posibles recorridos que puede transitar Colombia en la situación que Gaitán plantea: o bien pasar de una degradación, representada por el país político, a una restauración, representada por el país nacional; o no optar por la restauración de la República y pasar de la degradación a un estado de anarquía. En este caso, la demanda por la restauración de la República agrupa al sujeto popular dentro del gaitanismo, en el que encontramos, como ya explicamos, grupos conformados en torno a demandas del mundo rural y del sector sindical.


Restauración moral-degradación moral
Figura 2
Restauración moral-degradación moral


Fuente: Elaboración propia.

¡Por la reconquista! (1946-1948)

Las elecciones de mayo de 1946 arrojaron un resultado en el que con un 40 % de la votación, el Partido Conservador se impuso al 32 % de Gabriel Turbay y al 27 % de Gaitán, ambos liberales. Ante el fracaso de su candidatura, al día siguiente de la votación Turbay emigró a Europa y Gaitán asumió de facto el liderazgo del liberalismo (Osorio Lizarazo, 1982). Dicho liderazgo se corroboraría en las elecciones al Congreso de marzo del año siguiente, en las que los candidatos gaitanistas superaron a los candidatos liberales afines al expresidente Eduardo Santos. De esta forma, el 11 de junio de 1947 Gaitán es elegido “jefe único” del Partido Liberal (Robinson, 1976).

Pese al desarrollo narrativo que despliega Gaitán, este no puede desvincularse totalmente de los partidos tradicionales en Colombia. Como plantea Daniel Pécaut (2000; 2012), una particularidad del gaitanismo respecto de otros populismos latinoamericanos es que este no logra escapar de las subculturas partidistas sedimentadas en el campo social. Así, Pécaut califica al gaitanismo como un populismo atrapado en las estructuras sociales y políticas vigentes.

Los resultados de las elecciones de 1946 supusieron un viraje en la narrativa gaitanista, así como un proceso de reestructuración dentro del liberalismo en el que las estructuras oficiales del partido debían trabajar de la mano con el movimiento gaitanista. Cordell señala a esta etapa como la tercera y última del gaitanismo. En este periodo se aprueban unos nuevos estatutos y programa del Partido Liberal, conocidos como Plataforma del Colón, cuyo primer artículo reza: “El Partido Liberal de Colombia es el Partido del Pueblo” (Valencia, 2012, p. 305).

Gaitán ya no exclamaría: ¡Por la restauración moral de la República!, sino ¡Por la reconquista del poder! En esta etapa logra articular, entre otros, a los trabajadores ferroviarios, al sindicato de la construcción, a los comerciantes, a los trabajadores de la cervecera Bavaria, y a los transportadores (Martínez, 2009). Animados por sus discursos, los obreros petroleros entran en huelga, seguidos por los choferes y por demás gremios (Osorio Lizarazo, 1982). A su vez, las mujeres se articulan al gaitanismo, que tenía comités barriales y municipales. Los comités femeninos gaitanistas aglutinaban a parte del movimiento sufragista (Luna, 2000). A continuación presentamos la narración prototípica de los discursos analizados, pronunciados por Gaitán en aquella época.

Narración Prototípica:

Gaitán pronuncia un discurso a sus copartidarios o a gente que participaba en un acto político de carácter abierto. Se hace una evaluación de resultados electorales o de algún tema de carácter nacional. Aparece el pueblo como sujeto que sufre un agravio. Como respuesta a la situación planteada, Gaitán presenta dos opciones, una conservadora y otra liberal. En ocasiones alude a la “reconquista del poder” para el liberalismo.

La narración prototípica para este periodo es bastante general en tanto que los discursos analizados guardan ciertas diferencias entre sí ya que no existe la homogeneidad que suele aparecer en los discursos de una campaña presidencial. Dentro de los discursos analizados ubicamos dos grupos. El primero es el que encontramos en Los partidos políticos en Colombia y en Parte de victoria (Gaitán, 1975). Dichos discursos fueron pronunciados tras la posesión de Mariano Ospina Pérez como presidente de Colombia en agosto de 1946 y con motivo de los resultados de las elecciones parlamentarias de marzo de 1947 respectivamente. En estos discursos hallamos a un Gaitán que se hace con las banderas del Partido Liberal y que alienta a sus copartidarios a mantener sus derroteros a través del ejercicio de la oposición. Así, Gaitán se inscribe nuevamente dentro del bipartidismo, pero no deja de enunciar el antagonismo pueblo/oligarquía que desarrolló en la campaña de 1946. Gaitán no alude a un enfrentamiento entre gentes conservadoras y liberales, sino que afirma que los problemas nacionales afectan al pueblo conservador y liberal. Lo existente son dos temperamentos e ideas: liberales y conservadoras, unas relacionadas al pueblo y otras a la casta o al país político. Esta nueva narrativa se va a desarrollar de manera más completa desde la campaña a las elecciones municipales de 1947. El segundo momento lo ubicamos a partir de estas elecciones, celebradas en la segunda mitad del año 1947. Allí, Gaitán se abandera de la lucha por la paz. En La sede de una nueva política, Proclama al liberalismo . Oración por la paz vemos un desarrollo narrativo en el que aparece como desajuste el estado de desorden general en Colombia producto de la violencia y de los asesinatos por motivos políticos acaecidos en provincia. El país político, en su incapacidad de darle a Colombia el rumbo que necesita, aparece como el agente del desajuste. Como hemos dicho, en este caso el sujeto de desajuste es el pueblo. De esta forma, en la fase de contrato encontramos que Gaitán propone al pueblo y al liberalismo como partido del pueblo devolver la República a los cauces de la tranquilidad, para lo que utiliza la adulación.

Gaitán insta al pueblo a prepararse para la reconquista del poder y afirma que solo el liberalismo puede salvar a Colombia dado que es el partido del pueblo y tiene un temperamento revolucionario para cambiar las cosas y avanzar hacia el porvenir. De esta forma las ideas y el temperamento liberal aparecen como los ayudantes en la fase de competencia de la narrativa. El liberalismo le ayudaría al pueblo a tener las herramientas para completar la misión contraída. Por contraparte, el conservatismo aparece como oponente de la misión, en tanto que su temperamento imposibilita la consecución de los objetivos populares. Adicionalmente, el conservatismo representa a la oligarquía y al país político, y es incapaz de traer el orden. Aquí encontramos una definición de la frontera con apellidos. La oligarquía y el pueblo continúan enfrentados, pero existe una resignificación de los partidos políticos al ser asociados con un bando distinto. El liberalismo y el conservatismo se convierten en ayudante y oponente de los actores enfrentados. Gaitán deja de representar un proyecto que escapa del bipartidismo para liderar al Partido Liberal a la reconquista del poder. Pese a ello, el discurso mantiene un carácter netamente popular. Se mantiene el enfrentamiento entre los de arriba y los de abajo, con la diferencia de que los intereses de los de abajo son ahora apoyados por un partido que se autoproclama como el partido del pueblo, y cuyo carácter revolucionario es pertinente para el interés de la nación.

Como hemos dicho, el giro en la narrativa gaitanista responde a la llegada de Gaitán a la presidencia del Partido Liberal. Podemos notar que este cambio en la narración evoca a la teorización de Aboy Carlés (2012; 2005) sobre las identidades con pretensión hegemónica. La construcción identitaria gaitanista no es rígida ni estática. Con el fin de hegemonizar el espacio social, existe un proceso de cambio y una negociación identitaria que permite ganar mayor terreno en este propósito. Así, un cambio en el contexto político genera a su vez un cambio en el terreno discursivo y en la conformación del colectivo de identificación. Esta porosidad identitaria en el gaitanismo le permite encarar el desarrollo de las fuerzas en conflicto e intentar articular más elementos en torno a su proyecto político.

En la Oración por la paz del 7 de febrero de 1948, Gaitán hace una demostración de su poder político al organizar una marcha multitudinaria en la que los manifestantes en completo silencio se congregaron en las calles de Bogotá para que cesara la violencia en Colombia. Allí, Gaitán pide al Presidente acabar con el derramamiento de sangre. A pesar de que en la mayoría de discursos analizados en este periodo aparece muy poco la fase de sanción, en Oración por la paz, Gaitán enfrenta al Gobierno con un sancionador: “Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia” (Gaitán, 1975, p. 11).

Como se puede notar, una oposición clave en el discurso de Gaitán a partir de 1946 es la de orden/desorden. La violencia generalizada se asocia con la idea de desorden cuyo principal responsable es la oligarquía. A su vez, Gaitán afirma que la ideología conservadora no puede traer el orden y la vincula al país político. Por el contrario, el liberalismo es el que puede ayudar al pueblo a reencauzar a Colombia dentro del orden y de la tranquilidad. Este orden está directamente vinculado con la demanda de paz que aparece fuertemente en los discursos de finales de 1947 y principios de 1948. La demanda por el cese de la violencia y por la paz en Colombia se va convirtiendo en significante aglutinador dentro del gaitanismo a partir de 1947. Bajo esta demanda encontramos articulados, como ya hemos esbozado, colectivos relacionados a la industria ferroviaria, petrolera, cervecera, de la construcción, a comerciantes, a transportadores, al movimiento sufragista, entre otros. De esta forma encontramos dos posiciones que representamos en el cuadrado semiótico.


Orden-desorden
Figura 3.
Orden-desorden


Fuente: Elaboración propia.

La oposición orden/desorden le sirve a Gaitán para introducir una nueva oposición referente a los valores del liberalismo y el conservatismo. En los discursos gaitanistas a partir de las elecciones municipales de 1947 encontramos la oposición amor/odio como un eje de posicionamiento central. Gaitán afirma que un grupo minoritario, generador del desorden, se basa en el odio y la venganza. Él, por contraparte, postula al amor como elemento para la transformación en Colombia. La violencia es así vinculada con una política del odio, mientras que el amor es la respuesta del proyecto gaitanista que se abandera de la paz, como se hace evidente en su discurso, La sede de una nueva política:

Ponedle a la política ese mismo sentido. Amad rudamente vuestras ideas, y defendedlas como las habéis defendido, valerosamente. No odiéis a vuestros adversarios y ganad el 5 de octubre una aplastante victoria cívica que sea corona de laureles en homenaje a los caídos héroes de nuestro partido en otras regiones del país (Gaitán, 1968, p. 501).


Amor-odio
Figura 4.
Amor-odio


Fuente: Elaboración propia.

Conclusiones

Lo primero que observamos en la narrativa de Gaitán es una reconfiguración del panorama político colombiano. En 1946 Colombia era un país de dos partidos; si bien habían existido algunas fuerzas políticas más allá del Partido Conservador y del Partido Liberal, estas eran minoritarias. Por ende, el discurso político estaba dominado por el binomio conservatismo/liberalismo. Para la época, la frontera entre conservadores y liberales dividía no solo el campo político, sino el tejido social. Gaitán a través de su discurso rompe con esa dicotomía y posiciona dos actores distintos en juego. Aparece así una disputa no entre conservadores y liberales, sino entre pueblo y oligarquía, bajo las denominaciones que ya hemos explicitado.

Este movimiento dentro del discurso de Gaitán explica la dificultad que en aquel momento (y aún actualmente) se tenía para categorizarlo ideológicamente. Este pequeño detalle nos demuestra lo disruptivo del discurso gaitanista. Dicha dificultad para categorizar ideológicamente a Gaitán puede responder a que los actores que entran en pugna en su discurso no responden a orillas ideológicas distintas que pueden representarse bajo un eje izquierda/derecha, sino que la construcción política de Gaitán se basa en una lógica popular de enfrentamiento entre los de arriba contra los de abajo. Esta difuminación del espacio político resulta clave para ampliar el campo de articulación política del movimiento gaitanista. Bajo la terminología de Verón hablaríamos de una ampliación de los paradestinatarios y una reducción de los contradestinatarios de su discurso.

El significante aglutinador de la lucha gaitanista por la presidencia de Colombia era la reivindicación de la restauración moral y democrática de la República. Esta demanda de restauración implica un enfrentamiento en el que el país nacional debe imponerse al país político. La llamada a la restauración moral, que se repite al finalizar cada discurso, aparece como una invitación a un cambio de régimen. La restauración aquí no es una demanda que busca ser atendida por las autoridades institucionales pertinentes, todo lo contrario. Vinculándolo con Laclau y Mouffe (2015), la restauración moral y democrática es la punta de un iceberg que propende por un cambio sistémico; la lógica articulatoria bajo este punto de vista es de carácter equivalencial. Es decir, la restauración moral es un significante que ha perdido parcialmente su significado para representar adicionalmente un cambio político bajo el que se articulan más disputas y reivindicaciones, como hemos señalado en el análisis.

Es así como Gaitán posiciona su candidatura como la del país nacional y a las demás opciones como las del país político. Restauración moral es una demanda que unifica al movimiento, es la consigna que se opone al sistema en su totalidad, porque para que esta sea realidad hay que derrotar a las élites que nos gobiernan. La élite es conservadora y liberal, sin distinción, ya que ambas se preocupan por el bienestar individual y no por el devenir colectivo de la nación. La oligarquía se convierte así en el obstáculo para conseguir la plenitud comunitaria. De esta manera toma forma la apuesta política gaitanista, dado que surge un nosotros que expulsa de sí a esta pequeña minoría que no le permite conseguir sus objetivos. Aparece el pueblo como nuevo actor que agrupa a una plebs que se presenta como populus. El inclaudicable antagonismo que aparece en el discurso de Gaitán le permite desplegar un relato que busca, a través de una lucha política, volverse hegemónico en aras de representar a un “todo”.

A diferencia de Osorio Lizarazo (1982), no vemos al viraje del discurso de Gaitán luego de las elecciones presidenciales como una traición a la apuesta política gaitanista. Si bien al hacerse líder del liberalismo modifica su narrativa, vemos que dentro de esta modificación los actores antagónicos continúan siendo los mismos. A pesar de que Gaitán no logra escapar completamente de las identidades partidistas tradicionales que cimentaron en gran medida la construcción del Estado-nación en Colombia (Pécaut, 2012), su discurso a partir de 1946 resignifica a dichos partidos. Encontramos así una construcción de los actores políticos con apellidos. Por una parte, el pueblo relacionado a las ideas y el temperamento liberal y, por el otro, la oligarquía relacionada al conservatismo. Adicionalmente, Gaitán logra aglutinar diversas demandas relacionadas al sufragio de la mujer, al sector industrial y al mundo rural, que van a ser representadas por significantes como la restauración moral o la demanda por el cese de la violencia en el país.

El viraje en el discurso de Gaitán nos remite a las identidades con pretensión hegemónica. Vemos en la construcción identitaria del gaitanismo la porosidad de este tipo de identidades. El conflicto que aparece en los discursos analizados es irreductible y a la vez flexible, el pueblo para Gaitán no es estático, sino que su pretensión hegemónica lo obliga a adaptarse a las circunstancias y a variar en pro de devenir en hegemónico. No existe la pretensión de la eliminación del adversario o de las diferencias, propio del totalitarismo. Asimismo, el eje arriba/abajo, aunque nominalmente aparezca de distintas maneras, es permanente en su narrativa. Es por lo anterior, que afirmamos sin titubeos que el discurso de Jorge Eliécer Gaitán entre los años 1944 y 1948 en Colombia es populista. Además, el discurso gaitanista mantiene este carácter populista a pesar del viraje identificado a raíz de los resultados de las elecciones presidenciales de 1946. Es más, el viraje del discurso de Gaitán es consustancial a su forma de construir lo político.

Estos apuntes someros, aspiramos, nos brinden algunas respuestas y abran nuevas preguntas sobre la figura de Gaitán. Más de setenta años después de su asesinato, abordar a Gaitán es politizarlo, es quebrar el mito que lo trae a nuestros días para darle nuevamente vida. Este ejercicio nos acerca a su figura y también a su época. En el momento que transitamos, esto se hace más que pertinente.

Referencias

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Notas

* El presente texto, con algunas mejoras, es resultado del trabajo de investigación realizado para optar al título de Máster en Estudios del Discurso de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona en julio de 2019. Agradezco a los profesores Antonio Gómez Villar y Elisabeth Miche por sus atentas revisiones y comentarios.

1 Entre otros, ver: Alape (2016); Braun (2008); Martínez (2009); Osorio Lizarazo (1982); Robinson (1976); Sánchez (1984); Uribe (2013); Valencia (2012); Vásquez (1992).

2 Aquí recomendamos el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (ChCv) desarrollado en el marco de la mesa de negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP en La Habana, en el que a través de doce ensayos y dos relatorías se condensan las miradas de diversos sectores de la academia sobre el conflicto en Colombia: Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (2015). Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia. Bogotá: Ediciones Desde Abajo.

3 Principalmente en su conceptualización del populismo plasmada minuciosamente en: Laclau, E. (2016). La Razón Populista. Madrid: Fondo de Cultura Económica, y de manera más resumida en: Laclau, E. (2009). Populismo: ¿Qué nos dice el nombre? En F. Panizza (Comp.), El populismo como espejo de la democracia (pp. 51-70). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

4 Por agonismo entendemos una relación propiamente democrática con el adversario en la que se reconoce su legitimidad, se le tolera y no se busca su eliminación. Para profundizar en este concepto ver: Mouffe, C. (2011). En torno a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Notas de autor

** Universitat Pompeu Fabra. Barcelona, España. Correo electrónico: danielgonza1993@gmail.com. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-2630-0760

Información adicional

Para citar este artículo: González Contreras, D. F. (2020). Gaitán en clave política: un análisis discursivo (1944-1948). Desafíos, 32(2), 1-32. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/desafios/a.8352