Construcción de narrativas juveniles.Des/encuentros transdisciplinarios

Rosales, O. y Castillo, F. (2010). Construcción de narrativas juveniles.Des/encuentros transdisciplinarios. Anuario Electrónico de Estudios en Comunicación Social "Disertaciones", 3 (1), Artículo 12. Disponible en la siguiente dirección electrónica: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/Disertaciones/

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Construcción de narrativas juveniles.
Des/encuentros transdisciplinarios
YOUTH NARRATIVES CONSTRUCTION. TRANSDISCIPLINAR DIS/AGREEMENTS

*Rosales, Otto, Profesor de la Universidad de Los Andes - Táchira.
*Castillo, Fania, Psicóloga de la Universidad de Los Andes - Táchira.

 

Indice

 

  • RESUMEN

Desde la vivencia de la consulta psicológica universitaria y el aula de clase surge la necesidad de propiciar alternativas de construcción de saberes sobre jóvenes, desde los jóvenes y sus propios cuestionamientos y proposiciones en torno a sus realidades. Proponemos la creación de espacios alternos de encuentro donde sean los mismos jóvenes quienes construyan discursos sobre si mismos y sus temas (cuerpo, violencia, ritmos musicales) buscando formas particulares de subjetividad reelaboradas en formas narrativas diversas.

Palabras clave: Jóvenes, cuerpo, violencia, identidad, nuevas formas narrativas

Recibido: 15 de abril de 2010
Aceptado: 30 de abril de 2010

 

  • ABSTRACT

From the psichological consultation and classrooms, it emerges the necesity of favoring alternative knowing construction about youth, viewed from same young people and their realities. In this article, we propose the creation on new spaces where young people build the discourses about themselves and their topics (body, violence, musical rythms), looking for particular forms of subjectivity.

Key words: Youth, Body, Violence, Identity, New narrative forms

Submission date: April 15th 2010
Acceptance date: April 30th 2010

 

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1. Introducción

Partimos de la reflexión sobre la vivencia de transitar diariamente en la complejidad, multiplicidad y diversidad de la cultura (¿post?) moderna. Atentos a evidencias de fragilidad en las instituciones tradicionales (escuela y familia), así como de la aparición de viejas/nuevas formas de socialización y de construcción de saberes, impulsadas en la vertiginosa tecnificación de las comunicaciones en la actualidad.

Apoyándonos en las reflexiones de pensadores desde Latinoamérica como Jesús Martín Barbero (1996, 1998, 2002, 2003, 2005), en su interpretación de la diferencia, subjetividad y conocimientos en las ciencias sociales contemporáneas, así como en la hermenéutica fenomenológica propuesta por Paul Ricoeur (1999, 2003, 2004, 2006) en filosofía y teoría literaria, proponemos una mirada que sale de las disciplinas de la antropología, la psicología y la sociología en sus relaciones con la comunicación y con el arte en un abordaje transdisciplinario de la psicoterapia vista como proceso de autocreación y disciplina de un cuidado de sí,  término recuperado del griego epimeleia heutou, al que se refiere Michell Foucault en su última etapa de interés en la hermeneutica del sujeto (2002).

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2. Jóvenes

La inquietud que se propone tiene que ver con las formas como se constituyen multiplicidad de sujetos en las sociedades contemporáneas de Occidente, en particular estos a quienes denominamos jóvenes. Específicamente, se busca indagar el tema de la singularidad de las subjetividades juveniles, en tanto pueden expresarse y construirse en un proceso creativo de narración de sí mismos.

Los jóvenes van a ser pensados como sujetos con competencias para referirse a las entidades del mundo, como sujetos de discurso, y con capacidad para apropiarse (movilizar) los objetos tanto sociales como simbólicos en la materialidad cotidiana. Los tradicionales atributos de la juventud han dejado de pertenecer únicamente a los jóvenes: han sido masivamente adoptados por la sociedad adulta y utilizados como signos externos del éxito social, de la vida pública. La eterna juventud se ha convertido en una necesidad profesional, en un imaginario social (Lipovetski, 1990).

Sin embargo, el panorama en los estudios sobre el tema sigue mostrando a los jóvenes como territorio agreste que ha de ser descubierto, identificado, medido y doblegado. Su destino en las ciencias sociales parece ser el de encajar en categorías que sirvan para comprender un tiempo que nos desconcierta. Los jóvenes hoy son emblema de una época cargada de incertidumbre y desesperanza. Desde la academia buscamos cercarlos en el afán de dar sentido a sus acciones, a sus modas, a sus agrupaciones y banderas, eslóganes fulgurantes. Siempre desde afuera, imponemos un sentido adulto: la influencia que puedan tener estos jóvenes sobre la sociedad, las posibilidades terapéuticas y preventivas de delincuencia, la oportunidad de propaganda política, el valor comercial… Quizás lo más personal queda relegado a un espacio privado, que sólo puede ser comprendido por jóvenes, pues en el discurso “serio” serán descartados como accesorio.

Discursos como el graffiti o el rapeo, lenguajes urbanos trasgresores, despiertan reacciones encontradas. El mundo adulto evalúa, descalifica y teme. Cuando no se le endilga una responsabilidad social, heroica. Pero los discursos callejeros de los jóvenes se escabullen de estas misiones, denuncian un día al jíbaro y al otro glorifican a la marihuana.  En su mayoría no se trata de movimientos políticos organizados, no tienen antagonistas definidos. Es Yo contra el mundo1. Es el grito del joven trasgresor que se rebela para autoafirmarse. Puede ser usado como emblema político y lo ha sido, de izquierda y de derecha, también para apoyar productos comerciales. Irrita fácilmente a distintos sectores políticos, pero principalmente reta en general la comodidad de las construcciones adultas sobre el mundo, con lo cual tiende a despertar una fiera oposición, temerosa defensa de los valores establecidos. El poder se asoma para aminorar la fuerza de las narrativas juveniles, ya sea bajo la forma de combate abierto o de exaltación heroica, se trata de un manotazo de Layo que teme eterna y cíclicamente su desplazamiento. Consideramos que  estas reacciones pasan por alto algo: a pesar de lo estrepitosas que suelen ser las manifestaciones de cultura joven, tienen una dimensión privada, diagonal al sentido público que se les quiere endosar, y quizás más importante.

Siguiendo una observación de Marín y Muñoz (2002): “aún cuando la expresión de las ideas y la denuncia de situaciones injustas es crucial, hay algo más y es sumamente complejo: la elaboración de sí mismo, la creación de nuevas formas de existencia individuales y colectivas”(pp.137). Extracto de sus conclusiones sobre un trabajo de recopilación de movimientos musicales juveniles en el mundo.

Contamos con una miríada de lenguajes juveniles urbanos que andan por vías alternas a la oficial y por ello atraen la atención de la academia para determinar su papel en la sociedad, en una época que tiende a perder antiguos límites en las perspectivas sobre el conocimiento.

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3. Cuerpo

Para Le Breton (2006), el cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo. De ahí la miríada de representaciones que buscan darle un sentido y su carácter heteróclito, insólito, contradictorio, de una sociedad a otra. El cuerpo parece algo evidente, pero nada es, finalmente, más inaprenhensible que él. Nunca es un dato indiscutible, sino el efecto de una construcción social y cultural. El cuerpo como recinto del sujeto, el lugar de sus límites y de su libertad, el objeto privilegiado de una elaboración y de una voluntad de dominio.

Zandra Pedraza Gómez (2003) nos dice que es fructífero entender la modernidad a partir del desplazamiento sufrido por el eje ontológico del individuo y el vínculo de este fenómeno con los principios del ordenamiento social. En los últimos dos o tres siglos, según hayan sido los desarrollos particulares de la modernidad, se reconoce en el cuerpo una entidad que ha pasado a ocupar el núcleo ontológico en detrimento del alma, prácticamente desaparecida de la antropología moderna.

Para esta antropóloga, el individuo moderno se concibe como resultado de la gestión social, gestión iniciada con la educación del cuerpo y su inserción en el lenguaje, y que atrae el interés fundamental de los discursos y prácticas orientadas a darle una forma particular al ser humano: la pedagogía, la higiene y la salud, las diversas versiones de la educación física y todas las disciplinas y saberes interesados en educar, particularmente a los más jóvenes. Su denominador común es ocuparse del cuerpo para formar y afectar, por su intermedio, otras entidades que se reconocen en el ser humano moderno. Una relación directa con el arraigo de los principios anatómico-políticos y bio-políticos propios de los regímenes estatales gestados con las sociedades modernas (Pedraza, 2003).

Zavala (1996) propone el cuerpo como zona ambivalente, no podemos (ni deseamos) crear la ilusión reduccionista de una totalización ni de un discurso homogéneo parta hablar del cuerpo. En esta autora el cuerpo está lleno de significantes y el discurso sobre el cuerpo altera sustancialmente la problemática del poder. Son varios los planos donde destaca la misteriosa sexualidad, y las fantasías sexuales; desde los que proyectan en el imaginario social compartido el valor estético del cuerpo (reedificación tópica)  a los que supone en la mujer un nexo causal como agente privilegiado de la naturaleza, lo natural, lo fértil, incluso la entrada a lo simbólico.

Zavala también subraya el cuerpo locus de la modernidad, inscrito con otras representaciones que nos hacen pensar la naturaleza del lenguaje, y el consumo de los objetos culturales  se acumulan en los versos, en la palabra... Desde esta narradora y teórica cultural el discurso del cuerpo nos permite organizar el mundo, donde figura el arte, la escritura, (¿la oralidad?) como forma, en la medida en la cual es portadora de contenidos ideológicos (en un sentido amplio,  incluye lo religioso, lo político y lo social). El capital simbólico significa en este contexto, los valores culturales, axiológicos que circulan en la sociedad. Y una vez  aludimos a lo simbólico remitimos también a lo imaginario social. La poética se transforma así en imaginario social y compite en el territorio movedizo de la heteroglosía social, retomada  desde varios autores o teóricos asumiendo la teoría sobre el cuerpo joven como un (s) discurso (s) ver lo que es, sobre la corporalidad humana, ese lugar donde convergen distintos enfoques para explicar cómo emergen en los distintos planos textuales y cómo se muestran en esa superficie conceptual posiblemente emergentes en las “culturas juveniles” de cualquier espacio de la  sociedad.

El cuerpo joven lo entendemos como emergencia ritualizada, la cual exploramos en su cotidianidad hoy, una ritualidad que pasa por la “simbolización carnal” (Jodelet, 2009) que implica creencias, prácticas y posiciones éticas en una doble vertiente que es simultáneamente carnal y simbólica, donde todos los símbolos son encarnados y remiten a la carne.

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4. Violencia

Reacciones directas a la urgencia contemporánea por mirar la violencia como problema nos sobran. Disquisiciones sobre el concepto de la violencia nos llevan desde su etimología en la fuerza hacia su inseparable relación con el poder. Nos perderíamos en los vericuetos de sus múltiples formas visibles e invisibles para descubrir que es violento cualquier gobierno; violento despertar a un niño que duerme plácidamente para enviarlo a la escuela. O podríamos llegar a concluir que el ser humano es instintivamente violento y que es la racionalidad quien contiene mediante frágiles amarras nuestra natural agresividad. Las abundantísimas posiciones al respecto han oscilado entre ambos extremos, defendiendo al “buen salvaje” o preconizando a la civilización como forma de extirpar nuestro temible lado “animal”.

Las ciencias humanas se han ocupado de  iluminar los aspectos sombríos del psiquismo y la sociedad, pretendiendo a través de la instrumentación del método científico no sólo explicar sino predecir e idealmente liquidar esos fenómenos que tendemos a calificar de “inhumanos”, en una romántica pretensión de separar el odio, la violencia, la crueldad, el poder, de la naturaleza humana. Es inevitable reconocer el riesgo de la repetitividad ante un tema como el de la violencia. En torno a la destructividad que el hombre es capaz de dirigir hacia sí mismo se ha escrito mucho, quizás demasiado. Martín-Barbero (1997) advierte el carácter sintomático de este exceso de reportes, artículos y libros sobre el tema de la violencia. Como si al cercarla con palabras creyéramos poder conjurarla o al menos acorralarla (en Daza y Zuleta, ix). Tal parece que la modernidad ha intentado vencer al horror encerrándolo en conceptos, categorías, diagnósticos y veredictos judiciales. No hace falta una revisión exhaustiva para comprobar que el horror no ha hecho más que incrementarse, como las serpientes míticas que se multiplican al cortarse una de sus cabezas.

Estos autores (Martin-Barbero, Daza y Zuleta 1997) han tomado el fenómeno de la violencia política en Colombia como ejemplo de la inefectividad de paradigmas petrificados, transplantados desde otras latitudes y aplicadas directamente, en una postura simplificadora, que obvia la complejidad de un problema que tiene particularidades imprevistas y una movilidad incalculable. Se trata de un comportamiento que ha agotado las posibilidades de operacionalizar y controlar. Nos hablan de la necesidad de renovar las miradas, de trascender las disciplinas y posturas consagradas, de abandonar la pretensión de una ciencia acumulativa y atrevernos a idear nuevas formas de acercamiento a estos monstruos de nuestras culturas, a construir marcos epistémicos según los mundos en los cuales nos desplazamos; movedizos, inconstantes, ilógicos (o mejor, con sus propias lógicas), que debemos comenzar a vislumbrar. No desde la topia segura, donde estos lugares se encuentran representados con una certeza petrificante. Miradas oblicuas, trazos inciertos, cartografías nocturnas para adentrarnos en territorios complejos.

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5. Narrativas

Proponemos un acercamiento al héroe ¿trágico?, que desde distintas voces nos muestra lo discontinuo de la construcción de la vida cotidiana. Una voz que ya no es omnisciente, voces que desaparecen para mostrar otra(s) historia (s), voces desenfocadas, incompletas, mínimas, desordenadas. Nuevos tiempos exigen nuevas formas dialógicas para contar realidades parciales, fragmentadas, inconstantes, siempre nómadas, del sujeto social.

Francoise Doltó (1997) resalta el valor de las imágenes de juventud que aparecen en la mitología griega y americana, así como en la literatura. “Mucho antes que los psicólogos, los novelistas han analizado las relaciones de los adolescentes con el tiempo, el espacio, la verdad, el amor.”(pp.47). Así como caracteriza la adolescencia vista como etapa y se posiciona en el lugar del joven, Doltó reflexiona sobre el sueño de la eterna juventud y nos muestra reflejada en mitos y novelas la obsesión del adulto por una belleza efímera que despierta pasiones encontradas.

Recuperamos con Paul Ricoeur (2004) el valor del mito, la poesía y los relatos de ficción en sus posibilidades de reconfiguración de la realidad, es decir, en su potencia como figuras discursivas generadoras de conocimiento sobre el mundo, elaborando una hermenéutica fenomenológica, un camino de lectura creativa, re-creativa de las producciones de sentido humano. Alejándonos así de la noción de un sujeto cognoscente estático, ni sujeto(s) ni objeto(s) serían sustancias aprehensibles de manera transversal, se elabora conocimiento en el curso temporal de una historia que se cuenta y que da sentido, que construye identidades narrativas, que recrea mundos-de-vida, siempre móviles, continuamente reactualizados, reconfigurados en cada nuevo relato.

Los esfuerzos modernos por la interdisciplinariedad parecen abocados a la persecución de una objetividad en el contraste de distintas visiones, permitir un acercamiento al objeto (al ser) que logre desprenderse de las ataduras que representan las posturas epistémicos que impone cada disciplina. Incluso, se propone la posibilidad de la repetibilidad de los resultados, “independientemente de la filosofía personal del investigador” (Saldivia, 2008).  Más que un reconocimiento de la irreductibilidad de significaciones, nos sugieren un aferramiento a la unidad de referencia, idealmente desproblematizada.

Martín-Barbero (2005) nos insta a trascender esta primera visión (que consideramos necesaria en la evolución de las ciencias), de trasladar métodos de una disciplina a otra, más significativa que la simple utilización de datos o referencias como se refiere a la llamada multidisciplinaridad, pero anterior a la exigencia del quiebre de las disciplinas que exigen los nuevos tiempos, de “pérdida de fe” que requiere la mirada transdisciplinar, cuando se asume ante el desbordamiento del “objeto” (ese ser indecible) la imprescindible interacción de discursos diversos, no sólo entre disciplinas científicas sino de las ciencias con el arte, la literatura, la experiencia común, la intuición.

En sintonía con esta traslocación actual de las miradas sobre el mundo, que plantea “nuevas figuras de la razón”, sin renunciar a la visión antigua de la episteme como conocimiento reflexivo elaborado con rigor, proponemos recuperar otros discursos relegados en nuevas lecturas sobre fenómenos que, como la violencia, tienden a petrificar al observador en abordajes directos. Ante la naturaleza compleja, múltiple, oscura, elusiva de los fenómenos humanos se requiere de la mirada oblicua, de la multiplicidad en su aproximación e intento de descripción. Pensamos en la posibilidad de construcciones epistemológicas nuevas, localizadas, contextualizadas, ante la singularidad de fenómenos humanos como la violencia, que se escurren a nuestras fantasías de control y reclaman lecturas singulares, metáforas vivas, miradas no explicativas ni reductivas como las que ha engendrado la modernidad.

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6. Identidades

El tema de identidad y desarraigo es repetidamente señalado como etiología de tantos males sociales. Si en el joven trasgresor se vuelcan los temores de nuestros fracasos colectivos, se proyecta en el joven estudiante la esperanza de un futuro heroico. Dirigimos hacia esta población el grueso de políticas de convocatoria, adoctrinamiento, publicidad comercial. Y los jóvenes tienden a confundirnos en sus ambivalentes muestras de compromiso e indiferencia.

Ante esta necesidad de acción por parte del adulto, quien siembra esperanzas en el joven como heredero de una tradición o baluarte de vientos de cambio, pretendemos saber lo que “deben” hacer y diseñamos estrategias para guiarlos hacia nuestros objetivos. Los recursos tienden a invertirse en planes educativos de carácter masivo. La búsqueda de identificación del joven con un proyecto político, club deportivo o marca comercial, tiende a dejar de lado al sujeto individual.

Proponemos, basándonos en trabajos de Foucault (2002)  que en un proceso de elaboración de un proyecto de vida, en la construcción de la ética personal, la masa suele ser factor distractor. El cuidado de sí es tarea de cada uno, que sólo puede ser realizada en intimidad, con la ayuda y en diálogo con un otro cercano, amigo, guía, docente o terapeuta.
Por tanto, las identidades cristalizadas en lealtades o adherencias militantes, las identificaciones, son para López-Pedraza (2000), psicosis petrificantes, que ponen en riesgo la posibilidad de transformarnos en lo que queremos ser, que siempre estará abierta al cambio de sentido, para caminar hacia la construcción de identidades narrativas (Ricoeur),como ciudadanos plenos de un mundo convulso, incierto, contradictorio, por donde transitamos y vamos dejando trazos, huellas de sentido.

Si la adolescencia es el período crítico en la conformación de la identidad, como lo establecen los antecedentes en psicología del desarrollo desde Erik Eriksson (2000), para comenzar a comprender el problema de la identidad podría servirnos una mirada al proceso íntimo de narración de si mismo en estas edades, motivando a nuestros jóvenes a buscar espacios alternos de construcción de identidades, en intimidad. Valdría la pena propiciar un fortalecimiento de este espacio, incorporando las nuevas formas de comunicación de acuerdo con la demanda de los tiempos, el cine, los entornos virtuales, promoviendo el proceso de diálogo y de narración de sí en un marco terapéutico orientado hacia el autodescubrimiento y autocuidado, por la elaboración de un proyecto ético individual.

Si Doltó (1999) nos dice que el adolescente vive desfasado del tiempo cotidiano para vivir un tiempo subjetivo, parecido al tiempo novelesco, Yurman (2005) observa que los relatos de los jóvenes hoy se asemejan a los videoclips, son fragmentados, marcados por sus experiencias tecnológicas actuales. Pero si el discurso de los jóvenes refleja signos epocales, podríamos sugerir que se valen de los medios que les ofrece (¿o impone?) la cultura en un proceso personal de autoconstrucción, devenir hombre, mujer, adulto, llegar a ser (lo que quiero, o lo que puedo), un devenir que quizás siempre ha sido tumultuoso, sólo que se ha tornado cada vez menos íntimo y con hitos cada vez más difusos. Siempre ha sido una edad difícil, de indefinición, de tempetuosidad, fuego e intensidad, angustia e incertidumbre. Encontramos referencias abundantes en mitologías de distintas culturas así como en la filosofía antigua (Doltó, 1999).

Pudiéramos pensar que vale la pena reflexionar en torno el papel que nuestra época ha asignado a los jóvenes hoy, inquietarnos ante cómo puede darse un proceso íntimo de autocreación bajo tanto escrutinio, preguntarnos cuál será el peso de nuestras proyecciones y fantasías sobre estos “ángeles” de carne y hueso que sólo intentan vivir su propio proyecto de ser, pero a la vez encarnan un proyecto ajeno, en un mundo construido por otros.

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7. Nuevas miradas

Ante las nuevas tecnologías, que emergen de los campos de la biología, la informática y la computación, las disciplinas humanas se interrogan, como, discurso o reflexión constitutiva de un saber, cuyo objetivo es leer el acontecimiento humano en lo social.

Es desde una psico-socio-antropología de la modernidad que debemos entrecruzar una razón empírica e instrumental (¿una autopoesis o una poética social?) para recuperar nuevos horizontes epistémicos que nos ayuden a recuperar esa trágica condición de observarnos como objetos de estudio, incapaces de producir nuestros propios lenguajes. En lugar de seguir aceptando los modelos tradicionales de la escuela como espacio de ocio improductivo, desde la educación superior podemos proponer nuevas formas de ocio creativo, donde entren en relación el arte, el cuerpo, los milenarios saberes que se desbordan de la escolaridad y reclaman nuevos espacios.

En este horizonte de saber, proponemos la posibilidad de nuevas formas pedagógicas, desde un discurso de transdisciplinariedad, donde la educación, la psicología, la sociología y la antropología recuperen, muestren y construyan nuevas visibilidades productivas, una antropología de lo visual o una antropología del cuerpo.  Una construcción de saberes a través de un permanente trabajo de configuración de sentido; en nuestro caso significa la producción de diálogo con otros discursos  presentes en la vida cotidiana donde la multiplicidad de saberes se relacionan; significa trabajar con los modos de selección y organización en la investigación pedagógica;  trabajo  que se hace complejo y lleno de posibilidades cuando se generan los espacios de encuentro para la discusión y los acuerdos ínter subjetivos, como todo acuerdo debe tener en cuenta la complejidad, la indeterminación y la transitoriedad.

Es el cuidado atento de observar y reflexionar –una nueva etnografía que entrelaza nuevos y ancestrales lenguajes del sujeto social-  cómo se van  configurando otros lenguajes  que pasan por el cuerpo simbolizado y vivido en las prácticas diarias de los jóvenes y se reconfiguran en formas narrativas no individuales, que recogen desde las tradicionales oralidades, formas, estilos, acentos en el habla, modismos, jergas, hacia una nueva gramática del cuerpo. Que pudiera desembocar en una corporalidad virtual o en una construcción del cuerpo en nuevos formatos, relación abierta por estudiar. Expresada, por qué no, a través de diarios, blogs, poemas, collages de imágenes, video-clips, grabaciones caseras, performances…, en torno al amor virtual, violencia cibernética, ventas por red de productos, programas, órganos y cuerpos, operaciones infinitas de las ascesis de la época, ¿nuevos modos de cuidado de sí?.

Es en esta reflexión dialógica  donde Bajtín (1997) nos propone un acercamiento a las representaciones sociales y donde nuestras experiencias no se limitan a ver los significados sino también el soporte del signo: el objeto semiótico juega un papel en el lenguaje que posibilita los intercambios entre lo visible y esa dupla emisor receptor que se da en lo individual y en lo colectivo. Una significación que muestra, indica y guarda una huella como soporte material del cuerpo individualizado, como objeto semiótico a ser recorrido en sus significaciones simbólicas de la cotidianidad social. Mirado más de cerca es, en palabras de Bajtín: “Yo no miro al mundo con mis propios ojos y desde mi interior, sino que yo me miro a mi mismo con los ojos del mundo; estoy poseído por el Otro” (1997: 147). Es en el juego de la alteridad dialogada donde situamos al sujeto social. Un sujeto “joven” que nos resignifica en una práctica diaria y nos permite leer(nos) sus huellas, sus registros y significaciones como rituales, como el discurrir mítico de una cultura tramada de signos e incrustrada en el devenir ¿trágico? de su existencia societal.

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8. Propuesta metodológica

El acercamiento inicial a los objetivos de la investigación estaría dado por una revisión documental, que permitiese la articulación de un estado del arte de las relaciones entre antropología, psicología, sociología, filosofía y teoría literaria para abordar el tema de la identidad narrativa. Desde una postura de respeto a la multiplicidad, a la pluralidad y la complejidad del tema, se seguirá un recorrido transdisciplinario en la construcción de un cuerpo del saber actual en el campo. Transdisciplinario según lo descrito por Martín-Barbero como el desbordamiento que ocurre cuando un objeto de estudio deja de pertenecer a una disciplina y se aborda trascendiendo estos compartimentos. Atendiendo a la exigencia de relaciones cada vez mas densas no sólo entre ciencias exactas y ciencias humanas o sociales, sino de las ciencias con las artes, con la literatura, con la experiencia común, con la intuición, con la imaginación social (2005).

Concebimos la modalidad de taller educativo porque nos apoyamos en su activismo, investigación operativa, búsqueda y descubrimiento y su decidido sentido en el trabajo de equipo. El Taller es un tiempo para el encuentro, donde los jóvenes giran entorno a ejes temáticos propios de su entorno social, por ejemplo: cuáles son los hilos visuales de la comunidad, su espacio fronterizo y su reconocimiento. Es una de las maneras para aprender e intercambiar saberes, y nos permite concluir tiene ese libertad para crear un ambiente cálido o espacio de acogida, esa manifestación de lo humano constitutiva en capax symbolorum,  es decir, posee la capacidad en el presente (en cada presente) para rememorar el pasado y anticipar el futuro con el objeto de instalarse adecuadamente en su mundo (Duch, 2002), donde cada uno de los participantes somete a consideración su papel en la tarea de recuperar el entorno cotidiano en lo imaginario educativo.  Por consiguiente, podemos reiterar que el taller es un espacio de encuentro o cruce de saberes, y sirve para ir re-construyendo desde la memoria, los imaginarios cotidianos asumidos en este caso, como significación de su cultura en la vida individual o colectiva de los jóvenes.

En el proceso, se propone la construcción de nuevos textos, en conjunto con los jóvenes, quienes aportarán sus narrativas de sí mismos bajo la forma de relatos que pueden adoptar la forma autobiográfica, diario, relato de ficción, poema, construcción visual, diálogo, performance, etc… Se tratará de una fase de construcción que contemplará el ensamble de textos diversos, según el proceso individual de cada joven. Nuestro papel será el de interlocutor en el acercamiento a un proceso, por lo tanto planteamos un estudio de casos como camino para seguir a estos jóvenes, participantes voluntarios activos, que acuden a las actividades planteadas con el deseo de describir sus experiencias, sus vivencias, de ser correlatores de sí mismos en un proceso complejo pedagógico-terapéutico y de construcción de imaginarios-narrativas en la vida diaria como experiencia de investigación social.

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9. Referencias Bibliográficas

  1. Bajtín. M. (1997). Hacia una filosofía del acto ético. De los borradores y otros escritos. Barcelona: Anthropos.
  2. Daza, G. y Zuleta, M. (1997). Maquinaciones sutiles de la violencia. Bogotá: Siglo del Hombre Editores.
  3. Doltó, F. (1999). La causa de los adolescentes. Paidós: Barcelona.
  4. Duch, L. (2002). Antropología de la vida cotidiana. Simbolismo y salud. Madrid: Trotta.
  5. Erikson, E. (2000). El ciclo vital completado. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.
  6. Foucault, M. (2002). Hermenéutica del sujeto. Curso en el College de Francia (1981-1982). México: Fondo de Cultura Económica.
  7. Jodelet, D. (2009). Enfoques del cuerpo en las ciencias sociales y humanas. Balance y perspectivas. Revista HomoSacer, 1 (1).
  8. Le Breton, D. (2006). Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Nueva Visión.
  9. Lipovetsky, G. (1990). El imperio de lo efímero.  Barcelona: Anagrama.
  10. López-Pedraza, R. (2000). Dionisio en el exilio. Caracas: Festina Lente.
  11. Maffesoli, M. (1990). El tiempo de las tribus. Barcelona: Icaria.
  12. Martín-Barbero, J. (2005) Transdisciplinariedad: notas para un mapa de sus encrucijadas cognitivas y sus conflictos culturales. Ponencia en el Congreso Internacional “Nuevos Paradigmas Transdisciplinarios En Las Ciencias Humanas”, Universidad Nacional, Bogotá,  ABRIL 7, 8 Y 9 DE 2003. [Disponible en línea en: http:// www.debatecultural.net/Observatorio/JesusMartinBarbero2.htm, Consultado: 30/01/2009]
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NOTAS:

1 Título de una canción del grupo de hip-hop caraqueño Guerrilla Seca (2003). La realidad más real (CD). Caracas: Producción independiente. 

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