10.12804/revistas.urosario.edu.co/disertaciones/a.14885

ESTUDIOS


VEINTE AÑOS DEL 11M:
¿DESINFORMACIÓN O PERIODISMO DEFICIENTE?
ANÁLISIS DEL IMPACTO SOCIOPOLÍTICO EN LAS ELECCIONES GENERALES

Twenty Years of 11M:
Disinformation or Deficient Journalism?
Analysis of the Socio-Political Impact of the General Elections

Vinte anos do 11M:
desinformação ou jornalismo ruim?
Análise do impacto sociopolítico nas eleições gerais


Ernesto García-Ojeda 1
Marta Saavedra 2

1 Universidad Nebrija (España)
https://orcid.org/0009-0001-1143-5582
egarciao3@alumnos.nebrija.es

2 Universidad Nebrija (España)
msaavedr@nebrija.es


Recibido: 29 de septiembre de 2024
Aprobado: 23 de marzo de 2025
Fecha de prepublicación: 30 de mayo de 2025


Para citar este artículo: García-Ojeda, E., & Saavedra, M. (2025). Veinte años del 11M: ¿desinformación o periodismo deficiente? Análisis del impacto sociopolítico en las elecciones generales. Anuario Electrónico de Estudios en Comunicación Social "Disertaciones", 18(2). https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/disertaciones/a.14885



RESUMEN

Dos décadas después de los atentados del 11M es necesario reflexionar sobre el ejercicio periodístico realizado y determinar si la sociedad española vivía uno de los primeros momentos de desinformación o si las acciones editoriales correspondían a un periodismo deficiente. Esta investigación parte de un estudio descriptivo que nos ayuda a contextualizar el objeto de estudio, para, en una segunda fase, que descansa sobre la técnica de la entrevista en profundidad, someter a juicio de cuatro expertos en desinformación y comunicación política la labor de los medios de comunicación y la estrategia de comunicación gubernamental. Tras la investigación, queda demostrado que los medios incurrieron en periodismo deficiente, si bien se aprecian en algunos medios afines al gobierno prácticas desinformativas. Los expertos coinciden en que el gobierno ejecutó una estrategia desinformativa, tratando de engañar a la opinión pública. Todo ello contribuyó a fragmentar el discurso público y afectó las elecciones generales.

Palabras clave: atentados del 11 de marzo; desinformación electoral; estrategia de desinformación gubernamental; desinformación en atentados del 11M; tratamiento informativo a los atentados del 11M.


ABSTRACT

Two decades after the 11M attacks, it is necessary to reflect on the journalistic exercise carried out and determine if Spanish society was experiencing one of the first moments of disinformation or if the editorial actions corresponded to a deficient journalism. This research is based on a descriptive study that helps us to contextualize the study object, in order to, in a second phase, which rests on the technique of in-depth interviews, submit to the judgment of four experts in disinformation and political communication the work of media and the governmental communication strategy. After the research, it is shown that the media committed a deficient journalism, although disinformation practices can be seen in some media related to the Government. Experts agree that the Government executed a disinformation strategy, trying to deceive public opinion. All this contributed to fragmenting the public discourse and affected the general elections.

Keywords: Attacks 11 March; electoral disinformation; government disinformation strategy; disinformation 11M attacks; 11M attacks informative treatment.


RESUMO

Duas décadas depois dos atentados de 11 de março de 2004, é necessário refletir sobre a prática jornalística realizada e determinar se a sociedade espanhola vivia um dos seus primeiros períodos de desinformação ou se as ações editoriais correspondiam a um jornalismo de má qualidade. Esta pesquisa começa com um estudo descritivo que nos ajuda a contextualizar o objeto de estudo. Em uma segunda fase, com base na técnica de entrevistas em profundidade, examinamos o trabalho da mídia e a estratégia de comunicação do governo para o julgamento de quatro especialistas em desinformação e comunicação política. A investigação revelou que o trabalho da mídia resultou em um jornalismo ruim, embora alguns veículos de comunicação pró-governo tenham sido considerados desinformados. Especialistas concordam que o governo implementou uma estratégia de desinformação para tentar enganar o público. Tudo isso contribuiu para fragmentar o discurso público e afetou as eleições gerais.

Palavras-chave: ataques de 11 de março; desinformação eleitoral; estratégia de desinformação do governo; ataques de desinformação 11M; cobertura noticiosa dos ataques de 11M.



La desinformación supone uno de los mayores desafíos para las democracias actuales, especialmente en los contextos de procesos electorales (Secchi & Kalpschtrej, 2022). El informe del Foro Económico Mundial (2024) sitúa la desinformación como el principal riesgo en los próximos dos años y, en España, el Departamento de Seguridad Nacional (2024) la considera la mayor amenaza para la estabilidad del país, superando al crimen organizado o al terrorismo. El fenómeno también preocupa a la ciudadanía: en España, al 64 % de la población le alarman los bulos (Vara-Miguel, 2023).

La investigación sobre este fenómeno ha experimentado un notable crecimiento (Rúas-Araújo & Paniagua-Rojano, 2023) y los diferentes autores coinciden en definir la desinformación como la "creación e intercambio deliberado de información que se sabe que es falsa" (Wardle, 2017) y que "puede causar daños importantes si la gente es engañada por ella" (Fallis, 2015, p. 422).

Desinformación, desorden informativo y periodismo deficiente

Para Wardle y Derakhshan (2017), la desinformación se enmarca dentro de un concepto mayor, el de desorden informativo, en el que se distinguen tres elementos: información errónea —misinformation, en inglés, información falsa que se comparte sin intención de causar daño—, desinformación —disinformation, que son los contenidos falsos que se comparten sabiendo que son falsos con un objetivo pernicioso— e información maliciosa —malinformation, esto es, la información que es cierta pero se utiliza para causar daño—.

Esta catalogación nos permite observar el componente de intencionalidad que tiene la desinformación, que ya explicaba Fallis (2015): "La mayoría de las formas de desinformación, como las mentiras y la propaganda, son engañosas porque la fuente pretende que la información sea engañosa. Otras formas, como las teorías conspi­rativas y las falsas alarmas, son engañosas simplemente porque la fuente se beneficia sistemáticamente de su carácter engañoso" (p. 413).

Además, como acabamos de indicar, los desórdenes informativos se pueden presentar de diferentes formas: "La sátira y la parodia, los titulares clickbait y el uso engañoso de leyendas, imágenes o estadísticas, así como el contenido auténtico que se comparte fuera de contexto, el contenido impostor (cuando el nombre de un periodista o el logotipo de una redacción es utilizado por personas sin relación con ellos) y el contenido manipulado y fabricado" (Wardle & Derakhshan, 2018, p. 45).

En los últimos años, encontramos varios elementos que han contribuido al aumento de la desinformación, como señalan Sánchez y Magallón-Rosa (2023). Por un lado, la "erosión y desconfianza" de los medios de comunicación; por otro, algunas tendencias de la comunicación política, como la "fragmentación", la "hiperrapidez" y la "campaña permanente"; y, por último, el nuevo paradigma del contexto digital, que produce una "saturación informativa" (p. 238).

Un informe de las Naciones Unidas (Secchi & Kalpschtrej, 2022) también relaciona la desinformación con las plataformas digitales, en las que existe "el enorme desafío de discernir qué información es precisa y basada en evidencia y cuál no" (p. 9).

Algunos académicos, como Nielsen y Graves (2017), vinculan la desinformación con el periodismo deficiente, asociándolo a prácticas de sensacionalismo o información poco contrastada. Opinión que comparten Newman y Fletcher (2017), señalando que las personas que desconfían de las noticias lo hacen, mayoritariamente, porque aducen parcialidad en las informaciones periodísticas y, entre otras causas, aprecian informaciones inexactas o incompletas y contradictorias. Adicionalmente, las audiencias consideran: "Algunos medios de comunicación toman partido, fomentando un conjunto de opiniones cada vez más polarizadas. Otros son criticados por no denunciar las mentiras, ocultar información o crear una falsa equivalencia de opiniones partidistas que oscurece los hechos y la comprensión" (Newman & Fletcher, 2017, p. 5).

Así, podemos definir el periodismo deficiente como un conjunto de prácticas informativas que incluye desde el sensacionalismo o la exageración, para captar la atención del lector, hasta prácticas como la información sesgada y tendenciosa, a veces con un patente desequilibrio de fuentes, que favorecen a una corriente ideológica; información incompleta, inexacta o poco contrastada, que puede dar lugar a confusión en el público; falta de objetividad; o la ocultación deliberada, u omisión por falta de diligencia, de datos o contexto importante para la audiencia (Brajnovic, 1978, en Lago & Sixto-García, 2021).

Cabe apuntar que autores como Casero-Ripollés (2012) sostienen que uno de los problemas de los medios de comunicación en España estriba en que tienen una alta politización, identificándose con corrientes ideológicas concretas o, incluso, con partidos políticos, y que en nuestro país se da una práctica habitual, llamada periodismo de declaraciones, en la que los periodistas reproducen citas textuales de políticos u otros personajes de la vida pública sin comprobar aquello que dicen ni ofrecer más contexto. En este caso, estaríamos también hablando, pues, de periodismo deficiente.

Impacto de la desinformación en las democracias

El grupo de expertos de la Comisión Europea para la desinformación (HLEG, High Level Expert Group on fake news, 2018) deja claro que las campañas desinformativas suponen "un riesgo potencial para los procesos democráticos, la seguridad nacional y el tejido social" (p. 10). La Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados (2023) también incide en este riesgo, expresando que la utilización de contenidos desinformativos o engañosos puede alterar el sentido del voto. Así mismo, Vosoughi et al. (2018) añaden que igualmente afecta a la cotización de empresas o a la reacción de la ciudadanía ante catástrofes o situaciones de crisis, como los atentados terroristas, especialmente relevante dado el tema que nos ocupa.

Al respecto, Rubio (2018) reflexiona sobre el término posverdad, cuyo objetivo es anular el pensamiento crítico de la ciudadanía y conseguir que dé por cierta la información que ha recibido. Esta posverdad es entendida por algunos autores como una forma narrativa que apela a las emociones y a las creencias personales, provocando aceptación en la opinión pública (Rodríguez-Fernández, 2021). Posverdad que, con la crisis de confianza en los medios de comunicación, prolifera con mayor facilidad (Vara-Miguel, 2022).

Así, las campañas desinformativas a gran escala, como las ejecutadas por Rusia contra Occidente, logran desestabilizar los gobiernos en momentos de crisis (Departamento de Seguridad Nacional, 2023). Además, la desinformación provoca reacciones emocionales que, a su vez, son capaces de alterar las respuestas de los individuos, como, por ejemplo, su comportamiento electoral (Lewandowsky et al., 2020). Por ello, analizar la cobertura mediática en tiempos de elecciones resulta hoy más pertinente que nunca.

Bennett y Livingston (2018) indican que ninguna democracia está al margen de este fenómeno, que ha afectado a elecciones recientes como las disputadas en Alemania en 2017, en las que la desinformación fue responsable del éxito electoral de los partidos populistas de derecha (Zimmermann & Kohring, 2020); en Italia en 2018, donde se apreciaron narrativas desinformativas en torno a fraude electoral, migración y la Unión Europea (Podavini et al., 2019); o las elecciones generales celebradas en abril de 2019 en España, en las que las temáticas más recurrentes usadas en bulos virales "tienen que ver con rumores sobre fraude electoral" (Paniagua et al., 2020, p. 131).

Ante este escenario, Secchi y Kalpschtrej (2022, p. 13) afirman que los organismos electorales "deben asumir hoy el desafío de generar información de manera anticipada para contrarrestar las desinformaciones que puedan poner en duda el devenir y la legitimidad del proceso electoral".

Por lo anteriormente explicado, en los contextos electorales, el tratamiento informativo que realizan los medios de comunicación de todo lo que acontece se vuelve especialmente relevante. Los medios contribuyen a la generación de la opinión pública. Si la información que reciben las audiencias se rige por criterios no periodísticos, como las lógicas mercantilistas, se producirá en el público una distorsión (Herreras, 2021). Esa distorsión, apunta el autor, acaba generando grandes errores en la democracia, como el Brexit, fruto de la "desinformación de los ciudadanos" (Herreras, 2021, p. 116), o la victoria de Trump en las elecciones de 2016 en Estados Unidos.

Desinformación o periodismo deficiente en el 11M

Estos fenómenos, desinformación y periodismo deficiente, y sus riesgos asociados, no son nuevos. De hecho, esta investigación indagará sobre el tratamiento informativo en el 11M para determinar si hubo prácticas desinformativas o, por el contrario, periodismo deficiente.

El 11M supuso el mayor atentado de la historia reciente de España, que tuvo lugar en Madrid el 11 de marzo de 2004, el cual dejó 192 muertos y cerca de 1900 heridos y provocó "consecuencias importantes para la geopolítica global" (Castells, 2009, p. 467).

El 11M marcó completamente el año 2004 y sus elecciones generales, pero los expertos señalan un contexto anterior que hay que tener en cuenta. Porras (2004) subraya "el desgaste tras ocho años de gobierno, el denominado Decretazo, la crisis medioambiental por el vertido del buque Prestige y las intensas movilizaciones contra la participación en el conflicto de Irak" (p. 29). Sanz y Sánchez-Sierra (2005) apuntan, también, que "la caída de Bagdad, y el final oficial de la Guerra de Irak, permitió que los españoles volvieran de nuevo su atención hacia problemas de ámbito nacional", como "los problemas asociados al nacionalismo vasco y catalán" (p. 5).

Sobre el 11M, cabe recordar que alrededor de las 7:30 horas de la mañana se producen diez explosiones, a lo que se suma, tiempo después, el hallazgo de la Policía de una furgoneta con cintas del Corán y una bolsa con restos de dinamita y detonadores. A las 13 horas, el entonces presidente del gobierno, José María Aznar, llama a los directores de los principales medios de comunicación para asegurar que ETA es la autora de los atentados, versión que es repetida a lo largo del día por el ministro del Interior, Ángel Acebes. ETA desmiente su participación a las 18:30 horas, pero Interior no le da credibilidad y continúa señalando, ese día y los siguientes, a ETA como la autora (Troitiño, 2004; Velo & Agulló, 2022).

Así, el ejecutivo mantuvo en todo momento esta versión, que contradecía las pruebas policiales, como explica el entonces comisario jefe de los TEDAX —unidades de artificieros de la Policía Nacional—, Sánchez Manzano (2014). ETA utilizaba explosivos Titadyn, de color rojizo, pero los artificieros encontraron restos de Goma-2 ECO, de color blanco. Y, al buscar en las bases de datos policiales coincidencias con los explosivos empleados, no encontraron ninguna referencia a ETA, pero sí conexiones con grupos radicales islamistas.

La versión del gobierno fue cambiando durante los días posteriores, pero el ministro Acebes continuaba vinculando a ETA en cada comparecencia. De hecho, incluso cuando mencionaba a Al Qaeda, lo hacía para insinuar una conexión entre el terrorismo islámico y la banda terrorista vasca, en lo que se conoce como la "teoría de la conspiración" del 11M (Castells, 2009, p. 463).

De esta forma, "hubo una determinación sistemática de favorecer la hipótesis del terrorismo vasco en vez de seguir la pista islámica, a pesar de que las primeras pistas apuntaban en esa dirección" (Castells, 2009, p. 459), porque "si los autores del atentado eran los etarras, Rajoy ganaría las elecciones por mayoría absoluta, y [...] si eran los islamistas, vencería Rodríguez Zapatero" (Ceberio, 2024, p. 51).

La verdad judicial, dictada en primera instancia por la Audiencia Nacional y, posteriormente, por el Tribunal Supremo —que rectificó algunas condenas pero que, en ningún caso, modificó los hechos probados—, determina que los responsables del 11M fueron los integrantes de una cédula yihadista y descarta completamente cualquier vinculación con ETA (SAN 4398/2007, STS 4587/2008).

Como parece evidente, los atentados fueron tema central de los medios de comunicación aquellos días. Martín y Montero (2004) destacan que, al suspender los partidos políticos sus campañas electorales y, por lo tanto, no poder crear opinión pública ni apelar al voto, el rol de los medios de comunicación fue aún más importante. "Ese papel lo tomaron los medios de comunicación de masas, aprovechando su capacidad para opinar y manipular en busca de sus propios beneficios políticos y económicos" (p. 23).

Por ende, el tratamiento informativo que hicieron los medios resulta especialmente relevante. En el año 2004, los principales diarios por número de audiencia y tirada eran El País y El Mundo (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, 2004). A este respecto, cabe resaltar que ambos difundieron desinformación al atribuir a ETA la autoría de los atentados (García-Ojeda, 2023). Aunque el diario El País lo hizo solo en su edición especial del 11 de marzo y, tras ello, hizo un correcto ejercicio periodístico que contraponía el relato del gobierno con los indicios de la investigación policial, expresando "las dudas razonables" que existían sobre la versión gubernamental (p. 137).

Por su parte, El Mundo, como señala García-Ojeda (2023), aunque no atribuyó a ETA los atentados en su edición del 11 de marzo, comenzó en los días siguientes a apoyar la versión del gobierno, recurriendo a técnicas discursivas manipulativas, "tratando de influir en la opinión pública" (p. 138) y, por lo tanto, "contribuyó a difundir y propagar la versión oficial" (p. 138) del gobierno de Aznar. Coinciden en este análisis Martín y Montero (2004), que anotan que "El Mundo, que juega a ser imparcial y publicar un artículo de cal y otro de arena, demuestra su cara más propagandística para favorecer al PP".

Esta investigación, cuando se han cumplido 20 años de los atentados del 11M, busca responder a una pregunta que consideramos básica: ¿hubo desinformación o, por el contrario, periodismo deficiente al replicar los medios la versión del gobierno que apuntaba a ETA? Además, este estudio también indaga en el impacto sociopolítico que esa cobertura mediática y los propios atentados pudieron tener en los resultados de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004.

Metodología

Para llevar a cabo esta investigación, en primer lugar, se ha desarrollado una fase descriptiva, consistente en la revisión de la literatura científica disponible, tanto sobre nuestro tema de investigación —la desinformación— como sobre nuestro objeto de estudio —el caso concreto del 11M—. Esta primera fase permite al investigador definir el alcance del estudio y formular el punto de partida (Meza-Salcedo et al., 2020), y genera la introducción teórica de la presente investigación.

Luego, se ha desarrollado una segunda etapa de investigación de carácter empírico, aplicando una técnica metodológica de corte cualitativo: la entrevista en profundidad a expertos, que nos permitirá comprender "perspectivas, situaciones, problemas o soluciones" (Munarriz, 1992, p. 112), obteniendo "conocimiento meticulosamente comprobado" (Kvale, 2012, p. 37). Se seguirá un modelo de cuestionario semiestructurado, para poder orientar la entrevista al perfil de cada experto.

A la hora de seleccionar la muestra, atenderemos a los criterios de Vallés (2002), que fija como primer paso definir cuántas entrevistas se harán y, luego, buscar los perfiles que representen una muestra heterogénea y que cumplan con el principio de excelencia, para que así las entrevistas resulten válidas y nutran la investigación. Así, para la realización de las entrevistas se ha configurado un panel de cuatro expertos, con las siguientes características: expertos en desinformación, versados en comunicación política. Se ha procurado el equilibrio en cuanto a género y que los entrevistados tengan acercamiento al acontecimiento del 11M, ya sea porque cubrieron la noticia profesionalmente o por sus investigaciones:

• Herrero de la Fuente, Mercedes. Doctora en Ciencias de la Información (UCM), con una tesis sobre la transición democrática de Polonia, profesora e investigadora en la Universidad Nebrija, donde imparte asignaturas sobre periodismo internacional y análisis sociopolítico. Sus líneas de investigación se centran en los perfiles profesionales de los periodistas verificadores (fact-checkers) y en el papel de las redes sociales en la difusión de desinformación. Periodista que cubrió los atentados del 11M como productora de informativos en Telemadrid.

• Magallón-Rosa, Raúl. Doctor en Ciencias de la Información (UCM), es profesor e investigador en la Universidad Carlos III, desde donde participa en proyectos de investigación como Iberifier, un proyecto europeo que investiga la verificación de la desinformación en la península ibérica, entre otros aspectos. Experto en desinformación y en el impacto que esta tiene en las democracias, ha escrito sobre las narrativas de la desinformación, fact-checking durante procesos electorales y desinformación y bulos electorales. Ha investigado el 11M con perspectiva histórica, participando en el X Congreso Español de Sociología y publicando artículos dentro del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (GESC).

• Rodríguez-Fernández, Leticia. Doctora en Ciencias de la Información (UCM), con una tesis sobre la propaganda de Hugo Chávez, es profesora e investigadora en la Universidad de Cádiz. Experta en desinformación y comunicación política, sus líneas de investigación se centran en la propaganda, comunicación gubernamental y el impacto de la desinformación desde diferentes ópticas. Es autora de Propaganda digital: comunicación en tiempos de desinformación (2021). Pertenece al Instituto para el Desarrollo Social Sostenible (Indess), cuyas líneas de investigación incluyen política, comunicación y sociología, áreas vinculadas al objeto de estudio sobre el 11M.

• Sampedro, Víctor. Doctor en Ciencias de la Información (UCM), es catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos. Es experto en el papel de los medios de comunicación en la generación de opinión pública y en desinformación. Experto en el 11M, ha publicado obras como Voces del 11M: víctimas de la mentira (2024) y Televisión y urnas 2004: políticos, periodistas y publicitarios (2008), entre otras.

A estos expertos se les ha realizado una entrevista semiestructurada, con un cuestionario que combina preguntas abiertas y cerradas, en torno a cinco ejes:

• Encuestas preelectorales y resultados electorales

   » PI1. Las últimas encuestas previas a los atentados indicaban un acercamiento entre el Partido Popular y el PSOE. La más halagüeña para el PSOE pronosticaba un empate técnico. ¿Por qué cree que ganó el PSOE en las elecciones del 14M?

   » PI2. ¿Cree que el 11M influyó en la elección de voto?

• Difusión en medios del atentado y tratamiento informativo

   » PI3. ¿Cuál es el papel de los medios en sucesos como el 11M?

   » PI4. ¿Cómo valora el tratamiento informativo en el 11M?

   » PI5. ¿Contribuyeron los medios a la desinformación?

• El papel del presidente del gobierno en la gestión de la crisis del 11M

   » PI6. ¿Cómo valora la gestión de comunicación del gobierno durante los días posteriores al atentado?

   » PI7. ¿Se extralimitó el presidente del gobierno, José María Aznar, al llamar a los directores de los principales medios para asegurarles que ETA era la autora de los atentados terroristas?

• La movilización y decisión de voto el 14 de marzo

   » PI8. Las elecciones del 14M tuvieron récord de participación con un 75,66 %, ¿fue el 11M un elemento movilizador de la población?

   » PI9. ¿Cree que si no se hubiese producido el 11M el resultado de las elecciones o el de participación hubiera sido distinto?

• Impacto de la desinformación

   » PI10. ¿Qué tipo de desinformación se genera en sucesos como el 11M?

Así, se somete a su valoración los dos grandes bloques de esta investigación: el tratamiento informativo del 11M y su relación con el movimiento electoral y las consecuencias sociopolíticas.

Las entrevistas se desarrollaron por videoconferencia para facilitar la participación de los expertos y la grabación de estas para su utilización con fines de investigación. Cada reunión tuvo una duración de una hora y fueron celebradas en el mes de junio de 2024.

Resultados

Encuestas preelectorales y resultados electorales

Preguntados por las encuestas preelectorales, que no atribuían una victoria tan clara al Partido Popular, todos los expertos señalan que el 11M y sus consecuencias influyeron en el resultado del 14 de marzo.

Rodríguez-Fernández, por ejemplo, sostiene que "los atentados fueron como un catalizador de lo que había sido la política desarrollada por el PP hasta el momento": "Había malestar en la opinión pública y era evidente y público ese malestar, pero no se había catalizado. Al final, los atentados fueron un catalizador de que darles continuidad a esas políticas suponía incluso un riesgo para la propia ciudadanía. Ese malestar estaba, era público y notorio, pero eso fue el revulsivo".

Para Herrero, si las encuestas indicaban con mayor probabilidad una victoria del PP o incluso un resultado muy ajustado, "el 11M tuvo una incidencia en ese resultado electoral que dio la victoria al PSOE". Pero el resultado también se vio afectado por la gestión del gobierno de la crisis, según la experta: "La versión que da el gobierno de la autoría de los atentados se desmonta rápidamente y se entiende por parte de la opinión pública como una falsedad, como una mentira, como un intento claro del gobierno de engañar. Y creo que, en realidad, no solo se debe a ese intento de engañar, sino que esto se suma a otros intentos de engañar anteriores".

Herrero se refiere así a la crisis del Prestige y a los argumentos esgrimidos por el gobierno para justificar la entrada de España en Irak: "La opinión pública de nuestro país estaba ya un poco cansada de este tipo de política de comunicación basada en falsedades".

En esta línea se muestra Sampedro, quien cree que la victoria del PSOE se da "porque se descubrió la estrategia desinformativa del Partido Popular", que "fue puesta en evidencia". Sampedro explica: "Se produjeron dos mecanismos opuestos. Por una parte, el Partido Popular mantuvo apoyos e incluso recibió apoyos de última hora, porque jugaron bien la baza victimista. Por otra, perdieron. Hubo una sangría muy fuerte, que probablemente fuera a la abstención de algunos de sus votantes y a una movilización de voto ante el riesgo de que se ganase con una mentira de tal calibre".

Por su parte, Magallón-Rosa, aunque confirma que las encuestas no daban un resultado tan favorable hacia el Partido Popular, cree que "lo que ocurre es que hay una movilización por parte de la izquierda y un voto útil en torno al Partido Socialista". Según este experto, ahí está la clave de esta cuestión: "La capacidad que se generó de establecer la urna como un mecanismo de respuesta a lo que estaba ocurriendo".

Preguntamos a los expertos, también, sobre el resultado electoral si no se hubiera producido el 11M. Magallón-Rosa lo explica así: "Es verdad que había esa sensación de que estaba más ajustado [el resultado electoral], pero también veníamos de un gobierno con mayoría absoluta y se presupone que esa maquinaria debería, al final, imponerse. Pero también estaba la cuestión de la guerra de Irak. No sé qué porcentaje de gente decidió el voto a última hora, pero, bueno, era un contexto donde, desde luego, la opción de que ganara el Partido Socialista, en principio, no era la más posible".

Por el contrario, Sampedro cree que el resultado hubiera sido similar: "Se olvidan mucho las crisis que el pp había tenido previamente y se olvida que salió de ellas impunemente, pero progresivamente desgastado y frente a colectivos que le minaban mucho. Por ejemplo, el Yak-42 les mina en todo lo que es el Ejército y la opinión pública conservadora, porque el desprecio que mantienen sobre los cuerpos de aquellos chavalitos es descomunal".

Herrero reconoce que es algo que "nunca sabremos". "Puede ser que el resultado hubiera sido distinto". Rodríguez-Fernández es la experta que, con mayor rotundidad, afirma que los resultados electorales hubieran sido diferentes de no producirse los atentados:

Sí, porque, además, hablamos siempre del atentado, pero no hablamos de la gestión que hizo informativamente el propio gobierno a nivel institucional. Hasta ese momento, el PP mostraba esas alianzas y esos vínculos como una fortaleza, como si España fuera una gran potencia que, por primera vez, iba de la mano de Estados Unidos y del Reino Unido. Eso suponía como que la política que se estaba desarrollando a nivel nacional era tan relevante como para tener por fin un liderazgo que hasta entonces no habíamos tenido. Entonces, las bases, digamos, que votaban tradicionalmente centro-derecha yo creo que estaban muy cohesionadas en esa idea. Si no hubiera habido este acontecimiento, probablemente no se hubiera producido la movilización del otro lado.

Una movilización que tanto Rodríguez-Fernández como Magallón-Rosa coinciden en que favoreció al Partido Socialista.

La difusión del atentado en medios y su tratamiento informativo

Sobre el tratamiento informativo que efectúan los medios de comunicación, Rodríguez-Fernández sostiene que "se intentó marcar una línea oficial sobre cómo había sido el atentado y, en aquellos medios que no se adhirieron, hubo ciertas represalias".

Coincide Herrero, que cree que algunos medios de comunicación decidieron defender al gobierno:

El día 12 de marzo El País es el único que apunta claramente la autoría de Al Qaeda en relación con los atentados del día anterior, mientras El Mundo y también La Razón y abc siguen manteniendo la tesis de ETA. Con la información que ya se tenía, esta postura no obedece a criterios periodísticos. Sirve a un objetivo electoral. Se teme que la opinión pública culpe al gobierno de los atentados, por la implicación de nuestro país en la invasión de Irak. Dicha decisión no contó en su día con el respaldo de la mayoría de la sociedad. Los medios que han sido afines durante sus dos legislaturas al gobierno de Aznar, especialmente El Mundo, cierran filas con los argumentos defendidos desde el Ministerio del Interior, encabezado por Ángel Acebes.

Opinión que comparte Sampedro, quien no cree que fuera un error periodístico, sino que algunos medios contribuyeron a desarrollar "la teoría de la conspiración", que, según este experto, promovía el Partido Popular y que "desarrolla en paralelo con los medios estrella de esta confabulación".

Preguntado por estos medios, Sampedro desarrolla su análisis: "Los dos medios, claramente, son, por una parte, la cadena cope con Federico Jiménez Losantos, y, por otra parte, la edición en papel de El Mundo. La digital no, porque la lleva Gumersindo Lafuente. Son dos medios que, además, se acompañaban y se reafirmaban, con colaboraciones mixtas, tanto de Pedro J. en la cope como de Losantos en El Mundo, y suscriben esa intencionalidad mentirosa".

Sobre el diario El Mundo también reflexiona Herrero, quien asevera que, "en ese momento, decidió defender al gobierno". Algo que hizo "equivocadamente, porque lo que defendió, en este caso, tampoco estaba basado en la verdad". Esta experta recuerda que las políticas de comunicación de los gobiernos no se limitan a lo que se afirma desde el propio gobierno, sino que "se basa en un conjunto de medios de comunicación más o menos afines".

Sin embargo, Magallón-Rosa cree que "en aquel momento explicó mucho mejor la complejidad El Mundo que El País", aunque reconoce que "al día siguiente cambia el relato".

Recordemos que este cambio de relato lo explican ya autores como Martín y Montero (2004, p. 16): "Todos los medios coincidieron en dar la información básica a los ciudadanos, pero cuando empezaron a desarrollarse los análisis después de las primeras horas, las respuestas ya no eran las mismas: el por qué, el cómo y, sobre todo, el quién no coincidían, y a dos días de las elecciones el poder empezaba a cambiar de manos. Eran los ciudadanos los que podían juzgar y premiar o castigar la gestión gubernamental de forma inmediata".

Para Rodríguez-Fernández, hubo "un ejercicio premeditado de utilización del conflicto para beneficiar al partido que estaba en esos momentos en el gobierno". Ejercicio que, según la experta, se dio desde algunos medios de comunicación.

Magallón-Rosa, sobre el rol de los medios de comunicación, declara: "Había muy poco margen de reacción, y esto ocurre mucho, y, por eso, la idea del acontecimiento inesperado es fundamental, porque hay una necesidad por parte de la ciudadanía de encajar las piezas y eso hace que a veces se integren determinados relatos que en realidad lo que hacen es establecer atajos mentales y no buscar la verdad o intentar explicar la complejidad del mundo".

De hecho, este experto advierte que "dar distintas versiones o versiones, muchas veces, interesadas ayuda a que la gente entienda mucho menos lo que está ocurriendo". Por ello, dice: "La cuestión es qué papel tienen los medios de comunicación a la hora de manejar escenarios de incertidumbre y de complejidad. Y creo que sí, que puede ocurrir que en situaciones de este tipo los medios no ayuden a esa idea del periodismo útil de soluciones".

Este experto vincula, así, el periodismo deficiente con la inmediatez a la que están sometidos los medios. Esta inmediatez limita tanto el trabajo de los profesionales que no tienen tiempo, siquiera, para contrastar la información, como denota Sánchez-Gey (2019). Además, otro de los factores que provocan un periodismo deficiente en las empresas periodísticas es la precariedad y las malas condiciones laborales de la profesión, que provoca que la información "no sea tratada con la mejor calidad en muchos casos" (Moreno-Castro & Crespo, 2023, p. 100).

La experta Mercedes Herrero, quien cubrió los atentados como productora de informativos en Telemadrid, señala el caos, el tráfico, la falta de información y la confusión; así mismo, remarca: "Recuerdo el shock de los primeros momentos. Luego, teníamos la sensación de estar muy centrados en nuestra cobertura y un poco ajenos a todo lo demás que ocurría".

Sobre la política de comunicación del gobierno, Magallón-Rosa cree que hubo falta de información: "En aquel momento estaba la cuestión de una desinformación, pero entendida como falta de información por parte de las instituciones públicas. Pero en este caso, una parte de la población lo interpretó como una información ocultada de manera voluntaria".

Rodríguez-Fernández, sin embargo, considera que hubo "un relato falso para beneficiar al partido que había en el gobierno", por lo que el 11M fue un escenario de "desinformación claramente política".

Sampedro coincide con esta experta y va más allá, sosteniendo que hubo "una estrategia de desinformación gubernamental".

La gestión del gobierno de la crisis

Todos los expertos han coincidido en subrayar que el problema del 11M, en términos electorales, no fueron los atentados, sino la gestión que el gobierno hizo de ellos.

También han coincidido señalando que se trató de una estrategia que buscaba ocultar la verdad a la opinión pública. Sampedro, de hecho, la tilda de "desinformativa". Para Magallón-Rosa, es "de opacidad". Herrero cree "que había una intención clara de engañar". Por último, Rodríguez-Fernández indica que el gobierno trató de crear "un relato al margen de las investigaciones que se estaban desarrollando desde los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado".

A los expertos se les ha preguntado por la llamada que hace el presidente del gobierno, José María Aznar, a los directores de los principales medios de comunicación del país para asegurar que ETA es la autora del 11M.

Sampedro afirma que "Aznar no se extralimita, cree que hace lo que está habilitado para hacer y, de hecho, lo hace de una forma muy consciente y eficaz".

Este experto recuerda cómo actuaba comunicativamente el gobierno: "Aznar y ese gobierno, Zaplana [Eduardo Zaplana, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y portavoz del gobierno durante la segunda legislatura de Aznar] muy en concreto, tenían toda una serie de vínculos muy estrechos con medios de comunicación que le servían precisamente como pseudoinformadores para sus campañas electorales".

Por ello, explica Sampedro la actuación del presidente Aznar: "Aznar actúa en esta crisis con una prepotencia que se deriva de la impunidad, de la aparente impunidad, con la que había sorteado otras crisis de comunicación fuertes y siendo muy consciente del poder que tiene".

Esa política comunicativa, de acuerdo con Rodríguez-Fernández, influyó en la actuación de los medios de comunicación: "Hubo medios que rápidamente entendieron que esa información institucional la tenían que tratar con cautela y, de alguna manera, esperar a verificarlo, pero también creo que muchos lo utilizaron para su línea ideológica hacia ambos lados, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha. Lo instrumentalizaron los propios medios".

Y sobre la estrategia adoptada por el gobierno, Rodríguez-Fernández cree que fue "kamikaze": "Fue una gestión de crisis muy politizada, obviamente, y, sobre todo, muy kamikaze, porque la verdad al final sale. Tú puedes mantener ese relato hasta que llegan las elecciones, pero luego vas a tener otra crisis posterior que va a ser cuando salga el resultado de las investigaciones con relación al atentado".

Por su parte, Magallón-Rosa piensa que los medios se vieron condicionados por las declaraciones del gobierno y su estrategia. Este experto, además, recuerda que, en ese momento, "ya estábamos en un ecosistema mucho más internacional, en el que podíamos ver cómo era la cobertura de otros corresponsales en otros países. Es decir, podíamos acudir a Le Monde".

Como recuerda Sampedro, los medios internacionales no apuntaban a ETA como autora del 11M: "La estrategia del Partido Popular carecía de sustento empírico, de evidencia alguna. Era la contra de lo que se decía en cualquier otro medio de cualquier otro país. Este es el único país que el día 11 de marzo pensó que ETA tenía algo que ver".

Para Herrero, el problema no estriba en la llamada de Aznar a los directores de las cabeceras, sino en el mensaje que daba: "El problema, más que extralimitarse, es que el presidente mintió". No obstante, Herrero evoca que, algunos medios, como El País, argumentan que la información que publicaron, que responsabilizaba a ETA de los atentados del 11M, fue así por aquella llamada del presidente del gobierno.

Herrero añade: "Hoy seguramente el resultado sería muy distinto, porque seguramente nadie se creería nada. Y, seguramente, todo el mundo se creería lo que se quiere creer, independientemente de los argumentos que les dieran el presidente del gobierno o el periódico más prestigioso de nuestro país".

Adicionalmente, esta experta expresa que "El Mundo no quiere reconocer su error" y que "siguen manteniendo esa mentira", en un momento en el que, considera, "se ha perdido mucha ética por parte de los medios": "Es una postura indefendible, absolutamente indefendible. Pero no solo lo han hecho ellos [el diario El Mundo], lo han hecho otros medios, lo ha hecho el propio líder del PP, que ha seguido diciendo que no está claro lo que pasó ese día. Está clarísimo lo que pasó ese día, pero siguen intentando mantener la duda".

Sampedro cree que ese relato, pese a ser falso, se mantiene porque "es una mentira tan grave que no se puede reconocer. Porque, si se reconoce, inhabilita para la vida pública e incluso para las carreras profesionales de esta gente".

Magallón-Rosa no comparte con el resto de los expertos su visión sobre la llamada de Aznar:

No sé si fue una estrategia o una creencia. Es decir, no sé si fue el propio sesgo de creer realmente que era la única opción posible. Había habido amenazas anteriores al respecto. O sea que era una opción que estaba sobre la mesa. Pero no sé hasta qué punto fue un sesgo propio del gobierno de pensar que no era una opción y en qué medida hicieron una lectura del proceso electoral e hicieron una lectura de que podría ser interpretado como un fallo por parte de los sistemas de seguridad del Estado.

Rodríguez-Fernández insiste en que la autoría de ETA formó parte de un relato creado por el gobierno:

Desde que tú, como institución, asumes un relato al margen del resto de instituciones que conforman el Estado, estás entrando en una línea narrativa que es preocupante, porque tú tienes un poder, pero el resto de los poderes son independientes y tú tienes que, de alguna manera, apoyarte en lo que hagan los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Desde ese momento, creo que hubo una extralimitación, porque asumieron un papel de portavocía que, entiendo, fue al margen de lo que estuvieran haciendo las investigaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, porque luego, lógicamente, esas posibles llamadas o esas conversaciones con los medios lo único que hicieron fue vehicular su narrativa propia.

Movilización y decisión de voto el 14 de marzo

A los expertos también se les preguntó sobre la movilización que registró la jornada electoral del 14 de marzo y sobre la decisión del voto por parte de los electores.

En este sentido, Herrero opina que los atentados influyeron directamente en la movilización porque fue "una situación de crisis", que moviliza a la población:

En una sociedad como en la que vivimos, tan polarizada, creo que se generaría mucha más tensión y probablemente una movilización mayor, a lo mejor también hacia las urnas. Entonces, sí, creo que es cuando la gente se moviliza, se agita, donde a lo mejor es más consciente de la importancia, por ejemplo, de unas elecciones. Y, seguramente, esto aumentó la participación. Y siempre se dice que la participación, cuando es mayor en nuestro país, favorece a la izquierda.

Sampedro comparte esa línea:

La gente intuyó y vio de una manera muy clara que podía producirse una involución política muy seria con un gobierno llegando al poder sosteniendo una mentira tan grave. Es decir, el voto de izquierda, la izquierda del PSOE, el voto incluso de izquierda social [...], ese es el voto que se moviliza, el voto que está más a la izquierda, que no está anclado a ninguna sigla política, pero que se autodefine de progresista o incluso centrado. La participación se debe precisamente a la entidad del bulo que entonces nacía y el riesgo de que un gobierno se asentase sobre ese bulo.

Concuerda la experta Rodríguez-Fernández: "Sí [el 11M fue un elemento movilizador]. Creo que el atentado en sí mismo fue como una evidencia de que seguir o darle continuidad a esa política internacional, a esas alianzas y a esos vínculos era un riesgo que al final se aplicaba también a la ciudadanía".

Para Magallón-Rosa, esa movilización no se produjo por los atentados en sí mismo, sino por "la estrategia que siguió el gobierno en aquel momento, que tuvo un discurso y una estrategia de opacidad bastante clara". Y, recuerda, que en esa estrategia tuvieron que ver los teléfonos móviles, que se convirtieron "en una forma de conexión en torno a una movilización que fue la de las manifestaciones junto a la sede del Partido Popular en Génova".

"El gobierno culpó de ello al PSOE y dijo que el PSOE estaba llamando a esa movilización e intentando crear un conflicto al respecto", recuerda Herrero.

Sobre la elección de voto, Rodríguez-Fernández concluye: "Los atentados movilizaron a una parte, probablemente de la izquierda o del partido o de las personas que suelen votar a los partidos de centro-izquierda, que a veces se diluyen. Hay votantes indecisos o que pueden tener una intención de voto y luego no llegan a votar. Creo que fue más bien ese electorado que estaba indeciso o que no es muy participativo, aunque sí tenga una ideología definida, los que hicieron que al final ganara el PSOE ".

Discusión y conclusiones

Los atentados terroristas del 11M, y la crisis generada en los días posteriores, tuvieron un tratamiento informativo tanto deficiente como desinformativo.

Por un lado, algunos medios, con su tratamiento informativo sobre el atentado, trataron de beneficiar al gobierno presidido por José María Aznar. Sin embargo, algunos de los expertos también han señalado que se trataba de una situación de crisis, en la que los medios se ven sometidos a un estrés informativo mayor, que los lleva a cometer algunos errores, como no verificar al completo la información que reciben. Así, apuntan a un periodismo deficiente, sobre todo en las primeras horas, más próximas al atentado, confirmando las consideraciones de Brajnovic (1978), Newman y Fletcher (2017) y Nielsen y Graves (2017) sobre este tipo de ejercicio profesional.

Este periodismo deficiente se da por varias razones. La primera de ellas, como sostenía Sánchez-Gey (2019), por la inmediatez de los medios de comunicación, que buscan ser siempre los primeros en dar un suceso. Ello genera que se cometan errores en la información y que no dé tiempo a verificar todos los detalles. En segundo lugar, por la precarización del sector periodístico y las deficientes condiciones laborales de sus profesionales, que provoca falta de personal y de recursos, y que la información no sea siempre tratada con el máximo cuidado, como concluían Moreno-Castro y Crespo (2023).

Además, evidentemente, se trataba de una situación de crisis extrema. Este periodismo deficiente, como decíamos, se dio, así, durante las primeras horas. Pero, con el paso del tiempo, los relatos periodísticos comienzan a abandonar los errores e instrumentalizan el atentado, como afirmaban tres de los expertos. De esta forma, apuntan prácticas desinformativas por parte de los medios afines al gobierno. Herrero, de hecho, señala a El Mundo, La Razón y ABC, que trataban de respaldar la versión oficial del ejecutivo que presidía José María Aznar.

Una versión oficial que, coincidiendo con Castells (2009) y Ceberio (2024), se basaba en una mentira, tratando el gobierno de fijar una narrativa que quedaba al margen de las investigaciones que, con el paso de las horas, descartaban a ETA y apuntaban al terrorismo islámico.

Pese a ello, el gobierno apuntó a ETA en todo momento, empleando así una estrategia que los expertos han tachado de opaca y falsa. Aquí radica la otra gran cuestión vinculada a la pregunta inicial. En el tratamiento informativo hubo, por un lado, un periodismo deficiente, que achacamos al caos informativo tras un atentado de tal magnitud; y desinformación, cuando determinados medios apoyan el relato gubernamental.

Pero, además, desde el propio gobierno, como reconocían los expertos, se ejecutó una estrategia de comunicación desinformativa, que, como anotan Herreras (2021), Lewandowsky et al. (2020), Rubio (2018) y Zimmermann y Kohring (2020), entre otros autores, impacta directamente sobre el comportamiento de los ciudadanos y logra alterar los procesos democráticos, como las elecciones que se celebraban tres días después del 11M.

En la difusión del relato oficial, los expertos han coincidido en señalar el destacado rol del diario El Mundo, uno de los principales diarios españoles en aquel año, como indicábamos al comienzo de este estudio. En concreto, y como ya concluía García-Ojeda (2023), los expertos concuerdan en afirmar que este diario tomó la decisión de defender al gobierno, aunque también indican que, sin embargo, el día 11 de marzo la situación quedó mejor retratada a través de las informaciones de El Mundo, ya que El País señala a ETA, tras la llamada que recibe su director por parte del presidente del gobierno, como relataban Velo y Agulló (2022).

Así, los expertos coinciden de nuevo con García-Ojeda (2023), quien hallaba el cambio, en cuanto a tratamiento informativo, que se dio en El Mundo y El País del primer al segundo día. Mientras que el día de los atentados es El Mundo el que realiza un pulcro ejercicio informativo y, por el contrario, es El País el que apunta a ETA, a partir del 12 de marzo es el primer diario el que apoya al gobierno y siembra la duda constante sobre la autoría del atentado, y es el segundo el que señala que el relato gubernamental no goza del respaldo de los indicios policiales.

De hecho, García-Ojeda (2023) ya denotaba que era El País el que practicaba un periodismo deficiente en sus informaciones del primer día, fruto de la inmediatez y la incertidumbre propia del suceso, y era El Mundo el que, desde el día 12 de marzo, defendía el comportamiento del gobierno.

Del mismo modo, uno de los expertos, Sampedro, advierte que algunos medios de comunicación sirvieron para desarrollar la teoría de la conspiración, a la que apuntaba Castells (2009).

No obstante, los expertos evidencian la paradoja de esta estrategia desinformativa ejecutada por el gobierno de Aznar, al descubrir la ciudadanía, antes de las elecciones, los objetivos que perseguía. Por ello, y con una movilización que los expertos coinciden en que benefició a la izquierda, el gobierno logró el efecto inverso: movilizar al electorado en su contra, en lugar de afianzar los apoyos a la derecha de la población.

Sobre este asunto, la movilización del electorado y, por lo tanto, el impacto del 11M en las elecciones generales del 14 de marzo, los expertos convergen en que los atentados, como cualquier otra situación de crisis de tal magnitud, influyeron en el proceso electoral, pero que esa influencia vino también por la estrategia comunicativa llevada a cabo por el gobierno.

Así, recuerdan, por ejemplo, la gran movilización espontánea de personas, gracias a la utilización de los SMS —el texto ¡Pásalo!—, que se dio frente a las sedes del Partido Popular para reclamar al gobierno que contara la verdad y que no engañara a la opinión pública respecto a la autoría de los atentados. Esta estrategia, y el sentimiento de engaño que tuvo la ciudadanía, provocó una mayor movilización, por un lado, de electores de izquierdas, y, por otro, de electores que, pese a tener una ideología, no acuden normalmente a las urnas, además de provocar que aquellos votantes no identitarios, que no se comprometen con ninguna marca política en particular, acabaran votando al Partido Socialista para expresar su descontento con la acción emprendida por el gobierno.

De hecho, las urnas en el 11M sirvieron como elemento de expresión popular de indignación y descontento, como también comentaban los expertos.

Así, quedan probadas las consecuencias sociopolíticas no solo de los atentados del 11M, como pensábamos en un principio, sino también de la estrategia del gobierno, que, paradójicamente, perseguía afianzar una mayoría absoluta para el Partido Popular que no se produjo.

En síntesis, y respondiendo a la pregunta inicial, el 11M provocó tanto periodismo deficiente como desinformación. Por un lado, periodismo deficiente, como ocurrió en El País, durante las primeras horas, dada la inmediatez de los medios y la incertidumbre por lo que había pasado. Y, por otro lado, desinformación en el tratamiento informativo de algunos medios, como en el caso de El Mundo, La Razón o la cadena COPE —los medios citados por los expertos—, al respaldar la versión del ejecutivo y cuestionar la autoría de los atentados, apuntando, como hacía el gobierno, al terrorismo vasco.

Pero, así mismo, también hubo desinformación a gran escala, como parte de una estrategia comunicativa del gobierno, que buscaba instalar en la opinión pública un relato —el de ETA como autora del 11M— que era falso, pero que tenía como objetivo instrumentalizar el atentado en términos electorales, para obtener una mayoría absoluta del Partido Popular en las elecciones generales del 14 de marzo de 2004.

Ahora, 20 años después, el 11M sigue vigente. Los atentados terroristas y la gestión de aquella crisis aún forman parte del relato político de nuestro país. El Partido Socialista lo utiliza contra el Partido Popular, al que acusa de sostener su proyecto político sobre una mentira, la del 11M (Muñoz, 2024), y el PP continúa defendiendo su gestión en aquel mes de marzo del año 2004 y no cuestiona los recurrentes comunicados que el expresidente José María Aznar publica cada 11 de marzo, en el que aún pone en duda los resultados de las investigaciones policiales (Varela, 2024). Han pasado dos décadas, pero el 11M sigue instrumentalizándose para servir a intereses políticos.

Las limitaciones de esta investigación estriban en la franja temporal que se ha tenido en cuenta para la elaboración del cuestionario para los expertos, la cual se ha centrado en la semana de los atentados del 11M. Por ello, fruto de esta investigación, resulta interesante ampliar el análisis del tratamiento informativo de los medios con relación al atentado y sus consecuencias políticas y judiciales, y evaluar el desarrollo del proceso judicial derivado de los atentados, que finalizó en 2008.

Por otro lado, como queda demostrado que el 11M ha sido usado como arma política, pretendemos llevar a cabo futuras investigaciones que estudien si este acontecimiento se sigue incluyendo en el relato político vinculado con las campañas electorales hasta la actualidad. De la investigación realizada, también se desprende la necesidad de explorar un concepto claro sobre el periodismo deficiente, así como una posible taxonomía de este, ya que se constata una constante interpretación errónea sobre lo que significa la desinformación en contraposición con la mala praxis periodística.


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