10.12804/revistas.urosario.edu.co/disertaciones/a.16107
Reseña
Hilda Paola Muñoz-Pico 1
1 Escuelo de Comunicación. Universidad Internocionol del Ecuador UIDE (Ecuador)
himunozpi@uide.edu.ec;
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El conocimiento que explica y estructura el mundo debe ser comprensible para quienes lo habitamos. Por eso, la figura del divulgador cobra notoria relevancia. La mediación que ejerce al sacar de su contexto al discurso científico, transformando sus registros epistémicos (datos, fórmulas, modelos) en otra forma de existencia (narraciones, metáforas, imágenes) permite a las personas pensar y actuar sobre fenómenos que influyen en su vida y entorno.
Esa apropiación social, en la que el conocimiento es interpretado y resignificado en función de contextos, intereses y marcos culturales, permite que la ciencia se incorpore en debates públicos y formas colectivas de entender el mundo, contribuyendo a la formación de sociedades más reflexivas, cuestión no menor en un paisaje saturado de información, donde la pseudociencia inunda distintos sitios, especialmente, el ciberespacio. En este contexto, Grandes comunicadores de la ciencia. De Galileo a Rodríguez de la Fuente, de Bienvenido León, catedrático de la Universidad de Navarra, emerge como una obra de suma utilidad para quienes buscan comunicar la ciencia, al presentar estrategias y recursos que emplearon diez grandes divulgadores, hombres y mujeres, para traducir el conocimiento científico a marcos culturales comprensibles. Desde la poesía de Galileo Galilei hasta la pasión desbordante de Félix Rodríguez de la Fuente, el libro muestra cómo los mejores divulgadores han comprendido que simplificar no significa traicionar el rigor, sino destilar la esencia de los conceptos para hacerlos accesibles.
El italiano Galileo Galilei (1564-1642), por ejemplo, a quien León presenta como el "primer gran comunicador", entendió que las palabras eran insuficientes para transmitir la experiencia y apeló a las matemáticas, las ilustraciones y la estructura del diálogo para comunicar conceptos complejos. Su estilo rompió con la rigidez académica de su tiempo, inaugurando un lenguaje que privilegió la claridad y el encanto. Utilizaba la digresión, un recurso que interrumpe de manera intencional el hilo del discurso, para dotarlo de mayor variedad y evitar el aburrimiento del lector.
La escritora inglesa Jane Marcet (1769-1858) abrió las puertas de la química a las mujeres en el siglo XVIII utilizando el diálogo como recurso pedagógico. Su habilidad para construir personajes y situaciones creíbles transformó conceptos áridos en conversaciones atractivas. Publicó 30 libros que jugaron un papel clave en la divulgación del conocimiento. Su obra más importante Conversaciones sobre química fue escrita en forma de diálogo. El formato fue tan exitoso que a finales del siglo XVIII se empleó en la docencia.
Alexander von Humboldt (1769-1859), reconocido por sus contribuciones a la ecología y la geografía, aporta una dimensión diferente: el viaje como narrativa. León retrata cómo, con sus descripciones pintorescas y datos minuciosamente documentados, no solo comunicó la ciencia, sino que la convirtió en una experiencia sensorial. El alemán utilizó de manera ingeniosa la evidencia, recurso retórico basado en la descripción viva y pormenorizada del objeto, con el propósito de situar al lector en posición de testigo ocular.
Para ser más preciso en su documentación, León visitó los lugares en donde los divulgadores se desenvolvieron y entrevistó a un experto sobre la biografía de cada uno. Así, logró detallar cómo tales figuras, por ejemplo, el naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882) y el científico español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), adoptaron enfoques más introspectivos. Darwin priorizó la claridad y utilizó recursos como las metáforas y las dudas personales para construir una narrativa que invitaba al lector a explorar, mientras que Ramón y Cajal combinó la ciencia con la reflexión filosófica.
Uno de los aspectos más valiosos del libro es cómo conecta ejemplos históricos con los desafíos actuales. La obra de la bióloga estadounidense Rachel Carson (1907-1964), quien denunció los peligros del desarrollo económico descontrolado, resuena con las preocupaciones contemporáneas sobre el cambio climático. Ella logró combinar datos rigurosos con narrativas emotivas para establecer una comunidad de intereses con la audiencia. Sus textos comenzaban con una tesis que iba desarrollando desde lo general hasta lo particular.
Del naturalista español Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980), aprendemos que la ciencia puede emocionar mediante el empleo de historias que despierten emociones, y del estadounidense Cari Sagan (1934-1996), la importancia de la perspectiva humanista en la comunicación. Él hablaba de ciencia, a la vez que exploraba las implicaciones culturales, filosóficas y éticas de los descubrimientos científicos.
El inglés David Attenborough (1926), reconocido naturalista, pone sobre la mesa que el rigor y el espectáculo no son incompatibles, así lo evidencian sus documentales que revolucionaron la historia natural. En ellos se aprecia la actualidad, proximidad, prominencia, rareza, conflicto, suspense, emociones y consecuencias, que son principios generales de la psicología de la percepción.
El libro cierra con la primatóloga y etóloga británica Jane Goodall (1934), quien estableció una conexión más profunda con la audiencia y el contenido científico a través de historias en donde es protagonista, permitiéndole establecer una conexión más profunda con el contenido científico.
Con todo este desglose de técnicas narrativas que posibilitaron a grandes divulgadores marcar un antes y un después en la comunicación científica, no cabe duda de que Grandes comunicadores de la ciencia aporta varios insumos para hacer inteligible el conocimiento científico. Aunque quizá hay otros grandes divulgadores y divulgadoras que el lector puede echar de menos (por ejemplo, los que dialogan con saberes ancestrales o los que ofrecen una perspectiva desde el sur global), la obra de León combina una interesante selección de distintos periodos y orígenes que permiten identificar patrones narrativos que han marcado la historia de la divulgación. De paso, nos recuerda que comunicar la ciencia es un acto de democratización del conocimiento. Su mensaje es claro: comunicar la ciencia no es solo una habilidad, es una responsabilidad.
Datos del libro
Título: Grandes comunicadores de la ciencia. De Galileo a Rodríguez de la Fuente.
Lugar y año: España, 2024
Autor: Bienvenido León
Editorial: Editorial Cornares
Número de páginas: 300
