Históricamente, los poderes hegemónicos han reprimido a las sociedades mediante el uso de la fuerza, el miedo, el dinero, la guerra y la idea de la verdad absoluta. Mecanismos que han permitido a estos poderes jerarquizados legitimar muchos dualismos, entre ellos el del amigo/enemigo, y mantener el statu quo del poder centralizado. El resultado: "Determinismos sociales [que] no pueden más que encerrarnos en el círculo de la dominación y de la impotencia" (Nordmann, 2010, citado por Cervera, 2016, p. 9).
Estas formas determinísticas se sustentan en esquemas biopolíticos y económicos que imponen sus modelos, normalmente ligados al colonialismo, al eurocentrismo, y, en definitiva, a esa imagen heredada de la modernidad implantada por Occidente. El triunfo de este ideal de progreso -para ponerlo en términos de Nisbet (2015) - ha ubicado el consumo y la idea del crecimiento económico como los principales objetivos de las sociedades, imponiendo de esta manera los intereses individuales sobre los colectivos, y consolidando el dualismo hombre-naturaleza, que sitúa a esta última como un bien al servicio del gran capital (Gudynas, 2012).
Bajo esta perspectiva, el progreso y el desarrollo de las sociedades y las comunidades han sido limitados a un proceso lineal acumulativo, que se considera exitoso en cuanto permite equiparar todas las culturas al estilo de vida occidental. Se desconocen de esta forma las particularidades de los contextos locales, bajo el parámetro de la distinción de mundos: por un lado, los desarrollados; y, en el otro, normalmente ubicados en el sur global, los subdesarrollados. En el contexto latinoamericano, esta visión se tradujo en la consolidación de prácticas y dispositivos orientados al control de los espacios, a la extracción de recursos y a la dominación de los pueblos indígenas: "En aquellos años, la tarea del progreso era 'civilizar' tanto a los 'salvajes' como a las áreas silvestres" (Gudynas, 2012, p. 45).
Este modelo arquetípico del desarrollo "ignora las diferencias entre las culturas y valores, asumiendo un único estándar para medir y categorizar a todas las sociedades" (Duque, 2018, p. 207), dejando en un segundo plano los valores, principios, culturas, cosmovisiones y expresiones organizadas de opinión, crítica y movilización de las comunidades. Esta lógica desarrollista, en su actual expresión neoliberal, ha terminado exacerbando el individualismo y la economización de la vida social, partiendo de un falso discurso incluyente de bienestar, lucha contra la pobreza y progreso o evolución social (Gómez, 2014).
Respecto al despliegue de estos dispositivos de poder, se dice que "es hegemónico no solamente porque consiste en la dominación mediante un planteamiento homogéneo de un grupo sobre otro, sino también porque la imposición de dicho modelo se hace de tal forma que a quienes se les impone terminan apropiándoselo" (Castillo, 2014, p. 63). De aquí que cualquier expresión colectiva y organizada que esté en contra o se salga de los parámetros establecidos por el modelo es cooptada, señalada o atacada por estos poderes jerarquizados, los cuales esperan que, por medio de artilugios discursivos tecnocráticos, así como por formas biofísicas de control y violencia, estas expresiones colectivas disidentes terminen asumiendo como propio su discurso, y obedeciendo a su lógica binaria y polarizada.
De este modo, muchas de las propuestas alternativas de desarrollo en realidad han terminado replicando el modelo hegemónico, siendo cooptadas por las instituciones jerarquizadas que han moldeado a sus formas las perspectivas de cambio. En este sentido, Gómez (2014) plantea que los desarrollos propuestos en las últimas décadas "son respuestas a las crisis que su implementación genera (sostenible, participativa, humana, local, cultural, etc.) y se caracterizan por una renovación en el análisis del problema central (la pobreza), pero se conservan los indicadores básicos de medición" (p. 13).
Podemos citar como un ejemplo paradigmático el caso del desarrollo humano impulsado por las Naciones Unidas, en el cual la pobreza se analiza desde una perspectiva multidimensional que se resume en el Índice de Desarrollo Humano, pero que en esencia no deriva en una crítica reflexiva respecto a las formas de alcanzar el desarrollo (Castillo, 2014). Caparrós (2014) lo ilustra a partir de la situación de hambre en el mundo, sosteniendo que esta se ha mantenido y propagado a pesar de la intervención constante de las Naciones Unidas, organismo que mantiene los intereses del poder hegemónico. El desvarío a este respecto es tal que en algunas ocasiones se ha terminado por privilegiar la salvaguarda del sistema financiero, usando sumas de dinero que hubiesen podido erradicar el hambre en el planeta al menos durante 600 años (Max-Neef, 2012).
Frente a esta situación, se consolidan movimientos sociales en comunidades periféricas, que, de forma espontánea, crítica y libre, se organizan para exigir sus derechos, pedir cambios estructurales en el sistema jerarquizado, pero, sobre todo, para defender la vida, sus territorios y proponer otros mundos posibles (Eschenhagen & Maldonado, 2014; Escobar, 2019). Se trata de procesos que defienden la idea de que otros mundos son posibles, gestándose en función "de la dinámica de los pequeños encuentros, de la conformación de vínculos, de entretejer redes" (Useche, 2019, p. 13).
Corriendo el riesgo de romantizar en exceso, puede afirmarse que se trata de resistencias construidas colectivamente, en las que el amor, la empatía y la solidaridad se han convertido en el eje fundamental de una especie de revolución que surge de procesos de base de las periferias, y que se está replanteando alternativas al modelo hegemónico desde una postura crítica, propositiva y emancipatoria (Rojas & Eschenhagen, 2014).
Este accionar micropolítico, que se autoconvoca y que emerge de las vivencias comunitarias, pretende materializarse en acciones concretas de cambio, que son impulsadas por ideas no violentas que transitan en la comunidad de forma oculta, libre y sin pretensiones de lograr la toma del poder jerarquizado. Sigue latente, no obstante, el cuestionamiento de si la construcción de estas nuevas subjetividades que propenden por la recuperación de "las áreas claves de la vida social que ha colonizado [el Estado]" (Escobar, 2019, p. 227) tienen la fuerza suficiente para reconfigurar los poderes sociales y generar cambios en el plano de la macropolítica (Useche, 2019).
Martínez (2019) sostiene que, en efecto, estas acciones de resistencia son capaces de originar cambios profundos, consolidando dinámicas de deconstrucción de imaginarios atávicos que permiten salvar la vida misma. Estas potencialidades simbólicas y praxeológicas en el contexto colombiano han provocado un ataque social, político, moral y armado contra estos movimientos. Lo anterior se ve reflejado en el número de líderes/as sociales asesinados/as: de acuerdo con las cifras registradas por Indepaz (2022), en lo corrido de 2021 fueron asesinados/as 171 líderes/as, mientras que en los primeros cuatro meses de 2022 se reportaron 59 homicidios de líderes/as.
De igual manera, el cuestionamiento acerca de la verdadera potencialidad de transformación ha centrado el debate en si debe pensarse en términos de desarrollos alternativos o de alternativas al desarrollo. Los primeros son definidos por Gudynas (2012) como de repensar el desarrollo contemporáneo, que parte de la aceptación de los ideales del crecimiento perpetuo y la apropiación de la naturaleza, reduciéndose a dinámicas de instrumentalización del proceso. En el caso de las alternativas al desarrollo, pueden definirse como todas esas ideas que buscan generar otros marcos conceptuales, ontológicos y políticos, repensarse eso que se llama desarrollo o, incluso, abandonar esa idea (Gudynas, 2012).
Estas últimas resultan especialmente relevantes para la presente investigación, en cuanto cuestionan directamente la idea propia de la modernidad occidental, tan arraigada en la cultura latinoamericana. No obstante, es importante recalcar que no se puede caer en el error de sobresimplificar las implicaciones de esta transición epocal, en cuanto no "significa romper con elementos del pasado que son valiosos, pero muestran una direccionalidad en las transformaciones [...] los nuevos cambios deberán ser tanto poscapitalistas como postsocialistas, en tanto rompen con la ideología del progreso" (Gudynas, 2012, p. 53).
Alrededor de estas alternativas al desarrollo se han gestado varias 'apuestas': el buen vivir, la teoría del decrecimiento, el posextractivismo, las epistemologías del sur, el biodesarrollo, la comunalidad, el ecofeminismo, la agroecología y los bienes comunes, entre otras. Como factor común podemos destacar la intención de superar ese modelo hegemónico que a lo largo de la historia ha constituido "formas dominantes de apropiación de la naturaleza (valoración y transformación capitalista), prácticas de dominación social (esclavización, racialización) y construcciones simbólicas (mistificación, por ejemplo 'El Dorado')" (Coronado & Dietz, 2013, p. 95). Si bien cada proceso es único en su forma de concebir la realidad, el estudio de caso aquí registrado se enmarcó desde las posturas del posex-tractivismo, el buen vivir, las políticas del lugar y la diferencia y la comunalidad.
Respecto al posextractivismo, cabe recalcar que en ocasiones su distinción entre alternativas al o de desarrollo es más bien difusa, pues no han sido pocas las ocasiones en que los esfuerzos de las comunidades han derivado en una especie de neoextractivismo, esto es, en una forma de "instrumentalizar el extractivismo, pero no la esencia de ese estilo de desarrollo. La disputa política más común en estos casos reside en abordar el papel que debería tener el Estado en regularlo o cómo aumentar la captura de excedentes" (Gudynas, 2013, p. 215). Para trascender este reduccionismo, se hace necesaria "una gran transformación cultural que desmonte, desde adentro, el capitalismo" (Acosta, 2016, p. 326).
La comunalidad, por su parte, se piensa como un proceso organizativo en el que todas las personas construyen comunidad y en el que la solidaridad prima sobre la individualidad. Como práctica de resistencia, podría afirmarse que "la comunalidad representa una contribución epistémica que da cuenta de procesos de apropiación de la naturaleza de una manera alterna a la ortodoxa visión e instituciones del proyecto civilizatorio occidental" (Fuente, 2012, p. 10), logrando así una alternativa al modelo de desarrollo impuesto.
En el caso del Territorio Campesino Agroalimentario Santuario la Laguna del Lipa, se ha podido evidenciar que la comunidad concibe el territorio de una forma muy cercana a la definición de Saquet (2016) , esto es, como un "espacio de organización política, movilización, lucha, resistencia y actuación en programas y proyectos de desarrollo territorial de base local y ecológica" (p. 61). Así, puede afirmarse que la territorialidad en esta comunidad ha logrado constituirse en una construcción espacial que se hace posible patiendo de la interacción de elementos biológicos o naturales con la población.
Este espacio vital bio/psico/físico político resulta trascendental para que la comunidad arraigada en el toa pueda vivir de acuerdo con sus pensamientos, haciendo uso de sus derechos a la participación, organización y autonomía, que son, en última instancia, lo que les permite la implementación de sus planes de vida, centrados en una vida armónica con el medio ambiente y en un futuro adecuado para las próximas generaciones (Escobar, 2014).
El territorio deja de ser así una especie de recipiente vacío, exigiendo una perspectiva que reconozca la importancia de las dinámicas que en él se desarrollan, especialmente las de las comunidades, que son las encargadas de ejercer la "apropiación efectiva [del territorio] mediante prácticas culturales, agrícolas, ecológicas, económicas, rituales, etc." (Escobar, 2014, p. 90).
Desde hace algunos años ha existido algún tipo de relacionamiento u acercamiento con algunos líderes/as sociales que hacen o han hecho parte del proceso de retoma de tierras, por lo que existe una confianza creada que ha permitido tener contacto con más líderes/as y organizaciones sociales que adelantan el proceso, principalmente de Asonalca y de la Fundación de Derechos Humanos Joel Sierra.
A partir de esta confianza, se dialogó con algunos/as líderes/as para exponerles el interés en realizar una investigación en el marco de la Maestría en Paz, Desarrollo y Ciudadanía, para visibilizar el proceso que han adelantado en este sector del departamento de Arauca, lo cual les llamó la atención y, por ello, se diseñó una hoja de ruta para la presente investigación, adelantada entre 2020 y 2022, la cual estuvo compuesta por tres fases (alistamiento, trabajo de campo y resultados). Con base en este diseño, se definió un enfoque interpretativo, con el fin de analizar, identificar, comprender y describir los fenómenos sociales enmarcados en la constitución del toa y su resistencia al modelo extractivista que se considera vigente en el departamento de Arauca.
Se identificaron dos líderes/as representativos/as del proceso de toa, un líder colono que fue reubicado y un líder social que se ha enfocado en la defensa del medio ambiente en Arauca, con los cuales se llevó a cabo un ejercicio de recopilación de información para conocer su percepción frente al proceso colectivo y poder efectuar el análisis de narrativas. Se enfatizó en el contexto histórico y en la participación en el proceso de reubicación al cual se comprometió la compañía oxy con las familias de las veredas del área de influencia.
Este análisis de narrativas se llevó a cabo a partir de entrevistas semiestructuradas, complementado con un grupo focal en el que participaron algunas familias del toa. Quizá sea oportuno señalar en este punto que el contexto del conflicto armado ha generado una persistente desconfianza hacia las instituciones y las personas que las representan, lo que dificultó el proceso de recolección de información.
Esta situación de desconfianza hizo necesario que se aplicaran dos entrevistas al Líder 1, una de acercamiento y otra aplicando un instrumento de recolección de información previamente diseñado. La primera entrevista tuvo como objetivo establecer confianza, enfocándose en conocer el proceso de la retoma de tierras. La entrevista fue realizada a un líder social del municipio de Arauquita, adscrito a la Fundación de Derechos Humanos Joel Sierra, que hace parte del proceso de retoma de tierras en la vereda El Vivero.
Si bien había sido proyectada para hacerla en su finca ubicada en la vereda El Vivero, a raíz de las restricciones en el marco de la pandemia del Covid-19 y de las restricciones del entrevistador por afecciones de salud preexistentes, tuvo que ser realizada en la ciudad de Arau-ca. Luego de efectuada la entrevista, fue transcrita y se identificaron los datos relevantes para cada una de las preguntas de investigación, permitiendo categorizar y clasificar la información de las fuentes primarias. La segunda entrevista permitió profundizar en los aspectos de interés previamente identificados.
Posterior a esas entrevistas y con un panorama inicial del proceso, se llevó a cabo una entrevista semiestructura con el Líder 2, integrante de la Asociación Nacional Campesina José Antonio Galán Zorro (Asonalca) y coordinador nacional agrario (ona), quien además lidera el proceso de los territorios campesinos agroalimentarios del departamento de Arauca. En esta entrevista se abordó la cercanía de los campesinos con las comunidades indígenas y su buen vivir, para conocer los planteamientos y apuestas que se enmarcan dentro del Plan de Equilibrio Regional de las organizaciones sociales de Arauca, y cómo estas conciben el desarrollo y la explotación petrolera.
Después se llevó a cabo una entrevista al Líder 3, quien ha hecho parte de organizaciones campesinas y cívicas, y que actualmente conforma una organización enfocada en la defensa del medio ambiente. Si bien esta persona no hace parte del toa, ha participado en diferentes asambleas y audiencias públicas por la defensa del territorio y la defensa de la laguna del Lipa, uno de los ecosistemas ambientalmente más impactados por la explotación petrolera en Arauca. Con esta persona se abordó el contexto general e histórico de la explotación petrolera en el departamento, pero también se indagó por la percepción frente al proceso que adelanta Asonalca, y su postura frente a la explotación de hidrocarburos.
A partir de la entrevista anterior se facilitó el encuentro y entrevista con el Líder 4, quien fue reubicado por Ecopetrol y la empresa oxy en una vereda del municipio de Arauca. Esta entrevista permitió conocer el contexto de explotación y llegada de la empresa petrolera de primera mano; el proceso de algunas familias que fueron reubicadas por la empresa; y el concepto que tiene esta persona de la empresa y la explotación petrolera en el departamento.
Por último, se creó un grupo focal con cinco personas que viven actualmente en el toa Santuario la Laguna del Lipa. Este tuvo como objetivo central indagar acerca del proceso de retoma de tierras y de conformación del toa, así como las apuestas que se tienen como comunidad. Algo interesante de este ejercicio es que se conocieron algunas posturas disímiles de la comunidad con las expresadas por quienes ejercen roles de liderazgo. Así mismo, este encuentro focal permitió realizar un ejercicio de cartografía social con los participantes, lo que posibilitó conocer su concepción del territorio.
Las metodologías elegidas permitieron conocer y analizar el proceso que han adelantado las familias campesinas que hacen parte de la retoma de tierras, no solo desde las acciones que se han desarrollado, sino también desde el sentir de las personas que hacen parte del proceso, tanto los líderes como las familias que viven en el toa, al igual que la postura de otros líderes que no hacen parte del proceso, pero conocen muy bien el contexto de la explotación petrolera en Arauca. Con la recolección de esta información fue posible "aclarar rumbos, contrastar enunciados provisionales y explorar nuevas perspectivas de carácter inédito, ya sea con respecto a los objetos de estudio, sus formas de abordaje, percepciones, paradigmas y metodologías, incluyendo el tipo de respuestas al que se ha llegado" (Jiménez, 2004, p. 33).
En el caso de Arauca, las organizaciones cívicas y sociales a partir de sus procesos organizativos han luchado contra el modelo de desarrollo impuesto por el poder hegemónico y de gobierno central al departamento de Arauca. Lucha que en el caso de las organizaciones sociales adscritas al Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia (mpmspooo) se estructura con el Plan de Equilibrio Regional, el cual busca un mundo diferente alejado del modelo depredador capitalista que centra su interés en la explotación de petróleo en Arauca (Moncayo, 2017). La construcción de este Plan de Equilibrio Regional por parte de las organizaciones sociales y campesinas recoge la experiencia de las comunidades indígenas y afro-descendientes:
[...] nosotros construimos junto a nuestros hermanos mayores, que es cómo llamamos a la parte indígena y la parte afro, las etnias [...] un plan de equilibrio regional, o lo que nosotros llamamos un plan de vida alternativo, donde debe haber una justicia social integral, no la que plantea el Estado colombiano [...] garantizando un bienestar o una producción según su consumo, según el consumo que tenga cada una de las personas que vivimos en el territorio, que exista un mínimo vital de alimentación sana, y que como tal no solamente sea para nosotros, sino sea para las comunidades del centro oriente de Colombia (Líder 1, 2020).
La experiencia y sabiduría de los pueblos indígenas makaguan y u'wa que alimentó este Plan de Equilibrio Regional o Plan de Vida de las organizaciones sociales de Arauca permitió la construcción de lo que la Organización Nacional Indígena de Colombia (onio) considera "una herramienta fundamental para lograr la integración, coherencia, orden y sistematización de las alternativas de solución que plantean los pueblos indígenas [.] una alternativa para decidir su futuro de manera autónoma, a partir de sus propias visiones" (onio, 1998, citada por Ulloa, 2014, p. 136).
Es sobre la base del Plan de Equilibrio Regional y de su idea de lograr un cambio en el modelo de desarrollo impuesto para el departamento de Arauca por el poder hegemónico que se ha consolidado el proceso de resistencia campesina y propuestas como la de los toa, que son "pensados como entidades territoriales autónomas en las cuales los campesinos tienen, por ejemplo, derecho a transferencias fiscales y a la consulta previa" (Celis, 2018, p. 126).
Para Gudynas (2015) , estas apuestas alternativas son importantes, ya que están enfocadas a "propulsar cambios éticos que abren las puertas a otras valoraciones [.] deben romper con las ataduras de los antropocentrismos y utilitarismos [.] el valor de la vida es la cuestión esencial que está en juego" (p. 434). Esto se ve reflejado en la manera como conciben algunos líderes del toa y del movimiento campesino de Arauca el desarrollo.
El desarrollo es una cosa que ha implementado el sistema capitalista, supuestamente para mejorar, pero el desarrollo no es una cosa distinta que seguir haciendo uso de los recursos naturales para beneficiar a unos pocos. Para nosotros, esa palabra, el desarrollo, no, lo que nosotros hablamos en términos de la superación de las clases es lograr alcanzar un equilibrio armónico entre los seres humanos y la naturaleza [...] (Líder 2, 2021).
A la luz de lo expuesto por Useche (2019) , la constitución del toa y el proceso de resistencia que han ejercido las organizaciones sociales y campesinas al modelo extractivista en el departamento de Arauca podrían catalogarse como ejercicios no violentos, porque, desde el proceso organizativo, la movilización social y la resistencia civil, han sostenido
una lucha histórica en contra de la transnacional que explota el petróleo aquí [...] hoy es un territorio que se ha declarado en el corazón de una multinacional [...] es una lucha que la gente que está ahí se la ha dado desde que retomó esos terrenos, que se ha ganado peleas en términos jurídicos, que se ha logrado parar que la compañía allí nos siga amenazando, y que hoy consideramos que esa pelea se ha ganado, y se ha ganado con lucha, con organización, con movilización [...] (Líder 2, 2021).
Es decir que, a partir de la consolidación de su Plan de Equilibrio Regional y de su lucha contra el modelo hegemónico, es que se gesta este proceso de resistencia que genera la recuperación o retoma de las tierras que habían sido despojadas por la empresa petrolera y el Estado colombiano, y con ello la apropiación de un territorio que se convierte en uno de los resultados de su proceso de resistencia, pero también en el escenario de construcción de ese mundo alternativo que es concebido en el Plan de Equilibrio Regional.
En este sentido, el territorio podría catalogarse como "el espacio en el que se construye colectivamente una apropiación material y simbólica: se trata del arraigo territorial o territorialización de los movimientos en espacios físicos recuperados o conquistados a través de largas luchas, abiertas o subterráneas" (Zibechi, 2007, citado por Díaz & Luengo, 2016, pp. 91 y 93).
Este proceso de resistencia y retoma de tierras no ha sido sencillo, ya que las familias campesinas que han apostado por él desde el año 2013 han sido desalojadas en varias oportunidades por parte de la fuerza pública, debido a acciones adelantadas por la oxy, entre ellas algunas querellas que ha interpuesto y procesos legales que ha iniciado. Estos desalojos han estado acompañados, según los líderes del proceso, con quemas o erradicación de cultivos de pancoger y destrucción de viviendas. De hecho, varios de los líderes coinciden en señalar que el mayor obstáculo o inconveniente a lo largo del proceso de retoma de tierras ha sido
la represión social, económica y militar que nos ha puesto la multinacional y la complicidad del Estado con la multinacional, irrespetando o violando los derechos fundamentales, los derechos humanos de los pobladores de este territorio. Con esto quiero decir que el mayor represor que tenemos en este momento, o que hemos tenido en el transcurso de los años, ha sido la multinacional que utiliza la fuerza pública como ejército privado para que reprima la producción y el trabajo y el desarrollo de la economía campesina y familiar de los habitantes del territorio (Líder 1, 2020).
A pesar de esta dinámica, la comunidad ha resistido en el territorio y en función de su proceso organizativo ha alcanzado algunos acuerdos con la institucionalidad y la oxy, además de resistir el embate de los grupos armados ilegales que históricamente han hecho presencia en el departamento (Medina, 2018; Villamizar, 2017; Sanz, 2014). A partir de un proceso de diálogo, pero también de exigibilidad de derechos, las familias campesinas han logrado sentarse a interlocutar en un espacio que ha servido para visibilizar las afectaciones a la población campesina, los incumplimientos por parte de la oxy, y, lo más importante, conseguir el reconocimiento por parte de la empresa y de las instituciones sobre las familias vinculadas al proceso de retoma de tierras, permitiendo su permanencia en el territorio e, incluso, destinando recursos para la construcción de bienes civiles, como la escuela de la vereda El Vivero y la construcción de un 'manual de convivencia' con acuerdos que deben cumplir las partes, tanto la comunidad como la empresa petrolera y las instituciones, en especial la fuerza pública.
Algunos de los acuerdos alcanzados son: i) la fuerza pública o cualquier institución no puede realizar desalojos ni prohibir la libre movilidad a las familias campesinas dentro del territorio de retoma sin antes tener un diálogo con los líderes/as del proceso; ii) la comunidad no puede asentarse cerca de las plataformas de explotación o de las válvulas de extracción de crudo; iii) no puede haber deforestación o tala indiscriminada de árboles, o cualquier otra actividad que genere un impacto negativo en el medio ambiente.
En este sentido, se han planteado estrategias que permitan el cumplimiento de los acuerdos pactados entre la comunidad, el Estado colombiano y la oxy en 2016, y que fueron validados en 2020. Por ejemplo, en el marco del manejo ambiental en esta zona y la prevención de deforestación, la comunidad ha declarado que las talas que efectúan son de subsistencia y no de usufructo económico, al tiempo que solicitan apoyo gubernamental y corporativo para la implementación de un programa permanente de reforestación y de alternancia de dinámicas cultivadoras, en una propuesta de mejoramiento de la gestión ambiental del territorio.
Hasta el momento, los únicos aportes a esta propuesta proceden del gobierno municipal de Arauquita, a través de la inclusión de este caso en la promulgación de un plan conjunto de manejo ambiental, idea surgida en la mesa de interlocución de abril-mayo de 2020. Se espera que este plan sea construido de manera conjunta luego de que se lleve a cabo una visita a terreno por parte de la compañía, con el acompañamiento del Ministerio del Interior, la Procuraduría, la Defensoría y algunos organismos internacionales, con el fin de censar a las familias ubicadas dentro del complejo y de reubicar algunas que se encuentran muy cerca de las plataformas de explotación de hidrocarburos, algo que aumenta su nivel de riesgo, pues estas plataformas son propensas a sufrir incendios que pueden afectar a la población civil que se sitúa muy cerca de ellas.
Lo anterior demuestra que la comunidad persiste en la exigencia de que se garantice su derecho a la permanencia en el territorio, a través de la afirmación de su configuración sociohistórica como cultivadores y cuidadores del lugar, con una producción para el autoabastecimiento y comercialización en pequeña escala de plátano, yuca, cacao y arroz. Este último cultivo está en vías de desaparición voluntaria dada su probada inconveniencia medioambiental relacionada con la contaminación agroquímica generada, algo que va en contra del Plan de Vida construido por las comunidades campesinas del toa, el cual tiene como pilar fundamental el cuidado del medio ambiente. Como sostiene Saquet (2016) , "el campesinado emerge y se constituye como una clase social que sobrevive en medio de las contradicciones de la expansión del capitalismo [...] produciendo alimentos sin insumos químicos, valorizando los conocimientos transmitidos de generación en generación, la cooperación y experiencias" (p. 61).
A este respecto resulta ilustrativo el testimonio de uno de los entrevistados:
Entramos en una contradicción porque cultivar arroz sí es bueno hasta cierto punto, pero es muy malo para el medio ambiente. Entonces, empezamos a encontrar que a algunas personas nos tocó sentarnos a hablar con ellos y decirles, no, es que el arroz no es alternativo, el arroz, en vez de generar una ganancia, está generando un daño ambiental y nosotros estamos en contra de todo lo que vaya en contra del medio ambiente, todo lo que genere daño al medio ambiente para nosotros es nocivo [...] es muy mínimo el manejo de agroquímicos que hay dentro del territorio, la comida tiene que ser sana, natural, nada de químicos, nada de agroquímicos para la productividad, porque, pues, no estamos produciendo en cadena, estamos produciendo para comer (Líder 1, 2020).
Esta preocupación por el medio ambiente también se evidenció en el ejercicio de cartografía social y en la entrevista realizada al grupo focal. Algo que llama la atención es que el cuidado del medio ambiente está siendo abanderado principalmente por los jóvenes del toa. Si bien los adultos igualmente lo mencionan, son los jóvenes los que lo tienen más presente.
De hecho, en el ejercicio de cartografía social el mapa elaborado por uno de los jóvenes deja en evidencia la importancia del medio ambiente, pues su dibujo partió de la zona de reserva forestal que ellos mismos han delimitado y reforestado, mientras que las personas mayores se enfocaron en la identificación de las veredas y las vías de acceso. De acuerdo con lo expuesto por los campesinos, la conservación del medio ambiente es fundamental para el toa y esto se realiza desde el mismo cultivo, algo que puede apreciarse en el siguiente testimonio:
Aquí se le hace una transformación al medio ambiente, o sea, por ejemplo, usted siembra su cacao [...] se siembran 2000, 3000 árboles de cacao, y si nos vamos a mirar, y han hecho estudios, que eso emana una cantidad de oxígeno, entonces, si usted siembra una cantidad de cacao, usted lógicamente tiene que sembrarle árboles nativos, para la cuestión de preservar el cultivo, entonces, eso es lo que se proyecta aquí como territorio campesino agroalimentario, y el otro pensado es que cada proceso, cada parcela... dejar una hectárea de árboles nativos, y si no tiene árboles nativos, transformarla, nosotros como campesinos, solamente para árboles nativos, y al igual que para animales, flora y fauna (Grupo Focal-Campesino 4, 2021).
Por último, se destaca el interés por la producción libre de agroquímicos dentro del toa, pero, en especial, la intención de la recuperación de las semillas tradicionales como mecanismo para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria, la cual es una de las apuestas principales del toa y del Plan de Equilibrio Regional de las comunidades campesinas y sociales de Arauca.
Hemos insistido en la necesidad de la recuperación de las semillas para cortar con la dependencia... cortar con la dependencia... eso que hoy estamos haciendo a través de esa casa de semillas, esa biblioteca, el nombre es biblioteca de semillas, nosotros estamos pensándonos, esa biblioteca de semillas tiene que replicarse en cada una de las regiones, porque desde allí tenemos que ir recuperando conocimiento, desde allí tenemos que ir recuperando las distintas semillas que se han venido perdiendo, pero además desde allí tenemos que ir pensándonos en eso que usted plantea, cómo los pueblos somos capaces de garantizarnos lo necesario [.] una de las apuestas estratégicas que nosotros tenemos, y de eso pegado a lo que nosotros llamamos el cooperativismo, cómo nosotros garantizamos el mismo mercado, nosotros tenemos acá a Coagrosarare, que va a cumplir 60 años, tiene 59 años de haberse construido, y han sido los campesinos los que lo han mantenido, entonces que está la central, que hay unas tiendas, que hay un proyecto ganadero, ahí están los de víveres, bueno, con muchas dificultades, pero hacía allá es que tenemos nosotros que apuntarle, que el pueblo sea soberano y sobre todo en su alimentación, por eso, hablo de la cooperación, tenemos que cooperar entre nosotros para poder garantizar [.] acá en Arauca no se produce la cebolla, ni la papa, en otras partes se produce, en otras partes no se produce plátano, pero aquí se produce, o sea, ese intercambio, eso es parte de la tarea histórica que hemos tenido y que en determinado momento lo hemos hecho [.] qué bueno fuera que nuestra capacidad organizativa nos permitiera generar ese tipo de cooperación entre pueblos que garanticen lo necesario y lo prioritario para la alimentación (Líder 2, 2021).
Los resultados alcanzados a través de las diversas herramientas metodológicas implementadas consienten el planteamiento de las siguientes reflexiones finales en clave de conclusiones:
La rica y convulsa historia del territorio que hoy se denomina departamento de Arauca registra un antes y un después del inicio de la explotación petrolera. Esta actividad económica, extractivista y de enclave ha transformado, significativamente, el tejido social y las dinámicas económicas de las comunidades, incluyendo, por supuesto, a las familias del Territorio Campesino Agroalimentario (toa) Santuario la Laguna del Lipa. En el caso específico de estas últimas, se ha visto afectada su seguridad alimentaria y su estabilidad territorial, debido al despojo de tierras y la imposición de un modelo de desarrollo neoliberal-extractivista. Como respuesta a esta imposición hegémonica supranacional, esta comunidad campesina ha desarrollado dinámicas de resistencia orientadas a conservar lo que queda de su tejido social, lo ha hecho a través de expresiones de organización comunitaria con fuerte identidad político-social, procesos productivos agroecológicos sostenibles que promueven la autogestión y reducen la dependencia de las rentas extractivas que se materializan en el presupuesto público.
En línea con lo anterior, podemos afirmar que el proceso de resistencia campesina en el toa Santuario la Laguna del Lipa ha sido una estrategia de oposición al modelo hegémonico basado en la explotación de recursos naturales. Sobre la base de esta resistencia, se han configurado nuevas territorialidades, merced a la recuperación de tierras, la construcción de redes de apoyo y la implementación de prácticas organizativas colectivas. La movilización social y la exigibilidad de derechos han permitido a estas familias llegar a acuerdos con el Estado y la empresa petrolera para garantizar su permanencia en el territorio, evitar desalojos forzosos y reivindicar su derecho a una vida digna. De esta manera, la investigación deja entrever una importante metamorfosis en la noción del territorio, que ha pasado de ser un 'simple' espacio físico y se ha convertido en una verdadera construcción social y política que reivindica la identidad campesina, la soberanía alimentaria y la defensa del medio ambiente.
Continuando con esta línea argumental, se puede concluir también que el Territorio Campesino Agroalimentario Santuario la Laguna del Lipa se configura como una apuesta que transita hacia una alternativa al desarrollo. Inspirados en principios del buen vivir y del posextractivismo, esta comunidad campesina ubicada en un lugar periférico de un departamento alejado de un país del denominado tercer mundo plantea una forma de desarrollo centrada en la solidaridad, la comunalidad y el respeto por el entorno, que prioriza el bienestar de las comunidades sobre la explotación de recursos naturales. Sin embargo, se ciernen sobre este proceso de resistencia desafíos estructurales importantes: la falta de apoyo institucional, la violencia endémica en el territorio y la persistente dependencia de las rentas petroleras para apalancar los proyectos de inversión pública en la región. Más allá de ello, es imposible no reconocer que estos procesos de resistencia se han legitimado a partir de su capacidad para crear nuevas formas de gestión territorial y demostrar que es posible construir alternativas viables al modelo extractivista impuesto por el Estado y las corporaciones. Por último, quizá sea oportuno recalcar que, aunque los procesos de resistencia de las comunidades han logrado establecer unos discursos y unas prácticas concretas de rechazo al modelo neoliberal-extractivista, este tipo de resistencia localizada carece del suficiente impulso para conseguir una transformación estructural de este modelo económico.
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