Orden urbano y circulaciones. Imagen historiográfica de Montevideo en la Guerra Grande (1839-1851)

DOI:
10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.15000


 

Resumen

En el texto se exploran las imágenes urbanas que distintos historiadores de los siglos XX y XXI ofrecen acerca de Montevideo durante la Guerra Grande (1839-1851). Se hace hincapié en conceptos como móvil/inmóvil, abierto/cerrado y exterior/interior. De esta manera se quiere visualizar cómo el orden urbano de la ciudad, sus imágenes e imaginario fueron concebidos a partir de las circulaciones. El sitio militar que trajo la guerra fue fundamental para definir diversas pautas de sociabilidad y formas de habitar la ciudad.

Palabras clave:

Urbanismo, historiografía, circulaciones, guerra, Montevideo


Abstract

The text explores the urban images that different historians of the 20th and 21st centuries offer about Montevideo during the Great War (1839-1851). Emphasis is placed on concepts such as mobile/immobile, open/closed and exterior/interior. In this way we want to visualize how the urban order of the city, its images and imaginary, were conceived from circulations. The military siege brought about by the war was fundamental in defining various patterns of sociability and ways of inhabiting the city.

Keywords:

Urbanism, historiography, circulations, war, Montevideo

Resumo

O texto explora as imagens urbanas que diferentes historiadores dos séculos XX e XXI oferecem sobre Montevidéu durante a Guerra Grande (1839-1851). Enfatizam-se conceitos como móvel/imóvel, aberto/fechado e exterior/interior. Dessa forma, busca-se visualizar como o ordenamento urbano da cidade, suas imagens e imaginário foram concebidos a partir das circulações. O cerco militar trazido pela guerra foi fundamental para definir diversas formas de sociabilidade e modos de habitar a cidade.

Palavras-chave:

Urbanismo, historiografia, circulações, guerra, Montevidéu


Introducción

En el artículo se quiere explorar las visiones de distintos historiadores, de los siglos XX y XXI, en relación con las imágenes o representaciones urbanas1 forjadas a propósito de la ciudad de Montevideo durante la Guerra Grande (1839-1851), empleando categorías que intentan dar cuenta de cómo el conflicto bélico afectó las circulaciones. Así mismo, en esta ciudad en transición hacia una modernización incipiente (en ese pasaje de la "ciudad patricia" a la "ciudad burguesa", según fórmula de Romero, 2010), las circulaciones, en sus aperturas y clausuras, fueron regulando el orden urbano. Y esto, en grados variables, será reflejado con posterioridad por la historiografía (en casos no de manera del todo explícita). Estas búsquedas y análisis se despliegan en el plano discursivo de la historia cultural urbana.

En la década de 1960 se constituyó para América Latina, de mano de autores como Richard Morse, José L. Romero y Ángel Rama, un nuevo tipo de historia urbana que resaltaba los aspectos sociales y culturales (Almandoz, 2008). Si la ciudad hasta ese momento había sido pensada desde la arquitectura y la planificación urbana, ahora comenzaba a ser comprendida desde la historia y los estudios culturales, haciendo hincapié en los imaginarios y las representaciones (Gorelik, 2022). Estas búsquedas a veces se cristalizaron en un estilo que apuntó al ensayo, a una escritura que, en palabras de Octavio Paz, "fluye viva, nunca en línea recta" (Morse, 1993, pp. 135-154).

Para Arturo Almandoz (2002), uno de los referentes principales en el campo, la "historia cultural urbana" emerge como un novedoso recorte historiográfico, dialogando con la microhistoria y potenciando "la contingencia y autonomía de las formas culturales" (pp. 29-39). Esto permitió potenciar el juego de escalas y los acercamientos a lo local y lo regional. Cabe destacar que, por esos años, los estudios literarios sufrían una transformación similar, al enfocarse en lo social y cultural, según trasciende de los abordajes de Rama (1976) sobre la literatura rioplatense del siglo XIX.

La ciudad, de acuerdo con las concepciones de José L. Romero, es a la par tres cosas: "Un actor colectivo del cambio histórico, un producto material de ese mismo cambio y un ambiente social e intelectual que lo perpetúa" (Gorelik, 2013, pp. 15-43). Así, quedan encarnados en el espacio urbano un proceso histórico, un desarrollo arquitectónico y material, y los rastros de un grupo humano con sus estratificaciones sociales e imágenes culturales. Aprehender la "totalidad del proceso sociocultural" será, por lo tanto, captar las "estructuras socioeconómicas urbanas y de las formas de mentalidad y vida" (Romero, 2013, p. 86). En la ciudad, así mismo, se inscriben los conflictos y las redes de poder. El control de los espacios y las circulaciones marca en el mundo occidental los procesos de urbanización y de configuración estatal.

Como señala Foucault (2016), durante los siglos xvii y xviii el orden y la regulación policial del espacio tienden a configurar una "urbanización del territorio", a hacer "del reino, del territorio entero, una especie de gran ciudad" (p. 384). La policía, incluso, hará de la circulación "un objeto privilegiado" de su control (Foucault, 2016, p. 374). La ciudad, conforme con las ideas de Ángel Rama, se constituye en un "agente principal en la producción y reproducción del poder" (Gorelik, 2022, p. 25). Las élites han solido implantar en el espacio urbano sus pautas de dominio, haciendo que estas se expandan y amolden al entero cuerpo social.

Autores como Sudjic (2010) y Tenorio Trillo (2023) también han destacado cómo los entresijos del poder moldean el espacio urbano. A este respecto tampoco resulta inoportuno reflexionar sobre la sociología del cuerpo (Le Breton, 2018), en cuanto los encierros y aperturas, el miedo y las esperanzas pautan el devenir de individuos y grupos. Ese cuerpo que transita, gozando y sufriendo, los diversos espacios -estos aquí analizados, marcados por la guerra, la ruina y las promesas de modernidad- es el punto de partida y de llegada, de manera dialéctica, del entero orden urbano.

Las circulaciones serán puntos destacados en la concepción de lo urbano, ya que su regulación marcará las pautas de conformación del espacio ciudadano y sus relaciones con el exterior. La ciudad, incluso, se estructura con base en circulaciones (Duthilleul, 2012). La historia local, entendida como un juego de escalas (Pons & Serna, 2007, pp. 17-30), en ese diálogo entre lo cercano y lo lejano, la ciudad y su entorno, habilita comprender a las circulaciones como hacedoras de ese diálogo, como un sustento tangible en la trama ciudad/región. Para Van Young (1991), las regiones como objetos históricos pueden visualizarse a partir de las circulaciones económicas que las articulan (pp. 99-122).

Considerando las escalas y las circulaciones es que se abordarán las imágenes urbanas que algunos historiadores uruguayos efectuaron sobre la Montevideo de la Guerra Grande, tomándose categorías como móvil/inmóvil, abierto/cerrado y exterior/interior. La Montevideo de la década de 1830 se asemejaba a la población descripta por el poeta: "La ciudad, agobiada por el tiempo y acogida a un recodo del continente, guardaba costumbres seculares. Contaba aguadores y mendigos, versados en proverbios y consejas" (Ramos Sucre, 1999, p. 140). No obstante, ya comenzaba a cambiar.

La metodología que se va a utilizar parte de un análisis del discurso historiográfico, visualizando las imágenes o representaciones construidas sobre la ciudad de Montevideo durante la Guerra Grande. Desde la historia social de la cultura, o la historia cultural de lo social, sostiene Chartier (2024, p. 80), las representaciones juegan un papel clave. En este caso, las preguntas que guían la investigación serán las siguientes: ¿cómo los historiadores, desde el siglo xx, representaron a la ciudad de Montevideo durante la Guerra Grande y primera mitad del siglo XIX? ¿Cómo reflejaron en sus textos la dinámica de la guerra y las circulaciones e inmovilidades que esta imponía? ¿Qué tipo de concepción urbana, y más específicamente de la historia urbana, puede verse en sus textos? Y, finalmente: ¿cómo los distintos abordajes aquí estudiados pueden contribuir a la comprensión de una historia cultural urbana aún en construcción en Uruguay?

1. Montevideo y la Guerra Grande

La Guerra Grande (1839-1851) fue un conflicto nacional, regional e internacional, en que el carácter fronterizo de la zona hizo peligrar la configuración como Estados nacionales de las repúblicas rioplatenses (Pivel Devoto & Ranieri, 1966, p. 95). Las divisas o partidos, Colorado y Blanco, junto a sus caudillos, Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, se entrelazan en una guerra civil a nivel nacional, sumándose luego los grupos federales y rosistas, y los unitarios y antirrosistas desde las Provincias Unidas (actual Argentina). A esta lucha se agregó la intervención de las flotas británica y francesa, dada la expansión industrial y mercantil que vivían sus burguesías (Barrán, 1987, p. 7).

Así, en 1838, Rivera, líder de los colorados, apoyado por los franceses y los unitarios, lleva a que Oribe renuncie a la presidencia de Uruguay, huyendo hacia Buenos Aires para solicitar el auxilio del gobernador Juan Manuel de Rosas. Al año siguiente, forzado por las circunstancias, Rivera le declara la guerra a Rosas. En las fases iniciales del conflicto, el teatro de operaciones se circunscribe a las Provincias Unidas. Sin embargo, a fines de 1842 el caudillo colorado es derrotado en Arroyo Grande y Oribe, con el respaldo de tropas federales, invade Uruguay, poniendo sitio a Montevideo.

A partir de allí, y hasta el final de la guerra, van a existir dos gobiernos en el país: el denominado Gobierno de la Defensa, ubicado en Montevideo y sostenido por los colorados, antirrosistas argentinos y las flotas extranjeras; y el Gobierno del Cerrito, que dominó todo el interior uruguayo con base en los ejércitos blancos y federales. En el interior hubo zonas, como el litoral, donde la guerra se vivió de una manera intensa, dados los antiguos vínculos con Buenos Aires y el tránsito de las flotas extranjeras (Rivero Scirgalea, 2007).

Montevideo, en ese momento, tenía una población de 31 000 habitantes, siendo dos tercios de estos extranjeros, sobre todo franceses e italianos (los cuales constituyeron legiones militares). Esto hizo que su situación económica se volviera desesperada. El cónsul español dirá al respecto, en 1846: "La miseria y la falta de trabajo en esta plaza, actualmente, es tan extrema, que los artesanos conocidos y residentes desde mucho tiempo en ella, se contentan por remuneración de un jornal con una simple comida" (Revista Histórica, 1967, p. 364).

Esto no impidió que se diera una sociabilidad propia e intensa, la cual se congregó en torno a librerías y tertulias (Rocca, 2021). Así mismo, la "presencia de extranjeros, franceses en particular, y el exilio de argentinos opositores a Rosas, llevaron a que, por corto tiempo pero con consecuencias profundas, Montevideo funcionara como centro de reuniones y desembarcos culturales y tecnológicos antes que Buenos Aires, como la multiplicación de periódicos o el daguerrotipo" (Peruchena, 2015, p. 250).

El enfrentamiento también se evidenció en el plano de la "ciudad letrada" (Rama, 1998), en cuanto con base en interpretaciones dicotómicas, como civilización y barbarie, o caudillismo y anticaudillismo, se quiso reflejar la realidad, dando pie a obras como Montevideo o la nueva Troya de Alejandro Dumas (Rocca, 2020) o las polémicas periodísticas de Manuel Herrera y Obes con Bernardo P. Berro sobre la significación del caudillismo (Herrera y Obes & Berro, 1966).

No obstante, algunas de estas discusiones solo evidenciaban la alienación intelectual del ambiente. "Sitiar un puerto es cosa más difícil que sitiar a Troya, como no supo reconocer Dumas respecto al sitio de la Guerra Grande" (Rama, 1976, p. 67). Y si bien todo tendía a la separación, muchos se las ingeniaron para propiciar acercamientos. El artista francés Amadeo Gras intentó ser "imparcial entre los oponentes, tomando retratos de ambos lados" (Varese, 2024, p. 52).

El sitio y la dinámica de la guerra llevaron a limitar y controlar las circulaciones, incidiendo esto en las diversas interacciones urbanas. Los distintos historiadores que luego escribieron al respecto no serían insensibles a estas dinámicas. A través de las mallas escriturarias emergería esa ciudad de grandeza y ruinas.

2. Los historiadores y sus visiones urbanas

A continuación vamos a abordar las obras de cuatro historiadores: Pablo Blanco Acevedo (1956), Jorge Grünwaldt Ramasso (1970), Mercedes Terra (2007)) y Alfredo Alpini (2017). Sus visiones de la ciudad y la historia urbana van desde una "vieja historia urbana" a una renovadora (Alpini & Rivero, 2021, pp. 425-453).

La primera estuvo marcada por lo arquitectónico, lo descriptivo y lo nacionalista, mientras que la segunda, con énfasis en lo social y cultural, se abrió a la interdisciplina. Esta característica de derribar los muros disciplinares y potenciar el diálogo entre las ciencias sociales se viene dando en América Latina desde la década de 1960 (Martínez Delgado, 2020, pp. 5-26).

Con la finalidad de instrumentar las escalas en el análisis, nos centraremos, sobre todo, en las circulaciones, viendo la relación entre Montevideo y su entorno inmediato durante la guerra, y cómo los vínculos entre el adentro y el afuera jugaron un rol fundamental en la concepción de lo urbano durante el período. En los diversos textos elegidos para el análisis, con posturas por cierto heterogéneas, se estudiará cómo son representadas o imaginadas, desde el plano textual, estas dinámicas urbanas, con su obvia carga material, social, política y simbólica. ¿Las circulaciones circulan a través de los textos? ¿Son allí representadas y erigidas como factor explicativo? Se eligieron estos cuatro textos y autores debido a que muestran diversas modalidades de la historia urbana realizada en Uruguay.

Cabe advertir que los estudios sobre historiografía uruguaya (Ribeiro, 1991, 1994; Sansón, 2006) indican que la ciudad ha cumplido un papel importante en el relato histórico, sobre todo vinculada a hitos de la fundación nacional, pero esto no ha hecho que surja un campo específico de estudios urbanos desde la historia. Los textos seleccionados, por lo tanto, obedecen a esta dispersión y aleatoriedad, siendo esfuerzos dispersos y apenas conectados entre sí (no obstante, Alpini, quien reflexiona sobre la historia urbana de Montevideo, es el que recoge mayormente los aportes previos). Al hacer dialogar estos textos entre sí, deseamos contribuir, aunque sea de manera modesta, a la construcción de la historia cultural urbana en Uruguay.

2.1. ¿Una sociabilidad novedosa o enrarecida? (Pablo Blanco Acevedo)

El historiador publicó el texto "La Guerra Grande y el medio social de la Defensa" en la Revista Histórica de la Universidad, tomo I, que abarcó los años 1907-1908, y luego lo incluyó en una recopilación de artículos que editó en 1956. A esa edición nos remitimos. Blanco Acevedo tiene varios trabajos centrados en la ciudad, en los cuales se aboca a rastrear los orígenes de la nacionalidad (Sansón, 2006). En el presente texto aborda cómo la guerra, además del influjo de los emigrados argentinos y las comunidades de franceses e italianos, llevó a que surgiera una sociabilidad particular. La sociabilidad puede entenderse como una forma de asociación, pautada por vínculos amicales y de cortesía que inciden en aspectos sociales, económicos y políticos (Agulhon, 2009).

El comienzo del sitio alteró a la ciudad en aspectos materiales y simbólicos vinculados a la guerra. Así fueron utilizados los "viejos cañones coloniales que servían de postes en las veredas" (Blanco Acevedo, 1956, p. 208) y se repitieron los desfiles de las tropas, vestidas "de toda gala", pasando bajo "los arcos triunfales de la Ciudadela", mientras la población "desde los balcones y azoteas de las casas vecinas saludaba y victoreaba" (p. 215). Este ambiente de emergencia hace que las clases se integren y se confundan: "Allí, cubriendo las trincheras, en las baterías de la plaza, reunidos en pocos instantes, mezclados los unos con los otros se encontraban soldados, obreros, miembros de las clases más humildes, con escritores, poetas e individuos altamente colocados" (Blanco Acevedo, 1956, p. 219). El orden urbano de la "ciudad patricia" (Romero, 2010) que intentaba colocar a cada uno en su lugar e inmovilizarlo en el espacio se ve desbordado por la situación bélica. Esto crea sociabilidades sui generis, tan solo soportadas por los apremios del momento.

La prensa operó como una vidriera donde las situaciones de violencia fueron amplificadas. Allí se reprodujeron "episodios terribles y conmovedores, verídicos o novelescos, de cuadros salvajes, perpetrados por las fuerzas sitiadoras", llevando "de casa en casa", un "partidismo desenfrenado", para así "enardecer más los espíritus, ahondando todavía los odios y rencores" (Blanco Acevedo, 1956, pp. 227-228).

Destaca el autor que se crearon asociaciones según el sexo. Bernardina Fragoso, esposa del caudillo Rivera, conformó junto a otras mujeres patricias una Sociedad Filantrópica de Damas Orientales. De esta manera se planteó una división de funciones: "Las mujeres a cargo de los hospitales, socorriendo a las víctimas de la guerra; los hombres de todas edades defendiendo con sus vidas la ciudad sitiada" (Blanco Acevedo, 1956, p. 233).

La ciudad, pese a la guerra, se estaba transformando. Ya no era más el pueblo de 1810. Sarmiento, en carta a Vicente López, fechada en enero de 1846, refiere: "Todo se ha transformado, las cosas y los hombres. [...] robustos vascos, gallegos y genoveses, se han apoderado del trabajo de manos; italianos y franceses hacen el servicio doméstico; [...] La pulpería se ha convertido ahora, en un auberge, fonda, debit de licores" (Blanco Acevedo, 1956, p. 236).

La ciudad vieja, pese a estos cambios, conservaba su aspecto colonial. Así se la describe:

Sus calles, perfectamente trazadas algunas de ellas, las principales empedradas en varias cuadras; otras, las más, convertidas en fangales, difíciles de transitar durante el día e inaccesibles y tenebrosas, por la ausencia de toda luz artificial, durante la noche; con cierto movimiento de vehículos, constituido por carretas de bueyes, literas o sopandas de seis vidrios y más a menudo jinetes a caballo con cargueros. Las casas amanzanadas siguiendo una misma línea de edificación, conservaban aun en su mayoría, la arquitectura colonial (Blanco Acevedo, 1956, p. 240).

A partir de 1840 empezó la construcción de nuevos edificios. Estos incorporaron como novedad "la amplia azotea guarnecida por verja de metal, ostentando en el medio de aquella el clásico mirador blanco y cuadrangular" (Blanco Acevedo, 1956, p. 241). Este cambio edilicio conllevó nuevas formas de sociabilidad, influyendo en que la sociedad montevideana acomodada se diera "cita a la hora de la tarde para aspirar la brisa fresca y pura del río, o contemplar con anteojos los detalles, muchas veces trágicos, de las guerrillas trabadas en las líneas" (Blanco Acevedo, 1956).

Limitadas las circulaciones por la guerra, estas se reactivaban a través de dicha proliferación de las miradas. La ciudad parecía convertirse en escenario y era habitada, así, desde los ojos. La azotea, así mismo, implicaba diversos modos del aislamiento y la alienación. Sarmiento recuerda que mientras se escuchaba el "estampido de los cañones en cortos intervalos", en la "azotea vecina una señorita lee, mientras la brisa de la tarde agita graciosamente su vestido de luto", pero "ni una sola vez" ve "levantar su cabeza para mirar en derredor y penetrarse de lo que pasaba a su frente" (Blanco Acevedo, 1956, p. 242).

Las relaciones entre la ciudad sitiada y el campo sitiador se habían prohibido. Sin embargo, estos límites eran porosos, y solían darse intercambios y circulaciones entre el adentro y el afuera. El estanciero francés Benjamin Poucel refiere estos encuentros: "Quien se figura una multitud compacta de hombres y sobre todo de mujeres y de niños, corriendo al encuentro los unos de los otros; se llamaban a grandes gritos, desde tan lejos como se distinguían, se confundían, se abrazaban, llorando, riendo, gritando; se hubiera dicho que era una masa de gente que hubiese perdido la cabeza; tanta y tan grande era la alegría de una y otra parte de volverse a ver" (Blanco Acevedo, 1956, p. 248).

Esas familias y personas habían convivido antes de la guerra, siendo imposible desconocer esos lazos y afectos previos. La guerra, que llevaba a aislar e inmovilizar, se veía así desbordada en las pausas que se concedían los bandos. En esos momentos, las circulaciones, para bien o para mal, superaban el encierro.

Otra forma de superar la soledad y el encierro eran las tertulias, en las que se alentaba una fluida sociabilidad, reuniéndose las personas en "los salones de tal o cual familia para reír y pasar las noches alegremente" (Blanco Acevedo, 1956, p. 254). Poucel expresa que había varias clases de tertulias: la tertulia de baile, la soirée danzante, la tertulia de canto, la soirée musical, la tertulia de hombres que se reúnen para jugar a las cartas y la tertulia de familia, la "verdadera tertulia hispanoamericana" (Blanco Acevedo, 1956, p. 255). La guerra, al parecer, nunca interrumpió estas instancias de ocio y relacionamiento social.

Blanco Acevedo presenta una ciudad cuya sociabilidad y orden urbano se moldea por la inmigración y la guerra. La arquitectura da cuenta de estas alternativas.

Las azoteas, descriptas como "minaretes moriscos", tanto remiten a símbolos bélicos como a otros que aluden tanto al aislamiento como al relacionamiento. Desde las azoteas, al modo de castillos, se pautan las separaciones y los vínculos con los otros, los sujetos son aislados y a la vez integrados en el juego de las miradas.

Estas ambigüedades, estas inmovilidades y circulaciones, son las que trae la guerra. Así, en la descripción variopinta e impresionista del autor, una sociabilidad tanto novedosa como enrarecida surge en la dinámica de la inmovilidad y las circulaciones, entre los resabios coloniales y las nóveles edificaciones que anuncian la modernidad. En la construcción textual, los cuerpos -de individuos y grupos- se mezclan y combinan en variadas figuras, movidas unas por el miedo y otras por una fugaz alegría.

2.2. ¿La técnica como heraldo de la modernidad? (Jorge Grünwaldt Ramasso)

La obra de Grünwaldt Ramasso se encuentra en un punto de transición entre la vieja y la nueva historia urbana (Alpini & Rivero, 2021, p. 431). Como destaca Ariosto D. González en el prólogo, el autor presenta aptitudes de historiador, de sociólogo y de técnico. En el texto se intenta abordar la vida cotidiana, al modo de lo que Carcopino hizo sobre Roma, apelando a fuentes de prensa y relatos de viajeros (Grünwaldt Ramasso, 1970, pp. XII-XIV). Un motivo central son los cambios tecnológicos y su incidencia en el orden urbano. El peso de la técnica hace que los hombres vivan en un "ambiente y una rutina altamente organizada", en un "mundo ordenado y predecible" (Mumford, 1961, p. 13).

Los tiempos de la técnica ofrecen sus ritmos propios, que pueden estar separados de los tiempos de la guerra. Sin embargo, por lo bajo y de maneras incluso inconscientes, moldean lo social. El París del siglo xix, meca cultural del momento, se vio condicionado por estos requerimientos del capitalismo y la tecnología, traducidos en la proliferación de mercancías, la publicidad y los pasajes (Benjamin, 2018, pp. 253-268). Los cambios tecnológicos, que representaban a la modernidad occidental, llegaban por el puerto, sorteaban las vallas de la ciudad sitiada y transformaban el orden urbano, planteando los inicios de una ansiada modernización.

Este tipo de análisis apuesta por enfocarse en las materialidades. Así, se visualizará "cómo se construye en Montevideo". Los modos de construcción trazan las divisiones sociales, las cuales son también divisiones en el espacio. Las casillas de madera dan albergue a los grupos subalternos, ubicándose en los extramuros o en la zona del muelle y sus inmediaciones.

"Grande o chica, la casa de madera presenta un grave riesgo, el fuego. La crónica registra que en la noche del 14 de febrero de 1841, un voraz incendio que arrasa las casillas del muelle y amenaza con propagarse a las fincas vecinas, es dominado por los vecinos dirigidos por cuatro oficiales de la armada francesa quienes utilizan las bombas de sus navíos" (Grünwaldt Ramasso, 1970, p. 23).

Otro lugar donde habitan los sectores populares son los conventillos. El censo de 1843 registra cuatro importantes, conocidos por el apellido del propietario del edificio. El conventillo crea un "ambiente físico y social" marcado por el "hacinamiento" y la "promiscuidad" (Grünwaldt Ramasso, 1970, p. 24).

El sitio alteró las rutinas alimenticias, afectando sobre todo a los emigrados y a los sectores subalternos. El gobierno tuvo que repartir víveres y la carne salada reemplazó a la carne fresca. Llegó el punto en que "perros y gatos forman parte del menú de las milicias, a la vez que algún carnicero inescrupuloso vende en el Mercado carne equina por vacuna" (Grünwaldt Ramasso, 1970, p. 32).

En paralelo a estas precariedades materiales y alimenticias, ocurrían rápidos cambios en relación con las manufacturas. La utilización del vapor empieza a difundirse en graserías y molinos. "Hay razones para fijar en el año 1835 la primera aplicación de la máquina de vapor en la República; esta fuerza motriz, que inaugura el maquinismo en el país, se aplica a una pacífica cual útil industria, cual es la molienda del trigo" (Grünwaldt Ramasso, 1970, p. 110).

El empleo de esta fuerza motriz generaba utopías, haciendo que un joven tipógrafo francés adoptara y difundiera la doctrina falansteriana de Charles Fourier (Grünwaldt Ramasso, 1970, pp. 118-119). Sobre la ciudad real se superponía una ciudad soñada.

Este desarrollo industrial alentaba las circulaciones por el puerto. De esta manera, mientras la guerra limitaba las relaciones de la ciudad con la campaña, no impedía el comercio con el exterior. Montevideo, aislada en relación con su entorno inmediato, se relacionaba con el Occidente en plena modernización. La guerra, con sus diversas escalas -nacionales, regionales y mundiales- incidía con distintos ritmos en la vida urbana. A la vez que clausuraba ciertas circulaciones, potenciaba otras.

El capitalismo y la tecnología, con sus requerimientos propios, transformaban a la ciudad. En su construcción textual y en sus representaciones de la ciudad, Grünwaldt Ramasso acumula materialidades y desarrollos de la técnica como una manera de fijar y ordenar el caos del escenario histórico. La guerra trastoca la regularidad de la vida cotidiana, así como la irrupción de la tecnología aumenta la disrupción, pero en la letra, como una revancha de los tiempos, alcanzan cierta armonía, y la dispersión del acontecer, con su fragor, parece encontrar un sentido. El descontrol de las circulaciones ya no asusta, ahora que reposa en el plano del texto.

2.3. ¿La guerra moldea hombres, ideas y edificios? (Mercedes Terra)

El libro de Terra (2007) responde a un renovado interés por el estudio de las mentalidades, la vida cotidiana y lo material, tal como puede evidenciarse en otro texto del período (Mariani, 2007) referido a vivienda, alimentación y vestimenta en el Río de la Plata desde 1850 a 1890. Estas son maneras de enfocar la historia urbana desde lo social y lo cultural. La autora argumenta que la Guerra Grande provocó importantes transformaciones a todo nivel: "Al comienzo de la guerra la sociedad no está fuertemente estructurada. Doce años de luchas contribuirán fuertemente a una desestructuración mayor y su consecuencia inevitable que es la creación de una nueva estructura" (Terra, 2007, p. 13).

En la década de 1830 Montevideo estaba en pleno proceso de expansión urbana. "Nacería así una ciudad abierta al crecimiento y a la confianza en sí misma que comienza con el derrumbamiento del Portón de San Pedro y que vería, en 1833, caer la Ciudadela" (Terra, 2007, p. 15). La "ciudad nueva" crecería hacia la zona de extramuros. La ciudad se extendía al ritmo de su población, siendo 771 las licencias para edificar entre 1835 y 1842. La Montevideo sitiada, plantea Terra, será "reglada" y "arreglada". Andrés Lamas ejercerá una particular regulación sobre las calles y su nomenclátor.

"El viejo nomenclátor vinculado al santoral debería ser remplazado en función de un nuevo orden fundacional que necesitaba de nuevos arquetipos (no religiosos precisamente) y nuevos paradigmas. El análisis del mismo hecho por Lamas da como resultado un alto porcentaje de calles con nombres de batallas. Incluso aquellas que mantienen nombres del santoral como las de San José o Santa Teresa lo hacen en función de victorias militares" (Terra, 2007, p. 21).

El pasado colonial y religioso debía secularizarse y modernizarse, ofreciendo, desde lo urbano, un nuevo orden material y simbólico. Carlo Zucchi en sus diseños para el Teatro Solís introducirá el eclecticismo arquitectónico, colocándonos en sintonía con el gusto europeo y sobre todo francés. Pero que la ciudad se "arregle" no le impide que se "regle". Y la guerra será un estímulo destacado.

Se conformará así un sistema defensivo con base en trincheras, levantándose baterías en el Cubo del Sur y el Cuartel de Dragones. Surgían, de este modo, las dicotomías entre lo inmóvil y lo móvil, lo abierto y lo cerrado: la antigua ciudad colonial, limitada por las murallas, y la nueva ciudad en expansión, abierta a los vientos de la modernidad occidental. La guerra frenaría esta apertura, haciendo que la vida urbana volviera a girar sobre lo inmóvil y lo cerrado.

El control de las circulaciones que trajo el sitio incidió en el "espacio físico" y el "espacio mental". El censo de Andrés Lamas daba cuenta de una ciudad cosmopolita. Cortados los vínculos con su exterior inmediato, dominado por Oribe y los federales, en el interior, dentro de los muros, Montevideo se abría a los influjos del mundo. Las circulaciones negadas hacia la campaña se restablecían y potenciaban gracias al puerto. La ciudad era una aldea, pero una "aldea despierta", donde se planteaba una "mezcolanza cotidiana de hombres, naturaleza y animales", en que el "simple contacto físico es claramente un lazo, una aproximación y no una distancia" (Terra, 2007, p. 33).

La contracara de esa aldea es el cosmopolitismo, el cual se percibe como "gala", "disfrazando cuando puede los roces que provoca a costa de París y de sueños eclécticos" (Terra, 2007, p. 35). Las ciudades, como bien afirma Romero (2013), tienen esa doble dimensión, plena de tensiones, entre sus elementos reales y otros imaginarios. Las ciudades, así, siempre se desenvuelven entre lo que son y lo que sueñan ser.

La guerra produjo "dos mundos divididos, dos realidades, y por sobre todo, dos distancias, antes que dos proximidades" (Terra, 2007, p. 40). Los contactos relatados por Benjamin Poucel fueron en verdad poco frecuentes. En el interior de la ciudad se multiplicaron los encierros. "La ciudad no siempre es amigable. La violencia está a la orden del día y la pobreza acrecienta los robos más allá de las rejas y las llaves que clausuran las casas. En ocasiones se trata de alhajas o cubiertos de plata, objetos de valor indudable como se constata permanentemente" (Terra, 2007, p. 49).

Sin embargo, este estado de desconfianza no eliminó la sociabilidad y los vínculos de solidaridad. En el orden urbano se plantean estas tensiones entre apertura y encierros, entre "individualismo y solidaridad". "El espacio público, la iglesia, el café, el teatro o la calle representan el todo comunitario" (Terra, 2007, p. 55). Allí se producen las circulaciones y los intercambios.

En el espacio doméstico estas se atemperan y se limitan. No obstante, estos espacios no conforman "compartimientos estancos". "El espacio doméstico no necesariamente segrega y acuna, así como el público no necesariamente logra la comunión. En el Montevideo sitiado de la Guerra Grande cada uno de ellos tiene su contracara, en ocasiones, particularmente marcada" (Terra, 2007).

Ocurre entonces un desacople entre el espacio físico y el espacio mental. Mientras el primero se inmoviliza, debido a las estrecheces económicas, el segundo "trasunta fundamentalmente un quiebre" (Terra, 2007, p. 56). El cosmopolitismo mental, marcado en gran parte por la inmigración, no anula el entorno físico de la aldea.

Los espacios públicos dan pie a los relacionamientos, pero también el espacio privado, con sus familias ampliadas, incentiva una sociabilidad múltiple y dinámica. Almacenes, boticas, librerías y cafés eran lugares para los encuentros, donde el espacio se democratizaba. En las calles se cruzan "perros y señoritas, curas y moscas, negros y franceses, caballos y marinos, sin más límite que lo que allí se busca o adonde se dirigen" (Terra, 2007, p. 82).

Esta proliferación de circulaciones marca un clima pautado por lo móvil y lo abierto. Una contracara posible es el espacio privado, donde priman lo cerrado y lo inmóvil. Sin embargo, las familias ampliadas constituyen un buen bálsamo contra las soledades. En el interior del hogar, en ese micromundo, se establecen reciprocidades. "Matrimonios e hijos, tíos y sobrinos, ahijados y entenados, constituyen un refugio que a menudo se abre a compadres y amigos como se abren las puertas de las casas a las nuevas visitas" (Terra, 2007, p. 124).

La Montevideo de la Guerra Grande vive en la paradoja, intentado conciliar realidades dicotómicas: lo público y lo privado, lo móvil y lo inmóvil, lo abierto y lo cerrado y lo exterior e interior. La guerra abre grietas, aísla espacios que apenas se suturan. Sin embargo, se dan posibilidades para acercar los opuestos.

"Por eso el término 'aldea cosmopolita' [...] no resume en forma cabal la esencia de ese Montevideo a medio camino entre el gueto y la apertura constante que le viene desde el puerto, la mezcla de etnias y culturas, de herencias y de idiomas, de clases y de educaciones. Este fárrago humano es -en este punto- exactamente lo contrario de una aldea en el sentido peyorativo del término. Es todo un mundo globalizado en diminuto" (Terra, 2007, p. 99).

Esta Montevideo, para Terra, es una sociedad en transición. Y el medio urbano no puede dejar de reflejarla, encontrándose entre sus calles y edificios, en los espacios públicos y en el interior de los hogares, los signos de la antigua ciudad colonial y los otros nuevos, de la ciudad utópica y soñada, esa ciudad que crecía al fragor de los rumores que venían desde el puerto. La autora construye un complejo friso con pedazos microscópicos: las ideas, los gestos, los miedos y esperanzas se anclan en materialidades específicas, haciendo que los encierros y aperturas -al modo de las imágenes de un calidoscopio- sean alternativamente de los espacios, los cuerpos y las almas.

2.4. ¿Encerrar y crear la ciudad? (Alfredo Alpini)

El autor analiza la construcción del orden urbano, apelando a una historia cultural -en la senda de Norbert Elias- que se enfoca en las representaciones del espacio y el tiempo. Si bien el libro abarca un período más amplio (1829-1865), buena parte de este se centra en las transformaciones urbanas que se dieron durante la Guerra Grande. Un motivo principal, y que funcionará como hilo conductor, será el de las circulaciones. Así, el orden de la ciudad se erigirá regulando las circulaciones, trazando claros límites entre el adentro y el afuera, lo móvil y lo inmóvil. Un afuera y una movilidad a veces asociadas a la vagancia, la delincuencia y la enfermedad, y, por eso, vistas como una fuente de peligro.

Alpini, así, incorpora a su análisis motivos higienistas, a tono con otras exploraciones sobre la ciudad, como la realizada por Diego Armus (2007) para Buenos Aires. El autor en la introducción, así mismo, esboza una propuesta metodológica para el estudio de la ciudad: "Existen varias formas y visiones de abordar la ciudad y su historia. La ciudad de Montevideo puede ser concebida como un texto; estar representada en distintas narrativas, como el ensayo, la crónica y la memoria; puede ser abordada desde sus aspectos materiales, el crecimiento urbanístico, demográfico y territorial [.]" (Alpini, 2017, p. 13).

La Montevideo de la década de 1830 traza una primera contraposición entre la "ciudad vieja" y la "ciudad nueva", yendo de la "ciudad en los planos a la ciudad material" (Alpini, 2017, p. 23). Se pasará entonces de una "ciudad cerrada" a una "ciudad abierta". "Todavía en 1829, la ciudad estaba rodeada por una muralla y sus habitantes se reconocían como pobladores de intramuros o de la capital, y unos años después, como habitantes de la Ciudad Vieja. Más allá se extendía la zona de extramuros, pronta a unirse con el casco antiguo, una vez comenzada la demolición de la muralla" (Alpini, 2017, p. 25).

Ciudad y campo estaban bien delimitados y sus circulaciones controladas. Esto cambió cuando se derribaron las murallas. Y volvería a cambiar bajo los influjos de la Guerra Grande.

De todos modos, la libre circulación no se estableció inmediatamente ni con los efectos deseados. La desaparición de los muros y la conexión de las calles de la Ciudad Vieja con la Nueva se hicieron paulatinamente y los controles en los trazos de murallas nunca dejaron de existir. [...] A partir de 1836 el miedo a que las fuerzas caudillistas -ya fuesen riveristas u oribistas- asaltaran Montevideo se hizo cuerpo en los habitantes de la ciudad. Con el inicio de la Guerra Grande en 1839, la ciudad se predispuso al encierro. Otra vez, renacieron los controles y la vigilancia en el ir y venir de la Ciudad Vieja a la Nueva (Alpini, 2017, p. 31).

Pero los extramuros, desde siempre, habían sido "sinónimo de bandolerismo, robos, violaciones y asesinatos impunes", siendo focos de alarma y peligro (Alpini, 2017, p. 39). Por lo tanto, las circulaciones entre el adentro y el afuera, entre la vieja y la nueva ciudad, nunca dejaron de generar desconfianza. Por eso, la policía se dedicó a vigilar a los vagos y a los extranjeros, a aquellos que entraban y salían de la ciudad. En 1837 se estableció el empleo de pasaporte.

Ocurrirá, así mismo, una "domesticación" del espacio y del tiempo por parte de los sectores hegemónicos. En el país de 1830, "el espacio y la naturaleza determinaban y dominaban al poder político" (Alpini, 2017, p. 141). Los comerciantes serían los primeros en querer controlar a la naturaleza y también al tiempo. Se intentará acercar el espacio de extramuros mediante la construcción de caminos y puentes y la regularización de los transportes. Sin embargo, la "naturaleza aún no domesticada, la escasez de los recursos fiscales y la debilidad del poder político hacían que las comunicaciones y el tiempo no estuviesen sujetos a un ritmo regular" (Alpini, 2017, p. 151).

Se daba, igualmente, una "medición poco racional del tiempo", en que, superponiéndose el pasado colonial y los anuncios de la modernidad, se planteaban tres medidas del tiempo: el sol, las campanas y el reloj (Alpini, 2017, p. 153). "El tiempo que pautaba la naturaleza, además de ser un tiempo incierto, estaba mezclado y contaminado por el tiempo religioso, el tiempo de la iglesia" (Alpini, 2017, p. 157).

Ese tiempo se reflejaba en las campanas de la iglesia Matriz. El tiempo secular, el tiempo de los relojes, estará vinculado a las actividades portuarias. Sostiene Alpini (2017): "Ni el poder político, ni la Iglesia sintieron antes que los comerciantes la necesidad de regular el tiempo de un modo más preciso y afinado" (p. 163). Este nuevo tiempo operó como una "autocoacción" para los comerciantes, fue valorado "en términos de pérdida y ganancia" (Alpini, 2017, p. 164).

Finalmente, el control del espacio y las circulaciones se tradujo en un orden urbano higienista, en que se tomaron las mayores prevenciones ante la enfermedad y los olores infectos. La vivienda de los pobres "se tornó un espacio particularmente sospechoso a los ojos de los médicos, la policía y la élite montevideana" (Alpini, 2017, p. 204). La falta de circulación del aire traía el "aire fétido", causa de la enfermedad. Aquí lo inmóvil era una fuente de peligro y se prefería lo móvil, la permanente renovación del aire.

Desde 1829 se padecieron epidemias de cólera, viruela y escorbuto. Durante la Guerra Grande la ciudad fue atacada por la escarlatina. Del mismo modo, durante el sitio, en el verano de 1844, "el escorbuto hizo estragos entre los africanos, los soldados y los vascos" (Alpini, 2017, p. 228). Se culpó a los inmigrantes, sobre todo a canarios, vascos y genoveses, de traer la enfermedad. Por eso, se debía controlar el puerto y el ingreso de los barcos.

Montevideo es presentada como una ciudad sumida en el caos y el desorden - tanto alentados por la guerra como por su pasado colonial-, desorden y caos que las élites intentan controlar. Vigilar las circulaciones, los impulsos de los múltiples afueras, tanto el campo como el puerto, ayudan a contener la vagancia, el crimen y la enfermedad. Se debía reglar el espacio, el tiempo y los mismos olores. Hasta las leves circulaciones del aire debían de ser limitadas y expurgadas.

Alpini, de los cuatro autores, es quien tiene más conciencia del carácter textual de su representación. En este sentido, construir el texto, regular sus circulaciones discursivas, es dar cuenta del proceso de regulación urbana acontecido en la historia. Como en la narración de Borges, Alpini hace un mapa que puede superponerse al proceso urbanístico de la ciudad, siendo individuos, calles y edificios meticulosamente cartografiados.

Conclusiones

Los textos analizados hacen hincapié en diferentes categorías para representar o imaginar las dinámicas de la guerra y de una ciudad en transición: sociabilidad, técnica, mentalidad, circulaciones. Si bien Alpini será quien más insista en reflejar este último aspecto, tampoco estará ausente en los otros autores, dadas las características especiales de la ciudad durante el sitio.

Los juegos de escalas marcan las concepciones que se tienen sobre la ciudad. Los diversos discursos historiográficos recalan en la contraposición entre la ciudad y el campo, el adentro amurallado y la campaña sitiadora y amenazante. Pero también esta oposición puede evidenciarse entre la ciudad y el puerto, ese afuera ancho y ajeno que conecta al pequeño reducto latinoamericano con la ansiada modernidad europea. En estas alternancias entre lo próximo y lo lejano, se construye el orden urbano, aparecen los elementos que delatan a la ciudad real y material, con su pasado colonial a cuestas, y los planes de la ciudad utópica y soñada.

La guerra actúa como un freno y un estímulo, ese componente amortiguador que Real de Azúa (2000) definió como característico de la sociedad uruguaya. Frena los avances hacia el campo y prolonga en lo edilicio el pasado colonial. Pero, a la vez, gracias al estímulo del puerto y los inmigrantes, comienza a modificar ese aspecto urbano y promete el arribo de la modernidad. Estas dicotomías, a grandes rasgos, serán señaladas por los cuatro autores reseñados.

Blanco Acevedo y Grünwaldt Ramasso, en sus abordajes, dan preferencia a elementos arquitectónicos y materiales. El primero, aunque presenta su texto como un acercamiento a la sociabilidad, la refleja a través de aspectos edilicios, como las azoteas. El segundo, por su parte, explora cómo la tecnología y la industria inciden en el entramado urbano. El papel del puerto y los inmigrantes se torna gravitante en sus enfoques. A través de ellos se procesan los cambios urbanos que sufre Montevideo.

Las circulaciones, vedadas por la guerra, se reactivan bajo su doble influjo. Sus construcciones textuales, sin embargo, acordes con su visión de la historia y de la historia urbana, están definidas por cierta exterioridad, en que tanto individuos, grupos o materialidades no remiten a otra cosa más que a sí mismos, no están cargados de símbolos ni de otras disponibilidades. La imagen de lo urbano surge de manera discontinua, al modo de las azoteas de Blanco Acevedo.

Por su parte, Terra y Alpini construyen una historia social y cultural de Montevideo. Sus líneas de análisis pueden filiarse a la nueva historia urbana, con apuestas a lo interdisciplinario. La idea de sociabilidad es retomada por Terra, siendo el leitmotiv de su análisis. Las diferentes clausuras y aperturas, en la Montevideo sitiada, se dan en relación con lo público y lo privado, espacios que marcan la conducta de los sujetos. Alpini, rastreando mentalidades y sensibilidades, refiere la construcción del espacio y del tiempo, y la percepción de olores.

De los cuatro es quien mayor hincapié hace en el motivo de las circulaciones. El control de estas está en la base del orden urbano, marcando la distribución de los espacios, regulando el vagabundeo, el crimen y la enfermedad. Ambos autores, según resulta evidente, vinculan lo material y lo simbólico, figurando, de manera explícita, la noción de que el orden urbano corre en paralelo con el orden social. En ambos, así mismo, puede esbozarse una microfísica de los cuerpos como sostén del orden espacial y urbano.

En los cuatro autores pueden rastrearse imágenes que refieren a lo móvil/inmóvil, abierto/cerrado y adentro/afuera. Estas categorías operan en múltiples planos, pudiendo remitir al juego de escalas.

La Montevideo de la Guerra Grande, de acuerdo con estos textos y las imágenes planteadas por estos historiadores, se desenvolvió en diversos tiempos y espacios, entre el pasado colonial y la modernidad occidental, entre la campaña sitiadora y el puerto que traía y llevaba el mundo. Sus circulaciones, fluidas o limitadas, construían el orden urbano, eran el sustento de la ciudad material y la ciudad utópica.

En estos textos pueden rastrearse aportes heterogéneos en pos de la construcción de una historia cultural urbana. Si bien se percibe un esfuerzo de comprender al espacio desde la letra, este, y sobre todo en los textos iniciales, es más de tipo descriptivo que analítico. La ciudad, en muchas historias que la abordan, aparece como telón de fondo (en este caso en el marco de la guerra), sin indagarse en sus especificidades, en cómo el poder, en extremo disputado, influyó en el orden urbano y su representación (tanto contemporánea como posterior; esa recogida por los diversos discursos historiográficos).

Partiendo de la idea de que la historia cultural urbana es un campo en construcción en Uruguay (Alpini & Rivero, 2021, pp. 425-453), estos textos pueden delatar esas virtualidades y carencias. En 2024 se publicó una nueva edición de La ciudad letrada (Rama, 2024), sin embargo, en sus dos estudios preliminares, no se alude a la historia cultural urbana como un campo específico a nivel uruguayo. Es decir, una obra que significa un parteaguas en la concepción de la historia cultural no es enfocada desde esos parámetros ni ofrecida como posible paradigma que oriente el campo. Quizás esta paradoja, como una inconsecuencia in extremis, paute el desenvolvimiento de la historia cultural urbana en Uruguay, revelando sus límites e inconcreciones.

Las preguntas hechas a lo largo del artículo -y que en algunos casos se pudieron responder, al menos de manera tentativa- pueden servir como una guía a futuras indagaciones, viendo cómo funcionan en el espacio y la ciudad, y en las construcciones textuales efectuadas al respecto, elementos como la sociabilidad, la técnica, las mentalidades y, en un plano más abarcador, las circulaciones.

Referencias

Agulhon, M. (2009). El círculo burgués: la sociabilidad en Francia, 1810-1848. Siglo XXI Editores.

M. Agulhon 2009El círculo burgués: la sociabilidad en Francia, 1810-1848Siglo XXI Editores

Almandoz, A. (2002). Notas sobre historia cultural urbana: una perspectiva latinoamericana. Perspectivas Urbanas, (1), 29-39.

A. Almandoz 2002Notas sobre historia cultural urbana: una perspectiva latinoamericanaPerspectivas Urbanas12939

Almandoz, A. (2008). Entre libros de historia urbana: para una historiografía de la ciudad y el urbanismo en América Latina. Equinoccio-Universidad Simón Bolívar.

A. Almandoz 2008Entre libros de historia urbana: para una historiografía de la ciudad y el urbanismo en América LatinaEquinoccio-Universidad Simón Bolívar

Alpini, A. (2017). Montevideo: ciudad, policía y orden urbano (1829-1865). Mastergraf.

A. Alpini 2017Montevideo: ciudad, policía y orden urbano (1829-1865)Mastergraf

Alpini, A., & Rivero, S. (2021). La historia urbana en Uruguay. Algunas perspectivas. En G. Martínez Delgado & G. R. Mejía Pavony, Después de la heroica fase de exploración: la historiografía urbana en América Latina (pp. 425-453). Universidad de Guanajuato-Pontificia Universidad Javeriana-Flacso Ecuador.

A. Alpini S. Rivero 2021La historia urbana en Uruguay. Algunas perspectivas G. Martínez Delgado G. R. Mejía Pavony Después de la heroica fase de exploración: la historiografía urbana en América Latina425453Universidad de Guanajuato-Pontificia Universidad Javeriana-Flacso Ecuador

Armus, D. (2007). La ciudad impura: salud, tuberculosis y cultura en Buenos Aires, 1870-1950. Edhasa.

D. Armus 2007La ciudad impura: salud, tuberculosis y cultura en Buenos Aires, 1870-1950Edhasa

Barrán, J. P. (1987). Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco 1839-1875. Ediciones de la Banda Oriental.

J. P. Barrán 1987Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco 1839-1875Ediciones de la Banda Oriental

Benjamin, W. (2018). París, capital del siglo XIX (1935). En W. Benjamin, Iluminaciones (falta rango de páginas). Taurus.

W. Benjamin 2018París, capital del siglo XIX (1935) W. Benjamin Iluminacionesfalta rango de páginasTaurus

Blanco Acevedo, P. (1956). La Guerra Grande y el medio social de la Defensa. En P. Blanco Acevedo, Estudios históricos (falta rango de páginas). Impresora LIGU.

P. Blanco Acevedo 1956La Guerra Grande y el medio social de la Defensa P. Blanco Acevedo Estudios históricosfalta rango de páginasImpresora LIGU

Chartier, R. (2024). Libro, lectura y cultura escrita: breve diccionario oral. Trama Editorial.

R. Chartier 2024Libro, lectura y cultura escrita: breve diccionario oralTrama Editorial

Duthilleul, J. M. (2012). Circuler: quand nos mouvements façonnent la ville. Editions Alternatives.

J. M. Duthilleul 2012Circuler: quand nos mouvements façonnent la villeEditions Alternatives

Foucault, M. (2016). Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France (1977-1978). Fondo de Cultura Económica.

M. Foucault 2016Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France (1977-1978)Fondo de Cultura Económica

Gorelik, A. (2013). José Luis Romero: el historiador y la ciudad. En J. L. Romero, La ciudad occidental: culturas urbanas en Europa y América (pp. 15-43). Siglo XXI Editores.

A. Gorelik 2013José Luis Romero: el historiador y la ciudad J. L. Romero La ciudad occidental: culturas urbanas en Europa y América1543Siglo XXI Editores

Gorelik, A. (2022). La ciudad latinoamericana: una figura de la imaginación social del siglo XX. Siglo XXI Editores.

A. Gorelik 2022La ciudad latinoamericana: una figura de la imaginación social del siglo XXSiglo XXI Editores

Grünwaldt Ramasso, J. (1970). Vida, industria y comercio en el antiguo Montevideo (1830-1852). Barreiro y Ramos.

J. Grünwaldt Ramasso 1970Vida, industria y comercio en el antiguo Montevideo (1830-1852)Barreiro y Ramos

Herrera y Obes, M., & Berro, B. P. (1966). El caudillismo y la revolución americana: polémica. Biblioteca Artigas.

Herrera M. Obes B. P. Berro 1966El caudillismo y la revolución americana: polémicaBiblioteca Artigas

Informes diplomáticos de los representantes del Reino de España en el Uruguay. (1967, diciembre). Revista Histórica, XXXVII(109-111).

Informes diplomáticos de los representantes del Reino de España en el Uruguay 1967,Revista HistóricaXXXVII109111

Le Breton, D. (2018). La sociología del cuerpo. Siruela.

D. Le Breton 2018La sociología del cuerpoSiruela

Mariani, A. (2007). Vida material: vivienda, alimentación y vestimenta en el Río de la Plata (1850-1890). Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

A. Mariani 2007Vida material: vivienda, alimentación y vestimenta en el Río de la Plata (1850-1890)Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

Martínez Delgado, G. (2020). Derribar los muros. De la historia urbana a los estudios urbanos con perspectiva histórica: propuestas teóricas y metodológicas desde un diálogo interdisciplinar. EURE, 46(137), 5-26.

G. Martínez Delgado 2020Derribar los muros. De la historia urbana a los estudios urbanos con perspectiva histórica: propuestas teóricas y metodológicas desde un diálogo interdisciplinarEURE46137526

Morse, R. (1993). La miopía de Schwartzman. En F. Arocena & E. de León, El complejo de Próspero: ensayos sobre cultura, modernidad y modernización en América Latina (pp. 135-154). Vintén Editor.

R. Morse 1993La miopía de Schwartzman F. Arocena E. de León El complejo de Próspero: ensayos sobre cultura, modernidad y modernización en América Latina135154Vintén Editor

Mumford, L. (1961). Arte y técnica (3a ed.). Nueva Visión.

L. Mumford 1961Arte y técnica3a Nueva Visión

Peruchena, L. (2015). La cultura y sus tendencias. En G. Caetano, Uruguay: revolución, independencia y construcción del Estado 1808-1880 . Tomo I. Planeta-Fundación Mapfre.

L. Peruchena 2015La cultura y sus tendencias G. Caetano Uruguay: revolución, independencia y construcción del Estado 1808-1880IPlaneta-Fundación Mapfre

Pivel Devoto, J. E., & Ranieri, A. (1966). Historia de la República Oriental del Uruguay (3a ed.). Editorial Medina.

J. E. Pivel Devoto A. Ranieri 1966Historia de la República Oriental del Uruguay3aEditorial Medina

Pons, A., & Serna, J. (2007). Más cerca, más denso: la historia local y sus metáforas. En S. R. Fernández, Más allá del territorio. La historia regional y local como problema: discusiones, balances y proyecciones (pp. 17-30). Prohistoria Ediciones.

A. Pons J. Serna 2007Más cerca, más denso: la historia local y sus metáforas S. R. Fernández Más allá del territorio. La historia regional y local como problema: discusiones, balances y proyecciones1730Prohistoria Ediciones

Rama, A. (1976). Los gauchipolíticos rioplatenses: literatura y sociedad. Calicanto Editorial.

A. Rama 1976Los gauchipolíticos rioplatenses: literatura y sociedadCalicanto Editorial

Rama, A. (1998). La ciudad letrada. Arca.

A. Rama 1998La ciudad letradaArca

Rama, A. (2024). La ciudad letrada. Estuario.

A. Rama 2024La ciudad letradaEstuario

Ramos Sucre, J. A. (1999). Obra poética. Fondo de Cultura Económica.

J. A. Ramos Sucre 1999Obra poéticaFondo de Cultura Económica

Real de Azúa, C. (2000). Uruguay: ¿una sociedad amortiguadora? Ediciones de la Banda Oriental.

C. Real de Azúa 2000Uruguay: ¿una sociedad amortiguadora?Ediciones de la Banda Oriental

Ribeiro, A. (1991). Historia e historiadores nacionales (1940-1990): del ensayo sociológico a la historia de las mentalidades. Ediciones de la Plaza.

A. Ribeiro 1991Historia e historiadores nacionales (1940-1990): del ensayo sociológico a la historia de las mentalidadesEdiciones de la Plaza

Ribeiro, A. (1994). Historiografía nacional (1880-1940): de la épica al ensayo sociológico. Ediciones de la Plaza.

A. Ribeiro 1994Historiografía nacional (1880-1940): de la épica al ensayo sociológicoEdiciones de la Plaza

Rivero Scirgalea, S. (2007). La Guerra Grande en Colonia: extranjeros y criollos. Torre del Vigía.

S. Rivero Scirgalea 2007La Guerra Grande en Colonia: extranjeros y criollosTorre del Vigía

Rocca, P. (2020). Prólogo. En A. Dumas & redactores de El Defensor de la Independencia Americana, Una nueva Troya. Refutación a Una nueva Troya (falta rango de páginas). Linardi y Risso.

P. Rocca 2020Prólogo A. Dumas redactores de El Defensor de la Independencia Americana, Una nueva Troya. Refutación a Una nueva Troyafalta rango de páginasLinardi y Risso

Rocca, P. (2021). Historias tempranas del libro: impresores, textos, libreros en el territorio oriental del Uruguay, 1807-1851. Linardi y Risso.

P. Rocca 2021Historias tempranas del libro: impresores, textos, libreros en el territorio oriental del Uruguay, 1807-1851Linardi y Risso

Romero, J. L. (2010). Latinoamérica: las ciudades y las ideas (3a ed.). Siglo XXI Editores.

J. L. Romero 2010Latinoamérica: las ciudades y las ideas3a Siglo XXI Editores

Romero, J. L. (2013). La ciudad occidental: culturas urbanas en Europa y América. Siglo XXI Editores.

J. L. Romero 2013La ciudad occidental: culturas urbanas en Europa y AméricaSiglo XXI Editores

Sansón, T. (2006). La construcción de la nacionalidad oriental: estudios de historiografía colonial. Universidad de la República.

T. Sansón 2006La construcción de la nacionalidad oriental: estudios de historiografía colonialUniversidad de la República

Sudjic, D. (2010). La arquitectura del poder: cómo los ricos y poderosos dan forma al mundo. Ariel.

D. Sudjic 2010La arquitectura del poder: cómo los ricos y poderosos dan forma al mundoAriel

Tenorio Trillo, M. (2023). La historia en ruinas: el culto a los monumentos y a su destrucción. Alianza.

M. Tenorio Trillo 2023La historia en ruinas: el culto a los monumentos y a su destrucciónAlianza

Terra, M. (2007). Montevideo: durante la Guerra Grande. Formas de vida, convivencia y relacionamientos. Byblos Editorial.

M. Terra 2007Montevideo: durante la Guerra Grande. Formas de vida, convivencia y relacionamientosByblos Editorial

Tozzi, V. (2009). La historia según la nueva filosofía de la historia. Prometeo Libros.

V. Tozzi 2009La historia según la nueva filosofía de la historiaPrometeo Libros

Van Young, E. (1991). Haciendo historia regional: consideraciones metodológicas y teóricas. En P. Pérez H., Región e historia en México (1700-1850) (pp. 99-122). Instituto Mora-UAM.

E. Van Young 1991Haciendo historia regional: consideraciones metodológicas y teóricas P. Pérez H Región e historia en México (1700-1850)99122Instituto Mora-UAM

Varese, J. A. (2024). Comienzos de la pintura en Uruguay: hasta el regreso de Juan Manuel Blanes. Planeta.

J. A. Varese 2024Comienzos de la pintura en Uruguay: hasta el regreso de Juan Manuel BlanesPlaneta

White, H. (1992). Metahistoria: la imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. Fondo de Cultura Económica.

H. White 1992Metahistoria: la imaginación histórica en la Europa del siglo XIXFondo de Cultura Económica

[1]El concepto de imagen o representación textual proviene deHayden White (1992), quien considera que estas están pautadas por elementos tropológicos y estéticos; así mismo, otros filósofos de la historia como Mink y Ankersmit colocan la imagen o representación en el centro de sus análisis (Tozzi, 2009).

[2] Rivero Scirgalea, S. R. (2026). Orden urbano y circulaciones. Imagen historiográfica de Montevideo en la Guerra Grande (1839-1851). Territorios, (54), 1-21. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.15000