Conflicto armado, desplazamiento forzado y transformaciones socioespaciales en Barrancabermeja, 1980-2005

Armed Conflict, Forced Displacement and Socio-Spatial Transformations in Barrancabermeja, 1980-2005

Conflito armado, deslocamento forçado e transformações socioespaciais em Barrancabermeja, 1980-2005

Javier Eduardo Serrano Besil
Universidad de Buenos Aires, Argentina

Conflicto armado, desplazamiento forzado y transformaciones socioespaciales en Barrancabermeja, 1980-2005

Territorios, núm. 48, 2023

Universidad del Rosario

Recibido: 28 julio 2022

Aceptado: 07 octubre 2022

Información adicional

Para citar este artículo: Serrano Besil, J. E. (2023). Conflicto armado, desplazamiento forzado y transformaciones socioespaciales en Barrancabermeja, 1980-2005. Territorios, (48), 1-23. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.12309

Resumen: La urbanización de las ciudades colombianas está marcada por la violencia y la pobreza (Ruíz Salguero et al., 2007). El conflicto armado colombiano desplazó millones de personas del campo que buscaron refugio en los centros urbanos. Como resultado de este proceso, crecieron cinturones de miseria que acentuaron la fragmentación socioespacial en diferentes ciudades del país. El objetivo de este trabajo es indagar el proceso de transformación socioespacial de Barrancabermeja en relación con la acelerada llegada de personas desplazadas por la violencia. Buscamos analizar el proceso de fragmentación y segregación socioespacial de los migrantes forzados en una ciudad marcada históricamente por la espacialización de la actividad petrolera. Proponemos un enfoque metodológico basado fundamentalmente en datos cuantitativos, pero recurrimos a fuentes cualitativas para complementar las observaciones y el análisis.

Palabras clave: Crecimiento urbano, desplazamiento forzado, petróleo, fragmentación.

Abstract: The urbanization of Colombian cities is marked by violence and poverty (Ruíz Salguero et al., 2007). The Colombian armed conflict displaced millions of people from the countryside who sought refuge in urban centers. As a result of this process, the cities of the country grew poverty belts that accentuated socio-spatial fragmentation. The objective of this work is to analyze the process of socio-spatial transformation of Barrancabermeja in relation to the accelerated arrival of people displaced by violence. We seek to analyze the process of socio-spatial fragmentation and segregation of forced migrants in a city historically marked by the spatialization of oil industry. We propose a methodological approach based primarily on quantitative data but draw on qualitative sources to complement observations and analysis.

Keywords: Urban growth, forced displacement, oil, fragmentation.

Resumo: A urbanização das cidades colombianas é marcada pela violência e pela pobreza (Ruíz Salguero et al., 2007). O conflito armado colombiano deslocou milhões de pessoas do campo que buscaram refúgio nos centros urbanos. Como resultado desse processo, cresceram cinturões de pobreza que acentuaram a fragmentação socioespacial em diferentes cidades do país. O objetivo deste trabalho é investigar o processo de transformação socioespacial de Barrancabermeja em relação à chegada acelerada de pessoas deslocadas pela violência. Buscamos analisar o processo de fragmentação e segregação socioespacial dos migrantes forçados em uma cidade historicamente marcada pela espacialização da atividade petrolífera. Propomos uma abordagem metodológica baseada principalmente em dados quantitativos, mas recorremos a fontes qualitativas para complementar as observações e análises.

Palavras-chave: Crescimento urbano, deslocamento forçado, petróleo, fragmentação.

Introducción

El proceso de urbanización de los países latinoamericanos no acompañó el proceso de industrialización, sino que a menudo lo superó o precedió (Harris, 1975). La velocidad del crecimiento de la población urbana sobrepasó la capacidad de creación de puestos de trabajo generados por las nuevas industrias. Por tanto, en la región una parte significativa de la población quedó por fuera del circuito productivo capitalista y no tuvo posibilidad de acceder al suelo y la vivienda a través de los precios estructurados por el mercado formal. Estos sectores encuentran en los mercados informales, la toma de tierras y la autoconstrucción una forma de satisfacer sus necesidades habitacionales (Calderón, 1998).

A diferencia de otros países de la región, en Colombia la urbanización no estuvo marcada por la primacía urbana de la ciudad capital. En parte por la accidentada geografía, atravesada por la cordillera de los Andes dividida en tres, se consolidaron ciudades con una marcada influencia regional articuladas a una red de ciudades intermedias. El triángulo virtuoso compuesto por Bogotá, Medellín y Cali, al que se suma Barranquilla en la costa norte del país, configuraron una estructura urbana que ha sido denominada como cuadricefálica (Gouëset, 1998).

Desde los años cincuenta, la violencia aceleró las migraciones del campo a la ciudad. Para los actores armados, “el control del territorio es parte esencial de sus estrategias bélicas y un presupuesto para obtener un respaldo o una base social que legitime sus actuaciones” (Evan, 2022, p. 32). Sumado a esto, el surgimiento del narcotráfico requirió el control de grandes extensiones de tierra para el cultivo de las plantas y la producción de estupefacientes. Como consecuencia, millones de colombianos de las zonas rurales se vieron obligados a dejar sus territorios buscando refugio en los centros urbanos cercanos

En las migraciones forzadas, la imprevisión, la urgencia y la ausencia de recursos son factores que limitan las distancias que las personas pueden recorrer (Ruíz Salguero et al., 2007). Por esto, las cabeceras municipales y las ciudades intermedias con influencia regional fueron las receptoras, al menos en primera instancia, de la población desplazada. Ante la masividad del fenómeno y las necesidades propias de una población empobrecida por la violencia, los gobiernos locales no tuvieron respuestas oportunas. Tras su llegada, los desplazados se establecieron en las periferias, mayoritariamente, a través de los asentamientos informales y la autoconstrucción. Además, se insertaron laboralmente de forma precaria en los mercados de trabajo a través de empleos informales, inestables y de baja calificación. Como resultado de este proceso, en Colombia, la segregación y la fragmentación socioespacial están acentuadas por “el crecimiento de los cinturones de miseria y la ubicación de las corrientes migratorias en los espacios urbanos marginales” (Ruiz, 2011, p. 160).

En este trabajo centramos nuestra atención en el proceso de urbanización y crecimiento urbano de Barrancabermeja en relación con la llegada acelerada de desplazados por la violencia desde finales de los años ochenta hasta inicios del siglo xxi. Buscamos analizar el proceso de segregación socioespacial de los migrantes forzados en una ciudad fragmentada históricamente por la espacialización de la actividad petrolera. La ciudad es el principal centro urbano del Magdalena Medio (figura 1), un territorio predominantemente rural con una economía marcada por la industria petrolera, la agricultura, la ganadería y la pesca en menor medida. Es importante destacar que, por su localización, los municipios que conforman el Magdalena Medio están relativamente aislados de las capitales departamentales y de sus circuitos económicos (Cadavid Bringe, 1996). Esta marginalidad “ofreció ventajas de localización para el surgimiento de los grupos armados, el cultivo de coca y la minería artesanal, lo que ha determinado espacios de barbarie debido a los enfrentamientos armados, las explotaciones clandestinas de recursos naturales y el desplazamiento de colonos” (Burbano & Montenegro, 2017, p. 24). La región se transformó en uno de los territorios más violentos del país, y, en consecuencia, la llegada de desplazados a Barrancabermeja se aceleró desde los años ochenta, alcanzando su pico en el quinquenio 2000-2005.

Mapa Magdalena Medio
Figura 1.
Mapa Magdalena Medio


Fuente: elaboración propia.

En cuando a la metodología implementada para este estudio, nos centramos en el análisis, mayoritariamente, de fuentes cuantitativas. Los relevamientos censales, acompañados de datos provenientes de entidades públicas sobre el desplazamiento forzado son las principales fuentes de este trabajo. Al mismo tiempo, los sig (Sistema de Información Geográfico) e imágenes satelitales son utilizados para plasmar de forma gráfica el crecimiento de la ciudad en su periferia y la conformación de un fragmento territorial que acentuó la segregación y la desigualdad en el municipio. Por último, algunas fuentes periodísticas son utilizadas de forma complementaria para reponer el contexto en el cual se dieron los desplazamientos y el impacto de la violencia en la región.

Aproximación teórica

El espacio debe ser concebido como un producto social (Lefebvre, 2013) y, como tal, es histórico y dinámico. Con esta idea, el concepto se aleja de ser pensado como un simple contenedor para ser al mismo tiempo contenido. Podemos definir al espacio como un conjunto indisociable de objetos geográficos, naturales y sociales, por un lado, y por otro, como la sociedad en movimiento (Santos, 1996). La sociedad intenta moldear el espacio de acuerdo con las posibilidades y capacidades en un momento histórico determinado, pero este no es una tabula rasa, sino que también participa y condiciona las transformaciones. Las reconfiguraciones socioespaciales, entonces, deben ser comprendidas teniendo en cuenta esta doble condición de ser al mismo tiempo productor y producto, condicionado y condicionante.

Por otro lado, la movilidad es una característica de las personas y las sociedades. Entendida como desplazamiento, forma parte de la vida “desde las prácticas más cotidianas que definen los itinerarios entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo hasta aquellas vinculadas con las experiencias de migración o relocalización forzada” (Di Virgilio, 2007, p. 20). En este trabajo nos centramos en las migraciones, entendidas, en principio, como una respuesta individual o colectiva a oportunidades y mercados de trabajo y capitales distribuidos desigualmente. El fenómeno migratorio es intrincado y está atravesado por una variedad de factores políticos, económicos y sociales. En ese sentido, reconocer únicamente las necesidades de mano de obra o la fuerza de atracción de los lugares receptores, ignorando la fuerza del vector de expulsión de los lugares de origen, explica solamente una parte de la ecuación (Arango, 2003). Al mismo tiempo, este binomio atracción-expulsión es insuficiente y debe ser complementado, al menos, con los vectores rechazar-retener. Vistos como una decisión individual o colectiva, los desplazamientos y migraciones no solo transforman las posibilidades de las personas que se mueven, en tanto lograr acceder a otros espacios significa acceder a otras oportunidades. Al mismo tiempo, estos movimientos transforman el espacio que dejan y el que los recibe.

En Colombia las migraciones internas están estrechamente relacionadas con el desplazamiento forzado. Estos movimientos fueron mayoritariamente del campo a la ciudad, como consecuencia de la concentración del conflicto en las áreas rurales del país. Como todos los movimientos migratorios, son complejos y diversos. Sin embargo, estos son desplegados en condiciones dramáticas e imprevistas (Ruiz, 2011). Una diferencia fundamental entre las migraciones y las migraciones forzadas se encuentra en la planificación; si en el primer caso es proyectado, en el segundo “no existe tiempo para esa planificación y la salida es más que nada una huida” (Egea & Soledad, 2008, p. 208). En esa fuga provocada por el conflicto, los migrantes pierden sus bienes y también los vínculos afectivos (Ramos et al., 2014), por lo tanto, se trata de una población empobrecida que ha perdido por completo su capital y sus redes familiares y que llegan a los centros urbanos en calidad de desterrados. En Colombia las migraciones internas están estrechamente relacionadas con el desplazamiento forzado. Estos movimientos fueron mayoritariamente del campo a la ciudad, como consecuencia de la concentración del conflicto en las áreas rurales del país. Como todos los movimientos migratorios, son complejos y diversos. Sin embargo, estos son desplegados en condiciones dramáticas e imprevistas (Ruiz, 2011). Una diferencia fundamental entre las migraciones y las migraciones forzadas se encuentra en la planificación; si en el primer caso es proyectado, en el segundo “no existe tiempo para esa planificación y la salida es más que nada una huida” (Egea & Soledad, 2008, p. 208). En esa fuga provocada por el conflicto, los migrantes pierden sus bienes y también los vínculos afectivos (Ramos et al., 2014), por lo tanto, se trata de una población empobrecida que ha perdido por completo su capital y sus redes familiares y que llegan a los centros urbanos en calidad de desterrados.

Los migrantes forzados ejercen presión sobre el mercado de vivienda que no genera opciones para la población no solvente. Esto, sumado a Estados ausentes o incapaces de atender sus requerimientos, lleva a que la lógica de la necesidad se imponga o articule a la lógica de mercado a través de varias estrategias (Abramo, 2009). El acceso de los pobres a la vivienda a través de mecanismos informales no es específicamente colombiano. En todos los países del tercer mundo, los mercados informales son la forma principal de acceso al suelo y la vivienda de los pobres. La especificidad de la industrialización latinoamericana produce una urbanización con características particulares, una urbanización con “marginalidad” (Abramo, 2009). Las ciudades de la región se caracterizan por tener elevados niveles de segregación y desigualdad con un parque de vivienda deficitario y una importante cantidad de asentamientos irregulares habitados por pobres (Calderón, 1998).

El proceso de producción de las “ciudades populares” tiene un ciclo habitual de ocupación, autoconstrucción y autourbanización. En este, la lógica de la necesidad a veces se sobrepone a la lógica del mercado, y en otras ocasiones se articula y se manifiesta como el mercado informal del suelo (Abramo, 2009). Denominamos informal a todo lo que se comercialice por fuera de los marcos normativos del Estado. En estos mercados se generan otras reglas surgidas de la costumbre, que reemplazan la seguridad del marco regulatorio (Roa, 2014). En Colombia este fenómeno se vio acentuado por la magnitud del conflicto armado con una marcada disputa por el control territorial. Como consecuencia de ello y debido particularmente a la condición imprevista y precaria de la migración consecuente, esta población empobrecida por la guerra, y por tanto no solvente, tiene como única alternativa de acceso al suelo y la vivienda el establecimiento en zonas marginadas y periféricas.

La localización de masas de personas desplazadas en la periferia configura sectores altamente segregados al interior de las ciudades colombianas. Entendemos segregación como el “grado de proximidad espacial o de aglomeración territorial de las familias pertenecientes a un mismo grupo social, ya sea en término étnicos, etarios, de preferencias religiosas o socioeconómicas, entre otras posibilidades” (Sabatini et al., 2001, p. 27). A diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, en donde la segregación tenía un fuerte componente racial, en América Latina los criterios socio-económicos, particularmente el precio del suelo, son determinantes para esta desigualdad.

Como resultado de este fenómeno sostenido por décadas “gran parte del tejido residencial urbano desarrollado en las ciudades colombianas lo constituyen asentamientos auto producidos de origen informal construidos mediante el desarrollo progresivo, con enormes problemas de calidad, habitabilidad y sostenibilidad” (Torres, 2009, p. 86). Aunque, en principio, la segregación de estos espacios parece garantizar “la adaptación inicial del desplazado, gracias a que le proporciona estabilidad y medios de subsistencia inmediatos” (Ramos et al., 2014, p. 56), a largo plazo es un factor limitante para el acceso a contactos, espacios y oportunidades.

Así, como producto de la relación dialéctica entre espacio y sociedad, la desigual distribución de la riqueza en el sistema capitalista tiene correlación en la aparición de espacios desiguales y, al mismo tiempo, estos espacios desiguales reproducen y enfatizan las desigualdades sociales. En este sentido, es importante concebir la desigualdad socioterritorial de forma amplia, teniendo en cuenta que esta ya no puede considerarse solo en relación con la localización de los actores en un enclave fijo. Es necesario abordarla como gradientes móviles y relacionales de la ciudad (Di Virgilio & Perelman, 2014, p. 10). De este modo, nos interesa retomar la enumeración de algunos factores que explican cómo la estructura urbana influye en la distribución de oportunidades:

(i) las características del segmento del mercado de tierras y el tipo de hábitat en el que los actores desarrollan su vida cotidiana. (ii) las condiciones de su localización asociadas a formas diferenciales de acceso al suelo, a los servicios, a los equipamientos urbanos, a los lugares de trabajo, etc. De este modo, las oportunidades asociadas a la localización introducen importantes diferencias sociales entre lugares de residencia y, también, entre sus habitantes. (iii) los flujos, las circulaciones e interacciones que propone a través de las características, calidad y condiciones de acceso de los espacios públicos, del equipamiento social, de los servicios sociales básicos (salud y educación) y del sistema de transporte urbano. (Di Virgilio & Perelman, 2014, p. 10)

Sin duda, por estos motivos, “la ciudad capitalista es una máquina generadora de desigualdades por su propia naturaleza” (Segura, 2014, p. 16).

La configuración histórica del puerto petrolero

La configuración territorial de Barrancabermeja da cuenta de los contrastes históricos de su formación (Burbano & Montenegro, 2017). A inicios del siglo xx, se concesionó la explotación del petróleo de los campos de la Cira-Infantas a una empresa norteamericana. La ciudad se convirtió en el epicentro de la actividad extractiva que se afirmó como el pilar de la economía colombiana (Palacios, 1991). Sin embargo, cuando inició la explotación, Barrancabermeja era apenas un pequeño villorrio a orillas del río Magdalena, con funciones de puerto comercial de tránsito y contaba con escasos 100 habitantes (Aprile-Gniset, 1991). La ausencia de las infraestructuras necesarias para la producción —vías de comunicación, por ejemplo— y de otros equipamientos urbanos como viviendas para consolidar una población y mano de obra estables, forzaron a la Tropical Oil Company a ejecutar obras que, habitualmente, por la baja tasa de ganancia son producidas por capital público estructuralmente desvalorizado (Topalov, 1979).

La Tropical Oil Company organizó, al interior de los terrenos que le otorgaron en concesión, un pueblo autónomo que contrastaba en su forma y servicios con la ciudad colombiana. En dos décadas “se transforma el villorrio en el poblado más moderno del país (…) todo pagado directamente por la Tropical Oil Company, o en forma indirecta con sus regalías” (Aprile-Gniset, 1991, p. 141). Sin embargo, los espacios se diferenciaban entre la Barrancabermeja gringa y la Barrancabermeja colombiana, como las definiría el novelista Gonzalo Buenahora.1 El pueblo de la compañía se configuró como un fragmento territorial aislado con un marcado control empresarial, en el que la presencia de profesionales extranjeros y el uso del inglés “reforzaban la imagen de un enclave norteamericano” (Vergara, 2013, p. 124). Internamente el espacio estaba organizado, reproduciendo la jerarquía laboral, con espacios sociales y de vivienda diferenciados para el staff norteamericano, los profesionales y los obreros colombianos.

Así se configuró una primera fragmentación socioespacial en la génesis misma del poblado, en cuya base estaba la inserción laboral. Los dos fragmentos estaban separados por una malla y controles de seguridad. Los trabajadores del petróleo tenían mejores salarios, habitaban mejores viviendas y recibían mejores servicios, en comparación con el grueso de la población barranqueña que vivía afuera de la malla. Tras la estatización de la industria petrolera y la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, en 1952, esta forma de paternalismo industrial continuó, aunque sin la carga extranjera. Bajo la administración estatal se edificaron nuevos espacios cerrados de vivienda, destinados para personal administrativo, que contrastaban en su forma y servicios con el resto de la ciudad.

Afuera de los límites de la empresa petrolera, la ciudad creció rápidamente adquiriendo funciones comerciales y de servicios complementarias al campamento. El vector del crecimiento urbano tuvo dirección hacia el oriente, es decir, hacia las vías del ferrocarril que comunicaba la refinería instalada en el ejido de la ciudad con los campos de extracción, 20 kilómetros al sur oriente. Durante los años veinte y treinta se urbanizaron los barrios Colombia y Buenos Aires, mediante el loteo de baldíos que habían obtenido dos sociedades anónimas. En ambos casos, el gobierno municipal aprobó los proyectos solicitando a cambio algunas manzanas para espacios públicos (Serrano Besil, 2012).

Hacia la segunda mitad del siglo xx la población de la ciudad había crecido aceleradamente. Según los relevamientos censales, en 1951 residían en el puerto petrolero 35.493 personas, y en 1973 esta cifra se había incrementado hasta los 98.218 habitantes. Ya en 1985 la población de Barrancabermeja había alcanzado las 150.000 personas. Durante los años sesenta y setenta, las corrientes migratorias estuvieron motivadas principalmente por la atracción que generaban las ofertas labores por la ejecución de reformas y la ampliación de la refinería que se había construido en 1922. La llegada de personas atraídas por el “oro negro” superó a la demanda efectiva de mano de obra, generando que un porcentaje de los migrantes que llegaron pasaran a engrosar la fila de desocupados o a insertarse precariamente al mercado de trabajo, y ser la reserva de mano de obra necesaria. De ahí la denominación de mallero, para estos trabajadores que se ponían afuera de la malla aguardando un llamado para trabajar en el petróleo (Dureau & Flórez, 2000).

Durante este período, Ecopetrol avanzó con planes de vivienda para sus trabajadores en el ejido municipal; sin embargo, la población no solvente presionaba sobre el mercado de tierras y de viviendas cuya oferta resultaba insuficiente, situación que se veía agravada ante la ausencia de respuesta por parte del Estado. En este contexto, la población en aumento, principalmente aquella con una trayectoria migratoria reciente, encontró en la toma de tierras la única alternativa para resolver sus necesidades habitacionales. El surgimiento de barrios de invasión fue rápido. Promediando la década del setenta, “Barrancabermeja ocupaba el cuarto lugar entre las ciudades del país que presentaban mayor cantidad de asentamientos marginales, según datos aportados por Flórez y Castañeda (1997)” (García, 2006, p. 257).

Dentro de los procesos de toma de tierras de la ciudad, quizás el más representativo sea el caso del barrio Primero de Mayo, formado a partir de un movimiento de reivindicación de tierras del que participaron la iglesia y partidos políticos de izquierda. A través de la acción popular lograron la legalización de los predios, resolviendo el acceso a la vivienda para una parte de la población que había llegado atraída por el “oro negro”. El barrio está localizado hacia el oriente, pasando las vías del ferrocarril y tiene como única vía de conexión con el resto de la ciudad el “puente elevado”. Por tanto, la separación de este barrio de origen informal con el resto de la ciudad fue clara. Durante estos años nació la “Barranca del puente para allá”, que se sumaba a la barranca gringa y a la colombiana (figura 2). Tres fragmentos socioespaciales cuya producción responde a dinámicas históricas particulares y contradictorias de urbanización: la ciudad petrolera, por un lado, la comercial complementaria a la actividad principal por el otro, y la de los “desterrados”, por último.

Tras la finalización de las obras de modernización de la refinería durante los años setenta, un continuo agotamiento de las reservas de petróleo de la zona y el recrudecimiento de la violencia en el Magdalena Medio, que generó un éxodo de las zonas rurales aledañas, la pobreza en la ciudad creció de forma galopante. Hacia 1985 el 40 % de la población tenía necesidades básicas insatisfechas. Estos indicadores acentuaron las presiones sobre un mercado de vivienda insuficiente y deficitario, en el que prevaleció la lógica de la necesidad.

La “toma de Barrancabermeja” y el desplazamiento forzado

Los procesos migratorios con destino al puerto petrolero “durante los años 70 fueron alimentados por la expectativa del “oro negro”, los de los años 90, en cambio, “eran fundamentalmente migraciones huyéndole a la confrontación armada en los campos” (Entrevista citada en García, 2006, p. 256). Los datos del Registro Único de Victimas (s.f.) (ruv) dan cuenta de que, entre 1985 y 2016, se produjeron alrededor de 58 mil desplazamientos forzados por la violencia hacia Barrancabermeja. En tanto, los movimientos en la dirección contraria, es decir, de la ciudad hacia afuera, fueron 37 mil (ruv). 2 Es evidente que la proporción del fenómeno se corresponde con un impacto importante en las variables demográficas y urbanas.

El puente elevado y las vías del ferrocarril
Figura 2.
El puente elevado y las vías del ferrocarril


Fuente: adler, (2015).

A mediados de los años noventa, gran parte de la población de la ciudad vivía en barrios de invasión ubicados en el nororiente. Estos espacios crecieron por el avance de las tomas de tierras impulsados por movimientos populares, con apoyos eclesiásticos y de partidos políticos diversos. Incluso “los distintos espacios de la administración pública los han impulsado y rápidamente regularizado, proporcionándoles servicios básicos. Este hecho propicia expectativas de otros sectores de la población que buscan entrar a solucionar su problemática de vivienda con nuevas recuperaciones” (Peña, 1996, p. 33).

Además de ser un centro urbano receptor de una gran cantidad de población, Barrancabermeja también se transformó, en este periodo, en un territorio violento: una “ciudad entre fuegos”, tituló el diario nacional El Tiempo en el año 2000. Durante finales del siglo xx y el primer quinquenio del siglo xxi, se registraron tasas de homicidio tres veces más elevadas que el promedio nacional (Gill, 2009). La zona era un territorio clave por las cuantiosas rentas que genera el petróleo, la refinería que abastece energéticamente al país y la conexión con el río Magdalena y con los campos de cultivo de coca en las zonas rurales. La magnitud de la violencia para apoderarse del puerto petrolero se comprende por su valor estratégico, porque mediante su control se podría paralizar a Colombia y, al mismo tiempo, controlar el narcotráfico y la venta ilegal de combustibles.3

Durante los años ochenta, Barrancabermeja fue un bastión de la guerrilla. Una quinta parte del casco urbano era controlada por este grupo armado:

A la comuna nororiental solo pueden entrar los habitantes de 28 barrios que la componen. Los visitantes deben adquirir un salvoconducto como le tocó hacer a un periodista de El Tiempo. Para patrullar parte de la ciudad, la Policía debio adquirir una tanqueta. Los policías de a pie eran recibidos a bala por francotiradores apostados en las casas. (El Tiempo, 16 de febrero de 1992)

La población desplazada llegaba mayoritariamente a los barrios nororientales, quedando en medio o siendo partícipes directos del conflicto entre las guerrillas urbanas y los paramilitares por el control territorial. Hacia finales del siglo xx, la situación alcanzó su máxima magnitud. En 1998 un grupo de más de seis mil personas, provenientes del sur de Bolívar y del nordeste de Antioquia, arribó a la ciudad desplazado por la violencia. Su llegada fue rechazada por los paramilitares, quienes no tardaron en amenazarlos para que se retiraran.4

Después de una guerra intensa, a finales de los años noventa, la zona pasó a ser controlada por grupos paramilitares. Su estrategia para tomar la ciudad se basó en asesinatos selectivos a miembros de la guerrilla y masacres en los barrios nororientales. Hacia el año 2000 la ciudad estaba tomada por estos grupos, que controlaban de forma directa la mayor parte de esta, exceptuando la comuna central sobre la cual, de igual manera, ejercían cierta influencia.

Podemos aproximarnos a la estructura poblacional a través de los relevamientos censales. Los datos de 2005 dan cuenta de que el 20 % de los habitantes de la ciudad, alrededor de 44 mil, habían nacido en otros departamentos del país. Mayoritariamente estos provenían de Bolívar (22,19 %), Antioquia (18,70 %) y Cesar (10,95 %), territorios limítrofes y pertenecientes a la región del Magdalena Medio. Según el mismo relevamiento censal, 8.215 personas declararon ser migrantes interdepartamentales que arribaron a la ciudad entre los años 2000 y 2005. Como se puede observar en el mapa que se presenta a continuación, la mayor parte de las corrientes migratorias que tuvieron como destino Barrancabermeja son de corta distancia y corresponden con las zonas rurales del Magdalena Medio más afectadas por el conflicto armado.

Departamento de origen de los migrantes entre 2000 y 2005
Figura 3.
Departamento de origen de los migrantes entre 2000 y 2005


Fuente: elaboración propia con base endane, 2005.

Las 8 mil personas relevadas por el censo con cambio de residencia en los últimos cinco años coinciden con la cifra de personas desplazadas por la violencia entre 2000 y 2005, que presenta el Registro Único de Víctimas. Esto nos permite argumentar —sumado a su procedencia— que un porcentaje significativo de la población que migró a la ciudad entre el 2000 y el 2005 lo hizo huyendo de la guerra para salvaguardar su vida. Sin embargo, los movimientos demográficos producidos por el conflicto fueron mayores. La alta movilidad de la población de la ciudad generó demandas particulares que presionaron sobre los mercados de trabajo y vivienda.

El conflicto armado afecta de forma diferenciada a las personas según su edad y sexo: “mientras los hombres son los más afectados por las muertes directas, las mujeres son forzadas a migrar” (Salaya & Rodríguez, 2014, p. 162). La pirámide de población (figura 4) de Barrancabermeja en 2005, que se observa a continuación, tiene una base ancha que se hace angosta en los hombres en edades entre los 20 y los 40 años frente a las mujeres en esa misma etapa de vida. Estos datos nos permiten una primera aproximación a las consecuencias demográficas de la guerra en Barrancabermeja, teniendo en cuenta que en la ciudad hubo al menos 39 masacres desde 1980 (Observatorio de Derechos Humanos y la Paz, 2014), además de tener tasas de homicidios tres veces más altas que el promedio nacional (Gill, 2009). Estos datos podrían vislumbrar la estrecha relación entre las características de la estructura poblacional y la existencia de un intenso conflicto armado en el territorio.

Pirámide poblacional de Barrancabermeja, 2005
Figura 4.
Pirámide poblacional de Barrancabermeja, 2005


Fuente: elaboración propia con base en dane, 2005.

Procesos de fragmentación y segregación urbana en Barrancabermeja

La guerra, sin duda, tuvo repercusiones notorias en la estructura demográfica, no solo en cuanto explica gran parte de los desplazamientos desde otras zonas hacia Barrancabermeja, sino también por el importante impacto que tenía en la propia ciudad. Como vimos antes, la violencia arreció a finales de los años 90 e inicios del siglo xxi por la disputa que se daba entre la guerrilla y los paramilitares por el control de la ciudad. Las elevadas tasas de homicidio durante este periodo dan cuenta de esta situación: la ciudad triplicaba el promedio nacional de muertes violentas. Solamente en el 2000 se registraron más de 400 asesinatos con armas de fuego y ocurrieron dos masacres.

La dimensión espacial de estos cambios poblacionales es, por otra parte, significativa. Como vimos antes, en Colombia “la diáspora del desplazamiento ha generado el caldo de cultivo para el crecimiento de la ciudad informal en las periferias metropolitanas” (Burbano & Montenegro, 2017, p. 22). En el puerto petrolero, durante los años setenta y ochenta, las invasiones en la ciudad ya se concentraban en el oriente pasando las vías del ferrocarril que se consolidaron progresivamente como una barrera divisora entre la Barrancabermeja “formal” y la “informal”. Se configuró, de este modo, una fragmentación territorial, que no solo significa una distribución desigual de los grupos en el espacio sino el establecimiento de cercos y obstáculos físicos (Segura, 2014).

Más tarde, como consecuencia del recrudecimiento del conflicto y el crecimiento del fenómeno del desplazamiento forzado, la periferia de la ciudad creció a una velocidad excepcional. La producción del hábitat popular continuó localizándose en las comunas nororientales que se debatieron entre ser consideradas por los habitantes de la ciudad como “tierra de nadie” y, al mismo tiempo, estar bajo el estricto y violento control de los grupos armados que imponían normas de conducta a través de la intimidación y la violencia.5 La fragmentación, configurada en un periodo anterior, que contemplaba la separación entre dos secciones por las vías del ferrocarril, se vio acentuada de este modo, no solo por el crecimiento del sector nororiental, sino por la consolidación de este límite entre ambas. La única conexión vial, el denominado “puente elevado”, se constituyó en una frontera física a la que se sumaba, además, la presencia de controles de acceso realizados por grupos al margen de la ley.

Durante este periodo, el crecimiento de la ciudad se daba, principalmente, por medio de sucesivos procesos de invasión y regularización sobre esta zona, es decir, hacia el nororiente, más allá de la barrera que imponían las vías del ferrocarril. En parte, estos se dieron apoyados por políticos que buscaban aumentar su base de votantes. Para García (2006) “la explosión de invasiones es atribuible a la explosión política de una ciudad sin conducción” (p. 261). A pesar de los beneficios de la regularización, el desafío fue la extensión de las redes de servicios públicos para una ciudad que creció aceleradamente. El crecimiento urbano de Barrancabermeja tuvo, en consecuencia, características particulares que la diferencian de otras ciudades, ya que no estuvo tan ligada a operaciones de agentes inmobiliarios, como sí a acciones con fuerte contenido político, promovidas por los mismos funcionarios de la administración local o los grupos guerrilleros (Molina, 2008).

En las fotografías satelitales de 1985 (figura 5) y 2002 (figura 6) se observa el crecimiento de la ciudad, especialmente en la zona oriental (teniendo como excepción el barrio el Arenal, también de origen informal en la primera comuna de la ciudad). Como resultado del proceso de producción del hábitat popular, según los relevamientos hechos por el municipio, en 2001 el 58 % de las viviendas de la ciudad estaban localizadas en zonas subnormales (Barrancabermeja, 2001). Esa denominación hace referencia a viviendas en las cabeceras municipales sin conexión apropiada a los servicios públicos.

A través de la comparación entre las fotografías satelitales se puede apreciar la densificación de los loteos trazados hacia el oriente del ejido urbano. La interpretación de los datos sobre la construcción relevados por el municipio durante este periodo nos permite completar este análisis. De esta lectura se desprende que la velocidad del crecimiento de la ciudad informal contrastaba marcadamente con la estabilidad que se observa en los metros cuadrados construidos en la ciudad formal. En ese caso, la construcción registrada durante esos años fue baja y solo aumentó después de 2010 en base a las expectativas por el Plan de Modernización de la Refinería (pmrb) que finalmente no se concretó, pero que alimentó la especulación con el precio del suelo y multiplicó por cinco los metros cuadrados construidos entre 2010 y 2016.6 Durante los años noventa y hasta la programación del pmrb en 2010, los precios del mercado inmobiliario formal no constituían un incentivo para las inversiones en el sector. A pesar de los intensos movimientos de población, la nueva demanda de vivienda provino de sectores no solventes que accedieron a la vivienda a través de la toma de tierras y la autoconstrucción, fundamentalmente. Ello explica, entonces, la diferencia registrada entre los niveles de construcción de una y otra zona.

Por último, cabe destacar que la existencia de estos fragmentos urbanos se corresponde no solo con condiciones de vida diferenciadas, sino que materializan a su vez la desigualdad social existente en la población de Barrancabermeja. Como hemos venido constatando anteriormente, esto implica pensar, por un lado, que en la separación entre este sector de rápido crecimiento y la ciudad formal existe una clara diferencia en cuanto a la provisión de infraestructura, pero también en cuanto a la seguridad, teniendo en cuenta el contexto de violencia en el que se vivía. Por otro lado, una aproximación a partir de los datos censales nos permite caracterizar a la población que residía en este periodo en las diferentes zonas de la ciudad, lo cual termina por corroborar la existencia de una marcada segregación.

Vista satelital de Barrancabermeja en 1985 y 2002
Figuras 5 y 6.
Vista satelital de Barrancabermeja en 1985 y 2002


Fuente: Google Earth

El mapa anterior (véase figura 7) da cuenta de la fragmentación y segregación socioresidencial de la población de la ciudad. Tomamos como proxy de clase el nivel educativo, y filtramos a la población por aquellos jefes de hogar que cursaron estudios superiores o más. El resultado obtenido vuelve a evidenciar la frontera marcada por las vías del ferrocarril como límite que separa realidades contrastantes para los habitantes de la ciudad. Los barrios al interior de la refinería designados a empleados administrativos presentan altos niveles de escolarización, al igual que el centro de la ciudad, exceptuando el barrio Arenal también de origen informal, que comparte niveles de educación similares a las comunas 5, 6, 7 en el oriente de la ciudad.

Distribución del porcentaje de jefes de hogar con educación superior en 2005
Figura 7.
Distribución del porcentaje de jefes de hogar con educación superior en 2005


Fuente: elaboración propia con base en dane,2005. Procesado con Redatam y qgis.

Esta situación reproduce y profundiza la “desigualdad social al incrementar el aislamiento y restringir las redes de los pobres urbanos y reducir la geografía de oportunidades de los espacios residenciales de bajos recursos” (Segura, 2014, p. 17). Las tomas de tierra parecen tener menos objeciones cuando se producen en este sector e incluso, en algunos casos, fueron promovidas desde el gobierno local. Esto acentuó la localización de la población desplazada por la violencia y los pobres en un sector particular. Al mismo tiempo, esta marcada segregación y fragmentación se retroalimenta de procesos de informalidad laboral al interior de este sector, reproduciendo las desigualdades socioespaciales de Barrancabermeja.

Conclusiones

El proceso de urbanización de las ciudades colombianas está marcado por la violencia y la pobreza. El recrudecimiento del conflicto armado produjo un éxodo del campo a la ciudad. A diferencia de otros procesos migratorios rural-urbano, el caso colombiano está agravado por la imprevisión del movimiento y el empobrecimiento de la población que se desplaza. No se trata de una migración sino de una huida que produjo la pérdida de recursos y redes. Por la estructura urbana colombiana regional y los limitantes del desplazamiento, los migrantes forzados se refugiaron, al menos en un primer momento, en los centros urbanos más cercanos. Su localización en la periferia y espacios marginales de las ciudades consolidó cinturones de miseria que reforzaron la segregación socioespacial de la población y, en muchos casos, fragmentaron los territorios de diferentes ciudades del país.

La estructura urbana de Barrancabermeja da cuenta de los contrastes de su formación. En la génesis misma del poblado se observó una fragmentación socioespacial inicial cuyo fundamento estaba determinado por la inserción laboral. Un territorio dividido con barreras físicas que daba cuenta, por un lado, de la formación urbana petrolera, y por otro, de una ciudad que adquirió funciones comerciales complementarias. Durante la segunda mitad del siglo xx, el acelerado crecimiento poblacional excedió las necesidades de mano de obra y, frente a la escasa intervención estatal en la producción de vivienda, aparecieron las primeras tomas de tierras. El barrio Primero de Mayo nació impulsado por sectores políticos de izquierda y la iglesia que reivindicaban la recuperación de tierras para que la población tuviera acceso a la vivienda.

El puerto petrolero es el principal centro urbano del Magdalena Medio, región que se convirtió en un territorio central en el conflicto armado colombiano. Como consecuencia de ello, miles de personas buscaron refugio en la ciudad. Al mismo tiempo, la ciudad también se convirtió en un territorio violento. Durante los años ochenta cayó bajo el dominio guerrillero y, tras una sangrienta guerra, para inicios del siglo xxi, estaba bajo control paramilitar. La estructura poblacional se vio afectada por décadas de conflicto impactando en la composición por sexo y edad.

Al mismo tiempo, al cambiar los principales motivos de los migrantes para desplazarse —ya no llegaban atraídos por el “oro negro” sino buscando refugio—, la periferia oriental, delimitada por las vías del ferrocarril, avanzó al ritmo de la toma de tierras, que fueron consolidando un tercer fragmento urbano en Barrancabermeja, asociado a la violencia, la pobreza y la informalidad. La lógica de la necesidad se sobrepuso por momentos, mientras que en otros momentos, se articuló a la lógica del mercado. Las ocupaciones de tierras y la autoproducción de vivienda fueron la forma más generalizada del crecimiento del hábitat popular, definiendo las particularidades de la urbanización de esta ciudad.

A pesar de los procesos de regularización de los barrios informales, la separación simbólica entre las dos Barrancas dificultó el proceso de integración. Los barrios y los habitantes de las comunas nororientales, o “del puente para allá”, estuvieron asociados en el imaginario local a la violencia, al establecerse, en general, en esas comunas el foco de los combates entre los grupos guerrilleros y paramilitares. La desconexión física trae aparejada, a su vez, que al interior de estos barrios informales se generaran formas de subsistencia que retroalimentaban la informalidad y la marginalidad. Como pudimos evidenciar a través de la elaboración de un mapa con la distribución del nivel educativo de los jefes de hogar, la línea del ferrocarril funciona como barrera entre sectores socioeconómicamente diferenciados, a la vez que contribuye a reproducir esta situación. Es decir, esta estructura urbana fragmentada reproduce las desigualdades porque limita el acceso de los habitantes de estos sectores a espacios y oportunidades.

Referencias

Abramo, P. (2009). La producción de las ciudades Latinoamericanas: mercado inmobiliario y estructura urbana. Quito: olacchi.

adler. (2015). Los lugares más emblemáticos de Barrancabermeja y sus particulares nombres. Cultura en Barrancabermeja. bcabja. http://bcabja.co/2015/07/lugares-emblematicos-barrancabermeja/

Agier, M., & Hoffman, O. (1999). Pérdida de lugar, despojo y urbanización. Un estudio sobre los desplazados en Colombia. En: Cubides, F. y Domínguez, C. Desplazados, migraciones internas y reestructuraciones territoriales. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.

Aprile-Gniset, J. (1991). Génesis de Barrancabermeja. Cali, Universidad del Valle.

Arango, J. (2003). Explicación teórica de las migraciones: Luz y sombra. Migración y desarrollo, n.° 1.

Barrancabermeja. (2001). Barrancabermeja en cifras, 2001. Barrancabermeja: Alcaldía de Barrancabermeja

Burbano, D., & Montenegro, G. (2017). Ordenamiento local del territorio en el Magdalena Medio. Barrancabermeja y Vallecito. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

Cadavid Bringe, A. (1996). El Magdalena Medio: una región que se construye por el río. Bogotá.

Calderón, J. (1998). Los mercados ilegales e informales de tierra urbana en América Latina. Estado de la cuestión. Debates en Sociología, n.° 23-24.

dane. (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) (2005). Censo general 2005, procesado con Redatam [Online]. Disponible en: http://systema59.dane.gov.co/bincol/RpWebEngine.exe/Portal?BASE=BASECG2005BAS&lang=esp

Di Virgilio, M. (2007). Trayectorias residenciales y estrategias habitacionales de familias de sectores populares y medios en Buenos Aires. Tesis para optar al título de Doctor en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Di Virgilio, M. M., & Perelman, M. (2014). Ciudades latinoamericanas. Desigualdad, segregación y tolerancia. Buenos Aires: Clacso.

Dureau, F., & Flórez, C. (2000). Aguaitacaminos. Las transformaciones de las ciudades de Yopal, Aguazul y Taumarena durante la explotación petrolera de Cusiana-Cupagua. Bogotá, Universidad de los Andes.

Egea, C., & Soledad, J. (2008). Migraciones y conflictos. El desplazamiento interno en Colombia. En: Convergencia, n.° 47, pp. 207-235.

El Tiempo. (1992). Un polvorín llamado Barranca. 16 de febrero de 1992, disponible en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM36735

El Tiempo. (1998). Ultimátum para desplazados. 6 de agosto de 1998, disponible en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-816699

El Tiempo. (2000). Barrancabermeja, ciudad entre fuegos. 22 de octubre del 2000, disponible en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1281919

Evan, S. (2022). Alcance e incidencia de la flexibilidad probatoria en los procesos de restitución de tierras de cara a los derechos fundamentales de verdad y justicia: estudio de casos del Magdalena Medio y sur del Cesar fallados por el tribunal superior del distrito judicial de Cúcuta durante los años 2017 al 2021. Tesis para optar al título de magíster en Derechos Humanos en Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga.

García, M. (2006). Barrancabermeja: ciudad en permanente disputa. En: Archila et al. (2006). Conflictos, poderes e identidades en el Magdalena Medio, 1990-2001.cinep: Bogotá.

Gill, L. (2009). The Parastate in Colombia: Political Violence and the Restructuring of Barrancabermeja Anthropologica. Vol. 51, N.° 2, pp. 313-325

Gouëset, V. (1998). Bogotá: nacimiento de una metrópoli. Lima: Institut français d’études andines, TM editores.

Harris, W. (1975). El crecimiento de las ciudades en América Latina. Buenos Aires: Marymar

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing.

Molina, L. (2008). Barrancabermeja: segregación socioespacial y desequilibrios funcionales. Cuadernos de vivienda y urbanismo. Bogotá, Universidad Javeriana.

Observatorio de Derechos Humanos y la Paz. (2014). Memorias de las masacres en el departamento de Santander, Bucaramanga. Uniciencia.

Palacios, M. (1991). Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994. Norma, Bogotá.

Ramos, I., Holgado, D., & Maya-Jariego, I. (2014). Las redes personales de los desplazados internos por la violencia política en Colombia. Una aproximación al caso del Departamento del Atlántico. En: Trace, n.° 65, pp. 51-68.

Registro Único de Víctimas. (S.F.). Estadísticas de desplazamientos en Barrancabermeja. Disponible en: https://verdadabierta.com/comdocman?file=1311—14&category_slug=desplazados&Itemid=267

Roa, O. (2014). Los desequilibrios territoriales en Colombia. Universidad Externado de Colombia, Bogotá.

Ruíz Salguero, M., Rubiano N., González, A., Lulle, T., Bodnar, Y., Velásquez, S., Cuervo, S. M., & Castellanos, E. (2007). Ciudad, espacio y población: el proceso de urbanización en Colombia. Universidad Externado de Colombia. Centro de Investigación sobre Dinámica Social.

Ruiz, N. (2011). El desplazamiento forzado en Colombia: una revisión histórica y demográfica. En: Estudios demográficos y urbanos, vol. 26, n.° 1, pp. 141-177

Sabatini, F., Cáceres, G., & Cerda, J. (2001). “Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción”. En Eure, vol. 27, n.° 82.

Salaya, H. E., & Rodríguez, J. (2014). La dinámica poblacional y la violencia armada en Colombia, 1985-2010. En: Panamerican journal of public health, vol. 36, n.° 3, pp. 158-163.

Santos, M. (1996). Metamorfosis del espacio habitado. Barcelona: Oikos-Tau.

Segura, R. (2014). El espacio urbano y la (re)producción de desigualdades sociales. Desacoples entre distribución del ingreso y patrones de urbanización en ciudades latinoamericanas. En: Desigualdades.net, working paper, n.° 65.

Serrano Besil, J. (2012). “Crecimiento urbano de Barrancabermeja, 1926- 1936”. Ediciones uis, Bucaramanga.

Topalov, C. (1979). La urbanización capitalista: algunos elementos para su análisis. Ciudad de México: edicol.

Torres, C. (2009). Ciudad informal colombiana. Barrios construidos por la gente. Bogotá: UNAL.

Vergara, A. (2013). Paternalismo industria, empresa extranjera y campamentos mineros en América Latina: un esfuerzo de historia laboral y transnacional. En: Avances del Cesor, Año X, n.° 10, pp. 113-128.

Notas

1 Buenahora, G. (1982). Sangre y petróleo, Bogotá, S.E.

2 Esta cifra debe tomarse como referencial aunque coincide con el número de personas recibidas en la ciudad desde otras fuentes. Ver, por ejemplo, Ibañez, A. y Moya, A. (2007). Aun así, es conveniente aclarar la dificultad para lograr consenso porque estas cifras no alcanzan a representar la magnitud de la tragedia social, ni de la cantidad e importancia de estos movimientos migratorios sobre la población de las ciudades colombianas. Las definiciones de desplazados por la violencia se limitan a aquellas personas que por una amenaza directa fueron obligadas a migrar adentro de las fronteras para salvaguardar su integridad física, y los datos relevados pueden tener errores, lo cierto es que “la situación colombiana insta a considerar una definición ampliada del fenómeno de los desplazados, a imagen de la violencia generalizada que origina dicho fenómeno” (Agier & Hofmann, 1999, p. 107). El censo de 2005 consulta los motivos del desplazamiento; sin embargo, solamente 1670 personas residentes en Barrancabermeja aseguraron que su llegada a la ciudad fue motivada por amenazas a su vida. La mayoría afirmó que cambió de residencia por “razones familiares” o por “pertenecer a un pueblo nómade y otras razones”. Esta última categoría, además, resulta demasiado amplia al combinar todas las otras razones que alguien pudiera tener para cambiar de vivienda.

3 Numerosos paros armados frenaron el funcionamiento normal de la refinería, paralizaron la vida de la ciudad y pusieron en jaque el abastecimiento energético del país.

4 “los paramilitares dieron un ultimátum (…) para que abandonen a las 2 de la tarde de hoy Barrancabermeja” (El Tiempo, 6 de agosto de 1998).

5 Los paramilitares erigieron un reglamento de convivencia en el que se establecían los delitos y castigos diferenciados si eran parte de la fuerza o no.

6 Entre 2005 y 2007 la construcción declarada en la ciudad promedió los 30 mil metros cuadrados. Durante el auge provocado por las obras de modernización de la refinería la cifra se quintuplicó y entre 2008 y 2015 se construyeron 150 mil metros cuadrados en promedio por año. Tras la cancelación de las obras, a partir de 2016 y hasta 2018, el promedio descendió a los 40 mil metros cuadrados por año (dane).