La obra Comprendiendo los territorios y su gente. Reflexiones sobre desigualdades territoriales y resistencias en América Latina, publicada por Clacso y la Red Ulacav, reúne una serie de investigaciones que abordan los procesos de urbanización en la región. Bajo la coordinación de María Elena Acosta Maldonado, arquitecta y urbanista venezolana, investigadora de la Universidad Central de Venezuela y referente en temas de hábitat popular, políticas urbanas y producción social del territorio, el libro apuesta por visibilizar resistencias y desigualdades estructurales. Acosta Maldonado ha desarrollado una amplia trayectoria en estudios sobre informalidad urbana, hábitat popular y políticas del suelo, y su enfoque se refleja en la apuesta colectiva de este texto.
A través de múltiples estudios de caso, Comprendiendo los territorios y su gente demuestra que las políticas urbanas en América Latina, lejos de corregir las desigualdades sociales, muchas veces contribuyen a profundizarlas. Esta reseña se enfoca particularmente en los capítulos que abordan los temas de vivienda, transporte y planificación urbana, con especial atención a los casos de Colombia, destacando las tensiones entre mercado, Estado y ciudadanía en la producción del espacio urbano.
Uno de los argumentos centrales del libro es que la producción del espacio urbano en América Latina está atravesada por tensiones entre actores institucionales, el mercado inmobiliario y las formas populares de habitar. La obra pone en evidencia cómo las políticas públicas tienden a favorecer los intereses privados. En ciudades como Bogotá, por ejemplo, el Estado actúa más como facilitador del capital inmobiliario que como regulador, dejando a urbanistas y planificadores en roles meramente consultivos y administrativos, sin capacidad real de intervención. Esta inversión de funciones debilita la labor pública del urbanismo y promueve un modelo de ciudad guiado por la rentabilidad, no por la justicia territorial.
El análisis de la política habitacional ocupa un lugar importante en el texto. El capítulo tres examina las barreras estructurales que enfrentan los sectores populares para acceder a una vivienda digna, así como el acaparamiento de tierras por parte de empresas para el desarrollo agroforestal, perjudicando a poblaciones locales y a comunidades indígenas, situación que expone un vacío frente a la normativa agraria sobre la propiedad y uso de la tierra. A través del caso de Pasto, se muestra cómo la oferta formal de vivienda no responde a la demanda real, empujando a amplios sectores de la población hacia la autoconstrucción o la informalidad. La vivienda, en este contexto, deja de ser un derecho garantizado para convertirse en una posibilidad a la capacidad de endeudamiento, reproduciendo así lógicas de exclusión financiera.
Además, la obra critica las políticas de vivienda de interés social, señalando que, en muchos casos, profundizan la segregación espacial en lugar de revertirla. En la actualidad, estas construcciones muchas veces se ubican en zonas periféricas y sin acceso adecuado a servicios, por lo que estos proyectos terminan reforzando un urbanismo de baja calidad, muchas veces aislado como consecuencia de las urbanizaciones cerradas y los grandes edificios de vivienda en propiedad horizontal. En vez de generar inclusión, las políticas de regularización suelen centrarse en la valorización del suelo, desplazando a los habitantes originales y transformando la formalización en un mecanismo funcional al capital inmobiliario.
Otro de los ejes temáticos abordados en profundidad es el transporte público como forma de desigualdad urbana. La movilidad, lejos de ser un aspecto neutral, se presenta como una dimensión clave para entender quién puede acceder a la ciudad y en qué condiciones. Los estudios del libro, que incluyen entrevistas, cartografía social y análisis estadísticos, permiten comprender el fenómeno desde múltiples escalas, contextos y disciplinas. El transporte, más que conectar puntos geográficos, organiza las relaciones sociales y económicas en el espacio. Esta perspectiva resalta la necesidad de una planificación más participativa y situada, que reconozca la centralidad del territorio y la experiencia local.
El análisis del barrio Bolaños, en Quito, refuerza esta mirada crítica al mostrar cómo una infraestructura de transporte deficiente se traduce en una forma de marginación territorial. Los habitantes de este sector, alejados de los corredores principales de movilidad, experimentan una desconexión que los aísla de los servicios, las oportunidades. Aquí, la movilidad aparece como un derecho negado, en el que la exclusión se vive diariamente al caminar largas distancias o depender de rutas irregulares.
Desde esta perspectiva, el diseño de la movilidad debe contemplar las dinámicas locales y construirse a partir de una planificación participativa, capaz de articularse con la vida cotidiana de las personas. En Bogotá, por ejemplo, se evidencia que TransMilenio, aunque es presentado como un modelo de transporte masivo eficiente, ha sido implementado sin participación comunitaria, y su diseño ha favorecido la expansión hacia zonas periféricas mal conectadas.
Los estudios de caso incluidos en el libro acentúan la idea de que las ciudades latinoamericanas se fragmentan cada vez más bajo políticas que privilegian la lógica del mercado. En Bogotá, los planes parciales se han convertido en instrumentos de urbanización sin garantías de integración urbana. En Pasto, persiste una lógica asistencialista, es decir, se abordan los problemas sociales mediante intervenciones puntuales, sin atender las causas estructurales que los generan. Dicho punto de vista no transforma las condiciones de pobreza, sino que las mantiene.
La obra también da cuenta de que, al tratar la vivienda como mercancía y no como derecho, se generan territorios donde el acceso a la ciudad depende de la inclusión financiera. Quienes no acceden al sistema formal deben recurrir a estrategias informales muchas veces inseguras o inestables para asegurar su permanencia en el territorio. El caso del barrio El Bosque, en Barranquilla, demuestra que, a pesar de mejoras en infraestructura básica, la falta de empleo, transporte y servicios profundiza su condición de enclave marginal. Esto revela que, sin un enfoque integral de desarrollo urbano, los proyectos de vivienda social pueden terminar reproduciendo la pobreza en lugar de superarla.
Comprendiendo los territorios y su gente constituye una contribución valiosa al debate sobre las desigualdades urbanas en América Latina. A través de una visión crítica y situada, la obra expone cómo las políticas públicas, en lugar de revertir las lógicas de exclusión, a menudo las consolidan. Ofrece herramientas analíticas para comprender el papel del Estado, del mercado y de las comunidades en la configuración de las ciudades. Su lectura invita a repensar el derecho a la ciudad desde una perspectiva de justicia territorial y de transformación estructural, más allá de soluciones técnicas o fragmentadas.