10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14884
Sección temática
María Laura Sarmiento1
Paola Bonavitta2
1 Centro de Investigaciones y Estudios Sobre Cultura y Sociedad. UNC-CONICET.
lauruch@hotmail.com.
0000-0002-2646-3439
2 Centro de Investigaciones Maria Saleme Burnichon. UNC-CONCET.
paola.bonavitta@gmail.com.
0000-0003-4758-4202
Recibido: 29 de septiembre de 2024
Aprobado: 31 de octubre de 2025
Para citar este artículo: Sarmiento, M. L., & Bonavitta, P. (2025). Infraestructuras de cuidados: interpretación crítica y respuesta material a la responsabilidad social, ética y política. Territorios, (53-esp), 1-19. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14884
RESUMEN
La pandemia del Covid-19 resaltó la centralidad y la feminización de los trabajos de cuidado no remunerados, mostrando las desigualdades y la sobrecarga en las mujeres. Se observaron, por un lado, una redistribución inequitativa de las tareas de cuidado dentro de las familias, intensificando los roles tradicionales de género. Por otro, consecuencias físicas y emocionales de las cuidadoras. Por ello, nos preguntamos: ¿cómo se organizan los cuidados en contextos de recortes de derechos y de avances de conservadurismos? Exploramos la intersección crítica entre una perspectiva ecofeminista y posibles horizontes de una infraestructura de cuidados, tomando como caso de estudio la realidad de la ciudad de Córdoba, Argentina. Antes de la presidencia de Javier Milei, el país había logrado avances significativos en políticas públicas e infraestructuras de cuidado, especialmente en el reconocimiento institucional y la redistribución de los trabajos de cuidado no remunerados. Sin embargo, con la administración ultraliberal, los impactos de la pandemia del Covid-19 se han profundizado, trasladando la responsabilidad social de los trabajos de cuidado al ámbito privado, lo que legitima y normaliza la violencia contra las mujeres.
Palabras clave: Pandemia; trabajos de cuidado; ecofeminismo; desigualdad; Argentina; derechas.
ABSTRACT
The covid-19 pandemic highlighted the centrality and feminization of unpaid care work, exposing deep social inequalities and the disproportionate burden placed on women. On one hand, care tasks were unevenly redistributed within households, reinforcing traditional gender roles. On the other, caregivers suffered both physical and emotional consequences. This raises a key question: How is care organized in contexts marked by cuts to social rights and the rise of conservative ideologies? This paper explores the critical intersection between an ecofeminist perspective and the possible horizons of care infrastructures, using the city of Córdoba, Argentina, as a case study. Prior to Javier Milei's presidency, Argentina had made significant advances in public policies and care infrastructures—particularly in the institutional recognition and redistribution of unpaid care work. However, under the ultra-liberal administration, the effects of the COVID-19 pandemic have deepened, shifting the social responsibility for care work to the private sphere, thereby legitimizing and normalizing violence against women.
Keywords: Pandemic; work Care; ecofeminism; inequality; Argentina; right.
RESUMO
A pandemia de covid-19 ressaltou a centralidade e feminilização do trabalho de cuidado não remunerado, evidenciando desigualdades e sobrecarga entre as mulheres. Por um lado, observou-se uma redistribuição desigual das tarefas de cuidado dentro das famílias, intensificando os papéis tradicionais de gênero. Por outro, as consequências físicas e emocionais dos cuidadores. Questiona-se sobre como o cuidado é organizado em contextos de restrições de direitos e avanços do conservadorismo. Exploramos a interseção crítica entre uma perspectiva ecofeminista e possíveis horizontes de uma infraestrutura de cuidados, tomando como estudo de caso a realidade da cidade de Córdoba, Argentina. Antes da presidência de Javier Milei, o país havia feito progressos significativos em políticas públicas e infraestrutura de cuidado, especialmente no reconhecimento institucional e na redistribuição do trabalho de cuidado não remunerado. No entanto, com a administração ultraliberal, os impactos da pandemia de covid-19 se aprofundaram, transferindo a responsabilidade social dos trabalhos de cuidado para a esfera privada, o que legitima e normaliza a violência contra as mulheres.
Palavras-chave: Pandemia; trabalhos de cuidado; ecofeminismo; desigualdade; Argentina; direitas.
Introducción y estado de la cuestión
La pandemia del Covid-19 significó, en muchos aspectos, un antes y un después en la historia de la humanidad. Representó una modificación en las formas de organización del mundo de la salud, principalmente, pero también en gran parte de las áreas vitales de la humanidad. Este artículo se propone abordar el impacto que tuvo la pandemia en la organización familiar de los cuidados y lo que esto ha significado, por un lado, respecto de la infraestructura urbana como una interpretación crítica de los problemas urbanos y, por el otro, en la vida de las mujeres en la ciudad de Córdoba, Argentina. En este trabajo, recuperamos las experiencias de madres de niños en la escuela primaria, quienes son profesionales con trabajos formales fuera del hogar y también realizan trabajos de cuidado no remunerados. Sus experiencias nos permiten construir una reflexión sobre la infraestructura de cuidados que se implementa en el cotidiano.
Nos enfocaremos únicamente en los trabajos de cuidado no remunerados (en adelante, TC), en su organización y consecuencias a nivel físico, psicoemocional y material. De igual manera, haremos un abordaje teórico de la infraestructura de cuidados desde una perspectiva ecofeminista (Batthyány, 2020; Pérez Orozco, 2014) dada la condición planetaria, el daño y posibles horizontes de reparación en las estructuras sociales.
En principio, la pandemia puso en evidencia la centralidad de los trabajos de cuidado, así como de quiénes los realizan. También quedó en claro que sin infraestructura de cuidados no hay sostenibilidad de la vida y que es un trabajo que va mucho más allá de la protección o salvaguarda de las personas, puesto que se trata del conjunto de decisiones que intervienen en el cuidado medioambiental y planetario. Es un trabajo feminizado, poco reconocido e infravalorado; no obstante, es lo que permite que la vida no solo se reproduzca, sino que se sostenga.
Aquí, nos preguntamos en torno a la vida después de la pandemia: ¿cómo se organizan los cuidados en contextos de recortes de derechos y de avances de conservadurismos? Para ello, partimos de grandes interrogantes que fueron surgiendo en trabajos de investigación en los que estamos: ¿qué sucede con las cuidadoras a cuatro años de aquel marzo de 2020 en el que comenzó el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (aspo) en Argentina? ¿Se han resignificado los trabajos de cuidados durante este tiempo? ¿Se aceleró una apuesta por una corresponsabilidad de los cuidados? ¿Qué impactos y repercusiones generaron la sobrecarga de trabajos en simultáneo en los cuerpos de las mujeres? ¿Se modificaron respecto de su centralidad en el sostenimiento de la vida las infraestructuras de cuidado? ¿Qué acciones políticas aparecieron tras la clara centralidad de las infraestructura de cuidados? ¿Es posible —o fue posible— desfamiliarizar y desmaternizar los cuidados como una forma de visibilizar la división sexual del trabajo y generar responsabilidad estatal y colectiva, mediante infraestructura urbana, en todas las tareas de cuidado? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos en este trabajo y que pretendemos abordar a partir de la lectura de indicadores y estadísticos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y de La Cocina de los Cuidados, así como de entrevistas realizadas a 30 mujeres de la ciudad de Córdoba que tienen a su cargo a personas con escasa o limitada autonomía.
La pandemia mostró de forma despiadada las desigualdades entre regiones, sectores sociales, y entre hombres y mujeres. También se hicieron evidentes las debilidades de los sistemas públicos de salud, así como la desigualdad estructural para el acceso a viviendas dignas, lo que agudizó el sufrimiento de quienes viven hacinados en viviendas precarias. (Celiberti, 2023, p. 39)
Para hablar de trabajos de cuidados y de su feminización, debemos partir de reconocer la existencia de una división sexual del trabajo, a la cual entendemos como el proceso histórico, social y político en el que fueron atribuidas a mujeres y varones ciertas habilidades, competencias, valores y/o responsabilidades a partir de una asociación con las características biológicas de cada sexo. A partir de esta división —basada en la biología y en estereotipos de género y sexismos—, a las mujeres se les encargó el trabajo doméstico y de reproducción de la vida, tareas que, en el mundo capitalista, implican jerarquizaciones y consecuencias concretas en la distribución desigual de poder entre los cuerpos.
En este artículo, vamos a reflexionar acerca de la organización de los cuidados en épocas pospandémicas, de avance de derechas y de recortes de derechos. Nos centramos en las mujeres de Córdoba, Argentina, contemplando la realidad nacional a partir de indicadores y estadísticas. Comenzamos el trabajo recuperando teorías que abordan la organización e infraestructuras de cuidado, para luego dar cuenta de las particularidades que estas presentan en nuestro contexto actual de acuerdo con los datos recuperados.
Infraestructuras en crisis
Las infraestructuras de cuidado no pueden asimilarse al trabajo meramente productivo, en tanto que implica múltiples e imbricadas dimensiones: material e inmaterial, pública y privada, física y emocional (Batthyány, 2020). La cuantificación de los trabajos de cuidado se ha incrementado y es absolutamente necesaria, no obstante es limitada, puesto que no alcanza a incorporar una serie de aspectos no cuantificables, como la carga mental, la preocupación por quien recibe el cuidado, los afectos, la disponibilidad, la anticipación, la responsabilidad, entre otros (Oxfam Internacional, 2022). Cuidar requiere una forma de estar en un estado de alerta y pendiente, en donde es imprescindible adaptar los propios ritmos y necesidades básicas a los de la persona cuidada (Martín, 2020).
La crisis de los cuidados (Pérez Orozco, 2014) es una realidad que viene preocupando sobre todo a las economistas feministas desde mucho antes de la llegada del Covid-19. Es entendida como un déficit entre las necesidades interdependientes de cuidados que tienen las personas y la capacidad de las sociedades para brindarlos. Entre los problemas que existen, podemos enumerar:
(...) el abandono de la niñez, la soledad y falta de cuidados de las personas adultas mayores, la ausencia de estructuras de cuidados para las personas con discapacidad, la falta de protección de las personas enfermas, y el agotamiento de las mujeres, que asumen la mayor responsabilidad para dar respuesta a esta crisis. (Oxfam Internacional, 2022, p. 7)
Previo a la pandemia, un informe realizado por Oxfam, y coordinado por Álvarez Escobar (2020), proponía fomentar, en los Estados latinoamericanos y en las sociedades en general, algo que denominaron las "4Rs" de los trabajos de cuidado: el reconocimiento del trabajo que permite la sostenibilidad de la vida, la reducción de tiempo excedente de las mujeres a partir del levantamiento de la institucionalidad e infraestructura integral, la redistribución del cuidado y su interpretación como una tarea social y colectiva y la representación para incorporar el rol de los sindicatos y el reconocimiento en las agendas. En la postpandemia, estas preocupaciones se acrecentaron, no solamente por la sobredemanda de cuidados en la sociedad, sino porque se visibilizó la desigual estructura y organización de los mismos. De hecho, la CEPAL estima que hacia 2050 la cantidad de personas que requieren cuidados estará cerca de duplicarse, incrementando sustancialmente la demanda de personas cuidadoras. Por tanto, cerrar la brecha de género se retrasará toda una generación, pasando de los 99 años estimados antes de la pandemia a 135 años (CEPAL, 2022). Sumado a que la crisis económica se acrecentó en casi todos los países de la región y en muchos de ellos se fueron profundizando medidas y políticas de corte neoliberal que dejan aún más desprotegidas a las cuidadoras.
En Argentina, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo realizada por el INDEC entre octubre y diciembre de 2023, resalta que el 91,6 % de las mujeres participa de alguna de las tareas domésticas, mientras que el 73,9 % de los varones lo hacen. Además, el país afronta una de sus más profundas crisis económicas y la derecha neoliberal y libertaria, encabezada por Javier Milei, ha ocupado la presidencia desde diciembre de 2023. Ello está arrojando consecuencias devastadoras para las mujeres al recortar y exterminar políticas públicas con perspectiva de género. En ese marco, el antiguo Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación había presentado un proyecto de Ley denominado "Cuidar en Igualdad", el cual proponía la creación del Sistema Integral de Políticas de Cuidados en Argentina. El mismo había sido redactado con los aportes de funcionarias del gobierno, intelectuales, expertas, sindicalistas, activistas y una Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado integrada por 15 organismos del Estado Nacional. El proyecto era sumamente interesante por la mirada integral y participativa que adoptaba en torno a los TC, no obstante, ha quedado paralizado tras la asunción de Milei, quien ha señalado su interés de anular las jubilaciones de amas de casa y convertirlas en una "asistencia social", desconociendo que el trabajo doméstico es un trabajo, lo anterior fue publicado por el periódico Infobae el 12 de marzo de 2024.
En este marco de avance de derechas y recorte de derechos, la infraestructura de cuidados que supone la participación del Estado, el mercado, las organizaciones de la sociedad civil y las familias en la organización y distribución de los TC se centra mucho más en las redes de cuidado (barriales, familiares, por cercanía) que en una equitativa organización planificada. Sumado a esto, el excesivo y voraz consumismo capitalista empeora la calidad de vida permanentemente al producir más y más desechos. "Cuidar de la naturaleza implica también cuidar de nuestros cuerpos, que forman parte de la red de la vida. No puede haber salud humana en un medioambiente devastado y envenenado. Destruir la casa común es suicida" (Puleo, 2023, p. 33). Entonces, siguen siendo las apuestas solidarias, las redes comunitarias y los activismos territoriales los que terminan organizando las infraestructuras de cuidado de manera global. Durante y postpandemia, esas redes fueron centrales y visibilizaron la importancia de cuidar colectivamente y de involucrar a toda la sociedad en el cuidado y la sostenibilidad de la vida. El concepto de "sostenibilidad de la vida" incorpora la dimensión socioambiental del cuidado, "imaginando nuevas formas de producir, consumir y habitar. Estas perspectivas se basan en el reconocimiento de la interdependencia entre las personas y la ecodependencia con la naturaleza, como ha señalado Yayo Herrero (2017)" (Celiberti, 2023, p. 41).
Para sostener la vida se recurre a lo que Raquel Gutiérrez Aguilar (2017) llama entramado comunitario: "una heterogénea multiplicidad de mundos de la vida que pueblan y generan el mundo bajo pautas diversas de respeto, colaboración, dignidad y reciprocidad, no exentas de tensión, y acosadas sistemáticamente por el capital" (p. 33). Frente a las múltiples precariedades (materiales, simbólicas, afectivas), las mujeres construyeron entramados de sociabilidades, infraestructuras de cuidado "emergentes" que permitieron enfrentar los despojos y las privaciones, así como las violencias y las desigualdades. En América latina, estas infraestructuras tomaron la forma de ollas populares, de copas de leche, de merenderos, es decir, una materialización de las estructuras de cuidado en la vida comunitaria, ejerciendo la acción política. En la ciudad de Córdoba, funcionan alrededor de 250 comedores populares, según los datos que arroja la Mesa por la Emergencia Alimentaria de Córdoba (2025). Cada uno se encarga de alimentar entre 200 y 300 personas en distintos barrios y territorios populares. Estas microacciones se encargan de crear formas de cuidado y de sostén de la vida en lo cotidiano, acompañando el achicamiento de un Estado que intenta desarmar los cuidados comunitarios. Así, entre las entrevistadas, algunas de ellas acompañan a organizaciones y comedores. En los encuentros, nos comentaron que debieron reducir las porciones de comida, incluso han tenido que seleccionar a qué familias acompañar estableciendo jerarquías en la urgencia. "Tuvimos que ver quiénes tenían hijos con discapacidad, o quienes pertenecían a hogares de mujeres solas para darles prioridad. Lamentablemente, muchas familias quedaron afuera pero ya no nos alcanza para comprar alimentos para todo el barrio como antes" (comunicación personal, mujer 1), nos expresó una de las entrevistadas.
Metodología propuesta
En un intento de interpretación crítica de la problemática urbana de los trabajos de cuidados, trabajamos con 30 mujeres con edades entre 30 y 50 años y que son madres de niños en la escuela primaria en la ciudad de Córdoba, Argentina. Todas ellas son profesionales, tienen un trabajo formal fuera del hogar y, además, realizan TC. Habitan en barrios céntricos o aledaños al centro y las escuelas primarias a las que asisten sus hijos son públicas, privadas y semiprivadas. Han sido seleccionadas porque, durante la pandemia, han acompañado a sus hijos con tareas escolares y clases virtuales. El nivel de acompañamiento que exige un niño que está cursando la educación primaria es mayor que aquel que requiere un estudiante de secundaria o universidad.
Utilizamos una metodología feminista (Harding, 1995; Haraway, 1996; Castañeda, 2019) para corrernos del androcentrismo dominante, así como de la neutralidad valorativa que propone el positivismo. Ponemos en el centro el cuerpo, a partir de un conocimiento que se piensa y se construye como situado, contemplando el registro corporal y afectivo-emocional de las vivencias de nuestras sujetas de estudio. La metodología feminista y situada nos permite echar luz a aquello que permanece en las sombras, a oscuras.
Iluminar una situación a través de las luces que ofrece un otro, es un gesto que debe incumbir a la estética y a la creación. Esto exige gusto, curiosidad, tacto y un poco de mala fe (...) se trata de hacerlo con atención, de cuidar las relaciones que se crearon, de saber que se pone en práctica una mala fe que pretende que lo que insistía en la diferencia no insistía lo suficiente. En pocas palabras, velar porque aquello que ilumina una situación bajo una claridad nueva, no aplaste todo bajo la luz de la explicación. Que nos dé pequeñas lamparitas. (Despret, 2022, p. 44)
Siguiendo todo lo anterior, hemos registrado las siguientes cuestiones, a modo de mapeo entre las mujeres con las que hemos trabajado:
Distribución de tareas: con más personas trabajando desde casa, las responsabilidades de cuidado se distribuyen de manera más inequitativa entre los miembros de la familia, lo que intensifica los roles tradicionales de género, acompañando la impronta del contexto mundial del aumento de las derechas a las direcciones de gobierno, sus consignas de la ideología de la familia tradicional y su correspondiente brecha de género.
Flexibilidad y adaptación: las familias han tenido que ser más flexibles y adaptarse rápidamente a las circunstancias cambiantes. En este punto, lejos de una distribución equitativa de tareas lo que surge es un nuevo estereotipo de "mamá pulpo", o cuidadora multitasking, asumiendo una mayor cantidad de responsabilidades y tareas de cuidado, como llevar y traer infancias ("mamá uber"), hacer de apoyo escolar, asumir las responsabilidades coparentales ante la precariedad laboral en aumento, entre otras.
Uso de tecnología: la tecnología ha jugado un papel crucial, permitiendo a las familias mantenerse conectadas. No obstante, las aplicaciones digitales y videollamadas han facilitado la presión y el control de las cuidadoras, lejos de promover un apoyo emocional.
Por otra parte, hemos recurrido a indicadores y macroestadísticas de la CEPAL, el INDEC y de La Cocina de los Cuidados, los cuales nos facilitan una lectura más estructural. Nos da cuenta de lo que sucede con las mujeres en el país en torno a los TC, contemplando que es una problemática feminizada y global.
Resultados
Intensificación de los cuidados y síntomas en los cuerpos de quienes cuidan, ¿cómo traducirlo en una infraestructura urbana?
La sobrecarga de trabajos en simultáneo ha tenido varios impactos y repercusiones en los cuerpos de las mujeres. Es notable la innumerable cantidad de artículos publicados en los años de pandemia acerca de cómo cuidar a una persona enferma, intentando prevenir los síntomas del cuidador (Bonavitta & Bard, 2021; Ranzani, 2020; Bidaseca et al., 2021; Flores et al., 2022). Sin embargo, en la vida cotidiana en la actualidad, las cuidadoras padecen en carne propia una vasta cantidad de afecciones físicas, mentales y afectivas.
En las entrevistas, las mujeres concluyeron que la combinación de tareas domésticas y laborales ha llevado a problemas como dolores de espalda y cuello, debido a posturas inadecuadas y esfuerzos repetitivos. Además de fatiga crónica, por la falta de descanso adecuado y la necesidad de cumplir con múltiples responsabilidades. También el estrés prolongado y la falta de tiempo para el autocuidado han aumentado el riesgo de enfermedades cardiovasculares. "Siento que estoy todo el tiempo cuidando, trabajando en cuidados. No tengo tiempo para mí" (comunicación personal, mujer 2); "me exigen que además me ocupe de mi autocuidado, todo se vuelve demanda y exigencia" (comunicación personal, mujer 3); "yo solo quiero dormir. No puedo, no hay espacio para el descanso" (comunicación personal, mujer 4): estas son algunas de las emociones que repiten las entrevistadas. En común: la falta de tiempo, de cuidado, de red y de corresponsabilidad en la organización de los TC.
Respecto de la salud mental, las afecciones que más se repiten como vinculadas a los trabajos de cuidado son estrés y ansiedad (Enriquez, 2020; Uzcátegui, 2022; Caballero-Villalobos et al., 2021; Becher, 2023). La presión de manejar múltiples roles puede generar altos niveles de estrés y ansiedad, afectando el bienestar emocional, y depresión, por la sobrecarga laboral y la falta de apoyo. El conocido síntoma de burnout por agotamiento extremo, común entre las mujeres que deben equilibrar trabajo, hogar y cuidado de familiares. Asimismo, el impacto en el sueño es otro de los múltiples síntomas de quienes cuidan. "No puedo dormir, vivo con sueño, me duermo en el auto, en todos lados" (comunicación personal, mujer 5); "duermo, pero me levanto agotada. Cierro los ojos y siento que los abro al minuto y, en realidad, pasaron 6 horas" (comunicación personal, mujer 6). Mujeres que se sienten desbordadas, agotadas, solas y explotadas. "Estoy harta, no doy más, todos los días empiezo cansada y así vivo: agotada" (comunicación personal, mujer 3).
Poner en el centro al cuerpo implica reconocer sus limitaciones, sus vivencias y sentires. Los cuerpos de las mujeres con las que trabajamos están siendo explotados, agobiados, expropiados. Como señalan Gloria Garay Ariza y Mara Viveros Vigoya:
Somos cuerpos aplazados, víctimas permanentes de aquello que es siempre más urgente. Aplazamos la charla con una persona amiga para cuando tengamos tiempo, dilatamos la lectura que queremos hacer, las caminatas que tanto disfrutamos, mirar la puesta del sol (...). Pasan los años y fijamos para un después la fecha de nuestra visita a los nevados o a San Agustín o a cualquier otro lugar deseado. El tiempo transcurre y aún no hemos aprendido a disfrutar de nuestra soledad, cosa que dejamos para luego. Aplazamos incluso ir al baño porque, de lo contrario, se nos hace tarde. (1999, p. 15)
Buscando cómo seguir imaginando futuros más benignos para nuestra humanidad cuidadora (Cátedra Rita Segato de Pensamiento Incómodo UNSAM, 2024): así nos parece fundamental pensar una agenda ecofeminista entramada con infraestructuras de cuidado.
Intersección crítica entre ecofeminismo e infraestructuras de cuidado
El ecofeminismo es una corriente teórica y política que establece una conexión entre la opresión de las mujeres y la explotación de la naturaleza. Argumenta que ambos sistemas de dominación comparten raíces comunes, como el patriarcado y el capitalismo. Tanto las mujeres como la naturaleza son vistas como recursos a explotar para el beneficio económico. El capitalismo, con su lógica de acumulación y crecimiento ilimitado, fomenta la sobreexplotación de recursos naturales y la externalización de los costos ambientales.
La intersección crítica entre ecofeminismo e infraestructuras de cuidado pone bajo la lupa la explotación capitalista colonial extractiva al trabajo esencial invisibilizado. El trabajo de cuidado, en su mayoría realizado por mujeres, es fundamental para la reproducción social y la vida cotidiana. Sin embargo, es sistemáticamente subvalorado y no remunerado de manera adecuada. El cuidado de personas, sobre todo de niños y ancianos, implica una relación de cuidado y conexión con la vida, similar a la que se establece con la naturaleza.
El ecofeminismo cuestiona el modelo económico actual, argumentando que la crisis ecológica y social que enfrentamos, intensificada tanto en los cuerpos de las mujeres como del planeta después de la pandemia por el Covid-19, está íntimamente ligada a la doble explotación de las cuidadoras y de la naturaleza. Denuncia la tendencia a tratar a la naturaleza como un simple recurso económico, sin reconocer su valor intrínseco y su importancia para la vida. En este mismo sentido, se ubican las infraestructuras de cuidado.
Donna Haraway (1995) ha abordado el tema de los trabajos de cuidado desde una perspectiva que enfatiza la interconexión y la responsabilidad compartida. Haraway destaca la importancia de reconocer que el cuidado no es solo una labor práctica, sino una obligación ética y una relación afectiva. Argumenta que el cuidado es, en esencia, relacional. Esto significa que nuestras acciones de cuidado están intrínsecamente conectadas con las relaciones que mantenemos con otros seres humanos y no humanos. En este sentido, es fundamental integrar su concepto de conocimientos situados (Haraway, 1995) en su ensayo titulado: Testigo_Modesto@Segundo_Milenio.HombreHembra©_Conoce_Oncoratón®. Allí sugiere que el conocimiento y el cuidado están profundamente entrelazados. Las infraestructuras de cuidado implican un entendimiento situado y contextual de las necesidades y circunstancias de aquellos a quienes cuidamos. De este modo, apuesta a las mismas como una práctica ética que desafía las estructuras de poder tradicionales. Al cuidar, y convertir una ciudad en cuidadora, estamos participando en una forma de resistencia que valora la interdependencia y la sostenibilidad.
Estas ideas subrayan la importancia de repensar el cuidado como una práctica integral que abarca tanto lo ético como lo afectivo y que reconoce nuestra interdependencia con el mundo que nos rodea.
Silvia Federici (2013), por su parte, ha abordado extensamente el tema del trabajo de cuidado no remunerado y su vínculo con el cuidado del planeta. Para Federici, la apuesta es crear una sociedad de cuidados, revalorizar la vida y ponerla en el centro de nuestras prioridades. Esto significa reconocer la importancia del trabajo reproductivo y de cuidado y luchar por su visibilidad y valoración. Con su famosa frase "eso que llaman amor, es trabajo doméstico no remunerado" marca un antes y un después en las formas de pensar y entender las relaciones entre el trabajo productivo y reproductivo, poniendo en tensión las estructuras más básicas que organizan y sostienen nuestras sociedades. Dice Federici, entrevistada por Taccari (2023):
Las mujeres hemos estado siempre aisladas en el proceso de la reproducción. Nos hemos sentido muy derrotadas y sin esperanza. Pero cuando empezamos a juntarnos y a participar del movimiento feminista, a comunicar nuestro sufrimiento, conocimiento, experiencia. se crea una infraestructura que nos da la fuerza para continuar, que nos hace comprender por qué luchamos, que nos da un poco de felicidad. Porque cuando estás sola en tu casa ya no puedes imaginar, la imaginación se corta. Saber que no estás sola enfrentándote a tus problemas es una cosa muy diferente. (p. 13)
Según la autora, una de las claves para poder construir una verdadera sociedad de cuidados es romper con la falsa dicotomía que separa lo público de lo privado, construyendo una red de cuidados.
Otra de las autoras que tomamos como referencia de un horizonte posible es Alicia Puleo, quien subraya la interconexión profunda entre el cuidado de las personas y el cuidado del planeta. La explotación de la naturaleza y la desvalorización del trabajo de cuidado son dos caras de la misma moneda. Puleo propone desmantelar el sistema capitalista patriarcal y construir una nueva sociedad basada en la justicia social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.
Para la autora es fundamental reconocer y valorizar el trabajo de cuidado, tanto en el ámbito doméstico como en el comunitario. Esto implica no solo remunerarlo adecuadamente y garantizar condiciones laborales dignas, sino crearle una arquitectura a su medida. Enfatiza la necesidad de cuidar la naturaleza y proteger los recursos naturales para las futuras generaciones. Dicho esto, la propuesta de infraestructura de cuidados abarcaría la creación de economías locales y solidarias, basadas en el intercambio y la cooperación, como alternativa a la economía globalizada y competitiva (Puleo, 2016).
Françoise d'Eaubonne, una de las pioneras del ecofeminismo, argumentaba que los cuidados son esenciales para mantener la vida y reparar los daños causados por los mercados y las estructuras patriarcales. Ella veía al ecofeminismo como una herramienta para acabar con estas estructuras de dominación y construir una sociedad más igualitaria y respetuosa con el medio ambiente.
De este modo, en este breve estado del arte de la intersección crítica entre ecofeminismo e infraestructura de cuidados, queremos resaltar la importancia de estas últimas como práctica ética y como camino de justicia y reparación del daño social que se viven en los cuerpos de las cuidadoras y que se intensificaron en el tiempo de postpandemia, y hoy un poco más, frente a las ultraderechas en el mundo.
Argentina entre las infraestructuras de cuidado y las políticas de Javier Milei
En Argentina, las mujeres dedican casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo de cuidado no remunerado, lo que aumenta en los hogares más pobres, dado que por sus menores ingresos, no tienen posibilidades de financiar ayuda externa al núcleo para el cuidado (ONU Mujeres, 2023).
En la primera infancia, solo el 33 % de niños y niñas menores de cinco años y el 19 % de hasta cuatro años asiste a un centro de cuidados o educación inicial (UNICEF, 2021). Los déficits actuales en la oferta de servicios públicos, además de vulnerar el derecho al cuidado de las personas que lo requieren, limitan la participación económica de las mujeres y reproducen la pobreza.
La infraestructura de cuidados ya era insuficiente en los gobiernos progresistas; sin embargo, el amplio abanico de posibilidades significó una mejora en la calidad de vida de las cuidadoras, así como la llegada del Estado al rincón doméstico. Esto supuso un cambio de conciencia en los sectores vulnerables respecto de las intersecciones de género y las injusticias. De manera que, durante ese tiempo de gobernanza, se propiciaron articulaciones intersectoriales y transversales formadas por diversos actores de la sociedad: representantes de organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicatos, iglesias, académicas e investigadoras, funcionarias estatales y legisladoras.
En un informe sobre políticas de cuidado realizado por el Ministerio de Desarrollo Social de Argentina, comienza en sus primeros párrafos referenciando el mapa de actores y competencias y acciones que sostienen la infraestructura de cuidados y, en consecuencia directa, a quienes cuidan:
La creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad (2019) y de la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado (integrada por los organismos del Estado Nacional que tienen incumbencia y competencias en el tema) (2020), así como la creación de la Mesa para la transversalización de las políticas de género y diversidad del Ministerio de Desarrollo Social, dan cuenta de la preocupación del Gobierno Nacional en la atención de la problemática. A su vez, evidencian la voluntad de dar impulso a una estrategia integral que permita redistribuir y reconocer el cuidado como una necesidad, como un trabajo y como un derecho (Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado, 2020). En esta misma línea, se elaboró el Mapa Federal del Cuidado, que pone a disposición de la ciudadanía la ubicación geográfica de diferentes organizaciones, instituciones educativas y servicios que brindan cuidados o capacitación. (Ministerio de Desarrollo Social de Argentina, 2023, p. 6)
Desde diciembre de 2023, con el gobierno de Javier Milei,1 se generó un empobrecimiento rotundo respecto a los avances de las políticas de cuidado y, con ello, la intensificación de la sobrecarga, el daño en los cuerpos de las mujeres y las cifras de las políticas de cuidado fueron eliminadas de manera radical. De una referencia de 43 políticas de cuidado, 21 ya fueron desarmadas por derogación o subejecución completa, 15 se encuentran en estado de alerta por inacción o falta de información y apenas siete se mantienen vigentes (como menciona en la columna LA CIFRA, 2024)
En un informe realizado por La Cocina de los Cuidados (2024), un espacio intersectorial y transversal de seguimiento y producción de información sobre las medidas del gobierno en el terreno de los cuidados y de acompañamiento de las y los actores afectados por el avance del programa económico, social y cultural en marcha, sostienen que el impacto de los cambios en las principales políticas que se habían logrado avanzaban hacia una organización social de los cuidados más justa e igualitaria.
En los primeros párrafos del informe, comienza con la descripción en cifras del gobierno de Javier Milei:
(...) en un contexto de ajuste de al menos el 40% del gasto público, la devaluación del 118% y una inflación de 68% en 3 meses. Llega también con la suspensión de programas sociales, el incremento de la desocupación y un aumento proyectado de la pobreza aún entre los sectores medios y de trabajadores. La administración Milei, en sus primeros 120 días, instaló una ofensiva contra las condiciones de vida, la organización y gestión de los cuidados en toda la sociedad. Es también un escenario de reorganización del Estado con un efecto concreto en la desjerarquización de las áreas con incidencia en la organización de los cuidados. Esto significa menos presupuesto, menos incidencia y un efecto rebote en municipios, organizaciones y todos los sectores de la sociedad porque aumenta las tareas de cuidado en la casa y la demanda en las organizaciones territoriales. (La Cocina de los Cuidados, 2024, p. 1)
Solo con los titulares, los datos nos llevan a una marcada ofensiva en todo lo que, en párrafos anteriores, señalamos como el valor de los trabajos de cuidado. A saber:
1. Todas las políticas de ampliación de la infraestructura física de cuidado están paralizadas y sin ejecución: "la reducción de la infraestructura pública para los cuidados sobrecarga de esas tareas a los hogares y reduce el tiempo disponible para la participación laboral de las mujeres que son quienes asumen esa nueva carga" (La Cocina de los Cuidados, 2024, p. 2).
2. Las prestaciones asociadas al cuidado perdieron poder adquisitivo y son señaladas como las "culpables" de los desequilibrios fiscales:
Las prestaciones asociadas al cuidado perdieron poder adquisitivo en un momento de aumento de gastos en el cuidado del hogar, lo que impacta en la calidad de los cuidados y termina profundizando la dependencia económica de las mujeres que se hacen cargo de estas tareas. (La Cocina de los Cuidados, 2024, p. 3)
3. Las políticas del tiempo están bajo amenaza: "menos políticas de tiempo se traducen en menor calidad del cuidado familiar pero también en más desventajas para las carreras de quienes asumen los cuidados familiares, generalmente mujeres" (La Cocina de los Cuidados, 2024, p. 4).
4. Se recortaron las políticas de remuneración, formación y formalización de trabajadoras del cuidado. El sector fue subvalorado y degradada la calidad de los cuidados ofrecidos:
La subvaloración del trabajo de cuidado se traduce en menos valoración social de la tarea y más pobreza e informalidad, características ya presentes entre quienes trabajan en el sector. Las tareas reproductivas, de cuidado, forman parte de la sostenibilidad económica. (La Cocina de los Cuidados, 2024, p. 5)
En otras palabras, la justicia social y el sostenimiento de la vida en Argentina atraviesa su peor momento en años. Las infraestructuras urbanas de cuidados son centrales para la sociedad, pero hoy ese reconocimiento, a través de políticas y normativas, está en claro retroceso.
A modo de cierre: infraestructura de cuidados como ética, justicia y reparación del daño social
Este trabajo se ha enfocado en presentar una interpretación del retroceso de infraestructuras públicas para el cuidado y los efectos asociados para las trabajadoras del cuidado no remunerado, con todo lo que conlleva en la organización social. No solamente reproduce el malestar, sino que empeora las condiciones en las que se sostiene la vida. En medio de un avance de las derechas, sucede un retroceso social frente a la distribución equitativa del trabajo de cuidado llevándonos a una consecuente violencia contra las mujeres al agudizar las desigualdades y al obligar a sostener sobre sus cuerpos los TC, estallándolos aún más.
"La raíz del problema argentino no es político y/o económico. Es moral", publicaba el 16 de febrero de 2024 el mandatario Milei en sus publicaciones en la red X (exTwitter). El caso de Argentina nos sirve de manera paradigmática para observar el retroceso y la intensificación de la trayectoria familiarista, es decir, el desarme asistido al sistema integral de infraestructuras de cuidados que se había logrado como política institucional y de visibilidad. Este buscaba reconocer, redistribuir y remunerar los trabajos de cuidado, promoviendo la igualdad de género y la justicia social.
La moral mileista apunta a situar la responsabilidad social de las actividades vinculadas con el cuidado al orden privado: un asunto que deben resolver los grupos familiares (Esping-Andersen, 1999). Lo anterior, deja a las infraestructuras de cuidado en un dilema ético sin mucha posibilidad de resolución. En esta dirección, el cautiverio de las mujeres (Lagarde, 1990) se vuelve a instalar como agenda política. Marcela Lagarde argumenta que el encierro doméstico es una forma de control patriarcal que limita la libertad y el desarrollo de las mujeres.
Este encierro no solo se refiere al espacio físico del hogar, sino a las restricciones simbólicas y sociales que impiden a las mujeres salir de ciertos roles tradicionales, como en este caso, restringidas a las tareas de cuidado sin redistribución ni justicia social.
Según Lagarde (1990), estas restricciones son mantenidas por mitos, creencias y normas patriarcales que perpetúan la subordinación de las mujeres. El encierro doméstico crea un entorno propicio para que se ejerzan otras formas de violencia. Además, las normas y expectativas patriarcales que justifican el encierro legitiman y normalizan la violencia contra las mujeres.
En síntesis, lo que se esconde tras la no financiación de las infraestructuras de cuidado, junto con su disolución y confinamiento al ámbito intrafamiliar, es la normalización de la violencia y la opresión de género, perpetuando la subordinación de quienes sostienen la vida.
De este modo, pensar en una reparación del daño social, como apuntábamos en los párrafos anteriores desde una perspectiva ecofeminista, para el caso de Argentina en particular, pero pensando en extenso, pareciera una ironía. Cuando hablamos de la reparación del daño social nos referimos a las acciones necesarias para mitigar las injusticias y desigualdades históricas e interpretar las problemáticas urbanas que, a lo que infraestructura de cuidados refiere, implicaría medidas como la redistribución de recursos, la creación de sistemas de apoyo para cuidadores y la implementación de programas de educación inclusiva, entre otras.
La reparación del daño social no es solo una cuestión de justicia, sino también una oportunidad para construir un nuevo horizonte ético y político. Al poner los cuidados en el centro, como proponen Federici (2013) y Haraway (1995), estamos tejiendo los hilos de un futuro más soste-nible y equitativo. En ese sentido, insistimos en la categoría de infraestructuras de cuidado por el valor ético y político que se encarna en la urdimbre colectiva, a partir de una base material sobre la que se ordena y fluyen las estructuras, tanto de sostenimiento de la vida, como del poder, así como los valores simbólicos y su materialización en el espacio temporal histórico y situado. La reparación del daño social es un desafío que exige creatividad, solidaridad y compromiso.
Notas
1 Para este apartado empleamos el análisis de datos e informes, publicados en la web desde el año 2020 hasta la actualidad, acerca de los trabajos de cuidado y las políticas públicas para su sostenibilidad.
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