"Que nos paguen por lo que hacemos". Reflexiones sobre el territorio y el tiempo de mujeres campesinas del sur del Cauca (Colombia)

DOI:
10.12804/revistas.uro-sario.edu.co/territorios/a.15240



RESUMEN

Reconocer la importancia del hacer de las mujeres rurales es un llamado urgente a incluir la perspectiva de género en toda la cadena económico-social contemporánea. Esta investigación tiene como objetivo identificar las lecciones y aprendizajes que el proceso de las mujeres maciceñas aportan a la defensa de la vida, la diversidad biocultural y el cuidado del territorio, gestadas desde las territorialidades campesinas del sur del Cauca. Este recorrido inicia con la revisión de diversas e importantes propuestas teóricas relacionadas con el territorio, la bioculturalidad y los feminismos. Posteriormente, a partir de una metodología participativa, el análisis se centra en comprender en detalle cómo se distribuye el uso del tiempo de las mujeres campesinas en el sur del Cauca, cómo logran apropiarse y cuidar su territorio de manera significativa. Finalmente, se concluye que, desde su hacer y aportes organizativos, las mujeres construyen escenarios de resistencia en pro de una vida digna, para ellas, su comunidad y la naturaleza.

Palabras clave:

Territorio, bioculturalidad, feminismo, cuidado, tiempo, Colombia


ABSTRACT

Recognizing the importance of rural women's practices constitutes an urgent call to incorporate a gender perspective throughout the contemporary economic-social chain. This study aims to identify the lessons and insights on how the history of the women of the Macizo region contribute to the defense of life, biocultural diversity, and territorial care, rooted in the peasant territorialities of southern Cauca. The journey begins with a review of theoretical approaches related to territory, bioculturality, and feminisms. Subsequently, through a participatory methodology, the analysis focuses on how peasant women in southern Cauca allocate their time and how they significantly appropriate and care for their territories. Finally, the study concludes that, through their practices and organizational contributions, women build scenarios of resistance in favour of a dignified life for themselves, their communities, and nature.

Keywords:

Territory, bioculturality, feminism, care, time, Colombia

RESUMO

Reconhecer a importância do trabalho das mulheres camponesas é um apelo urgente para incluir a perspectiva de gênero em toda a cadeia socioeconómica contemporânea. Esta pesquisa tem como objetivo identificar as lições e aprendizados que o processo das mulheres maciceñas [camponesas do maciço colombiano] contribui para a defesa da vida, da diversidade biocultural e do cuidado do território, desenvolvido a partir das territorialidades camponesas do sul do cauca. Esse percurso começa com a revisão de várias e importantes propostas teóricas relacionadas ao território, à bioculturalidade e aos feminismos. Posteriormente, com base em uma metodologia participativa, a análise se concentra em compreender em detalhes como se distribui o uso do tempo das mulheres camponesas no sul do cauca, como elas conseguem se apropriar e cuidar de seu território de forma significativa. Por fim, conclui-se que, a partir de seu fazer e suas contribuições organizacionais, as mulheres constroem cenários de resistência em prol de uma vida digna, para si, para sua comunidade e para a natureza.

Palavras-chave:

Território, bioculturalidade, feminismo, cuidado, tempo, Colômbia


Introducción

El modelo de producción capitalista se fundamenta en la generación de ingresos y maximización de ganancias bajo la narrativa del 'progreso-desarrollo', convirtiendo a cualquier proceso cuyo fin sea distinto como subdesarrollado o, incluso, salvaje; sin embargo, seguir de manera acrítica esta narrativa impide comprender la realidad del sur del Cauca,1 territorio que se caracteriza por su diversidad geográfica y multicultural, fuente invaluable de saberes ancestrales y tradicionales de las familias campesinas que lo habitan.

En este marco, la investigación se apoya en los conceptos de territorio y biocultura, indicando cómo las comunidades contribuyen a las resistencias bioculturales. Estas se expresan en el reconocimiento de los conflictos medioambientales y la lucha contra las actividades de sobreexplotación de los bienes comunes, prácticas que amenazan la supervivencia colectiva. Estos elementos permiten comprender la región como territorios en disputa, donde las mujeres ejercen acciones y prácticas de cuidado territorial. En esta perspectiva, los feminismos comunitarios y campesinos ofrecen marcos de referencia y elementos integradores para visibilizar las luchas de las mujeres maciceñas.

Se adopta una metodología cualitativa de carácter descriptivo y reflexivo para conocer más de cerca las vivencias territoriales de las mujeres. El análisis considera el uso del tiempo en actividades mercantiles, el cuidado de las familias y el cuidado del territorio. Se incorporan técnicas como la conversación, la aproximación etnográfica y la investigación acción participativa, con el fin de visibilizar sus perspectivas y experiencias. A partir de la recolección y sistematización de experiencias, se identifican los oficios realizados a lo largo de su jornada diaria y se clasifican en cuatro categorías: de cuidado, autocuidado, productivos y organizativos. Estas actividades, en conjunto, sostienen la reproducción de la vida y el bienestar de las mujeres del Macizo Colombiano.

1. Territorio y biocultura

La búsqueda de alternativas al sistema de producción dominante implica enfrentar las problemáticas derivadas de concebir a la naturaleza como una fuente de "recursos" ilimitados y a los territorios como meros contenedores de estos y de mano de obra barata (Moore, 2013; Corredor, 2014). En consecuencia, es necesario profundizar entre la relación entre capitalismo y naturaleza: "El capitalismo asume estructuralmente -inaugura, de hecho- una profunda división entre un ámbito natural, concebido como oferta de 'materia prima' gratuita, no producida y disponible para su apropiación, y un ámbito económico concebido como una esfera de valor, producido por y para los seres humanos" (Fraser, 2020, p. 23).

Los ritmos de reproducción del capital avanzan vertiginosamente en comparación con los ritmos de regeneración de la naturaleza. Esta asimetría genera vulnerabilidades en los ecosistemas, disputas por el control global de los 'recursos naturales', pérdida de la diversidad biológica y cultural, y marginación social, agotando las posibilidades de reproducción ampliada de la vida. Moore (2013) identifica dos tipos de crisis: una económica, vinculada a la sobreacumulación y a la caída de las tasas de ganancia; y la ecológica, "impulsada por la tendencia a apropiarse sin límite de los 'frutos gratuitos' de la naturaleza" (p. 12).

Ante este escenario, recuperar la memoria biocultural se convierte en un elemento fundamental para construir historia, no solo desde la perspectiva humana, sino teniendo en cuenta que la naturaleza también evoluciona y reacciona, puesto que es un ser vivo y con agencia. La memoria biocultural se manifiesta en "una gran variedad de expresiones tangibles e intangibles: creencias, conocimientos, instrumentos y herramientas, arte, arquitectura, vestimentas y la amplia gama de alimentos que conforman las cocinas locales y regionales" (Toledo & Barrera-Bassols, 2008, p. 44). En este sentido, reconocer nuestro pasado es una vía para construir el futuro, uno que exalte la diversidad, la variedad, la heterogeneidad y la multiplicidad.

Conocer estos relacionamientos y recolectar los recuerdos implica reconocer la diversidad biocultural como una clave para entender el presente y proponer estrategias futuras de adaptación y permanencia comunitarias. Estrategias que reviertan la destrucción ecológica-ambiental y cultural a las que nos ha llevado el capitalismo en su fase de globalización económica (Maffi, 2010; Toledo & Ba-rrera-Bassols, 2008). El deterioro de la diversidad biológica, genética, lingüística, cognitiva, agrícola y paisajística amenaza con la pérdida de biodiversidad mundial, puesto que "la cultura tiene múltiples dimensiones. Y junto con ella se pierde la experiencia humana de conocer y manejar los ecosistemas y la biodiversidad" (Casas, 2022, p. 311).

Ante este escenario globalizante, emergen propuestas locales en las que las comunidades, mediante acciones de resistencia y aludiendo a los saberes propios, ancestrales y milenarios, promueven interacciones respetuosas con los ecosistemas y buscan revertir las tendencias destructivas del capitalismo. En este marco, la investigación busca sistematizar las disputas, formas de resistencia y pervivencia que las mujeres maciceñas ejercen frente a diversas estructuras de poder, en defensa del territorio, la diversidad biocultural y las comunidades del Macizo Colombiano, ya que "la memoria biocultural despierta en las mujeres la esperanza de una reconstitución de los lazos sociales de la vida comunitaria y con la naturaleza. Asimismo, esa memoria biocultural mantiene la resistencia y la re-existencia de ellas mismas como guardianas de un conocimiento ancestral en tanto tejedoras de cultura" (Barbosa, 2021, p. 40).

Este enfoque no se orienta hacia la apropiación de la memoria, sino hacia un análisis biocultural, es decir, un análisis biodiverso, etnodiverso y agrodiverso, basado en un legado que ha pasado de generación en generación. Desde esta mirada esperanzadora, las comunidades resisten en medio de diversas formas de violencia. Por ello, es fundamental abordar el concepto de territorio como un factor central en la lógica de la relación biodiversidad-vida comunitaria.

El territorio "es multidimensional y multiescalonado" (Cruz, 2011, p. 212). Por una parte, es el área geográfica, el espacio físico, e implica una construcción individual y social; por otra parte, existen diferentes escalas que lo delimitan (local, regional, global). Así, "se entiende como un espacio socialmente construido por sus habitantes quienes desarrollan allí la mayor parte de su vida política, económica y social" (Saade, 2020, p. 20).

Avanzando en este concepto, Haesbaert (2011) identifica cuatro vertientes para definir el territorio: i) la política, como espacio limitado en el que se ejerce algún tipo de poder, no necesariamente estatal; ii) la cultural, como apropiación simbólica de un grupo; iii) la económica, vinculada a las fuentes de recursos y a la relación producción-trabajo; y iv) la "naturalista", relacionada con la interacción entre sociedad y naturaleza desde las ciencias sociales.

El territorio es, por lo tanto, un concepto cambiante, resultado de la interacción de elementos como el lugar, la cultura, la naturaleza, los símbolos, la identidad, el sentido de pertenencia. Según Márquez (2020): "El territorio con todo lo que lo integra le da sentido a mi vivir individual y colectivo" (p. 12).

Para las comunidades campesinas del sur del país, especialmente el Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), el territorio constituye el espacio de unión indisoluble entre la vida y la naturaleza: "El territorio concebido como el espacio en el que se reproduce la vida, contempla el espacio rural como la esencia de la comunidad, de la tradición campesina y de su pensamiento. Este posee un doble significado: 'Por un lado la tierra que se asocia al trabajo material y la producción de alimento y por otro el que se relaciona con la identidad y la tradición, es decir sobre su esencia campesina'" (CIMA, s. f., citado en CNRR, 2009, p. 86).

En conclusión, el territorio y la memoria biocultural son los elementos estructurantes del proceso de defensa del Macizo Colombiano. Desde el papel de las mujeres, esta defensa articula formas locales de organización y un legado de conocimiento construido en la relación con los ecosistemas, la tierra, los cultivos y la cultura. Se trata de procesos sistémicos que expresan corresponsabilidades entre seres humanos y naturaleza, fundamentales para la conservación y la biodiversidad de los territorios.

2. Los feminismos comunitarios y campesinos

Dado que la investigación se lleva a cabo con grupos de mujeres organizadas, este apartado presenta consideraciones desde diversos feminismos que aportan herramientas analíticas para comprender sus luchas reivindicativas. El feminismo se entiende como una teoría política y un movimiento social que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, al tiempo que propone una sociedad más justa y respetuosa (Valera & Santolaya, 2019, p. 9).

Se pueden identificar algunos consensos, como reconocer una condición de opresión y subordinación de las mujeres, a causa de "un sistema estructural de poder que coloca a los varones al frente del control de las instituciones, la construcción del saber sobre el orden del mundo" (Espinosa, 2016, p. 143), y la necesidad de transformar esa realidad social (Valera & Santolaya, 2019; Espinosa, 2016).

Para contextualizar la realidad de las mujeres del Macizo Colombiano, se retoman como referentes los feminismos comunitarios y campesinos, corrientes que permiten comprender sus prácticas y resistencias. El feminismo comunitario se origina en diversas luchas en América Latina, identifica el patriarcado como un sistema de opresión que, a través de costumbres y tradiciones, naturaliza roles de género subordinantes. Estas estructuras de poder perpetúan violencias y desigualdades, evidenciando la necesidad de transformar tanto las relaciones de género como las dinámicas sociales en las comunidades.

"La opresión manifestada contra las mujeres a lo interno de nuestras culturas y cosmovisiones es algo que hay que cuestionar de manera frontal y nombrarla como es: misoginia, expresada y manifestada en las actitudes y prácticas cotidianas más remotas y actuales, contra nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, decisiones y acciones" (Cabnal, 2010, p. 18).

El feminismo comunitario plantea construir conocimiento a partir de los pensamientos y sentires de los pueblos, desde una mirada autocrítica, una lucha de mujeres, por mujeres, los feminismos comunitarios se pueden entender como "una lucha, un pensamiento, una argumentación de los sueños de las mujeres para vivir bien" (Paredes & Guzmán, 2014, p. 10). Más allá de generar teoría, promueve prácticas sociales que den solución a las problemáticas que viven mujeres y hombres: violencia, explotación, discriminación y muerte.

Desde esta perspectiva, el cuerpo de la mujer se constituye como el eje narrativo que permite comprender cómo percibimos y habitamos el entorno y el tiempo. "Construcción de saberes liberadores para la toma de decisiones y esta potencia junto con la defensa de mi territorio tierra, porque no concibo este cuerpo de mujer sin un espacio en la tierra que dignifique mi existencia, y promueva mi vida en plenitud" (Cabnal, 2010, p. 23).

Las feministas comunitarias plantean el concepto de territorio-cuerpo-tierra para comprender la relación entre el extractivismo y el patriarcado, y el efecto que tiene en la configuración de las relaciones sociales en detrimento de las mujeres y el lugar que ellas habitan. Denuncian comportamientos machistas y violencias contra las mujeres, e identifican procesos de ruptura de los ciclos de reproducción de la vida derivados de actividades extractivas que generan afectaciones en el ambiente y en los ecosistemas. Afectaciones que pueden repercutir negativamente en la soberanía alimentaria de estos territorios y la salud de los habitantes. Adicionalmente, para la vida de las mujeres, todo esto supone una mayor carga de trabajo y cuidado, bien sea con más horas de trabajo en la huerta, buscando agua limpia o enfrentando posibles enfermedades.

Las mujeres rurales no están relacionadas con la tierra solamente desde el sentido de la tenencia o de la propiedad, por el contrario, al carecer en su mayoría de derechos formales sobre estas, su vínculo con el territorio debe comprenderse de manera más amplia, pues incluye prácticas de cuidado de los bienes comunes: montañas, ríos, bosques, flora y fauna. Este arraigo articula dimensiones culturales, políticas, económicas y afectivas.

De este modo, los feminismos campesinos visibilizan las experiencias y políticas agrarias desde una perspectiva de género.

Reconocen que "[e]l sistema patriarcal afecta de igual manera a las mujerxs y a la naturaleza. Las mujerxs producen fuerza de trabajo y la naturaleza genera recursos, las dos son fuentes necesarias para satisfacer las necesidades del capitalismo" (La Vía Campesina, 2021, p. 10).

Por lo anterior, los feminismos campesinos promueven mejores condiciones de vida en áreas rurales. Podemos decir que los "feminismos campesinos que atesoran las semillas como patrimonio de la humanidad y enseñan los misterios de la soberanía alimentaria [son] feminismos que se levantan desde nuestros territorios cuerpos y territorios tierras, desmalezando los espacios para la fiesta de la vida" (Korol, 2016, p. 14).

Frente a estas condiciones, es necesario analizar los procesos organizativos de mujeres y comprender la dimensión política del género en el contexto campesino, en el que "las luchas de las mujeres rurales se han enfocado en romper con el orden social de género en el que se asienta la desigualdad en el acceso de mujeres y hombres a la tierra y a los recursos productivos" (Sañudo & Quiñones, 2022, p. 24). De este modo, las mujeres rurales se organizan para reclamar igualdad y, además, visibilización de sus labores diarias y el reconocimiento de su papel en la defensa del territorio y en el discurso ambiental.

Para esta investigación, tres elementos conceptuales: territorio, biocultura y feminismos, se entretejen en las acciones, prácticas y saberes que desarrollan las mujeres en el Macizo Colombiano, particularmente en el sur del Cauca. Estas dimensiones se evidencian en sus acciones de defensa territorial en las cuales nacen los ríos, crecen los bosques, las montañas, sus huertas y su producción para la soberanía alimentaria.

3. Metodología

Los estudios bioculturales plantean un gran reto para la investigación, pues requieren métodos y herramientas diversos que consideren la particularidad de cada territorio y la interrelación con su contexto. No se puede comprender un territorio sin incluir las especies humanas y no humanas que lo habitan, los saberes que los grupos poblacionales generan sobre sus hábitats y sus prácticas. En este sentido, se adopta una metodología cualitativa, de alcance descriptivo y reflexivo, de tipo no experimental, orientada a producir nuevo conocimiento científico a partir de las prácticas culturales y las vivencias de las mujeres maciceñas en el sur del Cauca.

Se emplean herramientas del método etnográfico (Guber, 2001) con el propósito de aprender y describir la cultura, las formas de vida y la organización social del grupo analizado. La recolección de información se realiza mediante trabajo de campo y observación participante en actividades propias de la organización, complementada con un análisis del uso del tiempo. Esta información se sistematiza en diarios de campo, en los que se registran tanto las percepciones y observaciones de las mujeres campesinas como las reflexiones de las investigadoras.

Así mismo, se incorporan herramientas de la investigación acción participativa (Fals Borda, 1987), orientadas al rescate del conocimiento popular y a la generación de ciencia desde las realidades cotidianas. Este enfoque considera a las comunidades como agentes activos del proceso, capaces de propiciar cambios y transformaciones desde la base social. Se busca así crear conocimiento a partir de la acción colectiva, integrando investigación y práctica a través de talleres participativos, discusiones grupales y conversaciones.

Como señala Esteva (2016), se trata de establecer diálogos que permitan comprender "al que habla, de lo que habla, con lo que habla y a quién le habla" (p. 179), resultado de una relación de culturas y de interacciones que reflejen y generen símbolos para "llegar a ver lo que se está diciendo" (p. 179). En la misma línea, Gutiérrez (2020, p. 7) subraya que la conversación, mediante la activación de la memoria y el recuerdo compartido, no solo recupera experiencias pasadas de lucha, sino que regenera sentidos colectivos que fortalecen la organización comunitaria.

Finalmente, la investigación se entiende como un ejercicio de registrar lo que las comunidades hacen y dicen; de reconocer que el ejemplo moviliza y que "la familia es nuestra reserva"; de impulsar la creatividad en la acción colectiva; y de reivindicar "el derecho al enamoramiento del territorio" (Quijano, 2016, p. 52).

3.1. Instrumento

Uno de los talleres que aporta de manera central a los resultados de esta investigación se denominó "Análisis de tiempo de trabajo-cuidado-autocuidado". El objetivo fue identificar el tiempo de trabajo remunerado y no remunerado que llevan a cabo las mujeres en sus territorios, utilizando como recurso metodológico un reloj.

Cada participante registró, de acuerdo con su rutina diaria, las actividades efectuadas y el tiempo promedio dedicado a cada una. Posteriormente, se socializaron los resultados individuales, identificando las relaciones entre las distintas rutinas y construyendo colectivamente un 'día promedio' de una mujer campesina, representado en una cartelera (ver figura 1).

Figura 1

Taller con las mujeres maciceñas

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Fuente: elaboración propia de la investigación.

Es importante anotar que la aplicación del instrumento requirió de diálogo y concertación, ya que la noción de 'rutina diaria' resultó ser una mirada lineal y homogeneizadora que no refleja la pluralidad de la vida rural. En la práctica, las mujeres evidencian formas diversas de organizar sus tiempos, dependiendo de su localidad, actividad económica principal, composición familiar y grado de participación en colectivos comunitarios. Por ello, se acordó representar un día de cosecha de café, caracterizado por una mayor carga laboral en las fincas, como ejemplo ilustrativo.

Como sostiene González (2021), en las comunidades indígenas "la separación entre el trabajo y la vida no responde a la diversidad de temporalidades, donde existe una articulación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de vida" (p. 147). Esta reflexión también resulta aplicable a las comunidades campesinas, en las que la cotidianidad integra simultáneamente múltiples dimensiones de la vida social.

3.2. Contexto

El departamento del Cauca está ubicado en el suroccidente de Colombia y cuenta con 1 574 506 habitantes, de los cuales el 64,5 % (1 016 236) reside en cabeceras municipales y el 35,5 % (558 720), en zonas rurales. En términos de género, la población femenina es el 50,6 %, en cambio, la población masculina corresponde al 49,4 % (Gobernación del Cauca, 2024).

Históricamente, el Cauca ha sido un espacio de intensa interacción entre sus pobladores y el entorno natural. Es una región estratégica por su riqueza hídrica, biodiversidad y ecosistemas, los cuales cumplen funciones esenciales de captación, almacenamiento y regulación del agua, además de sustentar recursos de gran valor para la preservación del patrimonio natural y el bienestar de sus habitantes (Ideam, 1999, p. 2).

La región se caracteriza por una amplia diversidad étnica y cultural, con presencia de comunidades indígenas, afro-descendientes y campesinas. Igualmente, varios de sus municipios hacen parte de los programas de desarrollo con enfoque territorial (PDET), lo que evidencia que fueron escenarios fuertemente afectados por el conflicto armado, con altos niveles de pobreza, economías ilícitas y debilidad institucional. Las actividades económicas principales se concentran en el primer sector productivo, es decir, producción basada en la explotación de materias primas, baja generación de valor agregado y escasa diversificación económica.

4. Reflexiones sobre el tiempo de trabajo, cuidado y autocuidado

Este apartado presenta resultados que evidencian las complejas relaciones entre el tiempo de trabajo, el cuidado de sí mismas y de los demás, y la construcción de los territorios. Los datos corresponden al sur del Cauca, donde las mujeres se han organizado con el fin de "incluir en nuestro lenguaje y decisiones el concepto de equidad de género, aprovechando el proceso organizativo del CIMA, el cual nos sirvió para avanzar organizadamente en procesos de reflexión y concientización como mujeres sujetas de reconocimiento y de derechos" (Mujeres Maciceñas, 2024, p. 4).

Desde una perspectiva feminista, se ha anotado cómo históricamente las mujeres asumieron mayoritariamente las labores del cuidado al relegarse su rol a lo doméstico. Actualmente, las mujeres desempeñan una amplia gama de roles, dentro de los ámbitos productivo, comunitario, ambiental y del hogar. Sus contribuciones abarcan desde actividades agrícolas y emprendimientos locales hasta la conservación de la biodiversidad y la participación en procesos de toma de decisiones colectivas.

El análisis de las labores de las mujeres campesinas del sur del Cauca muestra que, en promedio, inician su jornada a las 4:00 a. m. y la concluyen a las 10:00 p. m., completando 18 horas de trabajo. Durante este tiempo realizan alrededor de 33 actividades, clasificadas en cuatro categorías: cuidado, autocuidado, productivas y comunitarias.

Figura 2

División de las actividades de las mujeres rurales por categoría

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Fuente: elaboración de las autoras.

Como se muestra en la figura 2, las mujeres desarrollan 10 actividades de cuidado y 8 productivas. No obstante, este incremento en la participación productiva implica asumir una doble o, incluso, triple jornada, al distribuir su tiempo entre el trabajo remunerado, el cuidado de la familia y el compromiso comunitario: "Es que este relojito no me alcanza, porque pues meter todo lo que hago en un día o que es todos los días... lo que estamos tratando de hacer es tomar conciencia de que la vida cotidiana en las mujeres es muy dispendiosa y demanda muchas cosas, que a veces no nos permiten el autocuidado, no nos permiten organizativo, no nos permiten pensarnos más allá de la de la vida de lo que hacemos" (Relatoría taller, 2024).

En la figura 3 se observa la clasificación de actividades. Las de cuidado corresponden a la atención familiar y al mantenimiento del hogar, esenciales para el bienestar físico y emocional. El autocuidado incluye acciones dirigidas a la salud emocional y al bienestar personal de las mujeres. Las actividades productivas representan principalmente la producción agrícola para la seguridad alimentaria, mientras que las comunitarias se vinculan a procesos organizativos. Varias de estas actividades se desarrollan de manera simultánea, pues, como indica González (2021), "el trabajo se ve como parte de la vida, inmerso en los momentos de recreación y sin una medición del tiempo por horas" (p. 164).

La investigación permitió identificar que, en promedio, estas mujeres comienzan su jornada a las 4:00 a. m. y terminan a las 10:00 p. m., para un total de 18 horas de trabajo diarias, las cuales se distribuyen así: 9 en actividades de cuidado, 3 en autocuidado, 4 en actividades productivas y 2 horas semanales en actividades comunitarias. De esta forma, se ocupan principalmente del cuidado de los cuerpos y de la vida, en el hogar, que permanece invisible para la economía y la política (Solidaridad Internacional Andalucía, 2016, 2 min 40 s).

Figura 3

Clasificación y división de las actividades de cuidado

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Fuente: elaboración de las autoras.

Es propicio resaltar que muchas de estas actividades se llevan a cabo simultáneamente, principalmente las actividades de autocuidado. Como manifiesta Monasterio (2015), este tipo de prácticas evidencian "la ficción de libertad", pues, aunque se experimentan como elecciones personales, en realidad responden a condiciones históricas que imponen objetivos externos. Así, las mujeres reflexionan sobre la distribución de su tiempo: "Garantizar tanto lo productivo como lo organizativo frente a las actividades de autocuidado. Miren que muchas son paralelas o al cuidado o a lo productivo, pero en realidad son muy pocos los momentos de autocuidado, es decir, el leer es mientras estoy cuidando al niño, el escribir también, el escuchar música es mientras realizo oficios, en realidad no están dejando tiempo de esparcimiento propio para usted" (Relatoría taller, 2024).

Las participantes subrayan la inequitativa distribución de las actividades de cuidado y la falta de reconocimiento social: "Yo creo que a uno eso es algo que nadie le reconoce porque eso es algo que uno en la cocina, por decir, hace el desayuno. todo se consume, vuelve hace el almuerzo. se consume, la comida, todo, comió y quedó en nada, como que no hizo nada" (CIMA, 2021, 5 min 3 s).

Un aspecto importante es que, aunque estas actividades no son reconocidas como productivas en el modelo económico dominante, son esenciales para la sostenibilidad de la vida. En la mayoría de los casos, las actividades productivas de las mujeres rurales no se vinculan a empleos formales remunerados. La mayoría de ellas se encargan de las actividades agropecuarias asociadas a sus fincas, la producción de las huertas y animales de especies menores, y algunas jornalean en la vereda. En promedio se establece un ingreso de 391 000 pesos, casi la cuarta parte del salario mínimo legal vigente en Colombia.

"Si nosotras miramos las actividades que hacemos, la pregunta sería ¿cuántas de esas actividades tienen que ver con cosas productivas que se remuneran monetariamente? Es decir, cuántas de esas tienen que ver con el producto que yo hago y cuántas tiene que ver con cosas de cuidado de la familia que muchas veces no están remuneradas, pero son importantes, entonces cuando no las hacemos nosotras, ah tenemos que pagarlas" (Relatoría taller, 2024).

Bajo esta lógica, el conflicto no reside en la responsabilidad de realizar estas actividades, delegada generacionalmente, sino en su invisibilización. El trabajo doméstico y de cuidado no se considera productivo y no se remunera, pese al conocimiento (experiencia), esfuerzo y tiempo que implica. Dicho trabajo es indispensable para sostener y dar vida, y posibilitar cualquier otra forma de trabajo. "Pareciera ser que nosotras hacemos como digamos aseo, lo del cuidado, pero también hacemos cosas productivas, ¿cierto? Y, aparte de eso, hacemos trabajo social" (Relatoría taller, 2024).

Estas actividades comunitarias derivan de procesos organizativos y movimientos sociales en defensa de los territorios. Como lo expresó una participante: "Las mujeres también hemos estado haciendo procesos organizativos y, aunque muchas veces no nos han dado la visibilidad que merecemos, [...] tenemos que ir avanzando en la construcción organizativa, ganando más visibilidad, [... ] y es que el primer lugar de incidencia política es la familia" (Relatoría taller, 2024).

El primer reclamo de visibilidad y reconocimiento es en el hogar, pues es este el primer escenario donde las mujeres contribuyen a las resistencias bioculturales: "Yo pienso que nosotras como mujeres debemos reconocernos nosotras mismas en lo que pensamos, en lo que hacemos, para que otros nos reconozcan lo importante que somos las mujeres campesinas" (CIMA, 2021, 5 min 18 s).

Consecuentemente, la demanda de justicia e igualdad de estas mujeres reconoce las capacidades y el papel fundamental de las mujeres en la vida comunitaria: "Hoy la reivindicación más importante para las mujeres es que nos hemos dado cuenta [de] que somos mujeres capaces, importantes para la sociedad, para la comunidad y para la organización, [de] que somos capaces de hacer otras cosas que no sea limpiar, [de] que somos capaces de luchar, de dejar un legado. capaces de tener un desarrollo personal, organizativo, un desarrollo familiar en armonía y en respeto" (Gamboa, 2024).

A partir de la revisión de la distribución del tiempo y de las conversaciones sobre el territorio, surge la consigna central: "Que nos paguen por lo que hacemos.... Que nos paguen por estas cargas y estas dinámicas de trabajo" (Relatoría taller, 2024). Esta reflexión no está delimitada solo en términos monetarios, porque muchas de las acciones son efectuadas desde el amor: la importancia de velar por el bienestar de sus parejas, hijos, padres, nietos, y demás familiares; y la convicción: como las labores comunitarias y de cuidado territorial. La reclamación es, en esencia, un llamado al reconocimiento y valoración del papel de las mujeres rurales como productoras de vida y guardianas del territorio.

El punto de partida es admitir la interdependencia de la vida y la naturaleza. En este sentido, el reconocimiento de los conflictos medioambientales y la lucha frente a las actividades de sobreexplotación de recursos naturales plantean una relación diferente con la naturaleza: no desde la propiedad y la dominación, sino desde la solidaridad y el cuidado para permitir su regeneración. Este enfoque se fundamenta en principios de cooperación, relacionalidad, complementariedad e interdependencia, comprendiendo que la mujer es productora de vida y, por lo tanto, sus acciones están asociadas a la reproducción ampliada de la vida humana y no humana.

Reflexiones finales

Históricamente, solo se ha considerado 'productivo' el trabajo que genera mercancías para el mercado. Esta visión economicista ha invisibilizado el trabajo esencial de las mujeres en la reproducción social, el cual crea valores de uso imposibles de contabilizar. El desconocimiento o subvaloración de las actividades de cuidado, o el desconocimiento del hogar como principal escenario del desarrollo y crecimiento económico, constituye el principal conflicto al desconocer la importancia de cuidar y sostener la vida. A este respecto, reclamar reconocimiento requiere "deconstruir y darle una vuelta al propio concepto de producción, diciendo que la producción es todo aquello que hacemos para satisfacer necesidades humanas y no lo que hace crecer la economía" (Solidaridad Internacional Andalucía, 2016, 10 min 50 s).

Se propone, por lo tanto, una recontextualización del crecimiento y desarrollo económico, en la que el eje sea la capacidad de generar y preservar la vida, el conocimiento y la identidad cultural, reemplazando el paradigma de acumulación de bienes materiales y riquezas monetarias. Esta mirada reconoce que la existencia y el bienestar dependen inicialmente de las múltiples acciones cotidianas que se llevan a cabo en el ámbito del hogar.

El análisis de la destinación del tiempo de las mujeres campesinas muestra que el autocuidado constituye un acto político y de resistencia frente a dinámicas sociales que priorizan la productividad a costa del bienestar. Esta perspectiva permite comprender cómo los cuerpos de las mujeres se inscriben en sistemas de poder que condicionan sus vidas, pero también cómo, al reconocerse como primer territorio por defender, se convierten en punto de partida para la protección de la tierra, las semillas, el agua y la soberanía alimentaria.

En este marco, la memoria biocultural y los saberes ancestrales se configuran como estrategias de resistencia que permiten sostener la diversidad cultural, la agrodiversidad y los lenguajes propios. Se hace un llamado a valorar y visibilizar el trabajo doméstico y comunitario, así como a construir relaciones basadas en la solidaridad y el respeto hacia la vida y el entorno, reconociendo la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza.

Finalmente, se identifica que la organización colectiva constituye la vía para potenciar estas acciones. Los procesos organizativos, desde lo local hasta lo regional, buscan generar incidencia nacional y articular agendas de acción capaces de influir en la construcción de políticas públicas estatales y no estatales en Colombia.

Agradecimientos

Expresamos nuestro más profundo agradecimiento a los grupos locales de mujeres maciceñas y al Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA). Su tiempo y saberes fueron fundamentales para esta investigación participativa, al brindarnos un espacio de encuentro que resalta su lucha por el territorio y por una vida digna.

Referencias

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Taller "Análisis de tiempo" (2024, 23 de mayo). Relatoría taller: "Análisis de tiempo de trabajo-cuidado-autocuidado". Popayán, Colombia.

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[1]El departamento del Cauca está ubicado en el suroeste de Colombia, presenta límites al norte con los departamentos de Valle del Cauca y Tolima, al sur con Nariñoy Putumayo, y al oriente limita con los departamentos de Huilay Caquetá.

[2] Mera Paz, Y. K., & Peña Hoyos, I. D. (2026). "Que nos paguen por lo que hacemos". Reflexiones del territorio y el tiempo de mujeres campesinas del sur del Cauca (Colombia). Territorios, (54 Especial), 1-18. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.15240