10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14281

Sección General


La cultura como motivo de transformación urbana.
Eventos, paisajes e imágenes en Rosario a comienzos del siglo XXI

Culture as a Motif for Urban Transformation.
Events, Landscapes, and Images in Rosario at the beginning of the 21st Century

A cultura como motivo de transformação urbana.
Eventos, paisagens e imagens em Rosario no início do século 21


Sebastián Godoy 1
Diego Roldán 2

1 Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (ECH),
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),
Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina.
sebasgodoy13@gmail.com
0000-0002-6766-8393

2 Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (ECH),
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),
Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina
diegrol@hotmail.com
0000-0002-2223-8904


Recibido: 13 de marzo de 2024
Aprobado: 1 de abril de 2025


Para citar este artículo: Godoy, S., & Roldán, D. (2025). La cultura como motivo de transformación urbana. Eventos, paisajes e imágenes en Rosario a comienzos del siglo XXI. Territorios, (53), 1-30. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.14281



RESUMEN

Los eventos culturales constituyen modalidades de regeneración y promoción económica de las ciudades postindustriales. Los espacios configurados por dichos eventos pueden analizarse mediante la categoría de paisaje, entendida como la estabilización relativa de relaciones espaciales circunstanciales. El presente artículo procura explorar los vínculos entre eventos culturales, paisajes urbanos y modelos de ciudad, a través del estudio del caso del III Congreso Internacional de la Lengua Española (III CILE), celebrado en la ciudad de Rosario en 2004. El trabajo reconstruye las condiciones de posibilidad, analiza los paisajes y explora las imágenes de ciudad del evento. Se emplea una metodología cualitativa que triangula fuentes periodísticas, documentos oficiales y entrevistas. Se concluye que, con un motivo cultural, el III CILE cohesionó una valorización selectiva y una reformulación de Rosario hacia una economía de servicios centrada en la experiencia urbana.

Palabras clave: Eventos culturales; paisaje urbano; patrimonio urbano; economía urbana; imagen de ciudad;Argentina.


ABSTRACT

Cultural events constitute modalities of regeneration and economic promotion of post-industrial cities. The spaces configured by such events can be analyzed through the category of landscape, defined as the relative stabilization of circumstantial spatial relationships. This article explores the links between cultural events, urban landscapes, and city models through the case study of the III Congreso Internacional de la Lengua Española (III CILE), held in the city of Rosario in 2004. The work analyzes the event's conditions of possibility, landscapes, and city images. It uses a qualitative methodology that triangulates journalistic sources, official documents, and interviews. It is concluded that, with a cultural motive, III CILE coheres to a selective valorization and a reformulation of Rosario towards a service economy focused on urban experience.

Keywords: Cultural events; urban landscape; urban heritage; urban economy; city image; Argentina.


RESUMO

Os eventos culturais constituem modalidades de regeneração e promoção económica em cidades pós-industriais. Os espaços moldados por esses eventos podem ser analisados por meio da categoria de paisagem, entendida como a estabilização relativa de relações espaciais circunstanciais. Este artigo busca explorar os vínculos entre eventos culturais, paisagens urbanas e modelos de cidade, por meio do estudo de caso do III Congreso Internacional de la Lengua Española (III CILE), realizado na cidade de Rosario, Argentina, em 2004. O artigo reconstrói as condições de possibilidade, analisa as paisagens configuradas e explora as imagens da cidade do evento. Adota-se uma metodologia qualitativa, que triangula fontes jornalísticas, documentos oficiais e entrevistas. Conclui-se que, tendo como mote um evento cultural, o III CILE promoveu uma valorização seletiva e uma reformulação da imagem de Rosario, orientadas a uma economia de serviços centrada na experiência urbana.

Palavras-chave: Eventos culturais; paisagem urbana; patrimônio urbano; economia urbana; imagem da cidade; Argentina.


Introducción

Los eventos de escala urbana y de alcance internacional ofrecen un observatorio particular de las transformaciones de las ciudades contemporáneas. En su carácter de acontecimientos que afectan espacialidades, permiten interrogar los espaciotiempos de las formulaciones urbanas. Estos eventos conforman experiencias organizadas con una duración determinada y una espacialidad itinerante que generan diversos impactos en el entorno urbano que adoptan como sede (Müller, 2015). Cuando asumen dimensiones significativas, pueden modificar la morfología y la dinámica de las ciudades. Por un lado, las urbes anfitrionas se vuelven objeto de reformas infraestructurales, edilicias y de embellecimiento. Por otro, los procesos urbanos son afectados por la atracción de turistas y capitales, y la elaboración de imágenes y modelos de ciudad (Harvey, 1989; Degen & García, 2012).

Los grandes eventos constituyen acontecimientos culturales que, como los arquetípicos casos de las Exposiciones Universales y los Juegos Olímpicos, se articulan en torno al ocio, la recreación y el intercambio comercial (Roche, 2000). Sin embargo, el carácter cultural de tales acontecimientos no se agota en su énfasis experiencial ni en sus ensamblajes significantes con relación al espacio y las prácticas allí desarrolladas (Godoy, 2021a). Los eventos vehiculizan una tendencia que, desde hace 50 años, coloca a la cultura en el centro de una estrategia de reconfiguración y de promoción económica de las urbes (García, 2008). En el marco de la reconversión de las ciudades industriales hacia las economías de servicios, lo cultural se posicionó como motivo y eje articulador de proyectos de revitalización y valorización urbana. Comenzando por las regeneraciones distritales de tipo artístico en Estados Unidos (Zukin, 1982) y continuando por las Capitales Europeas de la Cultura (Liu, 2012), distintas experiencias redefinieron los vínculos entre cultura, economía y ciudad en entornos postindustriales.

En ese contexto, los eventos definidos específicamente como culturales se posicionaron como oportunidades para el desarrollo urbano, la atracción de ca­pitales y turistas, y el mejoramiento de la imagen de ciudad (Richards & Wilson, 2004; Quinn, 2009). Tales eventos seleccionan, compilan y estructuran diversos elementos asociados a la cultura de determinada comunidad o territorio, a la que vuelven parte de una economía simbólica que sintetiza imagen y producto urbano (Zukin, 2000; Bayardo, 2013). Al dedicarse al difuso e inespecífico universo de "lo cultural", esas instancias facilitan la experimentación con variados modelos de gestión urbana.

Los eventos culturales promueven la patrimonialización de determinadas materialidades y atributos inmateriales de las ciudades. Este proceso implica la producción del patrimonio mediante el inventariado, la marcación y la intervención sobre elementos urbanos a los que agentes políticos y económicos clave les asignan valores históricos, estéticos e identitarios específicos (Heinich, 2011; Roigé et al., 2014). Por un lado, los eventos inciden en el reconocimiento y la inflación del patrimonio material, movilizando la restauración de edificaciones patrimoniales en uso y adjudicando nuevas funciones a las que se encuentran abandonadas o desafectadas. Por otro, posibilitan la activación del patrimonio cultural inmaterial (Jones, 2016) y promueven la festivalización como herramienta de regeneración urbana (Lorentzen, 2009). Finalmente, los eventos culturales operan como condensadores de sentido que hacen legibles las transformaciones de las ciudades (Ponzini, 2021).

Si bien el impacto de los eventos suele ser calibrado en términos de su legado material (Jones & Ponzini, 2018), este trabajo ensaya una aproximación hacia un espectro de efectos espaciotemporales que varía en sus profundidades e implicancias. Para ello, se propone un análisis de los eventos culturales a través de la categoría de paisaje. Más allá de su identificación con la percepción visual (Cosgrove, 2002) y la atribución de valores estéticos y culturales (Sabaté, 2010), la noción de paisaje posibilita trascender las supervivencias materiales y reflexionar sobre los aspectos relacionales de los espacios afectados por los eventos (Reboratti, 2011; Zusman, 2008). A diferencia del enfoque cartográfico, centrado en la distribución cenital de los objetos, la perspectiva horizontal de los paisajes se construye a partir de la superposición de diversos elementos (Torricelli, 1998). Varios autores definen al paisaje como una configuración espacial transitoria y mutable que, mediada por prácticas y representaciones culturales, enlaza una heterogeneidad de componentes morfológicos, sociales y simbólicos (Martínez, 2007; Maderuelo, 2008; Loza, 2023). Así, la categoría de paisaje captura relaciones espaciales en su interpenetración coyuntural (Lefebvre, 2013) y se vuelve apropiada para complejizar el análisis de las vinculaciones entre eventos y espacios.

Los paisajes resultantes de los eventos culturales constituyen los emergentes espaciales de la estabilización relativa de diversos elementos y procesos urbanos inducidos, de forma directa, o afectados, indirectamente, por tales acontecimientos. Esos encapsulamientos superponen y hacen reverberar intervenciones puntuales entre sí, fenómeno que dialoga con la tendencia del planeamiento urbano hacia el encadenamiento de proyectos focalizados (Ward, 2012). De manera general, la objetivación espaciotemporal (Harvey, 1990) de un evento cultural como paisaje concatena reformas materiales de distintas durabilidades, alteraciones efímeras, movilidades urbanas, prácticas y significaciones socioespaciales.

El presente artículo se centra en el caso del III Congreso Internacional de la Lengua Española (III CILE), cuya sede fue Rosario, la segunda ciudad costera de Argentina. Celebrado en 2004, el evento representó un punto de inflexión en la historia reciente de la urbe. Por un lado, funcionó como un clivaje entre la profunda crisis económica de 2001, producto de una década de políticas neoliberales (Pucciarelli, 2011), y una redefinición del modelo de acumulación vinculado a la demanda internacional de commodities agrícolas (Damill et al., 2007). Por otro, acompañó la transición de una ciudad ligada a actividades comerciales, productivas, de transporte y de logística mercantil hacia una urbe signada por la inversión inmobiliaria y la provisión de servicios. En ese sentido, el III CILE orientó una reformulación de la imagen, la fisonomía y las funciones de zonas estratégicas de Rosario con un motivo cultural (Richards & Wilson, 2004), que se articuló a una economía de servicios centrados en la experiencia urbana (Lorentzen, 2009). Bajo la impronta cultural del evento, la concentración espaciotemporal de producción, remodelación, refuncionalización e inauguración de infraestructuras y edificaciones vehiculizó la renovación del área central y costera de Rosario.

En el marco del III CILE, se desplegaron una serie de intervenciones urbanas, agrupadas por este estudio en distintos conjuntos. Cada uno es clasificado como un paisaje urbano específico asociado, directa o indirectamente, al III CILE. En primer lugar, un paisaje céntrico de revitalización patrimonial consistente en la rehabilitación material del casco histórico de la ciudad, que mantuvo las funciones y regímenes de propiedad de las edificaciones intervenidas. Este grupo de reformas tuvo un propósito de restauración y conservación, pero, en los hechos, asumió un carácter escenográfico y de embellecimiento estratégico como paisaje urbano histórico (Ortega, 2021). En segundo lugar, un paisaje fluvial de reconversión patrimonial que transformó la costa central de la urbe en un waterfront (Bruttomesso, 2004), mediante la rehabilitación de estructuras ferroportuarias como dispositivos culturales, gastronómicos y recreativos multifuncionales. Este conjunto representó una fórmula de desarrollo para una zona costera deprimida y una interfaz desafectada, basada en el eslabonamiento de determinados atributos culturales con una economía de servicios de entretenimiento (Stevenson, 2003; Freestone & Gibson, 2006). En tercer lugar, un paisaje de modernización urbana indirectamente asociado al evento, compuesto por infraestructuras de conectividad y de consumo. Allí se listan distintas terminales y vías de transporte, así como centros comerciales resultantes del reciclaje y refuncionalización de antiguas estructuras ferroviarias e industriales para generar experiencias de consumo. En cuarto lugar, un paisaje eventual (Brown et al., 2015) que conectó acontecimientos controlados e intervenciones efímeras. Ese conjunto corresponde a las relaciones espaciales provisorias generadas durante el desarrollo del evento.

El objetivo principal de este trabajo consiste en analizar los paisajes urbanos configurados alrededor del III CILE, que redefinieron los vínculos entre ciudad, cultura y economía en el marco de un novedoso régimen de acumulación. Un objetivo complementario es el escrutinio de las imágenes del evento y sus paisajes que intentaron posicionar a Rosario como ciudad cultural y eje de un resurgimiento económico a escala nacional e iberoamericana. Finalmente, a través del caso analizado, este escrito procura cotejar críticamente las visiones hegemónicas que establecen enlaces virtuosos entre los eventos culturales y las transformaciones urbanas postindustriales con efectos adversos como la fragmentación y la mercantilización de la ciudad y la cultura (Ward, 1998).

La hipótesis plantea que el III CILE permitió experimentar con nuevas modalidades de producción, renovación y gestión del espacio urbano, empleando un motivo cultural para cohesionar la reformulación de Rosario hacia una economía de servicios y consumo de experiencias. Una hipótesis subsidiaria refiere a la imagen de ciudad resultante que, nutrida de una valorización selectiva de determinados espacios y atributos, privilegió las facetas más elogiosas del proceso y desatendió sus efectos negativos.

La metodología se basa en un enfoque histórico sostenido en la construcción y análisis crítico de un corpus de fuentes para precisar los impactos del III CILE en Rosario. En primer lugar, se tomó una muestra de 450 notas periodísticas de medios locales y nacionales. En segundo lugar, se relevaron documentos oficiales consistentes en legislación nacional, normativa municipal, planificación urbana y el portal web de los CILE. En tercer lugar, se realizó una entrevista en profundidad a un funcionario de Cultura del período. Las fuentes fueron reunidas, clasificadas, trianguladas y analizadas, entre 2021 y 2024, en el marco de los proyectos de Carrera de Investigador de los autores. Este corpus habilitó el análisis de las condiciones de posibilidad y la organización del III CILE en Rosario, la yuxtaposición de paisajes producidos o cohesionados por el evento y la construcción de imágenes de ciudad por parte del campo político, periodístico y cultural. El argumento reconstruye la organización del III CILE en Rosario, define los paisajes específicos y analiza las imágenes de ciudad emergentes del evento. Las conclusiones exploran las implicancias del III CILE respecto de las transformaciones urbanas, culturales y económicas de Rosario a comienzos del siglo XXI.

Rosario, sede del evento

Los CILE constituyen eventos culturales de la política lingüística panhispánica, surgidos de la Exposición Universal de Sevilla 1992 (Rizzo, 2016). Fomentados por el Instituto Cervantes, dichos congresos se sistematizaron como foros de reflexión sobre la lengua española y "vertebrador[es] de la comunidad iberoamericana" (Congresos Internacionales de la Lengua Española, s.f.). Los CILE se sistematizaron y alcanzaron recurrencia trienal. Luego de celebrarse en Zacatecas (1997) y en Valladolid (2001), se determinó que su tercera edición tendría lugar en Argentina.

La postulación de Rosario como sede del III CILE contó con distintas condiciones de posibilidad. Primero, las instituciones organizadoras del evento preferían localidades que no fueran capitales. Segundo, Rosario tenía lazos patrimoniales directos con España. Voceros ibéricos consideraban que, "de las ciudades con huella española, ésta es la que tiene [... ] el mejor edificio [de] la colectividad en Argentina", el Parque España (La Capital, 24 de junio del 2003). Tercero, la urbe se benefició de la circulación transatlántica de diplomáticos. Funcionarios clave de cultura y cancillería de España y Argentina tenían vínculos y una "activa participación en la vida cultural" de Rosario (La Capital, 15 de noviembre del 2004, p. 11). Finalmente, ante una posible competencia con Buenos Aires por erigirse en plaza del III CILE, la presión de las asociaciones españolas locales y otros intercambios políticos entre Rosario y España resolvieron la selección de la sede (La Capital, 11 de julio del 2003).

El evento se proyectó para finales de 2004. Bajo la temática de "Identidad lingüística y globalización", se organizó un funcionamiento de tres días, con una ceremonia de apertura, sesiones plenarias alrededor de tres ejes de discusión, mesas redondas, un panel de conclusión y una ceremonia de clausura. Con las presencias confirmadas de los reyes de España, los titulares del Instituto Cervantes y la Real Academia Española (RAE), y los primeros mandatarios de Argentina, México y Colombia, restaba convocar a los invitados al evento.

El alcance del III CILE motivó al gobierno municipal a solicitar apoyo del Estado nacional. La mayor preocupación fue el financiamiento del evento, cuyo costo se estimó en €1 1 700 000. El gobierno argentino expresó que "no estaba en condiciones de aportar fondos directos del Tesoro, pero que se encargaría de conseguir y administrar las donaciones y aportes de los sponsors" (La Capital, 23 de enero del 2004). La imposibilidad del Estado nacional de solventar directamente al III CILE provenía del default declarado en la crisis de 2001, que se prolongó en una recesión económica durante 2002 (Basualdo, 2006).

Mediante el Decreto 802/2003, que prohibía cualquier erogación presupuestaria, el gobierno argentino asumió el rol promotor de otros canales de inversión. El peso de la participación privada fue decisivo. La provincia de Santa Fe solicitó fondos a los empresarios regionales y pidió al Ejecutivo nacional que "interese" a los capitales españoles "para que participen" (Zinna, 2004). De esa forma, la captación de fondos privados involucró a distintos niveles gubernamentales y alcanzó distintas escalas jurisdiccionales.

La inversión pública consistió en $4 000 000 del municipio, $1 000 000 de la provincia y $100 000 de la Nación. Mientras las partidas provinciales y municipales se asignaron a restauraciones patrimoniales, la pequeña erogación del Tesoro Nacional se sumaba a la apertura de una cuenta oficial para recaudar contribuciones de terceros. La composición del resto del presupuesto del evento se repartió entre empresas privadas, como las españolas Repsol, Santander, Endesa, Telefónica y Mapfre, y empresas nacionales, como Techint y Aeropuertos Argentina 2000. Asimismo, instituciones internacionales, como la rae y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), aportaron importantes sumas.

Entre 2003 y 2004, la organización del III CILE se intersectó con la reactivación económica de la región. Luego de la convertibilidad de la década de 1990 y la crisis de 2001, la flotación del tipo de cambio y la demanda internacional de soja marcó un despegue de la exportación de commodities agrícolas y un crecimiento de la actividad agroindustrial (Basualdo, 2006). Hacia mediados de 2004, ese régimen de acumulación supuso una tasa de crecimiento nacional superior al 8 % anual y Rosario canalizó nuevos flujos de capital en lo que empresarios clave consideraron un "período de experimentación poscrisis" (La Capital, 10 de noviembre del 2004, p. 4). En ese marco, una inversión privada de casi $2 500 000 000 se volcó en la provincia de Santa Fe (La Capital, 15 de noviembre del 2004, p. 55) y la sede del III CILE protagonizó un boom inmobiliario. Rosario recibió al evento con el levantamiento de unas 6 000 obras, 180 de las cuales fueron torres en el radio céntrico y costero (La Capital, 1 de agosto del 2004). Pocos meses después, ese núcleo de urbanización en altura fue ampliado con un Gran Proyecto Urbano en la ribera norte.

En suma, mientras los vínculos previos con España posibilitaron la selección de Rosario como anfitriona del III CILE, el contexto histórico del evento configuró un parteaguas entre una crisis y una reactivación económica de la ciudad y la región. Ese momento bisagra determinó una mayor participación de capitales privados en la obra pública y una transferencia de los excedentes de un nuevo modelo agroexportador hacia la densificación y expansión de la planta urbana construida en Rosario. Algunas de las transformaciones urbanas fueron motorizadas por el evento y otras fueron ensambladas a su atmósfera. Según voceros oficiales, se "aprovech[ó] el envión del Congreso" (La Capital, 8 de noviembre del 2004, p. 5) para ponerle "el moño a varias obras que venían prometiéndose" (La Capital, 1 de agosto del 2004). A continuación, se analizan los paisajes del III CILE.

Paisaje Céntrico de Revitalización Patrimonial (PCRP)

Este conjunto, directamente vinculado al funcionamiento del evento, comprende la rehabilitación del centro histórico de la ciudad. Consistió en el acondicionamiento de fachadas, envolventes y algunos interiores de edificios con un valor patrimonial asignado por la Municipalidad de Rosario. Los trabajos de restauración tuvieron un carácter cosmético y mantuvieron las funciones y los regímenes de propiedad preexistentes. La principal intervención tuvo por objeto el teatro El Círculo (ver figura 1), que alojó la apertura, la clausura y algunos plenarios del III CILE. La configuración del PCRP superpuso la celebración de los 100 años del inmueble con su utilización para el evento. La licitación pública de obra privada resultó en un cúmulo de reformas que "no [se] había soñado fuera del marco del Congreso" (La Capital, 15 de noviembre del 2004, p. 14). Los trabajos interiores comprendieron la restitución de distintas texturas y detalles originales de los ambientes. El embellecimiento externo, delimitado como "Entorno patrimonial del teatro El Círculo" (ordenanza n.° 7740/04), involucró obras de iluminación, ornamentación de balcones y adoquinado de las calles linderas. La única intervención modernizadora del inmueble fue la instalación de un sistema de aire acondicionado.

Figura 1. Teatro El Círculo

Fuente: fotografía de Bambi García (2019).


El PCRP también se compuso de la restauración general del tejido urbano del centro histórico. La Secretaría de Planeamiento elaboró un plan de revitalización con base en políticas de proximidad y participación (Annunziata, 2011) que involucró a los propietarios frentistas. Por un lado, se delimitó un Área de Preservación Histórica al que se le asignaron partidas presupuestarias (ordenanza n.° 5278/91) para solventar la rehabilitación de unos 100 inmuebles patrimoniales. Por otro, el gobierno municipal exhortó a "la participación de propietarios de inmuebles [a través de] una Campaña de Concientización [para] estimular la responsabilidad comunitaria en el proceso de revitalización del casco céntrico" (ordenanza n.° 7675/04). De ese modo, "los edificios fueron reciclados, hidrolavados y pintados por un costo de 250 mil pesos [...] asumido en partes iguales por los vecinos y el municipio" (El Ciudadano, 16 de noviembre del 2004, p. 8).

Finalmente, el PCRP incluyó un caso de rehabilitación patrimonial de iniciativa privada. Se trató de la reapertura del bar El Cairo, de 1943, un sitio paradigmático del mundo literario y cultural local. El espacio gastronómico, que se encontraba cerrado desde 2002, fue reacondicionado por nuevos concesionarios para "rescatar [su] memoria colectiva" (La Capital, 26 de noviembre del 2004). La restauración incorporó al nuevo espacio la "historia de modificaciones edilicias [previas] como parte de un antiguo paisaje" (La Capital, 15 de noviembre del 2004, p. 60). Los concesionarios de El Cairo procuraron enlazar su proyecto de reapertura con la agenda del evento: "sueñan con poder inaugurarlo, [hacerlo] resurgir de las cenizas" para el III CILE (La Capital, 7 de noviembre del 2004, p. 7).

En suma, el PCRP concatenó prácticas de demarcación, obras privadas de licitación pública, embellecimiento participativo de fachadas e iniciativas privadas de reapertura de espacios clausurados. La profundidad de las intervenciones fue dispar y su relación fue difusa. Las reformas del teatro El Círculo y el bar El Cairo tuvieron un impacto focalizado y una duración media, mientras la revitalización del tejido urbano tuvo incidencias circunstanciales. El PCRP fue el emergente de una concentración temporal de las obras en el marco del III CILE y la delimitación gubernamental de la zona como paisaje urbano histórico. La Planificación Urbana posterior rescataría "la aplicación de una política activa de preservación histórica" (Plan Urbano Rosario, 2011, p. 160) como legado del evento.

Paisaje Fluvial de Reconversión Patrimonial (PFRP)

Este conjunto, vinculado parcialmente al evento, comprende la renovación de la costa central de Rosario. El pfrp es el emergente de la rehabilitación de estructuras y terrenos ferroportuarios con una multifuncionalidad cultural, recreativa y gastronómica; un proceso que antecede y se solapa con el III CILE. Por el lado de las interfaces rehabilitadas, destaca el Parque de España (ver figura 2). Inaugurado en 1992, con diseño y capitales ibéricos, el espacio constituyó el producto de la transformación de túneles, galerías de embarque y muelles en un complejo paisajístico-cultural (Godoy, 2021b). Representando la condición patrimonial de posibilidad para la selección de Rosario como sede, en 2004 el Parque España fue reacondicionado para la realización de plenarios, paneles y mesas de discusión del III CILE. Las principales reformas comprendieron distintas superficies: las paredes internas, la terraza, la explanada, los senderos y las escalinatas. Como práctica de restauración, se colocó "un piso de hormigón [...] en consonancia con el solado que ya existía alrededor" (La Capital, 3 de agosto del 2004).

Figura 2. Parque de España

Fuente: Centro Cultural Parque de España (2017).


Además, una serie de galpones portuarios, que desde mediados de la década de 1990 cumplían diversas funciones culturales (Godoy, 2021a), se sumaron a la propuesta del III CILE. Lo mismo ocurrió con la Isla de los Inventos, producto de la reconversión de la Estación Rosario Central en un espacio lúdico-pedagógico dedicado a las infancias. Creados entre 1995 y 2003, los espacios culturales fueron refaccionados y aprovisionados en 2004. Según el director de uno de los dispositivos, el III CILE "representó la obtención de una importante cantidad de paneles [y] equipamientos importantes, para estar a la altura del evento" (H., comunicación personal, junio del 2023).

Junto a esas estructuras previamente rehabilitadas, el PFRP superpuso la inauguración de dos dispositivos nuevos. El primero fue el Museo de Arte Contemporáneo (MACRO), instalado en un elevador de granos de los años 1930. Su apertura se integró a la programación oficial del III CILE. A diferencia del bar El Cairo, la coincidencia temporal con el evento fue lamentada por el director del museo: "desluce [...] la inauguración de este hecho central" (El Ciudadano, 17 de noviembre del 2004, p. 6). El segundo dispositivo, la Casa del Tango, constituyó un centro cultural ubicado en un galpón ferroviario del siglo XIX. El proyecto, de 1997, tuvo su apertura en 2004. En contraste con el macro, la Casa del Tango consiguió mayor autonomía en su inauguración, organizada para el Día Nacional del Tango. Distintas esferas de gobierno e instituciones financiaron el grueso de la reconversión ferroportuaria, la parquización del espacio público y la restauración de monumentos y equipamientos colectivos. Asimismo, las concesiones fueron un instrumento fundamental de la renovación costera. Además del desarrollo privado de "sectores destinados al uso público", el régimen preveía la explotación económica temporal y "el mantenimiento integral del predio concesionado" (Concesiones, s.f.). Así, se construyeron playas de estacionamiento y se realizaron refacciones, obras de iluminación y ajardinamientos menores.

El capital privado tuvo mayor protagonismo en los dispositivos gastronómicos. A los históricos clubes de pesca de la barranca, se sumaron distintos emprendimientos. Mientras el macro y la Casa del Tango concesionaron bares junto a sus espacios culturales, en 2004 el proyecto privado "Puerto España" supuso una gran inversión en lo que había sido la primera terminal de trenes de Rosario. El "multiespacio", con un restaurante y un salón para eventos "a la vera del río[,] se transformó en uno de los sectores más cotizados de la ciudad" (La Capital, 5 de agosto del 2004). A ese complejo se agregó un gimnasio vidriado que difería de las reconversiones patrimoniales, al tratarse de una edificación nueva sobre el espacio público.

En líneas generales, PFRP constituyó el emergente de un proceso amplio de renovación de una interfaz ferroportuaria en desuso (Godoy, 2021b). Además de la perspectiva fluvial y la producción de espacios públicos (Roldán, 2023), la especificidad de este paisaje radicó en la asignación de nuevos atributos y funciones a edificaciones patrimoniales (ver figura 3). En el caso de los dispositivos culturales, las inversiones estatales e institucionales tuvieron más peso. Para los espacios gastronómicos y recreativos, un sistema de concesiones permitió la participación privada. El 2004, año del iii cile, constituyó un momento de consolidación del frente costero, celebrado por la prensa: "la conquista de la costa [significó] una transformación tan fabulosa que cambió completamente la fisonomía de la ciudad e incluso modificó hábitos de esparcimiento" (La Capital, 15 de noviembre del 2004, p. 56).

Figura 3. Costa reconvertida (arriba), MACRO y Casa del Tango (abajo)

Fuente: Gyroscope Drone (2021), Wiki Commons (2010) y fotografía propia (2019).


Paisaje de Modernización Urbana (PMU)

El pmu comprende infraestructuras de conectividad, algunas vinculadas al III CILE, y módulos comerciales que solamente coincidieron con el evento en el momento de su inauguración y el aprovechamiento de la recuperación económica regional. En el marco del congreso, con inversión mixta, se reformaron las terminales de transporte terrestre y aéreo. Se remodeló la estación de ómnibus: modernizaron los ingresos, los ambientes, el mobiliario, la iluminación y la cartelería turística. Esa intervención integró políticas participativas, cuando el municipio invitó a "los concesionarios de la estación a que renueven sus locales y [les ofreció] el asesoramiento de un arquitecto" (La Capital, 3 de febrero del 2004). Además, se acondicionó el aeropuerto de Rosario (ver figura 4), que adquirió rango internacional. Se triplicó y dividió funcionalmente su superficie cubierta, montaron sistemas informáticos y de climatización, reestablecieron rutas internacionales y se convocó a "inversores locales [a] operar vuelos a Buenos Aires y Córdoba" (La Capital, 2 de noviembre del 2004, p. 4).

Por su parte, el mejoramiento de las vías de acceso a la ciudad no estuvo relacionado directamente con el III CILE. Cinco kilómetros de la entrada terrestre a Rosario desde Buenos Aires fueron reparados gracias a una millonaria inversión del BID (Zinna, 2004). Asimismo, el Puente Rosario-Victoria (ver figura 4), pieza fundamental del corredor bioceánico de Sudamérica e inaugurado en 2003, fue objeto de intervenciones el año siguiente. Se repavimentó el 80 % de su traza y se reforzaron sus pilares (La Capital, 29 de enero del 2004). Durante el III CILE, la conexión a Victoria la intersectó con otros paisajes, como el paisaje eventual (PE) y el PFRP, al incorporarse a su horizonte litoral y sumar una perspectiva desde el este que lo encuadró como vidriera y puerta de entrada a Rosario.

Figura 4. Puente Rosario-Victoria (arriba) y aeropuerto Rosario (abajo)

Fuente: Wiki Commons (2007, 2013) y Aeropuerto Internacional Rosario "Islas Malvinas" (2024).


El PMU se completó con novedosas infraestructuras para el consumo: dos centros comerciales que arribaron a Rosario en 2004 (ver figura 5). Por un lado, el Portal Rosario Shopping, de capitales chilenos, significó la metamorfosis de una antigua fábrica textil en un "bloque ciego de hormigón de seis pisos de altura" (Caniza, 2004). Por otro, el Alto Rosario Shopping, de capitales argentinos, representó la revitalización patrimonial de los talleres del Ferrocarril Central Argentino y la producción de un gran "patio para eventos culturales" (La Capital, 2 de noviembre del 2004, p. 7). Ambos centros comerciales presentaron varias similitudes. Primero, sus inversiones de más de $120 000 000. Segundo, sus divisiones espaciales: locales comerciales, patios de comida, multicines, hipermercados y estacionamientos. Tercero, la relevancia de Rosario como primera plaza de inversión post-2001 para las respectivas empresas. Cuarto, la compensación de los impactos de su edificación, mediante la realización de obras viales, habitacionales y de parquización en sus entornos. Quinto, que sus impulsores "espera[ron] tener los centros comerciales inaugurados para el congreso" (Rizzotto, 2004). Las diferencias entre los shoppings se manifestaron en su grado de adaptación a las preexistencias materiales sobre las que se emplazaron, siendo mayor en el caso del Alto Rosario y menor en el Portal Rosario.

Figura 5. Alto Rosario Shopping (izquierda) y Portal Rosario Shopping (derecha)

Fuente: IRSA (2004) y Wiki Commons (2004).


A diferencia de los otros paisajes analizados, concentrados en el radio y la costa céntrica (ver figura 6), el PMU se dispuso como una constelación dispersa de localizaciones y vectores (ver figura 7). Si bien esa configuración lo asemeja más a la perspectiva cartográfica que a la del paisaje, el efecto de superposición y estabilización relativa se compone por afinidad tipológica (movilidad y consumo) y de intersección temporal con el III CILE. Mientras las terminales aéreas y terrestres estuvieron directamente ligadas al evento, la reforma de las vías de acceso venía de antes y se aceleró de cara al acontecimiento cultural. En ambos casos, predominó la inversión mixta y las concesiones. En cuanto a los shoppings, de grandes capitales privados nacionales y extranjeros, fueron recibidos como parte del momento auspicioso que atravesó Rosario en 2004, año del III CILE.

Figura 6. Mapa del PCRP y el PFRP

Fuente: elaboración de Damián Monti Falicoff (2025).


Figura 7. Mapa del PMU

Fuente: elaboración de Damián Monti Falicoff (2025).


Paisaje Eventual (PE)

Emergente directo del funcionamiento del III CILE, el pe se compone de alteraciones espaciales efímeras y acontecimientos controlados. En lo espacial, se configuró de manera deslocalizada, abarcando intermitentemente distintas partes de la ciudad. En lo temporal, se trató de un paisaje diseñado y experimentado en consonancia exacta con el evento, enlazándose con los hitos destacados del acontecimiento. En primer lugar, algunas adaptaciones funcionales tuvieron un carácter pasajero y no acompañaron a las instalaciones afectadas luego de la conclusión del III CILE. Fue común el montaje de exposiciones de arte y la realización de conciertos en los distintos espacios reacondicionados. En uno de los galpones costeros reconvertidos, "hicimos nuestra primera muestra grande, que ocupó todo el espacio, como correlato y oferta del espacio del Congreso de la Lengua" (H., comunicación personal, junio del 2024). La Isla de los Inventos y otros espacios destinados a las infancias adaptaron sus programaciones para incluir un "Congreso de la Lengua para Niños" en la víspera de la celebración del III CILE (La Capital, 13 de noviembre del 2004, p. 3). En la Bolsa de Comercio de Rosario, se realizaron el almuerzo inaugural y la cena final del evento, las cuales requirieron una reorganización pasajera de su sala principal.

En segundo lugar, operaciones de marcación patrimonial y orientación de recorridos en el casco céntrico. Durante 15 noches se ofreció un "Festival de cúpulas" (El Ciudadano, 16 de noviembre del 2004, p. 9), consistente en la iluminación nocturna de 26 cúpulas de edificaciones patrimoniales del PCRP. También, prefigurando una política de producción de circuitos urbanos (Vera, 2015), se delimitó un "Paseo del Congreso" que señalaba 25 edificios de "valor arquitectónico" en el PCRP (ver figura 8).

Figura 8. Plano del "Paseo del Congreso"

Fuente: La Capital (15 de noviembre del 2004).


En tercer lugar, las alteraciones espaciales de la movilidad a raíz de operativos de seguridad y de tránsito vinculados a la estadía de los dignatarios invitados al evento. Una serie de dispositivos modulares (vallados, cordones policiales, protocolos de emergencia) interrumpieron la circulación en determinados espacio-tiempos, complementando el sistema de orientación de los circuitos y las marcaciones.

En cuarto lugar, las modalidades de amplificación de las actividades del III CILE —un evento contenido en el teatro El Círculo y el Parque de España— hacia el resto de la ciudad. Un espectáculo de fuegos artificiales iluminó la cabecera del Puente Rosario-Victoria como inauguración popular del evento. "El paisaje de la ciudad se modificó increíblemente [... ] cuando miles de rosarinos se trasladaron en masa hacia [...] la costa" (Rosario/12, 18 de noviembre del 2004, p. 4) a ver la exhibición. También se realizaron recitales gratuitos en el Monumento Nacional a la Bandera en la apertura y la clausura del congreso, con gran afluencia de público. Entretanto, las sesiones del evento fueron retransmitidas en pantallas gigantes colocadas en localizaciones estratégicas de la ciudad.

El PE comunicó las actividades del III CILE entre sí, las proyectó hacia distintas partes de la ciudad y las volvió accesibles a un universo social más amplio (ver figura 9). Combinando la espectacularidad y el protocolo, puso en vidriera a un conjunto de prácticas tradicionalmente reservadas a círculos culturales cerrados. Su impacto fue la percepción y la participación subordinada de la población de la ciudad devenida público eventual. Siguiendo a Henri Lefebvre (2013), el pe puede pensarse como un paisaje de lo urbano formado por las relaciones sociales que dinamizaron, habitaron y simbolizaron las reformas materiales de la ciudad.

Figura 9. Algunas de las intervenciones del PE

Fuente: El Ciudadano (16 de noviembre del 2004), La Capital (18 de noviembre del 2004, 21 de noviembre del 2004) y mapa de elaboración propia.


Imágenes de ciudad

El III CILE dejó un balance positivo: 170 expositores, casi 3 000 asistentes de 22 países (Rosario/12, 17 de noviembre del 2004, p. 3), 600 periodistas, 25 000 turistas y $3 000 000 de inversión privada solo en el teatro El Círculo (El Ciudadano, 17 de noviembre del 2004, p. 2). Montados en ese impacto, el evento y sus paisajes cohesionaron los sentidos de su conjunción espaciotemporal. Desde distintos espacios de enunciación pública, se representó a Rosario como "la capital de...", al 2004 como el "año de..." y al III CILE como "la fiesta de..." la cultura, la lengua y las letras (Reinoso, 2004; Ámbito Financiero, 21 de noviembre del 2004; Rosario/12, 25 de diciembre del 2004, p. 7). Significantes, como "ciudad otra", "oportunidad", "refundación" y "renacimiento" (La Capital, 1 de agosto del 2004; 15 de noviembre del 2004), se articularon en las crónicas periodísticas y en las declaraciones de referentes políticos y culturales.

Las imágenes sobre las reformas materiales colocaron al evento cultural como bisagra de un proceso de reformulación urbana. Desde el campo de la arquitectura, se planteó que el mejoramiento del entorno construido fue posible por la canalización de "todas las energías que se ponen en juego" en un acontecimiento de impacto internacional (La Capital, 1 de agosto del 2004). El resultante embellecimiento urbano generó impresiones positivas en invitados clave del III CILE. Los reyes de España, que volvieron a Rosario luego de 19 años, se mostraron "sorprendidos con lo preciosa que está la ciudad" (La Capital, 18 de noviembre del 2004, p. 8).

Hacia afuera, las imágenes de ciudad proyectaban sus virtudes a escala internacional. Para el gobernador de la provincia de Santa Fe, Jorge Obeid, y el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, el evento puso a la urbe "en la vidriera del mundo cultural" hispanoparlante (El Ciudadano, 16 de noviembre del 2004, p. 8; Rosario/12, 17 de noviembre del 2004, p. 3). Por su parte, Marcelo Romeu, secretario de Cultura saliente, entendía que "la riqueza cultural de la ciudad [constituía] una gran exposición en sí misma" (La Capital, 31 de julio del 2003). La prensa celebró que la urbe tenía "las puertas abiertas" a la inversión y al turismo, ofreciendo una "oferta cultural, gastronómica y de esparcimiento cada vez más aceitada" (La Capital, 15 de noviembre del 2004). Algunas consultoras enunciaron que el III CILE podría posicionar a Rosario "como un lugar de actividad turística vinculada a congresos" (La Capital, 1 de agosto del 2003).

Hacia adentro, las imágenes construidas alrededor del III CILE se cifraron en la reestructuración positiva de la autopercepción social, articulada alrededor del significante "autoestima". En el año de su realización, la imagen positiva del evento experimentó un crecimiento del 10 % entre la población (La Capital, 1 de agosto del 2004). En 2004, miembros de la cartera de Cultura calibraban los efectos del evento en la recuperación de la identidad y "la autoestima del rosarino" (Reinoso, 2004). Casi 20 años después, esas nociones continúan vigentes en el discurso de los funcionarios del área. El III CILE:

cambió la relación del ciudadano rosarino con la propia ciudad: hasta ese momento tenía una visión de resignación [...] que enunciaba quejándose de la ciudad. En 2004, se aliaron ciertos planetas: un embellecimiento notable, un resurgimiento cultural muy importante. Ahí empezó a surgir una particular autoestima ciudadana. (H., comunicación personal, junio del 2023)

Un grupo de imágenes de ciudad gravitó en torno al crecimiento económico de Rosario. El gobernador Obeid expresó que, "proyectando los niveles de crecimiento de las ciudades más grandes del país, Rosario en poco tiempo será la más importante" (La Capital, 14 de noviembre del 2004, p. 3). También arriesgó que "Rosario es como Nueva York", al ser ciudades que compensan su carencia de capitalidad con su relevancia cultural y económica. El intendente Lifschitz ponderó al III CILE como "un motor para la economía [y] la renovación urbana" (El Ciudadano, 10 de noviembre del 2004, p. 8).

A su vez, las imágenes del crecimiento económico de Rosario fueron relacionadas con los atributos culturales de la ciudad. Distintos referentes se expidieron al respecto en La Capital (15 de noviembre del 2004, pp. 74-77). Según el periodista Reynaldo Sietecase, el "boom económico que está favoreciendo a la ciudad, [...] ayuda a que las actividades artísticas tengan mayor repercusión, [potenciando] una importante clase media que es consumidora de cultura". Para la secretaria de Cultura, Marina Naranjo, "la actividad ha aumentado en calidad y cantidad [...], no sólo lo que hace el Estado municipal, sino también a nivel privado, con nuevos [... ] espacios culturales".

Finalmente, el III CILE produjo imágenes de un cambio de régimen de acumulación urbano. El evento evidenció el "agotamiento del modelo de ciudad", diagnosticado por la Planificación Estratégica de los años 1990 (Plan Estratégico Rosario, 1998, p. 5) y reflejado en la crisis de los centros industriales tradicionales hacia 2002, cuando Rosario lideró las tasas de desocupación del país (Montenegro, 2002). La vicegobernadora de Santa Fe, María Eugenia Bielsa, aseguró que el evento exhibía el nacimiento de una urbe postindustrial y terciaria. Rosario había dejado:

de ser una ciudad industrial de pequeñas empresas subsidiarias de grandes industrias[...]. Ahora se va a encontrando consigo misma como una ciudad de servicios. Todos hablan de un boom [...] porque se perfila una ciudad que [...] ofrece cultura, recreación, servicios gastronómicos... (Castaños, 2004)

No obstante, a pesar de su eficacia, las imágenes hegemónicas celebratorias del evento tuvieron problemas para disimular los efectos negativos del proceso. La convergencia del discurso cultural y la rentabilidad económica planteaba una mercantilización y valorización selectiva de la cultura y de la rehabilitación urbana. Frente a ello, se erigieron espacios críticos de las implicancias del evento. En primer lugar, se organizó un "Congreso de laS lenguaS" paralelo y "en diálogo polémico" con el III CILE, que intentó alojar una diversidad de expresiones culturales que quedaban por fuera del evento oficial (El Ciudadano, 15 de noviembre del 2004). En segundo lugar, distintas agrupaciones políticas, gremiales y culturales realizaron una marcha en contra del III CILE, al que entendían como una apología del vínculo colonial con España, "portando pancartas, banderas y espejitos de colores" (La Capital, 18 de noviembre del 2004, p. 14). En tercer lugar, pocos años después del evento, surgió el movimiento GiROS, el cual propuso "discutir el modelo" de gestión urbana presentado en 2004, que generó "una ciudad fragmentada" (Indymedia, 18 de diciembre del 2007). Esas experiencias conformaron imágenes disidentes y contra-paisajes que se solaparon y tensionaron la yuxtaposición paisajística del III CILE (ver figura 10). De esta manera, ofrecieron una disputa de la homogeneización cultural de las políticas lingüísticas panhispánicas, una protesta frente a una cultura producto de la conquista y colonización, y una crítica de la fragmentación urbana derivada del evento. Con todo, durante 2004 y los años sucesivos, esas expresiones disidentes tensionaron, mas no lograron quebrar la hegemonía simbólica del III CILE, sus paisajes y el tipo de ciudad que inauguraron.

Figura 10. Expresiones disidentes al III CILE

Fuente: La Capital (16 de noviembre del 2004), Rosario/12 (21 de noviembre del 2004) e Indymedia.


Discusión y conclusiones

El III CILE catalizó una serie de transformaciones enmarcadas en un nuevo régimen de acumulación y un novedoso modelo de gestión urbana con diversas implicancias. Entre los alcances de esa mutación, se listan, por un lado, el vuelco de flujos financieros privados en el desarrollo inmobiliario, infraestructural y patrimonial. Por otro, se destaca la ubicación de la cultura en el centro de una economía de servicios y de consumo de experiencias urbanas. Para Rosario, el III CILE fue más que un momento bisagra entre una crisis y una recuperación económica regional: constituyó una plataforma de exposición y lanzamiento de una ciudad cultural postindustrial, reconvertible a partir de un patrimonio edilicio deprimido y un patrimonio industrial y ferroportuario desafectado.

Las condiciones de posibilidad del evento remiten a los contactos internacionales y la "huella" patrimonial de España en Rosario. Su financiamiento fue elocuente de las estrategias de valorización urbana en ciernes. La inversión para el III CILE contó con participación estatal, pero tuvo una presencia decisiva del capital privado. Primero, a pedido de un Estado nacional falto de liquidez, llegaron aportes españoles públicos y privados para solventar gastos de funcionamiento y de rehabilitación patrimonial del evento. Segundo, en el marco de la reactivación de 2004, se inocularon inversiones de grupos económicos concentrados e instituciones nacionales e internacionales, sumados a los excedentes del nuevo modelo agroexportador. Ese capital sostuvo el boom inmobiliario, las infraestructuras de consumo masivo, las concesiones costeras y parte de las obras de conectividad. Tercero, los inversores medianos y los propietarios completaron las capilaridades del proceso, referidas a las restauraciones de edificaciones particulares.

Esa urbanización del capital (Harvey, 1985) produjo una espacialización específica del evento cultural, analizada aquí mediante la categoría de paisaje. Los paisajes inducidos o intersectados por el III CILE y su coyuntura histórica fueron el emergente de la superposición, interpenetración y estabilización relativa de diversos elementos urbanos. Así, el paisaje céntrico de revitalización patrimonial (PCRP) representó una rehabilitación edilicia asociada a un evento cultural similar a la de otros casos (Jones, 2016), con la particularidad de un embellecimiento participativo. El paisaje fluvial de reconversión patrimonial (PFRP) constituyó un proceso más largo y complejo, que rehabilitó estructuras ferroportuarias con un perfil cultural en una renovada centralidad costera. El paisaje de modernización urbana (PMU) concatenó reformas de conectividad estratégica con la agilización de la movilidad y la amenización de los participantes y los visitantes atraídos por el III CILE. Finalmente, el paisaje eventual (pe), efímero y acoplado al desarrollo del evento, amplificó su alcance como espectáculo, resaltando y ornamentando sus reformas materiales. De esta manera, los paisajes expresaron distintas modulaciones del espectro cultural proyectado por el III CILE: el PCRP encarnó una cultura de la preservación de la fisonomía inmigratoria, comercial y burguesa de la Rosario de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El PFRP configuró una novedosa cultura que reinterpretó "la vertiginosa zona ferroportuaria del pasado con otros atributos" (H., comunicación personal, junio del 2023), relativos a la recreación, la gastronomía y el arte. El PMU articuló indirectamente otras culturas de la experiencia: la conmutación interurbana, el turismo y el consumo masivo. El pe combinó los protocolos de las élites políticas y de la alta cultura con la espectacularidad a cielo abierto de la cultura de masas y los megaeventos.

El iii cile y sus paisajes fueron cohesionados por discursos e imágenes que sostuvieron simbólicamente la transición de Rosario hacia un nuevo régimen de acumulación y modelo de ciudad. El lugar transformado y el momento de su transformación fueron ensamblados por la prensa, el arco político y el mundo cultural. Esas elaboraciones suturaron a Rosario, el III CILE y el año 2004 alrededor de significantes de transformación ("refundación", "renacimiento"), exhibición ("vidriera"), coyuntura ("oportunidad") y valoración ("autoestima"). Asimismo, las encuestas de opinión y la participación masiva de los espectáculos indicaron una recepción positiva del evento en la población local. El discurso oficial fijó el legado del evento en la integración urbana y la culturización del espacio. Sin embargo, existieron imágenes críticas del evento que discutieron sus efectos de homogeneización y colonialidad cultural, así como de fragmentación urbana. A pesar de su visibilidad acotada, esos contra-paisajes introdujeron perturbaciones al ensamblaje paisajístico del III CILE, trasluciendo sus impactos negativos.

La especificidad del III CILE se encontró en el enlace entre cultura, economía y transformación urbana sostenido en una serie de condiciones condensadas en 2004. Por un lado, la constatación de que las prácticas artísticas y culturales podían convertirse en servicios de entretenimiento, recreación y esparcimiento, comunicables con el consumo de experiencias y el turismo. Por otro, la valorización del espacio urbano en el que se insertaron e identificaron actividades culturales consumibles en un mercado en expansión. El III CILE ofreció la oportunidad de posicionar a Rosario como una ciudad cultural abierta a las inversiones y los turistas del mundo. Si bien el impacto efectivo de esa proyección fue moderado, marcó la transición del régimen

El caso estudiado constituye un observatorio de una serie de desarrollos urbanos contemporáneos que afectan a distintas ciudades del mundo. Confirma la tendencia global de transición de urbes industriales hacia una economía de servicios. En ese marco, la cultura aparece, de manera recurrente, como motivo y orientación de procesos de transformación urbana. Al postularse como cultural, ese eje promete resaltar determinados atributos simbólicos de las ciudades y preservarlos de la estandarización del mercado y los modelos urbanos transnacionales. No obstante, la cultura que protagoniza estas metamorfosis conforma el núcleo de una economía de la experiencia urbana que, a menudo, valoriza, encarece y mercantiliza atributos como la autenticidad, la creatividad y el entretenimiento. Espacializadas, esas cualidades culturales suelen justificar procesos de gentrificación, segregación y fragmentación. Con todo, en tanto oportunidad para la transformación y no necesariamente una condena a la comodificación, la cultura permite articular discusiones sobre las potencialidades democratizantes de la revitalización urbana y los modelos de ciudad.


Notas

1 El signo € corresponde a euros y $ a peso argentinos, en ambos casos co valor del año 2004.


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La Capital. (29 de enero del 2004). Comienza la repavimientación del 80% del puente Rosario-Victoria. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/01/29

La Capital. (3 de febrero del 2004). Remodelan la terminal de micros por el Congreso de la Lengua. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/02/03

La Capital. (1 de agosto del 2004). Con más de diez obras trascendentes Rosario será otra en cuatro meses. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/08/01/ciudad

La Capital. (1 de agosto del 2004). Poco a poco los rosarinos van sintiendo propio el III Congreso de la Lengua. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/0 8/01/cmdad

La Capital. (5 de agosto del 2004). Inauguraron la primera etapa del Complejo Puerto España. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/08/05

La Capital. (6 de agosto del 2004). El Parque de España ya entró en obras para el Congreso de la Lengua. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/08/03

La Capital. (2 de noviembre del 2004). El congreso ayudará a construir la identidad de nuestra sociedad.

La Capital. (2 de noviembre del 2004). Inversores locales quieren operar vuelos a Buenos Aires y Córdoba.

La Capital. (2 de noviembre del 2004). Se viene una megafiesta para la inauguración del shopping Alto Rosario.

La Capital. (8 de noviembre del 2004). Las obras en la terminal de ómnibus, en la recta final.

La Capital. (10 de noviembre del 2004). Rosario y la región tienen mucho por ganar en los próximos años.

La Capital. (7 de noviembre del 2004). Antes de fin de mes y con aires renovados, reabre sus puertas el bar El Cairo.

La Capital. (13 de noviembre del 2004). Miles de chicos eligieron sus palabras preferidas y prometieron cuidarlas.

La Capital. (14 de noviembre del 2004). "El congreso es el punto de inflexión para ubicar a Rosario en el mundo.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). Datos y memorias para una definición de Rosario.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). La descentralización tan temida.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). El Círculo, un siglo de orgullo local.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). Con las puertas abiertas.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). Crisis y resurrección de la economía.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). La conquista de la costa.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). El Cairo renace de sus cenizas.

La Capital. (15 de noviembre del 2004). Cultura con pronóstico de boom.

La Capital. (18 de noviembre del 2004). Los reyes se mezclaron con la colectividad española.

La Capital. (26 de noviembre del 2004). El Cairo reabrió hoy en la mítica esquina de Sarmiento y Santa Fe. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/11/26/ciudad/noticia_153238.shtml

Reinoso, S. (31 de octubre del 2004). El desafío de ser capital de la cultura. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-desafio-de-ser-capital-de-la-cultura-nid649882/?outputType=amp

Rizzotto, C. (25 de enero del 2004). Cómo se prepara Rosario para recibir el III Congreso de la Lengua Española. La Capital. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/01/25/ciudad/noticia_70572.shtml

Rosario/12. (17 de noviembre del 2004). En la vidriera del mundo cultural.

Rosario/12. (18 de noviembre del 2004). Una noche de fuegos artificiales.

Rosario/12. (25 de diciembre del 2004). El año de la lengua.

Zinna, G. (21 de enero del 2004). Obeid busca fondos privados para financiar el Congreso de la Lengua. La Capital. https://archivo.lacapital.com.ar/2004/01/21/ciudad/noticia_69646.shtml

Marco legal

Decreto 802 de 2003 [Presidencia de la Nación]. III Congreso Internacional de la Lengua Española. 7 de abril del 2003.

Ordenanza n.° 5278/91. Fondo de Preservación.

Ordenanza n.° 7675/04.

Ordenanza n.° 7740/04. Entorno Teatro «El Círculo».


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