10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.13323

Sección General


Poder y neorruralidad:
la experiencia de construcción de una red de faros agroecológicos

Power and Neo-Rurality:
The Experience of Building a Tetwork of Agroecological Lighthouses

Poder e neorruralidade:
a experiência de construção de uma rede de faróis agroecológicos


Sergio Antonio Monroy-Isaza 1
Diego Guevara-Castañeda 2
Luisa Fernanda Tovar 3
Laura Ochoa-Jiménez4

1 Universidad Nacional de Colombia.
samonroyi@unal.edu.co.
0000-0002-3840-8453

2 Universidad Nacional de Colombia.
dieguevarac@unal.edu.co.
0000-0003-4018-7095

3 Universidad Nacional de Colombia.
lftovarc@unal.edu.co.
0000-0002-8555-1471

4 Universidad Nacional de Colombia.
lsochoaj@unal.edu.co.
0000-0003-3005-4336


Recibido: 26 de mayo de 2023
Aprobado: 5 de junio de 2024


Para citar este artículo: Monroy-Isaza, S. A., Guevara-Castañeda, D., Tovar, L. F., & Ochoa-Jiménez, L. (2025). Poder y neorruralidad: la experiencia de construcción de una red de faros agroecológicos. Territorios, (53), 1-28. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.13323


RESUMEN

Los faros agroecológicos son proyectos a escala local llevados a cabo por diversos actores articulados en una búsqueda colectiva de transformación del sistema agroalimentario. Algunos de estos actores son neorrurales, migrantes voluntarios que buscan una mejor calidad de vida en su tránsito hacia la ruralidad. Desde la propuesta de redes enraizadas, el artículo busca analizar las relaciones de poder situadas que pueden emerger en el marco de la interacción neorrural, a propósito de los procesos de conformación de una red de faros agroecológicos en la Provincia de Oriente de Cundinamarca (Colombia). A partir de la información recolectada en campo, se desarrolló un ejercicio de comparación para establecer categorías emergentes. Problematizar la cuestión del enraizamiento, y otras formas de relacionamiento, permite comprender cómo los procesos de resistencia (poder a pesar de) son agenciados desde un nivel comunitario y cómo se conforma un tejido robusto a partir de las relaciones de solidaridad horizontal (poder lateral), que desemboca en formas creativas de ejercicio del poder y de cualificación de la disputa (poder desde abajo).

Palabras clave : Neorruralidad; transición agroecológica; redes enraizadas; faros agroecológicos; poder.


ABSTRACT

The agroecological lighthouses are projects carried out on a local scale by various actors who are part of a collective search for transforming the agri-food system. Some of these actors are neo-rural, voluntary migrants who seek a better quality of life in their transition to rurality. From the proposal of rooted networks, the article seeks to analyze the situated power relations that can emerge in the framework of neo-rural interaction, regarding the processes of conformation of a network of agroecological lighthouses in the east province of Cundinamarca (Colombia). Based on the information collected in the field, a comparison exercise was developed to establish emerging categories. Problematizing the issue of rootedness and thinking about other forms of relationship allows to understand how the processes of resistance (power despite of) are managed from a community level, where a robust fabric is woven from horizontal solidarity relationships (lateralpower), which leads to creative forms of exercising power and qualifying the dispute (powerfrom below).

Keywords: Neo-rurality; agroecological transition; rooted networks; agroecological lighthouses; power.


RESUMO

Os faróis agroecológicos são projetos de escala local, conduzidos por diversos atores articulados em uma busca coletiva por transformar o sistema agroalimentar. Alguns desses atores são neorrurais: migrantes voluntários que buscam uma melhor qualidade de vida em seu processo de transição para a ruralidade. Tendo como base a proposta de redes enraizadas, neste artigo, analisam-se as relações de poder situadas que podem emergir no contexto da interação neorrural, durante os processos de formação de uma rede de faróis agroecológicos na província de Oriente de Cundinamarca (Colômbia). A partir dos dados coletados em campo, realizou-se um exercício comparativo para identificar categorias emergentes. Ao problematizar a questão do enraizamento e de outras formas de relação, é possível compreender como os processos de resistência (poder apesar de) são agenciados em nível comunitário, estruturando uma trama sólida de solidariedade horizontal (poder lateral), o que dá origem a formas criativas de exercício do poder e de qualificação da disputa (poder desde baixo).

Palavras-chave:  Neorruralidade; transição agroecológica; redes enraizadas; faróis agroecológicos; poder.


Introducción

Los faros agroecológicos son proyectos a escala local llevados a cabo por diversos actores que se articulan en una búsqueda colectiva de transformación del sistema agroalimentario. Esto implica compartir, difundir y fomentar las prácticas agroecológicas, a propósito del escalamiento de la agroecología (González de Molina et al., 2021). Los faros permiten a los productores locales diseñar sistemas agroecológicos sustentables y fortalecer el tejido social y el vínculo que allí emergen.

El análisis de este artículo se centra en las prácticas neorrurales y su relación con la apuesta por la transformación del territorio. Definimos la neorruralidad como un proceso migratorio voluntario que persigue una mejor calidad de vida, a partir del cambio de residencia desde el medio urbano hacia el rural. Nos interesa explorar e identificar, apoyados en la propuesta de las redes enraizadas, los diferentes tipos de poder que pueden aflorar en los procesos de transición hacia la agroecología.

Basamos nuestro análisis en el proyecto de construcción de una red de faros agroecológicos desarrollado en la Provincia de Oriente de Cundinamarca (Colombia), cuyo objetivo es fortalecer la capacidad de diálogo entre procesos de transición hacia la agroecología por medio de estrategias de participación y comunicación comunitarias. Este proyecto nos ha permitido un acercamiento al territorio y a la diversidad de actores que intervienen a través de diferentes experiencias agroecológicas.

Durante el desarrollo del proyecto, encontramos que las personas neorrurales son un actor relevante, en atención al involucramiento que han tenido con la comunidad de acogida. Nos preguntamos, entonces, ¿qué tipo de relaciones de poder pueden desencadenar las acciones de los neorrurales en los procesos de transición agroecológica? ¿Cuáles son las implicaciones de estas formas de articulación, siempre variopintas, y cómo pueden o no fortalecer el escalamiento agroecológico?

Motivados por estos cuestionamientos, este artículo busca reconocer las relaciones de poder que pueden emerger en el marco de la interacción neorrural, a propósito de los procesos de conformación de una red de faros agroecológicos. Para dilucidar estas relaciones recurrimos a la propuesta de redes enraizadas y, específicamente, al análisis situado de la diversidad de poderes suscitados en los múltiples vínculos que se entretejen.

Aunque existen vínculos entre la neorruralidad y sus impactos en el medio rural (cambio de uso del suelo, migración juvenil hacia las ciudades, conflictos territoriales), consideramos adecuado señalar que el alcance de este documento se limita a la caracterizar y especificar procesos de transición hacia la agroecología en los procesos colectivos y trayectorias individuales que concurrieron en el proceso que, posteriormente, describiremos con detalle.

Para alcanzar dicho objetivo, el artículo se estructura en seis partes. Luego de esta introducción, se presenta la estrategia metodológica con la que materializamos la perspectiva analítica. Después, disponemos de un enfoque conceptual respecto a la neorruralidad y el concepto de faros agroecológicos. Posteriormente, se abordan los aportes feministas a la comprensión del poder y, de manera puntual, los aportes de la ecología política feminista que ofrecen una perspectiva analítica interrelacional e interdependiente (Navarro & Gutiérrez, 2018). Luego, a partir de la propuesta de tipos de poder de Dianne Rocheleau y Robin Roth (2007), se explora la experiencia de la conformación de una red de faros agroecológicos en la Provincia de Oriente de Cundinamarca, con el fin de comprender los desafíos y potencialidades que hemos identificado en este proceso encaminado a la transición agroecológica y la búsqueda de una autonomía comunitaria que permita posibilidades de reproducción material y social de la vida. El análisis se establece a partir de las categorías de poder lateral, poder a pesar de y poder desde abajo (Cantor et al., 2018). Para concluir, el artículo esboza algunas pistas para problematizar la cuestión del enraizamiento y pensar otras formas de relacionamiento no legitimado por la pertenencia a los territorios, sino a partir de la aspiración de fomentar una imprescindible transición agroecológica.

Estrategia metodológica

Este trabajo se encuentra articulado sobre la base de una pesquisa efectuada por los grupos de investigación de Socioeconomía, Instituciones y Desarrollo (GSEID) y Política y Territorio (POTER), adscritos a la Universidad Nacional de Colombia. Se trató de una indagación de carácter interdisciplinar, realizada durante el año 2021 y el primer semestre de 2022 y financiada por la Universidad Nacional de Colombia, en el marco de la Convocatoria nacional de Extensión Solidaria 2020 para el fortalecimiento de la innovación social. El proyecto se denominó "Construcción comunitaria de una red de faros agroecológicos en la provincia de Oriente: una apuesta para la transformación del territorio".

Esta investigación hace parte de la extensión universitaria, en tanto objetivo misional de la universidad, que pretende el acercamiento de la comunidad académica con comunidades vulnerables organizadas que busquen mejorar su calidad de vida. De esta manera, procuramos el encuentro con comunidades rurales que, en los municipios de Choachí, Fómeque y Ubaque, han construido experiencias que le aportan a la transición hacia la agroecología en la región.

La metodología del proyecto se estructuró bajo los principios de la Investigación-Acción Participativa (IAP), vinculando elementos metodológicos de la evaluación de sustentabilidad, a partir de Indicadores Locales para el diseño de Programas Agroecológicos (MESILPA) y estrategias de comunicación comunitaria y rural para su reconocimiento, difusión, apropiación y conformación de memoria territorial y colectiva. La iap permite realizar un procedimiento reflexivo, sistemático y crítico que estudia aspectos de la realidad en la búsqueda de soluciones a problemáticas específicas, desarrollando alternativas de acción e intervención que retroalimentan el proceso de generación y sistematización del conocimiento social de la mano con las comunidades. La metodología MESILPA propone un método ordenado y participativo para programas agroecológicos, el cual conduce a la definición de un concepto y de aspiraciones comunitarias para la agricultura sustentable a nivel local, la construcción de indicadores propios para monitorearlos, su evaluación y su ajuste permanente a través del tiempo (Acevedo & Angarita, 2013).

El punto de partida fue el conocimiento previo de las experiencias agroecológicas y la caracterización de los sistemas productivos por medio del trabajo de campo y entrevistas semiestructuradas. La elaboración del diagnóstico permitió identificar los objetivos, metas e indicadores relacionados con la transición agroecológica, así como la construcción de la hoja de ruta y la estrategia de comunicación. Posteriormente, se realizaron siete talleres virtuales, en conjunto con los participantes del proyecto, para priorizar y definir los objetivos, los indicadores y las estrategias de cada uno de los faros agroecológicos. De estos talleres, surgió una hoja de ruta para la configuración de una red de faros agroecológicos, teniendo como eje el papel de los circuitos cortos de comercialización y ferias solidarias en la articulación de la red. El componente pedagógico cumplió un rol central, pues, a partir de tres actividades de formación comunitaria, lideradas por habitantes del territorio, se evidenció la necesidad de promover una cultura de la agroecología alrededor de los temas de la conservación de la memoria campesina, las problemáticas socioeconómicas del territorio, el manejo de residuos sólidos y la importancia del reciclaje en los contextos rurales.

La población con la que trabajamos fue configurada a través de una muestra no probabilística, conformada con la ayuda de la técnica de bola de nieve. Esta técnica resultó apropiada, toda vez que nos enfrentamos a una población sin registro de datos previos, convirtiéndola en una población difícil de contactar (Alloatti, 2014). Las experiencias ligadas a la agroecología fueron el criterio principal para conformar la muestra. De allí, se procedió a constituir un mapeo participativo a través de la plataforma Google My Maps. Después desarrollamos un semillero de investigación permanente que tuvo ocasión alrededor de temas comunes, lo que sirvió para generar un espacio de reconocimiento mutuo entre las experiencias y el equipo de investigación. Finalmente, con la información obtenida en campo, hemos desarrollado un proceso de comparación constante para establecer categorías emergentes, en consonancia con las categorías de poder construidas en el marco de las redes enraizadas (Cantor et al., 2018).

Neorruralidad: surgimiento y enfoque del concepto

Existe un consenso de carácter conceptual a propósito de la ruralidad: ya no es comprendida exclusivamente en términos de las labores agropecuarias (Bendini et al., 2008; Grammont et al., 2008; Kay, 2007; Llambí & Pérez, 2007). En consecuencia, a partir de la década de los años 90, las transformaciones de la ruralidad despertaron un especial interés respecto a la producción de conocimiento científico. La ruralidad se entiende como un territorio ocupado por actores de diversa índole, con variados intereses, quienes desarrollan distintas actividades económicas. Aunque el campesinado sigue siendo el actor principal de la ruralidad, nuevos ocupantes expresan un nuevo cambio, según su nivel de participación política, económica y cultural (Méndez, 2013). La neorruralidad es una expresión de esta transformación.

No obstante, esta transformación reviste cierta novedad en términos de los estudios rurales. La ruralidad ha cambiado históricamente. De la misma manera, sucede con la neorruralidad. Los procesos migratorios ocurridos en torno a mayo del 68 en Europa y el movimiento contracultural hippie en Estados Unidos son el origen de los desplazamientos urbanorurales.

En Europa, este proceso migratorio obedeció, principalmente, a las críticas al modelo capitalista industrial, expresado en la organización de las ciudades (Mercier & Simona, 1983; Chevalier, 1981). Los casos de Francia y España son los más significativos, en términos de un proceso social que, a finales de los años 70 e inicios de los 80, aún se encontraba en ciernes (Martínez, 1986; Chevalier, 1981; Garcia, 1977). En el ocaso de la década de 1980, la neorruralidad fue expresada como un fenómeno migratorio de carácter voluntario y restrictivo, por cuanto se refería a cierta población alternativa que se dirigió al campo, con el objetivo de concretar la posibilidad del reencuentro físico con la naturaleza. Parte del objetivo migratorio se hallaba en el encuentro de la libertad a través del trabajo en tanto actividad placentera (Nogué, 1988).

En América Latina, la neorruralidad es un fenómeno social más incipiente. Recién en la última década del siglo pasado se identificaron los primeros procesos migratorios de este tipo y, aún en la actualidad, no es cuantitativamente importante en comparación con los desplazamientos rurales-urbanos. En la región, la migración urbano-rural es más amplia, en tanto no se restringe a razones de tipo ideológico, exclusivamente, aunque converge en la distancia física de la ciudad, como una posibilidad para obtener mejor calidad de vida (Trimano, 2019).

Es así como la neorruralidad puede identificarse, en términos generales, a propósito de un proceso de migración, más o menos amalgamado, que tiene por condición común el cambio de residencia permanente al espacio rural. Se refiere a aquellas personas que son nuevas ocupando la ruralidad. Este fenómeno se encuentra usualmente vinculado a una dinámica de desplazamiento, motivada por la búsqueda de nuevos horizontes vitales que pueden catalogarse como deseables, respecto de aquellos que ofrece la ciudad (Méndez, 2013).

Además, la neorruralidad se encuentra entreverada con la noción de encuentro, puesto que se trata de un curso en el que antiguos habitantes urbanos, con su acervo cultural, se establecen en un espacio rural, históricamente ocupado por los tradicionales habitantes rurales y sus configuraciones culturales. Con frecuencia, este encuentro suele desarrollarse a partir de estereotipos,1 usados como apelativos descalificadores que dan cuenta de la distancia que existe entre ambos polos (Trimano, 2015). Los estereotipos reflejan, además, la histórica distancia política, económica y cultural establecida entre la ruralidad y los espacios urbanos en América Latina. No obstante, este encuentro no es homogéneo, por tanto, puede tipificarse.

Tipos de neorruralidad

La pluralidad de los desplazamientos rurales-urbanos reposa en la diversidad de actores que deciden cambiar su residencia para situarla en el medio rural. La tipología que presentamos a continuación responde a trabajos de tipo etnográfico que han caracterizado y clasificado estos desplazamientos, a propósito de las razones que motivan el alejamiento de la ciudad.

Neorruralidad por contraste

Los actores ubicados en este tipo se desplazan debido al estímulo que encuentran en la búsqueda y localización de nuevos espacios ligados a la tranquilidad, la naturaleza y los alimentos sanos, en oposición a los valores perdidos en medio de la contaminación, la violencia y la sobrepoblación de la ciudad (Trimano, 2015, 2016). Este tipo de migración suele caracterizarse por personas con formación académica universitaria (grado o posgrado), con una condición socioeconómica media-alta que les permite desplazarse con asiduidad hacia la ciudad para trabajar o estudiar (Méndez, 2013). Tiende a expresarse en formas que se inclinan al involucramiento natural y espontáneo con la comunidad receptora o, en contraste, a desarrollar un estilo de vida urbano (familiar, individual, tranquilo, relativamente aislado) en un espacio rural.

Neorruralidad por atracción ético-política

Este tipo de migración entiende que en la ruralidad reposa una potencia transformadora que solo podría desarrollarse a través de la organización de la población que allí habita y que podría encontrar en sus formas de vida alternativas a la crisis ocasionada por el modelo urbano-industrial propio de las ciudades (Méndez, 2013; Trimano, 2015). Las personas ubicadas en este tipo de migración suelen tener formación universitaria (grado o posgrado) y algún tipo de militancia política o filiación con causas políticas.

Neoruralidad por orientación económica

Este tipo de desplazamientos obedece a la productividad que ofrecen los espacios rurales, debido al proceso de revalorización que ha traído consigo la migración urbano-rural. Se trata de personas con formación universitaria (generalmente, grado) dispuestas a proveer servicios antes inexistentes en la ruralidad y que responden a nuevas necesidades (tecnológicas, de ocio, ambientales, culturales, paisajísticas) (Méndez, 2013). Estas personas suelen conformar pequeñas empresas o negocios familiares a partir de los conocimientos adquiridos, con frecuencia en el campo de la agronomía, telecomunicaciones e ingeniería. Suelen estar en constante interacción con la ciudad.

Las personas neorrurales que participaron en este proceso de investigación se encuentran situadas, en su mayoría, en el tipo denominado de atracción ético-política. Sus intereses, de manera adicional, se encuentran íntimamente ligados a la transformación del sistema agroalimentario, lo que expresa un vínculo muy estrecho con la agroecología y, específicamente, con los procesos de transición hacia la agroecología. En consecuencia, esta población se encuentra inscrita en un subtipo de neorruralidad, de carácter agroecológico.

Neorruralidad agroecológica

Se encuentra determinada por una migración rural-urbana que se integra efectivamente en la comunidad receptora con una clara intención política ligada a la transformación de los sistemas agroalimentarios (Méndez, 2013). Configura nuevas formas de estar y pensar la ruralidad a partir de la producción agrícola por fuera de los lineamientos de la agricultura industrial, así como formas de consumo ligadas a mercados locales, con insumos locales, que favorecen la calidad de vida del campesinado.

Esto implica que la neorruralidad agroecológica tiene una pretensión de integración enmarcada en la reivindicación del sujeto campesino (Cid, 2014; van der Ploeg, 2010), con la intencionalidad de fomentar sus formas de producir su conocimiento, su tecnología y su lugar político en el sistema agroalimentario a escala regional y global. Por esta razón, es posible que exista una suerte de sinonimia entre la neorruralidad agroecológica y el neocampesinismo. La deferencia estriba en que puede existir un retorno de individuos urbanos al medio rural para realizar actividades agropecuarias, no necesariamente enmarcadas en los principios agroecológicos.

Este subtipo de neorruralidad nos permitió abrir la puerta a los faros agroecológicos, en tanto curso de reflexión y acción para fomentar y robustecer la transición hacia la agroecología.

Hacia una definición de los faros agroecológicos

La expresión agroecología data de los años 30 (Wezel et al., 2009). En concomitancia con los movimientos ambientales y el ecologismo, la agroecología ingresó a la agenda pública hacia los años 60 (Mejía, 1998), con la pretensión de mitigar los efectos ambientales, ocasionados por la acelerada expansión de la agricultura industrial. En la década de 1980, la agronomía fusionó su contenido técnico con las preocupaciones ecológicas que se venían cultivando décadas atrás. Se constituyó la agroecología como una ciencia técnicoagronómica (Hecht, 1995; González de Molina & Toledo, 2011).

Hacia finales del siglo XX, en la agroecología se establecieron preocupaciones por su estatuto epistemológico y por los crecientes movimientos sociales rurales y campesinos que, de manera paulatina, se acercaban a los problemas ecológicos de la agricultura industrial. Sus vertientes epistemológica y política tomaron su propio lugar. Por tanto, deja de ser comprendida como un simple acto tecnológico, que permite la producción sostenible de alimentos, para ser entendida en un triple ámbito: práctico, teórico y político.

La agroecología se entiende como una ciencia híbrida, puesto que alude a una forma de conocimiento científico que trasciende los límites de la racionalidad instrumental: representa la unión de distintas disciplinas científicas, la religación del conocimiento fragmentado y la participación de actores sociales que no hacen parte de la comunidad científica (Giraldo, 2013; Ruíz-Rosado, 2006). Se preocupa por ampliar la dimensión comprensiva de las relaciones recursivas entre ambiente y cultura (Altieri & Toledo, 2011; Álvarez-Salas et al, 2014; León, 2009) y pretende dar cuenta de "la naturaleza de la agricultura como una evolución entre la cultura y el ambiente tanto en el pasado como en el presente" (Ruíz-Rosado, 2006, p. 141).

La agroecología se entiende desde la síntesis de una triple perspectiva: en términos epistemológicos, como ciencia; en términos políticos, como movimiento, y en términos técnicos, como práctica (Wezel et al., 2009). Su enfoque es holístico e integrador (Giraldo 2018), así los factores técnicos, propios de su raíz agronómica y ecológica, se encuentran íntimamente ligados a factores de orden político, económico, cultural y social, desarrollados a escala local (Nicholls et al., 2015; Nicholls & Altieri, 2018; Reijntjes & Waters-Bayers, 1992).

La escala local de la agroecología, en su triple perspectiva, debe ser coherente con el escalamiento de la agroecología a nivel nacional y regional. Este es un reto de gran envergadura, pues implica trascender la perspectiva agronómica para, en el marco del desarrollo de las perspectivas restantes, abordar las complejidades del sistema agroalimentario en su conjunto (Calle et al., 2013). En este cometido, las redes locales de cooperación ocupan un rol crucial, en tanto permiten superar el enfoque de sostenibilidad, apalancado por robustas redes de financiarización internacional de la agricultura y la alimentación,2 hacia un enfoque sustentable, donde sea posible la reproducción de la vida a través de la producción de alimentos, de conocimientos y posturas sobre la manera de producir, cuidar, ser y estar en la naturaleza (Giraldo, 2013).

La escala local, de cualquier manera, es central en este tránsito. Es allí donde se configuran —y se han configurado históricamente— redes de relaciones sociales basadas en la solidaridad horizontal, donde la familia y la comunidad tienen una significación en el orden de lo vital. Estas redes de relaciones tienen funciones educativas, de formación política, de reproducción social, entre otras (Ostrom, 2009). Su robustecimiento ha evolucionado particularmente de la mano con la supervivencia de las comunidades rurales en América Latina.

Los faros agroecológicos son, en cierta medida, el resultado de estas redes de relaciones tradicionales. En América Latina, las primeras experiencias nos remontan a Cuba, con la consolidación del denominado período especial. La caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) dejó en evidencia la dependencia de la isla respecto de los insumos agrícolas que permitieron el desarrollo de la agricultura industrial. Esto derivó en una crisis total que tuvo su expresión en el sistema agroalimentario.

La recuperación de las prácticas agrícolas tradicionales se desarrolló como una estrategia para mitigar la crisis y lograr autosuficiencia alimentaria, de la mano de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), en la provincia de La Habana (Ranaboldo & Venegas, 2007; Rosset & Altieri, 2018), a partir de los denominados "faros agroecológicos". Estos permitieron el cultivo de una conciencia ambiental que, progresivamente, se desligaron de la agricultura industrial promovida desde la URSS. Esto derivó en nuevas formas de cultivo con orientación ecológica, la recuperación del autoconsumo, la revalorización del conocimiento campesino y el estímulo hacia el trabajo cooperativo (Machín et al., 2012; Ranaboldo & Venegas, 2007).

Entre 1994 y 1997, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) financió la estrategia Sustainable Agriculture Networking and Extension (sane) (Ranaboldo & Venegas, 2007), donde los faros agroecológicos se desarrollaron como una alternativa capaz de proveer luz a los procesos de transición hacia la agroecología. Esta avanzada se extendió por América Latina, bajo el liderazgo del Centro de Educación y Tecnología de Chile.

Esta noción de los faros agroecológicos tuvo ocasión con la estrategia de producción agrícola sostenible en la región. Los faros, por tanto, orientan los procesos de transición agroecológica en un sentido extensionista convencional, donde cada uno se constituía como una experiencia insignia para proveer formación y capacitación en el nivel local (Infante & San Martín, 2015). De la misma manera, ocurrió en Perú y Honduras (Rodríguez & Hesse, 2000).

Resulta plausible afirmar que los faros agroecológicos se han desarrollado en América Latina a través de dos nociones de la agroecología contrapuestas entre sí. Por un lado, los faros se entienden como experiencias para alumbrar el camino de la transición hacia la agroecología, a partir de un enfoque sostenible que ha evolucionado en el marco de un proceso de cooptación de la agroecología por parte de entidades multilaterales, como la FAO, PNUD, OMS, entre otras (Giraldo & Rosset, 2016). Por otro lado, los faros son comprendidos como una posibilidad para el escalamiento de la agroecología.

Escalar la agroecología implica la configuración de un tejido social de base local, apalancado por las distintas expresiones del movimiento agroecológico. Desde esta postura, los faros son expresiones de la agroecología de base comunitaria, con orientaciones políticas claramente establecidas y construidas a partir del diálogo de saberes (González de Molina et al., 2021; Gliessman, 2015).

Nos interesa desarrollar esta última concepción, ligada a la complejidad de los sistemas agroalimentarios. Lo anterior supone abordar la diversidad de actores que en ellos confluyen y las relaciones de poder que se entretejen.

El poder situado en las redes agroecológicas

El poder es un concepto central en todos los análisis sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales de nuestra sociedad. Es un término que se usa ampliamente en la cotidianidad y, por lo mismo, conlleva una dificultad para definirlo y unificar su uso. No obstante, esa versatilidad del concepto puede transformarse en una invitación a cuestionar los lugares comunes que se utilizan para comprender las implicaciones del poder y ahondar en las múltiples relaciones que se derivan de su ubicación en los procesos de conformación de redes.

Son numerosos los pensadores que han indagado sobre la noción de poder, desde Hobbes, Spinoza, Foucault, Weber, por mencionar algunos. Citar a todos los autores sería una labor interminable. Sin embargo, el abordaje del poder suele estar vinculado a una grave ausencia: las relaciones de dominación y explotación y las múltiples formas de manifestación que tiene en las relaciones de género. Para autores referentes en los análisis del poder, como Steven Lukes, el poder es una capacidad, no el ejercicio de esa capacidad (Blacha, 2011). No obstante, no existe un mínimo cuestionamiento sobre los factores que intervienen en dicha capacidad.

Esta es una inquietud central respecto de las reflexiones feministas que denuncian la invisibilización de los efectos que el poder tiene en las relaciones con las mujeres y los otros seres excluidos por los diversos mecanismos, impuestos por el sistema patriarcal en conjunción con el sistema capitalista. El efecto de este poder no se limita a las relaciones de género, involucra otras formas de opresión ligadas a condiciones de raza, orientación sexual, nacionalidad e, inclusive, abarca seres no humanos.

La anterior es una contribución significativa de la Ecología Política Feminista (EPF), que aporta al pensamiento feminista reflexiones sobre ontologías relacionales y la interdependencia como principio de la vida. Más allá de la noción esencialista de la naturaleza, algunas corrientes del pensamiento de la EPF buscan entender la naturaleza no simplemente como un contexto objetivado contra el cual se desarrollan las relaciones sociales, sino a través de una ontología relacional poshumanista, que reconoce las conexiones corporales y materiales con el entorno (Elmhirst, 2018).

Al explorar los análisis de poder en la historia del pensamiento feminista, es posible encontrar un cambio importante en su abordaje. En la década de los 80, el análisis se centraba en el cuestionamiento del poder en la esfera pública, donde las mujeres, desde una perspectiva liberal, reivindicaban una mayor igualdad, redistribución y reconocimiento. No obstante, feministas críticas, durante esta misma década, optaron por un rechazo a la idea de poder en general, lo que implicó abandonar la posibilidad de profundizar y clarificar los efectos del poder desde una perspectiva feminista (de la Fuente, 2015). En la década de los 90, el poder, como categoría central del análisis, recobra su protagonismo, impulsado por los movimientos decolonizadores y, posteriormente, de decolonialidad. Esta última categoría buscaba

subvertir el patrón de poder moderno-colonial en todos los dominios de la experiencia humana, así como la apertura a nuevas prácticas y discursos alternativos que reconozcan la herida colonial y reivindiquen a quienes fueron fragilizados por el patrón de poder colonial. (Guelman & Palumbo, 2018, p. 194)

De acuerdo con Amy Allen, la teoría política feminista ha abordado la cuestión del poder desde tres perspectivas: recurso, poder sobre y poder para (o empoderamiento) (de la Fuente, 2015). Desde una perspectiva crítica, la visión del poder como recurso mantiene un sesgo individualista, por lo que se ha optado por una perspectiva relacional. Empero, las otras nociones son objeto de cuestionamientos. Por un lado, el poder sobre hace hincapié en una relación de restricción, coacción, obligación para afectar materialmente las acciones y elecciones de otros en formas que estas personas no habrían elegido libremente (Schmitt, 1995): en una forma de dominación que se puede llevar a inferir como una subyugación masculina. El problema con esta forma de abordar el poder es el riesgo de romantizar el sometimiento femenino, desconociendo formas de poder que las mujeres pueden ejercer y limita el análisis del poder a una posibilidad de tomar decisiones en un marco establecido de la misma manera que lo plantea Lukes, prescindiendo de la posibilidad de transformación y cambio que puede ofrecer un análisis situado del poder.

Frente a estas críticas a la concepción dominante del poder surge una alternativa heurística y prescriptiva: el poder para (de la Fuente, 2015). Esta forma de poder resalta la posibilidad de lograr un fin, a pesar de la subordinación. Se asocia con el empoderamiento como autorrealización y como un tránsito del poder sobre al poder para. Esta noción del poder para se puede asociar con el poder con, vinculado a aspectos de solidaridad o poder hacer como capacidad colectiva y autónoma de creación (Fabbri, 2013).

Pervive una limitación conceptual y metodológica para comprender los procesos de transformación social. Como lo afirma la EPF, el funcionamiento de los marcos conceptuales opresivos y patriarcales —caracterizados no solo por dualismos y jerarquías de valor, sino por conceptos de poder, relaciones de dominación y por una lógica de dominio fundada en la superioridad (Warren, 1996)— se ancla en marcos conceptuales dualistas, como el binomio naturaleza-cultura, que son elementos clave para el avance de la civilización occidental (Merchant, 1980). La EPF, alimentada por el ecofeminismo, el ambientalismo feminista, las perspectivas decoloniales, entre otras corrientes de pensamiento, busca "dar forma a procesos de cambio ecológico, a la lucha de los hombres y las mujeres para sostener formas de subsistencia ecológicamente viables y a las expectativas que cualquier comunidad tiene de un 'desarrollo sustentable'" (Rocheleau et al., 2004, p. 345).

Como afirman Rocheleau y Roth (2007), para enfrentar los desafíos de nuestras realidades necesitamos comple-jizar nuestras nociones de redes, poder, territorio, conectividad y ecología. Por tanto, las autoras proponen "(1) colocar el poder en las redes, (2) conectar las redes a los territorios, (3) unir las redes y teorías sociales y naturales en igualdad de condiciones, y (4) integrar estructuras de red estáticas con sistemas de comportamiento dinámicos" (Rocheleau & Roth, 2007, p. 37).

Estas autoras teorizan la circulación y el enraizamiento en términos de poderes de movilidad y conectividad en dimensiones horizontales y verticales. A partir de esta propuesta, es interesante explorar la interacción, los desafíos, los obstáculos y las potencialidades de las prácticas neorrurales que encontramos en el proceso de construcción de una red de faros agroecológicos en la Provincia de Oriente.

Las redes son comprendidas como las múltiples relaciones que se entretejen en el entramado comunitario: el tejido social articula la experiencia cotidiana y acoge la "heterogénea multiplicidad de mundos de la vida que pueblan y generan el mundo bajo pautas diversas de respeto, colaboración, dignidad y reciprocidad no exentas de tensión, y acosadas, sistemáticamente por el capital" (Gutiérrez et al., 2016, p. 410).

La propuesta de estas autoras se inscribe en un deseo de examinar más detenidamente las relaciones socioecológicas para determinar el tipo de poder desplegado, más allá de las definiciones tradicionales de poder que enfatizan el poder sobre (control), el poder en contra (resistencia) y el poder con (solidaridad). A partir de situar el poder en las redes o pensar en redes enraizadas (rooted networks) (Rocheleau, 2015), se contempla un espectro más amplio de relaciones de poder que incorpora el poder lateral, el poder desde abajo y el poder a pesar de (Cantor et al., 2018).

El poder lateral examina relaciones de poder concomitantes enfocadas en la realización de un objetivo común. El poder desde abajo se asocia con múltiples formas de resistencia que se manifiestan, por ejemplo como un poder contra las formas de opresión y explotación. El poder a pesar de apela a las formas, estrategias y búsquedas de solidaridad en un marco de dificultades.

El enfoque de las redes enraizadas aprovecha la pluralidad de puntos de vista del feminismo para obtener apoyo analítico en nuestra comprensión de los medios de vida, las identidades y la formación de alianzas. En el caso de la red de faros agroecológicos, aunque los participantes puedan tener un objetivo común que motive las articulaciones, la naturaleza de los vínculos y conexiones pueden variar en intensidad, voluntad, capacidad propositiva, liderazgo, entre otras. A continuación, exploramos, a través de los tipos de poder, los términos que han ido construyendo vínculos entre los neorrurales y su objetivo de transitar hacia la agroecología en los territorios de acogida.

Un acercamiento al proceso de la red de faros agroecológicos en la Provincia de Oriente de Cundinamarca

El trabajo interdisciplinar que hemos emprendido ha propiciado, durante el 2021 e inicios del año 2022, el desarrollo de una investigación encaminada a analizar y evidenciar el fenómeno de la transición agroecológica, presentado desde hace varios años en la Provincia de Oriente del departamento de Cundinamarca, especialmente en los municipios de Choachí, Fómeque y Ubaque (ver figura 1).

Figura 1. Ubicación de Fómeque, Choachí y Ubaque en la Provincia de Oriente

Fuente: elaboración propia.


A partir de este proyecto, hemos avanzado en el análisis y comprensión del escalamiento de la agroecología que se ha construido en estos municipios. Las personas y sus experiencias, las cuales han sido parte de la investigación, han edificado una red de faros agroecológicos. Se trata de varias iniciativas que, desde sus particularidades, capacidades e intenciones, conforman un tejido colectivo, encaminado a generar acciones para repensar el modelo del sistema agroalimentario y los modos de concebir la reproducción de la vida en una escala local.

Hemos establecido un acercamiento con aproximadamente 48 experiencias o iniciativas que realizan actividades de diferentes características y con condiciones y matices particulares. La siguiente imagen (ver figura 2) presenta la georeferenciación de las experiencias participantes.

Figura 2. Georreferenciación red de faros agroecológicos de la Provincia de Oriente

Fuente: elaboración propia.


Todas las experiencias apuntan a un horizonte común: reconfigurar las formas de estar y pensar la ruralidad, la producción de alimentos, la alimentación y, en general, cuidar y estar en la naturaleza, a partir del mantenimiento de vínculos sociales solidarios entre las familias y la comunidad. Algunas de estas experiencias han destinado sus actividades al ecoturismo, la producción de alimentos orgánicos, el comercio justo de alimentos, la educación ambiental, los procesos de reforestación de vegetación nativa, la bioconstrucción, la producción de bioinsumos, la apicultura, el intercambio y resguardo de semillas ancestrales, la investigación en saberes ancestrales y en agroecología, la comunicación comunitaria, la producción y comercio de artesanías, entre otras actividades (GSEID & POTER, 2021).

Entre esta amalgama de experiencias, se teje una variedad de redes, articulaciones, afectos, reflexiones y demás posibilidades. Estas permiten el posicionamiento de un entramado colectivo que apuesta al reconocimiento del Otro, la solidaridad, el cuidado y preservación del ambiente, el alimento sano, el consumo responsable y demás apuestas que hacen de este lugar un punto clave para comprender los procesos de transición agroecológica local. El fenómeno de la neorruralidad es central respecto de la consecución de este tránsito. Consideramos, entonces, necesario realizar un aporte a la reflexión sobre las relaciones de poder que se han venido construyendo y deconstruyendo en estos tipos de redes. Allí es donde la población neorrural cumple un rol fundamental en la reconfiguración de las relaciones, los modos de producción y las cosmovisiones y en la relación con la tierra y el territorio.

Presentamos a continuación nuestro análisis del poder a partir de la propuesta de redes enraizadas (Rocheleau & Roth, 2007), específicamente lo correspondiente al análisis situado de la diversidad de poderes, suscitados en los múltiples vínculos que se entretejen para este caso. Dicha diversidad de poderes la identificamos desde tres ángulos: el poder lateral; el poder a pesar de y el poder desde abajo. Consideramos que, para el caso de los faros agroecológicos, la población neorrural ha aportado en la configuración de una serie de vínculos socioecológicos sustentados en la solidaridad, en la resistencia a los modelos predominantes de producción y en mecanismos para garantizar la reproducción de la vida en la ruralidad. A su vez, la resistencia encaminada al cambio y la creatividad, a partir de distintas propuestas y acciones que se evidencian en el territorio cotidianamente.

El poder lateral y la solidaridad en la red de faros agroecológicos

En el marco de las redes enraizadas, generadas desde las distintas experiencias que alimentan a la red de faros agroecológicos, identificamos una serie de relaciones, vínculos y expresiones que resaltan lo colectivo y lo comunitario como ejes centrales para desplegar acciones de distinta índole. Estas expresiones evidencian interacciones marcadas por la amistad y el apoyo mutuo, donde prevalecen las relaciones de solidaridad sobre las de la rentabilidad, priorizando el tejido en red(es) para sostener la vida de manera colectiva.

Dichas expresiones colectivas, que constituyen acciones colectivas, las entendemos como "acciones individuales coordinadas de forma voluntaria y cooperativa con fines compartidos por todos los participantes en la acción" (González de Molina et al., 2021, p. 113). No tienen relación alguna con acciones coordinadas por la coacción o por la imposición sobre los individuos. En estas acciones, la solidaridad adquiere una importancia vital que aporta a la reconstrucción de valores, normas, creencias, memorias y principios sustentados en las prácticas y saberes ancestrales de campesinos e indígenas, particularmente aquellos que habitaron por siglos este territorio.

Estas relaciones funcionaban, otrora, a partir de redes de apoyo mutuo, mediadas por relaciones de parentesco, vecindad o amistad (González de Molina et al., 2021), algo muy similar a lo que realizan las personas y los colectivos en la red de los faros agroecológicos. Esta cultura o ética común, que no escapa a los procesos inherentes al conflicto, centra la solidaridad y la colaboración, en términos del bienestar común, por tanto, hacia la evolución de la existencia en comunidad.

Parte de la población urbana que ha migrado al campo ha incentivado la regeneración de este tipo de relaciones, sustentadas en el fortalecimiento de tejidos sociales que buscan un mejor vivir para las comunidades y las familias. De la mano de campesinos y campesinas, comprenden la agroecología como alternativa para los modos de producción agrícola y el mejoramiento de ámbitos vitales: salud, vivienda, alimentación, comunicación, memoria, cultura y, por último, el relacionamiento con el otro, la naturaleza y los demás seres vivos.

Las relaciones diversas que se han construido están orientadas hacia el respeto, la colaboración, la dignidad y la reciprocidad. Algunas formas en que se expresan estos valores tienen lugar mediante redes sociales, construidas por medio de las mingas; el trabajo colectivo creado a través del intercambio de saberes, conocimientos y experiencias, y monedas sociales y ejercicios de trueque (Periódico El Sirirí, 2021b). Ejemplo de esto es la creación de huertas, ejercicios de reciclaje y creación de compostaje (GSEID & POTER, 2021). El voluntariado y la mano cambiada son casos que orientan las acciones de estas experiencias y, simultáneamente, desarrollan espacios de solidaridad. Se trata de la representación de una práctica ancestral local que significa "trueque de oficio", fundamentada en relaciones solidarias y de pares por encima del valor monetario.

Estas apuestas llevan consigo la característica de la solidaridad, en tanto motor que incentiva formas de relacionamiento justas, recíprocas y horizontales. Las experiencias que alimentan esta red de faros agroecológicos hacen uso del poder lateral y energías interconectadas para expresar formas de resistencia y de oposición a modelos dominantes que atentan contra la vida y contra su reproducción de manera sustentable, consciente y en comunidad.

El poder a pesar de: voluntades confrontadas y resistencias frente al poder dominante

La especulación financiera en el marco del sistema agroalimentario ha impactado negativamente a las comunidades rurales y campesinas, en especial a las de los países con menores ingresos. Este proceso de especulación determina las imposibilidades de la reproducción de la vida urbana y rural y genera dinámicas que, más allá de las interacciones entre oferta y demanda, tienen determinantes sociales cambiantes, voluntades y relaciones de poder. Este ordenamiento del sistema agroalimentario "aspira a convertirse en permanente, a perdurar en el tiempo, beneficiando a quienes tienen una posición dominante o de poder" (González de Molina et al., 2021, p. 56).

Las consecuencias de esta aspiración pasan por las secuelas de la tala indiscriminada de bosques, la caza de animales silvestres, la contaminación de fuentes hídricas, la dependencia de las y los agricultores a los cambios constantes del mercado mundial de alimentos y sus insumos de producción (Vivas, 2022), la incapacidad para garantizar el derecho a la alimentación a escala planetaria y la escasa rentabilidad de la actividad agrícola para las y los campesinos y agricultores familiares. Estas secuelas, comunes en diferentes lugares del mundo, son percibidas con sus propios matices y particularidades en los territorios de Fómeque, Choachí y Ubaque. El modelo de desarrollo rural imperante, basado en la agricultura industrial, se enfrenta a formas alternativas que resisten3 en el nivel local como propuestas para vivir dignamente en el marco de la producción de lo común.

Son múltiples y variadas las formas de resistencia que convergen, en última instancia, en acciones de escalamiento de la agroecología a nivel local. Son resistencias frente a los poderes dominantes que pretenden controlar y regir los rumbos, en los que se debe vivir, producir y reproducir la vida en su esencia y cotidianidad. Estas resistencias, expresadas en acciones colectivas, trabajos en red, movilizaciones y formas de organización comunitaria, se enfrentan continuamente a modos convencionales de concebir la relación con la tierra. En estos territorios, persisten prácticas agrícolas sustentadas en el monocultivo, dependientes de insumos de síntesis química (insecticidas, herbicidas, fungicidas y fertilizantes) (GSEID & POTER, 2021) y realizadas por campesinos y pequeñas, medianas y grandes empresas. Los cultivos del girasol, uno de los principales en Choachí, son un ejemplo característico (Vivas, 2022).

De acuerdo con las narraciones de las experiencias, se han presentado limitaciones para articular y trabajar de la mano de campesinos y campesinas oriundas de este lugar, quienes por décadas han desarrollado prácticas agrícolas relacionadas con la agroindustria. Para estas personas, la agroecología no es vista como una alternativa viable, desde un punto de vista económico y técnico. Por lo tanto, es evidente el poco interés en generar algún tipo de vínculo colectivo al respecto.

A pesar de estos obstáculos, impuestos por el sistema agroalimentario actual, muchos habitantes que migraron de la ciudad a la ruralidad, de la mano de familias campesinas, han apostado por la comunalidad como forma de resistencia y forma común de hacer la vida creativa y productivamente (Martínez, 2015). Lo anterior, a pesar de la falta de garantías políticas y sociales que poseen estos tipos de experiencias, especialmente en lo referente al reconocimiento de estas apuestas en un marco normativo y de políticas públicas de orden local y nacional.

El poder desde abajo: formas creativas de resistencia y tránsitos hacia la agroecología

En el territorio, se presenta la combinación de distintas fuerzas y vínculos sociales que, desde una escala local, apuntan sus esfuerzos hacia la defensa de la soberanía alimentaria, la justicia ambiental y social, la salud colectiva, los derechos campesinos, la sustentabilidad ecológica y, en un sentido más amplio, la democracia (González de Molina et al., 2021). Estas resistencias variopintas desarrollan acciones de índole educativa, de formación política, de investigación, de reproducción social, de producción, procesamiento, distribución y consumo de alimentos, de servicios comunitarios, entre otras propuestas. La vitalidad de estos tejidos sociales evidencia una intencionalidad política ligada a la construcción de un nuevo sistema agroalimentario que, en el plano local, configura formas distintas de convivir, consumir y producir en la ruralidad.

La red de faros agroecológicos construye prácticas políticas que pretenden la creación de senderos que redefinan las formas de reproducción de la vida en el territorio. Son acciones políticas en torno a la defensa de los páramos, la producción de alimentos sanos y saludables, la venta de alimentos en el marco del comercio justo, la reforestación y restablecimiento de bosques y la preservación del patrimonio natural y cultural de la región. Estas apuestas transitan desde la resistencia hacia el cambio de las prácticas, realidades, pensamientos y sentires.

Por supuesto, los faros agroecológicos se configuran a partir de la concurrencia de diversos esfuerzos colectivos y trayectorias individuales (Elias, 2022). La estructura ecológica de la Provincia de Oriente, en general, y de los municipios de Ubaque, Fómeque y Choachí, en particular, ha permitido escenarios de movi­lización para la defensa de la naturaleza y en contra de la minería (Periódico El Sirirí, 2020). Estos esfuerzos se unieron a la dinámica de los faros, en tanto observan otra alternativa que se conecta con sus objetivos y esfuerzos.

En términos de las trayectorias individuales, muchas personas concurrieron a los espacios donde se desarrolló el proyecto, puesto que persisten formas de racionalidad ambiental en el campesinado que llevan explorar este tipo de iniciativas. Esto no quiere decir que todas las trayectorias que se involucraron en el proceso iniciaron un proceso de transición hacia la agroecología. No obstante, logramos juntar al menos cinco de esas trayectorias para la configuración inicial del faro en la Provincia de Oriente, como indicamos a continuación.

Son diversas y múltiples las alternativas en el territorio de Choachí, Fómeque y Ubaque que, por limitaciones de espacio, no es posible enunciar en su totalidad. Iniciativas como Bancalimentos, ubicada en Choachí y Fómeque (Periódico El Sirirí, 2021a), reivindican la labor de los recuperadores de residuos sólidos y su importancia para la sustentabilidad ambiental del territorio.

Las experiencias que realizan actividades relacionadas con la comercialización de alimentos promueven nuevas formas de concebir el consumo. Además, asumen el consumo como un acto político, a propósito de las múltiples relaciones necesarias para producir alimentos. Se trata de una apuesta que pretende disminuir y, en ciertos casos, eliminar la intermediación entre productor y consumidor: visibilizar la cadena de producción que sostiene los alimentos que se están transando. Allí, la reproducción comunitaria de la vida adquiere un papel protagónico.

Este trabajo creativo involucra al campesinado, en el marco del escalamiento de la agroecología, a pesar de las posibles reticencias o imaginarios sociales respecto de la agroecología y la producción sustentable. Los niños, niñas y adolescentes son igualmente destacados en estos ejercicios. Por medio de las escuelas y las veredas es posible incidir en cambios de pensamiento y prácticas que atentan contra el cuidado de la tierra y los recursos que esta misma puede brindar (GSEID & POTER, 2021).

Las mujeres tienen un rol central en la reproducción de estos vínculos solidarios y creativos. En palabras de González de Molina y otros: "las mujeres acumulan una amplia experiencia histórica y una diversa colección de habilidades sociales comunitarias y cooperativas que pueden ser un banco de inteligencia colectiva para usar en la transición agroecológica" (2021, p. 172).

Así mismo, las mujeres participan activamente en la preparación, siembra, cultivo, cosecha, postcosecha, mercadeo y comercialización de alimentos. Sus aportes en materia de salud y educación y sus conocimientos respecto al uso de plantas medicinales permiten el tránsito hacia formas de reproducción sustentable y equitativa de la vida.

El poder desde abajo, a partir de estas experiencias, ha incidido en la creación de nuevas formas de relacionamiento con la humanidad y la naturaleza. Sin embargo, son grandes los desafíos que permanecen: reconocer la perspectiva política de la agroecología y exigir la intervención del Estado son retos que están en construcción para lograr un sistema agroalimentario más justo y saludable para todas las formas de vida.

Reflexiones finales

La neorruralidad es una categoría poco explorada en América Latina, en general, y en Colombia, en particular. Aunque la ruralidad es un espacio y una categoría analítica en permanente transformación, el siglo XXI trajo consigo nuevas dinámicas que son precisas identificar y caracterizar. Este tipo de migración urbano-rural hace parte de estas novedades, por lo que resulta pertinente ampliar la dimensión comprensiva al respecto y caracterizar los efectos que trae sobre la ruralidad colombiana.

En este documento, anduvimos en la procura de mostrar los efectos y la importancia de la neorruralidad en la red de faros agroecológicos que tiene ocasión en la Provincia de Oriente, en el departamento de Cundinamarca. Con frecuencia, se presentan argumentos que le restan importancia al fenómeno neorrural; uno de ellos, se refiere al aspecto cuantitativo: la migración urbano-rural es insignificante respecto de la cantidad de campesinos que aún habitan la ruralidad en Colombia. Lo anterior es cierto; sin embargo, pocos individuos neorrurales han logrado dinamizar una red, lo que, con el paso del tiempo, incluirá a la población campesina.

Otro argumento se refiere a la identidad y alude a la pertenencia en el territorio. Según esta afirmación, solo es posible actuar de manera orgánica en un territorio si se pertenece a este, lo que significa tener un vínculo de nacimiento o de parentesco. El primer encuentro entre lugareños y extranjeros es estereotipado, marcando, a primera vista, lo tradicional y lo nuevo. Cuanto más madura este encuentro, más se disuelven los estereotipos y se valora lo nuevo de los extranjeros y lo tradicional de los lugareños. En este sentido, resulta posible que las personas neorrurales se integren orgánicamente a la comunidad de acogida.

En el momento en que se inaugura la pertenencia orgánica de las personas neorrurales en la comunidad receptora, ciertos cambios se presentan. Por supuesto, los valores tradicionales no se transforman en el corto plazo. Como cualquier transformación cultural, es necesaria la paciencia y la reflexividad. Paulatinamente se integran algunos lugareños y los espacios de resistencia, solidaridad y creatividad se van tejiendo y robusteciendo.

Hemos abrazado la propuesta de las redes enraizadas, en tanto nos permiten encontrar una narrativa para hilar los hechos que han permitido la evolución de la red de faros agroecológicos en Choachí, Fómeque y Ubaque. Además, nos permiten tener una comprensión más profunda de las asimetrías y el carácter volitivo de las relaciones de poder. De igual manera, ofrece una posibilidad analítica para abordar las experiencias organizativas comunitarias.

No obstante, la propuesta de redes enraizadas está enmarcada en una suerte de compartimentación de los tipos de poder. Aunque su aporte es apropiado, no logra establecer una configuración integral entre los tipos de poder. En consecuencia, consideramos que los procesos de resistencia (poder a pesar de) son agenciados desde un nivel comunitario, el cual permite que se conforme un tejido robusto a partir de las relaciones de solidaridad horizontal ( poder lateral), lo que desemboca en formas creativas de ejercicio del poder y de cualificación de la disputa ( poder desde abajo).

De cualquier manera, hemos querido mostrar una posible ruta de acción para la transformación de los sistemas agroalimentarios a partir de la transición hacia la agroecología. Es pertinente señalar que este proceso de transformación se acerca mucho más al éxito en tanto los actores neorrurales se integren a la comunidad receptora, con una tradición campesina, para estimular los procesos de transición a la agroecología, a través de una síntesis entre los saberes científicos y vernáculos y en el marco de la reivindicación política del campesinado como sujeto histórico de la agroecología y principal responsable de la producción alimentaria, cuando menos, en América Latina.

Las redes enraizadas pueden ser una puerta de entrada para explorar posibles relacionamientos entre la neorruralidad y los procesos de acción colectiva enmarcados en la agroecología. Se trata de una convergencia inusitada, siempre que suelan ser perspectivas conceptuales y analíticas que se desplieguen en trayectorias disciplinares (ciencia política, sociología, geografía). Resulta posible emprender esfuerzos etnográficos para comprender, con mayor profundidad, los procesos de configuración de los esfuerzos colectivos, donde la neorruralidad tiene una presencia significativa y aporta a los procesos agroecológicos. También es posible construir nuevas rutas investigativas, donde la microhistoria pueda dar cuenta de las formas en que la agroecología configura su propia acción colectiva, a partir de actores que, en principio, le son extraños, como es el caso de las personas neorrurales.


Notas

1 Estos estereotipos son relacionales: afianzan el lugar propio y señalan el peligro que representa el lugar del otro (Trimano, 2015). Los lugareños establecen caracterizaciones estandarizadas y peyorativas sobre los extranjeros como un recurso de defensa que evidencia la necesidad de conservar las costumbres y tradiciones establecidas. Por el contrario, los recién llegados conforman alusiones homogeneizantes que insinúan de manera despectiva la invariabilidad social, política y cultural de los lugareños. Esto denota la superioridad típica de la urbanidad que, aunque desee involucrarse en la comunidad receptora, pretende la configuración de nuevas relaciones con una frecuente ceguera respecto del acervo cultural que le es propio.

2 Se refiere al proceso de especulación financiera, gestionada en el marco de las reglas del mercado global agroalimentario, donde los productores precarizados del sur global son enfrentados a sus pares subsidiados del norte global (Giraldo, 2018). Se trata, en suma, del enfrentamiento de la agricultura familiar y campesina con las grandes corporaciones transnacionales de insumos (semillas, hormonas, patentes), respaldadas por los Estadosy las entidades multilaterales (Rubio, 2017).

3 Actualmente, se presentan una serie de conflictos de carácter territorial en estos tres municipios que repercuten negativamente en la calidad de vida y la permanencia de las comunidades campesinas allí. Algunos de estos problemas, se relacionan con la exploración y explotación minera en los municipios de Choachí y Ubaque, como el proyecto de la Perimetral Oriente de Cundinamarca, que pretende construir una vía de comunicación regional que afecta, entre otros, el cauce de más de 60 manantiales de agua. Estas iniciativas gubernamentales y privadas han sido motivo de movilización social de las comunidades rurales. Para más información, se puede visitar el blog del Periódico El Sirirí: http://periodicoelsiriri.blogspot.com/


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