Al igual que varios países de Occidente -España, Estados Unidos, Chile, Francia-, el sistema de medios de Argentina funciona como una caja de resonancia del sistema de partidos. Los conflictos, posicionamientos y lineamientos políticos se reproducen y retroalimentan en la arena mediática. La pérdida de objetividad, la descalificación constante, la arbitrariedad en el establecimiento de la agenda y el sesgo en las fuentes citadas son algunas de las consecuencias de este proceso.
Según Amado y Waisbord (2015), el periodismo argentino es el reflejo de una sociedad y una política agrietadas. Esta confrontación entre los principales medios de comunicación responde a múltiples enfrentamientos que se desarrollaron durante el último siglo:
La interminable espiral de violencia ha envuelto a todas las instituciones, incluido el periodismo. Los golpes militares destituyeron a los presidentes radicales en las décadas de 1930 y 1940. Después de diez años en el poder, el peronismo fue expulsado del poder en 1955 por los militares y proscrito hasta 1972 en medio de una creciente violencia política. El peronismo volvió al poder en 1973 para ser derrocado nuevamente por una junta militar en 1976. Cuando dejó el poder en 1983, la última dictadura fue responsable del asesinato y desaparición de más de 10 000 ciudadanos. (p. 55)
Juan Carlos Portantiero (1997) denominó "empate hegemónico" a esta pugna constante entre dos modelos de país, el liberal agroexportador contra el proteccionista industrial. El sociólogo se refería a una situación en la que ambos bloques -constituidos por políticos, empresarios, militares, universidades, artistas e intelectuales- cuentan con la fuerza para vetar las propuestas del adversario, pero no con la capacidad suficiente para imponer las suyas.
El periodismo ha sido un actor más en esa disputa histórica. Los propietarios de los medios de comunicación, sea por cálculos económicos o visiones de país, plegaron sus redacciones y programaciones a este conflicto (Amado & Waisbord, 2015). De este modo, la práctica profesional, sustentada en la objetividad, el contraste de fuentes, la rigurosidad y el análisis, fue desplazada por la identidad ideológica y la subjetividad. No se construyó un marco profesional en común sobre el ejercicio periodístico.
En efecto, al formar parte las universidades también de la contienda, no hubo consenso sobre la formación académica del periodismo. De acuerdo con la universidad, variaba el significado del ejercicio periodístico, cuál es su rol en el sistema democrático y cómo se debe desarrollar diariamente su tarea.
Un caso contundente que evidenció estas discrepancias en el plano educativo fue la entrega del Premio Rodolfo Walsh, en 2011, al expresidente venezolano Hugo Chávez por parte de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. "Chávez merece reconocimiento político. Pero más que por la defensa a la libertad de expresión, es por el apoyo a la comunicación popular, a la diversificación de los medios y sobre todo por el impulso a la cadena Telesur como alternativa" (29 de marzo de 2011), afirmó Claudio Gómez, miembro del comité académico que decidió otorgar el galardón.
En cambio, otra parte del periodismo argentino criticó con dureza el homenaje. Joaquín Morales Solá, una de las firmas principales del diario La Nación, escribió: "Chávez es el maestro que divulga en América Latina la escuela de la agresión violenta y perpetua al periodismo independiente, que no se deja vencer por los favores del poder político y que resiste la intimidación y la calumnia" (28 de marzo de 2011). De una parte, se comprendía al periodismo como una profesión cargada de ideología y comprometida con un proceso político específico; del otro lado, se entendía que no existe periodismo sin independencia del poder político.
En Argentina, el incentivo del financiamiento económico es un aliciente considerable para el alineamiento entre medios de comunicación y poder político. A través del otorgamiento de pauta estatal, los funcionarios de los distintos niveles gubernamentales -locales, provinciales, nacionales- disciplinan a los periodistas (Becerra & Mastrini, 2009). Mediante dicho patrocinio económico estatal, las empresas periodísticas privadas pueden mantener su estructura en aquellas regiones del país donde el capital privado no destina fondos a la publicidad.
La consecuencia de esta transacción económica-propagandística es la pérdida del pluralismo en el sistema comunicacional de esas geografías periféricas. Esto, a su vez, repercute en el sistema de partidos. Las fuerzas opositoras no poseen espacios para difundir sus ideas, presentar sus denuncias, criticar a la gestión y, de esta manera, posicionarse como una alternativa. Es un bucle político-mediático que se plasma en experiencias de poder que superan las dos décadas.
Otra vía de cooptación del periodismo por parte del poder político es de índole individual: se le otorga al comunicador un puesto de trabajo en los medios estatales o una posición jerárquica bien remunerada en el Estado. A este tipo de práctica colaborativa se lo llamó "periodismo militante" (Arrueta, 2012; Amado & Waisbord, 2018). Los periodistas de esta naturaleza explicitan su apoyo al gobierno, consideran que no existe la objetividad o neutralidad en el oficio y, por consiguiente, critican a los colegas que no manifiestan su afiliación partidaria o identidad ideológica, ya que estiman que es una práctica deshonesta con la ciudadanía.
A su vez, aquellas empresas que van en contra de la voluntad del gobierno son castigadas con la reducción o directamente las quitan de la publicidad oficial (Amado & Waisbord, 2018). De esta manera, los ingresos caen drásticamente en los medios privados y, en sentido inverso, los medios públicos aumentan sus ganancias. Se produce un desequilibrio en el mercado que afecta la libertad y la diversidad editorial. El ejercicio periodístico por fuera de la órbita estatal ingresa en un dilema espinoso: optar por la subsistencia económica (aceptar la línea ideológica impuesta por el poder político) o desempeñar su rol como perro guardián.
En Argentina, una alternativa que han encontrado los medios de comunicación para evitar la discrecionalidad del gobierno de turno es apoyarse en los partidos opositores y los grupos económicos que se ven perjudicados por la política económica oficial. Este proceso ha sido nítido durante las gestiones de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015), cuando el debate sobre el rol del periodismo fue intenso (Lodola & Kitzberger, 2017; Waisbord, 2013). Los dos principales medios gráficos críticos, La Nación y Clarín, estrecharon alianzas con los partidos políticos rivales y, en especial, con el sector agroexportador.
El Proyecto de Ley de Retenciones y Creación del Fondo de Redistribución Social, en 2008, con el que la administración de Cristina Fernández pretendía aumentar la presión impositiva sobre los productos agropecuarios, escenificó estas coaliciones intersectoriales. Por un costado, estaban las principales fuerzas políticas opositoras, las entidades rurales y los grandes conglomerados mediáticos, y enfrente se hallaban el gobierno kirchnerista y los medios de comunicación públicos.
En 2013, durante la entrega de los Premios Martín Fierro, en los que se destaca la labor periodística, uno de los periodistas más influyentes del grupo Clarín, Jorge Lanata (2013), bautizó a dicho enfrentamiento como "la grieta": "Yo creo que hay una división irreconciliable en Argentina. Y esa división yo la llamo 'la grieta'. La grieta es lo peor que nos pasa. Y creo que incluso va a trascender al actual gobierno. El gobierno en algún momento se irá, vendrán Florencia, Máximo, Néstor, Iván, el que sea. Se irán y la grieta igual va a permanecer. Porque la grieta no es política, es cultural. Es una grieta cultural en un sentido extenso. Tiene que ver en cómo vemos el mundo".
Como aseveró Lanata, el conflicto continuó después de que Cristina Fernández abandonara el poder. Durante la gestión de Mauricio Macri (2015-2019), esta disputa permaneció, solo que cambiaron las posiciones: La Nación, Infobae, el grupo Clarín y el sector agroexportador defendieron al oficialismo y mantuvieron su rechazo a la fuerza política liderada por Cristina Fernández. En sentido inverso, Página 12, Radio 10 y C5N, principales medios privados oficialistas durante los mandatos kirchneristas, pasaron a ser críticos de la administración nacional. Así mismo, los medios públicos siguieron los lineamientos del nuevo poder ejecutivo, conservando su dinámica cíclica.
Con el regreso el 10 de diciembre de 2019 a la Casa Rosada de la coalición Frente de Todos, encabezada por el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández, el mapa mediático volvió a configurarse como en el período kirchnerista de 2003-2015. Durante los primeros meses, junto al gobierno peronista, se ubicaron los medios públicos (TV Pública y Radio Nacional) y parte de los privados (C5N, Radio 10 y Página 12). Enfrente, en torno a la oposición política, se posicionó el resto de los mass media: Radio Mitre, Clarín, Telefé, Canal 13, La Nación e Infobae.
Esta rotación permanente y estratégica de posiciones pone en evidencia la ausencia de un periodismo crítico, autónomo del poder económico (Hermida & Mellado, 2020) y del poder de turno, más allá de su sello partidario y su ideología. Dicho de otra forma: en Argentina, el periodismo investiga, cuestiona y vigila al poder político siempre y cuando este pertenezca al bloque antagonista. El sistema de medios opera como un espejo del sistema de partidos. El rol del perro guardián se ejerce con una intensidad baja y, en dirección opuesta, el rol intervencionista, sustentado en la explicitación del punto de vista, la adjetivación y la interpretación, se ejerce con una intensidad alta.
Al igual que en el resto del mundo, la pandemia del Covid-19 produjo una situación excepcional en Argentina. El 20 de marzo de 2020, el presidente Alberto Fernández decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO). La medida, que contó con el apoyo de todos los gobernadores (oficialistas y opositores) del país, en líneas generales, consistió en restringir la circulación por la vía pública (solo se podía acudir a comercios cercanos al hogar), cerrar todas las instituciones educativas, deportivas, ociosas y gastronómicas, y, tanto en el sector público como en el sector privado, implementar el teletrabajo. Solo fue exceptuado de este protocolo de emergencia el personal calificado como esencial: médicos, enfermeros, policías, diplomáticos, autoridades ejecutivas superiores de los distintos gobiernos y funcionarios vinculados al sistema sanitario.
Teniendo en cuenta este contexto histórico, los objetivos de este trabajo son, en primer lugar, describir la presencia del rol de perro guardián en la cobertura noticiosa argentina en televisión, diarios, radio y medios online durante el año 2020 (O1). En segundo lugar, se pretende examinar las subdimensiones más presentes de este rol en dichos medios durante el mismo período (O2). Además, se busca identificar las élites -políticas, culturales, económicas y religiosas- y los sujetos sociales que fueron más controlados por el periodismo durante el año 2020 (O3). Igualmente, se propone describir la presencia del rol intervencionista en la cobertura noticiosa argentina en televisión, diarios, radio y medios online durante el año 2020 (O4); y, finalmente, inspeccionar las subdimensiones más presentes de este rol en los mencionados medios de comunicación durante el mismo período (O5).
En primer lugar, se ha hecho una revisión de la literatura para especificar las categorías centrales que se aplicarán en el estudio. El periodismo puede ejercer diferentes roles: facilitador leal, perro guardián, intervencionista, cívico, infoentretenimiento y de servicio (Mellado et al., 2021; Mellado, 2021). Estas categorías están en constante cambio y están determinadas por sus respectivos contextos políticos, legales, culturales e históricos (Márquez-Ramírez et al., 2021; Humanes & Roses, 2018; Wang et al., 2018). En el caso del facilitador, la tarea del periodista es apoyar o retratar positivamente a las élites para lograr el bienestar social (Mellado, 2021).
A diferencia del perro guardián, el "perro faldero" (Donsbach, 1995) actúa como vocero de los poderes económicos, políticos o culturales; defiende determinadas políticas públicas; y hace hincapié en los avances estructurales del país (Christians et al., 2009; Mellado et al., 2021; Mellado, 2021). Por su parte, a través de consejos e información útiles, el rol de servicio se distingue por la defensa de los derechos y los intereses de la audiencia, creando una especie de vínculo entre profesional (periodista) y cliente (ciudadano). En cambio, el rol de infoentretenimiento se reconoce por aplicar diferentes recursos estilísticos, visuales o narrativos del espectáculo para entretener a la sociedad. El rol cívico se concentra en incentivar al ciudadano para que forme parte del debate público o se involucre en acciones o manifestaciones culturales, políticas o sociales (Mellado, 2021).
Este trabajo se va a focalizar en los dos roles restantes: perro guardián e intervencionista. El primero lo utilizaremos para indagar en qué medida el periodismo argentino controló al poder durante el año de la pandemia del Covid-19. En cambio, el segundo lo usaremos para medir el nivel de objetividad que tuvo el periodismo en la construcción de las noticias.
El rol de perro guardián, también llamado periodismo de investigación, se encarga de monitorear a los poderosos (políticos, empresarios, jueces o representantes de otras instituciones públicas) y denunciarlos cuando actúan por fuera de la ley (Márquez-Ramírez, 2021; Mellado, 2021; Kalogeropoulos et al., 2022). De acuerdo con Hanitzsch y Vos (2018), los papeles que cumple el periodismo en este rol son los siguientes: ser observadores meticulosos y permanentes del poder; oficiar de detectives a través de la investigación profunda; y, por último, actuar como un contrapeso de los grupos dominantes, lo que genera un cierto equilibrio en el sistema democrático.
El perro guardián está compuesto por nueve subdimensiones: información sobre procesos judiciales y administrativos; duda del periodista sobre la validez o veracidad de grupos o individuos en el poder; duda de otro sujeto que no sea el periodista sobre la validez o veracidad de grupos o individuos en el poder; crítica por parte del periodista hacia individuos o grupos que están el poder; crítica por parte de una institución u otro individuo que no sea el periodista hacia grupos o personas que estén en el poder; el periodista destapa hechos ilícitos o irregularidades del poder; investigación externa hecha con base en fuentes policiales, judiciales, académicas que emplea el periodista; reportaje de investigación propia del periodista que revela ilícitos o irregularidades del poder; y conflicto entre el profesional y su medio (Mellado, 2021).
El periodismo intervencionista se caracteriza por hacer explícito el punto de vista del comunicador en la producción de la noticia (Mellado, 2021; Hanitzsch et al., 2019; Stçpinska et al., 2021). A diferencia del rol diseminador o descriptivo, acotado a los hechos y basado en las fuentes, este rol expone la voz del periodista a través del comentario, del análisis, de la opinión o de la interpretación.
Mientras al periodismo descriptivo se lo puede identificar como "neutral", el periodismo intervencionista lo podemos calificar como "participante" (Stçpinska et al., 2021; Hanitzsch et al., 2019; Weaver & Willnat, 2012). En resumen, podríamos afirmar que mientras el periodismo descriptivo busca responder a las preguntas "¿quién", "¿cuándo?", "¿dónde" y "¿qué?", el periodismo intervencionista apunta a contestar el interrogante del "¿por qué?" (Mellado, 2021; Stçpinska et al., 2021).
Las diferentes subdimensiones del rol intervencionista son las siguientes: el periodista exhibe su punto de vista; el periodista interpreta el hecho y explica sus posibles causas, significados y consecuencias; el comunicador llama a la acción o propone alternativas; el periodista emplea adjetivos calificativos para evaluar una persona, una institución o un suceso; y, por último, el periodista utiliza la primera persona en cualquiera de sus variantes ("yo", "nosotros", "me", "mi", "nuestro") en el desarrollo de la noticia (Mellado, 2021).
Este estudio se enmarca en el proyecto internacional Journalistic Role Performance ( JRP): www.journalisticper-formance.org, el cual propone un camino para el análisis sistemático de cómo se materializan los diferentes roles profesionales en el contenido de distintas plataformas de noticias, así como en diversos temas o secciones. El proyecto ha generado una metodología común, con escalas válidas para medir el desempeño de los distintos roles periodísticos en las noticias, así como las concepciones de los roles y sus percepciones, y la interpretación percibida de cada rol entre los periodistas. Para poder cumplir con los objetivos planteados se ha empleado la siguiente metodología.
Se relevaron los principales medios de comunicación de Argentina con alcance nacional (tabla 1). Estos fueron clasificados mediante seis propiedades: tipo, audiencia, estructura, propietarios, unidad de muestra y posición frente al gobierno nacional en enero de 2020. Con estas distinciones se evitaron sesgos en la muestra e intentamos representar de la mejor manera posible la diversidad del sistema de medios argentino (ver tabla 1).
La muestra se compuso de 10 medios de comunicación seleccionados para su análisis. La distribución por soporte es la siguiente: 3 medios televisivos (El Trece, TV Pública y Telefé), 2 radiales (Radio Mitre y Radio 10), 3 periódicos impresos (La Nación, Página 12 y Clarín) y 2 digitales (Clarín.com e Infobae).
En el caso del soporte radial, se codificaron las noticias emitidas por el programa matinal con mayor audiencia. Respecto a la televisión, se estudiaron las noticias elaboradas por el noticiero vespertino. En los medios escritos online, se analizaron todas las noticias presentes en la homepage en un horario determinado (media mañana). Por último, en los medios escritos impresos, se examinaron todas las noticias producidas por el diario, excepto las de agencia y las columnas de opinión. El total de la muestra comprendió 5367 noticias (N = 5367,61890).
El total de la muestra fue recolectado mediante herramientas de grabación y captura de pantalla para medios televisivos y diarios digitales, herramientas de grabación de audio para radio y fotografía para diarios impresos. Posteriormente, cada noticia fue dividida en un archivo individual, asignándole un nombre de registro específico. Finalmente, cada noticia fue codificada en diferentes variables, como la cantidad y tipo de fuentes de información, el tipo de intervención del periodista en la noticia y cinco roles periodísticos (watchdog, intervencionista, rol de servicio, infotainment y rol de consumidor-ciudadano).
Acto seguido, se dividió el estudio en tres cortes temporales. La primera fase comprende dos fechas previas a la llegada de la pandemia a Argentina: 29 de enero y 20 de febrero. Con dicho estadio se podrá comprobar el rol que desempeñó cada medio frente al gobierno en una situación 'normal'. El segundo segmento inicia el 20 de marzo, día en que el gobierno nacional anunció el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) y finaliza el 25 de septiembre. En este período se podrá vislumbrar si los roles de los medios se alteraron o permanecieron iguales ante la situación excepcional que significó la irrupción del Covid-19, la declaración de la cuarentena y la puesta en marcha del resto de medidas preventivas.
El tercer intervalo de tiempo abarca la etapa que el gobierno nacional denominó distanciamiento social, preventivo y obligatorio (Dispo), y contiene los días 17 de octubre, 15 de noviembre y 14 de diciembre (ver tabla 2). Aquí se podrá detectar si una vez que se relajaron las medidas de cuidado y se levantaron las prohibiciones de circulación, los medios de comunicación modificaron o no sus roles.
A continuación, hicimos un análisis de contenido de las noticias, basado en operacionalizaciones estandarizadas de los roles perro guardián e intervencionista. Ambos se codificaron a través de la presencia/ausencia de indicadores específicos de las noticias. Para determinar la intensidad de los roles se dividieron los resultados en tres categorías: 0-33 %, baja intensidad; 33-66 %, media intensidad; 66-99 %, alta intensidad.
El manual de codificación incluyó las subdimensiones que se especificaron en el marco teórico y midieron el desempeño de ambos roles (Mellado & Van Dalen, 2017; Mellado et al., 2021; Mellado, 2021). En el caso del rol del perro guardián, las subdimensiones fueron nueve: información sobre procesos judiciales y administrativos; duda del periodista; duda de 'otro'; crítica del periodista; crítica de 'otro'; descubrimiento de hechos ilícitos o irregularidades; investigación externa hecha con base en fuentes policiales, judiciales, académicas; reportaje de investigación propia del periodista; y conflicto entre el periodista y un individuo o grupo en el poder. En el caso del rol intervencionista, las subdimensiones fueron cinco: punto de vista del periodista, interpretación, llamado a la acción, adjetivos calificativos y primera persona.
Como último paso, se capacitó a cuatro codificadores independientes en la aplicación de un manual de códigos que incluía definiciones operativas para cada variable. Se utilizó la operacionalización propuesta por Mellado et al. (2021) y validada en investigaciones anteriores (Mellado & Van Dalen, 2017; Mellado et al., 2021; Mellado, 2021; Márquez-Ramírez et al., 2020; Humanes & Roses, 2018) para medir los roles profesionales en el contenido de noticias.
El manual de codificación incluyó definiciones operativas de los roles (perro guardián, intervencionista, facilitador leal, servicio, infoentretenimiento y cívico) basadas en la relación entre el periodismo y el poder de facto, la presencia de la voz periodística en la historia y la forma en que los periodistas se dirigen a la audiencia. El instrumento final fue ajustado de manera colaborativa para garantizar su validez intercultural y adaptado a diferentes medios (radio, televisión, en línea).
En el proceso, se usaron indicadores para medir la presencia de cada elemento en cada rol, codificados como presentes (1) o ausentes (0). Además, se ajustaron algunos indicadores para identificar el actor o acción a los que se dirigía el comentario del periodista o fuente. Además, se optó por un modelo de medición reflectante para las subdimensiones de roles, asumiendo que estas podían coexistir.
El proceso de búsqueda de muestras, así como la codificación de las noticias, fue llevado a cabo por hablantes nativos. En el proceso, un investigador principal nacional fue responsable de recopilar datos, llevar a cabo el estudio y colaborar con la coordinadora general del proyecto. El equipo nacional recibió una amplia capacitación por parte de la coordinación general del proyecto para garantizar la adecuada aplicación del libro de códigos que contiene las definiciones operativas para cada variable.
El equipo nacional contó con cuatro codificadores que ingresaban directamente cada historia de noticias en una interfaz en línea diseñada para ese propósito. El corpus de noticias se dividió aleatoriamente entre los codificadores para reducir el sesgo y evitar que cada codificador pudiera codificar toda una fuente por sí mismo/a.
Dado que varios conceptos están inevitablemente ligados culturalmente, se siguió una estrategia de tres pasos para probar la confiabilidad entre codificadores y dentro de los países. Primero, se realizó una prueba piloto entre los investigadores principales de diferentes países para asegurar que tuvieran una comprensión compartida del libro de códigos. En segundo lugar, el equipo llevó a cabo pruebas piloto con artículos que no estaban incluidos en la muestra real. También se supervisó desde la coordinación general a los codificadores durante el proceso de codificación para mejorar el acuerdo entre ellos. Finalmente, una vez que se finalizó el proceso de codificación, se hizo una prueba post para asegurar la confiabilidad de los codificadores en el proceso de codificación real.
Todos los resultados obtenidos parten de las codificaciones efectuadas por el equipo argentino de Journalistic Role Performance (JRP) durante todo el año 2020. En total, como se detalló anteriormente, fueron 14 muestras extendidas en 12 meses (enero-diciembre).
Respecto al principal objetivo que guía este estudio, como muestran la figura 1, la tabla 3 y la figura 2, la respuesta que obtenemos es que el periodismo argentino no ejerció un rol preponderante de vigilancia. En ningún mes, el perro guardián superó el 50 % de presencia en las noticias, y el promedio de todo 2020 fue del 30 %, o sea, menos de la tercera parte de la muestra. Ni los medios oficialistas ni los opositores realizaron un rol preponderante de vigilancia. Ambos desempeñaron una práctica de control de baja intensidad. Como sostienen Márquez-Ramírez et al. (2021), este ejercicio débil del perro guardián es corriente en las democracias en transición y con un mercado mediático altamente concentrado y comercializado, como es el caso de Argentina.
Si ahondamos en los porcentajes y los cortes temporales, podemos identificar que la fecha en que hubo mayor presencia del rol del perro guardián fue el 8 de junio: 46,4 %. En una primera instancia, se podría interpretar que el coronavirus puso en alerta al periodismo, que controló más severamente al poder. Sin embargo, la crítica de la mayoría de los medios en esa fecha no se concentró en las medidas tomadas contra el Covid-19, sino en otros temas vinculados al gobierno nacional: las escuchas ilegales, el intento de expropiación por parte del Estado de la empresa privada Vicentín, el impuesto a la riqueza y la designación sin consenso de la oposición del Procurador General. En relación con la pandemia, las noticias críticas fueron menores y apuntaron a la elevada cantidad de víctimas de Argentina -en comparación con otros países- y la extensión de la cuarentena como medida de cuidado.
En relación con la subdimensión del perro guardián que dominó, podemos mencionar que el 18,9 % de las noticias relevadas tuvieron información sobre procesos judiciales vinculados a las élites políticas, económicas o culturales, o personas comunes. Como muestra la tabla 5, febrero, junio y septiembre fueron los meses más intensos. En cambio, marzo y octubre fueron los meses con menor presencia de esta subdimensión. Otros datos asociados a las subdimensiones y que revelan la fragilidad del perro guardián en Argentina son los siguientes: en apenas el 6,85 % de las noticias, el periodista expresó dudas sobre la validez de las acciones o expresiones del gobierno, del Estado o de los partidos políticos; solo el 0,5 % de las noticias expuso un caso de corrupción o mala conducta por parte de políticos o funcionarios gubernamentales; y tan solo el 0,4 % de las noticias presentó un informe de investigación propia del periodista sobre una conducta inapropiada o un abuso de poder. Estos últimos guarismos revelan que la desconfianza o la expresión de dudas con respecto al poder político son prácticamente inexistentes en las noticias, solo un porcentaje mínimo cuestiona los actos o políticas del gobierno (ver tablas 4 y 5).
Para analizar qué institución fue la más controlada, se escoge la subdimensión, dentro de la variable perro guardián, que mayor presencia tuvo en nuestra muestra: información sobre procesos judiciales. Es así que se observa que las instituciones más controladas en esta subdimensión fueron el gobierno, el Estado y los partidos políticos (9,2 %). En segundo lugar, se encuentra la gente ordinaria (5,8 %), dato que es comprensible, ya que los medios pusieron el lente sobre las personas que no cumplían las medidas sanitarias obligatorias. Más atrás, se ubican la élite cultural (1,4 %) y la élite económica (1,3 %), números que llaman la atención teniendo en cuenta los despidos masivos que realizaron las empresas durante la pandemia en Argentina, lo que devino en un aumento significativo del desempleo y de la pobreza (ver tabla 6).
En lo referente al cuarto objetivo de esta investigación, como muestran las figuras 3 y 4, se puede afirmar que estamos frente a un rol intervencionista de intensidad media. En el 58,7 % de las noticias estuvo presente el punto de vista del periodista. Es un periodismo que prefiere intervenir más que relatar (Mellado et al., 2021). La "voz del comentarista" es más fuerte que la "voz del reportero" (Thomson & White, 2008). Esto significa que los periodistas argentinos participan en la noticia a través de la interpretación, la especulación sobre posibles consecuencias de un hecho o la opinión (la emisión de un juicio de valor).

Fuente: elaboración de los autores.
Utilizando una medición dicotómica (tiene presencia o no tiene presencia del rol intervencionista, en cualquiera de sus porcentajes), se observa en la figura 4 que el rol intervencionista se mantiene, con ciertas variaciones, durante todo el año. En este caso, las diferentes fases de la pandemia -pre-Covid, ASPO y Dispo- no inciden en su frecuencia. Se percibe que es una propiedad intrínseca del periodismo argentino, que excede el marco excepcional que produjo el coronavirus (Mellado, 2021).
En cuanto a las subdimensiones del rol intervencionista (ver tabla 7), podemos subrayar el uso de adjetivos calificativos en el 46,2 % de las noticias codificadas. Este porcentaje define un estilo que contrasta con el periodismo estrictamente objetivo. Según Stçpinska et al. (2021) y Ramírez et al. (2018), los adjetivos son una herramienta para otorgarle color y atractivo a las noticias. Es el denominado "intervencionismo determinado por el estilo" (Stçpinska et al., 2021), que se caracteriza por dar una opinión, el empleo frecuente de adjetivos calificativos y la utilización de la primera persona.
Por ejemplo, en los siguientes títulos: "La increíble excusa del futbolista del Real Madrid para explicar por qué rompió la cuarentena por el coronavirus (Infobae, 2020); "El jefe de gabinete, Santiago Cafiero, que estuvo muy locuaz..." (Radio Mitre, 2020), "Bancos sin tanta superganancia" (Página 12, 2020). El mes con mayor adjetivación fue diciembre: con un 56,2 %. Esto es un indicio de que la calificación por parte del periodismo argentino excede la pandemia, ya que diciembre fue el tercer mes del Dispo y uno de los que tuvo menos contagios en 2020.
Por su parte, la interpretación formó parte del 26,4 % de las noticias, es decir, 1 de cada 4 noticias contó con la explicación del periodista (las causas, significados o posibles consecuencias de determinados hechos), lo que no significa que haya emitido un juicio de valor o una opinión, como en la subdimensión del punto de vista. Es difícil relacionar este estilo con la pandemia del Covid-19, ya que, al igual que los adjetivos calificativos, la mayor presencia de esta subdimensión se dio en enero de 2020, dos meses antes de que aparecieran los primeros casos de coronavirus en Argentina.
En tercer lugar, aparece el punto de vista, en el 22,5 % de los casos. Aquí, sí, el periodista toma partido y explicita su posición frente al hecho. A diferencia de las anteriores dos subdimensiones, las frecuencias más altas se producen en marzo (28,4 %), junio (31,8 %), julio (30,2 %) y septiembre (30,2 %), durante el ASPO. Este posicionamiento explícito del periodismo podría explicarse por la necesidad de concientizar a la sociedad sobre la gravedad del coronavirus y para que cumpla las medidas preventivas.
El objetivo central de este trabajo era indagar sobre el ejercicio del periodismo en Argentina, más específicamente sobre el rol del perro guardián y el rol intervencionista, durante el año 2020. Aprovechar la excepcionalidad que produjo la pandemia del Covid-19 para vislumbrar si hubo una alteración en la dinámica histórica de los medios de comunicación. Los resultados muestran que la presencia del perro guardián fue baja: un 31 %, y no evidenció variaciones sustanciales en las diferentes etapas: pre-Covid, ASPO y Dispo.
Tanto medios oficialistas como opositores desarrollaron una vigilancia endeble del poder, lo que no implica que hayan desempeñado un rol de facilitadores o de propagadores de las élites políticas, económicas, culturales o la gente ordinaria. Como sostiene Mellado (2021), los roles no son excluyentes, sino que pueden coexistir, incluso dentro de una misma empresa mediática. En síntesis y en un sentido figurado, podríamos decir que estamos ante un periodismo que ladra (controla de manera intermitente y escueta), pero no muerde (controla de manera constante y profundamente).
Una de las posibles explicaciones a esta interrupción de la 'grieta' es lo que se conoce como rally-round-the flag' effect: ante situaciones extraordinarias -una guerra, un desastre natural o una crisis extraordinaria-, los medios de comunicación y las fuerzas opositoras suspenden transitoriamente sus críticas, priorizan el sentido nacional y respaldan las decisiones del poder ejecutivo (Goldstein & Pevehouse, 2008). La pandemia del Covid-19, sin duda, fue uno de esos sucesos excepcionales que facilitó la unión detrás de la bandera argentina.
En relación con el rol intervencionista, se detectó una intensidad media: estuvo presente en el 58,7 % de las noticias. Como en el caso del perro guardián, las diferentes etapas del Covid-19 no alteraron este estilo periodístico. A su vez, las principales subdimensiones de este tipo en Argentina son la adjetivación, la interpretación y la explicitación del punto de vista del periodista. En resumen, podemos argüir que el periodismo argentino durante 2020 ejerció un perro guardián débil y un intervencionismo moderado.
Respecto a futuros trabajos, se abren tres propuestas de trabajo. Primero, investigar la presencia del rol facilitador durante el mismo período. Esto sería oportuno para detectar si, en el caso argentino, la ausencia del perro guardián implica presencia de facilitador. En segundo lugar, sería interesante examinar las razones, motivaciones o creencias de los periodistas. En vez de investigar sus prácticas, explorar en qué medida el periodista considera que está cumpliendo con su trabajo, cuál piensa que es su función y cómo confecciona la noticia (tema, fuentes, estructura, etc.). Por último, sería relevante comparar el ejercicio del perro guardián en Argentina con otros países de Latinoamérica. De esta manera, se podrá precisar si los bajos índices del perro guardián son una práctica exclusiva del país o, por el contrario, son un fenómeno de alcance regional.
El presente texto nace en el marco del proyecto Journalistic Role Performance (https://www.journalisticperfor-mance.org/).
Agradecimientos especiales a las siguientes instituciones educativas: Universidad Católica Argentina, Universidad Camilo José Cela de España, Universidad Pontificia Católica de Valparaíso de Chile.
1. Amado, A., & Waisbord, S. (2015). Divide we stand: blurred boundaries in Argentine journalism. In M. Carlson & S. Lewis (Eds.), Boundaries of journalism: professionalism, practices, and participation (pp. 51-66). Routledge.
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