Señoras de la noticia

Socorro, M.  (2009). Señoras de la noticia. Anuario Electrónico de Estudios en Comunicación Social "Disertaciones", 2 (2), Artículo 2. Disponible en la siguiente dirección electrónica: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/Disertaciones/

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Señoras de la noticia
Ladies of News

* Socorro, Milagros, Literata y Periodista del Diario El Nacional - Venezuela.

 

Indice

 

  • RESUMEN

El ensayo realiza un recorrido por la participación de la mujer en la historia del periodismo venezolano, destacando la importancia que han tenido las “señoras de la noticia” en el desarrollo de la comunicación social en el país: desde la práctica de calle hasta la enseñanza en las escuelas de periodismo y comunicación. En forma de crónica, Milagros Socorro subraya esta importante faceta del periodismo venezolano a partir del desgrane del oficio de las aguerridas mujeres periodistas en Venezuela.

Palabras clave: Periodismo, mujeres periodistas, Venezuela, género, historia del periodismo.

Recibido: 30 de septiembre de 2009
Aceptado: 15 de octubre de 2009

 

  • ABSTRACT

This essay looks around the participation of women in the history of Venezuelan Journalism, emphasizing the importance of these “ladies of news” in the development of social communication in the country: since the field practices until the teaching in Journalism and Communication Schools. With a chronicle writing, and detailing the work made by several brave women, Milagros Socorro features this important part of the Venezuelan Journalism.

Key words: Journalism, female journalists, Venezuela, genre, history of journalism.

Submission date: September 30th 2009
Acceptance date: December 12th 2009

 

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Cuenta Teresa de la Parra, en una de las conferencias que componen su conjunto ensayístico Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, que en 1872, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco emitió el decreto por el cual se ordenaba la secularización de las monjas y, de paso, la demolición de los tres conventos coloniales donde éstas guardaban vida de claustro, la medida “levantó una ola de indignación muda. Casi nadie se atrevió a protestar públicamente porque la protesta se pagaba muy cara. Sólo una de las tres superioras, que era por cierto parienta política del Presidente y era monja letrada, escribió una magnífica carta en la que protestaba, defendía sus derechos, y pedía que le dejasen por lo menos trasladar su comunidad a las afueras de la ciudad. El Presidente contestó que no podía acceder a tal petición, que las comunidades tenían forzosamente que disolverse y que tal era en su concepto la manera de servir a Dios dentro del espíritu de su siglo. La Superiora replicó de nuevo que ella no tenía autoridad suficiente para levantar la clausura de sus monjas, que les ordenaba al contrario la desobediencia al Estado, y que por lo tanto esperarían todas a que viniese la fuerza armada a hacerles cumplir la orden. En efecto, cuando llegó la autoridad, la Superiora hizo formar a las monjas en fila, entonó el Magnificat y cantando, escoltadas por las bayonetas, salieron para siempre de su convento.”

En 1872, cuando las 64 monjas abandonaron, a punta de fusil, los conventos situados alrededor de la Plaza Mayor, luego Plaza Bolívar, no existía el periodismo informativo en Venezuela; de manera que aquel momento supremo en que el conjunto de religiosas fue devuelto al mundo del que habían huido voluntariamente, empujadas por soldados cuyo temblor puede adivinarse a través de un siglo, no fue atestiguado por un reportero que reseñara la palidez de las enclaustradas, su empecinado silencio, el golpe de sol en los ojos cuando finalmente salieron a la calle, donde las esperaba “el coro de familias que les ofrecía hospitalidad.” Y lo más lamentable es que la ausencia reporteril de la que podemos condolernos no hubiera sido, de todas formas, aliviada por la concurrencia de una mujer periodista, una mujer cronista. Esta inasistencia nos condenó a ignorar para siempre los detalles del desalojo, la contrariedad de las monjas ancianas arrojadas a una ciudad que desconocían, el sobresalto de las más jóvenes aferradas a una camándula inhábil como amuleto contra la adversidad, los murmullos de las sesenta y cuatro sirvientas que, de paso, fueron también sacadas de los conventos. La tardanza de la mujer periodista en llegar al sitio de los acontecimientos sumió éste, formidable, en el silencio de las sandalias que marcó el paso de las carmelitas expulsadas. Y lo mismo deberá aplicarse a todos los hechos de la vida nacional huérfanos de la mirada de una mujer periodista. Que fueron muchos. Su incorporación masiva a la labor reporteril va a tardarse unas décadas, por ahora deberemos rastrearla en diversas publicaciones como excepciones que, desde luego, no conviene perder de vista. El gesto, por ejemplo, de la madre superiora que se opone al dictamen presidencial y escribe su rebeldía contiene ya, viva y enérgica, la sustancia que nutre al hecho periodístico: rebelde frente al poder, ella determina su posición y la convierte en escritura, en mensaje que ha de circular en una determinada audiencia, en este caso la propia cabeza del poder. Una muestra temprana de periodismo de opinión, esa carta que la superiora redacta en nombre de una comunidad a la que se debe: periodismo del más acabado aliento. Fallido, es verdad, como tantos pronunciamientos periodísticos, pero sólido, valiente y decidor. Su ejemplo tendrá secuelas. 

 El 23 de septiembre de 1808 llega la imprenta a Venezuela, de su traqueteo saldrá un mes después el primer periódico venezolano, la Gazeta de Caracas y, cincuenta y seis años más tarde, en 1864, ya nos topamos con la presencia de la mujer en la prensa. Fue a través de El Rayo Azul, un semanario literario del Zulia, editado y redactado por Perfecto Jiménez, que admitía colaboraciones de escritoras formadas en la vigorosa tradición cultural de Maracaibo, ciudad donde eran cotidianas las tertulias literarias, la práctica de la poesía y el cultivo de la música.

Un texto emanado de las II Jornadas de la mujer periodista, realizadas en Caracas, en noviembre de 1984, recoge una apretada historia de la incorporación de las venezolanas al oficio periodístico. En 1872, dice allí, se inicia la publicación de Ensayo Literario, revista semanal de Caracas, redactada por Isabel Alderson, que trataba sobre moral, historia, ciencia, literatura y variedades. En 1882, se publica la Revista Escolar en el Colegio de Niñas de Mérida; en 1884, La Primera Piedra, publicación mensual literaria del estado Carabobo, donde colabora María de la Paz Pérez de Santander; en 1891, circula en Caracas El Ávila, semanario de literatura, poesía, bellas artes, crónicas y avisos, dirigido y redactado por Concepción Acevedo de Taylhardat, quien usaba el seudónimo de Rebeca y también fundó Brisas del Orinoco, en Ciudad Bolívar, y La Lira, en Caracas; en 1891, aparece El Problema, publicación político-literaria, dirigida y redactada por Rosalinda González, quien en 1892 se encarga de redactar la parte literaria de El Liberal, periódico caraqueño de política y literatura; en 1892 se funda la revista El Cojo Ilustrado, donde escriben las novelistas Magdalena Seijas y Virginia Gil de Hermoso, así como las poetas Mercedes Guevara Rojas de Pérez Freites y Polita De Lima de Castillo.

En los años del gobierno del general Crespo (1894-1896) se publican El Cristus y La Lira. El primero, un quincenario católico de Barquisimeto, trataba de literatura, ciencias, artes y oficios, y estaba administrado por Camila Andrade y Felicia P. De Pérez; en La Lira, periódico trujillano, colaboran Eustoquia Perozo, Rosa Galletti, Graciosa Urdaneta y Amelia Castillo.

En 1897 circulan: La Azucena, publicación mensual tachirense del Colegio de Niñas Espíritu Santo, que tenía por redactoas a Beatriz Camargo y Sara Guerrero, y por colaboradoras a las alumnas de las clases superiores de literatura; El Cronista, diario carabobeño cuya directora, desde 1904, fue Ella Galíndez Ríos; Alondras, revista quincenal zuliana de prosa y verso fundada por Ana Yépez. (Años después apareció otra publicación con el mismo nombre, Alondras, en Ciudad Bolívar, dirigida por Anita Ramírez, donde también escribieron Lucila Palacios, Luz Machado y Jean Aristiguieta, quien funda en 1967 la revista Árbol de Fuego). También del año 1897 es El Recreo de las Damas, semanario literario caraqueño cuya directora-redactora era Concepción Godoy de Martínez y tenía en la subdirección a María Martínez de Arredondo. 

Ya en 1900 se publican: El siglo XX, periódico yaracuyano donde escribe la poeta Leonor Bernabó; La Cítara, revista de arte fundada en Coro por Josefa Victoriana Riera, novelista y periodista; Carmen Vásquez administra el Gutemberg, periódico barquisimetano. En 1909, se funda El Universal, bajo la dirección del peta Andrés Mata, y la primera mujer que se cuenta entre sus colaboradoras es ni más ni menos que Teresa de la Parra, luego se sumarían Esther Barrera Moncada y Luisa Esther Larrazabal.

En 1911 se publica en Betijoque, estado Trujillo, El Pensil, quincenario de literatura y artes administrado por Nieves Díaz Viana y redactado por Emma Dubuc Arias. En 1916 aparece Minerva, periódico del Liceo Contreras, plantel de enseñanza femenina de Carora. De 1919 es Bisemanario, órgano barquisimetano administrado por Marcolina Jiménez Segura. En 1920 se fundan Vendimia, revista quincenal caroreña de literatura y ciencias, donde colabora Lucila Luciani de Pérez Díaz, y Violetas, semanario literario y de noticias de Puerto Cabello, que dirige y redacta Trina García Selis.Ese mismo año, 1920, Polita De Lima abre en Coro su revista Médanos y Leyendas que continúa publicándose en Caracas hasta 1935; allí colaboraron Mina de Rodríguez Lucena y Consuelo Salcedo.

Entre 1922 y 1941 circula el semanario literario El Alba, en Upata, dirigido y administrado por Ana y Enriqueta Acevedo Castro. En 1927 Luisa Martínez edita la revista mensual femenina Nos-Otras, donde inicia su carrera Alida Begoña Planchart Kerdel, conocida familiarmente como Pomponette, quien escribía con el seudónimo de Juana de Ávila. El 17 de agosto de 1930 aparece el primer número de la revista mensual Ecos de Gloria, editada por María Valentina Méndez-Loynaz, entonces de dieciséis años, allí colaboraron Luisa del Valle Silva, Lucila Palacios, Conchita Osío Sarmiento, Graciela Rincón Calcaño, Olegaria de Escobar Ramírez, Ida Dos Santos, Rosa Virginia Martínez, Ana Mercedes Pérez y Olimpia Amador. En 1932 sale El Sostén, publicación carabobeña dirigida por Asunción de García Selis.

-Hasta el año 36 –dice Ramón J. Velásquez- había mujeres relacionadas con el periodismo en todo el país, que editaron revistas, sobre todo de corte literario, y colaboraban en ellas. Pero la actividad reporteril, la intervención en los problemas nacionales y locales comenzó a partir de esa fecha. A la muerte de Juan Vicente Gómez y bajo el gobierno de Eleazar López Contreras, cesó la censura dictatorial, se fundaron los partidos, los sindicatos, los gremios empresariales, y hubo libertad de prensa, de organización. Entonces surgieron grupos de mujeres con una posición muy activa en la lucha política y muchas de ellas se dedicaron a escribir en los periódicos entre el 36 y el 48.

“Es a partir del año 36 cuando aparece la primera reportera de calle, la que interroga. En aquel grupo inicial de mujeres que escribían para los periódicos sobre el problema nacional, resaltan los nombres de Pomponette Planchart y de la gran novelista Ada Pérez Guevara. En ese momento hubo una periodista, Luisa Martínez, cuya revista Nos-Otras causó sensación y polémica, y fue atacada por la izquierda porque era oligarca y de extrema derecha ideológica. Y en Maracaibo estaba Olga Luzardo, periodista combativa, fundadora y dirigente del Partido Comunista en el Zulia.”

“La primera gran periodista, reportera de calle, en trabajar en un gran periódico –La Esfera, que desapareció hace como veinte años– fue una barquisimetana formada en París y en Londres. Su nombre: Ana Mercedes Pérez, poeta, autora de grandes libros. Cuando se produjo el golpe militar de Marcos Pérez Jiménez, el 18 de octubre de 1945, que derrocó al presidente Isaías Medina Angarita, liberal y democrático, ella se dedicó a entrevistar a todos los militares golpistas; y con ese material publicó un libro, La verdad inédita, que consta de unos treinta reportajes, fue el primer volumen de reportajes políticos sobre un gran tema nacional hecho por una mujer. Un poco después, hacia el año 42, surgen las primeras reporteras de Últimas Noticias, María Teresa Castillo, una de ellas, fue reportera conmigo. Otra gran reportera de un periódico que se llamó El País –y también de Últimas Noticias– fue Ana Luisa Llovera, y otra más, Carmen Clemente Travieso. Fueron las pioneras en lanzarse a la calle para conversar con la gente de los cerros, con los políticos, con todo mundo. En los años 40, ellas introdujeron un cambio en la visión del periodismo en el país, aprovechando la libertad que existía. Ejercía también el oficio una periodista que murió muy joven, la talentosa Josefina Calcaño. En los primeros tiempos de El Nacional hubo una excelente escritora cuyo nombre fue Elba Arráiz, que escribía con un seudónimo, Dinorah Ramos. Luego vendrá la fundación de la Escuela de Periodismo y ya una mujer periodista es una cosa normal.”

Después de la muerte del general Gómez y ya bajo el mandato del general Isaías Medina Angarita (1941 – 1945) aparecen: el diario Últimas Noticias (1941) que contará con reporteras de la talla de Ana Luisa Llovera, María Teresa Castillo, Margot Boulton, Carmen Clemente Travieso y Ana Mercedes Pérez. El diario El Nacional (1943) que contará con las firmas de Ida Gramcko, Luisa Esther Larrazábal, Elizabeth Schöen, Velia Bosch, Elisa Lerner, Carmen Mannarino, Elena Vera, Josefina Juliac y Beatriz Mendoza Sagarzazu de Pastori, quien fundó en Valencia la revista Ancla con un grupo de amigas. Y más tarde, Miyó Vestrini, Margarita D’Amico y Mara Comerlatti por mencionar sólo un puñadito de un elenco que llegó a ser numeroso y brillante.

Amanecer (1943) publicación carabobeña donde escribía la poeta  Margot Ramírez Travieso. Correo Cívico Femenino (1945) revista mensual que se publica hasta enero de 1947, cuando la mujer obtiene el derecho al voto en igualdad de condiciones al hombre, informaba sobre reivindicaciones femeninas, sufragio y civismo, era redactada por la novelista Ada Pérez Guevara y Flor María Zambrano.

Al ocupar el poder la Junta Revolucionario de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt, se fundan en Carabobo: El Liceísta, en cuya redacción figura Elia Joya, y La Idea, administrado por Elba Marín. En 1948, Nery Russo funda Páginas, donde también escribía Blanca Graciela Arias de Caballero; y posteriormente, Russo funda la revista Ellas. Aquí se abre el paréntesis de la dictadura. En 1958, Alicia Larralde funda la revista mensual Ritmo y dirige Polémica, semanario del Movimiento Femenino Venezolano. Y a partir de este momento el número de publicaciones fundadas, dirigidas, redactadas, diseñadas y fotografiadas por mujeres dejan de ser excepción y se convierten en la norma. El gran momento había comenzado con la muerte del general Gómez, cuando la mujer salta la ventana hacia la calle, cruza los portones de los liceos e ingresa abiertamente en la política. Ahora el linotipo va a expresarse con voz de mujer.  

Últimas Noticias fue una gran escuela de periodismo para todos nosotros”, dice Oscar Yánez. “Y el gran factor de cambio para el periodismo venezolano lo constituyó la presencia de las mujeres reporteras. Ellas hicieron de la fuente cultural una sección de primera importancia, a la vez que se desempeñaban con gran solvencia y claridad en la fuente política. Su presencia cambió completamente el ambiente de las redacciones. Una mañana cualquiera llegaba María Teresa Castillo, muy activa, con sus aires de modernidad, y también venía Carmen Clemente, quien era, en cambio de las que vivían en el pasado, recordando sus amores con Andrés Eloy Blanco. Los periodistas nos reuníamos para hacer asambleas y discutir la situación del país. Todos estábamos pendientes de lo que ocurría durante el debate y Carmen Clemente lo seguía zurciendo una media. Entonces usted veía a aquella mujer zurciendo la media y se preguntaba qué hacía allí aquella ama de casa. Pero de lo que menos tenía era de ama de casa. Era dirigente del Partido Comunista. Ella fue la que comenzó a hacer los grandes trabajos en los barrios barrio. Donde había un problema, allá iba Carmen Clemente.”

“Estaba Ana Luisa Llovera, reportera política muy adeca que murió hace poco. Cubría las fuentes políticas. De ella se cuenta una cosa muy curiosa, que fue cierta. Cuando estalló el movimiento contra el general Isaías Medina Angarita, Ana Luisa desapareció del periódico en la tarde, no supimos más de ella. Dos días después, cuando fuimos a Miraflores, Ana Luisa estaba despachando en la oficina del Presidente de la República.”

“Otra reportera extraordinaria era Delia Raga”, continúa Oscar Yánez, “quien luego se casó con otro periodista y se retiró del medio. Sofía Imber llega después... Teníamos un cuadro de mujeres periodistas que eran de primera. Últimas Noticias fue novedoso también en eso, fue el primer periódico en incorporar reporteras. Teníamos a Ida Gramcko, que después se fue para El Nacional. Los reporteros hombres aprendimos mucho de esas mujeres. Todas tenían ya historia política que los jóvenes reporteros no teníamos. Ellas sí, porque muchas de ellas habían participado en huelgas, en conspiraciones, escondían gente perseguida en los gobiernos anteriores, no en el de Medina. Últimas Noticias, al igual que El Nacional, sale precisamente porque quien está en el gobierno es el general Medina, a quien se le debe la circulación de periódicos audaces y atrevidos para aquella época, como lo fue el semanario humorístico El Morrocoy Azul.”

“Con aquellas colegas aprendimos muchas cosas importantes. Primero que nada, se nos quitó de la cabeza esa concepción machista de que la mujer era intelectualmente inferior o que la carrera periodística era sólo para hombres. Cuando trabajamos con ellas, nos dimos cuenta de que muchas eran profesionalmente mejores que nosotros. Trabajaban más que nosotros, tenían mayor solidaridad de equipo –que en ocasiones el hombre no tiene-. Ese equipo de mujeres era para nosotros un orgullo, y el trabajo era muy agradable. Por restricciones económicas del periódico, los reporteros no podíamos movilizarnos individualmente. En aquella época, el periódico alquilaba un carro para los reporteros que iban a hacer trabajos hacia el este, por ejemplo. Y uno tenía dos opciones: o se quedaba en el carro mientras el compañero hacía su entrevista para luego seguir a la de uno o se metía a ver la entrevista que estaba haciendo el compañero. En una ocasión, fue Ida Gramcko a casa de Rufino Blanco Fombona a entrevistarlo. En un momento don Rufino, muy entusiasmado con el diálogo, comenzó a hablarle del duelo más peligroso en el que había participado... ‘precisamente la espada me alcanzó por aquí’... y comenzó a bajarse los pantalones para mostrar una herida que tenía casi en un testículo. Ida Gramcko intentó disuadirlo de mostrarle el lugar exacto de la estacada: ‘Sí, don Rufino, ya sé dónde fue la herida, ya sé, ya sé’. Yo estaba ahí y me divertí muchísimo.”

“Sofía Imber escribía una sección llamada ‘Viperinamente’, María Teresa hacía notas culturales, sociales, entrevistas políticas. Insisto, ellas cambiaron el periodismo en Venezuela. Antes de que ellas llegaran, la visión de las noticias era absolutamente machista. A ella se les debe en los periódicos el respeto por los niños, las reivindicaciones sociales, mejoramientos en los hospitales, reporte de las necesidades de los barrios... La Dirección de Últimas Noticias, con un criterio excelente, las destinaba a ellas a hacer esos trabajos. Mucha gente no sabe que  en Caracas, en la época del 41 al 45 (en plena Segunda Guerra Mundial), tomar un autobús implicaba caerse a golpes. No había neumáticos, cada día quedaban más unidades de transporte fuera de servicio y si teníamos 40 autobuses, durante la guerra habrían quedado 18 ó 20. Cuando llegaba un autobús, aquello era una batalla campal, la gente se caía a piña limpia. Entonces, Ana Luisa Llovera hizo una campaña para imponer las colas en las paradas de autobuses y logró que las autoridades emplazaran un policía que vigilara para que la gente no se coleara. En el centro de Caracas empezaron a aparecer las paradas de autobuses con su respectivo policía. Hasta que en un momento determinado desapareció el policía y la gente siguió haciendo cola. Hacer cola en paradas, en mercados y en otros sitios conflictivos, es un triunfo de la mujer en el periodismo. La circunstancia de la Segunda Guerra Mundial las favoreció: ocasionó un fenómeno que lanzó al mundo un espíritu igualitario entre hombres y mujeres. El esfuerzo bélico obligó a que las mujeres trabajaran al lado de los hombres. Por cierto que fueron también las mujeres periodistas quienes le pusieron a Lídice su nombre, porque cuando los nazis destruyeron la aldea de Lídice, en Checoslovaquia, ellas su unieron a la campaña mundial por hacer un homenaje a los caídos en ese lugar, en cada país debía haber un Lídice, y fueron las periodistas de Últimas Noticias quienes lograron que también Caracas tuviera su Lídice.” 

El 28 de julio de 1949 egresa la primera promoción de Periodistas Titulares, graduada en la Universidad de Venezuela. La Escuela de Periodismo de esa institución se había creado dos años antes, en 1947, bajo la dirección de Miguel Acosta Saignes y luego de Gustavo Díaz Solís, con 110 alumnos, de los cuales 55 completarían los cursos. Ellos integraron la promoción “Leoncio Martínez”, en homenaje al gran periodista, escritor y caricaturista, creador del semanario Fantoches. Entre los diplomados se encontraban seis mujeres: Lucila Velásquez, Trinita Casado, María Teresa Castillo, Nery Russo, Ana Luisa Llovera y Francia Natera.

Poco después, la dictadura de Pérez Jiménez clausura la Escuela de Periodismo y se interrumpe la formación académica de los periodistas venezolanos, hasta que la caída del régimen permite la reanudación de las actividades formativas en la Universidad Central de Venezuela. En 1960 se abre la Escuela de Periodismo de la Universidad del Zulia y, en 1965, la de la Universidad Católica Andrés Bello. Todas registraron una alta matrícula femenina (piénsese que entre 1949 y 1984, egresaron de la UCV 1230 licenciados en Periodismo, de los cuales 651 (61.19%) fueron mujeres).

La Escuela de Periodismo de la UCV suele admitirse como la primera en su especie, y Humberto Cuenca así lo establece en su libro Imagen literaria del periodismo (1961); pero antes de ese intento de formalizar el entrenamiento de los reporteros hubo, por lo menos, un par de iniciativas previas.

En su libro Caracas de siglo a siglo, (1966) Guillermo José Schael incluye un capítulo titulado Escuela de Periodismo, donde escribe: “Hacia los comienzos del año 1939 el doctor Luis Teófilo Núñez dio a conocer que la Editorial Ambos Mundos se proponía crear un curso de periodismo libre a fin de que algunos jóvenes en quienes ya se observaba cierto entusiasmo e inclinación por el ejercicio de este arte liberal, acudiesen a perfeccionar sus conocimientos. Para materializar su iniciativa el doctor Núñez entró en conversaciones con algunos veteranos del diarismo y entre éstos con el periodista y pedagogo Pedro Pérez Cabral, quien se hallaba desde hacía algún tiempo en Caracas, procedente de Santo Domingo, donde había ejercido su profesión hasta que por razones políticas tuvo que abandonar el país. Pérez Cabral aceptó la dirección del curso y éste comenzó a dictarse en la misma sede de la Escuela Superior de Comercio, entre las esquinas de Piñango a Llaguno. Iría ésta a ser la primera Escuela de Periodismo establecida en Caracas.”

Schael no ofrece una lista de los estudiantes matriculados en el curso pero su libro incluye una fotografía de algunos profesores y estudiantes donde aparecen, además de varios hombres, Rosario Barreto, Mercedes López León, Graciela Schael Martínez y Conchita Pérez. Por una referencia del autor nos enteramos de que a pesar de que la convocatoria fue atendida por 30 estudiantes, “sólo ocho aspirantes al diploma final se presentaron a las últimas pruebas”. Cabe destacar que Mercedes López León y Graciela Schael Martínez se contaban en la reducida cosecha de alumnos que “han demostrado poseer la capacidad y los conocimientos necesarios para el rendimiento de una labor apreciable dentro del campo periodístico vernáculo”.

Y dos años después hubo otro intento. En artículo aparecido en La Esfera, el 11 de noviembre de 1941, Francisco J. Ávila reseña la fundación de la Escuela de Periodismo en la Universidad Libre Augusteo, donde el autor de la nota se desempeñaba como profesor de Teoría y Práctica del Periodismo. “Una de las academias”, escribe Ávila, “que integrarán esa multiforme fuente de cultura gratuita para la juventud está destinada a la preparación de futuros periodistas. Se la ha bautizado en recuerdo de aquel ilustre y honrado escritor y periodista que se llamó Rafael Arévalo González. Más de doscientos jóvenes, deseosos de trillar otros caminos distintos a los rutinarios, se inscribieron en esta Academia. El excesivo número de aspirantes fue necesario reducirlo a un poco más de ochenta vocaciones preparadas para ese difícil arte de ‘escribir con sencillez’. Y desde el 27 de octubre, esas decenas de hombres y mujeres concurren a los cursos diurnos y nocturnos de periodismo.”

Las mujeres que acudieron a las aulas de Periodismo del Augusteo son Ana Luisa Llovera (quien también estudió en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid y formó parte de la primera promoción de egresados de la UCV), Josefina Calcaño, Nina Esté, Josefina Briceño, Ada Requena y Nery Russo (también reincidente en la UCV).

“Cuando se construye el nuevo edificio de El Universal, en los primeros años 60”, dice Eleazar Díaz Rangel, “en la redacción no había baños para mujeres, como no los había en la vieja sede. El Nacional en esto era excepcional. Lo que se debía al hecho de que en las primeras décadas del siglo XX la presencia femenina era rara en las redacciones. Esto se revierte alrededor de los años 60, cuando las mujeres comienzan a egresar de las escuelas de Periodismo y a ser mayoría entre los estudiantes. Y, claro, esa concurrencia numerosa de mujeres periodistas fue expresándose lentamente en los cambios que se produjeron en la composición de las redacciones de periódicos, revistas y otros medios.”

“Debieron pasar dos décadas más para que esas mujeres comenzaran a ocupar cargos directivos en los medios. Y no creo que haya habido reacciones negativas ante esas designaciones porque, cuando fueron nombradas las primeras, ya era natural que aquellas mujeres que hubieran demostrado su capacidad como reporteras finalmente sean ascendidas a jefes. No supe nunca de reacciones de alguna significación por parte de los reporteros porque fue un proceso, la sociedad lo fue asimilando como algo natural que también ocurría en otras profesiones.”

“Desde el primer momento en que las mujeres salen a la calle a buscar noticias, han cubierto todas las fuentes, incluyendo las policiales, que es de las más duras. No es que esa fuente las atraiga mucho, en verdad, pero hay profesionales, como Sandra Guerrero, que es una reportera policial de primera categoría, que se desempeña en esa área desde que comenzó, compitiendo con los hombres sin ningún problema y tratando con delincuentes sin tener por ellos un tratamiento distinto. No hay, en conclusión, ninguna fuente o área del periodismo que no haya sido abordada por mujeres y en la que ellas no estén desempeñándose. Eso se ve también en diagramación y en fotografía. La mujer ha competido, si el término vale, con el hombre en el periodismo, incluso superando algunas dificultades, prejuicios que pudo haber habido al comienzo, y lo ha hecho exitosamente. Y lo mismo se aplica a la actividad gremial, Lourdes Morales, que fue una de las pioneras, fue la primera secretaria general de la Asociación Venezolana de Periodistas, en Caracas, por los años 50. Luego fue Ana Luisa Llovera presidente nacional de la AVP, organización más prestigiosa de lo que es el Colegio de Periodistas hoy. Helena Salcedo, fue secretaria general del Sindicato de Trabajadores de la Prensa. Desde luego que no se puede decir que las mujeres fueran dominantes en lo cuantitativo; eran minoría y, sin embargo, estuvieron al frente de las direcciones gremiales y sindicales a nivel nacional. Eso es un hecho revelador de que no había resquemores, desconfianzas ni reservas por la presencia creciente de la mujer en la profesión periodística.” 

En la actualidad, las redacciones de los medios de comunicación están llenas de mujeres periodistas. El cambio en el paisaje, desde los años 60 hasta hoy, es impresionante; y si no se incluye una lista de sus nombres en esta nota es porque las omisiones serían más abultadas –y muy graves- que los que se alcanzarían a inventariar. Ya nadie espera que una reportera acuda a su lugar de trabajo a hacer versos, relatos de viajes, reseñas de actos de caridad ni recetas de cocina. El camino desbrozado por las pioneras aquí mencionadas ha sido transitado por centenares de reporteras cuyo afán no habrá de orientarse ya a la conquista de un puesto de trabajo... sino al de una posición directiva, en la que las mujeres siguen siendo minoría.

Lo que falta, y esto habrá  que acometerse con denuedo, es un estudio profundo de la presencia de las mujeres en el periodismo venezolano, cuya huella está seriamente amenazada por el olvido, el desdibujamiento y la exclusión. Los datos convocados en la presente nota fueron completados con trabajosa investigación en libros y documentos donde ellas se echan a faltar por incomprensibles negligencias; y a través de contactos personales y telefónicos con testigos –la mayoría no citados aquí- que recordaban muy parcialmente los hechos, que no estaban seguros, que se me olvida alguna, que pregúntale a fulano, ése si se debe acordar... Y la verdad es que nadie recuerda la historia completa.

Prestas para dar cuenta de la historia contemporánea de su país, las periodistas venezolanas no han tenido hasta la fecha quien recopile la suya y la escriba para reparar la inmensa deuda que tenemos con estas señoras de la noticia nacional.

 

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