Vol. 30, núm. 1 (2012)


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GALERÍA LATINOAMERICANA DE ARTE

Imagen de cubierta: “Sonrisas de carnaval”, Alejandro Vivas Benítez.

Alejandro Vivas Benítez. Bogotano. Hijo de madre peruana y padre colombiano. hizo estudios de economía en la Universidad Nacional de Colombia, en la Universidad de Texas en Austin y en la Universidad del Estado de Virginia. Ha sido profesor titular de la Universidad de los Andes y de la Universidad Javeriana. Su vida académica y de consultoría la ha combinado con la fundación de algunas empresas. Se siente afortunado de haber tenido la amistad de pintores, escultores, literatos y músicos. Tiempos Desnudos, su primera obra literaria de la cual hacen parte las pinturas de esta selección, se encuentra próxima a publicarse.

EL CUADRO: con líneas autónomas, el cuadro recrea la felicidad humana con el pretexto del carnaval, porque tal es el sentido de la vida que el autor, Alejandro Vivas, tiene en su concepción artística. Pareciera muy simple de interpretar un cuadro como Carnaval de Sonrisas y, sin embargo, al ir ahondando en los detalles, el color, la espacialidad, la composición y el tema, se puede observar que hay allí un mundo estético por descubrir en donde la posmodernidad se recrea con gran sentido artístico. La misma fragmentariedad puesta en escena, el hecho de poner personajes jóvenes o sin tiempo, los colores rojos y azules en tonos fuertes y tenues hacen pensar en un diálogo íntimo respecto a la naturaleza subjetiva de la felicidad, de la inspiración primera del carnaval.  Y es que para Alejandro Vivas la vida es un instante para perpetuar la felicidad. De hecho, afirma continuamente que venimos a este mundo a disfrutar, a gozar, a transmutarnos en placer. La línea curva del rojo puede ser conductora de un desarrollo secuencial más profundo. Entonces valdría la pena preguntarnos aquí, de cuál placer habla el autor, de cual felicidad y de cuál mundo. Si bien el cuadro no deja perplejo al espectador, hay en el fondo un misterio causado posiblemente por la disposición de las imágenes o por la fuerza del trazo, de las sonrisas, del discurso fragmentario del cual se nutre. Es preciso profundizar en esos aspectos que, siendo constituyentes de la fragmentariedad del cuadro, lo hacen un todo, un universo que deja flotar a la imaginación hacia mundos posibles, mundos sospechosamente carnavalescos, como se ilustrará a continuación.

EL TEMA: Las máscaras y los rostros, estos últimos sonrientes, son los temas de ambientación de un macrotexto –el carnaval- en el cual se presentan los fragmentos tomados como inspiración de corte posmoderno, sin dejar de lado un cierto tinte clásico y un tinte contemporáneo traídos de la temática del poster y la fotografía.

El contenido temático inspirado en el carnaval se puede extender también hacia el carácter alegre y lúdico que pervive en la humanidad, no solo por lo que en la tradición significa el carnaval, sino porque nos encontramos en el trópico en donde la sola idea de fiesta es motivo de alegría. Las representaciones de las sonrisas humanas son de personas jóvenes, lo cual le da, en el fondo, un toque nostálgico que impulsa a la recordación.

LA FORMA: Los elementos materiales que intervienen en el cuadro son dos máscaras dispuestas proporcionalmente arriba en el centro y abajo en la izquierda. Las máscaras evocan el carnaval italiano, los arlequines, las calles medievales en época de carnaval. En tanto los rostros son de jóvenes y un niño. Los jóvenes se encuentran en el centro y los del bebé en la parte media izquierda.

LA COMPOSICIÓN: Es interesante el juego que, a manera de diálogo, puede observarse en este cuadro. Desde la disposición espacial, parece una búsqueda de la armonía de la alegría y del carnaval y con el pretexto de la sonrisa se juntan aspectos humanos que parecen evidentes pero que se encuentran encriptados y pueden acercarnos a un significado más allá de lo puramente denotativo. Esto es, la superposición de las máscaras  y las risas. El juego de los colores, el rojo como protagonista de la pasión y el azul como una especie de replicante del cual hablaremos enseguida, le dan un aire dialogante que invita al lector a quedarse descifrando el cuadro. Una máscara, la de arriba, en realidad el fragmento de un sombrero de arlequín, interviene en uno de los cuadros en los cuales se halla atrapada una sonrisa humana.

La otra máscara depende o se desprende –mejor- de la “fotografía” de una sonrisa de bebé. Impulsa esta disposición a pensar quién depende, quién interviene, quién es libre de carnavalización. ¿Es el humano un arlequín? ¿Es la sonrisa una forma de carnavalizar la vida?

Si seguimos la ruta de los tonos rojos y naranjas, podemos ver que se trata de una composición secuencial organizada de modo semi espiralado con un fondo que parece un signo de interrogación al revés. Si lo miramos de frente, se antoja una especie de puesta en escena de álbum familiar y si se mira desde el lado azul, desde la derecha, se puede parecer como el tránsito alquímico hacia el universo de la lúdica.

EL COLOR: La pintura es de tonos rojos fuertes  y matices anaranjados en fondo azul en degradé que se puede leer de abajo hacia arriba, siendo las partes más fuertes las inferiores del lado derecho y las más tenues del azul en la parte superior derecha e izquierda.

EL ESPACIO: La construcción espacial de tendencia posmoderna es fragmentaria y se dispone en una especie de telón que escenifica la intensidad y la tensión del cuadro por parte de los rostros humanos que dialogan con la disposición de la máscara y el sombrero del arlequín.

El impacto visual de la disposición y la composición del cuadro es fuerte, en el entendido de que no solamente juegan el color y la forma sino la manera de decir el artista. Las líneas del fondo, es decir, las de las tonalidades de los rojos, son definidas y proporcionalmente causantes de tensión ya que la curvatura permite ver el fondo plegado que en cualquier momento pareciera querer enderezarse. Por el contrario, el fondo azul, aparentemente frío, apacigua la intensidad pasional comprometida en la curva.  Con esta disposición el autor logra describir, identificar y dar a conocer los objetos de su intención con la misma técnica de las “naturalezas”, solo que esta vez se trata de una puesta en firme de sentimientos recónditos y de una postura espacial evocadora (se puede pensar en un álbum), que no es divertida sino recreadora del ámbito de la diversión.


Dulce M. Bautista