Una joven de 24 años les cocina a sus dos hijos en la pieza del segundo piso que su suegra le prestó en una villa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), mientras espera su turno para bañarse en la planta baja. Una cortina y un placard aislan la vida doméstica de una pareja de 20 años que, junto a su hijo de 2, miran la tele en la cama, mientras la familia celebra en la sala el cumpleaños de una vecina del barrio.
Otro joven de 27 años está arreglando el techo dañado por el último temporal, mientras su pareja ordena la comida que trajeron del mercado central y sus hijos juegan a la pelota en la calle de tierra a la que da la casa, situada a 10 kilómetros de una estación terminal del Conurbano Bonaerense.1 En un barrio al sur de la ciudad, la música suena fuerte en la pieza de un hotel-pensión que un joven de 21 años acaba de alquilar con el sueldo de su primer trabajo 'en blanco'.2
Estas escenas resultan de una investigación sobre los modos de experimentar la transición residencial en jóvenes de distintos estratos socioeconómicos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).3 En particular, nos aproximan a las experiencias de un grupo de jóvenes de estratos bajos que, entre 2013 y 2017, formaron un hogar propio. Llegar a ellas supuso un desplazamiento respecto de herramientas conceptuales que, originadas en función de las experiencias de los sectores dominantes, invisibilizaban modos de habitar y formas de autonomía de otros grupos sociales. El presente artículo retoma ese recorrido conceptual y metodológico para focalizar en la dimensión habitacional del proceso de formación de un hogar propio y presentar de qué modos un grupo de jóvenes de estratos bajos consigue un lugar donde habitar.
Dejar el hogar parental y formar un hogar propio constituye una de las transiciones experimentadas en el proceso social de construcción de autonomía respecto de la familia de origen. Los y las jóvenes se encuentran en una etapa de la vida en la que se procesan transiciones significativas para la conformación subjetiva: del estudio al trabajo, de la dependencia económica familiar a la independencia económica, del hogar de origen al hogar propio, de una conformación afectiva experimental a una pareja definitiva y, por último, de ocupar el lugar de hijo a ocupar el lugar de padre4 (Mora Salas & De Oliveira, 2014; Saravi, 2009; Urresti, 2011). En particular, la transición residencial se presenta como un proceso articulador de distintos aspectos de la vida juvenil, puesto que remite tanto al acceso a la vivienda como a la organización de la cotidianeidad y a la formación de parejas y familias.
La salida del hogar de origen pareceria, a priori, una utopía para los y las jóvenes que habitan en contextos de pobreza y exclusión. Durante las últimas dos décadas, en el AMBA han empeorado de forma significativa las condiciones de acceso a una vivienda para distintos sectores de la población, sobre todo para quienes tienen menores recursos económicos y no cuentan con un empleo formal.
Propiedades inaccesibles en relación con los salarios y dada la ausencia de créditos hipotecarios viables; limitaciones para alquilar en el mercado formal ante el aumento de los precios y los requisitos exigidos por inmobiliarias y propietarios -un fenómeno que ha tenido su correlato en el mercado informal, en el que los precios de los cuartos o piezas se incrementan al calor del crecimiento de la demanda-; dificultades para edificar por los elevados precios de los materiales y la creciente valorización del suelo urbano: todos estos factores limitan las posibilidades de conseguir un lugar donde habitar (Baer & Kauw, 2016; Baer & Di Giovambattista, 2018; Cravino, 2016; Di Virgilio et al., 2020; Reese, 2021; Rodriguez et al., 2018; Vera Belli, 2018).5
Si a estos elementos le sumamos la precariedad e inestabilidad de los empleos a los que suelen acceder los y las jóvenes de estratos bajos (Arancibia & Miranda, 2021; Busso & Pérez, 2019; Corica et al., 2018; Ferraris & Martinez Salgado, 2015; Longo & Busso, 2017), asi como la ausencia de politicas habitacionales que contemplen las necesidades y condiciones especificas de este sector,6 resulta poco probable que emprendan esa salida del hogar parental.
¿Esto era realmente así o acaso la forma de estudiar este fenómeno estaba siendo condicionada por la neolocalidad, como modelo cultural dominante del habitar que asocia un nuevo hogar al cambio de domicilio? ¿Esta categoria estaba invisibilizando modos alternativos de construir un hogar propio en contextos de escasez? Las investigaciones nacionales sobre las estrategias habitacionales en sectores populares del AMBA constituyeron un punto de partida fructifero para la indagación.
Estos estudios han evidenciado que, en este grupo social, no solo continúa siendo frecuente la corresidencia de distintos núcleos familiares, sino también la práctica de compartir una pieza en hoteles-pensión o villas entre varios miembros de la familia o entre familias (Di Virgilio & Gil y de Anso, 2012; Cravino, 2016; Najman, 2020; Rosa & Toscani, 2021).7
Además, han destacado que el hábitat popular, signado por su irregularidad o informalidad (Herzer et al., 2008), involucra la autoconstrucción de viviendas o piezas en lotes compartidos (Arancibia, 2017; Comas & Márquez, 2017; Zapata, 2017), al igual que el subalquiler de piezas en inquilinatos y hoteles-pensión, en villas o asentamientos informales (Cravino, 2012; Rodríguez et al., 2018; Toscani, 2023), de manera que no se limita al acceso a una vivienda entendida como 'unidad fisica independiente'.
Estos antecedentes me impulsaron a diferenciarme de los abordajes que analizan la transición residencial en relación univoca con el acceso a una nueva vivienda.8 Sin desconocer que este acceso resulta relevante en el proceso de formación de un hogar propio, no queria partir del supuesto de la neolocalidad, porque intuia que podria limitar la captación de otros modos de habitar significativos en la construcción de independencia de los y las jóvenes de estratos bajos.
Los enfoques socioculturales del espacio y del habitar (Bonvalet, 1997; Bonvalet & Dureau, 2002; De Certeau et al., 1994; Giglia, 2012; Lindón, 2005) resultaron una herramienta productiva para lograr este al permitir una aproximación a la transición residencial desde una concepción amplia que incluyera tanto una referencia al espacio -la vivienda- como al habitar -las prácticas del espacio-. Retomando estos aportes conceptuales, me propuse abordar la transición residencial desde el habitar doméstico, el cual concebi como una experiencia que involucra usos, prácticas y representaciones subjetivas del espacio en interacción con su forma material.
Así llegué a formular la expresión 'construcción de un espacio propio', cuya ambigüedad es intencional, para referirme al proceso de salida del hogar de origen y formación de un hogar propio. Tal como el espacio urbano no es un mero contexto de localización de las prácticas sociales, sino que los actores producen espacio en sus modos de usar y practicar la ciudad, considero que los y las jóvenes forman un hogar propio al construir, practicar y significar un espacio habitacional.
El uso de esta noción, en lugar del término 'vivienda', también apunta a captar los espacios domésticos que aparecen en las experiencias juveniles de transición residencial sin restringirlos a la idea de una 'unidad física independiente'. De esta manera, considero que no solo se forma un hogar propio mediante el acceso a una nueva vivienda, sino también a través de prácticas que, al ordenar y dar sentido al espacio habitacional, crean un ámbito doméstico propio.
Sobre la base de una investigación cualitativa-interpretativa, basada en entrevistas en profundidad, este articulo indaga cómo un grupo de jóvenes de estratos bajos del AMBA consigue un lugar donde habitar para formar un hogar propio. A través de los relatos juveniles sobre sus experiencias habitacionales, explora las dificultades atravesadas, los recursos movilizados para afrontarlas y las modalidades del espacio habitado, en relación con las expectativas residenciales de los y las jóvenes. De este modo, el articulo aporta evidencia empírica sobre los modos de habitar de un grupo social especifico -los y las jóvenes-, a la vez que ilumina modos de practicar y significar la transición residencial en estratos bajos que enriquecen la mirada sobre las formas de experimentar la juventud y construir autonomía.
El espacio es un producto social resultado de prácticas, relaciones y experiencias sociales de los agentes, y no un mero soporte o continente de esta actividad. Al tiempo que constituye un marco para la experiencia que orienta las prácticas sociales, también puede ser transformado por estas. Por una parte, el lugar donde se habita estructura un tipo de cotidianeidad al propiciar modos de usar y practicar el espacio, al tiempo que contribuye a formarlos. Por otra parte, no es ajeno a los cambios en las formas de vida, las costumbres y los modelos de familia y de domesticidad.
En este sentido, el habitar contiene la tensión siempre existente entre la lógica de urbanistas y arquitectos y la de quienes lo habitan, pues resignifican los diseños establecidos a través de sus usos y prácticas. Al tiempo que opera como un "dispositivo social" capaz de regular, mediante su arquitectura, los hábitos domésticos y actuar en el terreno de lo privado y lo familiar (Teyssot, 1988), la vivienda constituye un "lugar practicado" por sus moradores, quienes por medio de sus usos hacen de ella un espacio significativo (De Certeau, 1999). De ahí su condición de artefacto sociocultural, con el doble carácter de ser socialmente producida y, a la vez, marco que ordena la experiencia social.
Siguiendo a De Certeau (1999, p. 36), podemos pensar las viviendas como "espacios de microlibertad" que inducen determinadas prácticas, aunque sin condicionarlas rigidamente: "Sin salir del sitio donde le hace falta vivir y que le dicta una ley, [quien la habita] instaura algo de la pluralidad y la creatividad. Gracias a un arte del intervalo, obtiene efectos imprevistos".
Así, habitar la vivienda puede involucrar el despliegue de 'tácticas': "Maneras de hacer" a través de las cuales "[...] los usuarios se reapropian del espacio organizado por las técnicas de la producción sociocultural". De ahi que las tácticas remitan a prácticas que, al significar, realizan producciones secundarias; en esa 'reapropiación' de lo impuesto de acuerdo con fines y reglas propias, los y las habitantes logran subvertir de manera 'silenciosa' el orden impuesto.
Desde esta perspectiva, Giglia (2012) señala que el habitar implica la existencia de un "orden socioespacial y cultural" que resulta reconocible por el sujeto, quien puede eventualmente haberlo creado o contribuido a producir. La autora utiliza el término "orden" para remitir al "[.] conjunto de las reglas [...] que generalmente quienes usan un espacio reconocen como tales"; a su vez, recuperando a De Certeau, advierte que los usuarios pueden introducir "modificaciones sutiles" sobre este orden socioespacial y cultural: "Pequeñas 'astucias' elaboradas desde una posición de debilidad con respecto al orden general" (Giglia, 2012, p. 18).
Así, el habitar involucra un espacio y, a la vez, actividades humanas -prácticas y representaciones- que hacen posible la presencia de un sujeto en un determinado lugar, y de alli su relación con otros sujetos: "El habitar es un conjunto de prácticas y representaciones que permiten al sujeto colocarse dentro de un orden espacio-temporal, al mismo tiempo reconociéndolo y estableciéndolo. Se trata de reconocer un orden, situarse adentro de él, y establecer un orden propio. Es el proceso mediante el cual el sujeto se sitúa en el centro de unas coordenadas espacio-temporales, mediante su percepción y su relación con el entorno que lo rodea" (Giglia, 2012, p. 12).
En términos de Augé, Giglia (2012) apunta que "[...] el habitar transforma el 'no lugar' en un 'lugar', es decir, en un espacio provisto de usos y significados colectivos y de memorias compartidas" (p. 12). A su vez, con el término "domesticar", la autora refiere a esa relación reiterada con cierto espacio que lo transforma en algo familiar, utilizable y provisto de sentido.
Desde esta perspectiva, Lindón (2005) define las formas de habitar como "[...] aquellos sistemas de relaciones que establece el habitante con el espacio habitado, incluyendo conductas o prácticas, pero también representaciones y significados" (p. 10). Asi, por ejemplo, "[...] los objetos que colocamos en nuestro espacio configuran la manera como nos hacemos presentes en él, ordenándolo y dándole sentido" (Giglia, 2012, p. 5).
En diálogo con los aportes de Giglia (2012) y de Lindón (2005), resulta sugerente el abordaje propuesto por Segura (2015) en torno a la ciudad y la vida urbana para concebir el habitar como experiencia social. Segura (2015) plantea el concepto de "experiencia urbana" como una categoria productiva para analizar los modos de vivir la ciudad. De acuerdo con el autor, abordar la experiencia urbana significa "[...] indagar tanto el lugar que el espacio ocupa como condición de posibilidad y condicionante de la experiencia social, así como el papel de dicha experiencia en la construcción del espacio urbano, prestando atención a los modos de representarlo, habitarlo, transitarlo" (p. 28).
Desde aquí, podemos pensar la 'experiencia habitacional' en función de las relaciones reciprocas entre el espacio doméstico y las representaciones y las prácticas de los sujetos en y sobre tal espacio. Esto involucra la apropiación que sus habitantes hacen del espacio doméstico, esto es, el proceso material y simbólico de interpretación y dotación de sentido respecto a la vivienda. La expresión 'construcción de un espacio propio' apunta a considerar tanto la dimensión material como simbólica: los modos de habitar en tanto modos de practicar y significar el espacio que hacen de él un espacio propio.
Estos modos de habitar están condicionados por la inscripción social y por el contexto socioeconómico y cultural. Según Bonvalet y Dureau (2002), "[...] para comprender las decisiones residenciales es muy importante conocer para cada país los modelos culturales, los efectos de moda y los cambios en curso en las sociedades" (p. 12). Por lo tanto, en las formas de habitar influyen varios factores: socioeconómicos, de carácter macro; microsociales, referidos a la situación socioeconómica del individuo y la familia; y culturales, entre los que se incluyen los modelos y valores de una sociedad, al igual que los universos de sentido y valoraciones de los diferentes sectores sociales.
En Argentina, así como en otros países de América Latina, se ha instalado el modelo de familia nuclear y neolocal, que ha orientado las pautas de convivencia en cuanto a la formación de una pareja y una familia en un domicilio independiente. Sin embargo, la persistencia en estratos bajos de las denominadas "familias ocultas" (Torrado, 2003), junto con la evidencia de diversas alternativas habitacionales, y la precariedad en la que habitan, dan cuenta de las limitaciones en este sector social del modelo neolocal. Este articulo retoma estos antecedentes para focalizar en los modos en que un grupo de jóvenes de estratos bajos consigue un lugar donde habitar en el marco del proceso de transición residencial.
Aquí se recogen resultados de una investigación que analizó las experiencias de salida del hogar de origen, los modos de acceder a una vivienda y los arreglos de convivencia en jóvenes de distintos estratos socioeconómicos del AMBA. La principal técnica de recolección de datos fue la entrevista en profundidad. La aproximación al universo de estudio fue mediante una muestra intencional, conformada a partir del criterio de significatividad.
Para la selección de los informantes, adopté como universo de observación privilegiado el segmento de edad comprendido entre los 20 y 29 años. Esta decisión resultó de considerar los límites de la etapa joven establecidos en Argentina, pero sin ceñirme a ella de manera estricta para no restringir el objeto analítico; de hecho, dejé abierta la posibilidad de incluir otras edades en función del trabajo de campo. Como sabemos, los límites de la categoría 'juventud' son variables y sus fronteras son sociales antes que meramente etarias.
Como criterios clasificadores, adopté el nivel educativo formal y el capital educativo de la familia de origen, así como la situación laboral y el tipo de ocupación tanto del joven como de la familia de origen, por la centralidad del empleo como principal fuente de recursos económicos. Conforme con esto, para la selección de los informantes de estratos bajos, consideré a quienes poseen un nivel educativo menor o igual al del secundario completo, y en ocasiones son primera generación de estudiantes universitarios, que se desempeñan en empleos de baja calificación o informales (inestables y precarios -sin derechos o seguridad social-), aunque este criterio laboral ha sido flexible según las caracteristicas particulares del caso. Respecto a sus padres, se utilizó como criterio que hayan alcanzado un nivel de estudios menor al de secundario completo y sean inactivos, estén desempleados o posean empleos de las mismas caracteristicas que los y las jóvenes.9
De esta manera, la muestra quedó conformada por 19 jóvenes -10 mujeres y 9 varones- que tenían entre 18 y 29 años y residian en el AMBA. Nueve habitaban en el Conurbano Bonaerense, más especificamente en el barrio de La Reja, Villa Trujui, municipio de Moreno; y 10, en la CABA: algunos en la Villa 31 de Retiro o en la de Ciudad Oculta de Lugano, otros en hoteles-pensión o conventillos emplazados en la zona sur de la ciudad. La cantidad de informantes se estableció siguiendo el criterio de saturación de la información. En términos generales, los y las jóvenes entrevistados/as se fueron de sus hogares de origen entre 2013 y 2017.
Los primeros contactos los establecí a través de redes personales. Con estos primeros informantes inicié una 'bola de nieve' que me permitió acrecentar y diversificar la red. Dado el carácter exploratorio del estudio, para seleccionar los casos no parti de categorías especificas definidas a priori, sino que, a medida que avanzaba el trabajo de campo de forma simultánea al análisis de los datos, fui construyendo categorías que guiaron la búsqueda de nuevos casos y me permitieron afinar la guía de entrevista.
Asi, por ejemplo, al realizar el campo con sectores populares, en lugar de buscar jóvenes que 'se hubieran ido de la casa familiar de origen', como había operado en sectores medios, busqué un criterio más difuso que no clausurara los modos propios de nombrar y clasificar ese proceso. A través de sus relatos sobre las experiencias habitacionales, identificaba cómo ellos establecían cambios en sus modos de habitar asociados a la construcción de autonomía.
Las historias de los y las jóvenes de estratos bajos muestran que la salida del hogar de origen no implica necesariamente abandonar la vivienda parental. Algunos jóvenes armaron un espacio habitacional 'adentro', en una parte de la vivienda familiar de origen, como resultado de una división material y simbólica. "Hicimos una división con un mueble grande que tenia mi suegra apoyado en la pared [...] y así hicimos una pieza atrás del ropero. Con una cortina que dividia", describe una de las jóvenes entrevistadas (Angie, 24 años, CABA).
Para otra joven, la habitación en la casa de la suegra era su "hogar"; aunque compartian la cocina y el baño, ella, su pareja y sus dos hijos tenian una economia doméstica independiente (Jésica, 28 años, GBA). Según cuenta, la suegra "cocinaba aparte", y tampoco compartian la "mercaderia", sino que "cada cual tenia lo suyo": "No consumiamos las mismas cosas, viste, aparte con los nenes son más gastos". Las comidas tampoco eran momentos de encuentro: "Ella [la suegra] comía once y media de la noche y yo le hacia a las nueve a los nenes".
Otra entrevistada describe cómo fue 'armando' su espacio junto a su hijo de 3 años a partir de una serie de adquisiciones: una cama propia y otra para su hijo, alacena, cómodas, vajillas, frascos, azucarero, matero, termo, ollas (Evelin, 25 años, CABA). Según comenta, cuando consiguió su primer trabajo remunerado como costurera, decidió subalquilarle a la madre una de las piezas de la "casa estilo chorizo", donde habitaban en un barrio de la ciudad.
Aunque mantuviera la cercania fisica, el espacio propio le permitía restringir la intervención de su madre en torno a las prácticas económicas y domésticas, al igual que centrarse en su propio hogar, pues la liberaba de las tareas hogareñas que realizaba en su casa de origen. Además, podia tomar decisiones en cuanto a la administración del dinero, algo que considera fundamental: "Cuando uno maneja su plata como que te ayuda mucho a crecer".
De esta forma, con la conquista de la pieza propia, Evelin considera que se "desligó" y se "separó" de su madre: no solo porque "cocinaba aparte", sino porque, en sus palabras: "Me armé mis cositas", e incluso compró aquellas que su mamá no tenía -ni la dejaba tener- por considerarlas "despilfarros". En ocasiones se juntaban a comer con la madre y la hermana, pero ya no compartían gastos -ella compraba su comida- y, aunque se cruzaban, Evelin cerraba la puerta de su pieza con llave y su madre no podía entrar: "Cada una por su lado".
"Yo me voy a vivir a la pieza de al lado, quería mi privacidad. Eso era lo que por ahí mi mamá no entendía. [...] Yo quería vivir cómoda, quería mi comodidad, entonces yo ahí sentía que ya éramos muchos en esa pieza. Todo es con esfuerzo, yo entiendo eso, pero al tener mi hijo, uno desea darle lo mejor. Por eso, yo alquilo mi pieza aparte, ya que empecé a ganar mi propio dinero" (Evelin, 25 años, CABA).
Como se desprende de estos testimonios, a través de prácticas y sentidos, estos jóvenes se separan del espacio familiar y producen un 'intersticio' donde desarrollan -o intentan desarrollar- una vida doméstica propia. Aunque existe una proximidad física y las fronteras son porosas, a través de los usos y las apropiaciones del espacio de origen procuran delimitar un área habitacional distinta y distintiva.
La adquisición de artefactos propios y ciertos objetos materiales, como puertas, paredes o cortinas, llaves, equipamiento de cocina, les permite armar un lugar con relativa independencia dentro de la órbita familiar. Por eso, desde la perspectiva de los y las jóvenes, aun si la 'mercadería' se compra en conjunto con la familia de origen, y se comparte equipamiento, baño y cocina, el 'espacio adentro' representa un primer paso en la construcción de una intimidad conyugal o familiar.
Otros jóvenes conquistaron un 'espacio aparte', esto es, un lugar físico propio edificado en un terreno compartido con la familia de origen. En el relato de una de las entrevistadas se traza una frontera entre un 'abajo' y un 'arriba': la planta baja donde viven sus padres con su hermano, la planta de arriba donde ella armó su casa junto a su pareja y su hija. "Vivimos juntos pero no tan juntos", señala ella mientras cuenta que la "comida es aparte" y que tienen una economia doméstica propia. "Asi que yo tengo lo mío. Todo independiente", repite ella (Rubi, 25 años, CABA).
Según cuenta, cuando quedó embarazada de su primer hijo, el padre les propuso a ella y a su pareja construir arriba: "Con mis papás hablamos y decidimos que lo mejor era poner plata y construir. [...] También estar juntos porque mi hija es la primera nieta, asi que ellos querian tenernos cerca". Al relatar el proceso de edificación, esta joven expresa sus deseos de independencia familiar:
Mi viejo queria, en el primer piso, hacer un cuarto para mi hermano, y yo decia "pero mejor hacele una individual", porque no es lo mismo, digamos... Es como que por ahi hablamos o alguna cosa y mi hermano escucha, o yo escucho cosas de él. Entonces, es raro eso. Entonces, yo decía "mejor hagámosle aparte para él, arriba mío, cosa que él tenga su independencia, yo tengo la mía, y ustedes tienen la suya", decía yo. [...] Así que yo tengo lo mío. todo independiente. Tiene la habitación la nena, tengo una habitación, hay cocina, baño y tiene una sala. Y aparte, abajo, ellos tienen su habitación, está mi hermano abajo... ¡todavia está mi hermano! (Rubi, 25 años, CABA).
Para otra de las jóvenes, el 'espacio aparte' conquistado con su pareja y sus dos hijos refiere a la 'pieza' construida en la planta de arriba de la casa de su suegra, ubicada en una villa de la ciudad, en la que concentraron una cocina, un microondas y una heladera, que les permitia cocinar de manera independiente, aunque para bañarse tuvieran que 'bajar', porque el baño era compartido con otros inquilinos de la suegra (Candela, 25 años, CABA).
La puerta era independiente, y se llegaba a través de una escalera. Como lo menciona, a medida que su primera hija crecia, la pieza les empezó a "quedar chica". Dado que los inquilinos de la 'pieza' próxima a la suya se habian ido, la suegra les propuso "romper la pared de la habitación de al lado, que era uma piecita", para ampliar la casa: "Nos dijo 'bueno, rompan'. Rompimos la pared [...] hizo un cuarto y como que se agrandó un poquito la casa".
A los tres años volvieron a reacomodarse, cuando la joven quedó embarazada del segundo hijo. Los inquilinos que vivian 'arriba del primer piso, en el segundo', habían decidido mudarse, y la suegra les ofreció quedarse en la 'casa de arriba', que era una 'casa completa': "Tiene baño, tiene un comedor, cocina y dos cuartos, o sea, uno grande y uno chiquito, pero no tenés que compartir nada ahi. Es como. es casa, o sea, es una casa que está completa, ponele" (Candela, 25 años, CABA).
El análisis de las entrevistas evidencia que el hecho de que la familia de origen tenga una vivienda -sea de manera formal o informal- se traduce en una ventaja concreta para acceder a un espacio fisico. Por ello, además de su carácter 'durable', estos jóvenes valoran el hecho de que la propiedad sea un 'bien flexible', adaptable a los cambios familiares. En este marco, influyen las caracteristicas de la vivienda parental y su localización, ya que quienes habitan en barrios populares del Conurbano, por ejemplo, suelen contar con viviendas de origen más espaciosas y con mayor terreno disponible que quienes habitan en villas de la ciudad, donde en general las viviendas son minimas y las posibilidades de edificación se restringen hacia arriba. Cuanto mayor sea la posibilidad de modificar la casa de origen, mayor seguridad parece ofrecerles, pues podrá expandirse a medida que la vida familiar la coloniza y la desborda.
Sin embargo, el terreno parental constituye un capital escaso que se agota a medida que es ocupado y habitado por las generaciones jóvenes, de manera que el tamaño de la familia y su composición son factores que condicionan su disponibilidad. También hay que tener en cuenta que para edificar una casa propia se requieren recursos económicos que no siempre están disponibles, dados los empleos precarios e inestables de varios de estos jóvenes de sectores populares. En estos casos, influye la ayuda familiar mediante el regalo o el préstamo de materiales y equipamiento, la colaboración con mano de obra, tiempo o saberes técnicos para la construcción. Quienes cuentan con inserciones formales y estables pueden sumar recursos propios al articular estrategias de ahorro.
El contexto habitacional de origen de estos jóvenes resulta clave para comprender estas modalidades. Tener un espacio íntimo y privado en la vivienda parental constituye algo inédito para varios de los y las jóvenes de sectores populares, quienes por lo general pertenecen a familias numerosas y extensas, o apremiadas por la falta de ambientes. A diferencia de sus pares de sectores medios, quienes dentro de la vivienda parental suelen tener un lugar físico exclusivo donde pueden, por ejemplo, reunirse con amigos, acumular objetos, escuchar música o estudiar (el cuarto propio que una de las entrevistadas definió como el "búnker" y otro como el "monoambiente") (Felice, 2018), los y las jóvenes de sectores populares suelen habitar el hogar familiar de origen en condiciones de hacinamiento que dejan poco margen para el aislamiento de los miembros dentro del espacio del hogar y poco o ningún lugar para la intimidad.
Entre las formas de construir un hogar propio, también identificamos el 'espacio afuera', esto es, la vivienda en un terreno independiente al de la familia de origen. Mientras el 'espacio adentro' y el 'espacio aparte' operan bajo una lógica de la cesión o préstamo de terreno por parte de la familia de origen, la modalidad 'espacio afuera' puede involucrar la adquisición de uno nuevo -con tenencia formal o informal- para edificar allí una 'casa propia', así como el alquiler de una pieza en hotel-pensión, villa o casa de familia y, en menor medida, un departamento.
Una pareja entrevistada (Marcelo y Gisela, 27 años, GBA) manifiesta que, a los dos años de convivencia en un 'espacio adentro', tuvieron 'la oportunidad' de comprar un terreno en el Conurbano. Según describen, el terreno "era fiscal" y "parecía una selva, en realidad, tenia una casilla de chapa y de rejunte con algunas partes de madera"; sin embargo, esto no era un problema: "Eso se modifica, ponerle árboles, quitarles árboles, eso es lo de menos. Era terreno [...] Y nos gustó la zona, muy tranquila".
En cuanto a la infraestructura, si bien el agua es de pozo y las cloacas todavía "no llegaron", confían en que de a poco el barrio irá creciendo: "Al extenderse el centro, se irá asfaltando, habrá luz, agua, todos los servicios hasta que se valoriza más". Para la pareja ese terreno materializaba su sueño: "Invertir en nosotros, era nuestro. Vos decís: WOW, tenemos algo nuestro". Tener una casa propia e independiente del entorno familiar de origen representaba el modelo ideal para la vida en familia: "¿Cómo es el dicho? 'El casado casa quiere'", repite el joven.
Yo quería mi terreno. Ya había conseguido lo que era recibirme y tener una fuente de trabajo. Y no, yo ya quería mi casa porque [en] tu casa. yo decia, vos podés hacer lo que querés. Si querés plantar acá, hacer un hueco y vos podés hacer un hueco acá y era tuyo. Y nadie te puede decir nada. [.] Ahi [en casa de la suegra] la convivencia es rara, o sea, es complicado con el dueño de la casa. Porque vos como dueño de tu casa vas a querer, no sé. tenés un perro, decis: "No, mi perro es lo primero, mi perro come primero y [...]". No, yo quiero comer primero yo. O por ahí yo llegaba de trabajar y ponia música. Era como medio chocante. [...] (Marcelo, 27 años, GBA).
En relación con el acceso a la propiedad, el principal mecanismo es la autoconstrucción en un terreno adquirido bajo condiciones de irregularidad de tenencia, lo cual se registró entre aquellos jóvenes con empleos formales. Los testimonios de estos jóvenes sugieren que el carácter estabilizador de la propiedad persiste incluso cuando se trata de una tenencia irregular, lo que supone una incertidumbre respecto a los derechos de uso y propiedad.
Si bien 'tener los papeles' y formalizar la tenencia del terreno es un aspecto considerado por estos jóvenes, en sus relatos no lo advertimos como un condicionante. En este marco, dedican su esfuerzo y su trabajo para afrontar la deficiencia de los aspectos constructivos, y la ausencia o la baja calidad de los servicios públicos y de la infraestructura urbana básica en general. En ocasiones, con el apoyo de organizaciones sociales, hacen de este 'asunto individual' una cuestión pública de garantizar un derecho.
Otros jóvenes entrevistados, que no contaban con la ayuda familiar y emprendieron la salida sin pareja ni hijos/ as, lograron armarse un 'espacio afuera' alquilando una pieza en una casa de familia o conventillo. Según indica una joven entrevistada (Gabriela, 24 años, GBA), lo primero que imaginó fue alquilar un departamento cerca de la estación de Moreno, pero en seguida desistió: "Yo quería un depto [departamento], un monoambiente. algo cómodo. Traté de buscar lo más económico, pensaba en la facultad y en el trabajo que no me quede lejos. Quería en el centro de Moreno, pero era carisimo". Además del precio de los alquileres, esta joven tenía dificultades para cumplir con los requisitos exigidos por los propietarios e inmobiliarias: no solo no tenía un recibo de sueldo, sino que tampoco contaba con el apoyo familiar para presentar la garantía.
Finalmente, alquiló una 'pieza' a diez cuadras de su casa de origen: "Parece un departamento, pero ni tanto, tiene un dormitorio chiquito, un comedor chiquito, el baño privado y la cocina, pero cero muebles. Está vacío, vacío". La pieza había sido construida por una pareja de personas mayores en el terreno que tenían detrás de su casa; además de Gabriela, la pieza de al lado está alquilada por una familia joven. Sin contrato mediante, para ingresar tuvo que pagar un depósito y dos meses de alquiler por adelantado; adicionalmente, paga el cable, la luz y el gas, gastos que dividen entre todos.
La modalidad 'espacio afuera' es jerarquizada respecto del 'espacio aparte' por la mayor distancia física respecto de la familia de origen y, en ocasiones, también por la posibilidad de modificar la inscripción territorial. En rigor, tanto el 'espacio adentro' como el 'espacio aparte' involucran una reproducción de la "posición residencial"10 (Bourdieu, 1999) de origen que no siempre representa un beneficio para los y las jóvenes de sectores populares, en particular para quienes habitan en villas.
Así, por ejemplo, aunque tenían la posibilidad de construir una 'pieza aparte' en la vivienda parental, localizada en una villa de la ciudad, un joven y su pareja prefirieron alquilar un departamento en un barrio al sur de la CABA. En las historias de otros jóvenes también aparece el deseo de hacer de la transición residencial una oportunidad para cambiar la localización dentro de la ciudad. Tal como han advertido otros estudios (Chaves & Segura, 2015), se trata de espacios donde el estigma territorial recae con más fuerza y reduce sus perspectivas de accesibilidad y circulación por el espacio urbano.
Ya sea 'adentro', 'aparte' o 'afuera', estos jóvenes utilizan la expresión "vivir aparte" para referir al proceso de salida del hogar de origen y enfatizar la construcción de una distancia física y doméstica con la familia de origen. A su vez, destacan entre sus aspiraciones habitacionales el ideal de la 'casa completa'. Esta categoria nativa alude a las caracteristicas arquitectónicas de la denominada 'vivienda moderna', definida en función de la incorporación de servicios públicos (electricidad, cañerias de agua y cloacas, entre otros) y el equipamiento especifico (baño y cocina en el interior de la unidad), al igual que por la diferenciación espacial de las funciones de la vida doméstica. De este modo, utilizan el término 'casa completa' para diferenciarla de la 'pieza' que, aunque tiene una puerta independiente, se caracteriza por el hecho de que el baño está afuera, no siempre cuenta con una cocina propia y no permite separar las actividades entre los miembros de la familia.
En este sentido, sus expectativas residenciales reflejan la búsqueda de mayor intimidad individual dentro de la vida familiar, aun cuando en contextos de escasez de recursos la arquitectura de la casa no siempre lo haga posible. "Uno quiere lo suyo [...] O sea, hasta un tiempo, bueno, uno tolera, pero después se cansa. Querés lo tuyo. Es tranquilidad", expresa una de las jóvenes (Jésica, 28 años). "Uno quiere su espacio [...] Ahí está la teoria de 'el casado casa quiere'; y si, casa quiere porque quiere su espacio, quiere su privacidad", dice otro joven (Marcelo, 27 años, GBA). Una entrevistada recuerda la recomendación que su suegra le hacia a su pareja cuando ellos peleaban: "Ella necesita su casa, su comodidad, su espacio" (Angie, 25 años, CABA).
En la 'pieza', el ambiente hogareño no reconoce usos diferenciados; en un mismo espacio se superponen múltiples actividades como las comidas diarias, las discusiones y peleas de los adultos, las actividades de esparcimiento y las tareas escolares de los hijos. La falta de privacidad deviene en conflictos permanentes en la vida cotidiana de las familias. Al confluir diversas actividades en un mismo recinto, unos quedan supeditados a otros: en general, los niños a los adultos y las mujeres a los varones.
Para estos jóvenes de sectores populares, dejar de compartir y separar las actividades hogareñas, asi como contar con un baño y una cocina dentro de la vivienda, constituyen aspiraciones a las que orientan recursos, esfuerzo y trabajo, sobre todo cuando el protagonista es un grupo familiar. A diferencia de ese único ambiente multifuncional, la 'casa completa' cuenta con una habitación para la pareja y otra para los hijos, living-comedor, cocina y baño propio. En general, cuando son dueños del terreno, la vivienda se va armando de manera progresiva, según sus posibilidades, en función de las necesidades de privacidad familiar.
En su conjunto, los espacios 'adentro', 'aparte' y 'afuera' indican gradaciones en las experiencias de los y las jóvenes de sectores populares desde una menor hacia una mayor independencia habitacional respecto de la vivienda parental. Así mismo, aunque no condiciona la formación de un hogar propio, la neolocalidad es una forma deseable del habitar, hacia la cual los y las jóvenes orientan sus recursos económicos.
Principal referente de sus horizontes habitacionales, el ideal de "el casado casa quiere", expresión recurrente en las entrevistas, encarna el deseo de privacidad e intimidad que distingue al modelo de familia neolocal, aunque no siempre se haya pasado por el registro civil, la casa a veces sea una pieza y la propiedad sea con frecuencia de tenencia informal. De acuerdo con las experiencias relatadas, la neolocalidad se logra cuando se habita un 'espacio aparte' o un 'espacio afuera', en tanto estas modalidades consiguen satisfacer los deseos de privacidad e intimidad familiar.
El proceso de salida del hogar de origen y formación de un hogar propio adquiere relevancia entre los y las jóvenes de generaciones recientes porque viven su juventud en un momento histórico en el que han empeorado de forma significativa las condiciones de acceso a una vivienda digna en el AMBA. Algunos de los elementos que contribuyen a explicar esta problemática son el aumento del precio de los inmuebles, la restricción de los créditos hipotecarios y el incremento del costo de los alquileres, en un contexto de desregulación del mercado inmobiliario. Bajo estas coordenadas, dejar el hogar parental para formar un hogar propio se presentaba, a priori, como una utopía para los y las jóvenes de estratos bajos.
Sin embargo, al indagar los modos propios de nombrar y significar las experiencias habitacionales, hemos podido reconocer formas de experimentar la transición residencial que serían invisibilizadas desde el supuesto de la neolocalidad, que asocia un nuevo hogar con el cambio de residencia. Las historias indagadas muestran que la vivienda independiente -o 'espacio afuera'- es solo una de las formas que puede asumir el espacio propio y, en rigor, la menos frecuente.
Tal como evidencian las modalidades 'espacio adentro' y 'espacio aparte', los y las jóvenes de estratos bajos logran construir un espacio propio a través de los usos y apropiaciones que hacen de los espacios habitados. Así, la vivienda parental, con disponibilidad de terreno y una arquitectura maleable, es el recurso por excelencia que estos jóvenes emplean para conquistar un lugar propio.
En este sentido, aunque configuran las expectativas residenciales de los y las jóvenes de estratos bajos, el modelo de familia neolocal y el anhelo de la 'casa completa' -con diferenciación de ambientes, baño y cocina independientes- no limitan sus opciones habitacionales. En este contexto económico y cultural, los espacios 'adentro' o 'aparte', ya sea como pieza o 'casa completa', constituyen estrategias válidas para trazar fronteras y delimitar áreas de intimidad y privacidad, en las cuales desarrollar una vida doméstica propia. Estos esfuerzos por trazar fronteras y esbozar zonas propias ilustran las peripecias de estos jóvenes en sus búsquedas de autonomia. Jóvenes hacedores que van construyendo espacios que los construyen y delineando un horizonte de múltiples independencias posibles.
Así, los hallazgos presentados en este artículo revelan el deseo juvenil de construir independencia residencial, de conquistar un lugar propio, donde armar una vida doméstica propia. Sin embargo, las carencias y características diferenciales de estos espacios -en cuanto a calidad, servicios, entorno inmediato, localización relativa y forma de tenencia- ponen de relieve la necesidad de políticas públicas destinadas a mejorar las condiciones de acceso a una vivienda digna para este sector.
Aunque reconocemos formas alternativas de armarse un lugar, lo cierto es que la construcción de un proyecto de vida requiere de espacios de privacidad e intimidad que no siempre están garantizadas cuando se conquista un 'espacio adentro' o 'espacio aparte'. De alguna manera, los relatos evidencian un deseo latente de independencia juvenil que espéra ser enunciado y escuchado por la política pública.
ACIJ, CELS, CEUR-CONICET, EIDAES, & IGEO-UBA. (2023). El alquiler de piezas en hoteles-pensión y conventillos en la ciudad de Buenos Aires: situación socioeconómica y habitacional. Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).
ACIJ, CELS, CEUR-CONICET, EIDAES, & IGEO-UBA 2023El alquiler de piezas en hoteles-pensión y conventillos en la ciudad de Buenos Aires: situación socioeconómica y habitacionalAsociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ)
Arancibia, M. (2017). Trayectorias habitacionales de las y los jóvenes: construir un hogar propio en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre 1999 y 2013. Última Década, (44), 171-193.
M. Arancibia 2017Trayectorias habitacionales de las y los jóvenes: construir un hogar propio en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre 1999 y 2013Última Década44171193
Arancibia, M., & Miranda, A. (2021). Trabajar en la intersección entre juventudes, pobrezas persistentes y violencias cotidianas. En A. Miranda, F. Carcar & C. Fainstein, Sobre esquinas y puentes: juventudes urbanas, pobreza persistente y estrategias productivas comunitarias (pp. 25-52). Flacso Argentina.
M. Arancibia A. Miranda 2021Trabajar en la intersección entre juventudes, pobrezas persistentes y violencias cotidianas A. Miranda F. Carcar C. Fainstein Sobre esquinas y puentes: juventudes urbanas, pobreza persistente y estrategias productivas comunitarias2552Flacso Argentina
Baer, L., & Di Giovambattista, A. P. (2018). Nuevas condiciones de acceso residencial en la ciudad de Buenos Aires: el impacto del crédito y la macroeconomia en el mercado de compraventa y alquiler de vivienda formal. Voces en el Fénix, (71), 1-8.
L. Baer A. P. Di Giovambattista 2018Nuevas condiciones de acceso residencial en la ciudad de Buenos Aires: el impacto del crédito y la macroeconomia en el mercado de compraventa y alquiler de vivienda formalVoces en el Fénix7118
Baer, L., & Kauw, M. (2016). Mercado inmobiliario y acceso a la vivienda formal en la ciudad de Buenos Aires, y su contexto metropolitano, entre 2003 y 2013. EURE, 42(126).
L. Baer M. Kauw 2016Mercado inmobiliario y acceso a la vivienda formal en la ciudad de Buenos Aires, y su contexto metropolitano, entre 2003 y 2013EURE42126
Bonvalet, C., & Dureau, F. (2002). Los modos de habitar: decisiones condicionadas. En F. Dureau, V. Dupont, E. Leliévre, J. P. Lévy & T. Lulle, Metrópolis en movimiento: una comparación internacional (pp. 69-87). Alfaomega.
C. Bonvalet F. Dureau 2002Los modos de habitar: decisiones condicionadas F. Dureau V. DupontE. LeliévreJ. P. Lévy T. Lulle Metrópolis en movimiento: una comparación internacional6987Alfaomega
Busso, M., & Pérez, P. (2019). El velo meritocrático: inequidades en la inserción laboral de jóvenes durante el gobierno de Cambiemos. RevIISE, 13(13), 133-145.
M. Busso P. Pérez 2019El velo meritocrático: inequidades en la inserción laboral de jóvenes durante el gobierno de CambiemosRevIISE1313133145
Casal, J., Garcia, M., Merino, R., & Quesada, M. Á. (2006). Aportaciones teóricas y metodológicas a la sociologia de la juventud desde la perspectiva de la transición. Papers, Revista de Sociología, 79(798), 21-48.
J. Casal M. Garcia R. Merino M. Á. Quesada 2006Aportaciones teóricas y metodológicas a la sociologia de la juventud desde la perspectiva de la transiciónPapers, Revista de Sociología797982148
Comas, G., & Márquez, A. (2017). Estrategias residenciales y trayectorias laborales: el acceso a la vivienda en un barrio popular consolidado de la periferia del Área Metropolitana de Buenos Aires. Pampa, 16, 111-140.
G. Comas A. Márquez 2017Estrategias residenciales y trayectorias laborales: el acceso a la vivienda en un barrio popular consolidado de la periferia del Área Metropolitana de Buenos AiresPampa16111140
Corica, A., Freytes Frey, A., & Miranda, A. (2018). Entre la educación y el trabajo: la construcción cotidiana de las desigualdades juveniles en América Latina. Clacso.
A. Corica A. Freytes Frey A. Miranda 2018Entre la educación y el trabajo: la construcción cotidiana de las desigualdades juveniles en América LatinaClacso
Cravino, M. C. (2012). Habitar nuevos barrios de interés social en el Área Metropolitana de Buenos Aires: el espacio construido por el Estado y vivido por los vecinos. En Dimensiones del hábitat popular latinoamericano (pp. 101-120). Clacso.
M. C. Cravino 2012Habitar nuevos barrios de interés social en el Área Metropolitana de Buenos Aires: el espacio construido por el Estado y vivido por los vecinosDimensiones del hábitat popular latinoamericano101120Clacso
Cravino, M. C. (2016). Desigualdad urbana, inseguridad y vida cotidiana en asentamientos informales del Área Metropolitana de Buenos Aires. Etnografías Contemporáneas, 2(3), 56-83.
M. C. Cravino 2016Desigualdad urbana, inseguridad y vida cotidiana en asentamientos informales del Área Metropolitana de Buenos AiresEtnografías Contemporáneas235683
Del Rio, J. P. (2016). Tensiones entre hipoteca, suelo y politica urbana: el caso del Pro.Cre.Ar en el partido de La Plata, provincia de Buenos Aires. Estudios Socioterritoriales, Revista de Geografía, (19), 135-151.
J. P. Del Rio 2016Tensiones entre hipoteca, suelo y politica urbana: el caso del Pro.Cre.Ar en el partido de La Plata, provincia de Buenos AiresEstudios Socioterritoriales, Revista de Geografía19135151
Di Virgilio, M. M., Brikman, D., & Najman, M. (2020). Los conflictos por el acceso a la vivienda en la era PRO en la ciudad de Buenos Aires: hitos contemporáneos en una tradición de más de un siglo. Revista Estado y Políticas Públicas, 15, 135-114.
M. M. Di Virgilio D. Brikman M. Najman 2020Los conflictos por el acceso a la vivienda en la era PRO en la ciudad de Buenos Aires: hitos contemporáneos en una tradición de más de un sigloRevista Estado y Políticas Públicas15135114
Di Virgilio, M. M., & Gil y de Anso, M. M. (2012). Estrategias habitacionales de familias de sectores populares y medios residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Revista de Estudios Sociales, (44), 158-170.
M. M. Di Virgilio Gil M. M. de Anso 2012Estrategias habitacionales de familias de sectores populares y medios residentes en el Área Metropolitana de Buenos AiresRevista de Estudios Sociales44158170
Felice, M. (2018). Experiencias de formación de un hogar propio en jóvenes de estratos medios de la ciudad de Buenos Aires. Población & Sociedad, 25(1), 45-74.
M. Felice 2018Experiencias de formación de un hogar propio en jóvenes de estratos medios de la ciudad de Buenos AiresPoblación & Sociedad2514574
Ferraris, S., & Martinez Salgado, M. (2015). Entre la escuela y el trabajo: el tránsito a la vida adulta de los jóvenes en la ciudad de Buenos Aires y el Distrito Federal. Estudios Demográficos y Urbanos, 30(2), 405-431.
S. Ferraris M. Martinez Salgado 2015Entre la escuela y el trabajo: el tránsito a la vida adulta de los jóvenes en la ciudad de Buenos Aires y el Distrito FederalEstudios Demográficos y Urbanos302405431
Longo, J., & Busso, M. (2017). Precariedades: sus heterogeneidades e implicancias en el empleo de los jóvenes en Argentina. Revista Estudios del Trabajo, 53, 1-27.
J. Longo M. Busso 2017Precariedades: sus heterogeneidades e implicancias en el empleo de los jóvenes en ArgentinaRevista Estudios del Trabajo53127
Reese, E. (2021). Alquilar como forma de acceso a la vivienda: exigencias para el desarrollo de una politica habitacional diversificada. En D. Gargantini, La vivienda de alquiler como opción para habitar (pp. 139-150). Café de las Ciudades.
E. Reese 2021Alquilar como forma de acceso a la vivienda: exigencias para el desarrollo de una politica habitacional diversificada D. Gargantini La vivienda de alquiler como opción para habitar139150Café de las Ciudades
Rodriguez, M. C., Rodriguez, M. F., & Zapata, M. C. (2018). Mercantilización y expansión de la inquilinización informal en villas de Buenos Aires, Argentina. Revista INVI, 34(93), 125-150.
M. C. Rodriguez M. F. Rodriguez M. C. Zapata 2018Mercantilización y expansión de la inquilinización informal en villas de Buenos AiresArgentinaRevista INVI3493125150
Rosa, P., & Toscani, M. P. (2021). Habitantes intermitentes, entre la calle y el hotel-pensión: nuevas aproximaciones a una vieja problemática en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Revista Colombiana de Sociología, 43(2), 23-44.
P. Rosa M. P. Toscani 2021Habitantes intermitentes, entre la calle y el hotel-pensión: nuevas aproximaciones a una vieja problemática en la Ciudad Autónoma de Buenos AiresRevista Colombiana de Sociología4322344
Semán, P., & Ferraudi Curto, C. (2016). Los sectores populares. En G. Kessler (Comp.), La sociedad argentina hoy: radiografía de una nueva estructura (pp. 141-162). Siglo XXI Editores.
P. Semán C. Ferraudi Curto 2016Los sectores populares G. Kessler La sociedad argentina hoy: radiografía de una nueva estructura141162Siglo XXI Editores
Teyssot, G. (1988). Lo social contra lo doméstico: la cultura de la casa en los últimos dos siglos. El Espacio Privado, Monografías de Arquitectura y Vivienda, (14).
G. Teyssot 1988Lo social contra lo doméstico: la cultura de la casa en los últimos dos siglosEl Espacio Privado, Monografías de Arquitectura y Vivienda14
Toscani, M. P. (2023). Estar en riesgo de situación de calle: inquilines precaries de hoteles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cuestión Urbana, (13), 107-121.
M. P. Toscani 2023Estar en riesgo de situación de calle: inquilines precaries de hoteles en la Ciudad Autónoma de Buenos AiresCuestión Urbana13107121
[1]Por Conurbano Bonaerense se alude al conjunto de partidos del Gran Buenos Aires (GBÁ), compuesto por 24 municipios que rodean a la ciudad de Buenos Aires: Almirante Brown, Avellaneda, Berisso, Berazategui, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, La Plata, Lanús, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo y Moreno. Para un análisis en profundidad del Gran Buenos Aires, véaseKessler (2015).
[2]Los hoteles-pensión y conventillos son una de las formas del hábitat popular en la CABA, que se caracteriza por la subdivisión de inmuebles en pequeñas habitaciones (entre 5 y 30) para su alquiler. El baño y la cocina suelen ser servicios compartidos, aunque algunas habitacionales pueden contar con baño privado o anafe para cocinar. Se trata de un parque habitacional construido a fines del siglo XIX y principios del xx, puesto que, en rigor, el hotel-pensión surge como una adaptación de antiguos conventillos e inquilinatos. Esta modalidad se caracteriza por la precariedad habitacional, la incertidumbre y la falta de protección jurídica, ya que, además de las condiciones edilicias deterioradas y el escaso mantenimiento, se encuentran regulados por la ley hotelera, lo que oculta la relación de alquiler que sucede en los hechos (Rosa & Toscani, 2021). Para profundizar sobre este tipo de hábitat popular, véase el informe deACIJ et al. (2023).
[3]Se trata de una investigación realizada en el marco de la tesis de Doctorado en Sociología, Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (EIDAES), Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) (Buenos Aires, Argentina). La investigación fue financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) entre 2013 y 2018, y actualmente continúa en el Instituto de Cultura Popular de la Universidad Nacional del Oeste.
[4]La cuestión de las transiciones juveniles remite al proceso a través del cual los individuos van adquiriendo mayor autonomía en distintos ámbitos de la vida social. La "sociología de la transición" define la juventud como un "tramo dentro de la biografía, que va desde la emergencia de la pubertad física hasta la adquisición de la emancipación familiar plena" (Casal et al., 2006, p. 28).
[5]A modo ilustrativo, de acuerdo con la investigación deBaer y Di Giovambattista (2018), entre 2015 y 2018, en la CABA creció la cantidad de ingresos medios en dólares requeridos para adquirir un m 2 de una vivienda de dos ambientes para estrenar. Mientras en 2015 se requerían 1,96, 2 y 1,6 ingresos medios para adquirir un m 2 en los barrios de Belgrano, Palermo y Villa Urquiza, respectivamente, en los primeros meses de 2018 se necesitaban 3,24, 3,07 y 2,58. La dificultad de adquirir una vivienda en el mercado formal ha tenido un correlato en el incremento de los inquilinos. Durante las últimas dos décadas, en la CABA se registra un "proceso de inquilinización" de los hogares, acompañado por una reducción del porcentaje de propietarios (Rodríguez et al., 2018). Según datos de los censos 2001 y 2022, mientras en 2001 alrededor del 68 % de los hogares de la CABA eran propietarios de la vivienda en que habitaban, y solo un 22 % eran inquilinos; en 2022 la cantidad de propietarios disminuyó hasta el 52,9 % y la proporción de hogares que alquilan la vivienda aumentó al 36 %. Para profundizar sobre las condiciones de acceso a la vivienda en la CABA, véase el informe deACIJ (2024).
[6]En relación con las políticas habitacionales, cabe advertir que una de las principales limitaciones que enfrentan, sobre todo en la CABA, radica en la escasez y el elevado precio del suelo urbano (Baer & Kauw, 2016;Del Río, 2016;Zapata, 2017).
[7]Desde la demografía, este fenómeno ha sido visibilizado con la categoría 'familias ocultas', que refiere a los núcleos familiares secundarios que cohabitan con el núcleo familiar primario, el cual contiene al jefe/a de ese hogar (Torrado, 2003).
[8]Nos referimos a la perspectiva de la sociología de la transición, desde la cual se sostiene que "como en nuestro contexto histórico [la emancipación familiar plena] pasa por el cambio domiciliario respecto a la familia parental o de origen (dimensión neolocal), la juventud no es otra cosa que un proceso social de autonomía y emancipación familiar plena, que concluye con el acceso a un domicilio propio e independiente" (Casal et al., 2006, p. 28).
[9]Siguiendo aBenza (2016)y aSemán y Ferraudi Curto (2016), los "estratos bajos" se caracterizan por sus niveles bajos y medios-bajos de instrucción, así como por el tipo de ocupaciones desempeñadas en el mercado laboral, entre las cuales se incluyen trabajadores manuales calificados (asalariados y trabajadores por cuenta propia con oficio) y trabajadores manuales no calificados y marginales (asalariados no calificados, trabajadores marginales y beneficiarios de planes sociales).
[10]SegúnBourdieu (1999), la localización puede describirse como la "posición residencial", es decir, como el punto en el espacio físico en el que un agente está situado con relación a las jerarquías urbanas. Esta "posición residencial" está íntimamente ligada a la posición que los agentes ocupan en el espacio social.Bourdieu (1999, p. 120) afirma que "la posición de un agente en el espacio social se refleja en el lugar del espacio físico en el que se ubica".
[11] Felice, M. (2025). "Vivir aparte": experiencias habitacionales de jóvenes de estratos bajos en el Área - Metropolitana de Buenos Aires. Territorios, (52), 1-20. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14483