Territorios
ISSN:0123-8418 | eISSN:2215-7484

Integración urbana y sociocultural de las migraciones: trayectorias de una familia argentino-paraguaya en una ciudad intermedia

Urban and Cultural Integration of Migrations: Trajectories of an Argentine-Paraguayan Family in an Intermediate City

Integração urbana e sociocultural das migrações: trajetórias de uma família argentino-paraguaia em uma cidade intermediária

Natalia Gavazzo, Débora Gerbaudo Suárez

Integración urbana y sociocultural de las migraciones: trayectorias de una familia argentino-paraguaya en una ciudad intermedia

Territorios, vol. Esp., núm. 43, 2020

Universidad del Rosario

Natalia Gavazzo

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina


Débora Gerbaudo Suárez

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina


Recibido: 02 Mayo 2020

Aceptado: 29 Septiembre 2020

Información adicional

Para citar este artículo: Gavazzo, N., & Gerbaudo Suárez, D. (2020). Integración urbana y sociocultural de las migraciones: trayectorias de una familia argentino-paraguaya en una ciudad intermedia. Territorios, (43-Especial), 1-23. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.8294

Resumen: El presente artículo explora la trayectoria de una familia argentino-paraguaya en Eldorado e indaga sobre un modo particular de integración urbana y sociocultural de los migrantes en esta ciudad intermedia de la provincia argentina de Misiones. En principio, se abordan algunas transformaciones urbanas y poblacionales que derivaron en las características de “intermediación” de esta ciudad. Contemplamos el impacto de las distintas movilidades en su crecimiento y profundizamos en las experiencias de vida de “migrantes históricos” que formaron parte de ese proceso. Finalmente, analizamos las dificultades o posibilidades que encontraron estas/os migrantes para “integrarse” social y culturalmente en la localidad desde su llegada hasta la actualidad. Mediante un enfoque etnográfico de las trayectorias familiares, damos cuenta de la influencia de las migraciones en el crecimiento, la urbanización y el desarrollo cultural en esta ciudad intermedia misionera.

Palabras clave Integración urbana, integración cultural, ciudades intermedias, migrantes, Paraguay, Argentina..

Abstract: This article explores the trajectory of an Argentine-Paraguayan family in Eldorado and the particular ways of urban and cultural integration of migrants in this intermediate city of the province of Misiones, Argentina. Initially, it will address some urban and population transformations from which derive the city’s “intermediation” characteristics. We examine the impact of the different mobilities on urban growth and deepen in the life experiences of “historical migrants” who were part of that process. Finally, we analyze the difficulties or possibilities that these migrants find to “integrate” socially and culturally in the town since their arrival to the present. Through an ethnographic approach focused on family trajectories, we highlight the role of migrations in the growth, urbanization, and cultural development of this Argentinian intermediate city.

Keywords: Urban integration, cultural integration, intermediate cities, immigrants, Paraguay, Argentina..

Resumo: O presente artigo explora a trajetória de uma família argentino-paraguaia em Eldorado e indaga sobre um modo particular de integração urbana e sociocultural de migrantes nesta cidade intermediária da província argentina de Misiones. Em princípio, se abordam algumas transformações urbanas e populações que derivaram nas características de “intermediação” desta cidade. Contemplamos o impacto das distintas mobilidades em seu crescimento e aprofundamos nas experiencias de vida de “migrantes históricos” que formaram parte desse processo. Finalmente, analisamos as dificuldades e/ou possibilidades que encontraram estes migrantes para “integrar-se” social e culturalmente na localidade desde sua chegada até a atualidade. Mediante um enfoque etnográfico das trajetórias familiares, damos conta da influência das migrações no crescimento, a urbanização e o desenvolvimento cultural nesta cidade intermediária missioneira.

Palavras-chave: Integração urbana, integração cultural, cidades intermediárias, migrantes, Paraguai, Argentina..

Introducción

Para comprender los movimientos migratorios de la población en Latinoamérica debemos atender a su concentración espacial y al gran desequilibrio existente entre los sistemas urbanos de la región. A ese respecto, resulta central considerar el proceso de la urbanización de las migraciones, el cual destaca que, en general, la mayor parte de las poblaciones en movimiento se dirigen hacia las ciudades (Balbo, 2005). Ahora bien, como señala Martinello (2013), algunas ciudades y regiones tienden a atraer mucha atención en la investigación comparativa, mientras que otras son ignoradas. Así, la mayor parte del interés se centró en comprender el histórico flujo de migrantes hacia las grandes metrópolis, en detrimento de las más recientes dinámicas en ciudades medianas o pequeñas.

Tal es el caso de Argentina, donde el sistema urbano está marcado por una clara tendencia hacia la macrocefalia urbana: el predominio de una gran ciudad que concentra gran parte de la población residente en aglomerados (Vapñarsky, 1995) y a las y los migrantes internacionales e internos en el Gran Buenos Aires. No obstante, los cambios socioeconómicos van transformando las ciudades y las características de lo local, así como impactan en los nuevos modos de transitar y habitar los espacios urbanos. En este sentido, se configuraron lenta pero firmemente nuevos destinos migratorios en provincias del nordeste argentino (NEA) como Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones. En esta última, la migración paraguaya se concentró en el Gran Posadas: la capital y su área metropolitana.1

A partir de esto, el artículo explora los modos particulares de integración urbana y sociocultural de una familia de migrantes paraguayos en Eldorado, una ciudad intermedia2 que es la cuarta más poblada y la tercera con mayor cantidad de migrantes de dicho origen en Misiones (figura 1). No es casual que esta provincia se configure actualmente como el segundo destino más elegido por las y los paraguayas/os —9,9 % —, luego de Buenos Aires y su área metropolitana —75,39 %— (INDEC, 2012). En esta red de localidades, como veremos, Eldorado constituye una ciudad atravesada por un acelerado proceso de urbanización y crecimiento poblacional desde 1980 hasta la actualidad. Además, fue fundada por migrantes de origen europeo, quienes también convivieron con la histórica migración paraguaya en el lugar.

En ese sentido, abordaremos algunas transformaciones urbanas y poblacionales de esta ciudad fronteriza con las que adquirió las características de “intermediación”, que cumple actualmente con otras localidades de la Argentina y Paraguay. A partir de la trayectoria migratoria de una familia paraguayo-argentina contemplaremos el impacto de las distintas movilidades en el crecimiento de la ciudad. Seguidamente, profundizaremos en sus experiencias de vida como “migrantes históricos”, que formaron parte de ese proceso de crecimiento local. Finalmente, abordaremos las dificultades o posibilidades que encontraron para “integrarse” social y culturalmente en la localidad desde su llegada hasta la actualidad. Mediante sus relatos y prácticas, analizaremos sus percepciones sobre el espacio urbano y sus formas de participación comunitaria, dando cuenta de los roles que ocupan —como migrantes de distintas generaciones—en el desarrollo sociocultural y la urbanización de esta ciudad intermedia misionera.

Distribución de la población migrante paraguaya por departamentos en Misiones
Figura 1.
Distribución de la población migrante paraguaya por departamentos en Misiones


Fuente: adaptado de Bruno (2017) con base en los datos del Censo Nacional de Población 2010.

Ciudades, migración y procesos de integración desde la antropología

El interés socioantropológico por la integración de las y los migrantes y su distribución espacial en las ciudades tiene una larga historia en las ciencias sociales. Un ejemplo de ello son los estudios sobre la aculturación que se pueden rastrear a la Escuela de Chicago que se enfocó en los procesos de urbanización y transformación sociocultural en las grandes ciudades, con frecuencia motorizados por las poblaciones desplazadas (Park et al., 1925).

En el modelo ecológico, la ciudad aparecía como un mosaico formado por mundos relativamente autónomos, donde la asimilación de los recién llegados dependía del tipo de relaciones establecidas —simbióticas o sociales— y de su temporalidad medida en generaciones de migrantes (Hannerz, 1986). Estos estudios en Chicago y otras ciudades sentaron las bases de la etnografía urbana y sedimentaron la asimilación de lo urbano a lo metropolitano (Noel, 2016). Por su parte, los estudios de la pequeña comunidad (community studies) permitieron comprender no solo la asimilación, sino también los procesos de transculturación en la escala de las pequeñas ciudades (Herskovits, 1948). No obstante, se pensaba a la comunidad rural como una sociedad homogénea y aislada que, al entrar en contacto con otra, más heterogénea y móvil, transformaba su modo de vida hacia otro más urbano con una pérdida de la cohesión social (Redfield, 1941; 1946).

Tanto los enfoques sobre las ciudades metropolitanas como los de pequeñas comunidades resultan útiles para pensar los modos de integración en la ciudad, entre la insularidad y la asimilación. En otra línea, los abordajes sobre las ciudades intermedias dan cuenta de transformaciones en contextos urbanos particulares. Dichas ciudades no son ya las pequeñas aldeas o comunidades aisladas ni tampoco las metrópolis o sus zonas conurbanas, por ello presentan sus propias lógicas para entender la migración hacia estas. Bellet y Llop (1999) señalan que la función de intermediación permite comprender los procesos de crecimiento y transformación de la ciudad a partir de la influencia y relación que mantiene sobre su territorio inmediato y, a la vez, sobre los flujos y relaciones que genera hacia el exterior. En esta línea, Carrión (2013) también considera que es posible pensar estas urbes como ciudades en red, en un sistema urbano en el que cada ciudad es un nodo de interconexión, donde la migración internacional “representa una nueva forma de integración de las ciudades a la red urbana global (remesas económicas y culturales, incorporación de tecnología de punta)”, que modifica la intermediación urbana (Carrión, 2013, p. 23). Así, resulta interesante poner estas perspectivas en diálogo con los estudios migratorios que analizan las redes que las y los migrantes traman al circular entre ciudades, tanto de manera interna como externa (internacional).

Así como las migraciones permiten la integración de las ciudades intermedias a otras dentro de una red local, transnacional o global, también es importante considerar el modo en que las y los migrantes son integrados a la sociedad local. Sobre todo, considerando la importancia de los factores culturales e identitarios que constituyen a estas ciudades y permiten entender sus modos de desarrollo en pos de garantizar una cierta cohesión social (Bellet & Llop, 2004). De hecho, entre los factores para el desarrollo de las ciudades intermedias se destaca la participación activa de la población en la gestión y planificación de la ciudad.

Tomando en cuenta estos debates, proponemos examinar las experiencias de una familia migrante de larga data en una ciudad de escala media para comprender “la formación de lo urbano [y definirla como el] fruto de un proceso histórico sobre el que inciden diversas dimensiones (culturales, económicas y sociales) que ayudan a explicar la diversidad y especificidad del medio urbano” (Bellet & Llop, 2004, p. 7). En ese sentido, este artículo se posiciona dentro de la tradición antropológica en tanto busca focalizarse en la cultura y lo cultural para estudiar las relaciones sociales, los procesos de adaptación y los cambios en las comunidades de inmigrantes (Gavazzo, 2011). Sin perder de vista que las movilidades permiten conectar fenómenos locales con otros de índole nacional o regional (Glick Schiller, 2010; Feldman, 2018), comprendemos las transformaciones que las y los migrantes introducen en las localidades como productoras de distintas formas de ciudadanía a partir de la participación comunitaria, ya que el migrante moldea y es moldeado por el contexto en el que opera, tanto en la sociedad emisora como receptora (Gavazzo & Nejamkis, 2017).

Ambas autoras desarrollamos investigaciones antropológicas sobre la migración paraguaya en Buenos Aires, comprendiendo los modos de identificación y la participación comunitaria, tanto de jóvenes migrantes como de hijas e hijos de migrantes (Gavazzo, 2008; 2012; Halpern & Gavazzo, 2012; Gerbaudo Suárez, 2016). Teniendo en cuenta que las identificaciones son procesos dinámicos de construcción de pertenencias, entendimos que existen imaginarios vinculados a las localidades de origen y de destino que determinan no solo las subjetividades de los migrantes y las relaciones interpersonales entre ellos y con sus “otros”, sino también las representaciones sociales, los imaginarios urbanos locales, la cultura política y los derechos asociados a la nacionalidad. Como veremos, el caso argentino contempla la inmigración como constitutiva de su identidad, pero excluye frecuentemente a “lo paraguayo” que —estigmatizado—hace que muchos jóvenes nieguen ese origen o que deban usarlo para reflexionar críticamente sobre su propia historia para activar una participación comunitaria frente a este.

En el marco de nuestro trabajo de campo etnográfico, conocimos a Laura y Daniela Funes, dos jóvenes argentinas que integraban organizaciones en la defensa de los derechos humanos de las y los paraguayos en el país, especialmente vinculadas a las generaciones más jóvenes de migrantes o descendientes de migrantes. Son hijas de padres paraguayos, vivían en la Ciudad Autónoma y viajaban frecuentemente a Misiones por cuestiones familiares y laborales, desplazándose constantemente entre Posadas, la capital metropolitana de la provincia, y Eldorado, la ciudad intermedia donde crecieron durante su infancia/adolescencia y donde residen sus padres.

Este contacto previo nos impulsó a viajar a Misiones a finales de 2017. Allí comenzamos un trabajo de campo exploratorio que implicó una estadía con la familia Funes en Eldorado y, luego, otra en la ciudad de Posadas. Nos interesamos por conocer la historia de migración de la familia y los procesos de asentamiento en la ciudad de las distintas generaciones. Impulsadas, además, por nuestra inclusión dentro de un Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) enfocado en las migraciones en ciudades intermedias de la Argentina,3 decidimos implementar una etnografía multilocal (Marcus, 2001), que nos permitiera analizar diversas ciudades o el tránsito de los migrantes por ellas. Creemos que la investigación etnográfica in situ permite seguir las trayectorias de las personas, sus discursos y prácticas para entender la vinculación que establecen con los lugares. Esas trayectorias se vuelven claves para comprender el rol de las comunidades migrantes en las transformaciones urbanas de ciudades intermedias, al menos en el contexto argentino.

Para analizar desde la perspectiva Emic de los actores, elaboramos notas de campo y registros de observación participante en diversas escenas de la vida familiar, tanto en la casa de los padres como en las de sus hijas. Además, sostuvimos conversaciones informales con cada integrante de la familia, sobre todo con la hija menor, Laura, la única nacida y criada en Eldorado, mientras nos hizo de guía para mostrarnos la localidad durante nuestra estadía.4 Motivadas por nuestras preocupaciones teóricas respecto de la variable generacional de las migraciones, focalizamos sobre las trayectorias de vida de la “generación de los padres” con lo que revelamos los relatos biográficos a modo de “estabilizar las movilidades, ordenar e interpretar la experiencia en un intervalo de tiempo en el que se relacionan las condiciones históricas y la experiencia personal de los sujetos migrantes en ellas” (Rivera, 2012, p. 455). Realizamos entrevistas semiestructuradas con el padre Nicolás y la madre Irene, centrándonos en sus historias de movilidad entre distintas ciudades, sus percepciones sobre el espacio urbano y las modalidades de participación comunitaria que desarrollaron en la localidad. También indagamos sobre las relaciones intergeneracionales y la construcción colectiva de una memoria familiar en torno al origen migratorio. En este sentido, nos centramos en la influencia que las identificaciones vinculadas a “lo paraguayo” tienen sobre las formas de participación en organizaciones, tanto de las generaciones anteriores como posteriores.

En paralelo, avanzamos sobre una reconstrucción sociodemográfica de Eldorado a partir de datos estadísticos que enmarcan esas (y posiblemente otras) historias de vida. Se trata de datos que reflejan índices de crecimiento demográfico y de urbanización de Eldorado, así como la influencia de las corrientes migratorias internas y externas en la ciudad. Los materiales obtenidos de primera mano en el trabajo de campo y las fuentes secundarias nos permiten contemplar las dinámicas de movilidad de la familia en relación con la historia migratoria más amplia que conecta, mediante los desplazamientos, localidades en Argentina y Paraguay.

Eldorado como ciudad intermedia: transformaciones urbanas y poblacionales

Como se mencionó anteriormente, Eldorado es una aglomeración mediana en la provincia de Misiones, se ubica en el departamento con el mismo nombre y allí residen unas 78152 personas. No obstante, la caracterización de ciudad intermedia no se reduce solo a los aspectos cuantitativos. De acuerdo con Bellet y Llop (2004), consideramos que

el potencial e importancia de la ciudad no dependen tanto de su talla demográfica como del modo en que esta se articula con el resto de los elementos del sistema: la capacidad de crear relaciones y tejer una red, así como las características de las mismas (p. 2).

Así, observamos que la distribución poblacional en la región es sumamente desigual, ya que la mayoría se concentra en el municipio de Eldorado (57323 habitantes), mientras el resto se asienta en las colonias agrícolas que lo circundan (INDEC, 2012). Se trata de una ciudad que, como otras de su tipo, cumple funciones de intermediación en relación con aglomeraciones más pequeñas y con sus respectivos hinterlands, a la vez que sostiene una relación más o menos fluida con las metrópolis, pero no es ciudad dormitorio o satélite de estas (Noel, 2016).

Eldorado concentra la oferta laboral de servicios en la que muchos habitantes buscan insertarse en momentos de desempleo en las áreas rurales. Además, su crecimiento paulatino también implicó el movimiento inverso en momentos de expansión económica: sus pobladores ofrecían nuevos servicios desde el centro hacia las colonias.

Esto es posible gracias al sistema de transportes (figura 2) que ubica a la ciudad en un lugar estratégico de intermediación respecto de otras. La Ruta N° 12 comunica a Eldorado, por un lado, con Posadas —la capital de la provincia—y, por otro, con Puerto Iguazú, la segunda ciudad en importancia, sobre todo por su industria turística y su condición de ciudad fronteriza con Brasil y Paraguay. De este modo, Eldorado habilita procesos de movilidad intra e interdepartamentales dentro de la provincia de Misiones. La Ruta N° 17 o “picada maestra” conecta a esta ciudad con otros dos departamentos (San Pedro y General Manuel Belgrano) y refleja un desarrollo urbano en forma alargada con viviendas construidas de manera lineal hacia ambos lados. Este es otro factor que potencia su rol de intermediación entre los espacios metropolitanos de mayor nivel y pequeñas aglomeraciones rurales de pocos miles de habitantes en el límite con la selva.

Por último, queremos señalar la importancia de otras dimensiones sociales y culturales que aportan a la particularidad de la ciudad. En su caracterización de las ciudades intermedias, Bellet y Llop (2004) destacan “la capacidad local y territorial de crear identidad propia (a partir de una) apropiación sociocultural del medio urbano y territorial” (p. 7). En comparación con las metrópolis, las aglomeraciones más pequeñas podrían producir una mayor identificación de los ciudadanos con el territorio y por ende una mayor cohesión social entre sus miembros. En este sentido, Eldorado es un enclave con un fuerte sentido de pertenencia a la ciudad y su origen cultural inmigrante.

Infraestructura de rutas que atraviesan la ciudad
Figura 2.
Infraestructura de rutas que atraviesan la ciudad


Fuente: Municipalidad de Eldorado (2020).

La historia de esta ciudad intermedia está atravesada de numerosas formas por las migraciones y los desplazamientos poblacionales. Para empezar, Eldorado fue fundada en 1919 por el alemán Adolfo Julio Schwelm (figura 3), quien dirigió una empresa privada de colonización de tierras en la región. Durante el siglo xix la política migratoria argentina fomentó el lugar como un centro de colonización europea de alemanes, suizos, holandeses, ucranianos, daneses y polacos para desarrollar la agricultura y la industria. A pesar de la preexistencia de pueblos indígenas como los tupí-guarní y los aché, y de la presencia permanente de paraguayos y brasileños, fue el origen europeo el que sentó las bases de “una identidad” sociocultural en Misiones. Esto se refleja en los numerosos monumentos de Eldorado como el Parque Municipal Salto Küppers o el Museo Schwelm. Asimismo, la construcción identitaria de la ciudad también se apropia de su área natural. Tal es el caso de los diversos cauces de agua que la atraviesan y que llevan los nombres de sus fundadores, los cuales a pesar de haber sido renombrados en épocas recientes “la gente igual los sigue llamando por el nombre con que lo bautizaron los primeros pobladores” (El Territorio, 2014).

Mural por los 100 años de la fundación de Eldorado
Figura 3.
Mural por los 100 años de la fundación de Eldorado


Fuente: El Territorio (2019).

Además, la Plazoleta de las Naciones y el mural “Camino al Centenario” (figura 3), que el municipio encargó pintar para conmemorar los 100 años de su fundación, recuperan y reproducen la metáfora del crisol de razas, bajo la cual se incorpora la diversidad cultural, aunque de modo selectivo.5 Esta metáfora decimonónica fundamenta un imaginario nacional que basa el origen de la sociedad argentina en la inmigración europea, que constituyó una ideología de rechazo que ha justificado el racismo, el exterminio y el etnocidio de pueblos indígenas y afrodescendientes en el proceso de construcción del Estado-Nación. Es la misma ideología por la que han sido excluidos del imaginario nacional los inmigrantes latinoamericanos a quienes —a lo largo de la historia— se los ha considerado “extranjeros” e “ilegales”, entre otras categorías identitarias estigmatizantes.6 Por lo tanto, los aspectos geográficos, demográficos y socioculturales descritos sirven para entender las características particulares de esta ciudad intermedia fundada y refundada por migrantes.

En cuanto al desarrollo territorial de la ciudad, se pueden identificar al menos tres etapas (García, 2004). Una primera de organización desde su fundación en 1919 hasta 1948, en la que se avanzó sobre la ocupación del suelo rural. Apenas había una incipiente concentración de negocios en torno a puntos estratégicos sobre la Ruta Provincial N° 17 y del suelo rural cercano, que fue urbanizándose. En una segunda etapa, hasta principios de 1970, se desarrolló la infraestructura de rutas que conectó la zona con el resto de la provincia y también incentivó una importante migración rural hacia el núcleo de poblamiento debido a la disminución de la productividad en el campo y la caída de precios de los cultivos industriales.

Desde fines de los 70 hasta principios del siglo XXI (tercera etapa), el centro experimentó un gran crecimiento con ampliación de la zona urbana, infraestructura de hospitales, escuelas y servicios básicos. Los migrantes que protagonizaron la expansión urbana provinieron en su mayor parte de colonias y localidades vecinas, así como de otras provincias como Formosa y Corrientes. Para 1980, el 50 % de la población misionera era urbana—urbanización tardía en comparación con el resto del país—. De este modo, el crecimiento de la provincia estuvo relacionado con el proceso de urbanización de Posadas y, a la vez, con las migraciones internas del campo a las ciudades, entre ellas, hacia Eldorado.

Ahora bien, el aporte migratorio paraguayo es señalado como uno de los factores importantes en el crecimiento poblacional del NEA, sobre todo en las provincias de Misiones y Formosa en la última parte del siglo xix y hasta la mitad del siglo XX (Bruno, 2008). Históricamente, la migración paraguaya en la zona fue de carácter estacional de acuerdo a la demanda de mano de obra en el campo, pero luego fue haciéndose permanente y urbana. A un lado y otro de la frontera coexistieron corrientes migratorias de carácter rural-urbana, intercambios entre ciudades pequeñas y también entre áreas metropolitanas como Posadas-Encarnación y áreas complejas como la zona de la triple frontera (Bolsi & Meichtry, 1982; Meichtry & Beck, 2002).

Al respecto, Balán (1985) señaló que la población paraguaya tuvo gran presencia en ciudades como Posadas y Formosa entre 1940 y 1960; esto coincidió con una intensificación del proceso argentino de sustitución de importaciones. Migrantes limítrofes pasaron a ocupar puestos que los argentinos dejaban para migrar a Buenos Aires y trabajar en las industrias. La pérdida de población nativa fue equilibrada por la afluencia de la población paraguaya (Bolsi & Meichtry, 1982). Así, las y los paraguayas/os contribuyeron a la reactivación de las economías regionales en la zona de Misiones. A la vez, en Paraguay los procesos de concentración de la tierra, el régimen dictatorial y la persecución a opositores se consolidaron como factores de expulsión. Ahora bien, en los 70, con el declive de estas economías, la mayoría de las y los paraguayas/os migró hacia el Gran Buenos Aires, donde continúa con recambios generacionales (Cerrutti, 2009). Es frecuente pensar a las generaciones de migrantes a partir de las distintas olas o flujos de llegada al destino; en ese sentido, la migración paraguaya lleva varias generaciones en el país y en esta región, en un proceso de transformación que se visibiliza únicamente en una perspectiva histórica de larga duración que contemple esos recambios.7

En términos generales, la población paraguaya experimentó “un pasaje de un patrón predominante de anclaje fronterizo-regional, con eje en las provincias del NEA, hacia otro concentrado en el área bonaerense y principalmente metropolitana” (Bruno, 2012, p. 23). No obstante, el Gran Posadas se consolidó como una alternativa migratoria entre las décadas de los 60 y 80, en parte, por la cercanía territorial y ciertos patrones culturales en común. A diferencia de paraguayos en otras ciudades del nordeste, la trayectoria migratoria en Misiones indica una migración por etapas; es decir, que residieron en otras localidades argentinas antes de arribar a Posadas. En este caso, se considera que “las redes migratorias operaron en la circulación de información (y ayuda) que desembocaron en un movimiento de otra naturaleza, desde una ciudad central a una periférica” (Bruno, 2008, p. 20). De este modo, se puede concebir un sistema urbano configurado por las trayectorias de los migrantes entre distintas ciudades argentinas.

Carrión (2013) señala que es importante ver el peso que las ciudades intermedias adquieren en ciertas regiones según su funcionalidad internacional. En este sentido, a partir del proceso de crecimiento poblacional y de acelerada urbanización podemos pensar en Eldorado como una ciudad en red, en el marco de procesos de globalización económica y cultural que desde sus inicios —y hasta la actualidad— la configuraron y reconfiguraron como nodo. En este proceso desempeñaron un rol importante los circuitos de migración rural-urbana, interprovincial e internacional de países limítrofes, sobre todo de Paraguay.

Integración urbana y cultural de una familia migrante

Concluido el examen del proceso de urbanización de Eldorado y destacado el rol de la inmigración, podemos comenzar a explorar las trayectorias de una familia argentino-paraguaya residente de esa ciudad. La familia Funes está compuesta por el padre (Nicolás, 60), la madre (Irene, 58) y las hijas: Laura (30), Daniela (37), Florencia (43) y Liliana (45). No todas viven en Eldorado, pero conocimos a la mayoría ya que, casualmente, nuestra estadía coincidió con una reunión familiar por la graduación de una nieta. En ese marco de días de visitas familiares y celebraciones, Nicolás e Irene nos contaron que nacieron en Coronel Bogado, una ciudad a 49 km de Encarnación, la capital del departamento de Itapúa al sur de Paraguay. En una entrevista que logramos realizar en horario de trabajo con ambos en su taller de costura, la recordaban como

una ciudad [que] siempre se caracterizó porque, por ejemplo, tuvo una de las primeras bibliotecas de la zona y después tenía un movimiento comercial, cultural importante. Además de eso, ¡Paraguay tuvo el primer ferrocarril de América! Coronel Bogado era una de las estaciones donde paraba el tren que conectaba con Buenos Aires, era muy importante.

El ferrocarril en ese entonces era un medio que posibilitaba la movilidad interna entre pueblos y ciudades de Paraguay y, a la vez, internacional con ciudades argentinas. En este sentido, Irene agregó que “había pueblos del interior de Paraguay que ¡no tenían salida si no era por el tren!”. En efecto, Coronel Bogado es una ciudad intermedia con acceso a la Ruta Nacional N° 1 que la conecta por un extremo como Asunción, la capital del país, y por el otro, con Encarnación, en la frontera con Argentina frente a Posadas, la capital provincial, que como vimos es una ruta frecuente de la migración paraguaya hacia Misiones y Formosa.

Nicolás tenía cuatro hermanos mayores que ya habían migrado a la Argentina entre fines de la década de 1950 y principios de 1960 y se habían asentado en Eldorado cuando aún se aprovechaba el auge de las economías regionales, cuya producción en el NEA giraba en torno a las cosechas de algodón, tabaco, yerba mate y té. Se trataba de una cultura migratoria ya instalada como horizonte de posibilidad para las y los jóvenes paraguayas/os, ya que como señala:“todos los que terminan su estudio secundario en Paraguay… Después tenés que empezar a trabajar y no hay trabajo, ¿dónde te vas? a la Argentina”. Las condiciones estructurales como la atracción del mercado laboral y las desigualdades en los salarios, pero también aspectos culturales como los imaginarios urbanos sobre las posibilidades de ascenso en Argentina influyen sobre el incentivo de migrar.

Sin embargo, y a diferencia de sus hermanos, la primera opción de Nicolás no fue migrar a otro país sino migrar internamente para trabajar y estudiar. Nicolás estaba en pareja con Irene, eran maestros y proyectaban una vida juntos:

la única posibilidad de estudiar que teníamos en Coronel Bogado era ser maestros, entonces digo “bueno, yo voy a buscar trabajo y voy a trabajar, y voy a seguir con la música”. Quería ir a trabajar y estudiar en Encarnación una especialización en música.

No obstante, sus sueños se vieron truncados ante las condiciones del contexto sociopolítico que se vivían por ese entonces en Paraguay con la dictadura del General Alfredo Stroessner,donde la ciudad de Bogado no fue la excepción. Nicolás e Irene encontraron trabas para conseguir trabajo en escuelas, ya que la condición del gobierno municipal era que se afiliaran al partido dominante.

Además de los factores económicos y culturales, también observamos otros: políticos, que fueron determinantes para migrar. Tal como Nicolás recordó: “Dije: ‘yo no me voy a afiliar y yo ya me estoy yendo de acá!’ me daba cuenta que ya no me iban a dar trabajo, ya no voy a poder… porque la dictadura es muy terrible”. Así, en la década de 1970 decide migrar y viaja por tren a Buenos Aires. Cabe señalar que en aquella época a la migración internacional también se sumaba la migración interna de nativas/os, quienes viéndose expulsados por la crisis económica en las provincias iban a la capital del país en búsqueda de trabajo. Así, le decía un amigo a Nicolás cuando lo recibió: “acá no tenés que desesperarte, ¡hay mucho trabajo! No es como en Paraguay, acá hay muchas opciones”. En poco tiempo consiguió trabajo en el rubro de la construcción, un enclave étnico de los migrantes paraguayos en el mercado de trabajo segmentado de Buenos Aires (Cacopardo & Maguid, 1997).

En relación a esos años de residencia en Buenos Aires, Nicolás reflexionaba en retrospectiva:

Nosotros vinimos en la gran ciudad. Vos venís de tu país y venís en el primer mundo que es Buenos Aires, es la capital del mundo, para mí, en lo cultural. Además, ves vos muchas cosas de tus derechos, de cómo se manifiesta la gente, cómo trabajan, cómo ganan, cómo te respetan…

Esa residencia en Buenos Aires marcó las percepciones sobre las posibilidades que ofrecía una gran ciudad, no solo por el desarrollo económico, sino también por el desarrollo cultural. Además, en sus palabras destaca un aprendizaje sobre nuevas formas de ciudadanía y relaciones sociales muy distintas a las que acostumbraba a vivir en una ciudad media de Paraguay. No obstante, años después tuvieron que mudarse del centro a la periferia de Buenos Aires. Habitaron en La Matanza, un municipio muy grande del Gran Buenos Aires. Esto responde al patrón tradicional de asentamiento en las metrópolis, graficado por el modelo ecológico de Park et al. (1925) según el cual los migrantes viven en las zonas más marginales de la metrópolis hasta que luego, en el mejor de los casos, logran alguna trayectoria de ascenso que les permite a sus hijas/os más adaptados a la sociedad local vivir en zonas de la ciudad con mejor acceso a servicios y otro estrato social.

En relación con el caso, Mera (2012) señala que ante las imposibilidades de acceso a la ciudad las/os paraguayas/os apelan a las redes sociales entre migrantes para facilitar su inserción en otros espacios, a través de diversas estrategias habitacionales que en su mayoría son deficitarias. Así, Nicolás consiguió trabajo como obrero en una de las más grandes empresas metalúrgicas del país, pero se lamenta respecto a mudarse:

¡Cometí un gran error! porque estábamos tan bien en la capital! ¿Qué pasa? Vos te relacionas donde vos trabajas y te dicen ‘¡No! deja la capital, vení a la provincia te dicen’. Yo hubiera seguido trabajando y le tenía que haber mandado a la facultad a mi señora.

Entonces la familia pasó a formar parte de la movilidad interna que estructura la vida en Buenos Aires, entre el centro metropolitano y su área conurbana. Las posibilidades de trabajo se concentran en la metrópolis, pero las condiciones para acceder a la renta son difíciles por las tasas altas y los requisitos, sobre todo para los migrantes.

Entonces, como muchas/os argentinas/os se mudaron a la periferia metropolitana, esto les permitió abaratar los costos de vivienda y estar más cerca del trabajo. Allí tuvieron a tres de sus cuatro hijas: Florencia, Liliana y Daniela. El trabajo entre la fábrica y la costura dio sus frutos y en unos años tenían su propio taller textil, lo que les permitió ahorrar para enviar dinero a Misiones y comenzar a construir su casa en Eldorado, a donde migraron definitivamente en 1983.

Así, contaba Laura la hija menor, nacida y criada en aquella ciudad misionera:

En ese momento acá en Eldorado ¡no había nada! Yo tengo fotos de cómo estaban construyendo donde está el negocio de mis viejos y no había nada. Después de eso, se compraron otro terreno, era mucho más fácil comprar tierras en ese momento, no como ahora.

En efecto, los años de trabajo y sacrificio en Buenos Aires le permitieron a la familia ahorrar lo suficiente para comprar el terreno en Eldorado, por lo que comenzaron a construir su vivienda cuando se instalaron allí y luego la fueron terminando. Como vimos, a partir de los 80 ocurrió un progresivo proceso de urbanización en la zona, debido a la movilidad intra (campo/ciudad) e interprovincial, como en este caso.

Al poco tiempo de migrar, la familia abrió su propio comercio en el centro de la ciudad, que luego fue ampliando. En palabras de Nicolás: “siempre trabajamos bien, somos fabricantes de uniformes. Nosotros implementamos, acá en Eldorado, los uniformes exclusivos para los colegios con la firma nuestra. Ahora también hay mucha gente que hace eso, ¡pero nosotros picamos primero!”. De este modo, la experiencia en el rubro textil desde el trabajo con su propio taller en Buenos Aires les permitió continuar en Misiones y, además, forjar relaciones con la sociedad local, principalmente a partir de la cooperación con las instituciones educativas de la zona: “Nos acercamos a la cooperadora escolar de escuelas líderes y le llevamos las muestras. Inclusive alguno nos daba un stand ahí, y apoyábamos a la cooperadora”.

Además, a partir de la experiencia laboral en Buenos también facilitaron el flujo de mercancías para desarrollar la producción: “¡Trajimos todas las máquinas industriales de Buenos Aires... teníamos el más avanzado! Entonces económicamente nos fue bien”. En este sentido, podemos vincular esa idea de la ciudad grande y las oportunidades que ofrece como motor para convertir a Eldorado, la nueva ciudad de residencia, en un espacio que también ofrezca buenas posibilidades de desarrollo comercial o económico. De este modo, la familia logró ascender económicamente: hoy tienen dos casas, dos autos, un gran comercio en la zona céntrica y un taller de costura con comercio minorista a la calle. Esto como parte de la historia que encarnan los padres para edificar una mejor vida para sus hijas, quienes continuaron con la circularidad migratoria de sus padres esta vez yéndose a ciudades como Posadas y Buenos Aires. Esto da cuenta de la centralidad de la variable generacional —particularmente de las relaciones familiares— en la comprensión de los procesos de integración urbana de los migrantes, algo que hemos analizado a profundidad en trabajos anteriores.

A pesar de que uno de los argumentos comunes sea que las ciudades intermedias suelen definirse negativamente (Bellet & Llop, 1999; Noel, 2016), en nuestro caso pudimos ver que si bien el padre expresa percepciones negativas al considerar que alejarse de la gran ciudad implica tener menos oportunidades, creemos que a la vez es justamente en la ciudad intermedia donde pudieron crear las condiciones de posibilidad para un ascenso económico y social, que en la metrópolis difícilmente hubieran conseguido. Asimismo, esta familia migrante contribuyó a la transformación del paisaje de la ciudad intermedia, fomentando la actividad comercial en un centro con incipiente desarrollo urbano y con la introducción de maquinaria, y la producción de mercancías y su distribución en áreas donde no las había.

Por otro lado, la interacción de la familia con la ciudad no se limitó a la empresa comercial. También se interesaron por el desarrollo social y cultural. La familia es referente de la cultura paraguaya en la localidad, ya que Nicolás fue presidente del único centro cultural paraguayo en Eldorado. Una tarde nos llevaron a visitarlo, muy cerca del centro urbano, es un edificio de amplias dimensiones con un gran salón, una biblioteca y un pequeño santuario a la virgen de Caacupé en la entrada. Entre los años 1993 y 2003, él y su familia contribuyeron en gran parte con el crecimiento edilicio, social y económico del Centro Social y Cultural Paraguayo (CSCP) fundado hace 80 años (figura 4). Al respecto, algunos vecinos recuerdan al CSCP como una “institución que supo enaltecer las costumbres, arraigos y tradiciones de los hermanos paraguayos. Sede social y dirigencia siempre al servicio de la comunidad eldoradense toda!” (Eldorado en el recuerdo, 2017).

La participación comunitaria en el CSCP le permitió a la familia no solo difundir la cultura paraguaya, sino también integrarse a una sociedad local edificada a partir de la pertenencia a las colectividades de inmigrantes. En este sentido, Nicolás refuerza: “nosotros formamos, quien le habla, la colectividad paraguaya de Eldorado. Que he participado en el crisol de razas”. Las condiciones locales de la participación se estructuran en clave étnico-nacional, a partir de la organización de centros culturales, festivales y escuelas. En dichos espacios se recrean pertenencias y se difunden costumbres a favor de la integración, en una ciudad intermedia particular que, como vimos, fue fundada por inmigrantes colonos, que emprendieron la explotación económica de la zona y desarrollaron una identidad que aún perdura en los múltiples homenajes a sus fundadores.

Además, la participación de toda la familia en el CSCP era importante en otro sentido. Las hijas, desde muy pequeñas, bailaban danzas folclóricas y también cantaban en los eventos patrios. Una tarde en el río, Laura nos contaba: “Nosotras de chiquitas estábamos en las fiestas, en las reuniones por el 14 de mayo o por el 15 de agosto 8 (…) y por más que yo no fuese de Paraguay, nosotros en Argentina siempre estuvimos asociados a lo paraguayo”. Ese no ser pero estar asociadaa tiene que ver con el esfuerzo consciente que su madre y padre hicieron por involucrarlas a una cultura paraguaya a través de la música y el arte.

Ediftcio del CSCP en el centro de la ciudad
Figura 4.
Ediftcio del CSCP en el centro de la ciudad


Fuente: Archivo de Frances Lowe, empresaria e hija de pioneros ingleses en Eldorado (http://www.paquita-lowe.com/247904225).

Tal como hemos observado en nuestras investigaciones, es muy frecuente que la inclusión de los descendientes de paraguayos en las organizaciones comunitarias se dé principalmente a partir de las prácticas artísticas y culturales. Esto puede derivar en relaciones de solidaridad y cercanía o en conflictos entre padres e hijas/os (Gavazzo, 2012). Este fenómeno sucede tanto en las ciudades metropolitanas, como en las no metropolitanas, de modo que constituye una práctica transnacional de vinculación intergeneracional con el origen migratorio y por ende de participación en los procesos de comunalización.

Así, Nicolás recordaba que todas sus hijas “trabajaban porque la institución la teníamos que sacar adelante. Difundíamos nuestra cultura, ellas desarrollaban su arte, su talento y defendían nuestra cultura”. Al respecto, es interesante señalar dos cuestiones. Por un lado, el trabajo en el CSCP implicaba la construcción y ampliación del edificio, las gestiones con el municipio para asfaltar la calle y de paso proveer servicios para toda la comunidad. Esas gestiones contribuyeron al crecimiento y la urbanización de la ciudad, ya que “¡cien mil ladrillos pusimos nosotros en 10 años!”, como destacó Nicolás.

Por otra parte, el desarrollo del CSCP y la participación de la familia en este implicaron la construcción de un imaginario urbano de la colectividad paraguaya eldoradense en una sociedad con diferentes orígenes nacionales y étnicos. Esa construcción simbólica no solo consistió en la difusión, sino también en la “defensa” de una cultura. En este sentido, Nicolás refiere que la principal amenaza a la cultura paraguaya viene del propio Paraguay, ya que la dictadura instaló la censura sobre aspectos identitarios claves como el idioma guaraní o la guaranía, un género musical desarrollado mayormente por paraguayos en el exilio en Buenos Aires. Por ejemplo, Nicolás cuenta que “hacía un esfuerzo enorme, traía músicos de Buenos Aires, de Asunción” por medio del Ministerio de Cultura tanto de Argentina como de Paraguay para que tocaran gratis en eventos de la localidad.

Ante eso, una de las formas que la familia encontró para difundir la cultura como mecanismo de integración hacia afuera (Gavazzo, 2004) con la sociedad misionera fue a través del arte, las danzas folclóricas y la música paraguaya en Eldorado. Entonces, por un lado, estas actividades formales alentaron la participación comunitaria de la familia en la sociedad local, mientras que, por otra parte, tanto la madre como el padre encontraron otra forma de defender esa cultura que sentían bajo amenaza: transmitiendo los valores y las costumbres y tradiciones paraguayas a sus hijas argentinas.

Conclusiones

En este artículo recuperamos la importancia de las dimensiones sociales y culturales para comprender las características de una ciudad intermedia y los modos de integración de sus habitantes, particularmente de los y las migrantes. Como vimos, los procesos de crecimiento poblacional y concentración urbana en Eldorado se alimentaron de diversas movilidades, tanto internas como externas, hacia la localidad. Los circuitos de migración rural-urbana, interprovincial e internacional de países limítrofes configuraron a Eldorado como una ciudad en red, en el marco de procesos de globalización económica y cultural. Primero como un nodo de atracción enmarcado en un modelo productivo de economías regionales, y luego como ciudad de paso de una migración paraguaya por etapas. Así, las redes migratorias de la familia dan cuenta de las conexiones que los migrantes establecen entre distintas ciudades como Eldorado, Posadas y Buenos Aires, por ejemplo. En este proceso, los migrantes elaboran distintas percepciones en torno a lo urbano, que inciden en los modos de apropiación del espacio. El imaginario sobre las posibilidades de progreso económico y desarrollo cultural en Buenos Aires fueron lo que, en primer lugar, motivó a la familia a emigrar; sin embargo, esas expectativas se vieron frustradas en parte por las condiciones estructurales como la segmentación étnica del mercado laboral y la segregación espacial de los migrantes paraguayos en la metrópolis.

Por otra parte, migrar internamente de una ciudad metropolitana a otra periférica en Misiones le permitió a la familia consolidar un proceso de integración urbana y cultural distinto. Las condiciones estructurales y los repertorios culturales condicionan los modos de integración de los migrantes a las ciudades, pero ello también depende de la intersección de estos factores con las biografías de los sujetos. El imaginario urbano vinculado al rol de la inmigración en esa ciudad es lo que permite la integración urbana y cultural de la familia migrante. Además, contar con una red de familiares en la localidad, con contactos transnacionales ligados a lo artístico y transmitir un legado cultural a sus hijas fomentó la construcción de un imaginario urbano de la colectividad paraguaya eldoradense, que estructura además las relaciones intergeneracionales en las familias migrantes y la construcción de comunidades con otras del mismo origen.

En este sentido, por último, creemos que la variable generacional es fundamental para comprender los procesos de integración sociocultural y los modos de apropiación territorial de las familias migrantes a las ciudades. La trayectoria de la familia Funes, que ya lleva varias generaciones migrando, muestra la diversidad de experiencias de identificación, participación e integración, contribuyendo así con las transformaciones de las localidades que habitan.

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Notas

1 Para profundizar sobre un estudio comparativo sobre las trayectorias de la migración paraguaya en otras ciudades de Argentina recomendamos la lectura de Bruno (2017).

2 Si bien las definiciones cuantitativas de las ciudades intermedias varían ampliamente según cada país y región, coincidimos con la caracterización de Sassone (2000), quien comprende bajo esta categoría a ciudades con poblaciones que oscilan entre los 20 000 y 150 000 habitantes para los índices de Argentina.

3 El programa Migraciones y Transformaciones Sociales en Aglomeraciones Medianas y Pequeñas de la Argentina se propone abordar, en clave comparada, los procesos de crecimiento, transformación y fragmentación de aglomeraciones en siete provincias pertenecientes a distintas regiones del país (Buenos Aires, Corrientes, Chubut, Formosa, Mendoza, Misiones y Neuquén). Director: Gabriel Noel (CONICET/ IDAES-UNSAM) y Coordinadoras: Natalia Gavazzo y Lucila Nejamkis (CONICET/IDAES-UNSAM).

4 Este modo de acercamiento a los fenómenos sociales recupera algunas técnicas clásicas empleadas por Thomas y Znaniecki (2004), quienes en su estudio pionero sobre el proceso de aculturación de un inmigrante en Estados Unidos, recurrieron al análisis de documentos personales como diarios, cartas y autobiografías para entender el punto de vista del participante.

5 En Eldorado, las migraciones limítrofes coexistieron con aquellas de ultramar en el contexto de una política estatal de atracción de migración del norte de Europa. La Ley de Inmigración y Colonización que el presidente Nicolás Avellaneda promulgó en 1876 pretendía que los migrantes y hacendados europeos vinieran a “poblar” y “civilizar” el territorio, desconociendo los contactos culturales preexistentes con comunidades indígenas y migrantes limítrofes.

6 Para más detalles, ver los trabajos de Caggiano (2005) y Gavazzo (2008). El debate sobre el crisol de razas de la argentinidad ha sido materia de varios estudios y ha mostrado que el marco nacional ha propiciado una identificación de la población con la inmigración europea lo que va en contra de las posibilidades de las personas de “marcarse” en torno a la paraguayidad.

7 Además de las causas económicas vale destacar las particulares connotaciones políticas e históricas de la migración paraguaya en Argentina. Ya en la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), facciones de partidos políticos, que habían sido proscritos, emergieron en el exilio en Argentina. Luego, entre 1940 y1948 se impuso la dictadura del General Morínigo con nuevas oleadas de emigrantes. Además, la larga dictadura del General Alfredo Stroessner (1954-1989) fue un periodo de fuerte expulsión de paraguayas/ os, quienes arribaron al país y se consolidaron como actores importantes para la resistencia y la lucha por el retorno a la democracia en el país de origen.

8 La celebración de fechas patrias de Paraguay en Eldorado, como el día de la independencia y la fundación de su capital, es una costumbre que se suma a otras como la danza de la polka, el uso del guaraní y la producción de comidas típicas a partir de las cuales el CSCP (RE) crea pertenencias hacia Paraguay.

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