Desafíos del cuidado en la ciudad: experiencias de las usuarias de las Manzanas del Cuidado en Bogotá

DOI:
10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.15308



Resumen

Este artículo explora el papel del Estado en la corresponsabilidad y desfamiliarización del trabajo de cuidado no remunerado (TDCNR), basado en experiencias de usuarias de las Manzanas del Cuidado en Bogotá, un programa novedoso a nivel local. Se examinan los efectos del Sistema Distrital de Cuidado (Sidicu) en reconocer, reducir y redistribuir el TDCNR, objetivos medulares de la política pública, y los alcances de su servicio de empleabilidad. Los hallazgos provienen de dos estudios cualitativos con 118 entrevistas, 7 grupos focales y 120 horas de trabajo de campo. Los resultados muestran que las manzanas han ayudado a reconocer el TDCNR y que servicios como guarderías y lavanderías han contribuido a reducirlo y redistribuirlo. Sin embargo, el cuidado sigue altamente feminizado en los hogares, y usar los servicios del Sidicu genera una nueva responsabilidad que empobrece el tiempo de las cuidadoras en cantidad, si bien lo enriquece en calidad. Además, se necesita reforzar y ajustar los esfuerzos en empleabilidad para lograr autonomía económica y superación de pobreza.

Palabras clave:

Cuidados, políticas públicas, género, uso de tiempo, trabajo de cuidado no remunerado (TDCNR), desigualdad, infraestructura urbana


Abstract

This article explores the role of the State in promoting co-responsibility and defamiliarization of unpaid care work (UCW), based on experiences of users from the Care Blocks, as part of the District Care System (Sidicu) in Bogota. It analyzes the effects of Sidicu in recognizing, reducing, and redistributing the UCW, as the main objectives of the public policy, and its employability services. Findings come from two qualitative studies, including 118 interviews, 7 focus groups, and 120 hours of fieldwork. Results show that Care Blocks have helped recognize UCW and services such as daycare and laundries have contributed to reducing and redistributing it. Nevertheless, care work within households remains highly feminized, and using Sidicu services generates a new responsibility that diminishes caregivers’ time in quantity, even as it enriches it in quality. Moreover, employability services require strengthening and adjustment to support economic autonomy and pathways out of poverty.

Keywords:

Care, public policy, gender, time use, unpaid care work (TDCNR), inequality, urban infrastructure

Resumo

Este artigo explora o papel do Estado na corresponsabilidade e na desfamiliarização do trabalho de cuidado não remunerado (TCNR), com base nas experiências das usuárias dos Quarteirões do Cuidado em Bogotá, um programa inovador no âmbito local. São analisados os efeitos do Sistema Estadual de Cuidado (SEC) no reconhecimento, redução e redistribuição do TCNR, bem como os objetivos centrais da política pública e o escopo de seu serviço de empregabilidade. Os achados baseiam-se em dois estudos qualitativos com 118 entrevistas, sete grupos focais e 120 horas de trabalho de campo. Os resultados indicam que os Quarteirões do Cuidado contribuíram para o reconhecimento do TCNR e que serviços como creches e lavanderias favoreceram sua redução e redistribuição. No entanto, o cuidado permanece altamente feminilizado nos domicílios, e o uso dos serviços do SEC gera responsabilidades que empobrecem o tempo das cuidadoras em quantidade, ao mesmo tempo que enriquece a qualidade. Além disso, os esforços de empregabilidade precisam ser fortalecidos e ajustados para alcançar autonomia econômica e superar a pobreza.

Palavras-chave:

Cuidado, políticas públicas, gênero, uso do tempo, trabalho de cuidado não remunerado, desigualdade, infraestrutura urbana


Introducción

El trabajo de cuidado no remunerado (TDCNR) que hacen las mujeres día a día constituye una desigualdad durable como parte de la desigualdad de género (Tilly, 1998). Persiste en diversos contextos socioeconómicos, incluso para mujeres profesionales que hacen su segunda jornada al volver a casa. Persiste cuando los hombres están desempleados y las mujeres no. No obstante, la carga es mucho más pesada para las mujeres de sectores populares, muchas enteramente dedicadas a cuidar, en contextos en los que los empleos precarios o inexistentes no permiten resolver los cuidados de forma privada y en los que el Estado no responde con corresponsabilidad. La familia y la familia pobre, particularmente con jefaturas femeninas, permanece en el centro de los cuidados.

Si bien los movimientos feministas, las encuestas de uso del tiempo, algunos gobiernos progresistas y los organismos multilaterales venían posicionando este tema, la pandemia de Covid-19 lo puso definitivamente sobre la mesa. Precisamente fue en 2020, en medio de esta emergencia de salud, que Bogotá, con el liderazgo de su primera alcaldesa mujer, a partir de una propuesta del Consejo Consultivo de Mujeres y de otras organizaciones de mujeres y feministas, desarrolló la primera política de cuidados a nivel local en el mundo. El Sistema Distrital de Cuidados (Sidicu) tiene como objetivo "cuidar a las que nos cuidan" (Secretaría Distrital de la Mujer, 2021), especialmente en zonas urbanas marginadas.

El nuevo programa se organiza en torno a las Manzanas del Cuidado, infraestructuras públicas que ofrecen servicios sociales, educación y actividades recreativas de forma gratuita para personas cuidadoras. Este artículo presenta los resultados de dos proyectos de investigación diferentes que llegan a resultados similares, robusteciendo los hallazgos. Ambos examinan los efectos y las limitaciones del Sidicu, preguntándose por los objetivos centrales del programa: reconocer, reducir y redistribuir el TDCNR.

Los dos se centran en las experiencias de las usuarias de las Manzanas del Cuidado, pero también contextualizan esa información a partir de investigación documental y entrevistas con funcionarias y hacedoras de política. Complementariamente, profundizamos en la dificultad de acceso al trabajo de la población objetivo de las Manzanas del Cuidado, muchas mujeres desempleadas o en situaciones laborales precarias, que buscan en los servicios de formación del Sidicu acceder a trabajos formales y estables.

Revisión de literatura

Históricamente, el trabajo del cuidado ha sido feminizado y relegado al ámbito privado, oculto de las dinámicas sociales y económicas públicas, y asociado con el instinto materno, el amor y el sacrificio (Tronto, 1993). El trabajo de cuidado, aunque indispensable para la vida y la reproducción social, no ha sido reconocido en las políticas públicas, reflejando una jerarquía del trabajo productivo sobre el reproductivo. Esta invisibilización tiene implicaciones no solo económicas, sino también sociales, a partir de la perpetuación de la división sexual del trabajo que subordina a las mujeres (Fraser, 2016).

En los Estados modernos las políticas de cuidado se han materializado en sistemas nacionales de protección social. Estos sistemas se han enmarcado dentro de distintos regímenes del Estado de bienestar, que han asignado la responsabilidad del cuidado a gobiernos, mercados, familias y comunidades en diferentes proporciones (Esping-Andersen, 1990; Pineda & Munévar, 2020; Renner et al., 2024). Convencionalmente, estas políticas se han enfocado en que el cuidado sea garantizado a los receptores de cuidados, prestando menor atención a las y los propios cuidadores (Fleischer, 2024; Jupp, 2022; Moreno, 2021).

Consecuentemente, los y las trabajadoras domésticas a menudo no tienen acceso a derechos laborales ni protección social, experimentan largas jornadas de trabajo y el Estado de bienestar sigue eludiendo sus verdaderas responsabilidades en materia de políticas feministas (Batthyány, 2020; Dowling, 2021; Fraser, 2016; Porras-Santanilla & Ramírez-Bustamante, 2021).

En lo que respecta a América Latina, las primeras políticas públicas para las mujeres y los cuidados fueron maternalistas, heteronormadas e impositivas, principalmente programas y proyectos orientados a la atención de la salud sexual y reproductiva, la protección de la niñez y la prevención de la violencia intrafamiliar (Barón & Muñoz, 2016; Flores & Tena-Guerrero, 2014). Frecuentemente reproducían los roles de género tradicionales, desconocían la pluralidad de los sujetos femeninos y pasaban por alto la corresponsabilidad social de los cuidados, así como la necesidad de incluir a las masculinidades en su provisión (Moreno, 2021).

Actualmente, las políticas de cuidado en la región son más incluyentes y participativas; han procurado la transversalización del enfoque de género; mantienen diálogo constante con la(s) academia(s) feminista(s); han reconocido la importancia de defender el cuidado como derecho ciudadano y de visibilizar la economía del cuidado como cimiento del sector productivo (Álvarez-Rivadulla et al., 2026; Araujo & Hirata, 2020; Batthyány, 2020; Blofield & Martínez, 2014; Matos & Paradis, 2013; Moreira & Moser, 2019).

En Colombia, diversos grupos feministas han promovido el enfoque de género en la política pública, logrando avances significativos desde el año 2000. Entre estos destacan la Ley 823 de 2003 sobre igualdad de oportunidades para la mujer, la Ley 1413 de 2010 para la inclusión de la economía del cuidado en el Sistema de Cuentas Nacionales y el diseño de un Sistema Nacional de Cuidados (Barón & Muñoz, 2016; Dalmazzo, 2017; Pineda & Munévar, 2020).

Sin embargo, el Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá fue una innovación tanto en el país como en América Latina, ya que hasta entonces los sistemas de cuidado habían sido incipientes y principalmente nacionales, como es el caso de Chile y Costa Rica, con progresivos regímenes de bienestar social, o Uruguay, con el Sistema Nacional Integrado de Cuidados (Araujo & Hirata, 2020; Bathyánny, 2020; Blofield & Martínez, 2014).

En el contexto de las políticas públicas de cuidado en las ciudades de América Latina, es fundamental reconocer la desigualdad territorial, así como espacial, y su impacto en la provisión de servicios de cuidado. Según Schweitzer y Arancio (2023), la desigualdad territorial en la región está asociada a la localización de la población, las actividades económicas, el acceso a infraestructuras y servicios, el empleo y las condiciones materiales de vida. Esta realidad histórica ha acompañado los modelos de desarrollo y ha sido abordada por diversas políticas públicas que, sin embargo, no han logrado incidir significativamente en estas desigualdades ni atender sus consecuencias sociales.

En este sentido, las políticas de cuidado deben considerar estas desigualdades territoriales para ser efectivas y equitativas. Así, el uso cotidiano de las infraestructuras urbanas podría representar un acceso inequitativo para aquellas personas más vulnerables y marginalizadas frente al diseño de las ciudades (Vega Centeno, 2017). No obstante, también pueden generar oportunidades de proximidad espacial y, en consecuencia, reducción de brechas simbólicas o, incluso, construcción de lazos sociales para grupos sociales homogéneos (Parrado-Rodríguez, 2020).

La experiencia del Sidicu, que innovó la planificación urbana de Bogotá al aterrizar el cuidado en los barrios de las personas cuidadoras, operando en infraestructuras públicas urbanas conocidas como Manzanas del Cuidado, es un ejemplo de cómo se puede abordar esta desigualdad territorial al promover el bienestar social y la corresponsabilidad estatal en la provisión de cuidados (Kussy et al., 2022). Así, el sistema reconoce que el cuidado en contextos urbanos implica prácticas socio-materiales que vinculan espacios, objetos y sujetos en la ciudad para promover el bienestar social de la ciudadanía y, específicamente, de las mujeres cuidadoras (Wilson, 2016; Power & Williams, 2019; Binet et al, 2022; Högström et al., 2022).

En la literatura de estudios críticos sobre las infraestructuras, se enfatiza su papel como ejercicio de poder y materialización de prácticas de gobernanza y planificación estatal (Larkin, 2013). Aunque suelen representar visiones de desarrollo y progreso, también pueden reforzar regímenes de control, profundizar abyecciones y generar geografías de segregación (Simone, 2004; Rodgers & O'Neil, 2012; Amin, 2014; Carse, 2016; Lemanski, 2019).

En este contexto, lo urbano se entiende como un paisaje de reproducción social estratificada, en el que el sexismo, el racismo y el clasismo moldean la vida cotidiana de las personas (Wilson, 2016; Truelove & Ruszczyk, 2022; Valdivia, 2018; Datta & Ahmed, 2020). No obstante, las infraestructuras pueden también atenuar o revertir patrones de desigualdad mediante una planificación urbana que priorice el cuidado, permitiendo la construcción de entornos más equitativos, vivibles y saludables (Power & Williams, 2019; Alam & Houston, 2020; Binet et al., 2022).

Consecuentemente, se ha señalado cómo las infraestructuras físicas tienen el potencial de promover el bienestar social y fortalecer el capital social de las personas. Hallazgos etnográficos en sociología urbana indican que los espacios semipúblicos -como bibliotecas, edificios estatales, guarderías y centros comerciales- brindan oportunidades para modificar patrones familiares de socialización, fomentan relaciones más profundas y duraderas, facilitan entornos más justos que posibilitan el ejercicio de los derechos en la ciudad y reducen la precariedad urbana (Small, 2009; Klinenberg, 2019; Knibbe & Horstman, 2019; Peterson, 2017; Renner et al., 2024).

Caso

Durante la alcaldía de Claudia López (2020-2023) se consolidó la Política Pública de Mujeres y Equidad de Género de Bogotá 2020-2030, la cual tenía entre sus objetivos la creación de un Sistema Distrital de Cuidado. Como parte del Sidicu se formaron las Manzanas del Cuidado, que se han expandido progresivamente y, a diciembre de 2025, ya eran 26, de las 45 proyectadas en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) Bogotá Reverdece 2022-2035 (Decreto 555/2021).

Las Manzanas del Cuidado fueron introducidas durante la pandemia del Covid-19, época en la cual el trabajo económicamente productivo de las mujeres se vio particularmente afectado (Tribín et al., 2023b) al tiempo que aumentó en gran medida el TDCNR sin remuneración o mal remunerado y altamente feminizado (Di Virgilio & Perelman, 2021; Dowling, 2021; Moreno, 2021).

Las manzanas consisten en la integración y coordinación de infraestructuras y servicios públicos, en su mayoría previamente existentes, dirigiéndolas a la población cuidadora, en especial a las más necesitadas. Su ubicación se determina bajo criterios de proximidad, pobreza multidimensional y las necesidades de cuidado locales (Moreno, 2021; Tribín et al., 2023a). En cada una se ofrecen servicios gratuitos para las cuidadoras: actividades de educación y formación, lavandería, talleres artísticos, actividades deportivas, de respiro y físicas, o servicios de atención jurídica, psicológica y médica.

Así mismo, mientras las cuidadoras toman su servicio de preferencia, la manzana atiende a las personas que requieren el cuidado de ellas en servicios en los que desarrollan sus capacidades y promueven su autonomía (Manzanas del Cuidado, 2023; Guevara-Aladino et al., 2024). Complementariamente, incluyen servicios de transformación cultural para reducir las inequidades en la distribución de los cuidados en el hogar y promover nuevas masculinidades (Secretaría Distrital de la Mujer, 2021). Son visitadas regularmente por alcaldes, académicos, embajadores y hacedores de política, por lo que se consolidan como referente en la región y en el mundo.

Mediante una estrategia conjunta que incorpora la pedagogía del cuidado, la formación de capital humano y la recreación, se espera que las Manzanas del Cuidado logren el reconocimiento, redistribución y reducción (3R) de las cargas del TDCNR de las mujeres para contrarrestar las in-equidades de género en la ciudad. Las 3R constituyen un antecedente a la formulación del Sidicu en Bogotá. Su principal promotora fue la economista Diane Elson, quien originalmente formuló el marco de las 3R: reconocer, reducir y redistribuir los cuidados (Elson, 2008).

Este modelo fue posteriormente adoptado por ONU Mujeres, la Cepal y la OIT, entre otros organismos multilaterales, en la construcción de diversas políticas públicas y acuerdos internacionales. En 2014, varias organizaciones internacionales ampliaron el modelo a 4R al incorporar la representación de quienes brindan y reciben cuidados y su participación en el diálogo social (Elson, 2017). Más recientemente, en 2018, en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, se añadió una quinta R, orientada a recompensar el trabajo de cuidados remunerado mediante empleo decente y protección social (Naciones Unidas, 2024).

La teoría de cambio del Sidicu establece que el sistema busca la reducción de tiempos de cuidado directo e indirecto y el aumento del uso del tiempo en actividades personales y laborales. Se espera que la participación en los servicios tenga un efecto positivo sobre la redistribución del uso del tiempo de las personas cuidadoras, en favor de más horas a la semana dedicadas a actividades personales y laborales, y menos horas dedicadas a labores de cuidado. Además, se establece que esta participación también tenga un efecto positivo sobre el reconocimiento de las labores de cuidado (Manzanas del Cuidado, 2023).

Complementariamente, las Manzanas del Cuidado emergen como infraestructuras sociales y del cuidado, diseñadas para impactar el bienestar individual y colectivo de las mujeres cuidadoras. Al integrar bienes, servicios y espacios públicos, estas infraestructuras promueven los vínculos sociales entre ciudadanos en infraestructuras subvencionadas y públicas, y aseguran la cohesión social, la interacción y el bienestar comunitario a través de servicios estatales formalizados y como resultados inesperados positivos del Sistema Distrital de Cuidado (Small, 2009; Tribín et al., 2023a; Álvarez-Rivadulla et al., 2024; Guevara-Aladino et al., 2024; Ramírez-Bustamante & Camelo-Urrego, 2023). Se caracterizan por su ingenio, progresividad y facilidad de implementación y divulgación (Álvarez-Rivadulla et al., 2024).

Metodología

Este artículo se basa en dos estudios de dos grupos de investigación que desarrollaron análisis complementarios. Los dos estudios (estudio 1 y estudio 2) tienen metodologías similares, se hicieron de forma independiente y llegan a conclusiones similares.

El estudio 1 correspondía a un semillero de investigación interdisciplinario que se enfocó en describir y evaluar el funcionamiento de la estrategia de Manzanas del Cuidado del Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá. Con este objetivo, durante 2023, diseñamos e implementamos una investigación cualitativa, realizando 60 entrevistas: 45 con mujeres cuidadoras (de niños menores de 12 años, personas mayores de 65 años y personas con discapacidad) usuarias de la estrategia de Manzanas del Cuidado y 15 con funcionarias que trabajan en los distintos servicios allí ofrecidos.

Además, llevamos a cabo un grupo focal con 6 funcionarios de la estrategia de Escuela de Hombres al Cuidado y estuvimos en tres de las cinco sesiones del módulo de cuidado emocional impartido por la escuela. En el caso de las usuarias, se seleccionaron mujeres que hubieran estado vinculadas por al menos seis meses a cada manzana y que hubieran utilizado al menos dos de los servicios (de formación, respiro y empleo) ofrecidos.

En cuanto a las funcionarias y funcionarios, se seleccionaron aquellos con más de seis meses trabajando en las manzanas y en la Escuela de Hombres al Cuidado. Se eligieron cuatro Manzanas del Cuidado para efectuar el trabajo de campo: Usme, Kennedy, Bosa Porvenir y Usaquén. Además, se incluyó un Bus del Sistema de Cuidado que recorre diferentes localidades de la ciudad.

Por su parte, los datos del estudio 2 resultan del trabajo colaborativo llevado a cabo por investigadores sénior, estudiantes de pregrado y posgrado en sociología y antropología durante 2022 y 2023. Empleamos la observación participante, entrevistas y grupos focales con usuarias de las Manzanas del Cuidado. Durante una fase exploratoria, visitamos las 9 manzanas existentes en ese momento en Bogotá, hablamos con las coordinadoras locales y las usuarias. También asistimos a eventos especiales, incluyendo la apertura de nuevas manzanas (que llegaron a 23 al momento de escribir este trabajo) y reuniones académicas sobre el programa; nos reunimos con servidores públicos y políticos involucrados en el diseño y realización del sistema; y revisamos literatura sobre género, cuidado y el Sidicu.

Después de unos meses, seleccionamos tres manzanas para estudiar las actividades diarias y los efectos de la iniciativa con más detalle: Bosa Porvenir, Bosa Campoverde y Los Mártires. En cada una de las tres manzanas organizamos dos grupos focales, que duraron entre 1 y 2 horas; discutimos las experiencias y la situación de vida de las mujeres antes de visitar las manzanas, cómo la asistencia a las clases y otros servicios ha afectado la vida de las mujeres, al igual que las relaciones de los usuarios con otras mujeres.

Los criterios de selección en ambos estudios fueron la antigüedad y la ubicación/tipo de vecindario de las manzanas. Estos factores permitieron reflejar la mayor diversidad posible de implementaciones en un programa muy reciente, que estaba en crecimiento a medida que se realizaba el trabajo de campo.

En los estudios 1 y 2, efectuamos entrevistas con usuarias de las manzanas, así como con no usuarias, en persona, virtualmente o por teléfono, en las manzanas, en los hogares de los interlocutores o en otros lugares de su conveniencia. También entrevistamos a las funcionarias a cargo de cada manzana (coordinadoras) (tabla 1). Las entrevistas a funcionarias incluyeron preguntas sobre su rol, funciones, alcances y limitaciones del cargo, al igual que sus principales frustraciones en relación con el Sidicu y las manzanas. También se incorporaron preguntas específicas según el sector al que pertenecía el servidor público, casi siempre la secretaría Distrital de la Mujer, relacionadas con la misionalidad, la oferta de servicios y el aporte de su trabajo al cumplimiento de la Política Pública de Mujeres en Bogotá.

En el estudio 1, las entrevistas a usuarias y no usuarias abordaron datos socio-demográficos, cargas de cuidado en el hogar, uso del tiempo, responsabilidades laborales y la evaluación del sistema en términos de reducir, reconocer y redistribuir el cuidado. Además, se profundizó en sus experiencias laborales y en las oportunidades de empleabilidad y emprendimiento derivadas (o no) de su participación en las manzanas.

En el estudio 2, las entrevistas a usuarias y no usuarias incluyeron datos socio-demográficos, cargas de cuidado, uso del tiempo, demandas laborales, actividades de ocio, ejercicio y esparcimiento, así como aspectos de salud mental y bienestar subjetivo. También exploraron la percepción sobre las manzanas, sus objetivos y efectos no anticipados, como la creación de redes de apoyo y amistad.

Tabla 1

Perfil de participantes en los dos estudios

Perfil de participantes Entrevistas Grupos focales (7)
Usuarias 82 49
No usuarias 7 -
Trabajadores del Estado 29 -
Total de participantes por instrumento 118 49
Total de participantes 167

[i]Fuente: elaboración de los autores.

Tabla 2

Códigos y subcódigos para el análisis

Estudio Códigos Subcódigos
Estudio 1

• Información sociodemográfica.

• Experiencia como cuidadora o funcionaria.

• Percepción del Sidicu.

• Servicios de empleo, educación, bienestar para dependientes.

• Edad, educación, ocupación.

• Rutina, rol, funciones, bienestar.

• Conocimiento, acceso, beneficios, mejoras, cambios en el interior de los hogares.

• Participación, experiencia, duración y concurrencia.

Estudio 2

• Historia personal.

• Manzana del Cuidado.

• Redes.

• Caracterización económica, cuidado, intereses personales.

• Objetivos del Sidicu, motivos para asistir, fallas percibidas, estrategias del Sidicu.

• Formación de nuevas redes, redes preexistentes, reconocimiento del valor de las redes.

[i]Fuente: elaboración de los autores.

El análisis se llevó a cabo en NVivo mediante codificación sistemática de entrevistas y grupos focales. Ambos estudios usaron códigos y subcódigos que facilitaron identificar patrones, comparar experiencias y organizar el análisis cualitativo. Los códigos se presentan en la tabla 2. La integración de hallazgos se hizo revisando conjuntamente los resultados para identificar similitudes, complementariedades y diferencias. Esto permitió una visión más amplia de las Manzanas del Cuidado y conclusiones más sólidas.

Los principios éticos de ambos estudios se fundamentan en la premisa de que las ciencias sociales deben contribuir a la transformación de las realidades urbanas. Por ello, se trata de un trabajo comprometido y aplicado, que busca integrar a actores no académicos, primordialmente a comunidades y entidades públicas. Los hallazgos fueron coconstruidos junto con las usuarias de las manzanas, y se presentaron en diversas etapas a la secretaría Distrital de la Mujer, entidad encargada de coordinar el Sidicu. Además, resaltamos el potencial pedagógico de la investigación: nuestro trabajo se ha caracterizado por un enfoque colaborativo en el que consideramos a los estudiantes como pares, involucrándolos desde etapas tempranas en el aprendizaje en campo y en la producción científica.

Resultados

Reconocer

Ambos estudios muestran que las Manzanas del Cuidado han logrado que las usuarias reconozcan las labores que realizan en sus hogares como trabajos valiosos para el sostenimiento de la vida, pero injustamente no reconocidos ni remunerados. Este proceso de reconocimiento lo atribuimos al enfoque de los servicios, el tipo de lenguaje utilizado por las funcionarias de las manzanas y el aprendizaje de nuevos conocimientos por parte de las usuarias en instancias de formación en temas de género. A través de este reconocimiento, las usuarias perciben un mejoramiento de su autoestima; esto ha mejorado su calidad de vida más allá de su rol como cuidadoras.

A raíz de asistir a los servicios de las manzanas, las usuarias comienzan a reconocer el TDCNR que efectúan diariamente en sus hogares como un trabajo con un valor importante para el sostenimiento de la sociedad. Así lo mencionó una usuaria de la Manzana de Bosa Porvenir: "Hice un curso con la secretaría de la Mujer que es acerca del cuidado. [...] Ese curso me pareció importante porque a veces uno piensa que lo que uno hace a diario es lo normal, pero uno no ve que todo lo que uno hace a diario en la casa facilita o le ayuda a su familia. Entonces, en ese curso te daban como las herramientas para reconocer todo lo que tú haces a diario y la importancia que tiene para tu hogar y para tu vida" (E1).

Lo comentado por la usuaria guarda una fuerte relación con la incorporación de nociones de la economía feminista en el lenguaje que emplean los funcionarios de los diferentes servicios de las manzanas. Esto lo evidenciamos en las charlas de socialización que tienen lugar en todas las manzanas, que son espacios en los que se informa a las usuarias acerca del propósito del Sidicu y los servicios que ofrecen (figura 1).

En estas jornadas, la resignificación de las labores de cuidado empieza con la pregunta "¿por qué somos cuidadoras?" por parte de la coordinadora de la manzana, a lo que las usuarias que se sientan en frente del salón, muchas que ya han asistido previamente a los servicios del Sidicu, responden: "Porque cuidamos de algún familiar", "de un animal", "de las plantas", "porque somos las que cocinamos y lavamos". Después, la coordinadora escuchaba sus respuestas y les explicaba que hay dos tipos de cuidado, el cuidado indirecto y el directo, y que se diferenciaban porque uno era pago y el otro no. Los dos son trabajos, pues requieren cierta dedicación de tiempo y esfuerzo por parte de ellas.

De esta manera, la coordinadora utiliza las respuestas de las usuarias para ejemplificar el valor del cuidado para el bienestar de la sociedad, con frases como "Si ustedes no le hacen el desayuno a la familia, ¿cómo van a salir a trabajar.?". A frases como esta, las usuarias respondían asintiendo, reconociendo el esfuerzo y el tiempo que le dedicaban a los oficios que mencionaba la coordinadora, con los que se sentían identificadas, y por los cuales no recibían ninguna remuneración.

En otras conversaciones con usuarias sobresalió cómo aprender nuevos conocimientos contribuye a su autovaloración y a la valoración que ellas les otorgan a las labores que ejecutan. Esta resignificación es apropiada por las usuarias al reconocer, por un lado, la importancia de sus labores de cuidado para el sostenimiento del bienestar en sus hogares y en la sociedad, lo que implica el reconocimiento y la valoración de los conocimientos especializados sobre las labores domésticas.

Figura 1

Jornada de socialización de los servicios del Sidicu en una de las Manzanas del Cuidado (estudio 2, 2023)

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Fuente: fotografía tomada por el equipo de investigación.

Por ejemplo, en una entrevista con una antigua usuaria que actualmente trabaja en el servicio de lavandería en la Manzana de Bosa Porvenir (figura 2), ella afirma, refiriéndose a lavar la ropa en el hogar, que "es un trabajo porque usted tiene que saber cómo lavar la ropa, no mezclar la de cama con la otra. Que sacar 3, 4 horas para dedicarse al lavadero y no poder salir a ninguna parte porque tiene que dedicarse a lavar" (E2).

Por otro lado, este reconocimiento también lleva a la identificación del cuidado como una labor que no solamente debe ser asumida por las mujeres y que está desigualmente distribuida entre los integrantes del hogar, como lo menciona la siguiente usuaria: "Me han fortalecido ese tipo de delegar ciertas responsabilidades de acuerdo con sus edades, obviamente de acuerdo a sus etapas. Pero de que no toda la carga, todo el bulto sea para mí" (E3). Esta usuaria identifica que otros miembros de su familia como sus hijos la pueden apoyar en estas actividades.

De manera similar, otra usuaria señala que participar en diversos servicios de la manzana le permitió reconocer la desigual distribución de las tareas domésticas en su hogar, además de identificar sus actividades diarias como un trabajo que se debía dignificar: "Antes yo era la esclava, literalmente, 'venga le llevo, venga le traigo' [...]. yo asistí a un curso de herramientas de cuidadoras y ahí nos enseñaron, nos enviaban audios, videos y yo acá en el computador a todo volumen, para que todos acá [en la casa] escucharan y se dieran cuenta de que 'tú, cuidadora, no eres la única persona que vive en tu casa, la única que tiene que barrer, la única que tiene que hacer la comida, la única que no se puede cansar, ¡no!'" (E4).

Reducir y redistribuir

Aunque reducir y redistribuir son objetivos de las Manzanas del Cuidado con definiciones operativas diferentes -la primera se enfoca en disminuir la carga del TDCNR, mientras que la segunda implica reasignar esa carga a otros miembros del hogar-, ambas intentan lograr un alivio de carga del cuidado para las usuarias. Por eso, en ambos estudios, reducir y redistribuir son dos objetivos que se traslapan entre sí y que se analizarán en conjunto. Los resultados de ambas investigaciones han demostrado que las lavanderías y guarderías en las manzanas efectivamente reducen el tiempo invertido en TDCNR, pues gracias a estos servicios existe una redistribución de carga con el Estado.

En otras palabras, la reducción se posibilita gracias a la corresponsabilidad del cuidado. No obstante, la mayoría de las entrevistadas manifiestan que dentro de los hogares no se ha logrado reducir ni redistribuir las cargas de cuidado. Sobre el servicio de lavandería, una de las cuidadoras comentó que "si las personas se ponen a pensar, ahí [en las lavadoras de la manzana] se pueden ahorrar un montón de servicios que están tan caros ahorita, porque la vida está muy cara para todo el mundo y es muy difícil" (ES).

En ese sentido, las lavanderías beneficiaban a usuarias con ingresos precarios, limitaciones en el servicio de agua o con poco acceso a lavadoras propias, ayudándoles a redistribuir sus labores de cuidado.

Complementariamente, el impacto de las guarderías ha sido favorable. En ellas, los niños entre 1 y 11 años son atendidos por profesionales, en su mayoría mujeres contratadas por el Distrito. Mientras sus hijos eran cuidados por una funcionaria, las madres usuarias asistían a clases o realizaban otras actividades en las manzanas, lo cual posibilitó que las usuarias se enfocaran en su propio bienestar: "Cada quincena, nos vemos y hacemos yoga. Ese es el tiempo que me tomo para mí. Entonces, yo hago yoga y, mientras hago yoga, danza o baile, dejo a mis niños acá en la Manzana del Cuidado y voy a mi clase" (E6).

Figura 2

Servicio de lavandería en una de las Manzanas del Cuidado (estudio 2, 2022)

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Fuente: fotografía tomada por el equipo de investigación.

Sin embargo, esta reducción de carga no aplica para todas las usuarias. Las mujeres sin acceso a lavadoras propias y las madres de niños pequeños en edad de ser cuidados son quienes más se benefician de este tipo de servicios. Contrariamente, usuarias que trabajan en empleos remunerados y otras que tienen a su cargo personas con discapacidad o adultos mayores no cuentan con el mismo alivio de carga por parte del Estado, lo cual muestra algunas de las principales limitaciones del programa: "Yo soy ama de casa, cuidadora de mi niña en condición de discapacidad que tiene 17 años y eso, porque me toca estar [todo el tiempo] con ella, porque nadie se me compromete a cuidarla por la condición de discapacidad tan complicada que tiene ella" (E7).

Algo similar fue expresado por una funcionaria de la Manzana de Bosa Porvenir: "En todos los discursos de la alcaldesa, de la secretaría, de todo el mundo, se dice que nosotros [las Manzanas del Cuidado] garantizamos el cuidado de las personas con discapacidad y no es así, no lo garantizamos, porque no hay recurso humano por parte de [la secretaría de] Integración, no se han anudado los esfuerzos tampoco para poderlo hacer" (E8).

Con las usuarias que trabajan en empleos remunerados, también hay dificultades. Ello queda en evidencia en el tiempo que ocupa a lo largo del día una usuaria de la Manzana de Los Mártires: "Por lo menos, el día de hoy me paré a las 4:00 de la mañana [...] Normalmente no llego a la casa después de salir de la manzana, sino que mi llegada es a las 10 u 11 de la noche y pues ¿a qué hora me acuesto?, pues normalmente a las 12 o 1 de la mañana" (E9).

En este ejemplo, la manzana no facilita ni alivia la carga, sino que incrementa el tiempo que gasta la usuaria en sus actividades. Su caso se alinea con la doble jornada de trabajo que sufren muchas mujeres en Colombia.

Lo anterior también se confirmó en una actividad de los grupos focales, en la que se les pedía a las usuarias que evaluaran el impacto de asistir a sus servicios mediante la creación de un árbol (figura 3). Las raíces representaban la situación previa: "aislamiento", "depresión" y "estrés". La rama derecha del árbol se enfocaba en los vínculos sociales; se les pidió a las mujeres que pensaran en sus redes antes y después de asistir a las manzanas.

Finalmente, las ramas de la izquierda reflejaban aspectos positivos y puntos de mejora de las manzanas en cuanto al reconocimiento, redistribución y reducción de las labores de cuidado. Entre lo positivo destacaban el "descanso", "cuidado de los niños" y el "apoyo del personal", comentarios asociados a los objetivos de reducción y redistribución. En áreas de mejora mencionaron que asistir a las manzanas "reduce el tiempo disponible", "ahora no nos queda tiempo".

Igualmente, aunque el Estado ha asumido parte de la responsabilidad del cuidado, el Sidicu no ha logrado la transformación cultural necesaria para redistribuir estas tareas dentro de las familias. Las mujeres continúan asumiendo estas responsabilidades casi por completo, agudizando su falta de tiempo. Así lo expresó una usuaria de la Manzana de Usme:

Figura 3

Carteleras que resultaron de los grupos focales (estudio 2, 2024)

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Fuente: fotografías tomadas por el equipo de investigación.

La verdad yo le digo ayúdame a lavar la loza, [su pareja le dice]: "No, no, yo para eso traigo la plata". O sea, es muy, muy, muy mala persona en ese aspecto, porque no lava nada, no mueve un dedo aquí en la casa [...]. Allá [en la Manzana del Cuidado] lo motivan a uno mucho, le dan a uno unas charlas como: "Mire, la carga no la puede llevar solo usted, también si tiene pareja repártase las cargas". Uno por más que escuchaba y decía en mi caso no se aplica, uno sentía que algo se podía hacer (E10).

Una de las estrategias que se crearon desde el Sidicu es la Escuela de Hombres al Cuidado, liderada por la secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, que busca incentivar masculinidades cuidadoras. No obstante, su alcance es limitado, como lo expresó una funcionaria de la escuela: "Una de las dificultades que hemos encontrado [...] es la asistencia de los hombres, por eso, principalmente nosotros trabajamos a través de articulaciones de diferentes sectores, instituciones, entidades, organizaciones que están en los territorios [...], porque podemos llegar [a un parque o plaza] y estar en una esquina tres horas y nadie llega, porque es una realidad que no se acercan" (E14).

Complementariamente, asistimos a algunas sesiones de cuidado emocional que hacen parte de la escuela y observamos que alrededor de 10 hombres iniciaron la formación y solo 4 de ellos la culminaron. Esta falta de interés de muchos hombres por aprender sobre el cuidado dificulta la redistribución y reducción del TDCNR.

Entre otras de las limitaciones está que no se garantiza la continuidad en la prestación de servicios de cuidado. Por ejemplo, el servicio de lavandería se otorga a las usuarias por cierta cantidad de tiempo y luego a otro grupo de mujeres. Si bien esto permite que más mujeres se beneficien de este servicio, genera que las usuarias que ya no pueden acceder a este deban volver a encargarse del lavado de su ropa dentro de sus hogares.

Además, por los tiempos que tarda la contratación de los funcionarios de las manzanas, la prestación de algunos servicios también se ve afectada: "El servicio de la lavandería me parece espectacular [...]. El inconveniente es cuando cambian el contrato [...], se demora mucho la contratación. […]. Para uno es difícil, [le dicen] 'la próxima semana se cierra la lavandería'. Entonces, ya otra vez, una, dos horas pegada al lavadero" (E11).

Así las cosas, los resultados de ambas investigaciones sugieren que la simultaneidad es crucial para reducir la carga de cuidado. Participar en cursos de educación flexible, actividades físicas y otras iniciativas ocupa más tiempo, pero la mayoría lo ve como una inversión. Ir a las manzanas es gratificante, ya que dedican tiempo a sí mismas y a su desarrollo personal. Sin embargo, esto implica que están hoy más ocupadas que antes.

Empleabilidad

El reconocimiento del TDCNR y su redistribución son tan importantes para el feminismo y las políticas feministas como la autonomía económica de las mujeres. Si bien esto último no es el objetivo central del Sistema Distrital de Cuidado, es el elefante en el cuarto en todas las entrevistas y grupos en que hemos estado. La situación económica precaria de las mujeres y las expectativas de obtener un empleo emergen constantemente. De hecho, las manzanas brindan algunos servicios, aunque ambos estudios detectan debilidades en este sentido.

Uno de los servicios ofrecidos por las manzanas es el de Ruta de Empleabilidad, en el cual se enseña a las usuarias a hacer una hoja de vida, redactar un perfil profesional, aplicar a trabajos en portales de empleo, entre otros. Para varias de las usuarias de las manzanas, la información que reciben en la Ruta de Empleo es útil y les permite aplicar a vacantes en portales de trabajo como el de la Agencia Pública de Empleo. No obstante, ellas consideran que los empleos sobre los cuales las manzanas les proporcionan información o aquellos que encuentran con la ayuda de la orientadora de la Ruta de Empleabilidad no se adaptan a la flexibilidad que necesitan las mujeres cuidadoras.

Muchos de estos trabajos son de tiempo completo o requieren desplazarse largas distancias, lo cual es incompatible con sus responsabilidades de cuidado en el hogar, impidiéndoles aceptar trabajos con tales características. Así lo expuso una usuaria de la Manzana de Usaquén:

[En la manzana] estaban necesitando un auxiliar de cocina [...]. Yo decía: "Pues tiempo completo no puedo porque estoy embarazada y tengo una hija pequeña". Estaban priorizando a las personas que tuvieran tiempo completo, que fueran solteras y que fueran sin hijos, porque en el servicio de los restaurantes [...] tú entras a una hora, pero puedes salir muy, muy tarde y necesitaban personas que no tuvieran mayores compromisos [...]. ¿Cómo van a poner una oferta así en una ruta de empleabilidad para una cuidadora? (E12).

De manera similar una usuaria de la Manzana de Bosa afirmó: "Fui y pasé la hoja de vida. Después me llamaron de allá para verificar datos y para que me metiera a una página de empleo y que me postulara al empleo según lo que estaba buscando, ¿sí?, pero la verdad yo no apliqué porque los empleos eran de tiempo completo y yo con los niños no [puedo]" (E13).

Aunque es importante reconocer los esfuerzos de las manzanas por capacitar a las usuarias para que puedan ingresar al mercado laboral, es fundamental destacar que, para lograr este objetivo para la mayoría de las mujeres cuidadoras, se deben encontrar alternativas que les permitan equilibrar las responsabilidades de cuidado y el trabajo remunerado. Por ejemplo, una posible estrategia podría consistir en establecer vínculos con el sector privado para crear vacantes que les permitan a las mujeres cuidadoras trabajar y, a su vez, cuidar.

Así mismo, mejorar la disponibilidad de empleos a través de convenios con empleadores que tengan un enfoque diferencial; trabajar en ese enganche es importante para mujeres que, precisamente por sus responsabilidades de cuidado y su precariedad económica, han estado alejadas del mercado de empleo y no cuentan con la experiencia requerida por muchos empleadores. En la ceremonia de graduación del programa de educación flexible que ofrecen las manzanas, varias usuarias se preguntaban en voz alta, "¿y ahora qué?".

Discusión

Gobiernos, mercados, familias y comunidades han suministrado los servicios de cuidado en diferentes proporciones (Bathyánny, 2020; Pineda & Munévar, 2020; Renner et al., 2024). En el caso de Bogotá, el cuidado ha sido fundamentalmente provisto por la familia y, dentro de esta, ha recaído de manera inequitativa en las mujeres. El Sidicu se crea al identificar que el cuidado no remunerado es un problema para las personas cuidadoras, pues estas deben dedicar su tiempo a labores no remuneradas que les impiden hacer un uso productivo de su tiempo en actividades personales o laborales (Fraser, 2016; no, 2024; Porras-Santanilla & Ramírez-Bustamante, 2021). En este sentido, el sistema se puede clasificar como una política de desfamiliarización de los cuidados, pues esta busca que las responsabilidades del cuidado no sean únicamente de los hogares, sino que haya correspondencia con el Estado y que este también sea responsable (Blofield & Martínez, 2014; Moreno, 2021).

La teoría de cambio del Sidicu establece que el sistema busca la reducción de tiempos de cuidado directo e indirecto y el incremento del uso del tiempo en actividades personales y laborales (Secretaría Distrital de la Mujer, 2021). El Sistema de Cuidado busca que la participación en los servicios tenga un efecto positivo sobre la redistribución del uso del tiempo en las personas cuidadoras, en favor de más horas a la semana dedicadas a actividades personales y laborales, y menos horas dedicadas a labores de cuidado. Además, determina que la participación en los servicios del sistema también tiene un efecto positivo sobre el reconocimiento de las labores de cuidado (Secretaría Distrital de la Mujer, 2021).

El principal enfoque del Sidicu es que el Estado releve las actividades de cuidado para que las personas cuidadoras tengan más tiempo para actividades personales y laborales. Si bien el sistema ha mejorado la calidad de tiempo de las personas cuidadoras, no está resolviendo el problema del tiempo invertido en labores de cuidado no remunerado. De acuerdo con ambos estudios, las actividades de respiro les han permitido a las usuarias sentirse más relajadas y motivadas, y los cursos de educación flexible han contribuido a que se empoderen y mejoren su autoestima. Sin embargo, ambos servicios representan una carga adicional para estas personas. Así, en lugar de tener más horas dedicadas a actividades personales y laborales, las usuarias deben balancear el cuidado con las nuevas actividades que realizan en las Manzanas.

Además, muchas de las usuarias se capacitan a través de cursos en diferentes áreas del conocimiento y toman los talleres sobre empleabilidad con la expectativa de poder acceder a un empleo económicamente remunerado. No obstante, esto no sucede, en parte, porque muchos de los trabajos que encuentran en los portales de empleo no cuentan con la flexibilidad horaria necesaria para que ellas puedan trabajar y, a la vez, cuidar en sus hogares.

Una limitación de ambos estudios es que ninguno tuvo grupo control.

Consecuentemente, no se puede definir qué habría ocurrido con las usuarias si no hubieran hecho parte del programa, ni verificar si los resultados observados son atribuibles a la intervención. En este caso, sería deseable tener un contrafactual para saber si el reconocimiento, redistribución y reducción del TDCNR se da por los servicios del Sidicu.

Sin embargo, los resultados de ambos estudios están alineados con la evaluación que hizo la secretaría Distrital de Planeación con apoyo de Fedesarrollo y Economía Urbana (2023). En su evaluación usaron una metodología cuasiexperimental con la construcción de grupos de tratamiento y control. Sus hallazgos son similares a los de ambos estudios. La evaluación encontró que las actitudes tradicionales sobre los roles de género pueden ser resistentes al cambio en el corto plazo y que la redistribución se queda solo en el Estado y no hay cambios significativos en el interior de la familia (SDP et al., 2023). Del mismo modo, la evaluación indica que la estrategia de las Manzanas del Cuidado no reduce directamente el tiempo dedicado a cocinar, cuidar mascotas y limpiar la vivienda; incluso, hay un efecto negativo en el tiempo dedicado a dormir (SDP et al., 2023).

Los hallazgos de la investigación sugieren que las Manzanas del Cuidado propician ensamblajes clave para ser reconocidas como infraestructuras del cuidado, al contar con espacios que facilitan la provisión de servicios de formación, cuidado y recreación, que impactan positivamente en la calidad de vida, los patrones de socialización y el bienestar subjetivo de sus usuarias (Power & Williams, 2019; Alam & Houston, 2020; Binet et al., 2022; Renner et al, 2024; Small, 2009; Klinenberg, 2019; Knibbe & Horstman, 2019; Peterson, 2017).

Además, estas infraestructuras han permitido un acceso más equitativo a los recursos urbanos, fomentando entornos comunitarios y participativos que garantizan el ejercicio de los derechos y la ciudadanía en Bogotá, especialmente para las mujeres cuidadoras. Al trasladar la discusión sobre el cuidado del ámbito privado al espacio público mediante políticas de territorialización -como las promovidas por el Sidicu-, se visibiliza lo que históricamente ha permanecido relegado al hogar, haciendo del cuidado una práctica de responsabilidad pública y colectiva (Kussy et al., 2022).

Empero, la infraestructura no solo está compuesta por los espacios físicos y materiales que habitamos y transitamos. Su efectividad depende también de la articulación con elementos humanos y organizacionales (Simone, 2004; Wilson, 2016; Carse, 2016; Lemanski, 2019; Alam & Houston, 2020; Truelove & Ruszczyk, 2022). Los vínculos interinstitucionales, el papel de las funcionarias de las Manzanas del Cuidado, la creatividad y recursividad de quienes trabajan en estos espacios, al igual que las redes de apoyo mutuo entre las usuarias, son aspectos fundamentales dentro de los ensamblajes que permiten la producción y reproducción del cuidado en estos entornos.

Conclusiones

Las Manzanas del Cuidado han logrado reconocer el TDCNR. El lenguaje empleado por las funcionarias de las manzanas incorpora nociones de la economía feminista, lo que ayuda a entender estas actividades desde la perspectiva del trabajo. Para las cuidadoras, este reconocimiento ha otorgado un nuevo sentido a sus labores. Además, los servicios de las Manzanas del Cuidado han tenido un impacto positivo en la reducción de la carga de cuidado.

Por ejemplo, el servicio de lavandería ha sido decisivo para muchas usuarias que carecen de medios económicos suficientes para tener su propia lavadora. Gracias a este servicio, pueden reducir el tiempo dedicado a lavar la ropa a mano y aprovechar más espacios de respiro. Es interesante observar que, aunque las manzanas han agregado nuevas actividades a la rutina de las mujeres, la calidad del tiempo que dedican ha mejorado.

Aunque no se ha reducido el tiempo dedicado a las labores de cuidado, sí se ha incrementado el tiempo dedicado a sí mismas. Las actividades de respiro les permiten relajarse y pensar en otras cosas, lo que contribuye a su autocuidado y al desarrollo de nuevas habilidades. En cuanto a la redistribución del TDCNR, los estudios señalan que se ha logrado de forma parcial a través de la intervención del Distrito. No obstante, aún no se ha alcanzado una transformación cultural necesaria para redistribuir estas responsabilidades entre los miembros de la familia.

Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las labores domésticas, ya que los demás miembros del hogar no participan de manera significativa. Es un desafío importante que requiere una mayor conciencia y cambio cultural para lograr una verdadera redistribución. Además, en términos de empleabilidad, es necesario que las Manzanas del Cuidado generen puentes con el sector privado para que se abran vacantes lo suficientemente flexibles que les permitan a las usuarias tener la posibilidad de trabajar y, también, cuidar.

La investigación concluye que, en la actualidad, existen condiciones, capacidades y actores dentro de la institucionalidad que facilitan la superación de barreras en la prestación de servicios y programas públicos. Esto permite garantizar el acceso al cuidado para poblaciones marginadas y vulnerables en la geografía segregada de Bogotá. A través de ensamblajes que articulan lugares, funcionarios, instituciones y servicios públicos, se avanza hacia formas de planificación y gobernanza urbana más justas, equitativas y orientadas al cuidado en la ciudad.

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[3] Álvarez-Rivadulla, M. J., Fleischer, F., Hurtado-Tarazona, A., Ramírez-Bustamante, N., Camelo-Urrego, P. A., Moreno-Palma, A. L., Ospina-Ramírez, V. E., Espejo Fandiño, S., Gómez-Carvajal, M. J., & Sánchez Vega, D. (2026). Desafíos del cuidado en la ciudad: experiencias de las usuarias de las Manzanas del Cuidado en Bogotá. Territorios, (54), 1-26. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.15308

Appendices

Entrevistas

Estudio 1:

E1. Usuaria de 35 años, profesional, cuidadora de su hijo de 2 años. 13 de abril de 2023.

E4. Usuaria de 28 años, cuidadora de sus hijos de 1 y 5 años, ama de casa, está cursando 10° de bachillerato en el Sidicu. 26 de abril de 2023.

E8. Funcionaria de la Manzana de Bosa Porvenir. 27 de abril de 2023.

E10. Usuaria de 29 años, bachiller, cuidadora de sus hijos de 3 y 9 años, trabajadora informal. 20 de abril de 2023.

E11. Usuaria de 40 años, cuidadora de sus hijos con discapacidad de 14 y 17 años, cabeza de hogar, trabajadora informal. 17 de abril de 2023.

E12. Usuaria de 29 años, profesional con maestría, cuidadora de sus hijos de 2 meses y 2 años, ama de casa. 20 de abril de 2023.

E13. Usuaria de 36 años, bachiller, cuidaba de sus hijos de 5 y 12 años. 20 de abril de 2023.

E14. Funcionaria de la Escuela de Hombres al Cuidado. 26 de febrero de 2024.

Estudio 2:

E2. Trabajadora de la Manzana de Bosa Porvenir, anteriormente usuaria del Sidicu. 15 de noviembre de 2023.

E3. Usuaria de 38 años, migrante venezolana, madre de 3 hijos. 18 de noviembre de 2022.

E5. Cuidadora de animales, trabaja en marroquinería. 13 de abril de 2023.

E6. Usuaria de 31 años, migrante venezolana, cuidadora. 5 de noviembre de 2022.

E7. Usuaria de 54 años, cuidadora. 15 de mayo de 2023.

E9. Usuaria de 38 años, migrante venezolana, cuidadora de 8 niños entre hijos y sobrinos. 18 de noviembre de 2022.