Prácticas de resistencia territorial en América Latina: explorando nuevos escenarios con diversidad y creatividad


Resumen

Este artículo investiga las características de las prácticas de resistencia en colectivos organiza dos en territorios locales de América Latina, analizando sus formas, alcances y desafíos para contribuir a las reflexiones y luchas territoriales en el continente. Mediante un estudio de caso con enfoque interpretativo, se examinaron cuatro organizaciones con amplia trayectoria comunitaria, identificando similitudes y diferencias. Los resultados destacan conceptos como reexistencia, creatividad, movilización de ideas y acciones, estabilidad emocional, estaciones comunes, y la relación entre resistencia, emancipación y poder. Se concluye que existen nuevas narrativas, escenarios y variaciones en las prácticas de resistencia que desafían la biopolítica profundamente arraigada en los territorios del continente.

Palabras clave:

Biorresistencia, resistencia creativa, resistencia multipropósito, resistencia articulada, resistencia orgánica diversa


Abstract

This article investigates the characteristics of resistance practices in organized collectives in local territories in Latin America, analyzing their forms, scope and challenges in order to contribute to territorial reflections and struggles in the continent. Through a case study with an interpretative approach, four organizations with extensive community trajectory were examined, identifying similarities and differences. The results highlight concepts such as re-existence, creativity, mobilization of ideas and actions, emotional stability, common stations, and the relationship between resistance, emancipation and power. It is concluded that there are new narratives, scenarios and variations in resistance practices that challenge the biopolitics deeply rooted in the territories of the continent.

Keywords:

Bio resistance, creative resistance, multipurpose resistance, articulated resistance, diverse organic resistance

Resumo

Neste artigo, investigam-se as características das práticas de resistencia em coletivos organizados em territorios locais da América Latina, analisando suas formas, alcances e desafios a fim de contribuir para reflexoes e lutas territoriais no continente. Por meio de um estudo de caso com abordagem interpretativa, examinam-se quatro organizacoes com ampla trajetória comunitária, identificando semelhancas e diferencas. Os resultados destacam conceitos como reexistencia, criatividade, mobilizacao de ideias e acoes, estabilidade emocional, momentos comuns e a re-lacao entre resistencia, emancipacao e poder. Conclui-se que existem novas narrativas, cenários e variacoes nas práticas de resistencia que desafiam a biopolítica profundamente consolidada nos territorios do continente.

Palavras-chave:

Biorresisténcia, resisténcia criativa, resisténcia multipropósito, resisténcia articulada, resisténcia orgánica diversa


Introducción

En las últimas décadas en América Latina, se han presenciado estallidos y revueltas sociales que han cambiado las estrate gias de control del poder y las prácticas de resistencia (Ouviña, 2023). Mientras el modelo capitalista profundiza sus es tructuras económicas, políticas, sociales y culturales, se consolidan inalterablemente la organización del consumo y la promo ción del individualismo, proceso que ha devenido en el aumento de la pobreza y la inequidad, generando riesgos en los territorios y reduciendo los espacios de socialización. Esto ha provocado protestas en Haití, Ecuador, Puerto Rico, Bolivia, Chile, Colombia y, recientemente, en Argentina, reflejando un malestar gene ralizado y la búsqueda de soluciones al conflicto social.

En estas revueltas, se ha observado un cambio en las tácticas de represión en comparación con épocas anteriores, particularmente en referencia a la doctrina de la Escuela de las Américas (Romero, 2014). Las estrategias represivas en la actualidad no persiguen el exterminio total de estos grupos, sino generar miedo en la ciudadanía y restringir su participación política. Esto se logra en las últimas dé cadas mediante estrategias como la ins talación del temor a través de los medios de comunicación y el control sobre las manifestaciones.

Una táctica novedosa y recurrente fueron las mutilaciones oculares durante el Estallido Social en Chile en 2019. Durán y Veto (2021) indican que "en los primeros dos meses de movilizaciones, la policía disparó directamente a la cara de los civiles, causando lesiones oculares graves que resultaron en pérdida total o parcial de la visión" (p. 204), lo que tuvo como objetivo afectar la capacidad visual de las personas y generar un efecto disuasorio mortal a largo plazo (Tejada et al, 2024).1

Para que la biopolítica no se interprete solo como el dominio sobre la vida de los cuerpos, sino también como el poder de la vida y la conciencia autónoma de los individuos, se reinterpreta la historia y ge nealogía del poder y la resistencia (Negri, 2007). De tal modo, a partir de la noción de biopolítica (Esposito, 2006), podemos pensar en la idea de una biorresistencia comunitaria, noción sociológica que establece una disposición estratégica de abajo hacia arriba, capaz de confrontar los dispositivos del poder en sus distintas formas transaccionales, lo que implica un despliegue ontológico del ser en sus principales dimensiones vitales: corporales, racionales, emocionales y espirituales, que se expresan en acciones colectivas como dispositivos de resistencia propios de los sujetos en sus territorios.

El carnaval o las protestas creativas en el espacio público parecieran ser una respuesta a los dispositivos del poder, en lo legal, lo moral o lo ético, instituido y conservado por el Estado.

Compartimos la idea de que ambos conceptos (vida y cuerpo) son más que meros sujetos y objetos funcionales al sistema, y no están dispuestos solo para funcionar según la lógica del capital, ya que el cuerpo se constituye como un área en la que se relacionan fuerzas activas y reactivas, un espacio en donde confluyen acciones, deseos y las fuerzas que conforman la vida como tal (Sepúlveda, 2019).

Ante la reactivación de las resistencias locales, el poder ha adoptado tácticas diversas: el retorno de la ultraderecha, el distanciamiento de políticas públicas, la centralidad economicista y la corrupción, revelando el ocultamiento de la noción clásica del Estado del siglo XX, basada en el pacto social y la protección de los derechos humanos. La militarización policial y la transformación de la protesta en delito sugieren el surgimiento de un nuevo concepto de Estado, en el cual el conservadurismo y el narcotráfico ganan influencia, desafiando la estructura previa centrada en valores democráticos y bienestar social (Santiana, 2018).

La resistencia en los territorios locales sigue latente debido a las limitadas transformaciones estructurales. Tras las revueltas antes mencionadas, surge la necesidad de cuestionar los elementos latentes en los territorios y las comunidades. Raquel Gutiérrez (2020) plantea que, frente a la individualización y acumulación de capital, emerge la producción y acumulación de lo común como respuesta comunitaria. Estos procesos creativos y asociativos responden a las necesidades y garantizan la reproducción material y simbólica de la vida, descritos como "recurrentes luchas por lo común, cultivadas en tiempos cotidianos y desplegadas en tiempos extraordinarios" (p. 5). En esta línea, al examinar la biorresistencia, es central comprender las prácticas cotidianas del territorio y la acción colectiva de la resistencia comunitaria, reflejando la importancia de la solidaridad y la conexión entre individuos y comunidades que comparten objetivos y valores comunes.

En un contexto de transformaciones sociales, económicas y tecnológicas, los cuerpos colectivos buscan innovadoras formas de organización y resistencia. El espacio territorial se convierte en un terreno fértil para construir identidades compartidas y soluciones colectivas. La biorresistencia enfrenta, desde abajo, desafíos políticos y culturales, reafirmando la autonomía comunitaria. La capacidad de generar y preservar lo común se torna esencial en las luchas diarias basadas en la solidaridad y alternativas de vida (Gutiérrez, 2020), que funcionan como resistencia reconfigurando las relaciones de poder, en las que sobresalen aquellas comunidades que con una participación activa logran grados de transforma ción social.

Los siguientes párrafos presentan resultados sobre las narrativas surgidas en torno a las prácticas de resistencia, ofreciendo una visión sobre el concepto, las experiencias emancipadoras y ciertas características relacionadas con la capacidad de articulación, el alcance ideológico, la composición y los entornos emergentes de lucha.

Metodología

Este artículo se sustenta en una investigación2 realizada en cuatro países de América Latina, con un enfoque cualitativo e interpretativo, para comprender las experiencias humanas desde la perspectiva de los participantes (Goffman et al., 1981). Se trata de un estudio de casos comparados para analizar patrones, similitudes y diferencias (George & Bennett, 2005). La revisión de fuentes primarias incluyó el análisis de textos y el diálogo con autores relevantes, construyendo un marco teórico con categorías seleccionadas (Sampieri et al., 2014, p. 79). El muestreo fue de casos tipo por conveniencia, en los cua les "la muestra se elige por métodos no aleatorios con características similares a la población objetivo, y su representatividad es determinada subjetivamente por el investigador" (Casal & Mateu, 2003, p. 5).

La muestra se definió seleccionando organizaciones voluntarias reconocidas en cada país y sus respectivos liderazgos:3 el Centro Cultural Playa Ancha (Chile) con la coordinación del Carnaval Mil Tambores; Ciudad Comuna (Colombia) con su estrategia el diario Visión 8, en la Comuna 8 en la ciudad de Medellín; La Comunitaria (Argentina), cuyo eje ha estado en la cultura viva comunitaria y el teatro comunitario; y Sipas Tambo (Lugar de Encuentro de Mujeres Jóvenes) (Bolivia), cuyo campo de acción se sitúa en la vigorización de las raíces indígenas en espacios urbanos.

Los criterios de selección incluyeron una experiencia colectiva de entre 10 y 25 años, ubicadas en localidades de más de 10 000 habitantes y una comprobada trayectoria e involucramiento territorial. Considerando las formalidades éticas, cada liderazgo de estas organizaciones firmó voluntariamente un consentimiento informado para compartir sus conocimientos sobre sus procesos de participación territorial. Debido a la pandemia, se llevaron a cabo entrevistas virtuales, "siendo común en el muestreo cualitativo identificar los ambientes propicios que requieren las muestras flexibles" (Sampieri et al., 2014, p. 419).

Durante la etapa operativa, se utilizaron entrevistas individuales semiestructuradas, explorando motivaciones personales relacionadas con el problema de investigación. La recolección y el análisis de datos avanzaron en paralelo, usando la teoría fundamentada (Glaser & Strauss, 2017) para establecer una estructura organizada a partir de categorías y describir experiencias de los participantes. Siguiendo la lógica de espiral (Creswell et al., 2006), se cubrieron distintos ángulos del fenómeno de estudio.

En un metaanálisis, el objetivo fue descubrir conceptos transversales, esta bleciendo vínculos para interpretarlos en función del planteamiento del problema. Este análisis se apoyó en una matriz de vaciado, en una modalidad tradicional sin el empleo de software, facilitando el procesamiento de la información y pro porcionando respuestas a los objetivos, preguntas y supuestos del estudio. A con tinuación, presentamos los principales hallazgos de esta investigación.

Resultados

Aproximaciones al concepto de la resistencia

Creemos que la noción de resistencia posee una gran riqueza conceptual, alimentada por los imaginarios y relatos que emergieron a lo largo de este estudio. Desde nuestro enfoque, el simple hecho de participar activamente con una intención de transformación ya constituye, en sí mismo, un acto de resistencia. Coincidimos con la siguiente afirmación: "En la decisión de reconocer el lugar donde cada uno de nosotros es llamado a oponer resistencia, se pueden crear espacios de libertad abriendo horizontes que hasta ahora habían resultado inesperados" (Sábato, 2016, p. 73).

Desde la perspectiva de la biopolítica (Esposito, 2006), esta resistencia emerge desde el bíos, entendido como la vida en su dimensión política, constituyendo una disposición estratégica capaz de enfrentar los dispositivos de poder en sus variadas formas transaccionales. En este sentido, las acciones colectivas se transforman en una experiencia de biorresistencia comunitaria,4 de abajo hacia arriba, como una respuesta al neoliberalismo global que privatiza la vida en sociedad. Así, cualquier espacio asociativo que tenga como propósito transformar a la comunidad se convierte en un espacio de resistencia, que desafía no solo las normativas gubernamentales, sino también las estructuras biológicas y culturales que perpetúan el control del Estado (Foucault, 1992).

Entre las representaciones conceptuales con notable potencia narrativa destaca la experiencia de Sipas Tambo en Bolivia, su trabajo con las niñeces (figura 1), en el que se reconoce la resistencia como "reexistencia". Este concepto remite a una reflexión personal para abordar las circunstancias diarias, alejándose de la resistencia violenta tradicional contra la opresión estatal. La reexistencia desafía el sentido de la vida y revitaliza una sociedad afectada, proponiendo formas y estrategias alternativas para confrontar los dispositivos del poder desde la autonomía y la diversidad de las comunidades.

Figura 1

Dinámicas de trabajo con niñeces en territorio. Barrio Alto Villar (Sucre, Bolivia)

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Fuente: archivo Sipas Tambo (2019), Red de la Diversidad (2025).

Cuando vino el golpe de Estado (2019), yo personalmente y muchas bolivianas y bolivianos decíamos: "Qué está sucediendo, qué está pasando". Entonces, teníamos un proceso de construcción en el país desde la izquierda y desde el socialismo, que de repente en cuestión de horas, días... en cuestión de un mes parecía haberse desplomado. Entonces, cuando hablamos de reexistir en nuestros espacios, ahí es cuando hacemos la reflexión interna so bre el concepto tradicional de resistencia, pero, al mismo tiempo, vemos la fortaleza de nuestras fuerzas colectivas, de nuestras posibilidades (Carla Barrero, barrio Alto Villar, Sucre, Bolivia, mayo de 2023).

Este testimonio refleja la resistencia no solo como oposición al control so cial, sino como la capacidad de gestar y preservar lo común mediante procesos creativos y asociativos que garantizan la reproducción material y simbólica de la vida. Por lo tanto, las luchas cotidianas, arraigadas en la solidaridad y orientadas a formas de vida alternativa, actúan como biorresistencia frente al poder hegemónico, sugiriendo una reconfiguración de las relaciones de poder y destacando la participación activa de las comunidades en la transformación social.

Una segunda narrativa desde La Co munitaria (Argentina) presenta la resistencia como un "poder hacer creativo", un poder transformador desde las artes y las culturas territoriales. Esta perspectiva obliga a abandonar las estrategias clásicas de resistencia, proponiendo una alternativa al 'vencimiento' de aquella resistencia que ha luchado por ideales utópicos y rara vez ha logrado una transformación estructural. El poder hacer creativo imagina la resistencia de modo más sencillo y acotado, una construcción colectiva, positiva, alegre y creativa, evidenciando grados de poder alcanzado no solo en la confrontación callejera, sino en el uso del espacio público.

"No creo en la resistencia, nosotros generamos poder desde la creatividad. La resistencia evoca rabia y desconfianza, mientras que nosotros proponemos nuevas formas de relacionarnos y crear. No estamos en oposición, sino buscando el buen vivir y la felicidad a través de relaciones humanas diferentes. Nos consideramos constructores que crean e inventan, con éxitos y fracasos" (María Emilia de la Iglesia, Sansinena, partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires, Argentina, junio de 2023).

Este enfoque se juega en el campo de la subjetividad social para provocar un shock cultural positivo, a través de expre siones performáticas del arte, usando la creatividad y lo lúdico como tácticas de lucha. En el trabajo masivo por medio del teatro que desarrolla La Comunitaria con familias y comunidades (figura 2), el poder hacer creativo se basa en "una cualidad subjetiva, contestataria y no arbitraria, una actitud capaz de operar creativamente bajo circunstancias adversas ante situaciones de injusticia social y opresión" (Pérez Llody, 2016, p. 48). Emplea la creatividad no solo para abordar problemas sociales o políticos, sino para desarrollar tácticas y estrategias artísticas que generen un impacto y confronten el discurso hegemónico de la industria cultural.

Figura 2

Teatro comunitario, General Pico (provincia de Buenos Aires, Argentina)

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Fuente: archivo Cooperativa La Comunitaria, Red de Teatro Comunitario (2025).

Además, esta segunda narrativa agrega una subcategoría: la resistencia como una pedagogía de viaje, inmanente a la trashumancia humana, que busca producir aprendizajes desde y para el individuo en toda su extensión, en la razón, la emo ción, la corporalidad, la espiritualidad, la creatividad.

El tercer aporte conceptual surge de la experiencia de Ciudad Comuna (Colom bia), donde la resistencia se ve como un motor de ideas y acciones. La convicción personal y política puede unir ideas, per sonas y tiempos colectivos para impulsar transformaciones.

"Para mí, la resistencia es una fuerza, una convicción que moviliza ideas y ac ciones pacíficas contra imposiciones que afectan la dignidad. Me uní al movimien to antimilitarista a los 15 años, adoptan do la no violencia activa como filosofía, convencido de que replicar la violencia solo aumenta la desigualdad y el odio" (Leonardo Jiménez, Comuna 8, laderas de Medellín, Colombia, abril de 2023).

Las actividades desarrolladas por Ciu dad Comuna, especialmente con grupos de jóvenes, junto con el uso de medios de comunicación comunitarios como videos documentales o el diario Visión 8 (figu ra 3), ofrecen un espacio pacífico y no violento. Sin embargo, este ejercicio co lectivo también incorpora un contraste político que enriquece la experiencia juve nil mediante saberes, lenguajes y signifi cados diversos, construyendo espacios de resistencia que promueven acciones e ideas desde la sociopraxis (Villasante, 2006).

Figura 3

Portada diario Visión 8: mucho por contar

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Fuente: archivo Ciudad Comuna, diario Visión 8, edición 55, año 2019.

De este modo, se generan nuevas po sibilidades -como la inclusión de las inteligencias múltiples- en las que cada persona adquiere un rol significativo. En este contexto, "la organización refuerza su impacto en la vida diaria de las perso nas y comunidades, forjando conexiones sociales a través de representaciones de sí mismos y otros, generando solidari dad e identidad en los territorios locales, vinculando al individuo con su entorno" (Torres Carrillo, 2009, pp. 68-69).

La última perspectiva proviene del Centro Cultural Playa Ancha (Chile), que presenta la resistencia como un es tabilizador emocional. Este espacio pro porciona certezas y se transforma en un lugar festivo que permite la posibilidad de transformación a través del encuentro con otros. Es un refugio emocional en el que se puede crecer intelectual, espiritual y emocionalmente, actuando como un escudo contra el sinsentido.

Para mí, la resistencia es un lugar seguro que ofrece estabilidad emocional y la certeza de que es posible transformar. En este espacio, he aprendido a valorar, a leer e in terpretar, y he descubierto la importancia de la audacia y la solidaridad. He aprendido a vivir con lo justo y necesario, valorando cada minuto de vida. Es un lugar donde he crecido intelectual, espiritual y emocionalmente, a pesar de las dificultades. Provengo de un entorno popular y de una familia muy pobre, siendo la primera gene ración en tener zapatos. La resistencia, para mí, representa acciones sostenidas frente al asedio y actos de supervivencia que me han permitido romper el ciclo de la pobre za extrema (Santiago Aguilar, cerro Playa Ancha, Valparaíso, Chile, julio de 2023).

La resistencia concebida como "un estabilizador emocional motiva decisiones individuales y colectivas, al reconocer el lugar emocional desde donde cada uno es llamado a resistir y crear espacios de libertad que pueden abrir horizontes inesperados" (Sábato, 2016, p. 73).

Desde la experiencia carnavalera y la organización de Mil Tambores, en la cual cada octubre cerca de 100 000 jóvenes y sus familias se movilizan desde diversos puntos del país hacia Valparaíso (figura 4), surge una segunda categoría; la re sistencia como una estación común, en la que se va y se vuelve de viajes siempre supuestos, una estación común cuya ca racterística contenedora obliga a volver a ella al ser una dimensión que permite detenerse, reflexionar, pero, sobre todo, pensar un viaje hacia un lugar como causa común; una colectividad que desarrolla una identidad propia a través de prácticas mediante las cuales los miembros pretenden defender sus intereses y expresar sus voluntades (Torres Carrillo, 1999).

Figura 4

Carnaval Mil Tambores (Valparaíso, Chile)

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Fuente: archivo Mil Tambores, Centro Cultural Playa Ancha (15 de febrero de 2025).

Dicha estación busca los aspectos comunes asociados a la cultura viva comunitaria en medio de la incertidumbre abrumadora que nos cobija, tejidos como producción de lo común, en la que lo colectivo "hace posible comprender el sentido que adquieren los procesos culturales, tanto aquellos que desbordan por arriba, así también los que lo desbordan por abajo, ambos desde la multiplicidad de formas de protesta y resistencia" (Martin, 1987, p. 8).

A partir de los párrafos anteriores, pareciera ser que la resistencia constituye espacios (lugares-alcances) y deseos (poder-querer) tácticos-estratégicos, que, dependiendo de los contextos, van a transformarse en procesos adecuados a las circunstancias, es decir, resistencias en la ofensiva, la defensiva o la creativa. Resistencias que no son solo aquellas que circulan entre las narrativas e imaginarios, sino también en las que se vivencian experiencias conjuntas y concretas.

La resistencia cobrará forma ofensiva, defensiva o creativa, pero siempre enfrentando a la hegemonía cultural, a través de la colaboración y la idea de un buen vivir, resistencias que atribuyen la categoría de 'ofensivas' por su rol creativo y lúdico, en las que la cultura y la expresión artística comunitaria juegan un papel central, a modo de pluralidad epistemológica, o transapiencia comunitaria;5 en las cuales un solo saber no es suficiente para des plegar procesos de resistencia territorial.

Lo que surge de los imaginarios de resistencia en este estudio es una cuestión simple: mantener utopías cercanas mediante la reflexión sobre la reexistencia integral del individuo. Esto implica acciones colectivas permanentes en el territorio, buscando transformaciones alcanzables y palpables con una comunidad participativa y articulada. Las claves para mantener estas luchas desde los territorios locales incluyen el alcance territorial, la articulación entre resistencias, su composición interna y la creatividad cultural. En resumen, los imaginarios de resistencia se convierten en una pedagogía del viaje, una estación pedagógica que permite la reexistencia y la estabilidad emocional.

Vivencias de resistencia y emancipación

Se vive en permanentes procesos de resistencia para lograr emancipaciones (autonomías) en situaciones de opresión, buscando en una constante la estabilidad social, cultural y política que permita un acercamiento a estadios de libertad humana. Se evidencian procesos vivos de acciones colectivas con logros emancipatorios que son identificados por sus protagonistas como una fuerza vital, un ejercicio de autodeterminación. El enca denamiento, resistencia, emancipación y poder, pareciera que cumple una ruta que va desde lo individual hacia lo colectivo y vuelve a la vida individual.

"Nos hemos empoderado de la concepción de lo comunitario, transformando nuestra forma de actuar como organización. Ya no vemos a las organizaciones como entidades aisladas, sino como procesos de construcción colectiva. Rompimos luchas internas ideológicas y ahora priorizamos la vinculación, avanzando sin amargura si algo no se logra, porque nuestra visión individual sobre la comunidad ha cambiado y con ello el logro de cierta autonomía" (Carla Barrero, barrio Alto Villar, Sucre, Bolivia, mayo de 2023).

Tomar la decisión de participar colec tivamente parte de una decisión subjetiva que requiere hacer una práctica colecti va -como un ejercicio de cohesión de ensayo y error- que valora el encuentro con el otro, coincidiendo con aquellas "relaciones comunitarias, que se inspiran en una problemática de la enunciación, en un acto del habla [...] en el campo de la lengua o en el tejido de las prácticas so ciales" (De Certeau, 2000, p. 15).

Las experiencias de emancipación se materializan en las vivencias concretas de sus liderazgos, como el Carnaval Mil Tambores, liderado por Santiago Aguilar del Centro Cultural Playa Ancha, que busca despertar conciencias y disputar espacios públicos como forma de construir poder local. Carla Barrero de Sipas Tambo fue activista en la Guerra del Agua, una movilización nacional desde Cochabamba. María Emilia, de la Cooperativa La Comunitaria, lleva a cabo acciones cotidianas y eventos culturales que trascienden fronteras. Leonardo Jiménez, de Ciudad Comuna, participa en la ecoaldea Montaña Encantada, promoviendo la soberanía alimentaria y la preservación del agua.

Toda resistencia comienza con la mo tivación de unirse a un grupo y la toma de conciencia, seguida de acciones colectivas que conduzcan a la emancipación. En esta fase, "el individuo se motiva a resistir por el bien común, luchando por los dere chos propios y los de otros, y buscando restaurar la comunidad usurpada por la injusticia a través de acciones políticas o culturales" (Perez Llody, 2016, p. 9).

La conexión entre resistencia y emancipación es intrínseca, manifestándose en distintos niveles y con impactos variados en individuos y colectivos. La emancipación implica poder y autonomía, siendo un proceso interconectado con la resistencia, en la que la búsqueda de libertad y justicia se entrelaza con experiencias de lucha y superación de opresiones que también son personales.

Los conceptos de resistencia, emancipación y poder están estrechamente ligados a las prácticas de lucha: no se resiste sin poder y se debe tener un mínimo de poder sobre las propias voluntades y convicciones para constituir una experiencia emancipadora. Estos elementos se conjugan en la espiral continua de la praxis, traduciéndose en la articulación de procesos de lucha que buscan alcanzar es pacios de autonomía y poder. Cuando esto ocurre en un contexto colectivo, se vive un proceso sociopráxico y dialéctico que lleva de la resistencia a la emancipación y transformación del mundo individual o comunitario (Villasante, 2006).

La tríada de resistencia, emancipación y poder busca generar transformaciones profundas a través de prácticas que se de sarrollan en contextos específicos. Cada cambio en el territorio impulsa procesos de emancipación, lo que crea una interco nexión entre estos tres elementos, refle jándose en una ética y estética de la praxis que confronta las estructuras opresivas. Estas luchas conllevan la acumulación de capitales culturales, sociales, simbólicos y creativos (Bourdieu, 1997). La eman cipación redefine el poder, lo que a su vez fortalece la necesidad de continuar resistiendo y expandiendo esa resistencia hacia nuevas formas de poder. Este ciclo se manifiesta en diversos momentos históri cos y afecta todas las relaciones humanas, incluyendo aquellas dentro de los mismos grupos oprimidos.

Quizás, algunas cosas que funcionaban en un momento, después nos damos cuenta de que no [...] te voy a contar algo que me sale ahora. Había una coordinadora de un pueblo y en una charla estaba muy cansada y atemorizada por tener que ha blar. Después de un rato levanta su mano y dice: "Yo no quiero pensar más, necesito que me digan qué hacer, yo también puedo aportar". Yo creo que ese es el gran proble ma al que nos enfrentamos hoy, levantar la mano para comenzar un camino colectivo sin darnos cuenta de que ese solo gesto es ya una emancipación (María Emilia de la Iglesia, Sansinena, partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires, Argentina, ju nio de 2023).

Caracterizando prácticas de resistencia

La experiencia de Sipas Tambo caracteriza la resistencia como multipropósito, integrando lo táctico-estratégico y múltiples dimensiones prácticas. Su acción trasciende lo local al promover reflexiones sobre escenarios globales y nuevos hitos colectivos. Además, incorpora el cuidado comunitario y el autocuidado, enfatizando la urgencia de proteger la vida, la salud y la alimentación como respuesta a los dispositivos biopolíticos del poder.

La resistencia se convierte en una relación física y cotidiana en la que los cuerpos, los hábitos y las palabras confi guran un espacio de autonomía (Foucault, 2019, p. 15). Sin embargo, son los cuerpos desnudos en el espacio público la expre sión más concreta de estas resistencias (figura 5), ya no como forma de protesta tradicional, sino "poniendo el cuerpo", literalmente, a modo de celebración que integra dimensiones artísticas como el baile, la música y el vestuario.

Por su parte, La Comunitaria (Argentina) caracteriza la resistencia como "poder hacer creativo", un proceso colectivo, positivo y lúdico. Coincidimos con Pérez Llody (2016) cuando menciona la resistencia como "una cualidad subjeti va, contestaria y no arbitraria, capaz de operar creativamente ante la injusticia social y la opresión" (p. 48). Esta narrativa también introduce la idea de la resistencia como una pedagogía de viaje que busca aprendizajes integrales para el individuo, abandonando la razón, la emoción, la corporalidad, la espiritualidad y la creativi dad. La construcción de narrativas propias fortalece la apropiación comunitaria y re fuerza la identidad territorial, destacando que la autonomía comunitaria se alcanza cuando las comunidades logran concretar sus proyectos incluso sin el apoyo estatal (María Emilia de la Iglesia, Sansinena, partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires, Argentina, junio de 2023).

Figura 5

Cuerpos pintados en el Carnaval Mil Tambores (Valparaíso, Chile)

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Fuente: archivo Mil Tambores (15 de febrero de 2025).

Desde la experiencia de Ciudad Comu na (Colombia), la resistencia se entiende como un movilizador de ideas y acciones en el que la convicción personal y política genera transformaciones colectivas. Villasante (2006) define este proceso como "una sociopraxis que refuerza la identidad y la solidaridad territorial. La organización comunitaria fortalece las conexiones sociales y consolida espacios de resistencia para promover el buen vivir y la justicia social" (Ibáñez & Mendoza, 2015, p. 52).

Tres características centrales definen estas prácticas de resistencia: el lugar, las capacidades y las razones que definen las luchas territoriales, surgidas desde las experiencias de Ciudad Comuna y del Centro Cultural Playa Ancha.

El lugar es el espacio donde se recono ce y legitima la resistencia, especialmente en organizaciones con trayectoria y vo cación transformadora. Las capacidades abarcan el conocimiento intelectual y la energía emocional colectiva, esenciales para movilizar intenciones y deseos. Las razones se originan en la capacidad de acordar valores comunes, y se traducen en principios éticos, como la solidaridad, la participación y la creatividad. Las razones que guían las prácticas son aquellas que permiten construir, deconstruir o incluso romper el vínculo entre las organizaciones y sus comunidades.

La clave no radica tanto en el valor en sí mismo, sino en la capacidad de iden tificar y establecer un valor compartido, como podría ser el principio antineolibe ral. A partir de este punto, se despliega una primera cualidad que va a distinguir la razón para emprender una práctica de resistencia, es decir, por qué o para qué resistir. La razón en cuanto valorización de su forma -entendida la forma como los ejes que adopta esa valoración prima ria para enfrentar a los opuestos, gene ralmente llamados 'principios'- se va a traducir en una práctica de resistencia en sus principales pilares éticos: solidaridad, participación, colaboración, creatividad o transformación.

Así, las razones que definen una prác tica de resistencia van a surgir "a partir de procesos y acciones colectivas identificadas por sus protagonistas como aquella fuerza vital; un ejercicio (razón) perma nente de autonomía y autodeterminación" (Higuera et al., 2011, p. 248). Cuando queremos caracterizar las razones en las prácticas de resistencia, no podemos pa sar por alto los cambios en las dinámicas territoriales.

Cambios en las resistencias

El primer cambio es la incorporación de la 'tecnopolítica', obligando a combinar las formas de lucha tradicional, que llevan a variar los modos de resistencia presencial. Tres factores de cambio surgen con la incorporación de la tecnopolítica: el formato, los tiempos y los escenarios de información y comunicación con el otro.

Yo creo que la gente sí ha logrado, inde pendiente de que no esté tan vinculada a movimientos sociales o con formación po lítica, entender que la tecnopolítica tiene capacidad de movilizar la lucha en distintos frentes. La gente ya sabe cómo se hace una acción de tutela, cómo redactar un derecho de petición, cómo establecer una demanda colectiva. Sabe que está en las redes virtuales para denunciar, evidenciar a los actores que oprimen y, a su vez, recibir apoyo ciudadano (Leonardo Jiménez, Comuna 8, laderas de Medellín, Colombia, abril de 2023).

Un segundo gran cambio se encuentra en las 'percepciones cotidianas sobre el poder', por parte de las propias organizaciones que resisten y que se han ido transformando de manera permanente a propósito de las revueltas sociales en Latinoamérica y de la irrupción de la pandemia. De este cambio surgen al menos dos importantes elementos: uno, una emergente percepción de aprendizaje y empoderamiento colectivo desde los territorios, a propósito de las movilizaciones que lograron destapar una serie de malestares sociales. Y dos, uno menos evidente que estaría asociado a la reflexión sobre los nuevos significados de la resistencia, una mirada autocrítica en cuanto a analizar y reconocer las estrategias utilizadas por el neoliberalismo sistémico que ha logrado debilitar las resistencias en sus formatos tradicionales (violencia en la calle), obligando a la exploración de nuevas prácticas de resistencia territorial.

Un tercer cambio es el surgimiento de las 'culturas vivas comunitarias', un movimiento sociocultural emergente que potencia los tejidos territoriales en Lati noamérica y supone un nuevo paradigma sobre las prácticas territoriales (Turino, 2022). La cultura comunitaria -expre siones culturales, vecinales, urbanas, ru rales, variadas y heterogéneas- aparece como una práctica de resistencia capaz de responder a los desafíos críticos del territorio, una dimensión de resistencia y dinamismo creativo y sustantivo de la comunidad.

Este cambio transversal en todas las experiencias analizadas propone nuevas interrogantes sobre esta noción concep tual en el marco de la cultura en general (cultura viva comunitaria), pero también sobre un nuevo pacto social entre el Esta do y la gestión de la cultura propia de los territorios. "Yo creo que la cultura viva comunitaria como movimiento tiene que aceptar la idea de que sus miembros no tienen solo el derecho, sino la responsabilidad, de transformar y no reproducir sistemas hegemónicos e instalarse en los espacios de poder de una nueva república" (Santiago Aguilar, cerro Playa Ancha, Valparaíso, Chile, julio de 2023).

Entre los cambios de las prácticas de resistencia, tampoco podemos dejar de mencionar aquellas variaciones en la orgá nica interna del trabajo de las organizaciones, por ejemplo, una reafirmación sobre mayor horizontalidad en las relaciones y toma de decisiones, dejando de lado los liderazgos verticales y representativos; o abrirse a una apertura de participantes 'comunes y corrientes' del territorio más allá de aquellos 'ganados para la causa'. Estas características abren nuevos desafíos que obligan a revisar las metodologías y el trabajo orgánico, para 'una doble operación territorial de resistencia', sean estas en el campo virtual o en el campo presencial.

Intentamos ser coherentes con lo que de cimos y hacemos, reproducimos desde ahí. Entonces, ese ir y venir nos mueve y con tinuamos con eso... creo que es eso lo que nos lleva cada día a seguir juntos (Carla Barrero, barrio Alto Villar, Sucre, Bolivia, mayo de 2023).

Este no es un lugar para ganar plata... porque yo creo que en general ningún proyecto que esté vinculado al arte o las ciencias sociales en la comunidad -al menos en nuestro país- es un lugar donde puedas ganar plata. Puedes tener experiencias de sobrevida, pero este es un espacio donde puedes protagonizar siempre algo (Santiago Aguilar, cerro Playa Ancha, Valparaíso, Chile, julio de 2023).

Primera síntesis: existen al menos cuatro objetivos en torno a las prácticas de resistencias: políticos, pedagógico-epistemológicos, de innovación creativa y cultural, y de cobertura y liderazgo. Estos objetivos se manifiestan no solo co mo una expectativa, sino como evidencia empírica de logro, fundamentada en las experiencias analizadas. Dicha evidencia incorpora una reflexión sobre el posible encadenamiento productivo del poder comunitario, lo que plantea la siguiente interrogante: ¿Sería posible generar estra tegias de resistencia articuladas de abajo hacia arriba, al margen de los partidos políticos, superando la marginalidad co munitaria e incrementando su protago nismo en los espacios institucionales del poder local?

"Por decir un ejemplo: 'Vamos a ha cer una pollada', asar pollos y pedirle al municipio que nos dé la leña... Entonces, decimos: 'No, mejor hagámoslo todo nosotros mismos'" (María Emilia de la Iglesia, Sansinena, partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires, Argentina, junio de 2023).

Segunda síntesis: sobre los cambios en las prácticas de resistencia, aparecen dos elementos de interés estructural y estruc turante. En lo estructural, un cambio en el perfil protagónico de las prácticas; el sujeto de vanguardia clásica (partido polí tico) ha variado hacia un perfil militante/ activista social, cultural, medio ambien tal o político que responde/subordina al colectivo, o al movimiento social del territorio. En lo estructurante, un cambio en el efecto político de las prácticas de resistencia; emerge del punto anterior, una readecuación en los alcances de las resistencias asociadas a transformar el territorio (geográfico o temático), y no -necesariamente- a la transformación estructural del Estado-nación.

Tercera síntesis: más allá de las metá foras provenientes de los imaginarios y asociaciones conceptuales mencionadas en los primeros párrafos, los relatos dan cuenta de algunas claves más concretas que son necesarias para permanecer en la praxis de la resistencia. En primer lugar, ajustar de manera permanente y creativa las metodologías observando las estrate gias utilizadas por el poder hegemónico, innovando-creando procesos de sistema tización de experiencias y producción de conocimiento desde y para las organiza ciones. En segundo lugar, las experiencias de resistencias revisadas en este estudio no acentúan su lucha a través de los partidos políticos, en tanto a lograr -por medio de ellos- cambios estructurales; su propósi to, en cambio, se sitúa en la construcción de acciones colectivas y redes colaborativas que, desde los territorios locales por efecto, van constituyendo los movimientos sociales de mayor amplitud (nacional).

De los párrafos anteriores y consi derando las experiencias revisadas, de ducimos la importancia estratégica de la metodología en las luchas territoriales, volviéndose una encrucijada central. Exis te suficiente evidencia para establecer las problemáticas de las sociedades en desa rrollo (Gudynas, 2011) y, también, existen los deseos esperados como finalidad últi ma de los cambios (utopías).

Sin embargo, pareciera que los cam bios estructurales no podrían ser logra dos a partir de estas experiencias por sí solas de no encontrarse soluciones polí ticas, pero también metodológicas, apli cadas desde las instituciones públicas en el territorio. Ahora bien, un primer paso estaría en desarrollar prácticas transfor madoras en el territorio, determinadas por una mayor cercanía entre sujetos y las condiciones de interés, participación y motivación desde su propia comunidad.

"La cosa es decirle a la comunidad: mira este es el fruto de tu participación, aquí está tu cartografía, la exposición fotográfica. Se debe convertir esto en un ritual, no como un punto final, sino como la apertura de nuevos diálogos, porque lo que más interesa -y es lo que resulta de las metodologías- es que ese cono cimiento y saber les queda a los actores territoriales, quienes podrán potenciarlo para algo más" (Leonardo Jiménez, Co muna 8, laderas de Medellín, Colombia, abril de 2023).

Articulación y alcance ideológico de las resistencias

La articulación de las distintas resisten cias fortalece el encuentro permanente y continuo de iniciativas conjuntas (Valdés Gutiérrez, 2009) y, en este estudio, reúne causas de lucha, con objetivos generales comunes y objetivos específicos distintos, es decir, organizaciones que desarrollan acciones concretas, como festivales, en cuentros, carnavales, escuelas populares o múltiples expresiones comunitarias a partir de sus propias diversidades, pueden tener también como objetivo común orga nizarse para producir un encadenamiento productivo del poder comunitario o un escalamiento en la apropiación política del territorio para lograr empoderarse del gobierno local.

Esto marca una diferencia con los significados clásicos en torno a cambios estructurales asociados a la obtención del poder institucional del Estado-gobierno central, contrapuestos a la tipología de clase que contradice la ocupación insti tucional del poder por su configuración de origen. Los resultados de este estudio ponen en cuestión dicha mirada, hacien do posible la ocupación-apropiación en cargos de poder institucional, a través de la articulación de redes compuestas por acciones colectivas en el territorio; bienvenido el dicho popular, para trans formar se debe "caminar y mascar chicle al mismo tiempo".

Un ajuste se observa en el ejercicio metodológico que une organizaciones con diferentes ideologías. Aunque sus principios son válidos, adoptan estrategias conservadoras, evidenciando una debili dad para responder a nuevas demandas comunitarias. No incluyen métodos in clusivos que promuevan el protagonismo ciudadano y descuidan temas importantes como género, etnicidad y generaciones.

Respecto al alcance ideológico de la resistencia, se mantiene el significado clá sico del concepto: "Tomar conciencia para cambiar la realidad como la primera fase ideológica para la transformación estruc tural". Sin embargo, desde los territorios, se percibe la resistencia como un elemen to cuya capacidad de alcance ideológico varía, lo que lleva a mantener resistencias territoriales permanentes con principios utópicos del socialismo, pero tomando conciencia de la complejidad que impide cambios estructurales inmediatos debido a la profunda instalación del capitalis mo. Este cambio implica ajustes tácticos y estratégicos en las ideas de territorio, articulación, apropiación y composición colectiva de la resistencia.

Composición y nuevos escenarios de las resistencias

La composición de las resistencias alude a las formas orgánicas de organización que van a adoptar las resistencias organizadas. A diferencia de las formas piramidales y cerradas que adoptaron las organizaciones de resistencia conformadas por partidos políticos y sus expresiones guerrilleras, la propuesta que se ha ido instalando en torno a organizaciones de resistencia co munitaria plantea orgánicas que incluyen a lo menos tres categorías: a) horizontali dad: con liderazgos rotativos y paritarios, funcionando en asambleas participativas, en las que todos tienen más o menos el mismo peso cualitativo dependiendo del capital social y simbólico de cada inte grante; b) apertura: para quienes deseen incluirse legitimados/as desde la práctica comunitaria; c) temporalidad participativa: en períodos determinados de acuerdo a las iniciativas específicas, sin una per manencia necesaria en el tiempo.

La composición de la resistencia ha requerido buscar modalidades en las que la corporalidad pueda manifestarse fren te a la violencia de un Estado en crisis. En dicha búsqueda varía -especialmen te- la función orgánica que adoptan los movimientos sociales, considerando movilizaciones diversas en el continente en la última década. Estas formas surgen de acciones colectivas asociadas a una re utilización política y creativa del espacio público incorporando la biorresistencia comunitaria como una estrategia posi ble, desde cuerpos escondidos y cuerpos expresivos.

El primero -cuerpos escondidos- se refleja en la Movilización de las Pititas, una sociedad (boliviana) que despliega un dispositivo como expresión de resistencia sin su corporalidad. A pesar de surgir co mo expresión novedosa promovida por las élites conservadoras de la derecha política y con efecto momentáneo en una parte de la población boliviana, es una estra tegia que no se manifiesta en el espacio común, al menos ya no solo en aquellas formas tradicionales como marchas en las grandes avenidas de las ciudades, sino en el espacio íntimo del hogar y el barrio.

La segunda -cuerpos expresivos- se manifiesta en el espacio público, con carnavales o bien en marchas tradiciona les a modo de protesta creativa y festiva. Los cuerpos se comunican a través de las expresiones artísticas (vestuarios, ca rros alegóricos, música, máscaras, zancos, etc.), o bien a través de una expresión más directa contra la moral y ética conserva dora: cuerpos desnudos y pintados.

Yo pienso que hay razones indirectamente políticas por las cuales los jóvenes o las personas que están en el espacio público se reúnen en el carnaval. Está el que va a jugar a la pelota, a tocar el tambor, y después de una semana de mierda es mejor bailar en la calle que frente a un espejo. En la calle no siempre se ejerce una acción política... es al menos una acción de conciencia, de tener una experiencia política... Entonces, sí, hay sujetos, personas que le hemos dado esa connotación... pero que hemos trabaja do eso no solo en nuestros discursos, sino también en la práctica (Santiago Aguilar, cerro Playa Ancha, Valparaíso, Chile, julio de 2023).

Los escenarios de lucha han evolu cionado tanto en el ámbito social como institucional con la pérdida de legitimidad democrática de las instituciones estata les en América Latina (Mayol, 2020). La ideología neoliberal busca controlar la democracia representativa, pasando del control de riesgos al control de la demanda social. El aumento del tráfico de drogas y armas, cooptando a las policías, se normaliza en los Estados neoliberales, reflejando un cambio significativo en las dinámicas de resistencia y poder en la región.

Las resistencias son la respuesta al deterioro institucional del Estado bajo el modelo subsidiario que, frente a la demanda social, acostumbra a reaccionar con la violencia policial, reafirmando su autoritarismo. El sujeto comunitario (la organización) ya no se enfrenta necesaria mente a la violencia de las dictaduras, sino a las desigualdades y condicionamientos de la vida cotidiana, especialmente pro movidos por el mercado, como el consu mo y la deuda (Han, 2022).

Esta investigación destaca un progre so en la acción colectiva y las prácticas de resistencia territorial en Latinoamérica, principalmente en torno al cooperati vismo, la politización comunitaria y la culturización de la protesta. En estos procesos de aprendizaje resalta la impor tancia de sistematizar las experiencias, pero también se plantea una encrucijada metodológica como un factor central en las transformaciones comunitarias.

Conclusiones

Las prácticas de resistencia territorial muestran diversas maneras de enfrentar la opresión, en las que la participación transformadora se convierte en un acto de resistencia en sí mismo. Las acciones colectivas crean espacios de resistencia contra el neoliberalismo, y nuevas cate gorías como la reexistencia, propuesta por Sipas Tambo en Bolivia, cuestionan la violencia estatal y fomentan la reflexión individual como paso inicial. En Argentina, La Comunitaria ve la resistencia como un poder creativo mediante el arte y la cultura. En Colombia, Ciudad Comuna moviliza ideas y acciones para cambios colectivos, mientras que, en Chile, el Centro Cultural Playa Ancha imagina la resistencia como estabilizador emocional y espacio común para la reflexión y pla nificación.

Estos imaginarios colectivos subra yan la necesidad de mantener utopías alcanzables y promover la participación comunitaria para enfrentar la opresión. La vida cotidiana se entrelaza con pro cesos de resistencia y emancipación, en los que experiencias como el Carnaval Mil Tambores en Valparaíso o la Guerra del Agua en Bolivia evidencian la lucha por el poder local. Acciones pequeñas, como levantar la mano en una reunión, también son formas de resistencia que, en conjunto, ayudan a superar las estructuras de control del sistema global.

La conciencia estratégica es clave pa ra gestionar autonomía y libertad, mos trando la conexión entre resistencia y emancipación; la primera conduce a la segunda, que implica el desarrollo de un poder basado en las convicciones propias, creando un ciclo dinámico de transfor mación. La experiencia de Sipas Tambo se centra en acciones multipropósito que van desde la reflexión sobre escenarios globales hasta el cuidado comunitario. Organizaciones como Ciudad Comuna y Playa Ancha resaltan la importancia del territorio como espacio de lucha, promo viendo horizontalidad, educación popular y empoderamiento.

Se observa una transformación interna en las organizaciones, priorizando la participación paritaria y el protagonismo. La tecnopolítica y las percepciones cambiantes sobre el poder han influido en estas prácticas, identificando metas políticas, educativas, innovadoras y de liderazgo. Estas buscan fomentar estrategias colaborativas y fortalecer metodologías en luchas territoriales, impulsando la cooperación entre iniciativas con causas comunes.

Ejemplos son festivales y escuelas populares que empoderan a la comuni dad y aumentan su control político del territorio. Estas estrategias desafían las concepciones tradicionales de cambio estructural ligado al poder de las élites, abogando por transformaciones desde los territorios. Sin embargo, algunas organizaciones enfrentan dificultades al no integrar adecuadamente nuevas demandas ni enfoques inclusivos, aportando a la reproducción del sistema.

Las prácticas de resistencia comu nitarias, que preservan el principio clá sico de 'tomar conciencia para cambiar la realidad', se fundamentan en luchas permanentes en el territorio muchas veces invisibilizadas por el sentido común, lo que exige ajustes constantes en tácticas y estrategias para mantener una praxis que confronte la opresión y abra posibilidades para la emancipación y la transformación social.

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Visión 8: mucho por contar5511112019https://issuu.com/ciudadcomuna/docs/edi-cion55_vision8_web

[1]Desde 2023, Chile ha registrado una serie de suicidios entre jóvenes participantes del Estallido Social que sufrieron trauma ocular por la represión policial en 2019. Aunque en 2025 no se tiene un número exacto de casos, es evidente que la cantidad de incidentes ha ido en aumento.https://www.fastcheck.cl/2024/10/19/ la-ultima-lagrima-el-sui-cido-de-las-victimas-de-trauma-ocular-que-chile-olvido/

[2] Bozo-Marambio, J (2023). Prácticas de resistencia en el territorio local latinoamericano [tesis doctoral]. Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

[3]Para este estudio fueron entrevistados los liderazgos de cada organización participante: Carla Barrero (Sipas Tambo, Bolivia), María Emilia de la Iglesia (Cooperativa La Comunitaria, Argentina), Leonardo Jiménez (Ciudad Comuna, Colombia) y Santiago Aguilar (Centro Cultu ral Playa Ancha, Chile).

[4]El estudio de la biopolítica, según Antonio Negri, muestra que el bíos es clave en los recorridos políticos. El Estado ejerce poder mediante vigilancia, pero la biopolítica también im plica el poder de la vida y la conciencia autónoma. Proponemos la noción de 'biorresistencia comunitaria', un concepto surgido del presente estudio que plantea como base material y simbólica enfrentar el control estatal a través de la acción colectiva, de manifestaciones y expre siones creativas desde el territorio comunitario, reivindicando la vida más allá del capital.

[5]Concepto creado en este estudio. Transapiencia es una categoría que resca ta y legitima el mundo comunitario, sus saberes, conocimientos y prácticas propias, que se cruzan, mixturan y reproducen creativamente nuevos sa beres en las prácticas coti dianas de transformación social.

[6] Bozo Marambio, J., Parada Ulloa, M., & Sotomayor Soloaga, P. (2025). Prácticas de resistencia territorial en América Latina: explorando nuevos escenarios con diversidad y creatividad. Territorios, (52 Especial), 1-24. Doi: https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14489